¿Qué van a estar haciendo ustedes a los sesenta y un años de edad? Nadie lo sabe, pero es probable pensar que algunos disfrutarán de sus nietos, otros pasearán por el mundo no sabiendo en qué gastar tanta plata obtenida por sus suculentas jubilaciones, incluso varios derechamente no estarán vivos, es la ley de la vida. Pero hay un alemán de sesenta y un años, chico, malagestado, hasta gruñón, que no sólo no es un “tata” común y corriente de esos de comercial de caja de compensación, sino que lustra permanentemente su título de ícono del metal y, porqué no ampliarlo, del rock. Y es que Udo Dirkschneider es un héroe, de esos tipos que no se quedan quietos, que no se contenta con vivir de sus rentas con Accept y/o como solista, sino que es de esos individuos que permanentemente buscan, persisten, se mantienen y crean.

Lo que nos toca revisar hoy es nada menos que el décimocuarto trabajo como solista de Dirkschneider, en realidad con su banda post/Accept llamada simplemente U.D.O.. Y es un trabajo crucial, porque es el primer disco en muchísimos años en que Udo deja de estar acompañado por su más fiel escudero, el guitarrista Stefan Kaufmann, quien acompañó al cantante no sólo en Accept sino que desde principios de los ’90 en U.D.O., y que por razones de salud debió dejar la agrupación.

Kaufmann además poseía injerencia directa en la producción y el sonido de U.D.O., por lo cual había cierto manto de incertidumbre respecto al modelo 2013 de la banda, más aun con la partida del otro guitarrista, el suizo Igor Gianola, que también llevaba más de dos años en este conjunto. Así las cosas, estas bajas al menos en el papel se compensarían con el alta del sub 30 ruso Andrei Smirnov, que es quien graba todas las guitarras de este nuevo disco, más allá de la posterior incorporación del finlandés Kasperi Heikkinen también en las seis cuerdas. Con el ya clásico bajista Fitty Weinhold y el joven batero italiano Francesco Jovino se completa la alineación 2013 de U.D.O..

Ya, pero vamos a Steelhammer, cuyo primer martillazo de acero es la title track, Steelhammer, que desde el segundo Nº 1 deja con buena sensación, especialmente con la guitarra del “profesor vodka”, Smirnov, quien con un riff limpio, sencillo y contundente, demuestra desde un principio que el poncho no le va a quedar grande. Heavy Metal europeo en su esencia, con un Udo en la dimensión vocal que le conocemos, con esos agudos raspados que te gustan o no, pero que indiferente no te van a dejar jamás. Excelente inicio, con un coro levantador de puño y raspador de cuerdas vocales, y un fenomenal trabajo de Smirnov al momento de los solos. Un tema y ya este muchacho moscovita se transforma en revelación.

El midtempo clásico de la música de Dirkschneider alcanza cotas de excelencia con A Cry Of A Nation, una feroz pieza con tintes épicos, con un coro realmente formidable, con una letra donde Udo se cuestiona las lógicas del mundo actual, y con un fenomenal trabajo de Smirnov, con una guitarra con tanto carácter como bolas y calle, lo suyo no es el despliegue de velocidad supersónica, sino que encaja perfectamente en lo que uno puede esperar de un guitarrista de una banda como U.D.O.. Con dos temas, la apuesta está más que pagada.

Ratificando el excelente inicio de Steelhammer llega el turno de Metal Machine, el primer single de esta placa, con un riff que recuerda en algo a More Human Than Human de White Zombie pero con más intensidad. Y Udo es una verdadera máquina de crear coros gancheros, sencillos y potentes, especialmente en un single, y con este tema no es la excepción. Para destacar además la aceleración con guitarras armónicas hacia el final, un manjar con gusto a cerveza.

Basta Ya. ¡¡U.D.O. en español!! Uno pensaba que podía ser un cover de “el” tema del cantautor chileno Cristóbal, pero por fortuna es una pieza metalera que destaca por sí misma, y además por contar con un vocalista invitado, nada menos que el gran Víctor García de Warcry, sin temor a equivocarme una de las voces hispanas más importantes de la historia del Heavy Metal. Uno no podría imaginarse a un personaje más idóneo que Víctor para acompañar a Udo en esta aventura hispanoparlante, que funciona realmente estupendamente, no sólo por esa emoción que produce escuchar a Udo acompañado por García cantando en nuestra lengua (esforzadamente, todos sabemos lo difícil que es para un alemán hablar en español) , sino porque realmente es un temazo, con un riff exquisito, muy a lo We Rock de Dio, una batería sencilla y atronadora, un dueto muy afiatado, con un precoro hablado por García y con “u-o-o-os” de fondo, un coro poderosísimo y con una letra entretenida (“lo más grande, lo más selecto, lo tienes todo y que se joda el resto”). Fenomenal.

Pero no culminan acá las sorpresas, porque con lo siguiente, Heavy Rain, Dirkschneider nos lleva a otra dimensión. El tipo deja de lado sus trajes militares, fue a buscar su smoking a la tintorería y, sólo acompañado por Sascha Onnen en el piano, se disfraza de crooner y nos regala una balada realmente notable, que a algunos podrá incomodar al derechamente cortar con una cuchilla el festival eléctrico que hasta este momento era Steelhammer, pero que a mí en particular no sólo me sirve para refrescar un poco los oídos, sino para derechamente disfrutar esta otra dimensión de Udo, más reposada pero no por ello menos talentosa. Quizás le faltó un final más redondito, pero es un muy buen tema.

Un teclado casi en 8 bits sirve de puente para volver al Metal, con Devil’s Bite, que por momentos discurre por derroteros más influenciados por el rock progresivo, por otros casi con influencias arábigas, pero sin perder poder. Nuevamente el trabajo de Smirnov es fenomenal, especialmente en la guitarra que acompaña al precoro, y por supuesto al momento de los solos. Como es previsible, también encontramos un coro ganchero y puño en alto. Da el ancho.

Si hay algo que se podía echar de menos en este verdadero panzer del Heavy Metal era un tema más acelerado y con doble bombo, el cual llega con Death Ride. Con un verso a midtempo y con aceleraciones seleccionadas, especialmente al momento del coro, saca buenas credenciales para convertirse en uno de los temas más destacados del disco, pese a que el coro es un poco más débil que en los temas anteriores, lo que le quita unos pocos puntos a la hora del balance final. De todas formas es un muy buen tema, y un “me gusta” para el trabajo de Jovino en los tarros.

El midtempo vuelve a tomar las banderas con lo siguiente que es King Of Mean, un corte muy de la vieja escuela, con la misma letra que le hemos conocido siempre a Udo pero que no por ello deja de funcionar. Un coro algo más melódico y largo que lo que veníamos escuchando el disco, y que no es de los más destacados de este trabajo, pero ojo, dentro de un estándar bastante alto como el que vivimos con Steelhammer. Por contrapartida, el solo de Smirnov es de los mejores del disco.

Un poquito más experimental es Timekeeper, con un Udo ecualizado en segundo plano y con voces habladas, por momentos recuerda a cosas de Megadeth, hasta llegar a un coro totalmente de la inagotable fórmula de Udo. Nuevamente Smirnov se luce con un solo que no necesita pirotecnia para sobresalir.

Y llegamos quizás a uno de los momentos más altos del disco con Never Cross My Way. Es quizás de los temas menos “pesados” de este trabajo, pero cuenta con algo que lo distingue: un Udo cantando de otra forma, más suave y melódicamente, sin ese raspado agudo que lo ha hecho famoso, sino que de alguna forma más “acogedor”. Un solo muy correcto y un coro pegadizo, que suena a otra banda, más rockera, pero igualmente buena. Pintada para single.

Los riffs atronadores y el Udo de siempre vuelven con Take My Medicine, otra midtempo catedrática, hecha con la fórmula de hace años, perfeccionada por sus eximios ejecutantes, particularmente esta verdadera revelación de las seis cuerdas que es Andrei Smirnov, que en cada tema brilla con luces propias, particularmente en este tema con las guitarras gemelas.

Lo siguiente, Shadows Come Alive, en estricto rigor es un bonus track, que sigue la tendencia de los últimos años de incluir los temas bonus en medio de los discos, y no en el final como se estilaba antes. Con un inicio que parece de soundtrack de película de terror futurista, pasa a un nuevo riff tan sencillo como asesino por parte de Smirnov, un Udo apoyado con voces susurrantes y a un coro que en principio no hace más que repetir el nombre del tema, pero engancha con una parte más melódica del todo interesante, que vuelve para cerrar el tema tras el solo de Andrei.

El doble bombo, aunque no tan veloz, vuelve con la brillante Stay True, pulpa de Heavy Metal alemán en grado puro, con claras influencias priestianas, que comienza con un grito de Udo a la usanza de sus mejores tiempos, cargado de furia, sigue con un verso notablemente apoyado por la guitarra de Smirnov, y un coro con mucha garra. La fórmula de siempre funciona estupendamente, más aun con el nivel de apoyo instrumental que tiene Udo, que acertó medio a medio en el reemplazo de Stefan Kaufmann y de Igor Gianola. Fenomenal el trabajo de guitarras gemelas al momento de los solos, para marcar uno de los hitos más altos de esta solidísima placa.

Ya acercándonos al final uno podría pensar que se trata de un disco larguísimo, pues When Love Becomes a Lie es el tema N° 14… pero es un trabajo que se pasa volando. Aquí encontramos a un Udo cantando nuevamente con su modo melódico “on” y lo hace de estupenda forma. Es un tema más reposado, que no alcanza a ser derechamente una balada pero que se carga hacia esos lados, con inspiraciones glam ochenteras por instantes, con momentos muy bien logrados e incluso con apoyo de teclados en algunos pasajes. Un porotito para lo atronador que suena el bajo de Fitty Weinhold en este corte.

Y el último tema del disco es rarísimo, una apuesta experimental. Book Of Faith es el nombre de este corte que inicia con percusiones casi tribales, un bajo en segundo plano y un Udo narrándonos una historia, pero que paulatinamente deviene en un tema de Heavy Metal clásico, pesado e incluso con bastante apoyo de orquestaciones. Un ambicioso final, arriesgado, que quizás en otro disco no habría funcionado, pero al haber tenido un tan buen material predecesor en esta misma placa, la receptividad del auditor aumenta, y termina funcionando.

Me parece que es el mejor disco de U.D.O. en mucho tiempo, más allá de sus correctos discos anteriores y que ratifican su vigencia, se da un salto de calidad con la incorporación de sus nuevas figuras, que le brindan un aire fresco a la fórmula de siempre. Y además valga recalcar un punto: Udo tiene sesenta y un años, quizás para algunos sea muy viejo; por otro lado Andrei Smirnov tiene veintinueve, quizás para algunos sea muy novato… pero esta es una muestra de algo que se ve mucho en el fútbol: no hay jugadores “muy viejos” o “muy jóvenes”: hay jugadores buenos y malos. En este caso, este mix de sabiduría con el empuje de la juventud, se amalgaman de estupenda manera para regalarnos una de las placas que seguramente figurará en bastantes rankings como destacada en este 2013. Y para los que crean que Udo está muy viejo, valga una última reflexión; los viejos, mientras hagan mejor música que los más jóvenes, siempre van a tener algo que decir. Y hay que escucharlos, especialmente si “algo” saben sobre esta materia.

 

2 comentarios
  1. Rodrigo Espinoza Dice:

    UDO es un grande y amerita tasar este nuevo material….grooveshark right now!

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