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Más de cincuenta años de carrera y pareciera que Ozzy Osbourne aún tiene energía de sobra para entregar y contagiar. Voz icónica e inconfundible que ha marcado generaciones y que ha definido el Heavy Metal en todos sus aspectos. Como forma de vida, como identidad musical y como imagen asociada al género. Lo cierto es que podríamos estar hablando horas y horas de la importancia del Príncipe de las Tinieblas para nuestras vidas.

Pero vamos a lo que nos convoca. Ya lo vaticinábamos en los días previos a su presentación. El inevitable tour de despedida estaba a la vuelta de la esquina. Nos guste o no, era algo que tenía que pasar. Primero fue Black Sabbath y pronto llegaría el turno del cantante con su banda en solitario. Así no más. A dar la cara y a disfrutar lo que tienen para ofrecernos. Vamos a lo que vinimos.

Acercándonos a la hora pactada según el itinerario, cada uno de los fanáticos que repletaron el Movistar Arena ya hacían notar su nerviosismo y ansiedad a medida que el reloj avanzaba. Con For Whom the Bell Tolls y Enter Sandman sonando por los altoparlantes, lo más próximos al escenario se disponían a tomar la mejor ubicación posible de cara al inminente puntapié inicial del show. Así, una vez apagadas las luces ambientales, se comenzó a proyectar un video introductorio que básicamente fue mostrando fotografías y pequeños clips de toda la carrera del cantante. Imposible no destacar la inclusión de la escena con la participación del maestro de ceremonias en la película «Little Nicky«, protagonizada por Adam Sandler. Un detalle sutil para los que estaban más atentos.

Una vez finalizado, la archiconocida Camina Burana de Carl Orff dio paso a que los músicos fueran tomando sus posiciones sobre el plató. No hace falta decir quién fue el más aplaudido. Recibida la ovación correspondiente, Ozzy nos dirige las primeras palabras al exclamar «Are you ready to go fucking crazy? Let the madness begin!«. Cuenta de Tommy Clufetos con el hi-hat y en cosa de segundos Bark at the Moon desató la locura con un sonido aplastante y demoledor que a muchos nos tomó por sorpresa. Y a esta altura del partido queda una cosa por hacer. Exacto. Gritar el «Listen in awe and you’ll hear him/ Bark at the Moon!» como si de eso dependiera tu vida. Dicho y hecho, puesto que la reacción fue ensordecedora. Ojo, el asunto no cambió mucho durante Mr. Crowley, ya que fácilmente podemos hablar de otro de los puntos altos-altísimos de la noche. Adam Wakeman hizo de las suyas durante la intro, mientras que Zakk Wylde mostró todas sus credenciales en ese outro épico que ha marcado generaciones. ¡Insuperable!

Hora de bajar un poco las revoluciones con la correctísima I Don’t KnowBlizzard of Ozz», 1980), que si bien fue recibida de manera bastante tibia, logró llamar la atención por el gran desplante escénico y musical que estábamos apreciando. Más allá de las obvias facultades superlativas de cada uno de los integrantes, a su vez logran acoplarse de gran manera al accionar del vocalista durante cada pasaje de la canción. Si deben restarse, lo hacen. Si deben hacerse notar, ahí estarán. Ejemplo de esto fue la interpretación de Fairies Wear Boots, donde cada uno de los cambios de tiempo y cada una de las progresiones fueron llevadas de gran manera. Si a esto le sumamos la temática sicodélica proyectada en la gran cruz ubicada al centro del escenario y en las cuatro pantallas dispuestas a su alrededor, el resultado es un deleite visual y musical que no tiene dobles lecturas.

De vuelta a los clásicos indiscutidos, Suicide Solution siguió con la senda de sus predecesoras. Interpretada a la perfección y seguida muy de cerca por cada uno de nosotros. Eso sí, antes de dar comienzo al track, Ozzy se encargó de presentar a cada uno de los integrantes de la banda, siendo Tommy Clufetos y Zakk Wylde lo más aplaudidos. Volviendo al tema, además de sonar impecable, el frontman aprovechó la ocasión para lanzar el primer balde con agua a los fanáticos que estaban más próximos a la reja. Y parece que el golpe fue bastante efectivo, puesto que varios lograron recobrar parte de la energía inicial durante No More Tears, que contó con gran apoyo de los presentes durante las partes instrumentales y cantando el «No more tears» una y otra vez. Por otra parte, supongo que nadie pasó por alto la potencia y la fuerza desplegada por Rob «Blasko» Nicholson y Tommy con toda la base rítmica. Realmente demoledora. También está el interludio de teclado a cargo de Adam, para luego dar paso al solo de guitarra. Otro de los grandes momentos de la velada.

El cantante se dirige nuevamente al público para decir que tras el tour «no se irá a ningún lado» y además aprovecha de darnos las gracias por asistir al concierto. Luego presenta la notable Road to Nowhere, temazo indiscutido que contó con el apoyo vocal de Zakk durante algunos verso para que luego Ozzy lo dejara todo durante el «The road to nowhere leads to me«.

Y si hablamos de dejarlo todo, lo que siguió fue otro clímax absoluto. El maestro de ceremonias nos invita a cantar si gustamos y rápidamente presenta War Pigs. Lo que sigue es tierra conocida. Hablamos de una de esas canciones que logran definir un género musical como tal. De esas que han traspasado generaciones. De esas que jamás dejas de sorprenderte cuando las escuchas. En serio, ¡pedazo de tema! Y la verdad es que ya todo está dicho.

Ahora bien, puntualmente en esta versión, es cierto que se nota la «ausencia» de Tony Iommi. Dejando de lado la participación de Adam como segunda guitarra, Zakk Wylde tiene sus detractores de por sí, y más aún cuando hablamos de versionar a Black Sabbath. Los más puristas se hacen notar. Y puede que esto sea cierto. Quizás no es el más indicado para interpretarlos, pero seamos sinceros: su performance vista de cerca, complementada con la garra y la pasión que le implanta a cada nota, no puede dejar a nadie indiferente. El tipo se la juega con todo y en opinión personal, sale ganando por donde se le mire. No podemos dejar de lado el tremendo solo que se despachó a lo largo de la barricada del Movistar Arena, donde ocupó cada uno de los recursos que hacen más vistosa la presentación. Guitarra en lo alto, tocada sobre la espalda e incluso usando los dientes. Así, nos regaló pasajes de distintas composiciones durante un largo tiempo. Miracle Man, Crazy Babies, Desire y Perry Mason dijeron presente en esta especie de mix instrumental.

Pero eso no era todo, puesto que terminado el momento estelar del guitarrista, vendría el turno de Tommy Clufetos, una bestia en lo que a golpear los tarros se refiere. Los que hemos tenido la oportunidad de haberlo visto en vivo con anterioridad, sabemos de lo que es capaz. Y si bien ahora su intervención fue bastante más acotada, de igual forma se las ingenió para que todos estuviéramos pendientes de él. Todo esto decantó en la interpretación de Flying High Again, que lamentablemente se vio un tanto opacada por todo lo ya mencionado.

Para animarnos, Ozzy nos hace gritar lo más fuerte posible a la cuenta de tres luego de un «I still can’t hear you!». Así, entramos a una de las partes más melódicas del setlist con Shot in the Dark, que tuvo como genio y figura a Adam Wakeman de principio a fin. Imposible no cantar el «But a shot in the dark, one step away from you/ A shot in the dark, always creeping up on you«, más aún sabiendo que es uno de esos coros que te queda dando vuelta rápidamente en la cabeza de manera involuntaria. Luego vino I Don’t Want to Change the World, otra de las que lamentablemente contó con una reacción nula de parte del público. Peor si analizamos el contraste entre este track y Crazy Train, que obviamente era una de las más esperadas por todos los asistentes. Bastaba mirar a tu alrededor para notar el evidente cambio en el comportamiento del respetable. Hasta una bengala apareció desde la tribuna. El resto ya es sabido, literalmente hay que gritar durante el estribillo y solo queda esperar los solos de guitarra. ¡Temazo!

Luego de que el mismo frontman nos incitara a gritar «One more song» junto a él, la guitarra electroacústica fue la señal inequívoca de lo que vendría. Mama I’m Coming Home trajo consigo la última cuota de nostalgia y emotividad. Muchos se animaron a cantar el «You made me cry, you told me lies/ But I can’t stand to say goodbye/ Mama, I’m coming home» y a ambientar el asunto con el flash de los celulares.

Y para finalizar, la incombustible Paranoid fue el epílogo perfecto para una jornada que musicalmente rozó la perfección. Porque sí, en aspectos técnicos y en la interpretación de cada una de las canciones, poco y nada se puede acotar a esta altura. Todo funcionó como un reloj con detalles al milímetro. Casi como en piloto automático. Y viéndolo desde el lado negativo, esto terminó por transmitirse a la mayoría de los miles de fanáticos que asistieron la noche del martes. Vale decir, nos encontramos con una presentación bastante estandarizada y con falta de emociones como tal. Más aún si consideramos que la gira lleva por nombre «Farewell Tour«. Ahora bien, es cierto que el promedio del seguidor asistente a Ozzy Osbourne y a Black Sabbath, no es precisamente el más eufórico o el más conocedor de la materia. El silencio rotundo durante un par de canciones dio cuenta de ello. Creo que ambos factores jugaron una muy mala pasada y los comentarios de que «algo faltó» hablan por sí solos. Entonces, resumiendo -y volviendo unas líneas atrás-, sí, el show fue impecable, no así la conexión público-banda. Pero bueno, Ozzy logró su cometido y nuevamente mostró toda su energía y prestancia tras años y años en la carretera.

Setlist de Ozzy Osbourne:

  1. Intro (Carmina Burana)
  2. Bark at the Moon
  3. Mr. Crowley
  4. I Don’t Know
  5. Fairies Wear Boots (Black Sabbath)
  6. Suicide Solution
  7. No More Tears
  8. Road to Nowhere
  9. War Pigs (Black Sabbath)
  10. Solo de Guitarra (Miracle Man / Crazy Babies / Desire / Perry Mason)
  11. Solo de Batería
  12. Flying High Again
  13. Shot in the Dark
  14. I Don’t Want to Change the World
  15. Crazy Train
  16. Mama I’m Coming Home
  17. Paranoid (Black Sabbath)

Live Review: Gino Olivares
Fotos: Ross Halfin

Sin lugar a dudas Ozzy Osbourne está dentro del podio de las leyendas que definen el Heavy Metal tal y como lo conocemos. Reconocido como una figura icónica del mundo de la música y el espectáculo -que cuenta con más de cincuenta años de carrera-, el cantante llega nuevamente a nuestro país en el marco de la gira llamada «Farewell World Tour». Y sí, aunque cueste creerlo, el sempiterno Príncipe de las Tinieblas pareciera que nos da un adiós definitivo de los escenarios. Es por esto que la primera razón para asistir al show de este martes, desde luego que es el llamado «Factor nostalgia». Escuchar canciones que nos han acompañado gran parte de nuestra vida teniendo como foco principal al vocalista por última vez, es la forma más pura y sensata de agradecerle al frontman todo lo que ha entregado a la industria. Si hay algo que se merece, es que todos los fanáticos asistan para despedirlo como corresponde.

Ahora bien, la realización de este tour es el movimiento más lógico tras el concierto de Black Sabbath del año 2016 en el Estadio Nacional. Vale decir, la única forma de cerrar el ciclo, justamente es con el adiós en solitario del oriundo de Birmingham. Es cierto que su nombre siempre será asociado a la mítica banda liderada por Tony Iommi, pero no podemos dejar de lado el amplio catálogo de su propia banda. Dicho de otra forma, el nivel de clásicos que posee no puede dejar a nadie indiferente. Menos aún sabiendo que tendremos la oportunidad de ver a Zakk Wylde y Tommy Cufletos en escena, literalmente unas bestias que son capaces de robarse la película por sí mismos. Porque si hay algo que caracteriza a Ozzy, es el hecho de rodearse de músicos que derrochan calidad y desplante. Así, Rob Nicholson y Adam Wakeman terminan por cerrar esta alineación de ensueño. Musicalmente será un deleite, quedan advertidos desde ya.

Por otro lado, centrándonos en el panorama actual de la escena y de las presentaciones que se han llevado a cabo en Chile durante el año, con total seguridad podemos afirmar que este será el primer «show grande» que se realizará en la capital. Si bien la oferta de conciertos cada vez sigue aumentando, aún falta tener a ese artista que convoque a miles y miles de metaleros en un solo lugar. Con esto, tenemos la excusa perfecta para revivir viejas amistades, compartir con otros fanáticos lo que tanto nos apasiona y por último, vivir la experiencia de tener un espectáculo de primera calidad frente a tus ojos.

Finalmente, tratando de responder a la interrogante que nos convoca, quizás debemos ir a ver a Ozzy por el simple hecho de ser Ozzy.

GINO OLIVARES

El concierto de OZZY OSBOURNE en Chile, programado en primera instancia en la Pista Atlética del Estadio Nacional, se movió finalmente al Movistar Arena. Así lo informó este jueves T4f-Bizarro, productora a cargo del último show del Principe de las Tinieblas en nuestro país, asegurando también que las entradas adquiridas tienen completa validez para el nuevo recinto.

Respecto al cambio de ubicaciones, quienes tengan entrada Cancha Vip, Cancha y Tribuna Golden podrán ingresar con el mismo ticket que ya tienen en su poder. Platea Diamante, Silver y Cobre deberán cambiar su ticket el mismo día del evento en la boletería sur de Movistar Arena desde las 10:00 AM.

La producción también informó que quienes no estén de acuerdo con el cambio, podrán solicitar la devolución de su dinero según las siguientes indicaciones:

– Para compras realizadas en tiendas Hites y otros puntos de venta del sistema Ticketek, las devoluciones se harán en el mismo lugar donde se realizó la compra.

– Quienes hayan hecho la compra online en Ticketek.cl deberán escribir al correo: devoluciones@ticketek.cl o dirigirse al Centro Ticketek, ubicado en Antonio Bellet #230, de lunes a jueves de 10:00 a 18:00 horas.

– En caso de dudas, contactar al correo serviciocliente@ticketek.cl.

Hoy a las 11:00 horas se dio inicio a la venta de entradas para el show de OZZY OSBOURNE en Chile, programado para el 8 de mayo en la Pista Atlética del Estadio Nacional. Los tickets están disponibles a través del Sistema Ticketek, callcenter 22690 2000, ticketek.cl, en el centro de atención (Antonio Bellet 230, Providencia) y sus puntos de venta que puedes revisar aquí.

Los precios son:

Cancha VIP: $70.000
Tribuna Golden: $35.000
Cancha (Etapa 1): $32.000
Cancha (Etapa 2): $35.000
Cancha (Etapa 3): $38.000
Platea Diamante: $80.000
Platea Silver: $70.000
Platea Cobre: $60.000

A continuación puedes ver el mapa sectorizado de la Pista Atlética:

Tras cinco décadas y más de 2.500 shows, el “Príncipe de las Tinieblas” se embarca en su “Farewell World Tour”, gira que durante dos años recorrerá el mundo por última vez y donde se hará acompañar de sus grandes colaboradores Zakk Wylde en la guitarra, Rob “Blasko” Nicholson en el bajo, Tommy Clufetos en la batería y Adam Wakeman en los teclados.

Si bien esta será la gira de despedida de OZZY OSBOURNE, el cantante de BLACK SABBATH no descarta hacer algunos selectos shows tras su retiro de las grandes giras. “La gente me pregunta cuándo me retiraré. Esta será mi última gira mundial, pero no puedo decir que no haré algunos conciertos aquí y allá”, afirma el cantante, por lo que perfectamente esta podría ser su último show en Chile.

Lo anunció hace un par de semanas y ya es oficial: OZZY OSBOURNE tocará por última vez en Chile el martes 8 de mayo en la Pista Atlética del Estadio Nacional.

Tras cinco décadas y más de 2.500 shows, el “Príncipe de las Tinieblas” se embarca en su “Farewell World Tour”, gira que durante dos años recorrerá el mundo por última vez y donde se hará acompañar de sus grandes colaboradores Zakk Wylde en la guitarra, Rob “Blasko” Nicholson en el bajo, Tommy Clufetos en la batería y Adam Wakeman en los teclados.

Las entradas estarán a la venta a partir del Viernes 24 de noviembre a través del Sistema Ticketek y tendrán un valor (sin cargo por servicio) desde los $32.000 a los $80.000.

Si bien esta será la gira de despedida deOZZY OSBOURNE, el cantante de BLACK SABBATH no descarta hacer algunos selectos shows tras su retiro de las grandes giras. “La gente me pregunta cuándo me retiraré. Esta será mi última gira mundial, pero no puedo decir que no haré algunos conciertos aquí y allá”, afirma el cantante, por lo que perfectamente esta podría ser su último show en Chile.

Ozzy Osbourne acaba de anunciar que a partir del 2018 empezará su «Gira de Despedida» el cual espera que dure 2 años, iniciándose en Mayo del próximo año y finalizando el 2020. Se espera que este tour lo lleve por todo el planeta tras lo cual dejarás las giras mundiales no descartando tener presentaciones esporádicas. Para este tremendo viaje final OZZY contará con el guitarrista Zakk Wylde, el bajista Rob «Blasko» Nicholson, el baterista Tommy Clufetos y el tecladista Adam Wakeman.

«La gente me pregunta cuándo me jubilaré. Esta será mi última gira mundial, pero no puedo decir que no haré algunos otros conciertos» comentó OZZY.

Según la página oficial de OZZY, ya está confirmada la visita del legendario vocalista para el 8 de Mayo en un recinto aún por confirmar. Las fechas agendadas para Latinoamérica serían las siguientes:

A casi 4 meses de su última visita a Chile, Transistor confirmó a OPETH como cabeza de cartel de su festival RockOut, el que este año tendrá fecha para el sábado 11 de noviembre en el Velódromo del Estadio Nacional.

El encuentro también tendrá entre sus grandes atracciones a ZAKK SABBATH, banda conformada por Zakk Wylde, en la que repasa los clásicos de BLACK SABBATH junto al bajista Blasko y el baterista Joey Castillo.

Las entradas saldrán a la venta el lunes 21 de agosto a las 12:00pm por sistema Puntoticket, tiendas Ripley, Hites y Cinemark habilitados de todo Chile. Sin cargo por servicio en la boletería del Teatro Cariola.

Los precios son:

Entrada General: $28.000
Zona Monster Energy: $65.000

Los beneficios de la Zona Monster Energy son:

  • Acceso a sector preferencial frente a los dos escenarios principales.
  • Bebidas Monster Energy.
  • Afiche de colección, edición limitada Rockout 2017.
  • Merch oficial Monster Energy.
  • Acceso a sorteo de Meet & Greet con las bandas principales.
  • Al adquirir tu ticket Zona Monster Energy, estarás participando por un viaje con todo pagado y credencial ALL ACCESS a Rockout Argentina.

Te dejamos el afiche con el cartel completo del festival:

 

 

Ayer se anunció que Zakk Wylde está de vuelta con Ozzy Osbourne para la próxima gira del vocalista. Hoy, a través de redes sociales, Gus G., ahora ex-guitarrista de la banda del vocalista inglés, comentó la reunión de Ozzy con Wylde:

«Ha sido un honor y un privilegio tocar a su lado desde 2009. Nada más que grandes momentos y una experiencia para toda la vida. A Ozzy y Sharon, gracias por todo. Los amo. Para Blasko, Adam y Tommy, ha sido un rockear con ustedes. Como fan, es genial ver a Ozzy y Zakk juntos, ha pasado mucho tiempo. Por último pero no menos importante, gracias a todos los fans que me mostraron amor y apoyo durante todos estos años ¡Ozzy manda!»

El guitarrista Zakk Wylde vuelve a ser parte de la banda de Ozzy Osbourne y se confirmó que será parte de la gira que realizará el legendario vocalista en los próximos meses por Estados Unidos. Aún no se ha confirmado si después de la gira Wylde seguirá con Ozzy o no.

El resto de la alineación la completan Blasko (bajo), Tommy Clufetos (batería) y Adam Wakeman (teclados), por lo que Gus G. no será parte de esta gira.

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Creo no exagerar cuando digo que Black Label Society ciertamente tenía una deuda que saldar con el público chileno, así como con buena parte de Latino América. Si bien esta no era la primera vez que nos visitaban, sí era la primera vez que lo hacían como número principal, pues anteriormente, en el 2008, sólo lo habían hecho en calidad de teloneros de Ozzy (junto con otra banda que no sé si quieran que nombre, así que mejor no me arriesgo). Para muchos eso era una injusticia, y querían sí o sí ver a Society tocando un show completo, como Dio manda. Y pues bueno, como la vida es injusta, pero no tanto, helos acá, tres años más tarde, con todo su poderío y el talento que les caracteriza.

Ahora, también sin ánimo de exagerar, el líder y alma de la banda, Zakk Wylde, las vio bien oscuras el año 2009 cuando fue a dar a la clínica producto de una embolia. Aquél año había sido bastante negativo en términos humanos para el mundo metalero, pero el buen Zakk se las arregló para salir adelante y volver a los escenarios con todo. Claro, un maldito coágulo no era nada para La Bestia, no lo iba a detener. Para los más fanáticos, los de verdad, esas cosas no son anecdóticas ni simples obstáculos superados. Son eventos que transforman la vida misma, y para todos ellos asistir al concierto ahora era verdaderamente una obligación. Y seguramente para Wylde todo tiene un nuevo sentido desde entonces.

En eso pensaba yo cuando hacía mi entrada al Caupolicán, también con la ya clásica pregunta “¿Qué tan lleno estará?”. Eso (la asistencia) nunca ha sido claro indicador de nada (he visto a bandas gloriosas tocar ante 300 personas), pero siempre es mejor entre más gente asista. Quedaban pocos minutos para las 21 y afuera aún quedaban unos pocos rezagados metaleros, la gran mayoría estaba al interior, alrededor de unos mil fanáticos. Todos impacientes por ver a Zakk y los suyos. El reloj marca las 21 horas y con una puntualidad británica las luces caen y comienza a sonar la bella intro de New Religion, con sus arreglos orquestales y toda la cosa. Al son de esos magistrales acordes comienzan a apersonarse los integrantes de la banda, primero fue John DeServio con su bajo, de inmediato le siguió el baterista Mike Froedge. Luego apareció el maestro Nick Catanese y finalmente Zakk, todos de espaldas al público, esperando el tronazo de inicio.

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Volteados, con una sirena sonando de fondo y ya bajo una ovación desquiciante, Zakk se enviste con un muy llamativo accesorio: ni más ni menos que un penacho de aquellos como los que los nativos norteamericanos usaban, lo que era una clara señal de que se venía el Caballo Loco. ¡Crazy Horse! Ese era precisamente el nombre con el que se conoció al jefe lakota Tasunka Witko. Un temazo que iniciaba con un estridente “SAN-CHI-AGOU” por parte de Zakk. Un mazazo en la cabeza y nada más. Por otro lado resultaba impresionante ver a este sujeto, el tal Zakk, con su corpulencia y pinta de vikingo, luciendo el penacho. Inspiraba respeto, casi sugería una supremacía. Por cierto, el hombre usaba un Flying V, como la que tantas veces utilizara el legendario Randy Rhoads, pero claro, en una personalizada versión Bulls-eye. Podrá ser una frivolidad: ¡pero qué guitarra más preciosa! Terminaba esa canción y de inmediato, sin pausa alguna, comienzan a resonar en el teatro los inconfundibles acordes de la intro de Funeral Bell, con ese poderoso y macizo riff que no puedes sino cabecear exigiendo al máximo tu cuello. Si con la primera canción la gente había quedado prendidísima, con esta simplemente se volvió loca, tal cual.

Luego un cabio de guitarra para azotar con Bleed For Me, uno de los mejores cortes de 1919 Eternal (2002), y que como era de esperarse puso a saltar a todo el mundo al ritmo de sus riffs. Además, la fuerza con la que tanto Zakk como los demás interpretaban conminaba a vivir la canción con todo. Yo estaba en la parte de atrás de cancha, por lo que podía ver todo el caos en la parte central de la misma, y hacía el frente al asunto era una zona de guerra. Del mismo modo, y sin pausa alguna (¿qué se tomaron estos sujetos?) llegó Demise Of Sanity, del mismo disco recién mencionado; notable por cierto el final, que fue una ligazón con el final de Superterrorizer. La única pausa fue de unos pocos segundos para cambiar de guitarra nuevamente. A estas alturas ya había notado algo, pero ahora me llamaba mucho la canción: hablo del desplante de John. El hombre saltaba y se movía a lo largo y ancho de todo el escenario, gesticulaba un montón y no pulsaba las cuerdas de su bajo, sino que las golpeaba a puñetazo limpio. Por momentos se mostraba más motivado y prendido que el propio Wylde. Luego, con otra pausa muy mínima, se hizo presente Overlod, del disco que se supone venían a promocionar: Order Of The Black (2010). Uno de esos cortes tenían que estar presentes esa noche. Potente, pesado y contundente. ¡Temazo!

blscl11-09En seguida (¡pero en seguida!) vino Parade Of The Dead, otro de esos temas salvajes y brutales que son la especialidad de Zakk. En este punto comenzaba a llamarme mucho la atención la escases de tiempo que transcurría entre canción y canción. En algunos casos ni siquiera transcurría tiempo, sino que pegaban los temas unos a otros, como el caso de Parade Of The Dead y la anterior, como si los muchachos tuviesen apuro por irse. Demás está decir que cuando eso ocurre, la interacción con el público se ve muy limitada. Y desde mi perspectiva al menos eso va restando puntos al show en general. Pero bueno, volveremos sobre esto más tarde. Sin pausa (nuevamente), y desde el Sonic Brew (1998), llegó Born To Lose, que fue algo así como un sedante entre tanta adrenalina. Es una canción en mid-tempo que sirvió para recuperar el aire, pero no para descansar la garganta, porque la gente se descordó igual. Al terminar por fin una pausa, en la que Zakk agradeció mucho a los asistentes por estar presentes y dijo estar muy feliz de haber vuelto a Chile. Luego se dio a la tarea de presentar a cada uno de los integrantes, con broma muy graciosas respecto de cada uno, sobre todo en cuanto a Mike. Mientras eso sucedía, los técnicos preparaban todo para lo que sería el momento diferente de la noche.

Instalaron un teclado, cubierto con una bandera de Estados Unidos que, cómo no, tenía bandas negras en lugar de rojas, para que Zakk tocara los acordes de algunas de las baladas que tiene la banda. Los más entusiastas pensaron que podía ser In This River y así recordar a Dimebag Darrell (a quien fue dedicada, pero es quien las inspiró, como algunos creen), el gran amigo de Zakk. Sin embargo se trataría de Darkest Days, que por cierto contó con una extendida introducción que sirvió para constatar en vivo las fabulosas habilidades de Zakk como pianista. ¡Qué mostro! Luego de esa larga intro, en la que él estuvo solo en el escenario, se fueron sumando los demás miembros para darle finalmente inicio formal a la canción. ¡Tremendo momento! Pensé que pasaría “piola” en la noche, pero resultó ser una de las más coreadas. Al terminar regresa la Flying V para darle vida a unos de esos temas medios extraños (pero no menos disfrutable) del álbum Mafia (2005): Fire It Up, cuyos “wauh wauh wauh” fueron hechos con la voz de Zakk nasalizada al máximo y con la ayuda de John (¡quien ponía unas caras muy chistosas!). Puso de nuevo a la gente con el entusiasmo a tope y su coro resonó con fuerza en el mini coliseo.

Un nuevo cambio de guitarra (quizás, porque la verdad me anduve mareando con tanto cambio, pero es lo más probable) para el esperado solo de Zakk y vámonos con su show personal. No quiero causar polémica ni nada, pero la verdad esperaba mucho más: más espectacularidad e inspiración. Obviamente (y quede muy claro: ¡obviamente¡) fue un solo lleno de técnica, escalas pentatónicas, buenos barridos, a mil por hora y esas cosas, también se evidenciaba ese estilo único a la Albert Lee del que Zakk ha manifestado ser heredero, pero no fue nada que me hiciera pensar “¡Oh, ahí está el legendario Zakk Wylde!” ¿Se entiende? Hombre, le he visto tocar cosas con más pasión al intentar reproducir a Randy mientras estaba con Ozzy. Sin mencionar que fueron 6 o 7 minutos de solo y para ser honesto, al final de los cuales igual me aburrí un poco. Esa es mi apreciación personal: podría haber lucido mucho más. Y bueno, al terminar el solo, ¡paf! ¡Godspeed Hellbound! Yo que me había aburrido un poquito con el solo desperté con una verdadera patá en l’hocico con este tema, y es que es uno de mis favoritos del Order Of The Black. Y la locura fue total en este momento, se pudieron ver algunos fanáticos flotando por encima de los demás en dirección hacia el escenario. ¡Esos riffs son asesinos! El que no se motiva con esto no tiene Metal en la sangre.

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¿Mencioné que en la parte de atrás del escenario había unas estructuras que sostenían veintiún guitarras? Bueno, ¡así no más! Eso explica tanto cambio. Para esta pasada, tanto Zakk como Nick lucieron unas impresionantes guitarras dobles, pues lo que se venía era la semi-acústica The Blessed Hellride, que muestra todo ese rock sureño y bluesero que tan fuertemente ha influido en el sonido del Black Label Society. Es un mid-tempo, sí, pero eso no impidió que la gente los coreara con el alma. Continuaron con otro de los cortes más potentes del disco Mafia, esta vez fue Suicide Messiah. Durante el estribillo el nivel de decibeles producidos por la banda y la audiencia era casi insoportable a los oídos, pero daba lo mismo. Eso sí, algunas apreciaciones sobre el sonido de la noche en general: las segundas voces (de John) se escuchaban muy bajas, tanto así que momentos pensé que su micrófono estaba apagado. En general los platillos de Mike se escuchaban muy bajos. Por otro lado, la guitarra de Zakk estaba muy alta y a ratos se saturaba. Tanto así, que uno de los técnicos se subió a participar con un megáfono en el coro, pero dio lo mismo, porque ni se escuchaba. Pero repito: parecía no importar mucho. Esa tónica se mantuvo durante la siguiente canción, que no fue otra que Concrete Jungle, del cuestionado Shot To Hell (2006), uno de los más rescatables de aquél disco, y que podrá no ser una de las favoritas de la fanaticada, pero se llevó su buena ovación.

Terminando ese tema Zakk pregunta enfervorizado si acaso estábamos listos para lo último. Todos respondieron “¡Sí!”, probablemente creyendo que en realidad no iba a ser lo último, pero se llevarían una sorpresa al constatar que efectivamente Stillborn sería la decimocuarta y última canción de la noche. Curioso: hace una semana un amigo me comentaba, a propósito del breve “full show” de Anneke, que nadie hoy en día hace un concierto de menos de quince canciones. Y bueno, yo le habría encontrado la razón, pero parece ser que no hay ningún criterio de duración mínima. En fin, eran los últimos pasajes de la noche y la gente siempre se motiva más al saber que queda poquito. En resumen: Stillborn fue uno de los momentos más altos de la noche, con un nivel de coreo y entrega física impresionantes por parte de los fanáticos. Cuando termina Zakk eleva su Flying V dorada hacia el cielo, se persigna con sus puños, golpe se pecho a lo Tarzán, luego se saca su chaqueta para exhibir el nombre de la banda en su espalda, la besa y se despide. Se queda un rato parado sobre los retornos aplaudiendo y agradeciendo la entrega. Luego se retira y… Nunca más volvió, a pesar de los deseos de los mil incondicionales. Fue una hora y veinticinco minutos de un muy intenso show.

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Y hacia el final, uno que otro comentario. Ceo que la lista de canciones fue la óptima, creo que la entrega del público fue notable, y por supuesto la interpretación técnica de cada uno de los miembros fue impecable, pero algo me faltó. Y creo que se trata de esa complicidad que se da entre banda y audiencia en cada concierto que veo. Vi a la banda muy distante, poco compenetrados con SU público. Durante el concierto, Zakk habló sólo tres veces al público, en una de las cuales simplemente dijo “¡Santiago, den la bienvenida a Black Label Society!”, la otra fue para presentar a la banda y una última para anunciar que se venía la canción final. O sea: una interacción casi nula. Ok, muchos van únicamente a ver a su banda tocar sus canciones favoritas, y eso me parece válido. Pero vamos… Para la mayoría un concierto es mucho más que eso, es toda una experiencia, y hay pequeños detalles que los hacen memorables. Me faltó mucho de eso. Musicalmente no hay nada que decir, simplemente impecable, pero en lo humano, en esa relación mística fanático-músico, hubo algún carencia. Apenas daban oportunidad de corear un “Olé, olé, olé”. Podrá ser una tontera, pero son esas tonteras las que van sumando y al final del día te hacen decir “¡Qué concierto!”

Como sea, creo que los más fanáticos pueden darse por pagados al haber visto a Jeffrey Phillip Wielandt y a sus secuaces de la Sociedad presentarse por fin con un show completo aquí en Chile. Sin duda haber escuchado sus canciones favoritas debe haberlos dejado feliz. Sí, creo que independiente de esos detalles que menciono, el balance es muy positivo y podemos decir que presenciamos un gran concierto de Heavy Metal.

Setlist

01. Crazy Horse
02. Funeral Bell
03. Bleed for Me
04. Demise of Sanity
05. Overlord
06. Parade of the Dead
07. Born to Lose
08. Darkest Days
09. Fire it Up
10. Solo de guitarra
11. Godspeed Hellbound
12. The Blessed Hellride
13. Suicide Messiah
14. Concrete Jungle
15. Stillborn

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La banda de Zakk Wylde se presentó por segunda vez en Chile ante unas mil personas en el Teatro Caupolican.

Fotos: Guillermo Salazar