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Queensryche

QUEENSRŸCHE lanzará su doceavo disco de estudio, «Dedicated to Chaos», el próximo 28 de Junio. Un adelanto del álbum completo se puede escuchar en ésta dirección.

Queensryche - Dedicated to ChaosEl tracklist del álbum es:

01. Get Started
02. Hot Spot Junkie
03. Got It Bad
04. Around The World
05. Higher
06. Retail Therapy
07. At The Edge
08. Broken
09. Hard Times
10. Drive
11. I Believe
12. Luvnu
13. Wot We Do
14. I Take You
15. The Lie
16. Big Noize

El trabajo ha sido descrito por el vocalista Geoff Tate como «un ‘Empire‘ pero situado 25 años en el futuro. Un trabajo muy agradable al oído y que La gente encontrará que es musicalmente muy interesante, sobre todo si usan audífonos.

Podrán notar que esta vez ha habido un énfasis mayor en la parte rítmica. Eddie (Jackson, bajo) y Scott (Rockenfield, batería) escribieron muchas de las canciones en este disco y se muestra realmente lo que saben hacer, lo que lo hace realmente especial»

Geoff Tate

En una reciente entrevista, el cantante de QUEENSRŸCHE, Geoff Tate, habló sobre el nuevo disco que se encuentra grabando la banda:

«Todo lo que puedo decir ahora es que tendrá un fuerte comentario social. Será conceptual y musicalmente muy diferente a lo que hemos hecho antes. Es la grabación que siempre hemos querido hacer pero que por distintas circunstacias no la hemos hecho. Ahora en nuestras carreras por fin podemos hacer las grabaciones que siempre hemos querido hacer. Es completamente diferente. Si la gente piensa que hemos llegado muy profundo con nuestros otros discos, se sorprenderán con esta vez».

Geoff Tate

El líder de QUEENSRŸCHE, Geoff Tate, comentó en una reciente entrevista que aunque todos los integrantes de la banda se encuentran trabajando en proyectos personales, el grupo también ha estado componiendo temas para su nuevo disco, pero que en este momento no puede dar más información.

QUEENSRŸCHE han agendado 2 shows «de cabaret» en un Casino en E.E.U.U. para el próximo año. Estos, según lo anunciado, mezclarán el show en vivo de la banda formada por Geoff Tate, Scott Rockenfield, Michael Wilton, Eddie Jackson y Parker Lundgren con bailarinas go-go, bailarinas burlesque, drag queens, bufones, malabaristas, contorsionistas y muchos otros. Además, el público tendrá la oportunidad de ser parte del show si lo desea.

«Damas y caballeros y niños que tengan edad de adulto, bienvenidos a lo que promete ser un espectáculo entre espectáculos, mejor conocido como Queensrÿche Cabaret», señala la promoción oficial del show.

QUEENSRYCHE CABARET

Queensrÿche a pesar de ser considerada una de las bandas clave en la génesis del metal progresivo (junto a otros grandes nombres que ya todos conocemos), posee una discografía bastante irregular.  Su obra maestra, y que no quepan dudas sobre esto, es Operation: Mindcrime, y no hay más. Luego tenemos placas buenas como The Warning, Rage For Order, Empire y Promised Land, y todas las que quedan sin nombrar caen derechamente, y hay que decirlo, en la categoría de álbumes mediocres/malos, independiente que podamos rescatar algunas canciones de dichos discos.  Bueno, ¿porque hago esta clasificación?: simple; porque con American Soldier, Queensrÿche nos entrega otro disco que va a parar directo a la última categoría nombrada.

Este débil y deprimente soldado americano trae en su mochila 12 aspirinas que totalizan casi 1 hora exacta, canciones que, por cierto, están muy lejos de llegar a convertirse en armas letales. ¡Ni siquiera una bayoneta sin filo, nada!. Ningún tema que uno pudiera identificar como la «punta de lanza» del álbum.  La verdad es que ahondar mucho en los temas no tiene sentido, así que solo haremos una pequeña descripción de ellos como para que quienes aún no hayan tenido la mala ocurrencia de oírlos, se puedan formar una idea.

Antes de comenzar, bajense el switch «Metal» del oído, de hecho olvídenlo y dejen solo el de «Soft Rock».  Recién ahí estamos en condiciones de disponernos a oír lo que nos tiene que decir el soldadito este. El disco parte con un ¡On Your Feets! que da inicio a Silver, un tema corto y «suavecito», que casi no trae ningún riff, más que el que se deja oír despacio en los coros, pero que lo arruina una voz que repite a cada momento ¡Welcome To The Show!, y que más encima a veces como que «rapea» el coro, o sea, háganse la idea.  Le sigue Unafraid, que podría ser uno de los temas rescatables del disco, y eso no porque sea muy bueno, sino que solo porque la media del álbum es bajísima, Fates Warning era Disconnected se me viene a la mente con algunos de los riffs.  Las guitarras de Hundred Mile Stare recuerdan algunos momentos y muy vagamente a las de Silent Lucidity, pero estan muy lejos de aquel clásico.  At 30.000 Feet es básicamente una balada con algunos pasajes más duros, pero en términos generales es bastante light.

En A Dead Man’s World encontramos probablemente el mejor tema del disco, me gustó el trabajo en guitarras, sigue siendo una canción muy lenta y relajada, como es la tónica de prácticamente la totalidad del disco, pero aún así es uno de los buenos cortes del álbum, que no son muchos.  The Killer, Middle of Hell, el single If I Were KingRemember Me y Home Again, solo reafirman lo que hemos oído hasta el momento: temas aletargados, melosos y «suavecitos» (débiles sería la palabra correcta). Man Down! (que viene luego de If I Were King) es otra de las canciones relativamente agradables que encontramos en American Soldier, un poco (solo un poco) más dura que las que la anteceden, por lo que por momentos se convierte en una bocanada de vitalidad dentro de un disco al que le falta una buena cuota de adrenalina como para pensar siquiera en volver a escucharlo algún día.

El soldado finaliza sus tristes periplos con The Voice, otra canción que podría ser destacable dentro de las 12 que componen el álbum, si bien la tónica es la misma que se pueden imaginar (Sí, lento, meloso y débil), posee algunas melodías que lo hacen al menos agradable de oír.  Tengo que aclarar que no se trata para nada que no me gusten los temas así, uno o tal vez dos dentro de un mismo disco es abordable, pero cuando se trata de 12 temas parecidos en estructura, tiempo, velocidad y todo lo demás, se vuelve casi insoportable para quienes tenemos al rock y al metal como primera opción musical.

Concluyendo y sin nada más que decir: lamentable nueva placa de Queensrÿche, una banda que hasta el Promised Land, o incluso hasta Hear In The New Frontier, marchaba varios pasos por delante de todo el séquito de bandas de metal progresivo que se inspiraban en sus composiciones. ¿Tendrá algo que ver la partida de Chris DeGarmo? Discutible, ya que con DeGarmo grabaron el Tribe.  La cosa es que desde hace varios discos atrás, Queensrÿche parece haber perdido el rumbo.  Lo más triste es que no se logra vislumbrar un pronto retorno al nivel que los hizo grandes.  Pero bueno, están haciendo lo que les gusta, aunque eso signifique meterse al bolsillo a todos quienes veían en ellos una fuente de inspiración. ¿La gran decepción del 2009?… dejemos que el tiempo decida.

El día 18 de mayo de 2008, era para muchos el día en que verían por fin en Chile a uno de los referentes más importantes del globo en lo que respecta a Metal/Rock Progresivo. Al fin se cumpliría el sueño que por largos años los fans de Queensrÿche llevaron a cuestas. Disco tras disco y gira tras gira, las que no incluían suelo sudamericano, hacían pensar que nunca llegaría el momento en que la banda pisara por fin suelo nacional, lo que claramente contribuyó a generar altas expectativas respecto del show.

Lamentablemente, y muy a pesar de todos los presentes, dichas expectativas no fueron del todo satisfechas.

El ambiente en las afueras del Teatro Teletón era bastante más calmado que en otras ocasiones, el flujo de gente que llegaba al recinto era escaso, algunos señores de verde cuidaban que todo estuviera en orden y el habitual poco tránsito durante un día domingo en la tarde en el centro de Santiago, no hacían presagiar que más tarde se daría cita a una de las reuniones más esperadas del último tiempo por los pocos, pero fieles fans del metal/rock progresivo que asistieron a este evento. Alrededor de 1.200 (o un poco menos) fueron los asistentes a la única presentación en Chile, hasta el momento, de la ya veterana banda de Seattle, precursora de lo que se conoce como Metal Progresivo. En todo caso, 1.200 personas no es un número menor y se encuentra dentro de los márgenes de público para los cuales Queensrÿche acostumbra a tocar.

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El recinto fue el ideal para la presentación de una banda de las características de Queensrÿche, la acústica del lugar provocó que este show haya pasado de forma inmediata a ser uno de los mejores en cuanto a sonido he presenciado, la definición para cada instrumento fue de primera y sin nada de esfuerzo (por lo menos desde donde me encontraba) se podía escuchar cada uno de los detalles y arreglos interpretados. Todo era perfecto y propicio para presenciar un tremendo show, pero estamos en Chile… algo tenía que pasar.

OPERATION: MINDCRIME EN CHILE

qr2008_11El concierto partió a eso de las 19:05 de la tarde, momento en que se apagaron las luces y la banda hizo su ingreso al escenario. Partieron con el primer tema de su disco Empire de 1990, Best I Can. El respetable, como era de esperarse, reaccionó efervorizadamente coreando cada parte de la canción, el sonido era impecable y nítido, el juego de luces nada espectacular, pero lo necesario para un buen espectáculo, solo acompañaba a la banda un telón negro de fondo, con el nombre del grupo y el clásico símbolo que acompaña cada carártula de sus discos, desde Rage For Order en adelante. Todo era perfecto. Terminan la ejecución de Best I Can y cuando era el momento de comenzar con el siguiente corte algo pasa.

Muchos de los asistentes ya sabíamos que se venía y ese no era otro que un clásico de su primer larga duración, NM 156. Pero los segundos pasaban rápido y no comenzaban. ¡¿Pero que pasa que no parten?!. La banda continuaba en el escenario, pero el segundo tema brillaba por su ausencia. Los segundos se transformaron en minutos hasta que de pronto alcancé a ver a Rockenfield que hace un gesto a un técnico indicando con su mano en el cuello que «algo había muerto». Hasta ese momento aún no tenía claro que era.

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Todo estaba oscuro esperando que la banda volviera a tocar, pero en eso se retiran del escenario y comienza el eterno paseo de roadies y técnicos tratando de encontrar el desperfecto a punta de linternas. La máquina de samples a un costado de la batería de Rockenfield era lo que estaba provocando la demora. Tanscurrían los minutos y la gente, con justa razón por lo demás, comenzaba a impacientarse, las pifias no se hicieron esperar, claramente no eran para la banda, todo era por la situación que se estaba viviendo hasta ese momento. Tate volvió al escenario por un minuto, el problema parecía estar solucionado, habló un poco con la gente, pero luego sin mediar explicación alguna se retiró nuevamente. Transcurridos otro par de minutos vimos como los roadies apresuradamente subían al escenario ¡¡¡a cambiar los setlist!!!… pensamos que simplemente cambiarían los temas que utilizaban samples, que no eran pocos, pero no fue así, simplemente los sacaron del show y todo terminó resumido a que perdimos 20 minutos y algo más de la presentación de la banda, lo que en la práctica y teniendo en cuenta lo que venían presentando a lo largo de la gira, significó 5 canciones menos. Una verdadera lástima.

qr2008_12Exactamente a las 19:30 horas la banda en pleno vuelve al escenario y Mike Stone comienza sin más a tocar el riff de NM 156, obviamente sin samples, ya no había caso, era eso o nada. La gente respondió agradecida, la espera había sido eterna, pero el «detallito», a juzgar por los rostros que pude ver, desanimó a varios. Más aún cuando comenzaron los acordes de Hostage, de Operation: Mindcrime II, no por el tema en sí, que es buenísimo, sino porque debía ser el temazo Screaming In Digital el que tendríamos que haber oído en ese momento. Pero bueno, ya no quedaba más que aceptar lo que había ocurrido y tratar de comenzar a disfrutar nuevamente del espectáculo, lo que en todo caso no costó mucho. Era Queesnrÿche lo que teníamos en frente, una banda con una trayectoria de más de 25 años encima y con discos que se han convertido en piedras angulares del estilo que ayudaron a dar forma. Los 5 músicos que la conforman son simplemente solidísimos cada uno en lo suyo, por lo que el show de a poco comenzó a retomar el entusiasmo logrado al inicio.

Continuaron en el mismo orden de OM II, es decir, con The Hands, el que una vez concluído dio paso al primer speech de la noche de Tate (creo que fueron 4 speech relativamente largos en total), en donde nos habló un poco de aquellos losers que deambulan por la vida, palabras que se transformaron a la larga en la presentación del siguiente corte, Bridge, una tremenda balada que encontramos en su álbum Promised Land, el que dio lugar a uno de los momentos más emotivos e íntimos de su presentación. El siguiente en la lista fue Another Rainy Night (Without You), el que fue coreado por toda la audiencia, al igual que Walk In The Shadows, proveniente de Rage For Order, que se transformó en uno de los tantos puntos altos de esta primera presentación de Queensrÿche en Chile.

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A continuación otro speech de Tate, esta vez para comentarnos que muchas fueron las bandas que los llevaron a reunirse y dedicarse a la música y que entre ellas estaba Black Sabbath, con lo que por supuesto marcó el inicio de Neon Knights, un clásico de la época de Dio y que fue versionado por Queensrÿche para su álbum Take Cover, de 2007. Los siguientes cortes en la lista fueron Last Time In Paris y Breaking The Silence, que la gente, por supuesto, conoce a la perfección por lo que la dinámica entre el público y la banda, principalmente Tate, se mantuvo siempre en buen pie; luego vino I Don’t Believe In Love, otro corte de OM I.

qr2008_02Es importante señalar que Geoff Tate, además de ser un vocalista fuera de serie, lo que ha dejado patente a lo largo de toda su carrera y que pudimos comprobar por fin en vivo, es un excelente frontman y un mejor aún interprete, lo que para el desarrollo de las letras de un disco como Operation: Mindcrime I es importantísimo. Cada una de las palabras fueron interpretadas con un histrionismo digno de actor. Desconozco absolutamente si Tate alguna vez dentro de sus carrera habrá tomado clases de actuación, pero que importa, la cosa es que la forma de interpretar cada texto de las letras de los temas, sobre todo los que vienen en OM I, fue todo lo que alguna vez esperé ver de Tate al cantarlas. Un punto realmente notable. Creo que no es necesario referirse al desempeño individual de los integrantes de la banda, solo señalar que cada uno es una mole en lo suyo, tal vez sólo destacar el importante trabajo de Eddie Jackson y Mike Stone en los coros que apoyaron la labor de Tate dándole el realce necesario a los temas en las partes que requerían de ello.

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The Needle Lies fue el encargado de continuar con el espectáculo. Otra fiesta se vivió cuando Rockenfield dio el vamos a esta canción. Claramente a esta altura del show NADIE se acordaba de los famosos samples… ¡que bueno! por que lo que Queensrÿche nos entregó en su presentación no fueron más que clásicos tras clásicos y que gracias a la ejecución de la banda y a la agradecida audiencia, no se vieron empañados por tan mala pasada. Menos aún claro, si lo que se venía, luego que Tate hablara un poco de la ciudad originaria de Queensrÿche, Seattle, era Jet City Woman y luego Eyes Of A Stranger, el que a la postre se transformaría en el último de Operation: Mindcrime I.

qr2008_37Ya no quedaba mucho de show y eso lo teníamos claro, pero también sabíamos que lo que se venía no era menor. The Lady Wore Black del primerísimo EP de 1983 y el himno Take Hold Of The Flame, de The Warning, fueron los encargados de dejar a la audiencia en lo más alto de las nubes, ya que la respuesta fue demoledora frente a este par de clásicos de la banda. Una vez concluídos, Queensrÿche se despide del público chileno, la lluvia de uñetas y algunas baquetas de Rockenfield fueron el souvenir que dejaron para algunos afortunados asistentes que lograron alcanzarlas. La banda se retira y el público al ver que se prendieron las luces, que la música ambiente de fondo volvía a sonar como en un principio y más aún cuando los roadies y técnicos comenzaron a desconectar y desarmar todo, entendió que al parecer ya no habría un posible encore para cerrar la noche.

Así fue como toda la gente que estaba en la parte que podríamos llamar galería del Teatro Teletón, se retiró a sus casas. Sin embargo, otros tanto sin creer que eso fuera todo y a pesar de las luces y la música de fondo, comenzaron a pedir a la banda y a corear su nombre por algo más de 10 minutos. Algo incrédulos al ver que a pesar del griterío no pasaba nada, nos dirigimos hacia la salida también, sin embargo cuando nos aprestábamos a retirarnos los gritos se hicieron más fuertes, subimos nuevamente para ver que pasaba, hasta que finalmente vimos como algunos roadies comenzaban a conectar algunos cables. En una actitud nunca antes vista 3 integrantes de la banda, después de 15 minutos o más, volvieron al escenario para interpretar un último tema.

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Tate explicó que solo serían 3 en el escenario (Wilton, Stone y él por supuesto), por lo que el público debía cantar con ellos el siguiente corte. Si damos como cierto que fuimos 1.200 los asistentes al evento, deben haberse retirado al menos 600. ¡600! fueron los que se perdieron sin duda el momento más íntimo y por lo demás, inédito que hayamos podido presenciar con una banda de la envergadura de Queensrÿche. Así fué como comenzaron los primeros acordes de esta versión semi-acústica de Silent Lucidity, su gran hit y en una versión de antología. Los 3 se mostraron sumamente a gusto interpetando el tema de esta forma, con poca luz, sin mucha potencia, pero de forma increíblemente amena, casi de fogata y con 600 voces cantando con ellos.

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Ahora sí, ya no quedaba más, Tate agredeció el recibimiento otorgado por el público, se despidieron y cerró con un Go Home!, una magnífica presentación, que independiente del sin sabor que dejó haberse perdido 5 temas -el que más me duele es Screaming In Digital-, de seguro será para muchos un excelente recuerdo y para otros un sueño hecho verdad.

Setlist:

01. Best I Can
02. NM 156
03. Hostage
04. The Hands
05. Bridge
06. Another Rainy Night (Without You)
07. Walk In The Shadows
08. Neon Knights
09. Last Time In Paris
10. Breaking The Silence
11. I Don’t Believe In Love
12. The Needle Lies
13. Jet City Woman
14. Eyes Of A Stranger
15. The Lady Wore Black
16. Take Hold Of The Flame
Encore:
17. Silent Lucidity

Debieron pasar la friolera de dieciocho años para que Queensrÿche decidiera hacer la segunda parte del que para muchos, entre los cuales me incluyo, es no sólo el mejor disco de la banda de Seattle, sino que el mejor disco de heavy metal de todos los tiempos. Decisión difícil la de Queensrÿche, dado que el nombre Operation Mindcrime tiene un peso específico difícil de igualar. Estamos hablando de un disco que marcó una banda, un estilo, que sentó precedentes de cómo hacer un disco de heavy metal no sólo elegante, no sólo poderoso, sino que además contara con una maravillosa historia, envolvente, que no te permitiese escuchar temas sueltos, sino que desde las primeras palabras de I Remember Now, no seas capaz de apretar Stop. Un disco difícilmente igualado, que además sirvió de base y de influencia para un montón de bandas, si no pregúntenle a Dream Theater.

Tengo la impresión de que era ahora o nunca. La carrera del quinteto liderado por Geoff Tate no soportaba otro paso en falso. Si bien la primera parte del Mindcrime fue la cima en la carrera de Queensrÿche en materia compositiva, posteriormente lanzaron dos muy buenos trabajos, el excelente Empire (1990) y el también destacado Promised Land (1994). Desde ahí, doce años atrás, la carrera de la banda se ha paseado por discos bastante mediocres, con el fantasma siempre de su obra cumbre sobre sus hombros, pasando por un hard rock muy suave hasta rozar el grunge, tan cotizado en la región que los vio nacer.

Por lo mismo esta segunda parte era una especie de redención. De retomar la inconclusa historia de hace 18 años y darle fin. Eso es riesgoso, porque podía darle otra palada más a la irregular carrera de Queensrÿche. Además, hay que tomar en cuenta de que en la formación de hoy no está uno de los pilares de la primera entrega, don Chris de Garmo, por lo que el escepticismo rodeó este disco desde que se anunció su nombre.

Sin embargo y en honor a la verdad, algo tiene la marca Mindcrime en Queensrÿche, que hace que desde el principio nos encontremos con algo distinto a lo que venía entregando la banda de la ciudad de los jets en los últimos años. Desde la empezada con Freiheit Overture, pasando por ese pequeño puente llamado Convict y rematando en uno de los mejores cortes que Queensrÿche ha hecho en su carrera. I’m American es un golpe que te deja al borde del knock out. Un tema simple, a la vena, muy en la onda de The Needle Lies de la parte uno, es una forma de empezar que devuelve la esperanza. Queensrÿche no se ha olvidado de hacer heavy metal. Que esas letras llenas de elegante ponzoña pueden ser acompañadas de riffs endemoniados, con un Geoff Tate que ya no llega a los agudos de antaño, pero que le ha dado a su voz una personalidad envidiable. Con una dupla de guitarras punzante, sobretodo en el solo, los de Seattle condensaron en menos de tres minutos el poder que no habían tenido en años. Un inicio impecable.

Y eso sigue, One Foot in Hell, nos devuelve a una banda elegante, de riffs enganchadores, de melodías pegajozas y de temas colocados de manera precisa. Se empieza a sentir la angustia de Nicki fuera de la cárcel, sin Mary y lleno de culpas, aún con el número del doctor X, pero con la idea de venganza que fraguó dieciocho años tras las rejas.

Hostage es la siguiente, un tema lleno de rabia, que manifiesta la continua crítica de la banda y sobretodo de Tate hacia el sistema y el gobierno estadounidense. Coincidentemente (sin creer en las coincidencias), ambos discos fueron escritos bajo gobiernos republicanos (Reagan, con un Bush padre casi proclamado el primero y Bush hijo el segundo), lo que da cuenta del descontento y de la manifestación del descontento y de cómo un disco puede hablar de otras cosas si perder la esencia del heavy metal. En eso Queensrÿche ha llevado la batuta. El metal pensante que ha profesado la banda se mantiene intacto. El tema es una velada crítica a todo el sistema judicial norteamericano, pero inmersa dentro de una gran historia. Historia que sigue con la impresionante The Hands, un tema que desborda cadencia y poder, con un coro maravilloso, que trae lo mejor de la banda a nuestros oídos. En eso Queensrÿche ha sido inteligente, puesto que los temas de esta segunda entrega son cortos, precisos, con riffs simples y fácilmente recordables.

Con Speed Of Light, nos retrotraemos un tanto a la época oscura de la banda, el tema suena mucho al Hear In The Now Frontier. Un tema un poco más débil musicalmente hablando, pero con un final que nos trae una protagonista que oníricamente se transforma en un ente omnipresente. La Hermana Mary, vuelve a sacar la voz, a machacar la cabeza del atribulado Nicki. Mary nuevamente está excelentemente representada por Pamela Moore, con una voz aún mejor que en los primeros tiempos.

Lo que viene después es una trilogía extraordinaria. Partiendo con Signs Say Go, nuevamente desbordante de poder, con un Tate rabioso, con una banda aceitada al máximo, con el inicio del momento más tenso del disco. Re-Arrange You sigue en la misma tónica, se percibe en el aire el encuentro próximo con el Doctor X. Nuevamente la banda adquiere peso, adquiere fuerza. Está claro, no es el Mindcrime I, eso es casi imposible, pero lo que nos está entregando Queensrÿche, vuelve a ser superlativo y eso es un respiro. La trilogía acaba con el que a mi parecer es el mejor tema del disco, no sólo por lo tenso, sino por el ingrediente adicional. En The Chase se produce el duelo por años esperado, con Nicki por fin enfrentando al Doctor X, representado magistralmente por ese pequeño gran monstruo de las cuerdas vocales llamado Ronnie James Dio. El dueto está logrado de una manera brillante, es golpe y golpe, el mejor momento en los últimos diez años de carrera (por decir lo menos) de Queensrÿche.

El problema de The Chase es que cuesta que la banda se mantenga arriba en el disco. Los temas posteriores, A Murderer? y sobretodo Circles, no tienen la fuerza ni la llama que había dejado The Chase, deben pasar dos temas y medio, para que la salvación de Nicki sea la salvación del momento. Pamela Moore o más bien dicho Mary, vuelve con su propia suite. If I Could Change It All, es el momento más emocionante de la placa. La desesperada voz de Tate (qué manera de darle cuerpo, de darle intención, qué manera de actuar cada tema este tipo…) da paso a la blusera voz de Moore, quien con una cantidad de matices impresionante para el corto tiempo de su participación, realmente logra conmover. Queensrÿche ha lanzado muy buenos temas lentos en su carrera. Cómo olvidar la maravilla hecha canción llamada Silent Lucidity (que le dio reconocimiento mundial y mucha plata a la banda) o The Mission o la hermosa Lady Jane, todas muestras de que cuando hay que poner feeling y calma, Queensrÿche lo hace de una manera brillante. El final del tema, muy coral, logra recordar a Suite Sister Mary, de la primera parte.

Sin pausa alguna, nuevamente la ira presente, en An International Confrontation, en donde Mary sigue atormentando a un ya atormentado Nicki. La historia comienza a centrarse en esta relación, en que el camino de Nicki debe ser seguirla. En eso llegamos a  A Junkies Blues, que pudo ser el final perfecto para el disco, incluso el final del tema tiene melodías sacadas de Anarchy X, pero se quedó en eso. Si el disco terminaba ahí, hubiésemos estado en presencia del disco del año, de un disco perfecto. Pero Queensrÿche alarga la placa, de manera un tanto innecesaria, con dos temas más. Si bien Fear City Slide, suena potente, se siente un poco alejada musicalmente del resto del disco, lo que se hace aún más patente en la floja All The Promises, que sin lugar a dudas no era la indicada para dejar el disco en alto, muy lenta, muy blusera, no funciona como cierre y deja un gustillo amargo, porque el disco tenía todos los ingredientes para puntuar perfecto.

No obstante lo anterior, podemos señalar que este segundo Operation:Mindcrime supera ampliamente las expectativas que uno pudo haberse cifrado. No es el mejor disco de Queensrÿche, eso es cierto, pero es el mejor disco que Queensrÿche pudo haber hecho hoy, es el mejor Tate desde el Empire y el disco posee momentos notables y otros sencillamente geniales. El quinteto de Seattle logra dar la vuelta precisa y enfilar nuevamente el rumbo hacia arriba. Quizás hoy la revolución ya no llama, pero ya no es necesario. Hubo que esperar mucho, pero la deuda ya está saldada.