El Rock & Guitarras es un recinto de espacios acotados, luz baja y ambiente heavy/rockero que rememora de muy buena manera los cinematográficos locales frecuentados en la ruta 66, la “Madre Carretera”, de no ser por su ubicación céntrica más que en la periferia. Cuenta con una muy buena acústica gracias a la salida frontal del sonido y escenario de muros  acústicamente esponjados. Las ondas no rebotan y los oídos lo agradecen. Han pasado por ahí artistas de variadas tallas y procedencias, lo cual habla bien de cuán ecléctico (dentro del formato rock) puede llegar a ser el lugar, dependiendo del tipo de encuentro acordado.

La cita era a las 21:30 hrs. del viernes 14 de diciembre y la afluencia fue reuniéndose en las afueras desde media hora antes, en una respetuosa espera por parte de los amantes del Heavy Metal. Y recalco lo del respeto, porque al ver cómo la marea negra se abría para dejar pasar cómodamente a los transeúntes, sin el más mínimo gesto grosero a las mujeres atractivas que pasaban, ni burlas a civiles con atuendos  “formales”, reafirmo mi convicción de que la familia del rock/metal es íntegra y se merece muchísimo más respeto por parte de un sistema que hasta el día de hoy te margina por la pinta. Pero esto es parte de otra historia.

Así que no nos quedemos en la calle y entremos a ver qué pasó adentro.

MOTOROIL 

Bien puntuales, con sólo cinco minutos de desfase, Motoroil saltaba al escenario para descargar su propuesta de Rock duro, árido, directo y felizmente bien recibido por un local al 50% de su capacidad en ese momento, que aplaudió con gusto su primer corte Montado en la Bestia. Quienes gusten del trabajo del Black Sabbath setentero, Black Label SocietyMolly Hatchet, los patagónicos Hielo Negro y también los santiaguinos Mártir, podrán entonces encontrar en esta banda otra veta para escuchar.

Mientras la afluencia comenzaba a aumentar, la empatía de Memo Vandalik, su vocalista fue muy bien recibida por los asistentes. Como él dijo, ya acercándose a los 50 años, llevará las botas puestas hasta el cajón, lo cual hizo que el respetable levantara el puño y la cerveza. Habló del apoyo al rock chileno, de las bandas emergentes y de toda la calidad nacional que está ahí y estamos ignorando. Con esto, la banda se ganó el total apoyo de los asistentes y los aplausos comenzaron a ser más cálidos a medida que cada canción avanzaba.

El resto de la banda lo conforman Rodrigo Illescas en la guitarra,  Pancho Chacana en el bajo y John Soto en batería. Con esta formación clásica de cuatro piezas (Black Sabbath y Led Zeppelin, como grandes referentes), lo de Motoroil es rock duro sin preámbulos, basado en notas bajas (puntualmente afinan en Do#), riffs tierrosos, un solidísimo bajo sosteniendo la estructura para los solos de guitarra (armónicos bien dominados además de un certero uso del pedal Wah Wah)  y una batería muy consistente que en estilo hacía recordar a “Philty Animal” Taylor.

Canciones como Duelo en la Cantina En viaje Carretero terminaron animando al público y dejando el escenario “al dente” para el siguiente acto. Me detengo para acotar que al final del primer show, el Rock & Guitarras se encontraba a un 75% de su capacidad, y que el comportamiento de los asistentes fue excelente, quienes quedaron contentos con este opening y la banda aún más.

SCL

Una pausa de 10 minutos con música envasada y la segunda banda que se tomó el escenario se llama SCL (sigla para abreviar Santiago de Chile), quienes a la hora de saludar se presentaron como “Banda Producto 100% Nacional”, lo cual sonó bastante curioso con acento argentino.

Ahondando un poco, Lucas Oberst (Voz) y Tomás Oberst (guitarra rítmica), son argentinos radicados en Chile desde hace 10 años, y ellos mismos se consideran “más chilenos que argentinos, porque Chile nos dio el rock que no nos dio nuestro país natal”. Esto puede significar mucho viniendo de un país hermano que se caracteriza por realizar conciertos monstruosos con bandas de la talla de AC/DC o Rolling Stones, pero eso también es parte de otra historia.

En el escenario, la banda se lanzó con Calienta Happyun tema efusivo, que trae a la mente el single “Fueled” de Anthrax en la era Bush, y que a pesar de su incendiaria actitud (botella de Jack Daniel’s incluida) costó que lograra encender a los asistentes, que aplaudieron, pero no convencidos del todo.

Lo suyo es el Hard Rock / Hardcore directo, lejano a las armonías vocales y arreglos melódicos, mientras que en lo lírico toman como referencias temáticas las Motos, las mujeres y el whisky. Musicalmente su estilo denota una inspiración notoria en Motörhead, aunque la voz es absolutamente diferente.

El sonido partió bien desde la primera banda, sin embargo se aprecia que su calidad sigue mejorando a medida que avanza el concierto. Aún así, la guitarra de Miguel Pizarro sonaba muy despacio en los solos. Su ejecución es buena, manejando inteligentemente las escalas pentatónicas y el –muy recurrido- pedal Wha Wha, aunque desafortunadamente su trabajo se vio muy relegado a segundo plano a causa del bajo volumen. La base rítmica de Javier Torres (ex Saiko) en la batería, Andrés Sepúlveda en el  bajo y el ya nombrado Tomás Oberst en guitarra rítmica no presentó errores. Absolutamente cuajados y sincronizados, hicieron su labor de muy buena manera. La voz, sin embargo, se escuchaba algo saturada y costaba captar la pronunciación. Con un registro medio, entonación aguardentosa y áspera, conserva cierta similitud a la tesitura de Max Cueto (Ex – Los Mox!), pero con un marcado acento trasandino, lo cual da otro tinte al resultado.

La presentación fue encendida, y el público comenzó a responder favorablemente hacia el segundo tramo del show. Finalmente después de temas como Mucha Arena  o Vieja Puta, lograron cerrar un show correctísimo, bajando del escenario con respetuosos aplausos y la botella de whisky casi vacía.

VASTATOR 

A 7 minutos de terminado el show anterior, el siguiente turno lo toma esta respetadísima y emblemática  banda, que desde 1986 hasta hoy (con un hiato de casi 10 años entre 1989 y 1998) ha contribuido en gran medida a diseñar el metal chileno.

Desde un inicio, su presencia escénica y el trabajo en sus atuendos nos adelantaban un momento memorable. El trabajo de imagen es muy bien cuidado (algo así como un crossover entre Judas Priest y Venom) y eso ya contribuye bastante a la hora de atraer la atención. De hecho, honestamente, intimidan. Si visualmente ya estábamos con la vista fija hacia el escenario, la electrificada versión de La Marcha Fúnebre de Chopin (1827), ya comenzó a emocionar a un local lleno al 90%, que comenzó a dirigirse hacia delante, comprimiéndose lo más posible en cercanía al escenario.

La descarga de la banda es realmente impresionante. El público se dividía en dos tipos de expresiones: los impresionados (los menos, que no habían visto a la banda antes) y los maravillados (quienes sabían el calibre de acto que iban a presenciar). La compenetración entre la guitarra de Felipe Hernández y el bajo de Peyote Herrera era férreo, mientras que el doble bombo de Gerardo Barrenechea es realmente una incansable ametralladora (cabe destacar que Gerardo, hasta donde pude ver no tenía ningún tipo de metrónomo con él, lo cual deja claro el excelente reloj interno que el batero lleva consigo).

Con un público entregado y una selección de cortes explosivos como muy Machine HellLas Joyas del CuraX-Terminate Puñado de Almas, está claro que estamos ante una banda de exportación.

El estilo de Vastator se caracteriza por navegar entre las corrientes del thrash, el speed metal y el heavy metal clásico. Si tuviese que buscar un referente, sería muy fácil dar con Painkiller, uno de los puntos álgidos de la discografía de Judas Priest, pero hay que tener en cuenta que este disco vio la luz en 1990 y  Vastator ya venía forjando su identidad desde cuatro años antes, lo cual pone en el tapete lo mundialmente grandes que podrían llegar a ser muchas bandas nacionales si el apoyo de los medios fuese el que corresponde (es aquí donde me detengo, me saco el sombrero por Tumulto y pongo mi esperanza en  Delta y Six Magics).

Haciendo alusión a la descentralización, la banda invita al escenario al portomontino Alex Velásquez, (Drakher), quien en dos temas hace un sólido dúo de cuerdas con Felipe, calzándose las botas de la contribución que Metal Mike Chlaschiak hizo en la versión del tema Hawker Hunter. El dominio de la técnica sweep picking en ambos guitarristas es fabuloso.

Con respecto al trabajo vocal del Sr. Díaz (Nelson D’aldunce), debo decir que su performance en vivo supera con creces a lo registrado en las producciones de estudio. Un rango vocal que parte desde graves arrastrados y pastosos, pasa por registros tenores con un trémolo natural asombroso y llega a registros contratenores con un falsetto que le permite llegar a agudos increíbles, posiblemente hasta un La# (si mi oreja no me falla).  En fin, tres voces distintas, un rango vocal impresionante, y una actitud escénica impecable, sobretodo cuando la banda aún se mantiene en la clásica afinación 4 40 (Mi)

Luego de la presentación de Vastator, el público quedó inquieto y festivo, lo cual pone de manifiesto que la pasada de esta banda clásica fue más que un momento memorable. Y supongo que si Ripper escuchaba desde el backstage, debe haber pensado que lo que recién pasó fue un bombazo.

TIM “RIPPER” OWENS 

A menudo he tenido que comerme mis palabras y he descubierto que eran una dieta balanceada…”

(Winston Churchill)

Comienzo apelando a  esta cita para este plato de fondo, por la sencilla razón de que siempre he respetado a Tim Owens, desde su irrupción en el metal mundial con Judas Priest, como también por su pasada por Iced Earth (gran disco es “The Glorious Burden”) y por el “refresco” que dio a Yngwie Malmsteen, con su voz diferente. Lo respeto, porque es capaz de adaptarse a las voces filosas de Halford y las entonaciones con trémolos siniestros de nuestro llorado Ronnie James Dio.

Pero a pesar de mi reconocimiento hacia él, debo agregar que nunca le di mayor importancia a lo que Owens es capaz de hacer con su voz (y su entrega en general). Según yo – erradamente, por supuesto- el americano calzaba dentro de la “Primera B” en la liga de las voces del metal. Pero lo que presencié la noche del viernes fue realmente un gancho izquierdo en el mentón.

Local lleno, las luces bajas y sólo 10 minutos de pausa desde que Vastator  dejó el escenario (un reconocimiento a los productores del evento, ya que los cuatro actos fueron continuos sin interrupciones de tiempo excesivas) y la banda chilena que acompañaría a Tim ya estaba preparada para dar inicio al último golpe de la noche.

La audiencia emocionada hacía “Tetris” para caber sin perder espacios contra la primera línea del escenario y quedar lo más cerca posible. Las luces bajan suavemente mientras los gritos hacían lo contrario. En un golpe repentino, toda la iluminación esplende y la banda comienza a tocar los primeros cargados acordes de And you Will Die (Beyond Fear), con lo cual la marejada de gente dentro del pequeño local ya se movía al unísono. Es así como la puerta trasera del “stage” queda chica al dejar entrar a un tipo de no menos de 1,90mt, con chaqueta de cuero, gafas y un jockey negro sobre su mollera. Los vítores fueron espontáneos y marcialmente cuadrados. Todos al mismo tiempo comenzaron –por primera vez- a corear “¡Ripper!… ¡Ripper!”, mientras el cantante levantaba el pie para ponerlo sobre su retorno en el suelo, como es su postura clásica.

Me tomó no más de 25 segundos tragarme las palabras y quedar impresionado con el caudal de voz que Owens posee. Agudos punzantes, voces abrasivas y un manejo para pasar de voz de estómago (impostación) a voz de cabeza (técnica para alcanzar tonos altos con un híbrido de voz natural y falsetto) en un segundo, me restregaban en los tímpanos cuán equivocado estaba. A pesar de ser la primera canción, su voz está sonando mucho, pero mucho más renovada que los últimos meses, mientras giraba con Dio Disciples alrededor del globo, y tenían que tocar más bajo para poder “pegarle” a las notas. Y es así cómo llega el primer contacto directo del cantante hacia sus acérrimos fans.

¡¿What’s my name?!… y todo el público –por supuesto- contesta “RIPPER en reiteradas ocasiones. Por supuesto, el segundo corte es la siniestra The Ripper, que deja muy claro que las habilidades vocales de Tim son apabulladoras. Con 45 años sobre sus hombros, aún logra llegar a tonos altos inimaginables exactamente como lo dejó claro en Live Meltdown, quince años atrás con Judas Priest. Ahora, el encuerado vocalista avisa que las cosas se pondrán más pesadas con Blood Stainedla tercera canción de la noche, extraída del gran Jugulator de 1996. Efectivamente el setlist está perfectamente pensado para poder repasar grandes canciones de las bandas por la que militó.

Owens es más que agudos filosos, manejando también voces guturales en ciertos casos. Lo más interesante es que con ese timbre agresivo, uno piensa que en dos canciones quedará afónico, pero su voz demostró mantenerse al mismo gran nivel a través de todo el puñado de temas que duró su presentación. Así debe haber sido en los últimos 18 años para él, con lo que concluyo que debe tener un pedal de distorsión en su garganta, o simplemente es de otro mundo. El público corea al unísono todas y cada una de las estrofas de todos los temas, sin excepciones, tanto como de Winter’s Bane como de Beyond Fear, hecho que demuestra que un fan del heavy metal realmente navega entre discos y su gusto no es superficial.

Como sabemos, el local es de limitado espacio, pero la horda de seguidores se las arregla para ser un monstruo de todas maneras. Ante esto, Ripper responde con extrema seguridad, movimientos controlados, tomándose el tiempo de chocar las manos de las primeras filas en lo que duran los pasajes instrumentales. Sonríe tranquilo y jamás se sobresalta. Con estos movimientos lentos logra verse más imponente que entregándose a una performance hiperventilada.

Con inglés pausado y claro, nos anticipa una baja en las revoluciones con When the Eagle Cries, del gran «The Glorious Burden» (Iced Earth). Su voz rozando tonos baritónicos en el comienzo de la canción. Cinco años atrás habría encendedores oscilando en la oscuridad de la pista, sin embargo, hoy la marea de Iphones y Smartphones eran la que estrellaba un escenario con las luces casi apagadas. Bello espectáculo que Owens presenciaba, golpeando repetidamente su pecho con la palma de su mano, en señal de gratitud por la calidez del respetable.

¡Ok! mucha suavidad debe ser acompañada de otro trallazo. Scream Machine (Beyond Fear, 2006) es realmente un tema de tempo acelerado y con una voz de rango altísimo, y es precisamente en esas notas donde Ripper me recuerda al Andi Deris de la época del «Better tan Raw» de Helloween. Cada metalero presente coreó las hímnicas dobladas de guitarra en la segunda parte de la canción. ¿Y Ripper?… embelesado viendo la respuesta de este público, de no más de 250 personas, pero encendido y entregado, como los marinos de la esmeralda. Pocos, pero vamos con todo.

Diamonds and Rust original de la cantante/activista Joan Baez y versionada por Judas Priest en 1977 en su tercer disco Sin After Sin.  Si bien la balada es simple (compuesta básicamente por 3 notas), su resultado se ve épico y grandilocuente, ya que a medida que la canción progresa, comienza a adquirir peso y potencia, partiendo de cuasi-acústico, llegando a un glorioso y electrificado  final con un Tim Owens  que sube el coro una octava más alta hacia el cierre del corte.

Fue aquí cuando todo me hizo clic. Para muchos, Tim suena muy parecido a Halford, y para otros, buen trabajo hace calzándose los zapatos que Dio dejó. Pero la cosa va más allá. Ripper  tiene voz propia, ya no suena a reemplazo de otro grande, sino a él mismo. El tiempo y el reconocimiento le han dado esa merecida connotación. Su voz no es sólo potente, sino reconocible también, y es así como el público no deja de gritar ¡Ripper! Incansablemente, hasta que él mismo interrumpe el rezo de los fans para hablar sobre el siguiente tema, un clásico de su primera banda, Winter’s Bane, con el track que daba nombre al disco, The heart of a Killer La canción tiene algunos tintes de lo que Judas hiciera en segunda mitad de su carrera -particularmente del Screaming for Vengeance (1982)–  y la fanaticada la canta entera.  Un bello espectáculo digno de ser presenciado.

¡Y no hay tregua! El octavo corte es Victim of Changes del  Sad Wings of Destiny (1976), con el cual la gente vuelve a explotar. En el intermedio de la  canción, Owens desaparece del escenario por un instante y el protagonismo recae en el solo de guitarra de Gonzalo Sanhueza. Su veloz digitación es admirable, y más aún cuando sus solos son ingeniosos, llenos de escalas ascendentes y bastante feeling.  Esta pieza es quizá una de las más “progresivas” que Judas Priest  tenga en toda su carrera, pasando por distintos matices, y en esta versión la voz la voz de Tim logra adaptarse a cada uno de sus cambios.  El buen sonido también contribuye bastante, con un constante efecto delay en la línea del micrófono, que ayuda a llenar los espacios. Y he aquí uno de los momentos memorables de la velada. En la última línea del tema, Ripper se despacha un grito temible,  sosteniendo una nota agudísima por más de 15 segundos. Pocos cantantes pueden lograr eso y seguir conscientes sobre las tablas.

Ahora es el turno de recordar a una de las más sensibles pérdidas de la historia del rock. Herida aún abierta y viva, que vuelve a arder con el primer fraseo de Don’t Talk to Strangers (Dio, en el álbum “Holy Diver”,1983). La admiración de Tim hacia Ronnie James es eterna, y por primera vez en todo el concierto, se mantiene de espaldas al público para alzar ambas manos y mostrar el signo del “Malocchio” (la mano empuñada levantando índice y meñique, señal indeleble atribuida al metal y marca registrada de R.J. Dio, quien lo rescató de las costumbres ancestrales italianas.  Malocchio, palabra que significa “Mal de Ojo en el lenguaje etrusco y se utilizaba para “Ojear” a los detractores. Ese es, de modo resumido, el origen de todo. Por supuesto que todos, incluyendo al artista principal de la noche, se tomaron el tiempo para corear ¡Dio! ¡Dio! Por un buen rato. El caso es ¿quién no querría hacer eso?

Y si no se honra a Ronnie James, entonces hay tiempo para pausas acá. Mob Rules (Black Sabbath, 1980) cae como un yunque sobre la multitud. Todos saltan al mismo tiempo, y el local pareciera hundirse con cada golpe al suelo. Hace poco Adrenaline Mob sacó una gran versión de este clásico, sin embargo lo que acabo de escuchar no puede ser inferior de ninguna manera. En absoluto.  Realmente Ripper Owens puede –si bien no imitar– emular o calzar su timbre con el de Dio para que estas canciones realmente suenen de peso.  El riff  de la canción con ese groove marcado, casi bailable, sacude el recinto completo, y una vez más me sorprende cómo el total de los asistentes se vuelve loco, pero jamás llegando a provocar ningún desorden.  Reitero mis respetos a un público ejemplar.

Ambiente clásico una vez más y Beyond the Realms of Death (Stained Class, 1978) es anticipada por el vocalista. Tal como él dice, “las cosas partirán lentas, se acelerarán, y volverán a ponerse lentas”. No hay mucho que decir acerca de esta maravillosa canción,  además de una excelente interpretación vocal (el contraste de voces limpias y gritos cargados es algo que Owens equilibra muy bien)  y un coro de 250 personas, que la hicieron sonar violentamente hermosa.

De vuelta a su proyecto con Beyond Fear, el siguiente tema es The Human Race y las cosas se ponen pesadas de nuevo.  Los “eh, eh, eh,” del público calzan perfectamente con el bombo.  La llegada del cantante con la trinchera de fanáticos es cercanísima. De pocos movimientos, pie sobre el retorno y el micrófono nunca sacado del atril son parte de su estampa sobre las tablas. A pesar de ser canciones no tan conocidas (como las clásicas que se ha despachado hasta el minuto) más de la mitad de los asistentes las conocen y las corean.  Sobretodo al final del corte, donde Ripper anima a todo el mundo a corear con él, el lick de guitarra que cierra la canción.  Las voces del público son otro instrumento más ¡Y suena fuerte!

El cuadro que se aprecia calza perfecto con el próximo tema.  Hell is Home (del experimental Demolition, 2001). Su partida oscura, lenta y con guitarras es coreada por la totalidad de la audiencia. Definitivamente la entrada de su riff oscuro y bajo es señal para volver a erguirse y seguir cabeceando.  Acá la iluminación es casi nula, de no ser por el luminoso de atrás y las luces rojas del mixer al costado derecho. La oscuridad del ambiente sólo logra realzar más el peso natural de esta canción.  El solo de Ivan Moya (Kontra) es dulce, sostenido y siniestro a la vez, y a la vuelta al interludio inicial nos da aire para poder volver a corear el riff por última vez. Otro de los “pitos” de Owens es lanzado y sostenido por largo tiempo.  A veces me hacer recordar a los armónicos de Zakk Wylde, pero ejecutados con la garganta.  De hecho, es uno de los fenómenos más interesantes de la velada.  Cada vez que Ripper ejecuta alguna acrobacia vocal, cualquier asistente se observa con el desconocido de al lado, comparten expresiones de asombro y vuelven a dirigir la vista hacia el escenario. Algo muy recurrente en esta noche.

Antes del siguiente golpe, Tim hace mención a la dupla de guitarras que lo acompañan, los mismos de la vez anterior. “Tonight we have quite rocky guitars”, mención más que merecida para ambos. Acá me detengo yo también, porque es importante recalcar la labor de los cuatro músicos que acompañaron a Ripper esta noche. Los ya nombrados Gonzalo e Iván en guitarras, Carlos Hernández (Inquisición) en batería y Cristián Maturana (Inquisición) en bajo.  La técnica, el profesionalismo y la capacidad de ajustarse a las versiones originales sin calcarlas es digno de destacar, y demuestra a cabalidad que cualquiera de ellos podría ser parte de cualquier banda grande del globo. Y espero que mi mención sea tomada realmente como un tema fundamentado, y no como un espaldarazo de buena onda. Si los ves tocar, sabrás de lo que hablo. No por nada Owens llamó a los mismos músicos de su vez anterior.

Y es hora de arder en el infierno otra vez. Burn in Hell (Jugulator, 1997) nos lleva a la faceta pesadísima que Judas adquirió en la década de los 90. La voz baja y demoníaca del cantante es pocas veces utilizada, pero demuestra cuán versátil es su interpretación. A esta altura estamos todos afónicos, menos él, quien se despide de un público intachable que lo acompañó en esta jornada. Agradece plenamente y abandona el “esponjoso” escenario, seguido por la gran banda de apoyo. Los cánticos del respetable público no se hicieron esperar, ante la seguridad de que Owens (de actitud sencilla a través de todo el set list) volvería para patearnos en el suelo luego de la paliza que acabábamos de recibir. Y así fue. Los cinco volvieron al escenario y mientras los músicos se instalaban en su respectivos instrumentos, Ripper hizo lo suyo, chocando manos y acercándose al público para mirar a muchos, y digo muchos, y hacer contacto visual. Imponente, pero sencillo.

Starting Over (de su disco solista Play My Game, 2009), es un tema que tiene un peso consistente y una carga melódica notable.  Podría haber sido parte de un disco de Dio como hasta incluso de Iron Maiden. Ese toque levemente melancólico, con momentos pesados y otros de cuerdas limpias. Muy bien recibido y cantado por la audiencia. Realmente veo un tema notable aquí, y de muy buen resultado en vivo. No obstante todos saben que algo grande debe estar reservado para el final.

Nadie se equivocó. El riff inicial de Heaven and Hell (Black Sabbath, 1980) se convirtió inmediatamente en uno de los highlights de la noche. Y encontrar un highlight en una noche como esta es bastante difícil, sobre todo cuando el concierto se ha mantenido en un nivel altísimo en su totalidad. Pero en este caso, esta canción, su significado y el recuerdo del gran Ronnie James una vez más, lo convierten inmediatamente en uno de los cuadros indelebles para atesorar. Todos coreando el principio, con lo poco y nada de garganta que les quedaba, colgándose de las últimas hilachas que afirmaban las cuerdas vocales, y cabeceando sin pausas.

El trabajo de Tim es sin duda digno de aplausos, y su adaptación vocal a la canción es buenísima. Su voz, junto al bajo y la batería, en esa galopa lenta demuestran que la capacidad interpretativa del oriundo de Ohio es más variada que lo que acostumbramos oír. Los pasajes instrumentales sonaron bastante místicos, la atmósfera era propicia para que todos ahí bajaran un poco las revoluciones, se quedaran apuntando hacia el escenario y apreciaran lo mágica que sonó esta versión.  Espero que Dio haya podido saber cuán querido es, y esta noche fue una buena muestra.

Finalmente, One on One (Demolition, 2001), fue el último estertor de la jornada, con un público animadísimo hasta el final, un Tim evidentemente contento y un local tan encendido como en el comienzo. El riff pesadísimo y cuadrado fue inteligentemente guardado para el final, con un coro simple que mantuvo a los fans cantando hasta que en la extensión del final del tema, el break de batería y los solos en carriles paralelos de los guitarristas marcaron un respetuoso “farewell” por parte del cantante, agradeciendo la maravillosa entrega de los presentes,  y en sus palabras “the flawless band” en honor a los músicos chilenos que hicieron un trabajo perfecto.

Tim “Ripper” Owens volvió a acercarse al borde del escenario para chocar manos, compartir miradas de complicidad y sonrisas de gratitud con un remolino de fanáticos que contestaban el choque de palmas con respeto y admiración.  Por parte del grandote vocalista, puedo decir que su actitud fue totalmente sencilla y humilde.  Su profesionalismo también estuvo a prueba a través del set list. Las luces se apagan y Owens se hizo caber por la pequeña puerta al backstage, mientras el escenario se apagaba y el resto de las luces se encendían.  Muchos quedaron pidiendo más y era absolutamente entendible. Todos estaban molidos, pero con gusto hubiesen recibido otra paliza.

Iván Moya, guitarrista de la banda Kontra, tuvo la gran amabilidad de compartir palabras conmigo por un segundo y me hizo saber algo muy rescatable.  Los músicos sobre el escenario no podían oír la performance de Ripper porque el retorno estaba prácticamente inaudible, por lo que tenían que tocar mirándolo en varias ocasiones y seguir por instinto (un envidiable y efectivo instinto, por cierto). Lo interesante de esto es que Tim Owens jamás se quejó del sonido y cantó a lo largo de todo el concierto sin escucharse a sí mismo.  Desde el otro lado, yo miraba el escenario y me admiraba de la capacidad del vocal para pegarle a las notas, sin la más mínima desafinación. Y ahora vengo a saber que lo hizo incluso sin retornos. Tal cual como empecé este review, quiero volver a reconocer cuán equivocado estaba con respecto a la dotada voz, interpretación y carisma de Ripper y cuán gratamente sorprendido volví a casa la noche del viernes.

En una noche así, cuando ves a un artista tan potente, con una banda de tu patria tan profesional, un sonido impecable y con un público respetuoso, agradecido y no por eso menos salvaje, es cuando te sientes pleno de haber sido parte de eso, de haberlo vivenciado.  Más allá del tamaño y características del local, más allá de la cantidad de personas que asistieron, es precisamente este tipo de momentos los cuales yo personalmente llamo una noche redonda.

Te esperamos de nuevo, Ripper.

Setlist:

01. And You will die (Judas Priest)
02. The Ripper (Judas Priest)
03. Blood Stained (Judas Priest)
04. When the Eagle Cries (Iced Earth)
05. Scream Machine (Beyond Fear)
06. Diamonds and Rust  Judas Priest)
07. The Heart of a Killer (Winter’s Bane)
08. Victim of Changes (Judas Priest)
09. Don’t Talk to Strangers (Dio)
10. The Mob Rules (Black Sabbath)
11. Beyond the Realms of death (Judas Priest)
12. Human Race (Beyond Fear)
13. Hell is Home (Judas Priest)
14. Burn in Hell (Judas Priest)
Encore:
15. Starting Over (Tim “Ripper” Owens)
16. Heaven and Hell (Black Sabbath)
17. One on One (Judas Priest)

REVISA AQUÍ LA GALERÍA DE FOTOS DEL CONCIERTO

 

12 comentarios
  1. Lalonde Dice:

    El bajista de Vastator se llama Peyote Barrera no Herrera (parece que el redactor anda pegado con la telecebolla de Juan Herrera), y al igual que el amigo del post anterior, a ese local de mierda no voy nunca más en la vida.

  2. jose mustaine Dice:

    estuvo bueno la noche de tributo mas los 3 temas de banda de ripper , una lastima que este weon teniendo un disco solista bastante bueno junto a lo de beyond fear se dedique a tributar

  3. pablo quezada Dice:

    bueno para mi ripper owens desde el comienzo en judas escuche su calidad de voz no por nada alguien puede reemplazar a rob halford en judas,ripper es un maestro de la voz .
    lo malo los teloneros argentinos creyendose chilenos para que los pescaran y que mala la musica que hacian si en ningun momento sonaron metaleros y las liricas de ellos asquerosas ,pero fui a ver a ripper owens pero lastima que sigan poniendo teloneros de tan mala calidad en todos los resitales

    • SHKOMPARE Dice:

      Pero aparte de los «Chileno-argentinos» SCL ( no los encontré malos, pero tampoco prendieron mucho), no podemos decir que los teloneros fueron malos. De hecho Motoroil hizo una super buena pega, directa sencilla y super bien recibida. De Vastator ni hablar, hicieron un show de lujo.
      Yo creo que por una de las tres bandas teloneras, no podemos dejar de rescatar lo bueno de las otras.

      • Pancho Dice:

        Gracias amigo por el apoyo de echo eso mismo hablabamos ese dia de apoyar nuestras y nuestra escena ya que si nosotros no tiramos para arriba esto no lo hara nadie con chaqueteo no se puede saludos.
        Pancho.
        Bajista Motoroil

  4. AzazeL Dice:

    Soy fanatico de Ripper desde antes que entrara a Priest, y debo decir que lo e visto en todas sus presentaciones en Chile, y concuerdo con lo que dice arriba, excepto con los temas de su carrera en Judas, esos temas son geniales, lo do los músicos chilenos lo encuentro muy bien, aunque Carlitos Hernandez siempre se manda una cagá (one on one)… bueno un espectáculo grandioso, y valió la pena quedarse esperando afuera del sauna y guitarras, puesto que Ripper se bajó del furgón, nos saludos, compartió con lo que estábamos afuera, nos sacamos fotos, y a mi me regalo su gorro de Monster Energy, (lamentablemente si lo ocupo paso a ser un flyte más), pero el gorro más el micrófono de la vez anterior, la foto, y unas cuantas palabras, ya puedo esperar el fin del mundo tranquilo, RIPPER para mí, es el mejor vocalista del planeta…

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