Entradas

Cuando nos enteramos de que el buen Timo Tolkki estaba de regreso en los estudios trabajando en un nuevo proyecto, y de que este proyecto no era ni más ni menos que una ópera, nadie supo bien qué pensar al respecto. Tolkki es un crack que en el pasado se ganó el derecho de hacer e intentar lo que se le dé la gana. El problema es que sus últimos intentos no fueron de lo más afortunados que digamos. Ya fuese con su proyecto en solitario (del cual aún estamos esperando Warrior Of Light Part II), con Revolution Renaissance o con Symfonia, y más allá de algunos chispazos de calidad, lo cierto es que no ha logrado convencer y todos nos preguntamos “¿Qué irá a pasar con Timo?”

Quizás no sea el lugar, pero me atrevo a decir que pese a lo errático de su actuar artístico, le guardo mucho cariño al Tolkki Compositor, básicamente por todo lo que nos entregó en los  90s. Lo que uno es como fanático del Metal, tiene el sello Tolkki estampado en alguna parte. Por lo mismo uno quisiera que el hombre vuelva a dar con el rumbo y que empiece a hacer esas piezas maestras que alguna vez nos regalara. La pregunta cae de forma natural: ¿Será Avalon – The Land Of New Hope el regreso triunfal de Tolkki? A algunas semanas de su lanzamiento me parece que aquello es difícil de determinar, pero sí podemos afirmar que, con sus pros y sus contras, se trata de un buen registro. No extraordinario, no perfecto, pero sí más que correcto y muy efectivo. El tiempo dirá si definitivamente tenemos a Timo de vuelto o si esto fue sólo un espejismo.

Entrando en materia, debo iniciar señalando que me da la impresión de que nadie le dará un premio a la originalidad al oriundo de Nurmijärvi luego de esto, pero sí habrá que reconocerle que es de lo mejor que ha hecho desde… ¡Desde el Infinite (2000)! El concepto mismo de Opera Metal es bastante recurrente hoy por hoy, pero no está saturado y hay espacio para quien pueda componer algunas cuantas buenas canciones. Seguramente con toda esta movida de Avalon, a más de alguien se le han venido a la mente las palabras “Avantasia” y “copia”. Nada extraño, pues incluso luego de escucharlo un par de veces saltan a relucir algunas reminiscencias. Cierto. Sin embargo acusar a Tolkki prácticamente de plagio (como he leído por ahí) es un tremendo error. Basta recordar las entrevistas donde un joven Sammet citaba entre sus influencias a Timo Tolkki, a quien consideraba una suerte de héroe, tanto así que lo que invitó a participar de sus discos con Edguy y Avantasia. Hay genes de Tolkki en Sammet (que no me vaya a leer la madre de Tobias), así que no es tan raro hallar algunos parecidos entre ambas óperas. No hay que sacar las cosas de proporción. Habiendo dicho esto, veamos el tema-a-tema.

El último esfuerzo del Timo Tapio Tolkki, este viaje a la tierra de la Nueva Esperanza, comienza de forma muy auspiciosa con Avalanche Anthem, un extraordinario despliegue del más puro Power Metal de corte stratovariusiano, aunque con un cariz más sinfónico, producto de las acertadísimas partes con fuerte presencia de arreglos orquestales que exhibe. Después de haber escuchado todo el disco, creo que es el corte que más apropiadamente se ajusta a los “requerimientos” de una apertura. Se extiende por casi cinco minutos y en ellos podemos escuchar en forma de compendio todo lo que Tolkki nos ofrece en el álbum: pasajes velocísimos, momentos cargados de recurso orquestales que llegan a parecer cinematográficos, bellísimos instantes más pausados sonde la emotividad se toma todos los frentes, y por su puesto melodías magníficas que resultan -como mínimo- motivantes. En este corte participan Russell Allen, Rob Rock y Elize Ryd, ¿y cuál de los tres más sorprendente? Allí ya hay un mérito de Tolkki: el haber sido capaz de congregar a tan eximias voces para su proyecto. Russell y Rob aportan su fuerza y agresividad usual, que se matiza de forma perfecta con la belleza y suavidad de las líneas entonadas por Elize. Se nos presenta además el fundamento del concepto de la historia: el final del mundo como lo conocemos y la necesidad de buscar una nuevo hogar. Notable primer acto.

Luego A World Without Us presenta un inicio más Heavy y más clásico, con riffs que suenan incluso hasta hard-rockeros, y todo con un tempo medio, en el que el bajo de Timo es el protagonista. Las voces en la primera parte, de Elize y luego de Russell y Rob, esconden muy bien la aceleración propia del Power Metal que vendrá después. Un quiebre total se puede apreciar el llegar al tercer tercio de la canción, donde pianos y unos arreglos para un grupo de acuerdas tiñen todo de paz y calma. Pero en seguida hay otro quiebre que trae el Heavy Metal de vuelta, incluyendo un gran solo perpetrado por, quien otro, Timo Tolkki¸ ¡como en sus mejores años! En seguida tenemos a Enshrined In My Memory: tema en el que el rol principal recae por completo en la señorita Ryd (de hecho, la podemos ver el video promocional que acompaña al sencillo). Tal vez se trata de lo más accesible del disco (por algo lo seleccionaron como sencillo). Es simple, directo y cumple, aunque yo personalmente no lo destacaría entre lo mejor de la placa, porque no evita caer en la repetitividad.

En el cuarto puesto de la lista nos encontramos con In The Name Of The Rose, admirable balada que cuenta con la destacadísima participación de Sharon Den Adel. No vamos a venir a descubrir aquí y ahora lo linda y delicada que es la voz de la vocalista de Within Temptation, pero sí se hace necesario apuntar al hecho de que esta voz calza perfecto en este tipo de composiciones, especialmente con arreglos como los realizado por Tolkki aquí. Su contraparte fuerte y agresiva es Rusell Allen (con notables intervenciones de Rob Rock también), produciéndose así un juego que dota a la canción de un encanto que costará hallar en otras partes de la placa. La melodía del coro me resulta particularmente llamativa, por su sutileza y la fuerza con la que impacta. Imposible no mencionar los detalles de índole más clásico, como son las inclusiones de un clarinete, piano y todos los otros arreglos orquestales. A quien no le gusten las baladas, seguro esta canción le parecerá un relleno, pero para mí es una espectacular composición.

Lo siguiente es para mí el punto cumbre de Land Of New Hope. Y quizás es también una de las razones de por qué la gente compara a Avalon y Avantasia: suena considerablemente parecido a Another Angel Down, sobre todo en la parte inicial. Aun así logra brillar con luces propias. Así es, porque We Will Find A Way es el momento de lucidez más glorioso de Timo Tolkki de los últimos años. Es un corte excepcional, con una solemnidad que está por sobre el promedio, de esos que en este sitio no gusta llamar “himno” (entendiendo lo que un himno es). Eso sí: la letra es un punto negativo, pues no es todo lo grandiosa que podría haber sido (digamos de paso que Tolkki es más bien un letrista discreto; se me viene a la mente lo hecho en clásicos como Paradise), pero honestamente les digo: la letra podría haber sido “En mis casa hay arbustos y yo quiero a la Iris Bustos” y el tema habría sonado glorioso de todas formas. El desarrollo lírico de este disco es más bien parco, pero a la luz de lo magnificente e inspiradas que son las melodías en general, ese detalle pasa a un segundo plano. Todo se reduce a que aquí en We Will Find A Way esa mencionada inspiración es total e incuestionable. Rob Rock y Tony Kakko dan clase de técnica: potencia y prolijidad hasta el punto de la perfección, al tiempo que entonan uno de los estribillos más memorables y emocionantes de los que tenga recuerdo. Esto, muchachas y muchachos, es la definición de Power Metal Melódico. ¡Yo ya perdí la cuenta de cuántas veces la escuché!

Avanzamos y damos de lleno con Shine, otra pista que aportará al lucimiento de la bella Elize. Es más bien tranquila, pero sabe romper con esa calma y adentrarse en territorio más Heavy, aunque no es una canción que vaya destacar por eso. Y es que claro, posee buenos riffs, pero las guitarras no llegan a transformarse en protagonistas, como sí lo hacen las líneas vocales. A decir verdad, cualquier cosa que no sean los versos de Ryd suena en un segundo plano. Gran estribillo, allí Elize es la mayor responsable, gracias a una imponente habilidad para matizar y pasearse por una amplia gama tonal. Buena canción, pero no termina de entusiasmar del todo. Cosa muy distinta a lo que logra The Magic Of The Night, pues con ella vuelve el Metal más vívido y enérgico. Ese frenético comienzo nos trae a la memoria al Tolkki de sus mejores días. Notable trabajo baterístico de Alex Holzwarth además. ¿Las voces? Fenomenal cometido del muchacho Rob Rock. ¡Lo que canta este sujeto es impresionante! No manejo el dato de su edad, pero hace ya muchos años viene sosteniendo un nivel que es en verdad superlativo. Y como ha sido la tónica hasta aquí durante todo el disco: ¡el coro la recontra rompe! Ya no tan emotivo ni melódico, sino más bien agresivo, con un Rob ocupando buena parte de su repertorio técnico.

Power Metal del más alto nivel es lo que nos entregan todos los involucrados en el proyecto con la tremenda To The Edge Of The World: ¡otro de los grandes logros en Land Of New Hope! El comentario sobre la voz de Don Rob Rock, aunque se haga reiterativo, hay que hacerlo igual, porque es asombroso. Si hace un rato lo escuchábamos ocupando voces más “sucias”, para sonar más agresivo y potente, acá utiliza un voz totalmente limpia y aguda, teniendo su zénit interpretativo durante el coro, donde los agudos no cesan y la energía y buena vibra transmitidas son tremendas. Comentario aparte para los rutilantes solos de los maestros de las teclas Derek Sherinian y Jens Johansson. Sí, ¡el mismísimo Jens! Imaginen nada más lo Stratovarius que suena ese breve pasaje de la canción. Por otro lado está el vertiginoso solo del propio Timo, breve y preciso. Un corte conciso y bien conformado (aunque creo que bien podrían haber estado en cortes separados tan ilustres tecleros, como para aprovecharlos mejor). Otro punto alto.

In The Name Of The Rose y Shine son baladas metaleras, es decir: en algún momento rompen con la lógica puramente lenta y suave e irrumpen con algo de Metal. Bien, con I’ll Sing You Home eso no ocurre, pues es una balada “pura”, si acaso el término aplica realmente. Pero no vayan a pensar que esto es algo negativo per sé; yo al menos no pienso que así lo sea. Digámoslo fácil: hermosa canción. Y es que para hacer baladas, hasta Arjona (con todo el respeto que me merece tan pusilánime y anodino artista); para hacer baladas llenas de sentido, pasión y sentimiento, hay que manejar recursos, saber acerca de los cómos y los cuándos. No es un arte sencillo, pero de todo aquello da cátedra el maestro. Nada más. Simplemente bellísima.

Y llegamos entonces al final. ¡Llegamos al fin a la Tierra de la Nueva Esperanza! Este epílogo consta de varias partes: una inicial donde las orquestaciones de Sami Boman son prominentes y exquisitas; otras más pesadas y de tempo más acelerado, pero que se enmarcan dentro de una atmósfera triunfal y gloriosa; otras más lentas, que brillan por su calidez y emotividad. Además nos encontramos con el siempre sorprendente Michael Kiske, que de algún modo encarna ese final feliz, esa esperanza que los protagonistas de la historia habían estado anhelando. Ahora, lo realmente destacable de The Land of New Hope es que por momento se torna genuinamente mágica. Y algo ha de tener que ver Michael en eso, pues aquí se erige como un maestro cuya voz es luz y verdad. Un genio. Y es que en serio experimentas esa sensación. Escuchas los momentos más tranquilos de la canción, cierras los ojos y de verdad puedes contemplar un mundo nuevo donde todo tiene un mejor aspecto. Y cuando los abres, el mundo real es un poquito menos gris. Estos, amigos míos, son los momentos por los que vale la pena haber venido a este loco mundo. Ahora es cuando uno agradece el haber nacido con un par de oídos que funcionen. El final es algo verdaderamente sublime que cuesta describir. No sé a ustedes, pero a mí me entró una basurita en el ojo. Como despliegue técnico la canción no es nada del otro mundo, es cierto, pero aquí Timo no quiso hacer eso (ni en todo el larga-duración, la verdad). Él simplemente quiso darle un lindo final a su historia, y vaya que lo logró. Quiso hacer algo emotivo y memorable y terminó construyendo uno de los mejores momentos de carrera. Que la vida se detenga mientras suene esto.

A este trabajo se le acusa de ser poco original y livianito. Yo digo que esas tales acusaciones pueden tener fundamentos. Digo también que el disco no es en absoluto perfecto y tiene uno que otro momento prescindible. Pero también esto les digo: ¡qué importa todo eso si los momentos inolvidables que regala son tantos! Tiene al menos cuatro o cinco temazos, y el resto oscilan entre lo aceptable y lo bueno. Por primera vez en muchos años Timo Tolkki lanza un trabajo que, si bien no es sólido en todas sus líneas, no tiene puntos groseramente bajos que te hagan decir “¡qué le pasó a Tolkki!” Todo lo contrario: da la sensación de que el hombre ha retomado la buena senda y al fin comienza a entregar todo ese talento que indudablemente le queda. En lo personal me alegro por él y por el Metal. Gran disco, de verdad. Habrá que ver lo que nos deparan las otras dos partes de esta trilogía.