Ser testigo de una presentación de Symphony X es siempre una experiencia que llena el espíritu. Es una banda llena de mística, desde sus letras, estructuras, desplante y, por sobre todo, su enorme capacidad técnica para hacer posible lo que parece imposible. Ellos son ejecutores de ilusiones musicales. Verdaderos maestros de lo que hacen. De ahí que para el fanático del Metal más progresivo, un concierto de esta banda resulte un verdadero imperdible. No por nada son considerados por muchos como uno de los mayores exponentes del estilo.

Cabe señalar que en el contexto del presente Metal Fest, los mencionados fanáticos del Metal Progresivo deben haber sido minoría. Muchos, la mayoría, compró su entrada para ver a bandas algo más extremas, como Carcass o Nile. Eso ha de explicar que no todos se hayan quedado para ver la presentación de los de New Jersey. Sí, seamos honestos, un 80% del público que asistió al Movistar Arena permaneció frente al escenario principal cuando se presentó SX. El resto se fue al escenario de las bandas nacionales o a hacer otra cosa. Honestamente, eso me resulta un detalle menor a la hora de valorar lo hecho por la banda, y lo que significó para quien los pudo ver. Digámoslo con claridad desde ya: lo realizado por Symphony X en la tarde-noche del domingo fue excepcional, tremendo, un verdadero placer.

Eran las 18:32 cuando la banda sube en pleno al escenario principal del festival, antes unas 8000 personas. De forma rápida comienza a sonar la intro del corte que da inicio y nombre a su última placa: Iconoclast (2011). En seguida la canción hace su quiebre, los muchachos comienzan a tocar y los primeros “wooh” producto del asombro comienzan a asomar. Minutos más tarde (la intro es larga) arremete con un rugido en forma de “¡Hola, Chile!” el genio vocal llamado Russel Allen, para mí, el mejor vocalista del Metal Progresivo. La ovación para el buen Russell es instantánea y tremenda, al igual que el asombro en el momento en que abre la boca para cantar. Mencionar también la forma en que la gente acompañó durante el coro. Las canciones de Symphony X no están hechas para ser “oreja”, pero aun así poseen partes que se dejan cantar. Ese “We are strong, we will stand and fight!” se escuchó claro y fuerte en voz del respetable.

Continuaron rapidísimo con las excelsa The End Of Innocence, del mismo disco Iconoclast. Qué prodigiosa la ejecución de sus respectivos solos por parte de Michael Romeo y Michael Pinella. Cada uno se lució como lo saben hacer, a base de perfección. El solo de teclado de esta canción me resulta particularmente genial, así me dediqué a escucharlo con atención y pareció no haber errores. Impecable. Romeo por su parte estuvo soberbio. Russell se encargaba de señalarlo, como diciéndole al público “¡miren lo que está haciendo!”, provocando los aplausos del público. El vocalista también la rompía, llegando con maestría a los tonos altos y rugiendo los tonos bajos. Como dije antes: un verdadero prodigio de la voz.

Luego sería el turno de Dehumanized¸ otro de los cortes interesantísimos de la última placa. Aquí nuevamente destacó las partes instrumentales, en especial el solo de guitarra, en el cual los dedos de Romeo se podían ver volar por el mástil gracias a las pantallas gigantes. Russell se encarga de hacer justicia y al finalizar el solo grita “¡Michael Romeo!”, generando nuevamente aplausos para Michael. Destacable también el desplante de Allen. Por ejemplo, en este corte, se puso a caminar como robot, como conectándose con la letra. Y no paraba de interactuar con el público, regalando gestos, botellas de agua, sonrisas, etc. ¡Un crack! Enseguida dejamos el último atrás para dar un salto hacia el pasado, ¡varios años! A la época de The Divine Wings Of Tragedy (1997). Claro, porque era el turno de Sea Of Lies, corte que hace 15 años sonaba como si pudiera estar en un disco editado en 15 años más. ¡Tremendo corte! Gigantesco trabajo de Michael Lepond (¡cuántos Michaels en esta banda!) en el bajo. Antes de iniciar Russell le señala, como indicándole que es su turno, y el bajista comienza dar saltitos de ansiedad, quizás pensando “bien, ¡ahora me toca!”. Cómo se lució, en ese inicio y en toda la canción. Un monstruo. Hay que decir que en un momento Allen le ayudó. Sí: Lepond presionaba las cuerdas y el cantante las pulsaba (ojo con el disco solita de Allen, donde él toca teclado, bajo y guitarra). ¡Magistral momento!

Finaliza el anterior corte y el frontman se da el tiempo para practicar su español. “Muchas gracias. ¡¿Qué pasa mis amigos?!”. La resonante respuesta de los asistentes provocó un muy chistoso “woh, están locos de la cabeza”. A continuación vendría el soberbio momento de lucimiento de él, de Don Russell Allen, quien es, insisto, el mejor cantante del estilo. Claro, porque When All Is Lost, preciosa canción con características de balada por largos pasajes, le permitió demostrar todo lo que es como cantante. Si alguien en ese recinto no conocía a Allen, seguro llegó a su casa a averiguar más, o al menos quedó maravillado. Al terminar aquello, volvimos al ya mencionado TDWOT para recordar lo que es la grandiosa Of Sins And Shadows, para mi gusto, una de las mejores piezas en su extenso repertorio. Prueba de ellos fueron los centenares de voces que se alzaron para cantar el estribillo y  ese segmento de arreglos corales que tan espectacularmente la adornan. ¡Genial!

Ya acercándonos al final, era turno de material provenido del inolvidable Paradise Lost (2007) (mi favorito de la banda), y que vendría de manera letal. En efecto, porque conformaron una tripleta que prácticamente recogió lo mejor de aquel disco (cosa complejísima, porque el disco en sí es perfecto). Este combo supremo se iniciaba con el frenético arranque de Eve Of Seduction, continuaría con la monstruosa Serpent’s Kiss y finalizaría con la épica y memorable Set The World On Fire (The Lie Of Lies). Entre medio la banda se daba espacio para jugar, dedicar palabras de agradecimiento, pero por encima de todo, para alucinar a los fanáticos con complicadísimas ejecuciones que siempre salían perfectas. Buen cierre de la mano de Set The World On Fire, pues eso dio la oportunidad a los asistentes de corear ese tremendo estribillo. La gente aprovechó y se lo cantó todo, como debía ser. Un excelente cierre.

Habrán notado que no mencioné para nada del baterista, pieza esencial en la banda. Fue a apropósito, pues quiero dedicarle unas líneas especialmente al GRAN John Macaluso (Yngwie Malmsteen, Riot, Ark, TNT), hombre que tuvo que asumir de emergencia tras la muy lamentable enfermedad del Jason Rullo (a quien desde aquí le deseamos una pronta recuperación, por cierto). Llegó, se aprendió las canciones y las tocó a la perfección. Simplemente un genio que merece el mayor de los respetos. Y bueno, en estas últimas tres canciones la rompió de sobremanera. ¡Una máquina!

Como dijimos al inicio, Symphony X no era la estrella de esta edición del Metal Fest. Ellos, al igual que Twisted Sister, eran los “niños raros de las clase” (que no se malentienda, solo apunto al hecho de que ellos pertenecen a una corriente distinta a la que predominaba). Sin embargo, tuvieron una destacadísima participación, con miles de fanáticos que se maravillaron una vez máscon su inconmensurable talento y gracia. Esta quinta participación de la banda fue todo un éxito, pues el público los premió siempre con un gran cariño y reconocimiento. ¡Soberbia participación!

Setlist:

01. Iconoclast
02. The End Of Innocence
03. Dehumanized
04. Sea Of Lies
05. When All Is Lost
06. Of Sins And Shadows
07. Eve Of Seduction
08. Serpent’s Kiss
09. Set The World On Fire (The Lie of Lies)

 

REVISA AQUÍ LA GALERÍA DE FOTOS DEL CONCIERTO

 

3 comentarios
  1. Catalina Reyes Dice:

    Bueno, Russell dijo en la entrevista a la futuro que ellos eran como un «fish out of the water»… pero valla si destacaron, al igual que twisted. No eran lo que muchos venian a ver, pero se lucieron, realmente… unos grandes!!!

Los comentarios están desactivados.