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TIM «RIPPER» OWENS publicó en su página de Facebook una fuerte crítica a sus fanáticos debido a la baja venta de sus discos en sus últimas presentaciones en Latinoamérica (Brasil y México específicamente), terminando con importantes declaraciones.

El post dice lo siguiente:

“Una cosa que he aprendido de los shows en Brasil y México… ¡no traeré más mis discos para venderlos! He vendido sólo unos pocos en 5 shows y uno de ellos es el nuevo de CHARRED WALLS OF DAMNED  (tengo los 3 -discos lanzados- conmigo). Nadie está comprando poleras, discos, fotos o gorras y todo está bastante barato.

¡Así que eso prácticamente cierra el tema respecto a lanzar discos en solitario o con BEYOND FEAR o cualquier disco en el futuro! Recibo quejas sobre no vender discos en mis shows, así que ahora los estoy vendiendo y sólo por 10 dólares. ¡Así que así termina esto! Gracias a dios no tengo que gastar todo mi dinero haciendo un nuevo disco para luego arrastrarlos por todas partes ¡para nada! ¡Lol!

¡Gracias!
TIM”

El cantante eliminó el post de su Facebook, pero aquí puedes ver el pantallazo:

Ripper Owens - Facebook

 

 

La agrupación conformada por ex integrantes de DIO postergó su gira por Sudamérica programada para esta y la próxima semana. El grupo sólo realizará sus shows en México y aún no se ha hablado de razones oficiales.

Este es el comunicado enviado por la producción del show en Chile:

Klandestino Producciones informa que el show de DIO DISCIPLES, programado para el dia viernes 7 de junio ha sido postergado.

El motivo principal se debe a la cancelación del show programado en argentina, lo que provocó que la logistica de vuelos hacia Chile se hiciera inviable para la producción local. Estamos trabajando en conjunto con la banda para anunciar la nueva fecha del evento, la que en primera instancia seria para mediados de julio.

Las entradas serán vaálidas para la nueva fecha que pronto anunciaremos y quienes necesiten recuperar su dinero pueden hacerlo en los mismos puntos de venta donde fueron adquiridos o bien canjear el ticket para nuestro evento Marduk + Suffocation a realizarse el viernes 2 de agosto en el Teatro Caupolicán.

Lamentamos las molestias, pero escapa a nuestro control.
No es responsabilidad de la banda, de la agencia o nuestra.

La banda está formada por Tim «Ripper» Owens y Oni Logan en voces, Simon Wright en batería, Craig Goldy en guitarras, Bjorn Englen en bajo y Scott Warren en teclados.

La agrupación conformada por ex integrantes de DIO, y que además cuenta con la aprobación de su esposa Wendy Dio, celebrará el legado del legendario cantante el 7 de junio a las 22:00hrs. en el Teatro Caupolicán, luego del partido entre Chile y Paraguay, que se podrá ver en pantalla gigante dentro del Teatro.

Las entradas están a la venta por Sistema Ticketek, www.ticketek.cl, callcenter 690 2000, Cine Hoyts, Falabella, Café La Clave. Sin recargo se encuentran en The Knife (Eurocentro) y Kmuzzik (Interprovidencia).

Los precios son:

  • $12.000: Primeras 200
  • $15.000: Preventa general
  • $20.000: Día del show
  • $25.000: Palco VIP (Meet&Greet)

La banda está formada por Tim «Ripper» Owens y Oni Logan en voces, Simon Wright en batería, Craig Goldy en guitarras, Bjorn Englen en bajo y Scott Warren en teclados.

El Rock & Guitarras es un recinto de espacios acotados, luz baja y ambiente heavy/rockero que rememora de muy buena manera los cinematográficos locales frecuentados en la ruta 66, la “Madre Carretera”, de no ser por su ubicación céntrica más que en la periferia. Cuenta con una muy buena acústica gracias a la salida frontal del sonido y escenario de muros  acústicamente esponjados. Las ondas no rebotan y los oídos lo agradecen. Han pasado por ahí artistas de variadas tallas y procedencias, lo cual habla bien de cuán ecléctico (dentro del formato rock) puede llegar a ser el lugar, dependiendo del tipo de encuentro acordado.

La cita era a las 21:30 hrs. del viernes 14 de diciembre y la afluencia fue reuniéndose en las afueras desde media hora antes, en una respetuosa espera por parte de los amantes del Heavy Metal. Y recalco lo del respeto, porque al ver cómo la marea negra se abría para dejar pasar cómodamente a los transeúntes, sin el más mínimo gesto grosero a las mujeres atractivas que pasaban, ni burlas a civiles con atuendos  “formales”, reafirmo mi convicción de que la familia del rock/metal es íntegra y se merece muchísimo más respeto por parte de un sistema que hasta el día de hoy te margina por la pinta. Pero esto es parte de otra historia.

Así que no nos quedemos en la calle y entremos a ver qué pasó adentro.

MOTOROIL 

Bien puntuales, con sólo cinco minutos de desfase, Motoroil saltaba al escenario para descargar su propuesta de Rock duro, árido, directo y felizmente bien recibido por un local al 50% de su capacidad en ese momento, que aplaudió con gusto su primer corte Montado en la Bestia. Quienes gusten del trabajo del Black Sabbath setentero, Black Label SocietyMolly Hatchet, los patagónicos Hielo Negro y también los santiaguinos Mártir, podrán entonces encontrar en esta banda otra veta para escuchar.

Mientras la afluencia comenzaba a aumentar, la empatía de Memo Vandalik, su vocalista fue muy bien recibida por los asistentes. Como él dijo, ya acercándose a los 50 años, llevará las botas puestas hasta el cajón, lo cual hizo que el respetable levantara el puño y la cerveza. Habló del apoyo al rock chileno, de las bandas emergentes y de toda la calidad nacional que está ahí y estamos ignorando. Con esto, la banda se ganó el total apoyo de los asistentes y los aplausos comenzaron a ser más cálidos a medida que cada canción avanzaba.

El resto de la banda lo conforman Rodrigo Illescas en la guitarra,  Pancho Chacana en el bajo y John Soto en batería. Con esta formación clásica de cuatro piezas (Black Sabbath y Led Zeppelin, como grandes referentes), lo de Motoroil es rock duro sin preámbulos, basado en notas bajas (puntualmente afinan en Do#), riffs tierrosos, un solidísimo bajo sosteniendo la estructura para los solos de guitarra (armónicos bien dominados además de un certero uso del pedal Wah Wah)  y una batería muy consistente que en estilo hacía recordar a “Philty Animal” Taylor.

Canciones como Duelo en la Cantina En viaje Carretero terminaron animando al público y dejando el escenario “al dente” para el siguiente acto. Me detengo para acotar que al final del primer show, el Rock & Guitarras se encontraba a un 75% de su capacidad, y que el comportamiento de los asistentes fue excelente, quienes quedaron contentos con este opening y la banda aún más.

SCL

Una pausa de 10 minutos con música envasada y la segunda banda que se tomó el escenario se llama SCL (sigla para abreviar Santiago de Chile), quienes a la hora de saludar se presentaron como “Banda Producto 100% Nacional”, lo cual sonó bastante curioso con acento argentino.

Ahondando un poco, Lucas Oberst (Voz) y Tomás Oberst (guitarra rítmica), son argentinos radicados en Chile desde hace 10 años, y ellos mismos se consideran “más chilenos que argentinos, porque Chile nos dio el rock que no nos dio nuestro país natal”. Esto puede significar mucho viniendo de un país hermano que se caracteriza por realizar conciertos monstruosos con bandas de la talla de AC/DC o Rolling Stones, pero eso también es parte de otra historia.

En el escenario, la banda se lanzó con Calienta Happyun tema efusivo, que trae a la mente el single “Fueled” de Anthrax en la era Bush, y que a pesar de su incendiaria actitud (botella de Jack Daniel’s incluida) costó que lograra encender a los asistentes, que aplaudieron, pero no convencidos del todo.

Lo suyo es el Hard Rock / Hardcore directo, lejano a las armonías vocales y arreglos melódicos, mientras que en lo lírico toman como referencias temáticas las Motos, las mujeres y el whisky. Musicalmente su estilo denota una inspiración notoria en Motörhead, aunque la voz es absolutamente diferente.

El sonido partió bien desde la primera banda, sin embargo se aprecia que su calidad sigue mejorando a medida que avanza el concierto. Aún así, la guitarra de Miguel Pizarro sonaba muy despacio en los solos. Su ejecución es buena, manejando inteligentemente las escalas pentatónicas y el –muy recurrido- pedal Wha Wha, aunque desafortunadamente su trabajo se vio muy relegado a segundo plano a causa del bajo volumen. La base rítmica de Javier Torres (ex Saiko) en la batería, Andrés Sepúlveda en el  bajo y el ya nombrado Tomás Oberst en guitarra rítmica no presentó errores. Absolutamente cuajados y sincronizados, hicieron su labor de muy buena manera. La voz, sin embargo, se escuchaba algo saturada y costaba captar la pronunciación. Con un registro medio, entonación aguardentosa y áspera, conserva cierta similitud a la tesitura de Max Cueto (Ex – Los Mox!), pero con un marcado acento trasandino, lo cual da otro tinte al resultado.

La presentación fue encendida, y el público comenzó a responder favorablemente hacia el segundo tramo del show. Finalmente después de temas como Mucha Arena  o Vieja Puta, lograron cerrar un show correctísimo, bajando del escenario con respetuosos aplausos y la botella de whisky casi vacía.

VASTATOR 

A 7 minutos de terminado el show anterior, el siguiente turno lo toma esta respetadísima y emblemática  banda, que desde 1986 hasta hoy (con un hiato de casi 10 años entre 1989 y 1998) ha contribuido en gran medida a diseñar el metal chileno.

Desde un inicio, su presencia escénica y el trabajo en sus atuendos nos adelantaban un momento memorable. El trabajo de imagen es muy bien cuidado (algo así como un crossover entre Judas Priest y Venom) y eso ya contribuye bastante a la hora de atraer la atención. De hecho, honestamente, intimidan. Si visualmente ya estábamos con la vista fija hacia el escenario, la electrificada versión de La Marcha Fúnebre de Chopin (1827), ya comenzó a emocionar a un local lleno al 90%, que comenzó a dirigirse hacia delante, comprimiéndose lo más posible en cercanía al escenario.

La descarga de la banda es realmente impresionante. El público se dividía en dos tipos de expresiones: los impresionados (los menos, que no habían visto a la banda antes) y los maravillados (quienes sabían el calibre de acto que iban a presenciar). La compenetración entre la guitarra de Felipe Hernández y el bajo de Peyote Herrera era férreo, mientras que el doble bombo de Gerardo Barrenechea es realmente una incansable ametralladora (cabe destacar que Gerardo, hasta donde pude ver no tenía ningún tipo de metrónomo con él, lo cual deja claro el excelente reloj interno que el batero lleva consigo).

Con un público entregado y una selección de cortes explosivos como muy Machine HellLas Joyas del CuraX-Terminate Puñado de Almas, está claro que estamos ante una banda de exportación.

El estilo de Vastator se caracteriza por navegar entre las corrientes del thrash, el speed metal y el heavy metal clásico. Si tuviese que buscar un referente, sería muy fácil dar con Painkiller, uno de los puntos álgidos de la discografía de Judas Priest, pero hay que tener en cuenta que este disco vio la luz en 1990 y  Vastator ya venía forjando su identidad desde cuatro años antes, lo cual pone en el tapete lo mundialmente grandes que podrían llegar a ser muchas bandas nacionales si el apoyo de los medios fuese el que corresponde (es aquí donde me detengo, me saco el sombrero por Tumulto y pongo mi esperanza en  Delta y Six Magics).

Haciendo alusión a la descentralización, la banda invita al escenario al portomontino Alex Velásquez, (Drakher), quien en dos temas hace un sólido dúo de cuerdas con Felipe, calzándose las botas de la contribución que Metal Mike Chlaschiak hizo en la versión del tema Hawker Hunter. El dominio de la técnica sweep picking en ambos guitarristas es fabuloso.

Con respecto al trabajo vocal del Sr. Díaz (Nelson D’aldunce), debo decir que su performance en vivo supera con creces a lo registrado en las producciones de estudio. Un rango vocal que parte desde graves arrastrados y pastosos, pasa por registros tenores con un trémolo natural asombroso y llega a registros contratenores con un falsetto que le permite llegar a agudos increíbles, posiblemente hasta un La# (si mi oreja no me falla).  En fin, tres voces distintas, un rango vocal impresionante, y una actitud escénica impecable, sobretodo cuando la banda aún se mantiene en la clásica afinación 4 40 (Mi)

Luego de la presentación de Vastator, el público quedó inquieto y festivo, lo cual pone de manifiesto que la pasada de esta banda clásica fue más que un momento memorable. Y supongo que si Ripper escuchaba desde el backstage, debe haber pensado que lo que recién pasó fue un bombazo.

TIM “RIPPER” OWENS 

A menudo he tenido que comerme mis palabras y he descubierto que eran una dieta balanceada…”

(Winston Churchill)

Comienzo apelando a  esta cita para este plato de fondo, por la sencilla razón de que siempre he respetado a Tim Owens, desde su irrupción en el metal mundial con Judas Priest, como también por su pasada por Iced Earth (gran disco es “The Glorious Burden”) y por el “refresco” que dio a Yngwie Malmsteen, con su voz diferente. Lo respeto, porque es capaz de adaptarse a las voces filosas de Halford y las entonaciones con trémolos siniestros de nuestro llorado Ronnie James Dio.

Pero a pesar de mi reconocimiento hacia él, debo agregar que nunca le di mayor importancia a lo que Owens es capaz de hacer con su voz (y su entrega en general). Según yo – erradamente, por supuesto- el americano calzaba dentro de la “Primera B” en la liga de las voces del metal. Pero lo que presencié la noche del viernes fue realmente un gancho izquierdo en el mentón.

Local lleno, las luces bajas y sólo 10 minutos de pausa desde que Vastator  dejó el escenario (un reconocimiento a los productores del evento, ya que los cuatro actos fueron continuos sin interrupciones de tiempo excesivas) y la banda chilena que acompañaría a Tim ya estaba preparada para dar inicio al último golpe de la noche.

La audiencia emocionada hacía “Tetris” para caber sin perder espacios contra la primera línea del escenario y quedar lo más cerca posible. Las luces bajan suavemente mientras los gritos hacían lo contrario. En un golpe repentino, toda la iluminación esplende y la banda comienza a tocar los primeros cargados acordes de And you Will Die (Beyond Fear), con lo cual la marejada de gente dentro del pequeño local ya se movía al unísono. Es así como la puerta trasera del “stage” queda chica al dejar entrar a un tipo de no menos de 1,90mt, con chaqueta de cuero, gafas y un jockey negro sobre su mollera. Los vítores fueron espontáneos y marcialmente cuadrados. Todos al mismo tiempo comenzaron –por primera vez- a corear “¡Ripper!… ¡Ripper!”, mientras el cantante levantaba el pie para ponerlo sobre su retorno en el suelo, como es su postura clásica.

Me tomó no más de 25 segundos tragarme las palabras y quedar impresionado con el caudal de voz que Owens posee. Agudos punzantes, voces abrasivas y un manejo para pasar de voz de estómago (impostación) a voz de cabeza (técnica para alcanzar tonos altos con un híbrido de voz natural y falsetto) en un segundo, me restregaban en los tímpanos cuán equivocado estaba. A pesar de ser la primera canción, su voz está sonando mucho, pero mucho más renovada que los últimos meses, mientras giraba con Dio Disciples alrededor del globo, y tenían que tocar más bajo para poder “pegarle” a las notas. Y es así cómo llega el primer contacto directo del cantante hacia sus acérrimos fans.

¡¿What’s my name?!… y todo el público –por supuesto- contesta “RIPPER en reiteradas ocasiones. Por supuesto, el segundo corte es la siniestra The Ripper, que deja muy claro que las habilidades vocales de Tim son apabulladoras. Con 45 años sobre sus hombros, aún logra llegar a tonos altos inimaginables exactamente como lo dejó claro en Live Meltdown, quince años atrás con Judas Priest. Ahora, el encuerado vocalista avisa que las cosas se pondrán más pesadas con Blood Stainedla tercera canción de la noche, extraída del gran Jugulator de 1996. Efectivamente el setlist está perfectamente pensado para poder repasar grandes canciones de las bandas por la que militó.

Owens es más que agudos filosos, manejando también voces guturales en ciertos casos. Lo más interesante es que con ese timbre agresivo, uno piensa que en dos canciones quedará afónico, pero su voz demostró mantenerse al mismo gran nivel a través de todo el puñado de temas que duró su presentación. Así debe haber sido en los últimos 18 años para él, con lo que concluyo que debe tener un pedal de distorsión en su garganta, o simplemente es de otro mundo. El público corea al unísono todas y cada una de las estrofas de todos los temas, sin excepciones, tanto como de Winter’s Bane como de Beyond Fear, hecho que demuestra que un fan del heavy metal realmente navega entre discos y su gusto no es superficial.

Como sabemos, el local es de limitado espacio, pero la horda de seguidores se las arregla para ser un monstruo de todas maneras. Ante esto, Ripper responde con extrema seguridad, movimientos controlados, tomándose el tiempo de chocar las manos de las primeras filas en lo que duran los pasajes instrumentales. Sonríe tranquilo y jamás se sobresalta. Con estos movimientos lentos logra verse más imponente que entregándose a una performance hiperventilada.

Con inglés pausado y claro, nos anticipa una baja en las revoluciones con When the Eagle Cries, del gran «The Glorious Burden» (Iced Earth). Su voz rozando tonos baritónicos en el comienzo de la canción. Cinco años atrás habría encendedores oscilando en la oscuridad de la pista, sin embargo, hoy la marea de Iphones y Smartphones eran la que estrellaba un escenario con las luces casi apagadas. Bello espectáculo que Owens presenciaba, golpeando repetidamente su pecho con la palma de su mano, en señal de gratitud por la calidez del respetable.

¡Ok! mucha suavidad debe ser acompañada de otro trallazo. Scream Machine (Beyond Fear, 2006) es realmente un tema de tempo acelerado y con una voz de rango altísimo, y es precisamente en esas notas donde Ripper me recuerda al Andi Deris de la época del «Better tan Raw» de Helloween. Cada metalero presente coreó las hímnicas dobladas de guitarra en la segunda parte de la canción. ¿Y Ripper?… embelesado viendo la respuesta de este público, de no más de 250 personas, pero encendido y entregado, como los marinos de la esmeralda. Pocos, pero vamos con todo.

Diamonds and Rust original de la cantante/activista Joan Baez y versionada por Judas Priest en 1977 en su tercer disco Sin After Sin.  Si bien la balada es simple (compuesta básicamente por 3 notas), su resultado se ve épico y grandilocuente, ya que a medida que la canción progresa, comienza a adquirir peso y potencia, partiendo de cuasi-acústico, llegando a un glorioso y electrificado  final con un Tim Owens  que sube el coro una octava más alta hacia el cierre del corte.

Fue aquí cuando todo me hizo clic. Para muchos, Tim suena muy parecido a Halford, y para otros, buen trabajo hace calzándose los zapatos que Dio dejó. Pero la cosa va más allá. Ripper  tiene voz propia, ya no suena a reemplazo de otro grande, sino a él mismo. El tiempo y el reconocimiento le han dado esa merecida connotación. Su voz no es sólo potente, sino reconocible también, y es así como el público no deja de gritar ¡Ripper! Incansablemente, hasta que él mismo interrumpe el rezo de los fans para hablar sobre el siguiente tema, un clásico de su primera banda, Winter’s Bane, con el track que daba nombre al disco, The heart of a Killer La canción tiene algunos tintes de lo que Judas hiciera en segunda mitad de su carrera -particularmente del Screaming for Vengeance (1982)–  y la fanaticada la canta entera.  Un bello espectáculo digno de ser presenciado.

¡Y no hay tregua! El octavo corte es Victim of Changes del  Sad Wings of Destiny (1976), con el cual la gente vuelve a explotar. En el intermedio de la  canción, Owens desaparece del escenario por un instante y el protagonismo recae en el solo de guitarra de Gonzalo Sanhueza. Su veloz digitación es admirable, y más aún cuando sus solos son ingeniosos, llenos de escalas ascendentes y bastante feeling.  Esta pieza es quizá una de las más “progresivas” que Judas Priest  tenga en toda su carrera, pasando por distintos matices, y en esta versión la voz la voz de Tim logra adaptarse a cada uno de sus cambios.  El buen sonido también contribuye bastante, con un constante efecto delay en la línea del micrófono, que ayuda a llenar los espacios. Y he aquí uno de los momentos memorables de la velada. En la última línea del tema, Ripper se despacha un grito temible,  sosteniendo una nota agudísima por más de 15 segundos. Pocos cantantes pueden lograr eso y seguir conscientes sobre las tablas.

Ahora es el turno de recordar a una de las más sensibles pérdidas de la historia del rock. Herida aún abierta y viva, que vuelve a arder con el primer fraseo de Don’t Talk to Strangers (Dio, en el álbum “Holy Diver”,1983). La admiración de Tim hacia Ronnie James es eterna, y por primera vez en todo el concierto, se mantiene de espaldas al público para alzar ambas manos y mostrar el signo del “Malocchio” (la mano empuñada levantando índice y meñique, señal indeleble atribuida al metal y marca registrada de R.J. Dio, quien lo rescató de las costumbres ancestrales italianas.  Malocchio, palabra que significa “Mal de Ojo en el lenguaje etrusco y se utilizaba para “Ojear” a los detractores. Ese es, de modo resumido, el origen de todo. Por supuesto que todos, incluyendo al artista principal de la noche, se tomaron el tiempo para corear ¡Dio! ¡Dio! Por un buen rato. El caso es ¿quién no querría hacer eso?

Y si no se honra a Ronnie James, entonces hay tiempo para pausas acá. Mob Rules (Black Sabbath, 1980) cae como un yunque sobre la multitud. Todos saltan al mismo tiempo, y el local pareciera hundirse con cada golpe al suelo. Hace poco Adrenaline Mob sacó una gran versión de este clásico, sin embargo lo que acabo de escuchar no puede ser inferior de ninguna manera. En absoluto.  Realmente Ripper Owens puede –si bien no imitar– emular o calzar su timbre con el de Dio para que estas canciones realmente suenen de peso.  El riff  de la canción con ese groove marcado, casi bailable, sacude el recinto completo, y una vez más me sorprende cómo el total de los asistentes se vuelve loco, pero jamás llegando a provocar ningún desorden.  Reitero mis respetos a un público ejemplar.

Ambiente clásico una vez más y Beyond the Realms of Death (Stained Class, 1978) es anticipada por el vocalista. Tal como él dice, “las cosas partirán lentas, se acelerarán, y volverán a ponerse lentas”. No hay mucho que decir acerca de esta maravillosa canción,  además de una excelente interpretación vocal (el contraste de voces limpias y gritos cargados es algo que Owens equilibra muy bien)  y un coro de 250 personas, que la hicieron sonar violentamente hermosa.

De vuelta a su proyecto con Beyond Fear, el siguiente tema es The Human Race y las cosas se ponen pesadas de nuevo.  Los “eh, eh, eh,” del público calzan perfectamente con el bombo.  La llegada del cantante con la trinchera de fanáticos es cercanísima. De pocos movimientos, pie sobre el retorno y el micrófono nunca sacado del atril son parte de su estampa sobre las tablas. A pesar de ser canciones no tan conocidas (como las clásicas que se ha despachado hasta el minuto) más de la mitad de los asistentes las conocen y las corean.  Sobretodo al final del corte, donde Ripper anima a todo el mundo a corear con él, el lick de guitarra que cierra la canción.  Las voces del público son otro instrumento más ¡Y suena fuerte!

El cuadro que se aprecia calza perfecto con el próximo tema.  Hell is Home (del experimental Demolition, 2001). Su partida oscura, lenta y con guitarras es coreada por la totalidad de la audiencia. Definitivamente la entrada de su riff oscuro y bajo es señal para volver a erguirse y seguir cabeceando.  Acá la iluminación es casi nula, de no ser por el luminoso de atrás y las luces rojas del mixer al costado derecho. La oscuridad del ambiente sólo logra realzar más el peso natural de esta canción.  El solo de Ivan Moya (Kontra) es dulce, sostenido y siniestro a la vez, y a la vuelta al interludio inicial nos da aire para poder volver a corear el riff por última vez. Otro de los “pitos” de Owens es lanzado y sostenido por largo tiempo.  A veces me hacer recordar a los armónicos de Zakk Wylde, pero ejecutados con la garganta.  De hecho, es uno de los fenómenos más interesantes de la velada.  Cada vez que Ripper ejecuta alguna acrobacia vocal, cualquier asistente se observa con el desconocido de al lado, comparten expresiones de asombro y vuelven a dirigir la vista hacia el escenario. Algo muy recurrente en esta noche.

Antes del siguiente golpe, Tim hace mención a la dupla de guitarras que lo acompañan, los mismos de la vez anterior. “Tonight we have quite rocky guitars”, mención más que merecida para ambos. Acá me detengo yo también, porque es importante recalcar la labor de los cuatro músicos que acompañaron a Ripper esta noche. Los ya nombrados Gonzalo e Iván en guitarras, Carlos Hernández (Inquisición) en batería y Cristián Maturana (Inquisición) en bajo.  La técnica, el profesionalismo y la capacidad de ajustarse a las versiones originales sin calcarlas es digno de destacar, y demuestra a cabalidad que cualquiera de ellos podría ser parte de cualquier banda grande del globo. Y espero que mi mención sea tomada realmente como un tema fundamentado, y no como un espaldarazo de buena onda. Si los ves tocar, sabrás de lo que hablo. No por nada Owens llamó a los mismos músicos de su vez anterior.

Y es hora de arder en el infierno otra vez. Burn in Hell (Jugulator, 1997) nos lleva a la faceta pesadísima que Judas adquirió en la década de los 90. La voz baja y demoníaca del cantante es pocas veces utilizada, pero demuestra cuán versátil es su interpretación. A esta altura estamos todos afónicos, menos él, quien se despide de un público intachable que lo acompañó en esta jornada. Agradece plenamente y abandona el “esponjoso” escenario, seguido por la gran banda de apoyo. Los cánticos del respetable público no se hicieron esperar, ante la seguridad de que Owens (de actitud sencilla a través de todo el set list) volvería para patearnos en el suelo luego de la paliza que acabábamos de recibir. Y así fue. Los cinco volvieron al escenario y mientras los músicos se instalaban en su respectivos instrumentos, Ripper hizo lo suyo, chocando manos y acercándose al público para mirar a muchos, y digo muchos, y hacer contacto visual. Imponente, pero sencillo.

Starting Over (de su disco solista Play My Game, 2009), es un tema que tiene un peso consistente y una carga melódica notable.  Podría haber sido parte de un disco de Dio como hasta incluso de Iron Maiden. Ese toque levemente melancólico, con momentos pesados y otros de cuerdas limpias. Muy bien recibido y cantado por la audiencia. Realmente veo un tema notable aquí, y de muy buen resultado en vivo. No obstante todos saben que algo grande debe estar reservado para el final.

Nadie se equivocó. El riff inicial de Heaven and Hell (Black Sabbath, 1980) se convirtió inmediatamente en uno de los highlights de la noche. Y encontrar un highlight en una noche como esta es bastante difícil, sobre todo cuando el concierto se ha mantenido en un nivel altísimo en su totalidad. Pero en este caso, esta canción, su significado y el recuerdo del gran Ronnie James una vez más, lo convierten inmediatamente en uno de los cuadros indelebles para atesorar. Todos coreando el principio, con lo poco y nada de garganta que les quedaba, colgándose de las últimas hilachas que afirmaban las cuerdas vocales, y cabeceando sin pausas.

El trabajo de Tim es sin duda digno de aplausos, y su adaptación vocal a la canción es buenísima. Su voz, junto al bajo y la batería, en esa galopa lenta demuestran que la capacidad interpretativa del oriundo de Ohio es más variada que lo que acostumbramos oír. Los pasajes instrumentales sonaron bastante místicos, la atmósfera era propicia para que todos ahí bajaran un poco las revoluciones, se quedaran apuntando hacia el escenario y apreciaran lo mágica que sonó esta versión.  Espero que Dio haya podido saber cuán querido es, y esta noche fue una buena muestra.

Finalmente, One on One (Demolition, 2001), fue el último estertor de la jornada, con un público animadísimo hasta el final, un Tim evidentemente contento y un local tan encendido como en el comienzo. El riff pesadísimo y cuadrado fue inteligentemente guardado para el final, con un coro simple que mantuvo a los fans cantando hasta que en la extensión del final del tema, el break de batería y los solos en carriles paralelos de los guitarristas marcaron un respetuoso “farewell” por parte del cantante, agradeciendo la maravillosa entrega de los presentes,  y en sus palabras “the flawless band” en honor a los músicos chilenos que hicieron un trabajo perfecto.

Tim “Ripper” Owens volvió a acercarse al borde del escenario para chocar manos, compartir miradas de complicidad y sonrisas de gratitud con un remolino de fanáticos que contestaban el choque de palmas con respeto y admiración.  Por parte del grandote vocalista, puedo decir que su actitud fue totalmente sencilla y humilde.  Su profesionalismo también estuvo a prueba a través del set list. Las luces se apagan y Owens se hizo caber por la pequeña puerta al backstage, mientras el escenario se apagaba y el resto de las luces se encendían.  Muchos quedaron pidiendo más y era absolutamente entendible. Todos estaban molidos, pero con gusto hubiesen recibido otra paliza.

Iván Moya, guitarrista de la banda Kontra, tuvo la gran amabilidad de compartir palabras conmigo por un segundo y me hizo saber algo muy rescatable.  Los músicos sobre el escenario no podían oír la performance de Ripper porque el retorno estaba prácticamente inaudible, por lo que tenían que tocar mirándolo en varias ocasiones y seguir por instinto (un envidiable y efectivo instinto, por cierto). Lo interesante de esto es que Tim Owens jamás se quejó del sonido y cantó a lo largo de todo el concierto sin escucharse a sí mismo.  Desde el otro lado, yo miraba el escenario y me admiraba de la capacidad del vocal para pegarle a las notas, sin la más mínima desafinación. Y ahora vengo a saber que lo hizo incluso sin retornos. Tal cual como empecé este review, quiero volver a reconocer cuán equivocado estaba con respecto a la dotada voz, interpretación y carisma de Ripper y cuán gratamente sorprendido volví a casa la noche del viernes.

En una noche así, cuando ves a un artista tan potente, con una banda de tu patria tan profesional, un sonido impecable y con un público respetuoso, agradecido y no por eso menos salvaje, es cuando te sientes pleno de haber sido parte de eso, de haberlo vivenciado.  Más allá del tamaño y características del local, más allá de la cantidad de personas que asistieron, es precisamente este tipo de momentos los cuales yo personalmente llamo una noche redonda.

Te esperamos de nuevo, Ripper.

Setlist:

01. And You will die (Judas Priest)
02. The Ripper (Judas Priest)
03. Blood Stained (Judas Priest)
04. When the Eagle Cries (Iced Earth)
05. Scream Machine (Beyond Fear)
06. Diamonds and Rust  Judas Priest)
07. The Heart of a Killer (Winter’s Bane)
08. Victim of Changes (Judas Priest)
09. Don’t Talk to Strangers (Dio)
10. The Mob Rules (Black Sabbath)
11. Beyond the Realms of death (Judas Priest)
12. Human Race (Beyond Fear)
13. Hell is Home (Judas Priest)
14. Burn in Hell (Judas Priest)
Encore:
15. Starting Over (Tim “Ripper” Owens)
16. Heaven and Hell (Black Sabbath)
17. One on One (Judas Priest)

REVISA AQUÍ LA GALERÍA DE FOTOS DEL CONCIERTO

 

Imágenes de la más reciente visita del ex cantante de Judas Priest en Santiago junto a Vastator, Motoroil y SCL.

Fotos: Roberto Llanos

 

Los ganadores de una invitación al concierto de TIM RIPPER OWENS en el Club Rock & Guitarras son:

  • Nicolás Sánchez
  • Isabel Rojas

El ex cantante de JUDAS PRIEST y actual DIO DISCIPLES se presentará este viernes 14 de diciembre junto a VASTATOR, SCL y MOTOROIL como bandas invitadas.

Las entradas se encuentan a la venta por sistema Ticketek.cl, tiendas Falabella y Cine Hoyts habilitados. Sin recargo están disponibles en The Knife de Eurocentro y Subway de Los Leones.

Los precios son:

Pre venta: $10.000 (primeras 100).
General: $12.000
Día del Show: $15.000

Del Club 334 al Rock & Guitarras se traslada el concierto de TIM «RIPPER» OWENS el próximo 14 de diciembre. El ex cantante de JUDAS PRIEST, ICED EARTH y actual DIO DISCIPLES se presentará junto a  VASTATOR, SCL y MOTOROIL como bandas invitadas

Las entradas se encuentan a la venta por sistema Ticketek.cl, tiendas Falabella y Cine Hoyts habilitados. Sin recargo están disponibles en The Knife de Eurocentro y Subway de Los Leones.

Los precios son:

Pre venta: $10.000 (primeras 100).
General: $12.000
Día del Show: $15.000

¡PowerMetal.cl regala entradas para el concierto de RIPPER OWENS! Para participar:

  • Entra al evento de Facebook de este concierto y apreta el botón “Participar”.
  • Envía un mail a concurso@powermetal.cl con el asunto “Ripper Owens en Chile” y no olvides dejar tu nombre completo, RUT y teléfono de contacto.

Sortearemos entradas entre quienes participen en este concurso.

 

El ex cantante de JUDAS PRIEST, ICED EARTH y actual DIO DISCIPLES vuelve a Chile para tocar este viernes 14 de diciembre a partir de las 21:30hrs en el Club 334.

El show contará con VASTATOR, SCL y MOTOROIL como bandas invitadas. Las entradas se encuentan a la venta por sistema Ticketek.cl, tiendas Falabella y Cine Hoyts habilitados. Sin recargo están disponibles en The Knife de Eurocentro y Subway de Los Leones.

Los precios son:

Pre venta: $10.000 (primeras 100).
General: $12.000
Día del Show: $15.000

¡PowerMetal.cl regala entradas para el concierto de RIPPER OWENS! Para participar:

  • Entra al evento de Facebook de este concierto y apreta el botón «Participar».
  • Envía un mail a concurso@powermetal.cl con el asunto «Ripper Owens en Chile» y no olvides dejar tu nombre completo, RUT y teléfono de contacto.

Sortearemos entradas entre quienes participen en este concurso.

 

Los cantantes Tim «The Ripper» Owens y Toby Jepson (FASTWAY y GUN) fueron invitados por los ex-miembros de DIO Rudy Sarzo (bajo), Simon Wright (batería), Craig Goldy (guitarra) y Scott Warren (teclados) a realizar varios shows en Europa con el nombre de DIO DISCIPLES.

Esta nueva banda cuenta con la aprobación de Wendy Dio, esposa del fallecido vocalista, quien espera confirmar pronto las primeras fechas para Inglaterra y el resto de Europa, además de Estados Unidos.

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La convocatoria fue a última hora, con alrededor de tres semanas de anticipación: Timothy S. Owens, más conocido como Tim Owens y aun más conocido como “Ripper” Owens, volvería a presentarse en nuestro país, tras sus actuaciones como solista y el gran show efectuado en el mismo recinto junto a Jimmy DeGrasso, Andreas Kisser y David Ellefson en lo que se llamó HAIL!

Y el hecho de que fuese a última hora, unido al factor del enorme recital llevado a cabo el día anterior por legendarias bandas como Anthrax y Sepultura, no hacían presagiar una gran asistencia al caluroso recinto ñuñoíno a ver al, ex vocalista de los aun más legendarios Judas Priest. Sin embargo, alrededor de doscientos forofos e incondicionales al gran Ripper se dieron cita y aguardaron con paciencia el inicio del show, espera que en muchos casos se hizo más llevadera con la conversación con amigos y por cierto con la ingesta del vital elemento, en estos casos la cerveza.

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Alrededor de las 22.30 horas saldría a escena Drahker, banda portomontina de buen potencial, presentando su disco «Rejector». Da gusto que las bandas de provincias puedan llevar a cabo sus shows en Santiago, bien sabido es que nuestra loca geografía hace difíciles los desplazamientos, por lo cual mayor mérito tiene que Drakher haya podido presentarse en la capital. Un show bastante corto y adecuado a la situación, cinco temas en poco más de veinte minutos, entre los que destacó el excelente cover de Into The Pit de Fight. Bien por Drakher, esperamos seguir viéndolos en Santiago y en todo el país.

rippercl10-18Aproximadamente a las 23.15 y tras soportar la música envasada, con la honorable excepción de la inolvidable Holy Diver del gran –de pie señores– Ronnie James Dio –sentarse señores-, saldría a escena la banda chilena de Ripper, compuesta por Iván Moya (guitarrista de Kontra), Cristian Maturana (bajista de Killterry), Carlos Hernández (baterista de Inquisición) y el guitarrista Gonzalo Sanhueza, en lo que sería el único cambio en la banda respecto al show de Ripper del año pasado, en el que en las seis cuerdas estuvo Manolo Schäfler. Una vez ingresada la banda, sale a escena Tim Ripper Owens con lentes oscuros, un jockey, una bebida energética y saludando a los fanáticos que coreaban “Ripper, Ripper”.

Como era esperable, Ripper se pasearía por toda su carrera, desde su paso por Judas Priest (tanto de la época “suya” como de la época de Halford), Winter’s Bane, Yngwie Malmsteen y Beyond Fear, más sus trabajos como solista (creo que sólo faltó que se tocara algo de Iced Earth, pero sí lo hizo en Valparaíso). Abrió con la potente Burn In Hell del Jugulator, la que conectó de inmediato con uno de los máximos clásicos en la historia del Metal, Painkiller.

Luego Ripper se dio el tiempo de saludar al público, presentar un tema de Yngwie (I Am A Viking) y otro de Beyond Fear (la potente Scream Machine), para luego pasar a uno de los mejores momentos de la jornada, la intensísima interpretación de otro clásico de Judas (que me perdone Joan Baez), Diamonds And Rust. Un lujo ver en Chile a Halford y a Tim interpretando tamaño tema con menos de un mes de diferencia.

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Ripper se notaba muy cómodo en el escenario, hizo algunas bromas con lo caluroso del recinto (insinuó que Jimmy DeGrasso se tuvo que retirar de la música tras haber tocado allí con HAIL!), hizo alusión a que en un restaurante de comida rápida le hicieron un letrero de bienvenida (algo así como “WELCOME TO CHILE MR. RIPPER”), y siguió repasando su carrera, siendo el turno de Heart Of A Killer de Winter’s Bane y conectándola con la maravillosa Desert Plains del Point Of Entry.

rippercl10-22El tipo a estas alturas demuestra algo que no es sorpresa, que es un tremendo vocalista, pero yo no había tenido la suerte de verlo en vivo. Es impresionante la facilidad con que alcanza los agudos y cómo se impone en el escenario. Es un tipo que junto con esas características, proyecta mucha sencillez, lo cual sin dudas lo hace un músico aun más apreciado.

Luego vendrían Is It Me de su disco solista Play My Game (2009), Hell Is Home del Demolition, un clásico de Judas como Running Wild, y un pequeño homenaje a Dio con pasajes de Children of The Sea, emocionante momento. Ripper y su banda se despedirían del escenario por primera vez con The Human Race de Beyond Fear y finalmente con otro clásico de Judas, la muy coreada Hell Bent For Leather.

Tras un par de minutos, Ripper y sus músicos (todos excelentes por cierto) volvieron a escena, a despedirse con tres temas, Starting Over (que abre su disco Play My Game del 2009), otro clasicazo de Judas como Living After Midnight (probablemente el tema más coreado de la noche), y cerrando con la potente One On One del Demolition. Tras poco menos de hora y media de show, Owens y su banda se despidieron del público.

Lo que más me gustaría destacar de este show es que Ripper mantiene esa cosa amateur bien entendida. Es decir, el tipo es un enorme profesional, pero destila pasión por el Rock y el Heavy Metal. No cualquier músico de sus kilates se dedicaría a armar shows más bien pequeños y en sectores geográficamente tan alejados, pero Ripper no sólo lo hace sino que demuestra disfrutarlo, y además invita a músicos locales a colaborar con él. Da gusto ver que, en un mundo cada vez más mercantilizado, la pasión por la actividad, sea cual sea, siga siendo el principal motor para llevarla a cabo. Salud por Tim Ripper Owens.

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Setlist:

01 – Burn In Hell
02 – Painkiller
03 – I Am A Viking
04 – Scream Machine
05 – Diamonds And Rust
06 – Heart Of A Killer
07 – Desert Plains
08 – It Is Me
09 – Hell Is Home
10 – Running Wild
11 – Children Of The Sea
12 – Human Race
13 – Hell Bent For Leather
encore
14 – Living After Midnight
15 – Starting Over
16 – One On One

REVISA LA GALERÍA DE FOTOS DEL CONCIERTO

Imágenes del show que ofreció Tim «Ripper» Owens junto a los chilenos Drakher en el Club Rock & Guitarras el pasado 11 de noviembre en Santiago.

Fotos: Guille

TIM “RIPPER” OWENS regresa a nuestro país para presentarse ésta semana en Santiago y Valparaíso. El actual cantante de YNGWIE MALMSTEEN y HAIL! confirmó las siguientes fechas:

SANTIAGO

  • FECHA: Jueves 11 de noviembre
  • LUGAR: Club Rock & Guitarras (Macul 233, Ñuñoa)
  • HORA:  22:00hrs.
  • BANDA INVITADA: Drakher
  • PRECIO: $10.000 (preventa) $13.000 (general)
  • VENTA: Sistema Ticketmaster (mas cargo por servicio). Sin recargo: The Knife (Eurocentro).

VALPARAÍSO:

  • FECHA: Viernes 12 de noviembre
  • LUGAR: Bar La Cantera (Cochrane 88, Barrio Puerto)
  • HORA: 22:00hrs.
  • BANDAS INVITADAS: Kaitem | Sultifera Navis
  • PRECIO: $10.000 (preventa) $13.000 (general)
  • VENTA: Anarko Metal Shop (Valparaíso) y Black Box (Viña del mar).

Ripper Owens en Chile

TIM «RIPPER» OWENS regresará a Sudamérica este año en una gira que lo llevará por Argentina, Uruguay y Chile entre octubre y noviembre. El actual cantante de YNGWIE MALMSTEEN  y HAIL! anunció las fechas oficialmente en su página de Facebook, que son:

Octubre 28 – Rosario (Argentina) – El Sótano
Octubre 29 – Córdoba (Argentina) Casa Babylon
Octubre 30 – San Francisco (Argentina) Hipódromo
Noviembre 03 – Montevideo (Uruguay) Buzz Live
Noviembre 04 – Montevideo (Uruguay) Buzz Live
Noviembre 06 – Cinco Saltos (Argentina) Polideportivo Nº 1
Noviembre 07 – Bariloche (Argentina) Roxy
Noviembre 11 – Santiago (Chile) – Por confirmar
Noviembre 12 – Valparaíso (Chile) – Por confirmar

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HAIL!

La superbanda tributo a la que tuvimos la oportunidad de ver debutar en nuestro país, anunció que han debido cambiar de baterista debido a  los compromisos de Jimmy DeGrasso con ALICE COOPER.  El grupo ha contactado a Paul Bostaph, conocido por su trabajo en TESTAMENT además de haber sido parte de EXODUS y SLAYER, para completar la banda.

Recordemos que los demás integrantes son Tim «Ripper» Owens, Andreas Kisser y David Ellefson.

Siempre será un agrado escuchar al gran Ripper, y si es en vivo, ¡doble agrado! No importaba la cercanía de la pasada presentación de Hail! (apenas ocho meses, como recordarán), ni un potencial segundo capítulo de aquél “infierno en el Rock y Guitarras”, ni tampoco el hecho de que Play my Game estuviese aún demasiado fresco, los que saben lo que canta Tim Owens en vivo no se iban a perder este evento por nada. Es cierto: siempre se puede ver un DVD como el Live in London de Judas Priest, donde se puede apreciar como canta el sujeto en cuestión, pero verlo en vivo es otra cosa, toda una experiencia. ¡Mal por quienes se lo perdieron! A continuación resumimos qué tal estuvo la velada.

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El Metal comenzó a eso de las 20:35, un poquito más quizás, con la presentación de los nacionales Sangre de Acero. No había tenido oportunidad de oír material de ellos anteriormente, ni mucho menos de verles en vivo, pero déjenme decirles algo: fue una gratísima sorpresa. Tocaron alrededor de diez canciones, todas perfectamente ejecutadas y muy entretenidas, algo de lo que no todas las bandas pueden jactarse hoy en día.

ripper_06Para quienes no conozcan su propuesta serviría decir que es un Heavy Metal bien directo, sin muchos adornos y cosas innecesarias: directo al hueso, como diría un chileno bien nacido. Temas como Hasta el final y Dolor interno fueron la fórmula correcta para empezar a calentar las cosas. Por cierto, un detalle: su vocalista es mujer. Se suele decir (y es algo que yo también sostengo) que muchas veces las suaves voces femeninas no pegan muy bien con el poderoso sonido del Metal (por eso siempre complementan con voces masculinas guturales), pero qué manera de pulverizar lo lógica la de esta chica. Karina Contreras es su nombre, y cuanta con una voz muy, muy potente que colmó todo el recinto. Y no sólo potente, sino que también demostraba un técnica impecable en su uso. Durante los primeros temas no tuvieron el mejor sonido, pero se fue componiendo a medida que estos se sucedían y terminaron sonando bastante bien, lo que permitió apreciar la calidad de los músicos y la voz de Karina (quien por cierto lucía muy guapa).

Al finalizar su presentación, a eso de las 21:15, había en el pequeño recinto unas cien o ciento cincuenta personas, que aplaudieron con entusiasmo los cuarenta minutos de sólida presentación de Sangre de Acero.

Apenas diez minutos después hizo su aparición Inquisición, a saber, una de las bandas consideradas como legendarias en el Metal nacional. Vistiendo su indumentaria a la usanza de los monjes de aquella oscura época (aunque Felipe parecía más bien un duende, o algo así, ja ja) volaron algunas cabezas cercanas al escenario con la poderosa Arde el volcán, uno de sus temas más clásicos y reconocidos. La voz de Paulo impecable, como siempre, pues es dueño de una gran técnica. Lo mismo que el trabajo del Sr. Leyton en el bajo, muy limpio y sólido; sobre lo hecho por Charlie y Manolo haremos un comentario un poco más adelante, ya verán por qué.

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Tocaron sus temas más clásicos como Innocent sinner, Mayday’s eve, Up the Metal Hammer, Dragonslayer y Opus Dei, temas que son éxito seguro en cualquier escenario en el que se planten. Ya hacia el final de su presentación el número de asistentes era más que aceptable, unos 200 quizás, y la mayoría coreaba gran parte de las canciones. El sonido a esa altura ya era el óptimo, por lo que la banda sonó realmente bien.

Inquisición es ya una banda consagrada a nivel nacional, una que ya tiene un buen número de fans y que no va tanto a darse a conocer, sino que simplemente a hacer su show. No hay mucho más que agregar: gran banda, gran sonido, gran presentación. Al rededor de cuarenta minutos notables para los nacionales.

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Por fin el tan esperado momento: ¡Tim “Ripper” Owens en vivo! En ese momento el recinto estaba casi lleno. Unas trescientas  personas se agolpaban en las cercanías del escenario para poder estar lo más cerca posible del Ripper. Ya con lo de Inquisición el ánimo estaba bien en alto, así que Ripper sólo tenía que salir a hacer lo suyo. Y todo comenzó casi sin previo aviso con los acordes de Electric Eye, uno de los grandes temones de Judas Priest. Fue interesante notar como desde el comienzo, cuando Ripper ni siquiera había comenzado a cantar, el descontrol era total. Entre aplausos y gritos finalizó el primer gran hit que regaló Owens. Apenas segundos más tardes Tim preguntaba “What’s my name?!” A lo que el público responde a coro “Ripper!” Y bueno, The Ripper fue lo que se ganaron de vuelta. Un brevísimo alto para volver con Burn in Hell, otro gran clásico de Judas, y que manera de cantar.

ripper_32Algo de agua para que la garganta no se le incendiara y de inmediato Ripper pasó a promocionar su disco en solitario. Es así como presentó Believe, uno de los mejores cortes de Play my Game. Los pocos que nos sabíamos el estribillo la cantamos como corresponde. Owens es un tipo inteligente, que siempre sabe como se viene la mano. Los años de circo con Judas Priest, Iced Earth y tantas otras, le dan a Owens conocimiento de como funciona el negocio. Digo todo esto porque a sabiendas de que su disco es nuevo y no mucha gente lo conoce realmente bien, se limita a cantar tres canciones de él y nada más. Como pensando “Ok, no es mi intención venir a dar la lata, así que mejor hago volar el lugar con clásicos que esta gente conozca”. De igual manera, sabe que no llenaría un teatro de cinco mil personas, por lo tanto opta por recintos pequeños que sabe se llenarán.

Lo que siguió fue uno de los mejores momentos de la noche. Probablemente la que es la más grande canción de Judas Priest se hizo presente: Painkiller. Y ahora es momento de hacer una mención para los músicos que acompañaron a Ripper. Cuando dijimos que los músicos de Inquisición se lucieron durante su presentación, dejamos para después lo hecho por su baterista, Charlie Hernández, y su líder y guitarrista, Manolo Schafler, porque ellos se repitieron el plato, siendo nada más y nada menos que los elegidos por Ripper para acompañarlo en su presentación en Chile. Los otros dos afortunados fueron Iván Montoya, guitarra de Kontra, y Cristian Maturana, bajista de Killterry. Pero ojo: más que suerte fue un reconocimiento a su talento. Por decir algo: yo sabía que Schafler toca muy bien la guitarra, pero verle tocar todos esas grandes canciones a la perfección me dejó simplemente asombrado, y lo mismo con el resto de los músicos. Es así como Painkiller salió tan bien ejecutada que los mismos Priest hubieran quedado boquiabiertos. Ni hablar del caudal vocal de Ripper y la forma en que el público coreó el tema, de locos. Qué grandes todos.

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¿Qué más se podía venir? Con lo anterior uno ya se daba por pagado, pero quedaba mucho más. Y Tim no se iba a andar con pequeñeces, claro que no, así que invocó unos de los clásicos más grandes de todo el Rock, ni más menos que Highway Star de “uno tales” Deep Purple. Para hacerlas de Jon Lord estaba el notable Nicolás Quinteros (Delta), que no destiñó e interpretó muy bien las partes de teclado (aunque al principio no se escuchaba muy bien, pero mejoró rápidamente). No estaría de más repetir: ¡qué gran nivel el de estos músicos chilenos! Gran momento.

ripper_16Luego algo de Beyond Fear, la banda de Ripper. And… You will die debe ser, según yo al menos, uno de los temas más conocidos de aquél proyecto, así que su inclusión era esperable. Sonó muy poderosa y el público la agradeció con aplausos. Luego de otra pequeña pausa para tomar algo de cerveza, hizo mención de Yngwie Malmsteen, todo para presentar una de las mejores canciones compuestas por aquél enorme artista: Rising Force. Fue notable. El público, un poco para mi sorpresa, cantó de principio a fin el tema.

Otro guiño a su último disco, el cual por cierto se estaba vendiendo a la salida del local por una módica suma (otra muestra de que Ripper es muy inteligente y atinado). Se trató del tema que abre el álbum, Starting Over, que tiene uno de los coros más gancheros del mismo. No fueron pocos los que corearon al menos la parte de “My life won’t be the same…” y Ripper se mostró muy contento al saber que su disco sí se escucha y gusta. Gran canción por cierto, y en vivo sonó increíble.

Lo siguiente fue un combo de temas que demuestra algo interesante de Owens. El tipo no se va por lo obvio, si no que se las arregla para sorprender, en la medida de lo posible. Green Manalishi es un gran tema de los Priest, claro que sí, pero no es uno de sus himnos tipo Metal Gods o Painkiller. Aún así, Ripper lo escoge como parte del setlist seguro de que al público le encantará, ¡y no se equivoca! Una grata sorpresa que la gente agradeció, igual que con el siguiente tema. Si vas a tocar un tema de Iron Maiden, probablemente te inclines por los clásicos más grande como Run to the Hills o The Number of the Beast, pero no si eres Ripper. Ripper prefiere dar un golpe a la cátedra y regalar Flight of Icarus, uno de los temas favoritos de los fanáticos, pero que no se esperaba, y por eso fue tan bien recibido.

De vuelta a Play my Game con el tema It is Me. Cuando comenzaron los acordes pensé: qué genial hubiera sido poder ver a Carlitos Cavazo o a Rudy Sarzo (dicho sea de paso, si aún no han mirado la lista de nombres que participó en la grabación de Play my Game, les aconsejo lo hagan) acompañando a Tim, pero luego reflexioné y dije: no, si los que están sobre el escenario son igual de capaces. Nuevamente sorprendido por lo que tocan esos músicos, unos ‘mostros’.

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Luego se vino una impresionante sucesión de clásicos: primero Grinder, uno de esos infaltables si hablamos de Judas Priest. Casi se le vuela al techo al Rock & Guitarras cuando esos tres centenares de personas gritaron “grindeeer”. Pausita para refrescarse y aprovechar de introducir el siguiente tema. Con una cerveza en mano Ripper señaló que a él le encanta la cerveza helada, pero que otros prefieren el Gin helado. Debo confesar que pensé “me está…”, pero efectivamente: se trataba de Cold Gin, de los inmortales KISS. ¡Qué gran momento!

ripper_26Se acercaba el final, y lo reservado para ese momento no podía ser sino enorme. Black Sabbath se hacía presente con Symptom of the Universe, que fue cantada por casi todos los asistentes. La interpretación de Ripper fue genial en esta canción, bueno, como durante toda la noche para ser justos. Al finalizar una despedida que el publicó intuyó no podía significar el final; tenía que haber algo más. Luego de un breve abandono del escenario se vino el verdadero cierre, que no podía ser con temas de una banda que no fuera Judas Priest. Pero la pregunta era ¿qué temas? “Is there any law-breaker here?” preguntó Ripper con un tono alto que rivalizó con el “Yeaaah” que encontró como respuesta del respetable. Acto seguido inició Breaking the Law, clásico de clásicos. Ya se imaginarán como cada uno de los que asistieron esa noche cantó esa canción. Verdaderos enajenados.

Creo que cualquiera de los temas antes interpretados hubiese constituido un digno final de concierto, pero la elegida no fue otra más que Living After Midnight, probablemente uno de los temas más fiesteros de Judas Priest, digno del momento que se vivía, porque todo a esa altura de la noche era puro jolgorio. Una cerveza en una mano, dedo meñique e índice en alto con la otra y “Living after midnigh, rocking to the dawn” en la garganta, nada mejor para finalizar un gran concierto.

Fue una noche redonda para el gran Tim “Ripper” Owens. Junto a músicos de nivel mundial interpretó grandes clásicos de bandas legendarias, además de algunas canciones de su autoría. La gente quedó muy, muy satisfecha. Pues no sólo pudieron apreciar al dueño de una de las voces más poderosas del Metal, sino que también a un tipo muy afable y simpático sobre el escenario, que interactuó (¡si hasta firmó un autógrafo cuando cantaba Green Manalishi!) con el público; y este le mostró su aprecio. Un gran concierto, para los fans que estuvieron allí, y para Ripper.

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Setlist

01 – Electric Eye
02 – The Ripper
03 – Burn in Hell
04 – Believe
05 – Painkiller
06 – Highway Star
07 – And… you will die
08 – Rising Force
09 – Starting Over
10 – Green Manalishi
11 – Flight of Icarus
12 – It is me
13 – Grinder
14 – Cold Gin
15 – Symptom of the Universe

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16 – Breaking the Law
17 – Living After Midnight

REVISA LA GALERÍA DE FOTOS DEL CONCIERTO

El ex vocalista de Judas Priest y Iced Earth se presentó en nuestro país en el Club Rock & Guitarras para promocionar su último disco en solitario titulado Play My Game. Tim Ripper Owens estuvo junto a los nacionales Sangre de Acero e Inquisición.

Fotos: Guille

Tras su paso con Hail! en Enero pasado de este año, vuelve a nuestro país el cantante Tim Ripper Owens para presentar su último disco Play My Game.

El concierto comienza a las 20:00hrs. con los nacionales Sangre de Acero y los legendarios Inquisición. Las entradas tienen un valor de $15.000 y $20.000 con meet & greet.

Sigue en vivo los detalles del concierto través de nuestro Twitter.

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Con un corto, pero intenso show se presentó por primera vez, tanto en Chile como en la historia, Hail!, la «Mega Banda» compuesta por nombres de la talla de Tim «Ripper» Owens, David Ellefson, Jimmy DeGrasso y Andreas Kisser, todos miembros o ex-miembros de importantes bandas del género a nivel mundial. Sin dudarlo, ver a tales personajes reunidos para tocar temas de aquellas bandas en las cuales tocan o tocaron alguna vez, o simplemente aquellas que los motivaron a tomar un instrumento, es algo que no se ve todos los días, menos en Chile, por lo que las expectativas eran muchas.

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El local escogido para realizar este primer concierto, de una serie de cinco que darán en nuestro país (hasta el momento el único país privilegiado con estas presentaciones), fue el Club Rock y Guitarras, lugar agradable para tomarse una cerveza escuchando buena música y compratiendo con pares, pero definitivamente, no para presenciar un show con más de un centenar de personas rodeándote. Si alguien alguna vez dudó de la existencia del infierno, lo invito a presenciar un concierto de metal, de pie, por más de una hora en ese horno y todas sus dudas serán disipadas. Era tanto el calor ahí dentro, que el hecho que Hail! no haya tocado temas de todas las bandas prometidas puede atribuirse perfectamente a lo incómodo que era estar tocando en esas condiciones, por lo que las dos pausas que realizaron para tomar un descanso fueron agradecidas por todos quienes estábamos concinándonos en ese irrespirable lugar.

hail01El show partió exactamente a las 22:05 de la noche, momento en que salen a escena los cuatro integrantes de este, podríamos llamarlo, «proyecto de verano». Sin más demora que lo que lleva tomar sus respectivas ubicaciones, Ellefson dio el puntapié inicial con las notas provenientes de su bajo y que no eran otra cosa que Ace of Spades, tema que provocó de inmediato la locura de los asistentes, no era para menos en todo caso. El día anterior la banda se había reunido en el mismo local para ensayar por primera vez juntos los temas que seleccionarían para sus presentaciones, de hecho a esa altura ni siquiera tenían total certeza de los temas a tocar, pero la verdad es que los cuatro sobre el escenario parecían una banda que llevaba años tocando junta, se sentían cómodos en escena y eso se palpaba.

Finalizado este primer clásico llegó el turno de Territory, ¡que tema!. Su inclusión era casi obvia, es uno de los cortes más reconocidos de Sepultura, un clásico del metal de los noventa. Por otra parte, no me imagino a Ellefson o DeGrasso tocando canciones anteriores a Chaos A.D., no porque no lo puedan hacer, sino que simplemente porque de ahí hacia atrás los temas de los brasileños eran mucho más extremos que lo que dichos personajes están acostumbrados a tocar. No menciono a Ripper porque después de este día quedó claro que Owens puede cantar lo que se le antoje cantar. El tercero en la lista fue Symphony Of Destruction, que incluyó el latero «¡Aguante Megadeth!» por parte de la audiencia, y es que con Megadeth basta, para que el «aguante» si estamos del otro lado de la cordillera. Pero bueno, solo un detalle para una correcta interpretación, en donde ahora si se notó (en el solo de guitarra), que no era ni Mustaine ni Friedman ni Broderick a quien teníamos al frente.

hail04El show continuó con Grinder, que a pesar que fue coreado por los asistentes, bajó un poco las revoluciones de la mayoría de los que estuvimos ahí presentes, que a esa altura ya nos encontrábamos sofocados por el intenso calor dentro del recinto, incluída la banda. El respiro en todo caso fue corto, ya que lo que a continuación venía no eran precisamente canciones de cuna. Hail! arremetió sin más con Fucking Hostile y Walk, los que a pesar del cansancio fueron coreados a todo lo que los pulmones permitían.

La siguiente tripleta estuvo compuesta por material de agrupaciones más clásicas que, por supuesto, todos conocían. Es así como la banda descargó temazos de la talla de Balls To The Walls, que hizo delirar a muchos, Neon Knights, que fue coreada intensamente, al igual que Wrathchild, tema con el cual Hail! o más bien, Kisser, decidió hacer un break para poder llenar los pulmones de aire fresco por un momento, ya que fue Andreas el que al terminar de tocar aquel clásico de la discografía de Iron Maiden, se sacó su guitarra y partió tras bambalinas, luego seguido por el resto de la banda.

hail03Fueron alrededor de 10 agradables minutos los que nos tomamos todos los presentes para poder recuperar energía e inyectar líquido al cuerpo. Algunos más, ya que muchos no regresamos de inmediato a pesar que la banda ya había vuelto a escena de la mano de The Green Manalishi, un excelente tema, pero mal elegido quizás para una presentación de estas características. Cualquier otra canción de la larga lista de éxitos que podemos encontrar en la discografía de los ingleses Judas Priest, hubiera sido para el deleite de todos. De todas formas continuaron con Metal Gods, el que siempre se agradecerá tener la posibilidad de oír en vivo.

Sin saberlo el final se acercaba. Ilusamente a esa altura y luego del merecido descanso, pensaba que estábamos a la mitad del show, pero a la postre solo restaban 3 canciones para cerrar la presentación. De todas formas lo que se venía encima fue apoteósico. Peace Sells fue recibida como si se tratara del primer tema de la noche, una locura, más aún luego que, y cuando correspondía el cambio de ritmo, la banda decide comenzar a tocar Paranoid, que como era de suponerse hizo cantar a todos. Ahora sí, concluido el mega-hit de Black Sabbath, Kisser comienza con el riff con el que Peace Sells cambia su ritmo hacia algo un poco más rápido.

hail06Una vez más la banda se toma un descanso, bueno, en realidad en ese momento se despidieron del público, pero obviamente nadie se movió del local. A pesar que lo mostrado hasta esa hora era lo que todos habíamos esperado, faltaban clásicos prometidos como AC/DC, Deep Purple, Metallica o Venom (que lástima no haber podido escuchar algún tema de Venom), así que todos continuaron los cánticos para hacer que Hail! regresara a escena, hasta que finalmente aparecieron de nuevo para hacer un último esfuerzo y regalarnos una canción más. Para calmar las pasiones, o exacerbarlas en realidad, no encontraron nada mejor que cerrar con Refuse/Resist, tema que DeGrasso no terminó de aprenderse por completo al parecer ya que interrumpió en dos oportunidades el solo de Kisser, intentando cerrar abruptamente el interludio destinado a que Andreas realice sus moderadas peripecias con la guitarra. En todo caso, el impass si bien no pasó desapercibido no importó en absoluto.

Ahora sí, luego de aquel tema la banda se despide, no del público chileno, ya que aún quedan fechas, pero sí de los santiaguinos que tuvimos oportunidad de ver en vivo una pequeña gran exclusividad. Tal vez no sean los tipos más técnicos en lo suyo (a excepción de Owens), pero tampoco nadie esperaba ver una sesión de virtuosismo sobre el escenario, lo que todos queríamos era solo escuchar aquellas canciones con los que la mayoría se metió en este mundillo metalero, tocados honestamente y desde la perspectiva de fan, por un grupo de tipos que a pesar de no haber tocado nunca antes juntos, nos regalaron un show redondo, carismático, lleno de clásicos, un momento de plena satisfacción, que podría haber sido incluso más largo si no hubiera sido por el irrespirable ambiente dentro de aquel lugar. A pesar de esto último, sin duda que lo del jueves fue una amena celebración del metal, que probablemente no tendremos oportunidad de presenciar nuevamente.

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Setlist:

01. Ace of Spades (Motorhead)
02. Territory (Sepultura)
03. Symphony of Destruction (Megadeth)
04. Grinder (Judas Priest)
05. Fucking Hostile (Pantera)
06. Walk (Pantera)
07. Balls To The Walls (Accept)
08. Neon Knights (Black Sabbath)
09. Wrathchild (Iron Maiden)
10. The Green Manalishi (Judas Priest)
11. Metal Gods (Judas Priest)
12. Peace Sells / Paranoid / Peace Sells (Megadeth – Black Sabbath)
13. Refuse / Resist (Sepultura)

Podría decirse que Tim «Ripper» Owens es un tipo afortunado. De ser un anónimo personaje que cantaba en una banda casi desconocida (Winters Bane) pasó, de la noche a la mañana, a convertirse en el vocalista y frontman de una de las leyendas vivientes del heavy metal, los ingleses de Judas Priest. Y desde ese momento la vida de este estadounidense cambió. Si bien no logró nunca deshacerse del fantasma de Rob Halford, a pesar de que su trabajo estuvo perfecto, con un Jugulator excelente y un Demolition en donde lo único que destaca, aparte de un par de canciones, es la voz de Owens, este fantasma del que hablábamos determinó su salida de Judas Priest. Sin embargo, en esos años al frente de Judas Priest, el mundo entero pudo descubrir un talento vocal como pocos ha dado el espectro metalero. De ahí que recalar en una banda de renombre era cuestión de tiempo. Jon Schaffer alguna vez dijo: «Tim canta mejor que Halford en su mejor momento», sentencia que podemos discutir latamente respecto a la comparación con el metal god, pero que no toca su envidiable caudal vocal. Después de eso y la salida de Barlow de Iced Earth, a nadie extrañó la llegada de Owens a la banda de Schäffer.

Sin embargo, con Iced Earth a Owens le pasó algo similar que en su paso por Judas. Los fanáticos no quedaron conformes con el disco que los estadounidenses lanzaron con Owens y descargaron sus críticas a éste, rememorando a Barlow. Para ser justos si hay algo bueno en el bodrio llamado The Glorious Burden es precisamente la voz de Tim Owens. Por eso el «podría decirse» del principio de esta revisión. Tim Owens tiene un currículum tan corto como impresionante, ha estado en una de las bandas más grandes de la historia y está en una de las bandas más respetadas de metal del momento, pero todavía no logra un reconocimiento acorde a la voz que tiene.

Quizás por eso la expectación de este Beyond Fear, una banda en la que además Owens oficia, junto a John Comprix, de compositor, un ambiente nuevo para Tim, ya que en Judas Priest ningún tema de los dos discos en el que estuvo lleva su firma y en Iced Earth, Schaffer alguna vez dijo que por ahora la tarea compositiva de Ripper sería igual a cero.

Y el disco empieza prometedor. Los dos primeros minutos de Scream Machine, son de lo mejor que me ha tocado oír. Potencia, guitarras afiladas, batería machacante y un Ripper Owens excelso. Él estuvo en una de las grandes bandas de todos los tiempos y éste es su tributo a ellos. Es su propia versión de Painkiller, es decir, «yo también escribo buen heavymetal». Un tema impresionante en todos sus sentidos, con un peso demoledor, con una banda inspirada. El final con las guitarras en armonía pone la rúbrica a un inicio impecable.

And… You Will Die sigue la tónica anterior, muy pesada, nuevamente con un Owens en la plenitud de sus funciones, es de esos temas que con sólo un riff te hacen cabecear desde el primer momento. Con momentos muy bien logrados, sobretodo en el solo, donde Comprix y Dwane Bihary se lucen, el inicio de este Beyond Fear muestra un poco hacia donde pretende llevarnos la banda de Owens, porque si bien hay pasajes en donde se recuerda Judas Priest, el disco se mueve más dentro del nuevo heavy metal americano de bandas como Evergrey, Nevermore y los propios Iced Earth.

Sin embargo algo pasa, Save Me, sin ser un mal tema, no logra enganchar, a pesar del peso del riff y de lo rockero que a veces se torna. El tema pasa sin brillar, no hay un elemento distintivo en este. Uno puede decir, es un tema menos destacado, pero queda mucho disco aún por escuchar. Y The Human Race, parece dar crédito a esa afirmación, también rebosante en fuerza y energía, con un potente sonido, marcado durante toda la placa. Y es en este momento donde se produce un quiebre en el disco.

Coming at You intenta poner un toque rockero, pero no hace más que transformarse en un tema excesivamente cliché. No digamos que el disco de Beyond Fear es un monumento a la originalidad, tampoco pretende serlo, pero este tema está mil veces escuchado, mil veces hecho y no sólo no logra destacar sino que apaga el resto del disco que no logra volver a despegar.

Dreams Come True, es algo más pausado, con el Iced Earth de los últimos años en el subconsciente, este tema parece ser sacado del The Glorious Burden y bajo esta misma premisa, no se puede pretender que este Dreams Come True sea algo destacado. Además, cae en el vicio que está patente en toda la placa. Está bien hacer un disco que musicalmente sea un «tributo» a lo clásico, cayendo muchas veces en lugares comunes propios del estilo, pero de ahí a hacer un disco que, además, líricamente esté lleno de lugares comunes, hay un trecho largo que además denota un cierto límite en lo que líricamente Owens puede dar.

Como dijimos el disco no logra (ni tampoco lo hará) despegar. Telling Lies, es densa, muy americana, pero también muy floja. Ni siquiera Owens logra sacudirse de dicha modorra. Además, ciertas fórmulas utilizadas en temas anteriores comienzan a repetirse, como el hacer los solos dentro de un riff a una sola nota. Estaba bien en un principio, ahora ya comienza a aburrir.

I Don’t Need This sigue la senda trazada en esta segunda parte del disco. Parecida al tema anterior, recuerda un poco a Pantera, pero de manera forzada. Ni siquiera los «yeah yeah» trasuntan onda o actitud, es un tema absolutamente prescindible dentro del concepto, de la entrega de Beyond Fear. Y eso es algo que también afecta al resultado final del disco. Son 13 temas, que si bien no son largos, hacen que el disco pierda en dinámica. Pudieron haber sido 10, lo que hubiese hecho este disco algo más escuchable, pero 13, con algunas bastante similares, realmente aburre.

Con Words of Wisdom, la banda de Owen ocupa otra fórmula repetida, que es la de poner una «atmósfera» al principio del tema. Lo debe ocupar en 4 o 5 cortes, ya a esta altura, sin ningún tipo de sorpresa. De todos modos en esta segunda parte fantasma del disco debe ser de lo más destacado. Algo del poder de los 4 primeros temas, con algunas interesantes melodías de guitarra, pueden rescatarse de estos casi 4 minutos de canción.

La batería del inicio de My Last Words, parecen un mini clon de Painkiller, pero el tema toma un derrotero distinto. Nuevamente algo más densa en la estrofa, con un puente, que si bien no descubre el fuego, algo despierta, el tema pasa de los momentos medianamente interesantes, como el cambio de ritmo antes del solo,  a la modorra patente a lo largo del disco. El problema está que dentro del contexto general a esta altura uno está medianamente decepcionado del resultado final del disco y este tema no logra llamar la atención.

Your Time Has Come (cuántas veces hemos escuchado canciones con este nombre), sigue el mismo camino, también con partes de poder y partes para el olvido, con un Owens intentando imprimirle potencia al tema. Pero el problema no es él. Son los propios temas, es la propia composición de éstos que hacen que uno no prenda. Son temas de momentos, con partes interesantes, pero de incierto resultado. Al parecer el poder, la fuerza y la intensidad alcanzó sólo para cuatro temas. Desde ahí poco y nada más.

The Faith da el cierre al disco. A estas alturas el tema 13 pasa sin pena ni gloria, aunque tampoco se trate de lo mejor del disco. De hecho es todo lo contrario, es un resumen de la segunda parte del disco. Pesado y riffero, a veces con cosillas que pueden recordar a Black Label Society, pero de manera bastante floja. El «I Have The Faith» de mediados del tema es realmente insoportable.

El disco comenzó prometedor, con una Scream Machine realmente soberbia, pero fue apagándose con el correr de los minutos. La aventura de Owens en la composición y cabeza de una banda logra aprobar con lo mínimo. De no ser por la brillantez del inicio y del poder vocal siempre excelso de Owens, el disco hubiese sido un verdadero fiasco. Sin embargo, están esos momentos iniciales y las gotas de buena música que están de a poco esparcidas en la segunda parte del disco. Eso hace mirar el futuro con cierto optimismo. Es de esperar que una segunda aventura de Beyond Fear multiplique los primeros minutos de este debut. Sin embargo, esta aventura queda lamentablemente al debe.