Estamos ante la presencia de la séptima placa de Wolf. Así es, este ya es el séptimo álbum de estudio de los suecos, quienes vienen desde el año ’95 dando caña y levantando en alto la bandera del heavy metal, siempre de corte tradicional y muy clásico en su forma, pero con sonido acorde a lo que la actual tecnología ofrece, algo que en cierta medida los hace diferenciarse de toda las bandas que han surgido al alero de la actual movida revival que vive el metal en todas sus formas.

Tal cual sus anteriores dos discos, once son las pistas que los chicos de Wolf compusieron para su nuevo trabajo, en esta ocasión titulado Devil Seed y al cual dan el vamos con Overture in C Shark, un pésimo nombre para una gran forma de abrir un disco, heavy metal desde el mismo comienzo, no hay pompas ni ambientaciones, directo al metal que siempre han pregonado y que por lo visto continuarán enalteciendo, ya que sin mediar preámbulo alguno arremeten con la segunda pista del álbum.

Shark Attack, es una canción que fue lanzada con anterioridad al disco en formato video y que suena potentísima desde el mismo primer segundo. Riffs con sonido algo más moderno que lo que acostumbran a entregar, pero sin escapar su línea tradicionalista de siempre, se trata de un corte veloz, potente y con una sobrecarga adrenalínica que eriza y de la cual es protagonista indiscutido el alma mater de la agrupación, el señor Niklas «Viper» Stålvind, único miembro fundador que permanece en la banda a la fecha y a quien le debemos el hecho de que Wolf siga activo y a punto de cumplir veinte años dando que hablar en la escena heavy metalera.

Con varias revoluciones menos llega Skeleton Woman, aunque ciertamente más densa gracias a esos pesados riffs que enlazan perfectamente las guitarras de Niklas y Simon con el bajo de Anders, todo en perfecta sincronía con la pesadez en las baquetas a cargo de Richard. Es una canción que, en cierta medida y solo durante los fraseos, recuerda a aquel temazo que es Dissident Aggressor de Judas Priest, pero más que nada por ese ritmo cadencioso, lento y pesado que reina durante gran parte de su duración. En medio tenemos unas guitarras con cierto aire flamenco y luego otro muy corto pasaje en donde la dupla de hachas presenta algunas reminiscencias del característico sonido de Cacophony, pero nada como para entablar un parentesco más generalizado.

En un plano similar al anterior llega Surgeons of Lobotomy, aunque en los coros es mucho más melódica, de esas que te aprendes con tan solo algunas pocas oídas y que hacen que el tema se vuelva muy digerible, a pesar de mantener un ritmo más bien en plan mid-tempo, lo que ayuda a realzar la intensidad plasmada en la canción. En la quinta posición tenemos a My Demon, otra pista no muy rápida, pero que gusta por unas líneas vocales muy agradables al oído y un gran trabajo en guitarras por parte de Stålvind y Johansson, quienes por medio de melodías y arreglos más bien sencillos, logran enganchar muy fácilmente al oyente.

Lo mismo sucede con la siguiente I Am Pain, la cual desde el principio nos muestra a una dupla de hachas muy inspirada, regalándonos uno de los riffs más gancheros del disco. En general se trata de otro corte a medio tiempo y que ciertamente no presenta mucha variación en su estructura, pero es bastante entretenido de oír. Luego viene Back From The Grave, en donde al menos al comienzo recuperamos esa veta más veloz que le resulta tan bien a esta agrupación sueca, pero que en este disco han dejado bastante de lado. Mediando la canción nos encontramos, nuevamente, con un notable trabajo por parte de la dupla de guitarristas, quienes destacan en realidad a lo largo de todo el tema, por cuanto los coros también están soportados por un muy melódico y dedicado trabajo en las seis cuerdas. Uno de los puntos altos del álbum, sin duda.

The Dark Passenger vuelve a terrenos más lentos y pausados, pero siempre intensos y potentes, resaltando todo el poderío que imprime Anders “Tornado” Modd por medio de su sólido trabajo en el bajo. Hay una melodía al comienzo que suena algo arábiga que se hace agradable al oído y que se mantiene, aunque sin distorsión, durante los fraseos de Niklas, de hecho más adelante, cuando llegamos a la sección puramente instrumental, es posible percibir el influjo de Ritchie Blackmore en los solos, particularmente cierta influencia de Gates of Babylon, pero nada que desvíe nuestra atención en demasía de la composición creada por Wolf.

En la novena posición tenemos algo más acelerado. River Everlost recupera un tanto la velocidad, pero siempre manteniéndose bajo el alero del heavy metal. Siguen sonando densos, de hecho son verdaderas murallas de riffs las que amparan el desempeño de Niklas en las voces, y la base rítmica a cargo de Anders y Richard, nos brinda un seguro sustento que soporta todo el peso de las canciones que Wolf nos ha entregado ya a lo largo de todo este disco. Interesante es la sección de los solos en donde encontramos unas muy agradables paralelas, aunque duran solo algunos segundos.

Continúan con Frozen, que parte con un aire muy ala Mercyful Fate, de hecho tanto los riffs como el solo al comienzo suenan muy Shermann-Denner, pero aun cuando el riff principal regresa durante el desarrollo del tema, esa influencia se pierde y vuelven al sonido propio que caracteriza toda la placa, lo que claramente es un punto a favor. El cambio de ritmo hacia algo más rápido a mitad del tema ya se hacía necesario hace bastante rato y se agradece, más que nada como para cambiar un tanto la estructura que venían mostrando en la gran mayoría de las canciones anteriores. Muy buenas guitarras durante toda esta sección.

Cierran la placa con Killing Floor, que parte con guitarras semi-acústicas más algunos leads muy melódicos que derivan, antes de llegar al minuto, a una sección rítmica en donde el principal protagonista es un riff sumamente sencillo, pero muy ganchero, al que debemos agregar un coro de dos palabras y que se repite lo suficiente como para aprendérnoslo de inmediato ¡Vengeance, Vengeance calling, Vengeeeeeeance! Fácil ¿no? La verdad es que es una canción muy entretenida, algo más rápida que la media del disco y eso, en una placa que cuenta con una cantidad no menor de medios tiempo, es de agradecer. El tema en sí termina un minuto antes de lo que realmente dura, ya que se reservan estos últimos sesenta segundos para desarrollar un outro instrumental muy agradable, que consta tan solo de las guitarras repitiendo la fórmula mostrada al comienzo de la misma canción.

En la conclusión final me parece necesario señalar que hace tres años atrás me tocó comentar su anterior placa, Legions of Bastards, y siendo que no hay grandes diferencias en términos de composición, lo cierto es que la primera impresión que me deja Devil Seed no es tan avasalladora como lo fue con la mencionada, la que me encantó desde la primera escucha.  En términos de velocidad hay muchas canciones que podríamos catalogar como mid-tempo y siendo que me encantan este tipo de temas, sobre todo por la potencia que se les pueden llegar a imprimir, me parece que tantos en una misma placa le hacen perder algo de variedad.

De todas formas queda demostrado con esta, su séptima placa, que los suecos la tienen clarísima y que no transarán en su forma de entender el heavy metal, la cual no ha variado desde su primer y homónimo álbum. Poder, metal, melodía, potencia y una consecuencia de acero, eso es lo que encontrarán en Devil Seed, un álbum disfrutable y de fácil escucha.

 

 

1 comentario

Los comentarios están desactivados.