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Luego de un receso de cinco años desde “Angels of the Apocalypse”, Timo Tolkki anunció el lanzamiento de la tercera entrega de su proyecto Avalon, nuevamente bajo el alero de Frontiers Records.

Tras su salida de Stratovarius, el icónico guitarrista finlandés se ha embarcado en una serie de proyectos musicales con resultados bastante incongruentes. Con respecto a Avalon, el disco debut “The Land of New Hope” (2013) generó cierto interés entre los fanáticos, mientras que el ya mencionado “Angels of the Apocalypse” (2014) tuvo una recepción bastante más fría a pesar de la calidad de los músicos involucrados. Los principales dardos apuntaron a la deficiente producción del disco, junto a lo poco novedoso de las composiciones. Y es que los altísimos estándares que el maestro finlandés estableció durante su época dorada en los noventas le han jugado en contra a la hora de satisfacer las expectativas de sus seguidores.

En este contexto es que analizamos “Return to Eden”, disco que cuenta con además de Tolkki en las guitarras principales, una alineación de músicos de sesión italianos conformada por Aldo Lonobile (guitarras, producción), Giulio Capone (batería), Antonio Agate (teclados) y Andrea Buratto (bajo). Tal como ha sido la tónica en las previas entregas de Avalon, las voces están a cargo de una fina selección de vocalistas de la esfera mundial del Heavy y Power Metal. Sin embargo, en esta ocasión nadie se ha repetido el plato y los escogidos para debutar son Todd Michael Hall (Riot V), Anneke van Giersbergen (ex-The Gathering, Vuur, solista), Mariangela Demurtas (Tristania), Zak Stevens (Savatage) y Eduard Hovinga (ex-Elegy, Mother of Sin). Con esta impresionante lista de cantantes y después de tan larga espera, los fieles fanáticos que siguen a Timo en las buenas y en las malas seguramente estarán ansiosos por escuchar nuevo material del eximio compositor.

El álbum abre con Enlighten, una solemne introducción de teclado con orquestaciones pomposas, dando paso a una fuerte lluvia que prepara la atmósfera para el primer cañonazo de la jornada. Nos referimos a Promises, sencillo de adelanto con el que fuimos sorprendidos hace unas semanas. Desde el poderoso riff inicial junto a los vertiginosos arreglos de guitarra y teclados sabemos que estamos frente una canción épica, con todos los elementos que hicieron de Tolkki uno de los compositores más destacados del Power Metal. La pegajosa línea vocal, interpretada magistralmente por la potente voz de Todd Michael Hall, le agrega peso y categoría a un tema que se perfila inmediatamente como unos de los puntos altos del disco. No es coincidencia que Todd haya sido el elegido para la difícil tarea de tomar el micrófono en los renovados Riot V, elevándose a la categoría de los grandes vocalistas del Heavy Metal contemporáneo.

Return to Eden es una correcta canción, de ritmo más pausado y que se destaca desde el punto vista instrumental por sus interesantes orquestaciones que emulan el sonido de gaitas célticas. Hall se luce nuevamente en las voces y Mariangela Demurtas nos sorprende por primera vez con su dulce voz que encaja a la perfección. Por otra parte, la participación de Zak Stevens es un poco menos convincente y llamativa, pero sin llegar a arruinar la canción. Hear My Call fue el segundo adelanto de la placa y cuenta con el inconmensurable aporte y sello único de Anneke van Giersbergen. Personalmente no tengo problemas con que la música de Avalon se aleje del Power Metal tradicional, explorando un sonido más popero y melódico que se acerca a lo que Anneke viene haciendo en su carrera solista. A mi parecer esta colaboración es un acierto, a pesar de lo que algunos puristas puedan objetar.

A continuación tenemos Now And Forever, la tercera y última colaboración vocal en el disco por parte del gran Todd Michael Hall, en la cual nuevamente entrega una interpretación sublime desde el punto de vista técnico. Se trata de un tema más cercano al estilo que Tolkki cultivó en sus últimos años con Stratovarius, manteniéndose en el rango del medio tempo sin muchos cambios de intensidad, haciéndolo quizás un poco repetitivo y predecible a final de cuentas.

Miles Away arranca de forma prometedora con el sonido inconfundible de guitarra del maestro, entregándonos una introducción llena de sentimiento y que lo lleva de vuelta a los mejores momentos de su carrera. Por su parte, la anémica interpretación vocal de Zak Stevens vuelve a dejar cierta disconformidad, quizás sea solo cosa de gustos, pero da la impresión de que el tipo cantara sin ganas, haciendo que la canción se sienta insípida.

Afortunadamente la cosa mejora bastante con la furiosa Limits, un bombazo de puro Power Metal a la vena y que cuenta con la poderosa voz de Eduard Hovinga, muy adecuada para el estilo musical en cuestión. La instrumentación es vertiginosa e impecable, trayendo a colación todos los ingredientes que definen a un tema clásico en su categoría y elevándose como otro de los momentos memorables de la placa.

We Are the Ones es la segunda colaboración de Anneke van Giersbergen, que con su voz angelical le aporta dinamismo y personalidad a una entretenida canción que nuevamente se mantiene en un terreno más melódico comparado con el resto del disco. Por su parte, Godsend es una tibia balada interpretada de manera correcta por Mariangela Demurtas, pero que se queda un poco corta en elementos sorpresivos o innovadores desde el punto compositivo, sin lograr despegar ni convencer del todo.

Give Me Hope es un nuevo intento de volver al sonido Power Metal clásico, con la afilada voz de Eduard Hovinga que logra un buen cometido. En términos de frescura y relevancia, esta canción se queda un peldaño más abajo que las otras canciones rápidas del disco. Algo similar sucede con Wasted Dreams, la tercera colaboración de Zak Stevens que, aunque en esta oportunidad le ponga algo más de empuje a su interpretación, no alcanza para hacer que la canción se destaque dentro del montón.

La encargada de cerrar la placa de forma magistral es Guiding Star, una de las joyitas del disco a mi parecer. En esta canción todas las piezas caen en el lugar correcto, con refrescantes cambios de intensidad y atmósfera, un gran trabajo de guitarra por parte de Tolkki, junto a una interpretación vocal impecable cortesía de Mariangela Demurtas. Un broche de oro para esta tercera entrega de Avalon.

“Return to Eden” marca una mejora substancial con respecto a su placa antecesora en términos de producción y composición, aunque está lejos de ser un disco perfecto. Después de tantos años, el maestro Tolkki es aún capaz de deleitarnos con sus habilidades en las seis cuerdas y nos entrega al menos cinco canciones de primer nivel, pero también cae por momentos en esa falta de ideas que han hecho su carrera post Stratovarius tan irregular. La mayoría de los vocalistas involucrados cumplen con su labor de forma satisfactoria, destacándose en particular la participación de Todd Michael Hall y Anneke van Giersbergen. Por el momento, no sabemos a ciencia cierta cuál será la siguiente jugada en la carrera de Timo Tolkki, pero este parece ser un paso en la dirección correcta y que le permitirá mantener su vigencia como una de las figuras más insignes de la historia del Power Metal europeo.

Review: David Araneda

Como ya te hemos contado recientemente, Timo Tolkki lanzará en Junio la tercera parte de su proyecto AVALON, que llevará por nombre “Return To Eden” y que contará con invitados de la talla de Anneke Van Giersbergen (VUUR), Zak Stevens (ex-SAVATAGE), Todd Michael Hall (RIOT V), Mariangela Demurtas (TRISTANIA, ARDOURS) y Eduard Hovinga (ex-ELEGY).

A continuación te dejamos el segundo adelanto de “Return To Eden” titulado “Hear My Call” con Anneke Van Giersbergen en las voces.

El artwork y el tracklist:

01. Enlighten
02. Promises (feat. Todd Michael Hall)
03. Return To Eden (feat. Mariangela Demurtas, Zachary Stevens, & Todd Michael Hall)
04. Hear My Call (feat. Anneke Van Giersbergen)
05. Now and Forever (feat. Todd Michael Hall)
06. Miles Away (feat. Zachary Stevens)
07. Limits (feat. Eduard Hovinga)
08. We Are The Ones (feat. Anneke Van Giersbergen)
09. Godsend (feat. Mariangela Demurtas)
10. Give Me Hope (feat. Eduard Hovinga)
11. Wasted Dreams (feat. Zachary Stevens)
12. Guiding Star (feat. Mariangela Demurtas)

 

AVALON, la Opera Metal de Timo Tolkki, regresa este Junio con «Return To Eden» a través de Frontiers Music Srl. Los invitados confirmados hasta el momento son Todd Michael Hall (RIOT V), Mariangela Demurtas (TRISTANIA), Zachary Stevens (SAVATAGE), Anneke Van Giersbergen (THE GATHERING) y Eduard Hovinga (ELEGY)

Pueden ver un teaser junto con el tracklist y el artwork a continuación:

01. Enlighten
02. Promises (feat. Todd Michael Hall)
03. Return To Eden (feat. Mariangela Demurtas, Zachary Stevens, & Todd Michael Hall)
04. Hear My Call (feat. Anneke Van Giersbergen)
05. Now and Forever (feat. Todd Michael Hall)
06. Miles Away (feat. Zachary Stevens)
07. Limits (feat. Eduard Hovinga)
08. We Are The Ones (feat. Anneke Van Giersbergen)
09. Godsend (feat. Mariangela Demurtas)
10. Give Me Hope (feat. Eduard Hovinga)
11. Wasted Dreams (feat. Zachary Stevens)
12. Guiding Star (feat. Mariangela Demurtas)

 

Un despertar hacia la luz. Luego de dos años de gestación, la esperada ópera Metal “Land of Light”, llega a nuestros oídos bajo la grabación y producción de su creador, el guitarrista y compositor noruego Frode Hovd (Memorized Dreams), mezclas a cargo del maestro Roland Grapow (Helloween, Masterplan) y masterizado por Jacob Hansen (Beyond Twilight, Invocator). Un ambicioso proyecto que reúne a numerosos talentos del Power, Prog y Speed Metal. Su resultado es una impresionante evocación del Power Metal de inicios de los ‘90 hasta mediados de los años 2000. A contrario de óperas como Ayreon del holandés Arjen Lucassen o Húsar del compositor nacional Ives Gullé, los vocalistas no representan un personaje en particular sino personajes esporádicos.

El concepto temático del álbum narra una historia épica de un grupo de elegidos en una lucha de la luz contra la oscuridad, ángeles versus seres del infierno. Los contrastes cuentan con su simbología correspondiente, es decir, la luz asociada a la esperanza y la oscuridad a la perdición. Esta narración lírica está apoyada por lo publicado en la página oficial, la cual entrega más detalles de esta lucha. En resumen, en el siglo XIII se descubre en la perdida Babilonia unos manuscritos con contenido gnóstico y topográfico (algo así como los pergaminos del Mar Muerto o el Cilindro de Ciro), cuyo contenido se rumorea que fue escrito por el Creador mismo. De su contenido se extrae la existencia de esta “tierra de luz”, un mundo fuera del acceso e intervención de los humanos. Dicho descubrimiento está bajo la custodia de Roma hasta el tiempo presente y vuelve a las conciencias cuando surge un escenario apocalíptico que necesitará de la intervención de los lightbringers, seres divinos que esperan en la Tierra el llamado a la guerra del Thor del judeo-cristianismo, el arcángel Miguel. La historia, de todos modos, se abstrae lo suficiente para dejar estos antecedentes como un trasfondo, en comparación con, por ejemplo, “Temple of Shadows” de Angra, en donde el camino del héroe configura el propósito de cada canción.

Excitare Ad Lucem es el intro encargado de anteceder el primer escenario donde se ubican los héroes de esta historia. La canción ligada, Another Life abre con una marcha que contrasta con la esperanzadora voz a cargo de uno de los tres estadounidenses en el proyecto, Todd Michael Hall (Reverence, Jack Starr’s Burning Starr), que desde el 2013 es miembro de Riot V (remanente del mítico Riot), Rick Altzi, talentoso vocalista de At Vance que asumió el sublime desafío de reemplazar a Jorn Lande en Masterplan. Como vocalistas de apoyo cuenta con los suecos Kristoffer Göbel (Falconer) y  David Åkesson (Qantice)… ¡Todo un coro! Siguiendo los patrones de la ópera, la marcha de presentación asciende a notas mayores, se mantiene en su punto más alto durante el coro y luego desciende en un interludio dramático con una suerte de monólogo para transmitir las incertidumbres del conflicto por venir (“Find the glorious white light. Search disguised full of glory. Feel the dark in your mind’s sweet hope. Do we dare to believe?”). Sin embargo, yo me quedo con la sección rápida que lidera Todd luego del primer coro que cierra Rick Altzi, ya que, su voz muestra una breve reminiscencia a Rob Halford y es una bajada de tono que al mismo tiempo da pedal al ritmo, que impulsa el resto de la canción y te dice que “no todo es esperanza acá”. Esta canción, además, tiene el agrado de presentar a Uli Kusch detrás de los platos y cueros, cuyo currículum suma los titanes de Alemania, GammaRay y Helloween, y el Masterplan de Roland Grapow.

Guardians of the Light introduce al vocalista Yannis Papadopoulos (Until Rain, Wardrum) que demuestra gran versatilidad, acompañado de la voz de Åkesson, y cantando en dualidad en un coro que nada tiene que envidiarle a los “Metal Opera” de Avantasia. La canción tampoco cede en intensidad durante los versos (“There’s a dark and unspeakable creature roaming the night…”), que sin mucha intervención melódica, se mantienen pesados para cederle el trabajo a las voces, un recurso muy propio de bandas como Nocturnal Rites con Afterlife y Kamelot en The Black Halo. Los pre-coros e interludios se construyen como una rapsodia, intercalando intensidades e incorporando, incluso, una voz gutural que acentúa el aspecto sombrío del pasaje. El guitarrista de Falconer, Jimmy Hedlund se luce en esta partida con un solo moderado, pero con genial calidad de tapping. En esta canción, los encargados de la batería y el bajo son Andreas Nergård (Rudhira) y Filip Andel (Within Silence), respectivamente, y la guitarra rítmica a cargo del compositor Frode Hovd.

El disco cuenta con dos canciones para dar una pausa al tempo acelerado y alzar la llama del encendedor: Sands of Time y Trail of Tears. La primera me pilló por sorpresa al darme cuenta que el vocalista no era Roy Khan (Conception, Kamelot), sino el compatriota de Papadopoulos, Vasilis Georgiou, quien me dejó especulando mentalmente con la posibilidad de que le quite el puesto a Tommy Karevik (actual vocalista de Kamelot). Esta balada cuenta con el aporte mezzosoprano de la también griega Mina Giannopoulou (Karmic Link, The Rain I Bleed). Pero la canción downtempo que se lleva mi predilección es la segunda mencionada (séptimo track): Trail of Tears. Y ya que nos adelantamos en el disco, cabe señalar que ésta canción corresponde a la ordalía de los héroes, en términos más claros, al punto en que flaquea la posibilidad de una victoria, pero no se pierde la esperanza. La capacidad dramática de Mathias Blad (Falconer) le viene como anillo al hobbit, con intensidad y emoción que va in crescendo al contar los lentos segundos. Luego del coro, Mathias continúa (“Rise you mighty eagle, soar across the sky…”) y da un breve interludio a la canción para dar paso al solo de la mano y guitarra de Christer Harøy (Divided Multitude), para luego, junto con la voz acompañante del noruego Marius Danielsen (MD’s Legend of Valley Doom), cerrar la canción. El encargado del bajo es el hermano de Christer y compañero de banda, Rayner Harøy.

Para Lost In The Darkness Below , que narra el inicio de las aventuras a través de la oscuridad, los elegidos para las voces fueron los noruegos Pellek (Per Fredrik Åsly) y Marit Børresen, junto con un pequeño segmento de Roland Grapow con voz de narrador a lo Christopher Lee en Rhapsody of Fire. El primero cuenta con una banda nombrada según su alias, de la que Børresen es también miembro, que posee una cantidad ridícula de covers que también pública en YouTube (plataforma en la cual muchas vistas ha tenido cierta virulenta canción en español que por higiene me niego a nombrar). Su registro es bastante alto, lo que le viene bien a esta canción de Power Metal sin rodeos ni disfraces, es decir, Power a la vena. De todas formas, la voz de Børresen se roba la canción, ya que le da un contraste grave preciso en el verso, además de tomar las riendas en el coro y quedar como voz principal, siendo complementada por Pellek.

Test of Time inicia con un riff melódico en mímesis del coro, un recurso para nada desconocido dentro del Power Metal de la era Kiske de Helloween. La parte lírica describe un espacio metafísico fuera de la dimensión temporal de la Tierra. Este lugar es una especie de limbo en donde los pecadores encuentran redención o condena según la valía de sus actos. Los invitados para vocalizar este tema son Rob Lundgren, quien ha trabajado en diversos proyectos musicales como Powerdrive y The Chronicles Project, junto a Tommy Johansson, vocalista y guitarrista de Golden Resurrection y ReinXeed, que también pasó a formar parte de Sabaton el 2016. El coro no es nada inesperado, pero el verso y pre-coro—cuyo acompañamiento de arpa sintetizada despierta cierta nostalgia—definitivamente quedan sonando en la cabeza, postulando a este tema como uno de los fuertes del disco.

Where Reality Ends nos acerca, desde la ordalía, hacia el clímax de la historia. La «orquesta sintetizada», a cargo de Paolo Campitelli (Kaledon), tiene una presencia marcada a lo largo de la canción y funciona en complemento con las guitarras. La voz de Papadopoulos regresa—con guturales incluidos—para aportar, en conjunto con el estadounidense Eli Prinsen (The Sacrified), los matices vocales. La batería nuevamente está a cargo del maestro Uli Kusch con sus reconocidos fills que sacan todo el potencial de la caja (snare). From the Ashes también marca su inicio con la guitarra siguiendo la melodía del coro. Su contenido lírico, al igual que las otras canciones, deambula por imágenes ya conocidas y símbolos asociados a la mítica clásica, siendo figura central de esta canción el ave fénix junto a otras representaciones aladas. Esta indica, evidentemente, la resurrección de la esperanza en la redención de los hombres justos. En este tema contamos con la voz de Bernt Fjellestad (Guardians of Time) con Linus «Mr. Gul» Abrahamson (Andromeda, Anton Johansson’s Galahad Suite) en guitarra líder y bajo.

Finalmente, el clímax se resuelve en Answers in a Dream, con el regreso del dúo Michael Hall/Åkesson, pero que lamentablemente queda corta de trascendencia al estar situada entre la novena y la décimoprimera—y final—canción. Es más bien una esperanzadora antesala pronta al desenlace y carece de la tensión propia de un momento crucial que se ha estado esperando a lo largo del álbum. Luego, la canción homónima del disco, Land of Light, reúne a varios de los vocalistas anteriores (punto más alto, como Sign of the Cross de Avantasia) e incluye a Siegfried «The Dragonslayer» Samer (Dragony) y al inconfundible Fabio Lione (Angra, Rhapsody) en las voces. Sin embargo, no es la única eminencia que se enlistó para esta canción, pues también cuenta con el tercer estadounidense, el bajista Mike LePond de Symphony X, cuya habilidad indiscutida no logra sacarse debidamente a relucir por la poca consideración del bajo a lo largo del disco, sin duda un punto en contra para el proyecto. Los sintetizadores están a cargo de Peter Crowley, quien queda a la altura de la canción y se funde bien entre las melodías cambiantes de la composición, incluso dándose el lujo de incluir una gaitas y flautas en un segmento en donde fácilmente se podría haber tentado con vientos más «etéreos». Similar a «Keeper of the Seven Keys» de Helloween, el tema recorre valles de intensidad y cambios de tempo.

Frode Hovd, un músico que no conocemos del todo, promete bastante potencial al elaborar un hipotético «Metal Opera pt. III» y hacer que se sienta la distancia del nuevo Avantasia en relación de sus dos primeros discos. Proyectos con esta cantidad de músicos no son fáciles de encumbrar, es por eso que a veces se olvidan aspectos—como el sonido del bajo—o se priorizan otros que se estiman más protagónicos. Dentro de las cosas que espero en una posible secuela–además de la parte técnica y cualitativa—mayor madurez en cuanto al desarrollo de la historia a fin de no caer en clichés poco desarrollados. La ausencia de dragones y elfos no da inmunidad para no caer en este error.

 

 

reverence

La banda de power metal norteamericana REVERENCE, compuesta por el vocalista Todd Michael Hall (RIOT V, BURNING STARR), el guitarrista Bryan Holland (TOKYO BLADE, ARREST), Steve “Doc Killdrums” Wacholz (SAVATAGE, CRIMSON GLORY) en batería, Pete Rossi en la otra guitarra y el bajista and Michael Massie (OVERLOADED), lanzará el próximo 4 de Noviembre un nuevo trabajo titulado «Gods Of War» via Razar Ice Records. El artwork del trabajo es obra de Jobert Mello.

«Race To Obscene» es el primer single del disco y pueden escuchar un teaser a continuación:

reverence gods of war

Antes de comenzar a revisar este trabajo va una aclaración, casi a modo de declaración de principios o de fijación de parámetros: este no es un disco cualquiera. Es cierto, cada una de las cosas de la vida tiene su individualidad, y particularmente cuando se trata de manifestaciones artísticas como en este caso, es la música. Pero de verdad, este no es un disco de música común y corriente. Es una celebración de la vida y es un ejemplo paradigmático de cómo canalizar el dolor. Y eso, a juicio personal, excede con creces lo meramente musical. Por ello, humildemente intentaré en estas líneas hacerle algo de justicia al contexto en el que se germina este –adelantándoles el final– fabuloso trabajo.

Fundados en 1975 por el genial Mark Reale, Riot ya en 1977 estaba dando cátedras de rock con su disco debut Rock City, con muchos tintes indiscutiblemente Heavy Metal, de hecho ustedes podrán escuchar Warrior de ese disco y no se puede creer que ese tema haya sido compuesto antes de los ’80. De ahí, Narita y el genial Fire Down Under, todos cantados por el gran Guy Speranza, fallecido por un maldito cáncer al páncreas en 2003. Se fue Speranza en 1981 y llegó a la banda Rhett Forrester, variando un poco estilo de la banda hacia su voz más raspada, con el excelente Restless Breed (si no han escuchado Loanshark van a quedar marcando ocupado con su demencial batería, uno de los temas favoritos de Riot de quien escribe estas líneas) y el algo más irregular Born In America. Después de un período de para, tras la partida de Rhett Forrester –fallecido en 1994, al ser asesinado por un desconocido delincuente que quiso asaltarlo–, en 1988 llega el período sin dudas más esplendoroso de todos, con el bestial Thundersteel y el maravilloso y subvaloradísimo Privilege Of Power bajo la increíble voz de Tony Moore. Este último es el primer trabajo con Mike Flyntz acompañando a Mark Reale en las guitarras.

Después de otro pequeño quiebre vendría la era cantada por Mike DiMeo, con Nightbreaker, el glorioso The Brethren Of The Long House –con lejos una de las mejores adaptaciones metaleras de la historia de un tema no metalero, la fenomenal versión de The Last Of The Mohicans–, el no menos notable Inishmore y los algo menos brillantes Sons Of Society, Through The Storm y Army Of One. Y como siempre Riot se las arregló para reinventarse, Mark Reale logró reunir a la alineación de Thundersteel, con el retorno de Tony Moore a las voces, de Don van Stavern al bajo y del famosísimo Bobby Jarzombek a la batería, además por cierto de Mike Flyntz que si bien no grabó ese disco con la banda, llegó poco tiempo después. ¿Y se juntaron para autotributarse? Las pinzas. ¡Sacaron una de las mejores placas de su carrera! El increíble Immortal Soul del 2011. ¿Qué tienen todos estos discos en común? La guitarra, la impronta y el liderazgo de Mark Reale.

Pero algo andaba mal. Mark estaba enfermo. En realidad, siempre lo estuvo, padecía desde hacía muchos años una canalla enfermedad autoinmune –y por ende, incurable– llamada Enfermedad de Crohn, en que el sistema inmune ataca al intestino, inflamándolo y provocando terribles dolores. Mark tuvo tal nivel de complicaciones por esa enfermedad en ese tiempo que Mike Flyntz grabó prácticamente todas las guitarras de Immortal Soul. Y lamentablemente, a raíz de estas complicaciones, el 25 de enero de 2012, Mark Reale dejó este mundo con apenas 56 años de edad, pegándonos un mazazo en la cabeza a quienes somos fans de esta banda desde hace años.

Se te mueren los cantantes. ¡¡¡Se te muere tu líder!!! Un camino posible y respetable, sin dudas, habría sido dejar de tocar, cerrar la fábrica, acusando el impacto de la prematura partida de Mark. Pero Mike Flyntz y Don van Stavern tenían otra idea. Con la anuencia de don Tony Reale, el anciano papá de Mark, optaron por celebrar su vida, la de Mark y la de ellos mismos, perpetuar su legado, llevar la bandera del guerrero que siempre fue Reale para darle tanto a la música pese a las complicaciones de salud que finalmente lo hicieron partir de este mundo. Y así fueron dando forma a un nuevo Riot, bajo el nombre de Riot V, reclutando como cantante a Todd Michael Hall, como batero a Frank Gilchriest (quien había tocado en Army Of One) y en la segunda guitarra a un joven de 27 años de nombre Nick Lee y que había sido alumno de Mike Flyntz en su niñez y adolescencia. Y desde ya les pido las excusas por lo extenso del preludio para poder al fin hablar de la música de este trabajo, pero en este caso en particular me parece necesario proporcionar un poco de contexto.

El disco parte bien ya de verle la portada, con Johnny en plenitud, en la esquina de “Reale Way” con “Blood Street”, haciendo esta última referencia a Bloodstreets del Thundersteel. Pero vamos a la música. Dos exquisitas guitarras en armonía dan inicio a Rock Hard Live Free, el corte que abre este Unleash The Fire. Un ritmo con quiebres al borde de lo progresivo dan pie a que entre la voz de Todd con un ritmo un poco más acelerado y un coro absolutamente Riot clásico. Para quienes no conocían la forma de cantar de Todd Michael Hall, sigue bastante de la escuela de Tony Moore, aunque con una voz un poco más “bonita” y limpia. El trabajo de Mike Flyntz y Nick Lee es derechamente superlativo, durante el desarrollo del tema y al momento de los solos, las armonías están extraordinariamente trabajadas y suenan impecables sin ser sobreproducidas. Un inicio brillante, esperanzador y esclarecedor de qué es lo que busca Riot con este trabajo.

Para quienes somos fans de esta banda desde hace montones de tiempo, es inevitable sentir cierta piel de gallina con el ritmo y la guitarra de Metal Warrior, muy en la onda de Johnny’s Back del Thundersteel y la más reciente y soberbia Still Your Man de Immortal Soul. Lo mejor es que la banda sabe diferenciar estupendamente una imitación de una evocación inspirada en su propio pasado, y se nota en cortes como este, donde las raíces sonoras son obvias, pero suenan modernas, frescas y no a un refrito. La voz de Hall luce montones en cortes como este, con una excelente y sofisticada mezcla para las dos voces armónicas del coro, qué decir con su brillante “dancing with the devil, heavy metal thunder!” o su grito del final, que si los currículums tuvieran sonido, Hall los pondría en la primera página. Cambios de ritmo interesantes, impecable trabajo de guitarras, y además rendirle honor a los Metal Warriors y dedicarles el primer “shine on” del disco. Dos cortes realmente soberbios para iniciar este trabajo.

¿Algo de descanso? Nada, Fall From The Sky con su riff inicial y sus “uo-o-o-o-o” ya se paga sola, realmente extraordinarios ambos. Nuevamente hay un uso cuidadoso y bien pensado de las armonías vocales, y un coro buenísimo, quizás un mini escalón más abajo que los coros de los cortes anteriores, pero igualmente dentro del estándar de un disco que pelea ser de los mejores de este año. Más brillo aún tienen los solos –pura escuela de Reale–, el trabajo de Frank Gilchriest en los tarros –un tema con bastante exigencia– y sobre todo los emocionantes “uo-o-o-o” del final, que nos hacen soñar alguna vez poder cantarlos en vivo. Quién sabe.

Un poco más lenta y algo más pesada es Bring Your Hammer Down, un tema un poquito más “enojado” que los cortes anteriores y que, por lo mismo, no hace perder ni un ápice de intensidad a este disco. Riot es una banda que ha dado clases de versatilidad durante toda su carrera y muestra que también se siente cómodo en cortes como estos, que no tienen demasiadas pretensiones. El trabajo de Mike Flyntz y Nick Lee es sencillamente notable como en todo el disco.

A lo mejor Frank Gilchriest no tiene la fuerza de Bobby Jarzombek pero tampoco es un aparecido, y parte de ello lo demuestra en el inicio del corte que da el nombre a esta placa, Unleash The Fire, con otro riff que entra a la colección de excelencia que desparrama este trabajo. Lo mismo pasa con los solos, nuevamente en un nivel altísimo, sin ser supersónicos ni ultra acelerados, son precisos, adecuados y con la cuota justa de armonías. También se puede destacar el coro, algo más rockero que el resto de este corte.

Si hay un lugar donde Riot es recontra popular es en Japón. Ya desde fines de los ’70 Mark Reale y sus muchachos tomaron el país del sol naciente como su tierra adoptiva –mal que mal, tienen un corte llamado Tokyo Rose en su primer disco, y su segunda placa se llama Narita, como el aeropuerto de Tokio–. Y Land Of The Rising Sun tributa no sólo a los nipones, sino que a la propia historia de la banda con ellos, haciendo referencia lírica a varios de sus temas antiguos, como las propias Tokyo Rose, Narita, e incluso On Wings Of Eagles y Fight Or Fall, de excelente manera. Un corte midtempo muy bien hecho, sencillo, perfecto para el ADN de la banda.

El sonido de una tormenta nos lleva al que, de esta placa, es el corte favorito de quien escribe estas líneas, Kill To Survive. Un riff sencillo junto a otra guitarra en plan de shred nos lleva a un ritmo a medio tiempo pero que explora sutiles quiebres, hasta llegar a mi momento favorito de este trabajo, ese sublime puente con el “fighting, raging through the battle, warrior / kingdoms washed into the sea / spirits cast the spell of darkness, glorious / madness reigns in all our lives” previo al coro que reza simplemente “kill to survive”. Ese puente con el sutil doble pedal de Gilchriest, acompañado por las guitarras y las voces en armonía, son realmente sensacionales, de los pasajes más destacados de Heavy Metal que se hayan hecho en el año, y la forma de explotarlo hacia el final del tema me hacen inclinarme por éste como mi corte favorito de esta formidable placa.

Algo menos de revoluciones tiene Return Of The Outlaw, explorando una veta un poco más hardrockera ochentera que a Riot tampoco le sienta mal, de hecho la voz de Todd luce estupendamente y quizás, este tipo de temas incluso le favorezcan un poco más. Y no por ser sencillo va a tratarse de un mal corte, para nada, es bastante “oreja” y disfrutable.

Si bien este disco completo tributa a la omnipresente figura de Mark Reale, hay dos cortes en que este tributo y homenaje es directo. El primero de ellos es Immortal, compuesto por Don van Stavern, que sigue un camino de balada muy emotiva, la letra lo evidencia. Aquí recogemos su coro: “Shine on through the darkest night / Your music is eternal / Through your soul has touched the sky / Through your songs you are immortal”. Personalmente no me parece el tema mejor logrado del disco, pese a no ser para nada malo, al contrario, es una canción muy bonita y que le hace justicia, pasa que hay otros temas tan notables en este trabajo que este corte tiene un poquito menos de brillo. Lo mejor sin dudas es el final, la forma de cerrar el tema es sencillamente preciosa.

El Riot hardrockero vuelve con otro de los momentos más destacados de esta placa. Take Me Back es un corte realmente fenomenal y redondo. Recuerda mucho a cosas de los grandes suizos de Gotthard, por ejemplo, y a juicio personal, es el corte donde mejor funciona el recurso de las voces en armonía, especialmente en el coro, tremendamente bien hecho. Una banda que desea sentirse joven, y en canciones como esta, con este nivel de “frescura”, lo logran con mérito y distinción.

Ya llegando al final del disco llega uno de los cortes más Power de toda la placa y que perfectamente podría haber estado en Immortal Soul, la energética Fight Fight Fight. Aguerrida, acelerada, es un verdadero llamado a las armas a los metaleros de alma (“Our defiance is a source of pride / Brothers of metal we stand unified / Join us now in this call to arms / We fight for the right to be heard”), una letra que perfectamente podría ser de Manowar. Ese es el nivel de versatilidad que Riot ha mostrado toda su carrera, sin perder identidad. Otro de los puntos más altos del disco.

Y el último tema de este trabajo es el segundo homenaje directo a Mark Reale, con Until We Meet Again, en este caso compuesto por Mike Flyntz. De los dos tributos, este es el que me parece mejor logrado. También en clave de balada, Todd Michael Hall alcanza su nivel más alto, porque logra compenetrarse con la emotividad compositiva de Mike, y convence como si siempre hubiese cantado en Riot. De todas formas, el hímnico y emotivo coro “Until we meet again my friend / We will join and sing along / Until we meet again my friend / We will celebrate your song”, una y otra vez, es una forma preciosa de terminar un disco que, como dijimos al inicio de esta revisión, excede a lo meramente musical. ¡Ah! Y si a alguien le faltó algo más, de bonus track viene una versión en vivo de Thundersteel.

Riot es una banda que derrocha mística, amor por la música, amateurismo y profesionalismo según corresponda. Y no sólo tributa a su creador, sino que nos entrega uno de los mejores discos de este 2014, con un sonido pulcrísimo, bien logrado, respecto del cual uno puede darse cuenta en cada nota el cariño y la sinceridad con la cual trabajaron, sin caer en emocionalidades baratas ni chantajistas, sino que honrando de la mejor música posible a un músico que mereció un mayor reconocimiento en vida como el gigante Mark Reale, que si está en alguna parte, sin dudas estará sonriendo al ver cómo sus queridos amigos no lo lloran, sino que lo honran haciendo lo que mejor saben.

A Riot la vida le ha pegado demasiado duro y tendrían todos los motivos para convertirse en un ente quejoso y amargo. ¿Y qué hicieron estos muchachos? Lanzaron un pedazo de disco, tocando las teclas precisas de emotividad sin caer en situaciones lastimeras y demostrando una vigencia insólita para una banda tan apaleada por las distintas circunstancias. Por todo lo anterior, Riot no es una banda para que a uno sólo le guste su música: es una banda para quererla y para admirarla, más aun si es capaz de sacar trabajos como estos. Porque es cierto, al final la muerte siempre gana… pero cuando perpetuamos los legados, les sacamos lustre, la miramos de frente y la combatimos como guerreros, a veces nos tiene miedo. Shine On!