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Threshold ha vuelto con su novena placa, March Of Progress. Los ingleses nos traen nuevo material, cinco años después del exitoso Dead Reckoning (2007) y dejan claro que a pesar de que su desafío era grande, lograron pasar el umbral y demostrar que su regreso no es en vano.

Lo primero que llama la atención de March of Progress es que el frontman, Damien Wilson, se unió el 2007 tras la inesperada salida de Andrew “Mac” McDermont, quien lamentablemente falleciera el 2011. Fue una buena estrategia que el vocalista original llenara la vacante porque se evitaron provocar demasiada ansiedad a sus seguidores más fervientes.

Riffs cargados de melodía y exuberantes arreglos para teclado son dos elementos que destacan a lo largo del disco. Además, algo que no puede pasar desapercibido es que, una vez más, Threshold rompe el arquetipo de lo que comúnmente se espera de una banda de metal progresivo. La razón es sencilla, su estilo es moderado o por lo menos eso es lo que logran proyectar. Mientras algunos grupos intentan sonar progresivos haciendo composiciones complicadísimas, Threshold es más directo, nos da variedad de sonidos, cambios de tiempo e ingredientes progresivos que logra incorporar con gran sutileza.

Este es el trabajo más largo que han lanzado, casi llegando a los 70 minutos. La mayoría de las letras que encontramos en este CD se acerca a la exploración, crítica y hasta reflexión de la estructura social y política. “It only takes a crisis to reveal the way we are”, “do we find a solution in a constitution”, “the kings are in counting house to borrow from their foes”, etc.

March Of Progress inicia con bastante fuerza con Ashes, que da cuenta del tono que, en general, se escuchará en este material. Guitarras pesadas y poderosas, el coro que queda grabado en la memoria, el extendido pero admirable solo de Karl Groom  y espléndidos acompañamientos de las teclas de Richard West, quien no se limita a dar únicamente cuerpo a los temas sino que aporta arreglos con sonidos interesantes. Con un poco menos de energía le sigue Return Of The Thought Police, que más bien es un mid tempo en el que sobresalen las armonías de la voz de Wilson y notables partes del teclado.

Los siguientes cuatro temas son de los mejores de este álbum. Staring At The Sun empieza de forma espectacular con un trabajo entre guitarra y batería que resulta en un ritmo muy agradable. También tiene efectos electrónicos y pasajes con tiempos de signatura extrañas que son muy interesantes al oído y algunos fraseos que recuerdan a Dream Theater.

Justamente sacando a relucir a DT, Liberty, Complacency, Dependency comienza con voces de fondo como en Sacrified Sons en Octavarium, pero al mismo tiempo suena la guitarra con melodías limpias que luego dan paso a un riff vigoroso que desencadena un gran tema repleto de una gran variedad de pasajes, de pesados a sencillos y armoniosos, con diferentes compases y un solo de guitarra muy inspirador. Buenísimo tema.

Uno de los tesoros de March Of Progress es sin duda la fastuosa Colophon, una pieza perfecta e impresionante por su amalgama de componentes de prog-metal. Al principio apreciamos un arpegio que va intercalando tonalidades y mientras avanza, la canción continua mutando de manera versátil. Al final produce una descarga de potencia desplegada por cada instrumento, pero sobre todo resalta la extraordinaria interpretación de West (y cómo no, si es obra de su autoría).

El segundo corte más largo del disco es The Hours, en el que otra vez se escucha un desempeño musical apoyado en una sólida experiencia. No podía faltar una pista lenta en este álbum y esa es That’s Why We Came. La balada cumple su cometido, baja las revoluciones y pone el ambiente un poco melancólico.

Don´t Look Down entra para despertar los sentidos no sólo por la agresividad de la parte rítmica en conjunto sino también por la garra de la letra que grita “don’t look down, don’t look down, it’s time to shine!”. En este tema Groom ejecuta un tremendo solo, de aquellos que no asombran por la velocidad pero sí por la pasión que transmite. Definitivamente, ocho minutos que valen la pena escuchar completitos.

En Coda se evidencia que Morten se dio el gusto de adornar y dotar de melodías este corte, sin dejar de lado las secciones pesadas. Además se pueden apreciar  los matices vocales cortesía de Wilson. Como en casi todas las pistas anteriores, existe un muy buen balance en la participación de cada integrante y la mezcla de distintas atmósferas pero, aunque es una composición muy bien lograda, no tiene la fuerza suficiente para enganchar, algo que haga sentir ese momento glorioso tan esperado en cada pieza.

Rubicon es de las canciones que saltan a la vista desde que uno lee el contenido del álbum porque su duración pasa de los diez minutos, entonces casi automáticamente se puede pensar que debería ser buena para durar tanto. Mi apreciación es que toda la estructura de Rubicon incluye una vasta combinación de riffs, un coro que se vuelve pegajoso a base de la rima de sus líneas, dramatismo vocal, sólida base rítmica y pasajes instrumentales que hipnotizan. No es un tema sencillo y no pasa desapercibido pero tampoco se consolida como la mejor propuesta de March Of Progress. A mi criterio, se lucieron más con otros temas más concisos como Don’t Look Down. Pero es bueno darle el beneficio de la duda. Quizás al escucharla un par de veces más se le puede encontrar su verdadera esencia.

El bonus track, Divinity, llega de la pluma de Morten. Empieza con latidos de corazón y un riff con efecto in crescendo y estilo algo electrónico que le da un giro atractivo al sonido para luego dar paso al resto del tema con mucha intensidad y dinamismo para finalizar con esta marcha musical.

No deja de sorprender que Threshold haga lo que quiere hacer y de la manera cómo quiere hacerlo. Me refiero a su forma de composición progresiva con tintes hasta cierto punto mainstream que demuestran que lo pomposo y complicado no siempre es lo mejor. Pero es esa libertad lo que precisamente cautiva de las agrupaciones progresivas. Para los fans de este tipo de música, March Of Progress es un álbum que deben escuchar. Es un trabajo con muchas luces y pocas sombras que en suma se traducen en un material que  merece atención y permite ampliar el horizonte para adentrarse más en este género tan formidable como ambiguo.