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La trayectoria no asegura que una banda trascienda, no. Creo firmemente que los pocos pero inspirados momentos de genialidad y maestría, de esos que marcan la diferencia, son los que garantizan un espacio en la posteridad. Para decirlo de otra forma, para ser importante hay que remecer la realidad de la vida. ¿Fue la irregular trayectoria de Metallica la que los llevaron al cetro que gozan en el mundo del metal? No. Lo mismo para Stratovarius. ¿Fue su progresiva búsqueda de un sonido en sus primeros discos, o  bien, el maravilloso eureka representado por los trabajos de la segunda mitad de los noventa el que los hizo tan relevantes?

Stratovarius será recordado por lo hecho en esa época y el Visions vaya que significó, para afirmar lo soberbiamente realizado en el Episode, como para Tolkki y los suyos adelantarse a la vanguardia del Power Metal. Esto, con un disco tan bueno e importante como los mejores de Helloween o el Land Of The Free de Gamma Ray, con música y elementos dictando cátedra a toda una nueva generación de grupos que saldría de Finlandia. No todo el metal melódico tenía que ser exclusivamente germano… ¿cierto?

A título personal: Visions simplemente cambió mi vida y el modo de ver las cosas, un giro en cuanto a todo lo que escuchaba en ese entonces, Metallica, Maiden, Megadeth, Slayer, Testament, Death, Helloween, Angra. Vivía en Punta Arenas, era un cabro de colegio y cuando lograba juntar plata iba al tiro a ver qué discos habían llegado a la pequeña pero fiable tienda Madmusic, esquina Bories con Mexicana. Era una suerte que tuviéramos la oportunidad de contar con ella, ya que en Coyhaique, por decir, ¡la única manera de tener cedés originales era por envío de encomiendas que demoraban días si no semanas! Una vez fui directo a buscar The Jester Race de In Flames, del que había oído y leído muy buenos comentarios y visto días antes en la vitrina. Al escucharlo no me llamó suficientemente la atención como esperaba así que no me lo llevé, pero como no quería perder en otras cosas la plata ahorrada, me compré otro. Así fue cómo llegó a mis manos, por casualidad (si es que esta existe), el Visions de Stratovarius… ¿Cómo? Aún no capto. La razón de por qué elegí el Visions fue harto más estúpida que la que me convenció de no llevarme el de In Flames. No pedí escucharlo pero la portada me pareció bonita, interesante, y el nombre de la banda ingenioso.

De noche, ¡a las cuatro y media de la tarde!, ¡sí!, escarchado, muy helado y con el típico viento desde el cerro hacia el estrecho, llegué a mi casa para escuchar mi nueva adquisición. Y me pregunto otra vez, ¿casualidad?, porque sin querer queriéndolo me encontré con todo aquello que por mucho tiempo buscas inconscientemente pero no eres capaz de describir hasta que das con él… el corazón que no les entraba en el pecho… la emoción, melodía, técnica, elegancia, rapidez, en fin, una mística que nunca había experimentado. Todo un descubrimiento, como si hubiese sido hecho a mi deseo, como si hubiese estado por siempre en esa tienda a la espera… como si tuviese voluntad propia… él había fijado sus ojos en mí, no yo en él.

La emoción explotaba en Forever Free y Legions. The Kiss Of Judas mostraba una elegancia y formalidad cautivadoras con su semi galopeo y coros. Los solos de Timo Tolkki en guitarra y de los teclados de Jens Johansson volaban en Holy Light, ¡qué pedazo de instrumental! Paradise, tremenda, me recordó sin dificultad a Future World, pero sacándole el humor de Helloween para agregarle su propia estampa, mientras que la canción título, Visions, parecía tener trama, principio, desarrollo y desenlace en la música y sus letras de profecías de Nostradamus… podía sentir el quiebre, el conflicto, una lucha, el clímax, un final… tenía los ratos más calmos y los más potentes del álbum, pura maestría.

¿Black Diamond? Totalmente aparte, fuera de este mundo y de lo que conocía. En ese primer momento pensé que nunca más me emocionaría con otro tema en mi vida, que acababa de escuchar la última y máxima forma de música, lo perfecto. El doble bombo y las guitarras marcando fuerte el paso en contraste con la melodía principal de los teclados… mis preceptos de lo que se podía o no hacer en el metal se habían trastocado en sólo minutos. Apenas me sabía el nombre de la banda hace una hora atrás y ahora era fanático.

Lo compré un sábado, estuve todo el fin de semana escuchándolo encerrado en mi pieza… sin comer, ver la tele ni dormir, sin cambiar a otro… todo lo demás en ese momento me era indiferente, sin gracia… ¡Uf! Ni me acordé de mostrarle el disco a un gran amigo, compadre y compañero de curso que tocaba teclados y con quien siempre intercambiábamos música. Pronto lo solucionaría ya que el lunes llevaría el disco para escucharlo en el optativo de música. Éramos siete en esa clase, cinco que escuchaban metal… no hacíamos nada, a la profe se le olvidaba hacer las pruebas, nos ponía puros siete sólo por quedarnos callados cuando colocaba música clásica y  le acertábamos a la nota que tocaba en el piano. Al final, ocupábamos esas horas para escuchar metal o simplemente mirar el techo. Pero ese día la profe se me adelantó. Nos avisó que en dos o tres días más era la ceremonia de inauguración del campeonato patagónico de voleibol y el director del colegio, un viejo escocés fanático de Elvis y Led Zeppelin, veterano de Woodstock, le había pedido que con mi amigo -yo aprendía guitarra- hiciéramos un número… ¡DE ROCK! La raja, le dijimos que no había problema, pero ¿cuál tema escogeríamos? La profe quería que tocáramos Queen e hiciéramos el ridículo con Bohemian Rhapsody, pero yo salté con el Visions en mano y lo puse en el equipo de la sala… ¿Qué tal si ésta?, y así fue, ¡tocamos Black Diamond!

Sin insistirle a la profe -daba lo mismo- y sin preguntarle a mi compañero qué le había parecido, empezamos de inmediato a trabajar en la canción. Nos dieron todas las facilidades así que llamamos a un baterista fanático de Maiden, de un curso más arriba. Mi amigo buscó a su hermano para la otra guitarra y yo, a un bajista compañero de mi hermano. ¿¡Cómo nos iban a decir que no!? Nos habían dado el permiso para faltar a clases hasta el jueves, ¡incluyendo postergación de pruebas!

Sacamos Black Diamond en dos días y fue en la primera tarde cuando mi compadre cayó en shock con la canción. «City esta wea es la raja, espectacular». Antes de terminar el día, Stratovarius era ya también su banda favorita, «lejos». La sacamos bien rápido y en el resto invitamos a más gente para pasar el rato y ensayar pedazos de temas de Maiden y Metallica. Nadie afuera notaba cuándo estabamos trabajando y cuándo estabamos simplemente hueveando, ni siquiera el director que llegaba de repente para ver cómo andaba nuestra crítica e importante misión de salvar la gala. ¡Esa misma pieza vacía al lado de la secretaria y administración se había transformado en una congestionada sala de ensayo!

El día de la ceremonia en el Gimnasio Fiscal, con harta gente presenciando, tocamos sólo con un bombo, cambiamos los solos, tuve que cantar yo, ni modo, y ahí fue cuando me di cuenta del fabuloso vocalista que era Timo Kotipelto y su espléndido trabajo en Visions, pero sentíamos que habíamos descubierto toda una nueva dimensión con Stratovarius y queríamos dar cuenta de ello… y nos fue muy bien… ¿Qué hay de pose en eso?

Además, Visions tiene una cualidad que por estos días tiende a no valorarse: estábamos ad portas del nuevo milenio y la temática del fin de siglo, las inquietudes, y todo lo que aquello encerraba, se reflejaban exquisitamente en el disco. Por qué estamos acá, qué hemos hecho, hacia dónde vamos, qué ira a ser de nosotros… temor al futuro desconocido, el tiempo como enemigo del hombre, pero con ojos de esperanza. El fin del mundo y la venida de uno nuevo en el siguiente milenio eran las preocupaciones de la humanidad, lo que se demuestra en el álbum con su título, el arte de tapa en la que están ilustradas las señales del fin de los tiempos, las visiones de Nostradamus. Las profecías del astrólogo francés del siglo XVI (de él son las manos de la carátula), inspiraron también el corte Visions (Southern Cross) y este mismo personaje apareció en el primer vídeo clip de Stratovarius, hecho para promocionar el single de The Kiss Of Judas. Las letras también hacen referencia al asunto, en términos análogos como en la primera canción y Paradise, y religiosos como el nombre de la instrumental Holy Light, además de las fotos del booklet. A su vez, Forever Free abarca el tópico en el sentido de la existencia de un orden, actual o venidero, que hay que rechazar. Media’s new illusion, creating more confusion, but I know that they’ll soon be gone… They can try to bind our arms, but they can´t change our minds or hearts.

De seguro, fuerte temática para un Stratovarius que, con el arribo del 2000 y el Infinite, pasó de esta «incertidumbre» en las letras a una actitud mucho más positiva acerca del futuro y del mundo, como si la humanidad hubiese vivido su mayor prueba tras cruzar el portal del milenio, como si Stratovarius hubiese prevalecido en la suya tras el lanzamiento de Visions. Curioso, ya que las actitudes positivas de la banda salieron cuando ya habían ellos demostrado ser quienes son ahora, sólidos referentes del metal melódico.

Y nosotros en Punta Arenas seguimos por un muy buen tiempo escuchando Stratovarius en los recreos y varios otros amigos se nos unieron en esta especie de «Stratomania». Nos conseguimos rápidamente el Episode (historia aparte, vendí todos mis cassettes y CDs de Metallica para comprármelo), luego Visions Of Europe (otra), videos piratas, el Destiny… el Infinite. Todos los fines de semana nos juntábamos a sacar temas para dejarnos maravillar e influenciar por Tolkki y Johansson, hasta que seis meses después formamos una banda de covers, Antarctica, que duró hasta que varios de nosotros nos fuimos a estudiar a Santiago y Valparaíso el 2001.

Otro compadre, que para proteger su integridad voy a darle una identidad falsa, Eusebio Ríos -en realidad se llama Eusebrio-, estaba escuchando Black Diamond solo en el colegio, en la tarde, de noche, escondido de los ensayos de la PAA, unas semanas después de la ceremonia, cuando una mina x entró  al momento de terminar la canción. Ella le preguntó atónita qué banda era esa, pero mi amigo la hizo callar y se lo puso (el tema, está claro). Y le encantó… ¡PARA BAILARLO!, ¡en serio! Ella era del equipo de barras y salió corriendo a buscar a sus amigas para mostrarles ¡la nueva canción que ocuparían para la COREOGRAFÍA! La leyenda dice que incluso empezaron a practicar pasos y vueltas mientras sonaba Black Diamond. De alguna manera se sacó el pillo y no les pasó el CDR, evitando el morboso y aterrador sacrilegio, pero malas lenguas me delataron como el dueño del cedé original. Vino la misma profe del grupo a pedirme el disco, pero como no se lo pasé -ni cagando, si se lo prestaba sabía que nunca más lo vería- nos acusaron a los «rockeros» de machistas, resentidos, fascistas y de hasta «haberle mentido y respondido a la profesora y al grupo», lo que me causó más de algún dolor de cabeza en inspectoría. Terrible, las minas que todos deseaban ya no estaban a nuestro alcance, mas no permitimos que Stratovarius se transformase en música para bailar… triunfo moral, aunque no pudimos hacer lo mismo después cuando en el Festival de Viña la (De)Generación 2000 empezó su espectáculo con Destiny…

La música es un lenguaje universal, y todo lenguaje genera realidades, moldea nuestro mundo y es fuente de experiencias. Al final, cada disco considerado importante nos marca de distintas maneras, obras que dejan huellas en las personas, las que todas en suma convierten a un trabajo en un referente artístico, de una época y de una vida. Si no fuera por sus efectos, The Number Of The Beast, Master Of Puppets, Painkiller, los Keeper Of The Seven Keys, no serían nada. Por eso, si hay que definir el Power Metal de la segunda parte de los noventa, levanto el Visions como icono, obra cumbre de Stratovarius que abrió un nuevo mundo para el metal y los que lo siguen.

Nota 2011: una de las mejores decisiones de mi vida ha sido no haberle pasado el CD del Visions a esa vieja de mierda. Años después, cuando Strato tocó el gimnasio de San Miguel, logré que toda la banda me firmara el libro del disco, y aproveché de contarles que lo había comprado en la ciudad más austral de Chile, en el fin del mundo. En ese momento cerré un ciclo y hasta ahora guardo esta copia autografiada en mi repisa.

El impresionante trabajo de Derek Riggs en la portada nos da la bienvenida al octavo trabajo en estudio de la banda: una elaborada ilustración que grafica dos visiones del mundo que se nos viene, o que al menos Stratovarius (y en especial Timo Tolkki) sienten venir. Este detalle no es menor pues todo el álbum gira en base a temáticas referidas principalmente al desarrollo personal, como superar los malos momentos, la situación del planeta Tierra y similares.

La producción, como es de ya costumbre es impecable, a cargo de Timo Tolkki (otro gran mérito) y Mikko Karmila de los Finnvox Studios. Calidad asegurada, al menos técnicamente, pero claro esto no define si un álbum es bueno o malo, asi que vamos directamente al análisis in situ.

Un comienzo que engancha desde la primera nota es lo que presenta Hunting High And Low, elegido como single del album, situación que no podría ser de otro modo, pues contiene lo mejor de Stratovarius, mucha melodía, un coro pegadizo y por sobre todo la fuerza que Tolkki sabe imprimirles a sus composiciones, demostrando que la energía no sólo es velocidad. Indudablemente un espectacular comienzo.

El ritmo aumenta de súbito con Millenium, el tema más pesado de esta producción. Inspirandose en la llegada del año 2000 y los cambios que éste habría de producir en nosotros, la música es mantenida en rápidas revoluciones por bateria y el bajo que no bajan en intensidad en ningún momento. Con una estructura demasiado predecible no está dentro de mis temas favoritos ciertamente.

Mother Gaia surge de la nada con las tenues notas de piano y la suave voz de Timo Kotipelto en una combinación que se mezcla con los demás instrumentos en un dialogo donde la tristeza comparte escenario con la esperanza. Pero, ¿tristeza de que?, ¿penas amorosas?, para nada. Mientras el medio musical masivo mueve toda su estructura en torno al amor, Stratovarius ha comprometido su hacer con una noble causa que apela a tomar conciencia de lo que pasa en nuestro planeta en un conmovedor llamado de atención, emotivo y sobrecogedor, como pidiendo perdon a la Tierra por el daño que le hacemos. ¿Me gustaría saber quién fue el que dijo que Stratovarius era happy metal?.

El rasgueo de las seis cuerdas y un par de golpes de batería, da comienzo a, Phoenix, tema que no es precisamente la historia de un Fénix :) y que retoma el mensaje que desde ya hace muchos años Stratovarius nos entrega con el poder que da sentido al término «Power Metal». Jörg Michael no cede en ningun momento demostrando una vez más su constante y notable desempeño tras los tambores. Tras un intermedio para cabecear, se inicia el duelo guitarra-teclado que da forma a un excelente solo que termina por atrapar y convencer.

Glory of the World: un riff marca Tolkki y un barrido de teclas marca Johannseen, inician este tema ligeramente mas veloz que su antecesor. Un tema técnicamente bien ejecutado, compuesto integramente por J.J. Tiene un excelente coro que me hace olvidar de momento la sensación de dèja vu que siento al escucharlo. Con el último minuto donde Johanssen parece recorrer cada tecla de su instrumento a una velocidad notable, pero sobretodo con una limpieza impresionante, sirve para poner de manifiesto, una vez más el status que este gran músico, tiene dentro del mundo del metal. Gran composición.

A Million Light Years Away se presenta a medio tiempo. Es el único tema de amor (de pareja) del álbum. Sirvió tambièn para lanzarse como segundo single y es de esos temas pegasizos, con un coro para cantar en grupo donde Tolkki parece mantenerse en bajo perfil hasta el momento del solo donde ejecuta un corte de limpia técnica, correcta composición y que calza perfectamente con la canción. Junto con decir que es entretenido de escuchar, es necesario señalar que tuvo su video clip siendo lanzado ademas como segundo single, posteriormente al lanzamiento del álbum.

Cuales trompetas de apertura, que el teclado de Jens Johanssen emula efectivamente, comienza Freedom, un excelente tema, muy melódico, energético, veloz y con un coro en especial muy inspirado: «Like the wind I’m free to go anywhere, I got my song, it dances in the air, Now I know what to do with my life, So you will hear my freedom call». Quisiera detenerme un poco en esto para señalar que Stratovarius tiene la gran virtud, de «llegar» con sus letras a través de mensajes directos, muy positivos y que me hacen reflexionar acerca de la mala fama que el metal tiene en las personas comunes. Temas como Freedom resumen lo mejor de Stratovarius que va más allá de la calidad musical de sus integrantes: su poder de transmitir sensaciones positivas, que desde los Keepers de Helloween no había sentido. Una excelente terapia contra la depresión, sin duda alguna.

Infinity: el tema que casi lleva el nombre del album busca sobrecoger con una serie de recursos atomsféricos que tienen un efecto relativo, sino poco efectivo al compararlo con lo que trata: otro llamado de atención dirigido a nosotros y el como llevamos nuestras vidas. Con bastantes cambios a lo largo de los casi 9 minutos y medio, pero con una sobrecarga de efectos que resultan en la sensación de ser una composición muy ambiciosa para los recursos con los que el grupo cuenta. Johanssen es un gran tecladista, pero no es Mandrake el Mago y eso le quita puntos. Una sinfónica habria calzado perfecto en este tema. Otro tema que no es de mi particular agrado.

El infinito termina (¿?) con Celestial Dream, una hermosa, breve, pero por sobre todo subvalorada balada cierra el álbum. Un hermoso mensaje que regala esperanza con una gran composicion y un notable desempeño de Kotipelto cierra con medalla de oro su perfomance a lo largo de la producción. que siga llegando limpia y elegantemente a esas notas altas.

Stratovarius no ha dirigido su composición a rumbos demasiado distintos, sino más bien, ha mezclado los mismos elementos de distintas maneras, sazonandola con algunos elementos casi sinfónicos con un resultado discutible en el sentido

Stratovarius ha compuesto un poderoso álbum en base al amor… ¡sí, el amor! y que va más allá del amor de pareja: es el amor por uno mismo, por nuestro planeta. Una lucha constante, interminable y que tiene mucho que ver con lo que Timo Tolkki, el indiscutido líder de la banda, ha debido sufrir en carne propia, cosas que dan sentido a esta cruzada por la vida que realiza mediante sus composiciones. Si su mensaje no te importa y sólo te quedas con la parte musical, probablemente percibas a Infinite como un álbum potente, pero esperable… ahora si esto es bueno o malo es discutible y totalmente relativo a los gustos personales. A modo absolutamente personal, este álbum es una vitrina clara de lo que Stratovarius, musical y conceptualmentees , una banda que no dudo en recomendar a metaleros y no metaleros (siendo ademas una excelente puerta de entrada al mundo del metal para estos últimos) que mezcla poder y melodía de una forma tal que los llevo al sitial donde están ahora.

La llegada de Timo Kotipelto a Stratovarius marcaría el inicio de una nueva etapa en esta agrupación finlandesa. Fourth Dimension, un estupendo disco de transición, denotaba que el tolkkismo dejaba 100% de lado al lassilismo. Tuomo Lassila y especialmente el tecladista Antti Ikonen mostraban severos problemas de ejecución de las ideas generadas en la ambiciosa mente de Tolkki. Y como sabemos, las plazas dejadas por Lassila e Ikonen serían tomadas por dos insignes músicos «extranjeros»: el sueco Jens Johansson en teclados y el teutón Jörg Michael en batería, dos tipos de excepción en la escena… Jens podía -y puede- tratar de «tú» a Yngwie Malmsteen, y Jörg contaba con un vastísimo currículum.

Con esta alineación, Tolkki podía sentirse totalmente libre para hacer y hacer música a su antojo. Y vaya que esa libertad trajo consecuencias. A principios de 1996 el nuevo Stratovarius daba a luz a Episode, su quinta placa en estudio y la primera con un Tolkki completamente despreocupado de la «carencia de talento» de algún miembro de la banda. Con una carátula enigmática (tres stonehenges y dos cubos en medio de un predio desierto, bajo un cielo extremadamente limpio) y con una alineación inmejorable, Episode indicaba que Stratovarius estaba listo para dar el gran salto.

Tic, tac. Tic, tac. Un reloj y un riff alucinante. Batería con un constante doble dombo y un tipo llegando altísimo con su voz. Una letra introspectiva inspirada en lo efímero y relativo del tiempo. Sería injusto calificar a Father Time, un tema que ha marcado escuela en la carrera de Stratovarius, como tan solo la suma de sus partes. Un verdadero himno de la banda, con un ritmo absolutamente volador de cabeza, con quiebres que mostraban que la elección de Jörg Michael como batero no pudo haber sido más acertada. Los 301 segundos que componen este corte que pone la piel de gallina son un compendio de mucho de lo mejor de la banda: un riff inspiradísimo en Rainbow y la guitarra de Blackmore pero con la contundencia y el sonido de los ’90, un vocalista de excepción, un coro emotivo e incentivador a empuñar la mano derecha (la izquierda para los zurdos, quizás), un solo con carácter… y como caracteriza a muchos «himnos», no podía faltar el «uo-ooo-oh/uo-o-ooh» con el doble bombo de Jörg para ser gritado estridentemente por la fanaticada en los recitales de la banda. Qué pedazo de canción, imprescindible.

Si hablamos de clásicos, Will The Sun Rise? no se queda atrás. Otra letra introspectiva (nuevamente cortesía de Kotipelto) y otro riff muy a lo «The Man In Black» pero -insisto- con el sonido de los ’90 dan inicio a otro corte consagrado en la memoria colectiva. La estructura riff potente/verso con garra/coro celestial multiplicada por dos da inicio a un momento maravilloso: Tolkki y Johansson ejecutando magistralmente el allegro moderato del concierto para violín y cuerdas de Johann-Sebastian Bach (una de las inspiraciones máximas de Tolkki). Pero no sólo ello: en este corte por primera vez Tolkki y Johansson se desafían mutuamente mediante sendos solos. Pobre Ikonen. Y luego ambos geniales instrumentistas se unen en una amalgama galáctica inolvidable, un dueto genial, para finalizar gloriosamente. Dos temas, dos clasicazos …

Eternity, un corte de casi siete minutos que se hacen extraordinariamente cortos por la calidad del mismo, viene a calmar las revoluciones y a bajar las pulsaciones. Johansson, además de ser un estupendo ejecutor de solos, demuestra ser un excelente creador de atmósferas (los «oooooh» humanos ayudan mucho en ello). Un ritmo cadencioso liderado por el consistente bajo de Jari Kainulainen, apoyado por un Tolkki casi en segundo plano, caracterizan a este tema de estructura más bien sencilla -a pesar de su duración-, aspecto que llama la atención al tratarse de un tema muy sólido.

Uns cortísima y casi básica instrumental, Episode, compuesta de un muy sencillo solo de Tolkki, sustentado por un atmosférico teclado, da paso a uno de los temas insignia de Stratovarius. La majestuosidad de los tres minutos de Speed Of Light realmente impacta. Una velocidad por momentos casi thrash acompañada de ejecuciones sencillamente magníficas y de una letra tan simple como estupenda caracterizan a este corte que, si bien su calidad de clásico es algo más «discutible» que Will the Sun Rise? y Father Time, puede ser considerado como uno de los símbolos de este estilo: un metal casi barroco, con la melodía y la velocidad como estandarte y espíritu.

El midtempo vuelve con Uncertainty, tema compuesto íntegramente por Kotipelto que si bien no alcanza los niveles de Eternity, es muy ganchero, aunque levemente monótono por momentos. De todas formas, destaca al ser el primer tema de Stratovarius en cuyos créditos aparece íntegramente compuesto por un miembro de la banda distinto a Tolkki, un dato no menor.

La emotividad vuelve con la primera letra de Tolkki del disco, en Season Of Change. Un inicio extremadamente cálido con Kotipelto cantando muy suavemente, Johansson sutil en el piano y Tolkki con la guitarra clásica dan paso al bajo «con personalidad» de Kainulainen y a Michael marcando los tiempos. Un tema que, más allá de los virtuosismos individuales, muestra una veta realmente interesante: la creación de atmósferas. Stratovarius lo hace con mucha categoría. Para destacar el solo de Johansson, muy progresivo, seguido por un solo bastante más rockero por parte de Tolkki. La guitarra clásica de Tolkki y el teclado en segundo plano de Johansson crean una atmósfera realmente especial, casi de recogimiento, explotando al introducirnos a un final realmente intenso y emotivo (gran parte de ello se debe a la letra … vivir la vida sin temor a los cambios de piel, a veces tan necesarios).

De la emotividad saltamos a uno de los temas instrumentales más notables que se hayan compuesto en la historia del Heavy/Power Metal. Recuerdo a un amigo (algo menor que yo) que un día me comentó, asombrado y totalmente maravillado, que fue a una tocata en su colegio, y que una banda tocó Stratosphere. Un compendio de maestría concentrada, el cumplimiento de los sueños de Tolkki … un tecladista que no sólo fuese tan virtuoso como él sino que además brillase con luces propias, un bajista de un supuesto bajo perfil capaz de realizar en seis (sí, seis) cuerdas más gruesas casi lo mismo que hace Tolkki con la misma cantidad de cuerdas delgadas y un baterista que convierte sus cajas, bombos y platillos en una máquina de escribir (taca taca taca taca taca), todos ellos unidos bajo el alero del sonido tan característico emanado de esas seis cuerdas acariciadas por esos gordos dedos. Rapidez y lentitud, emotividad y virtuosismo. Prototipo del tema instrumental virtuoso, sencillamente genial, puede ser perfectamente un tema para mostrárselo a alguien poco entendido y decirle «hey, esta es la música que yo escucho», y enorgullecerse por ello.

El lado B de mi cassette comenzaba con Babylon, tema bastante intenso y con toques arábigos pero que lamentablemente tendía a aburrirme. Quizás en siete minutos la banda pudo haber hecho algo más. Mi experiencia personal con este tema nunca fue muy feliz: como el lado A del cassette de 90 minutos terminaba en Stratosphere, tendía a apretar el botón stop y cambiar la cinta de lado para escuchar Tomorrow, el siguiente tema. Con el paso de los años, he comenzado a valorar más las atmósferas que Tolkki y especialmente Johansson han sido capaces de crear a lo largo de la carrera de Stratovarius, y especialmente este tema, rico en aquello. Sigo pensando que abusa un poco al durar siete minutos, pero lo considero cada vez un mejor corte.

Tomorrow es un tema muy glorioso, prototípico de Stratovarius, pero quizás algo extemporáneo -tiene ciertas similitudes a Forever Free, corte del disco «Visions», aunque (como pocas veces en la vida), la «copia» supera con creces al original-. Pienso que este corte encajaría perfecto en un disco como «Infinite» o incluso en los «Elements», pero al ser un tema rápido que compone «Episode», pierde mucho del brillo que adquiriría si hubiese salido cuatro o cinco años después. De todas formas, es un tema muy ganchero y cuya letra incentiva, como algunos otros, a empuñar la mano y a luchar. Por vez primera, los solos de Johansson no cuentan con la guitarra de Tolkki apoyando en segundo plano, lo cual tiende a dejar algo «vacío» el sonido del teclado.

El siguiente corte podría ser definido como uno de los cortes más subvalorados de la carrera de esta prestigiosa banda. Night Time Eclipse, si bien no tiene la velocidad ni los lucimientos individuales de otros cortes, es un tema que tiene realmente de todo: una riqueza atmosférica realmente destacable, mucha intensidad y garra, cambios de ritmo casi inesperados (con un riff casi «copiado» en Anthem Of The World, tema del disco «Destiny») y un final a lo «Heading For Tomorrow» de Gamma Ray realmente poderoso y emotivo.

Pero si de emotividad de trata, Forever, el último tema del disco -más allá de que en algunas ediciones el disco termine con un interesante bonus track, When The Night Meets The Day-, lleva la delantera. Me atrevo a decir que es una de las baladas más lindas hechas por un grupo rockero en toda la historia. Violines e incluso flautas, unidas a la sencillez de la guitarra de Tolkki y a la calidez de la voz del nórdico Kotipelto, crean tres minutos de magia pura, de fina belleza que muchos grupos o solistas poperos y con más recursos, contactos con radios y prensa intentan lograr, con escualidísimos resultados. A Stratovarius le bastó con una guitarra clásica, un vocalista de excepción, un par de amigos que tocasen violín y otro que tocase flauta para convertir una idea bonita en una balada fascinante. Un final perfecto para un estupendo disco.

El nuevo Stratovarius conseguía no sólo crear un disco estupendo y enviar algunos de sus temas (Father Time, Will The Sun Rise?, Speed Of Light, Stratosphere y Forever) a la galería de los clásicos del Power Metal, sino que crear una escuela, un movimiento, una escena. Episode, sin dudas, es el gran impulso generador de la escena finlandesa de Power Metal, más allá de sus trabajos anteriores, en su gran mayoría exitosos. La frase insignia de Tolkki, «Keeping the Melody in Metal!!», adoptaba una resonancia imposible de acallar. Este trabajo puede ser considerado, sin temor a exagerar, como la piedra angular del nacimiento y desarrollo de bandas como Sonata Arctica, Thunderstone, e incluso en menor medida por Children Of Bodom y sus clones (Kalmah, Norther, etc.). Es como imaginar una familia: un hermano chico maldadoso (Alexi Laiho), otro hermanito algo más rockero pero peinadito para atrás (Tony Kakko), admirando (a veces sin quererlo o sin admitirlo) al gordo hermano mayor, que les enseñó mucho de lo que saben (Timo Tolkki). Stratovarius comenzaba no sólo a hacer buenos discos: comenzaba el período de hacer escuela.

El «Destino», la tierra desconocida, la fuente más grande de misterio…es el «hado» de los griegos, el «tejido» de las nornas para los nórdicos, y las páginas del libro de Toth (tarot) para los egipcios; ¡qué buen tema para componer!, y qué buen nombre para un álbum clave en la historia de una agrupación muy importante para el Power Metal, que venía de hacer dos discos tremendamente exitosos (Episode y Visions). En efecto, para muchos fans de Stratovarius, éste es un disco clave, ya que es el hito a partir del cual les comienza a dejar de gustar la banda, es como el «antes y el después»… pero es algo que sucede con todos los grandes grupos, y estos buenos músicos finlandeses no han sido la excepción. En todo caso, eso no significa que estemos en presencia de un álbum desechable, para nada, sino todo lo contrario, a mi juicio es un buen trabajo que si bien no tiene elementos demasiado novedosos en cuanto a la composición, es un álbum totalmente «Stratovarius trademarck», con una personalidad y sello muy propios, y sin puntos bajos, todos los temas son buenos, es uno de los hitos obligados a tener de la discografía de Stratovarius.

Se abren los fuegos con la voz alta y dulce de un niño, melancólica, siguiendo la melodía principal a la que se le une luego un coro que encaja perfectamente con los primeros acordes distorsionados del tema homónimo al álbum: Destiny. Es una canción melódica, de líneas simples pero efectivas y arreglos más que interesantes, lo criticable sería más que nada que las líricas no se explayaron en todo lo que se intuía del título, había muchas otras cosas que destacar, pero en fin, si bien no es para nada un tema suprimible, queda muy pequeño al lado del siguiente track, que es absolutamente todo un TEMAZO y en todas sus letras: S.O.S, una intro perfecta para un solo de guitarra que escuchado a la primera vez no se olvida jamás ya que la armonización es simplemente perfecta, uno de los clásicos de la banda y referencia obligada de las presentaciones en vivo.

A continuación una canción muy Power Metal melódico que entretiene mucho y muestra a un Timo Tolkki muy sólido y en general a una banda muy afiatada (No Turning Back), da paso a la primera balada del álbum, 4000 Rainy Nights, que si bien no estremece, es más que correcta, pese a que no llega a los límites dramáticos de la gran balada que viene después de Rebel, la hermosa Years Go By. Además de su intensidad y líneas vocales perfectas, viene de regalo con un solo de Timo muy melódico, simple y genial a la vez, eso es saber ocupar las octavas, se puede dar mucha emoción sin buscar más secretos que recordar la magia de la primera vez que se toca guitarra eléctrica, Tolkki lo hace muy bien.

Venus In The Morning es la tercera y última balada del disco… Es un tema elegante y que a razón de los playlist de la banda en sus presentaciones en vivo, se puede acotar que después de Forever es el track lento más importante para la banda. Se cierra Destiny con un ultramelódico, potente y algo neoclásico Anthem Of The World, una excelente composición que es una muy buena muestra de lo que representa este disco en la historia de la banda.

En síntesis no se podría decir que Destiny es el mejor trabajo de Stratovarius, pero es un álbum «muy Stratovarius». No tiene puntos bajos y es el cierre de un ciclo que para los fans fue inolvidable. Si bien es cierto que para muchos detractores de la banda sería como una justificación para decir «más de los mismo», yo preguntaría con mucha fuerza «y si lo mismo es bueno, ¿cuál es el problema?

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– ¿Cómo recibieron la noticia al saber que iban a ser una de las bandas invitadas al concierto de Stratovarius?

Manuel: Sorpresa y satisfacción…. Felicidad, no creo que más, estamos todos con los humos en la cabeza.

– Según de su perspectiva, ¿en qué ayudan a las bandas chilenas telonear a grupos internacionales?. ¿Lo consideran como una meta o más bien un medio para expandir su música?

Javier: en realidad debería ser un medio masivo para promocionar tu material, pero como son las cosas, estamos en chile, es una gran meta para una banda que no es de santiago talonear a una banda que es de afuera, acá en Concepción tuvimos la posibilidad de telonear a Sonata Arctica y en realidad esto era un paso que teníamos presupuestado para mucho mas adelante, porque las cosas se ven de otro punto de vista y es una gran meta. Ahora pensando del punto de vista promocional, no es posible imaginar a cuanta gente le llegara nuestra música, uno sabe aquí a quien si y a quien no, pero en Santiago no se tiene idea.

– ¿Qué significa Stratovarius para Magnalucius? Cuando tengan a Tolkki o Kotipelto de frente, que les dirán?

Magnalucius: “hello”, “Sacate una foto conmigo, por favor!” (risas)

Luis: Ya me paso una vez, fui a una sesión de autógrafos y no pude emitir palabra alguna, yo personalmente soy muy fanático de Stratovarius y voy a tener que prepararme psicológicamente para poder no quedar helado nuevamente, porque con Javier tuvimos la experiencia de ir a que nos firmaran un autógrafo y estar con ellos 30 segundos con ellos y quedar perplejos. Espero estar mas relajado esta vez. Opinión netamente personal.

– Salvo algunas excepciones, los temas demasiado largos son más propios de géneros como el rock sinfónico y el progresivo, ¿qué los llevó a adoptar esta característica en The Quest…? ¿Fue algo consciente o espontáneo?

Cesar: (Dos puntos [talla interna]) , en lo personal creo que los temas largos son espontáneos y que bueno que mencionaste el estilo progresivo y el sinfónico , como también el 70ero 80ero en los cuales se daban temas largos. Yo creo que inconscientemente, por lo menos de mi opinión, tengo mucho de esa música en mi y en el momento de componer, compongo Metal pero en el fondo estoy tomando cosas de ese estilo , por eso resulta algo parecido a lo que tu dices.

– Dentro de lo mismo, el desarrollo de temas «larga duración» implica una importante dosis de variaciones, para no caer en la monotonía, que son susceptibles de identificar con estilos menos duros, ¿es este un tema de preocupación para ustedes, ya que sería posible perder alguna porción del público más autodefinido como «power»? ¿Cuál es el público que escucha Magnalucius?

Manuel: yo creo que en este momento , después de haber sacado el disco y viendo la reacción de la gente, yo creo que si nos hemos empezado a preocupar de ese tema sobretodo en la duración de los temas, porque nos fijamos en que las criticas apuntaban que el disco en ciertos puntos tendía a ser latoso, engorroso. Es por eso que ahora los temas que estamos haciendo están más cortos y más directos, mas al grano, Se podría decir más Hard Rock. En cuanto a la gente, en forma personal, a futuro yo creo que es importante, pero tampoco fijarse tanto en eso si no uno pierde su propia identidad como músico. Creo que Magnalucius se compone de 6 personas las cuales ninguna, salvo excepciones, escucha el mismo estilo de música o tiene las mismas influencias que los demás. Creo que es importante respetar, la duración de los temas tanto como para la gente, pero no meterse tanto en el punto de vista personal, porque si no esto deja de ser Magnalucius.

Luis: igual no apostamos al Virtuosismo, de hecho estamos tendiendo en las nuevas composiciones a hacer algo con mas onda, con mas feeling  que un derroche de virtuosismo, porque aquí hay solo 2, pero el conjunto en si se prioriza un trabajo de banda con mas musicalidad que virtuosismo. No es la idea , tenemos que salir de eso y sin perder fuerza y el nuevo material nace de distintas vertientes, no hay marca definida, no va a ser Hard Rock ni Power , hay de todo , sigue siendo un híbrido.

Manuel : Creo que lo importante en la banda es que en el primer disco se demostró lo que cada uno podía hacer, creo que ahora estamos tratando de hacer temas mas para la gente que para musios, no se si me entiendes, temas mas musicales.

Javier: En realidad nos estamos satisfaciendo con nuestros temas ahora, ya mirados del punto de vista, aparte de ser los que tocamos, somos gente ,arriba del escenario y en los ensayos.

Sobre el público que escucha Magnalucius, el perfil del escuchante de Magnalucius es casi imposible de definir ya que conozco gente de edad que no escucha, gente joven, gente que no gusta mucho del Heavy Metal. En lo personal me preocupa poco  ese tipo de aspecto. Gracias por escucharnos… (Risas).

– Existió una NWOBHM y muchos hablaron de una NWOIHM (Italian Heavy Metal). ¿Qué hace falta para pensar en una New Wave Of Chilean Heavy Metal, aunque sea a nivel latino americano?

Cesar: Buena la pregunta….

Sergio: yo creo que la respuesta a esa pregunta es que fluya lo propio y no el “imitatio” como se dice en latín, ser mas uno solo y no pretender ser un Yngwie Malmsteen (risas) y copiar todo. Caso como una banda de santiago (no quiero desacreditar a nadie) que me gusta mucho, Six Magics,  la encuentro genial, pero en cuantos un nuevo estilo no aporta nada, TOTALMENTE RESPETABLE SIN ATACAR A NADIE!, eso pienso yo que bandas con tanto talento como ellos deberían buscar sus propios horizontes y encontrar algo y patentarlo.

Cesar: la pregunta tiene un fuerte aspecto social debajo, porque nos estas comparando con italia , europa . Que podemos hacer nosotros para resaltar, o sea, esa pregunta se puede traducir en cuales son nuestras ventajas competitivas. Yo creo que la ventaja que tiene el ser de Chile es que somos los “quiltros”, a nosotros nos llega todo de afuera, por ejemplo es muy difícil encontrar este tipo de música en Estados Unidos, entonces nosotros conocemos a cabalidad lo que se hace en Estados Unidos, Europa e incluso en Asia, entonces podemos tomar lo mejor de ellos y poder hacer algo con todos esos elementos y que llegue a todos ellos, algo nuevo.

Luis: Se puede rescatar también lo que hizo Angra, o en su momento Sepultura que fue incluir elementos étnicos de su cultura en su música. Creo que podría ser algo que no esta explotado, pero creo que como se suele etiquetar todo, pasaría a ser una nueva vertiente del metal y no una cosa masiva, como que todos toquemos lo mismo.

Creo que incorporar sonidos propios, en nuestro caso , es complicado , ya que es primitivo y no tiene el sabor como en el caso de angra. Seria complicado mezclar Trutruca y zampoña; hay bandas que lo están haciendo pero en una suerte de Aggro y no con nuestro estilo.

– Chile tiene una rica gama de historias, leyendas y personajes históricos con características épicas, ¿es posible pensar en un trabajo conceptual de la banda basado, por ejemplo, en alguna leyenda del Sur de nuestro país?

Javier: Es posible. Nosotros hemos tomado temas de otras partes para contarlo en nuestras canciones. Referirnos a cosas y personajes chilenos tiene la misma validez que hablar de un personaje nacido en Egipto, no es como un deber que deberíamos tener el hablar de cosas de acá o de afuera. Es una súper buena idea… GRACIAS!! (Risas), poder hablar cosas del sur y del norte, no hay por que centrarse solamente en algo, si somos del sur hablamos solo del sur y si somos del norte hablamos solamente del norte, la idea es hablar de todo, eso es lo que buscamos. Trabajos conceptuales en realidad cuesta harto en que nos pongamos los 6 de acuerdo para hacerlo.

Luis: Seria como la gran barrera para lograr un trabajo conceptual ,por la forma que tenemos que componer , yo creo que deberíamos retirarnos y encerrarnos por un mes  para dedicarnos a crear ese concepto para trabajar y lamentablemente el tiempo nos limita mucho  , por estudios o trabajo . Como dijo Javier es una muy buena idea, podría ser para un cuarto o 5to disco, pero por ahora es muy lejano.

Javier: The Quest no es conceptual!!!!!

Yaby: Es importante decir que las letras estaban hechas y solo se acoplo para poder hacer el disco, el cual salio súper apurado, trabajamos como 2 meses. Entonces se trabajo en cosas que ya estaban listas. Seria importante hacer uno, pero por ahora no.

– Bueno, eso seria todo, solo queda felicitarlos por el álbum y desearles suerte para el 17. . ¿Algún saludo?

Manuel: Saludos a todos, en especial a Powermetal.cl y que ojala nos vean en Stratovarius

Yaby: Saludos a todos los que nos van a apoyar, a la gente de concepción. A la gente que ha criticado el disco de buena forma. Muchas gracias.

Cesar: Saludos a la gente de Powermetal.cl y a los chilenos en general. Saludo muy especial a Powermetal.cl porque fueron los primeros como E-Zine que se preocupo de nosotros y que hizo el primer Review del disco y eso es destacable.

Javier: a toda la gente que nos ha apoyado, así como nosotros hemos apoyado a otros proyectos, muchas gracias. A Powermetal.cl ya que hemos tenido contacto desde el principio con Powermetal.cl, yo era el de los que molestaba con afiches de tocatas y nunca un solo problema.

Luis: Agradecer la oportunidad a Powermetal.cl y a Under. Tengan la seguridad que vamos a entregar el 1000% para dejar bien puesto el nombre nuestro y el de Concepción.

Sergio: Saludos a todos los que está involucrados en esto, como decía Luis, Powermetal.cl y Under, Picorocco  el sello y sobretodo a Ricardo Madariaga (productor ejecutivo). En general a todos los que asistieron a nuestras tocatas.

No entraremos a intentar mostrar ni descubrir ahora lo que esta banda finlandesa/sueco/germana ha significado para la escena Heavy/Power metalera, especialmente en los últimos siete u ocho años, desde el lanzamiento de discos notabilísimos como «Episode» o «Visions». En esa época, alrededor de 1998, muchos fans estábamos maravillados de que existiese una banda cuyos discos siempre superaran a los anteriores, y que prácticamente tuviésemos un nuevo trabajo cada año. La era de Tolkki en las voces, con sus discos «Fright Night» (1989), «Twilight Time» (1992) y «Dreamspace» (1994), que cuenta con numerosos buenos temas y que muestra un paulatino desarrollo y evolución como banda por parte de Stratovarius, quedó atrás con la llegada de Timo Kotipelto a las voces (con «Fourth Dimension», en 1995) y posteriormente con la llegada del mítico dios sueco de las teclas, Jens Johansson, y del respetado y experimentado Jörg Michael en las baterías, en «Episode» (1996), convirtiéndose Stratovarius con este último trabajo en una de las bandas de Power Metal con más fanáticos en el mundo. La frase «Keeping The Melody In Metal» marcaba escuela. Y qué decir con el lanzamiento de «Visions», un discazo con todas sus letras, y cuyo éxito la banda aprovechó para lanzar su primer disco en vivo, doble, denominado «Visions Of Europe», grabado en Italia y Grecia.

Pero algo ya venía mal. «Destiny», su séptimo trabajo en estudio (que los trajo a Chile el 17 de Marzo de 1999, en el Teatro Monumental), a pesar de ser un correcto disco, mostró un decrecimiento compositivo (además de un nivel de «autocopia» cada vez mayor) un tanto preocupante, especialmente para quienes nos «malacostumbramos» a que Stratovarius siempre mejorase la vara de sus discos anteriores. Y antes de la salida de «Infinite», su octavo disco en estudio, comenzó a rumorearse que existían ciertos conflictos personales en la banda. A pesar de los rumores, la banda nuevamente nos visitó, llevando a cabo dos excelentes conciertos en Santiago: uno en el Estadio Chile (Domingo 22 de Octubre del 2000) y otro, un par de días después, en el Pub Discotheque Laberinto (Martes 24 de Octubre), donde, con un Kotipelto enfermo de la garganta y demostrando una gran entrega, la banda interpretó temas que habitualmente no ejecutaba en vivo, como «Hold On To Your Dream», «Distant Skies» o «Will The Sun Rise?», entre otros, ante el éxtasis de quienes tuvimos la fortuna de asistir. Poco tiempo después de ello, la banda anunció que tomaría un «receso» de aproximadamente un año (algo similar a lo que hizo Metallica, con los resultados que cada uno interprete), antes de lo cual sacarían al mercado el olvidable disco «Intermission» (compilado de grandes éxitos y tres o cuatro temas nuevos), seguramente lanzado por compromisos comerciales. En este período, Tolkki y Kotipelto aprovecharon de lanzar sus proyectos solistas, «Hymn To Life» y «Waiting For The Dawn», respectivamente, cuyas estructuras musicales distan de parecerse a Stratovarius.

Todo el anterior preámbulo es necesario para poder entender el alcance de esta pregunta: ¿Qué podíamos esperar de Strato después del receso? ¿Recuperar la ilusión de que cada disco nuevo será mejor que el anterior, o quizás conformarse con «más de lo mismo»? La expectación para la salida a la venta de «Elements, Part I» ha sido bastante grande, no sólo para los fans más acérrimos de la banda, sino para el público Heavy/Power metalero en general. Y el resultado de esa espera es, por definirlo en una sola palabra, «relativo». Si se esperaba que fuese el mejor disco de la historia, o (apuntando algo más abajo) el mejor disco de Stratovarius, seguramente las expectativas no se ven para nada satisfechas. Pero si se esperaba un trabajo sólido, con «más de lo mismo», pero bien hecho, «Elements, Part I» puede llegar a ser una muy buena respuesta.

El disco comienza con su single, el ya conocido Eagleheart, un tema que, si bien raya en lo típico y predecible (mid-tempo, con un comienzo de teclado «made in Johansson» muy similar a lo que conocimos en «S.O.S.» y especialmente en «Hunting High and Low», un coro con mucha gente y un solo sin grandes complejidades ni parafernalias), termina, a la larga, por agradar. Toda la temática del corazón de águila, del muchacho que vuela a través del arcoiris para encontrar el sol, suena un tanto repetitiva y con menos solidez y frescura que antes, a pesar de lo cual el tema entretiene, tiene «onda» y puede llegar a gustar.

Al escuchar Soul Of A Vagabond, el segundo corte, se vienen a la memoria temas similares rítmicamente, como «Uncertainty» o la excelente «Eternity», ambas de «Episode». Nuevamente estamos en presencia de un tema bastante menos sólido que los nombrados, pero que cuenta con un plus no menor: las magníficas orquestaciones, que le dan cuerpo a un tema que, sin ellas, habría resultado muchísimo más débil y quizás hasta algo insípido. Los violines y las demás cuerdas aparecen en momentos precisos, y Kotipelto demuestra porqué es uno de los vocalistas más respetados de la escena.

Un comienzo muy Avantasia nos conduce hacia un viaje hacia el glorioso pasado de Stratovarius. Find Your Own Voice es de esos temas que denominamos «a todo ritmo»: melódico, bastante rápido y con Kotipelto nuevamente -utilizando un término futbolístico- «rompiéndola», aunque, por lo mismo, es difícil que, con esos tonos altos, Stratovarius se anime a tocar este tema en vivo. Muy bien Tolkki y Johansson en los solos, como siempre, y mejor aun en la parte donde ambos tocan juntos. Y he aquí la gran diferencia con una banda que toca cosas musicalmente parecidas, como lo es Sonata Arctica: mientras éstos últimos tocan este tipo de música porque les agrada (aunque la ejecutan bastante bien), Stratovarius la «siente». Mal que mal, prácticamente inventaron este tipo de Power Metal, y son rockeros de alma. Casi, digámoslo, de la «vieja escuela».

Una agradable sorpresa es Fantasia, inspirada en la homónima obra de Disney. Eso sí, hay que señalar que es difícil enganchar «a la primera» con este tema. Stratovarius experimenta una veta un poco distinta. Es una canción muy difícil de contextualizar, debido a la enorme cantidad de detalles y matices hasta «anímicos» que encontramos en estos casi 10 minutos de canción. Un comienzo, valga la redudancia, fantástico (nuevamente las orquestaciones cumplen un rol determinante), da paso a un par de minutos bastante lentos, que no emocionan demasiado, pero que muestran quizás una de las mejores performances de la carrera de Timo Kotipelto. Una especie de bandoneón y la voz de un pequeño niño dan paso a un riff potente, que, junto a -nuevamente- las orquestaciones ya características de este trabajo, comienzan a configurar una excelente variedad … incluso por momentos la guitarra de Tolkki y la batería de Michael crean un sonido casi punkrockero, pasando a un instante progresivo (sólido Jari Kainulainen en el bajo), para llegar a un final triunfal. Sin dudas, uno de los mejores cortes del disco, emotivo y por momentos hermoso, cuya letra nos invita a imaginar, tal como -guardando las proporciones de trascendencia y significancia histórica y musical ulterior- Lennon con su «Imagine». No compararemos a Lennon con Tolkki, por supuesto.

Learning To Fly, otro tema «a todo ritmo», comienza con el típico teclado de Johansson y el clásico preludio a la velocidad que hace Jörg Michael en la batería. Eso sí, a pesar de ser un tema algo inconsistente (si utilizamos como único criterio el comparativo con el pasado), posee un excelente coro, buenos solos (especialmente el de Johansson) y un final sencillamente impresionante por parte de Kotipelto, demostrando un caudal vocal, a pesar que lo conocemos hace ya varios años, realmente asombroso. En suma, es un muy buen tema, pero que baja sus bonos si nos acordamos que es de Stratovarius y por ende lo comparamos con clásicos de la misma onda, como «Black Diamond» o «Father Time», por nombrar tan solo un par.

Con Papillon, el disco cae en un pequeño pozo. Es un corte de casi siete minutos y que por momentos hace pensar y recordar que Stratovarius nunca ha sido del todo feliz al componer temas lentos (con excepciones como «Forever» o «Season Of Change»). A pesar de ello, Kotipelto y las orquestaciones nuevamente toman las banderas y salvan el tema, otorgándole una connotación algo emotiva, aunque carente de fuerza. Un pequeño toque de guitarra clásica en el medio del tema, y un correcto final (aunque larguísimo y «tendiente a infinito», como diría un ingeniero), terminan por arreglar un tema que podría haber sido bastante malo.

Stratovarius no nos deleitaba con un tema instrumental desde la notable «Holy Light» de «Visions». Y, quizás por lo mismo, el tema que posiblemente mayores expectativas ha generado en la fanaticada es Stratofortress, que ha resultado ser un delicioso y rápido bocadillo de algo más de tres minutos, muy melódico, y con momentos que por instantes recuerdan a Zorba el Griego (en versión metalera). Con este tema Stratovarius no inventa ni reinventa nada, es más, recicla muchas de las cosas que ya le conocemos, pero lo hace sumamente bien y ratificando que los amos, señores, inventores y padres de este estilo de Power Metal (con teclados supliendo una 2ª guitarra) son ellos. Y eso es un hecho.

El otro gran, gran pozo del disco es el tema que le da el nombre. Elements, un larguísimo (casi doce minutos) y pretencioso tema, comienza con una introducción con coros femeninos agradable, pero no mucho más que eso. El riff típico del tema es bastante poco convincente, y sólo el apoyo de las orquestaciones -con menos presencia que en temas anteriores- lo hacen más llevadero. Hay que destacar, eso sí, que por ciertos momentos el tema logra crear un «ambiente» (especialmente gracias a Kotipelto, y los últimos tres o cuatro minutos, a ratos muy en la onda de «Twilight Symphony»), pero esos momentos no alcanzan para «graduar» a Elements como un gran corte. A pesar de todo, no es un mal tema … el tema es que a Stratovarius se le puede pedir y exigir más, precisamente porque en el mismo disco (y qué decir de los anteriores, con un historial rico en temas largos, como «Visions» o la misma «Destiny») demuestra que puede más, con temas como Fantasia o Soul Of A Vagabond, por ejemplo.

Nuevamente Stratovarius culmina un disco con un tema lento, tal como lo hicieron con «Celestial Dream» en «Infinite». ¿Será la mejor idea? Bueno, A Drop In The Ocean, tema que cierra este trabajo, dista de ser una de las mejores baladas de la historia. Uno puede preguntarse … ¿qué pasaría si Stratovarius no tuviese el vocalista que tiene? Kotipelto recuerda, haciendo una suerte de analogía futbolera, a esos «arqueros que ganan partidos», pues sale al rescate del equipo en los momentos que más se lo necesita, salvando y haciendo grato un tema que sin él hasta podría haber sido un bonus track, otorgándole emotividad, gracia y estilo.

Intentemos contestar la pregunta. ¿Qué podíamos esperar de Strato después del receso? Y la respuesta no puede ser absoluta. Seguramente, habrá gente que considere que el disco es prácticamente una basura por ser más de lo mismo, y a otras personas les encantará precisamente por la misma razón. El tema es (exagerando un poco): ¿podemos pedirle a Stratovarius que se ponga thrash, progresivo o death metal? Lo más probable es que no. Pero lo que sí puede pedirse es crecimiento y madurez, lo que, escuchando bien este trabajo, podemos encontrar. A pesar de ser más de lo mismo, detalles como las orquestaciones o el fantástico trabajo de Kotipelto impulsan a no considerar este disco como prescindible. En resumen, hay que escucharlo varias, varias veces, para poder emitir un juicio más categórico. De todas formas, el receso sirvió … quizás si no lo hubieran tenido, Stratovarius habría sacado un pésimo disco. Quién sabe. Lo que sí se sabe, a ciencia cierta, es que «Elements, Part I» está mucho más cerca de ser un excelente disco que de ser pésimo.