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Los alemanes MAJESTY están afinando los detalles para el lanzamiento de su nuevo disco titulado «Legends». El álbum saldrá bajo el sello Napalm Records y ya se puede escuchar el primer single titulado «Burn The Bridges».

«‘Burn the Bridges’ cuenta una pequeña historia acerca de los rebeldes que se escapan a una isla donde pueden vivir libres. Pero la canción también se puede aplicar a tu vida cotidiana porque se trata de dejar atrás todas las tonterías y hacer lo que quieras. No podemos esperar a tocar este enorme himno en vivo y escucharlos gritar un montón de ‘BURN’ con nosotros» comentó Tarek «MS» Maghary

El tracklist y el artwork:

01 – The Will To Believe
02 – Rizing Home
03 – Burn The Bridges
04 – We Are Legends
05 – Wasteland Outlaw
06 – Church Of Glory
07 – Mavericks Supreme
08 – Words Of Silence
09 – Last Brigade
10 – Blood Of The Titans
11 – Stand As One

Que un artista no tenga el poderío comercial, alcance o lo que sea con respecto a alguna más conocida, nunca necesariamente querrá decir que es un trabajo de menor calidad. Tal caso podría aplicarse a Majesty (también conocida como Metal Force durante un tiempo entre el 2008 y el 2011), siendo una banda quizás no muy conocida para varios, pero con una carrera que no tiene mucho que envidiar de bandas relativamente nuevas (2000 en adelante) que venían haciéndose un nombre en la escena, o que llegaban ya consolidadas al nuevo milenio.

Quizas por eso es que estos alemanes, liderados por Tarek “Metal Son” Maghary en las voces, se vieron un tanto “opacados” (disculpando la expresión) con tanta banda que venía en alza en ese entonces. Pese a ello, se mantuvieron constantes en el tiempo. Pasaron aproximadamente diez miembros antes de la formación actual, sacando un disco cada dos o tres años aproximadamente. Ahora nos entregan “Generation Steel” el nuevo trabajo que nos traen tras el “Thunder Rider” y el “Banners High” del 2013, que mantiene las influencias de Manowar que nos fascinan tanto a nosotros como a la banda, que tiene en sus filas a Jan Raddatz en batería (ex Forsaken, ex Atlantean Kodex), Tristan Visser haciendo de “Lead & Rhythm Guitar” (ex Soaking in Entrails), Alex Vob en bajo, a Robin Hadamovsky en las guitarras y voces de acompañamiento, y al ya mencionado Metal Son en las voces.

El disco comienza con un pequeño fraseo antes de que el poderoso sonido de las baterías nos lleve a la tremenda Hawks Will Fly, un tema que en lo personal me suena a algo que pudo crear HammerFall por el estilo del tema, con guitarras bien potentes y marcadas, y nos presenta una temática enfocada en los halcones, expuestos como nuestros «antiguos ancestros», y quienes son ahora nuestros aliados ante los demonios que acechan nuestros reinos y corazones. Un buen ritmo de batería, cortes simples pero precisos, al igual que en el solo de guitarra de Tristan Visser, es lo que nos deja de entrada la apertura de este último trabajo de los alemanes.

Otra dinámica, pero sin perder la potencia, nos entrega Generation Steel, el tema que le da el nombre al disco precisamente. Si bien el ritmo de batería se mantiene a la par con Hawks Will Fly en lo que a velocidad compete, acá se nota más trabajada, principalmente con bastante hi-hat, que le da un toque especial. Las guitarras mantienen esa simpleza bajo esa premisa de que a veces “poco hace mucho”, enfocándose en mayor medida al trabajo vocal, bastantes «ohhhh / ohhhh / ohhhh» entre cada verso y un coro que le da una fuerza tremenda, además de presentarnos una letra que nos permite ver cómo se comienza a formar la historia propiamente tal, principalmente el concepto de «Generation Steel», los hijos del Metal, quienes se mantienen en pie hasta el final, con tal de acabar con los tiranos de la destrucción con ira y justicia («puras cosas positivas», como diría alguien en la TV hace un tiempo…).

Y hablando de ira, aumentamos de revoluciones para recibir la genial Circle of Rage, que pareciera sacar lo mejor de cada miembro de Majesty, en donde vemos el notable trabajo de Jan Raddatz en batería, al igual que en Generation Steel, mas rápido pero sin opacar el trabajo de Visser, Hadamovsky o a Vob en las cuerdas, quienes también están al nivel de la canción. Quizás lo que hace de Circle of Rage tan grande, es el conjunto de buenos elementos que convergen en ella, junto a la voz y dinámica impregnada por Tarek, le da esa “toque” que la hace especial.

Shout at the Word nos trae presenta una canción lenta en relación a la anterior, pero no significa que sea de menor factura, con un ritmo mid-tempo presente en esos temas hardrockeros a la vieja usanza. A más de uno, tras escuchar el coro, se le haga familiar la melodía en comparación con alguna canción ochentera, sin decir que sea un “chiste repetido”, aunque usado de buena forma, da buenos frutos como en Shout at the World.

Las guitarras pesadas y el doble bombo vuelven con Damnation Hero, que a la primera escuchada, sin ser un mal tema, da la impresión de ser un tanto “simple” respecto a lo que veníamos escuchando. Sin embargo, pese a que agarra bastante vuelo, especialmente en el pre-coro, nos topamos con un coro bien monótono, aunque en un sing along da la impresión de que funcionaría bastante bien. Pese a lo mencionado, junto con otro solo preciso por parte de Tristan Visser, Damnation Hero nos ofrece una interesante propuesta, pese a que no sé si sea un punto tan alto en el disco en general.

Con Children of the Dark, nos topamos en la intro a un coro de niños fraseando el coro, antes de que nos golpee un heavy a la antigua, y quizás otro de los puntos altos que nos trae “Generation Steel”, en donde vemos algo bastante elaborado, tanto en lo instrumental como en la parte vocal, en la que el “Metal Son” le da otro valor agregado con la energía que nos ha tenido acostumbrado en el transcurso del disco. Tema aparte son las cuerdas y la batería; bastante trabajadas como venía mencionando, con un gran despliegue de Visser a la hora de ejecutar su solo, que vendrían seguido de otra suerte de sing-along, en el tramo de “… find the children, join the children… We are the Children of the Dark…” y con un grito de Tarek antes de seguir con el coro tan dinámico que nos presenta Children of the Dark, que justamente termina con otro sing-along con los mismos niños que cantaban al inicio.

Algo muchísimo más lento nos ofrece The Last Reward. Si bien no me gustó para nada el inicio acústico, es un detalle considerando lo que escuchamos adelante, tanto en lo musical como en lo que a letras se trata. Resumiendo, trata de un niño desolado en un mundo solitario, oscuro, quien espera que al momento de acercarse el final, los espíritus llamen su nombre y  obtenga al menos una última recompensa. Y quizás por ello es que nos encontramos con una melodía mas melancólica, a un Maghary un tanto calmado en las voces, en cada verso y pre coro, que consta de una base acústica bastante agradable al oído, pasando a las distorsiones cuando llegamos al coro, siendo el único detalle que llegando al final del tema, lo cierran con el clásico efecto «fade out» de ir disminuyendo el volumen poco a poco (muy fanático seré de alguna banda en específico, pero siempre me he cuestionado ese detalle).

¡Volvemos a lo rápido! Y personalmente es imposible no acordarse de Accept al oír el comienzo de Knights of the Empire, en donde volvemos a ver cómo se plasma un buen trabajo en conjunto por parte de Majesty, con varias guitarras a la antigua, solos virtuosos, cortes de ritmo bien desarrollados, y un coro bastante efectivo, sin contar además con todos los juegos vocales con los que nos encontramos en el transcurso del tema. Lo único en lo que peca Knights of the Empire (a mi parecer) es en lo mencionado anteriormente, con la manera de cerrar el tema con el mismo efecto de volumen, no siendo tan relevante respecto a la tremenda canción con la que nos encontramos.

Ya acercándonos al final, Rulers of the World nos trae una dinámica similar a lo que veníamos oyendo en el disco, con el ya conocido ritmo mid-tempo de Majesty; letras de guerras por disputar sin anhelos de obtener algo que no sea la victoria, voces que apuestan por entregarnos una melodía potente, además de coros al unísono, y guitarras que apuestan por un buen sonido antes que por riffs complejos que puedan cambiar o perder la “mística” de lo que desarrolla la banda en este “Generation Steel”.

Finalmente nos encontramos con War of Metal, que en lo personal, parece ser el mejor cierre que le pudieron dar con respecto al orden de los temas. Un tema que nos trae ese estilo similar a HammerFall a ratos (y quizás en muchos pasajes del disco ocurre lo mismo), pero marcando una diferencia con el sello propio de Majesty. Un tema que trasciende por la simpleza del mismo al momento de los riffs principales, y una formula repetida en los coros de por sí, bien llevada a cabo.

A grandes rasgos, muchos dirían que “Generation Steel” puede que no es la “última chupada del mate”, pero nos encontramos con un disco potentísimo a la hora de hacer el balance general, con canciones que van de la media hacia arriba, si esperas oír un heavy clásico con un sonido fresco. Lo que rescatamos en mayor medida, es el plus que le da Tarek Maghary a la hora de poner lo suyo en las voces, sin opacar a la banda completa, cuyo trabajo instrumental no deja a nadie indiferente. Quizás guste o no a la primera escuchada, pero encontramos, a juicio personal, una de las sorpresas de lo que va del año, que deberían al menos darle una repasada y sacar sus propias conclusiones, las que de por sí no creo que sean para nada malas.

“We will conquer all their nations, by the Metal Law they burn…We’re the chosen generation…We are the rulers of the world…”

 

 

Entendemos como épico un relato con hechos legendarios, reales o ficticios, con personajes gallardos y memorables. El mito, la leyenda y el héroe grandioso siempre serán parte de la epopeya, donde las tribulaciones y tormentos propios de un período oscuro llegarán a su fin con la gloriosa victoria del bien sobre el mal.

Desde Perseo hasta Obi Wan, pasando por GandalfLautaro Churchill, cruzamos ese punto donde poco importa lo real de sus existencias.

Para nosotros quienes gustamos –o amamos- el metal, este tipo de conceptos siempre serán bienvenidos, sin importar cuán novedoso o familiar sea. Ese llamado heroico, para muchos, es incluso más efectivo que un café cargado en la mañana. Es la arenga a enfrentar el día, a saltar de la cama, luchar contra las adversidades cotidianas y salir victorioso de esos momentos difíciles.  Lo aprendí de un amigo, quien a punta de Strato y Helloween luchó dos años contra un cáncer óseo.  Y salió victorioso.

Thunder Rider es la séptima entrega de Majesty, agrupación alemana abiertamente devota de Manowar, y también auto-proclamados defensores del True Metal como tal.  Desde su presencia escénica (cuero negro y tachas) hasta su despliegue sónico, es casi imposible errar con la primera impresión. Estamos frente a una banda donde la épica es la fuente de su inspiración.

Quienes los conozcan desde antes sabrán que a través de sus siete álbumes (contando éste, el nuevo) la “exploración” de otros sonidos y estilos no es su norte, sino la depuración de una línea evolutiva fija. Esto es heavy metal con bases clásicas y melodías hímnicas. Una tónica que se ha mantenido a través de los quince años que llevan en el ruedo, desde sus portadas clásicas ilustradas a mano (muy en la onda Manowar) hasta sus composiciones que distan diametralmente de las nuevas corrientes metaleras de principios del siglo XXI.

El primer corte es el que da el nombre al disco. Thunder Rider comienza con una breve introducción de guitarra limpia, arpegiada que en no más de 20 segundos nos hace adentrarnos en un explosivo up tempo, cargado de guitarras distorsionadas, breaks de batería y truenos, literalmente. En este inicio sobrecargado, podemos encontrar algunas similitudes con el inicio del tema Push de Helloween (Better than Raw, 1998).  Ahora, si bien la voz de Tarek Maghary tiene un dejo “pastoso”, la línea vocal del tema es bastante alegre y ganchera, equilibrando de buena manera su tesitura áspera con una buen trabajo melódico. Cabe destacar que la canción corre en ritmo ¾ acelerado en su totalidad. Un coro bastante melódico, que queda fácilmente en la memoria para ser coreado nos deja claro que la banda se preocupa de configurar estribillos para ser coreados en vivo.

En la sección media de la canción encontraremos un oscuro descanso, donde el ritmo baja sus revoluciones por un segundo, y bajo una atmósfera de teclados muy en plan mellotrón, aparece una grave voz entregando una reseña. Hacia el final de esta sección se escuchan violentas voces gritando “Thunder….. Rider!!!…” todo subiendo paulatinamente de intensidad, para llevarnos al acertado solo de guitarra de Tristan Visser y finalmente al cierre de la canción con ese ganchero coro.

Con este tema ya detectamos algunos detalles propios de la escencia de la banda. Lo primero es que obviamente se percibe una deuda con Manowar, sin embargo pareciera ser más estética que meramente musical. Sí, la formación es sólo una guitarra, bajo, batería y eventuales teclados, tal como los americanos de Joey DeMaio, pero a medida que escuchas el tratamiento en sus coros, y la inclinación melódica mucho más patente en sus composiciones, entonces aparecen otras influencias. Como buenos alemanes,  han rescatado esos coros monocordes, duros y marciales propios de Accept, como también algunos tintes “happy” muy recurrentes en Helloween.

Sonidos de cadenas y puertas de madera nos llevan a una grandilocuente introducción de guitarras hímnicas. Warlords of the Seaes un acelerado tema, un up-tempo cargado a los dobles bombos (que se acercan más al power metal alemán de Gamma Ray). La línea vocal es de rápido fraseo, jugando con una doble voz (la primera en un tono principal, mientras la segunda más abajo, va en el mismo tono pero una octava más arriba) dando un leve toque fantasmagórico a la interpretación. Su coro una vez más es de lo más memorable, incitando a cantar, y muy fácil de quedarse atrapado en la memoria, “We are sailing to be free, we are born to be the Warlords of the Sea… Ship Ahoy!!!!”.  Una vez más en los coros hay múltiples voces, pero siempre cantando al unísono y a mismo tono, por lo tanto no hay juegos de armonías vocales.  Los solos de guitarra son incendiarios y la labor del teclado se mantiene siempre en lo ambiental. Una breve detención en la segunda mitad del tema, basada en una simple y bella pieza de piano y voces suaves nos vuelve a disparar finalmente al coro grandilocuente, coros guerreros y un cierre idéntico al principio. Una canción sobre mares, libertad y perfecto para ron en jarra, sin hielo.

Puedo agregar que las canciones están afinadas en 440hz, o también conocida como la “clásica en Mi”. La misma que por siempre ha usado Iron Maiden, o también podemos apreciar en los primeros dos Keepers de Helloween y los grandes alemanes Accept. Esto, por supuesto, los hace acercarse más a los cánones del metal clásico de los ochentas.

El siguiente título creo que define perfectamente a la canción. El tercer corte, Anthem of Glory  es exactamente un himno de gloria. Un mid-tempo con mucha similitud a los momentos más reposados de Hammerfall (At the End of the Rainbow, del Legacy Of Kings, 1998, por ejemplo) y también con reminiscencias del A Million to One, de Helloween (The Time of the Oath, 1997). En su sección media encontramos por primera vez uno de los recursos más explotados del metal, los armónicos coros “ooooohhhh… oooohhh” ,pensados estratégicamente para que las voces de un público en vivo sean otro instrumento más en cada festival.

En un plan más “rocanrolero” nos encontramos con Make Some Noise en cuarto lugar. Un tema que con un coro pentatónico nos lleva al momento más Accept del registro. Guitarras apañadas en el puente, y los primeros gritos agudos al estilo Eric Adams se hacen presentes. Los coros vuelven a ser con voces rudas y para nada armónicas, gritando “Make Some Noise”. El móvil de la canción apela a levantar nuestra voz cada vez que tengamos la oportunidad u obligación de hacer valer nuestros derechos. El solo de guitarra se basa en el muy bien utilizado Talk box (característico efecto llevado a la fama por Peter FramptonRichie Sambora en Livin’ on a Prayer Mick Mars en Kickstart My Heart), aquella manguera que lleva el sonido de la guitarra hacia la boca del guitarrista, y su modulación se dispara por el micrófono. El resultado final es menos “heroico” y melódico que lo visto hasta el momento en la banda, pero puede ser un buen golpe en vivo, cosa que ya pareciera ser una constante en la fórmula compositiva de estos germanos.

Suben las revoluciones, aumenta la velocidad, y los dobles bombos  de Jan Raddatz vuelven a hacerse constantes en la rápida MetalliatorCon este tema vuelvo a sostener que el parecido con Manowar es más de imagen que en resultado musical. De hecho, esta canción fácilmente podría haber sido parte del Painkiller de Judas Priest o incluso del seminal Walls of Jericho de Helloween. Un tema up-tempo muy en el plan clásico powermetal, deja otro coro más para el cántico del respetable. El trabajo de escalas melódicas en la sección media también está pensada para ser coreada.  Quizá no sea el tema más inspirado de este álbum, pero tampoco pasa a ser un relleno.

Si realmente la devoción a la ya nombrada banda americana de True Metal es declarada, no es hasta su séptima canción Raise The Beastque la influencia se hace patente. Es aquí donde la marcha a medio tiempo de la canción muestra cercanías con Kingdom Come (Manowar, Kings of Metal, 1988), una vez más de proporciones hímnicas. Un ritmo de galopa en las guitarras y un sonido muy filoso en el bajo (nótese el parecido físico del bajista Alex Palma con Joey DeMaio) generan una suite rítmica para dejar –otra vez- al teclado generando atmósferas. Hacia el final del tema, su velocidad se duplica, dejando un muy marcado doble bombo que acompaña hasta el final del track.

New Era es el siguiente corte. Unas guitarras con un muy presente efecto Flanger (un oscilante cambio de frecuencia en agudos y bajos; cito la guitarra del comienzo de The Number of the Beast de Iron Maiden como referencia para que se hagan una idea del efecto) pasan a ser acompañadas de una galopa ejecutada con la caja de la batería y de frentón saltamos a un tema acelerado en plan galopa (la galopa , para hacerlo más simple es el clásico “tacatán tacatán tacatán” propio de muchos clásicos del metal).  Los coros, siempre melódicos, y a pesar de la velocidad del tema, el fraseo vocal es pausado, así más fácil de cantar al unísono. En los puentes y estrofas, la voz de Tarek alcanza muchas similitudes con la magnífica voz del gran Rob Halford.  Buen corte, que será un “sillazo en la espalda” en vivo.

Hacia estas alturas del disco hemos presenciado bastante peso y melodía, pero las intensidades bajan radicalmente para el siguiente tema. Asteria es el primer tema low-tempo de esta entrega. Es en esta pieza donde los teclados toman más protagonismo, generando atmósferas bastante sublimes, poniendo en bandeja la voz, que suena más dulce en un comienzo que todo lo escuchado hasta el momento. Esta canción podría perfectamente ser parte del Polaris o el Infinite de Stratovarius.  De hecho hay un parecido latente con la bella Winter Skies de los finlandeses. Además, hubiese sido un magnífico broche de oro para cerrar el disco, pero estos muchachos alemanes tienen otro plan.

Riffs filosos, intervalos de la batería y saltamos a otro tema desligado del metal “glorioso”. El segundo corte con tintes rocanroleros en el disco. La novena posición es para Young And Free.  Es un tema mid tempo, un poquito más acelerado, quizá con ciertas reminiscencias de I Can de las “Calabazas” (de su disco Better Than Raw, 1998). Sus coros una vez más sonando multitudinarios, pero sin armonías, en fraseos marciales , dignos de la escuela de Accept , y que ya a estas alturas dejan clarísimo que los coros “Sing Along” no son casuales a la hora de escribir. No es el tema más representativo de la obra, pero ayudan a refrescar dentro de un contenido mayoritariamente “épico”.

A pesar de lo anterior, la vuelta a los up-tempos se hace cabida una vez más con el décimo tema, Rebellion of Steel. A pesar de la velocidad, la batería no abusa de los dobles bombos, y los teclados acompañan con un sonido muy “órgano de iglesia” y también muy “hammond”, lo cual le da un toque mucho más clásico al resultado. De hecho, la estructura de la canción me recuerda mucho a la época del Death Alley Driver de Rainbow (Difficult to Cure, 1982) o el Gipsy’s Kiss de Deep Purple (Perfect Strangers, 1984). La voz juega en un registro más bajo, lo cual me hace recordar bastante a Joe Lynn Turner, particularmente en el coro, exceptuando la parte del puente, donde con esos agudos vuelve a sonar a Halford en la era ochentera. Buen corte, con uno de los trabajos melódicos más atractivos dentro de toda la entrega.

Y en último lugar, el tema quizá más “complejo” del disco. Una introducción de guitarras limpias en dobladas (armonías de dos tonos al mismo tiempo) que dan la partida a otro tema de corte mid tempo.  Su título Metal Union expresa perfectamente la idea, donde la banda hace gala de invitados de renombre como  Sven D’Anna (Wizard),Hannes Braun (Kissin’ Dynamite), Patrick Fuchs (Ross the Boss), Andreas Babushkin (Paragon) y Marta Gabriel (Cristal Vyper)Todos participando en voces. El resultado es grandilocuente, y el tema es muy agradable, quizá no el más rico en texturas del álbum, pero el aporte de diferentes tesituras vocales, y el hecho de dar un “solo” de voz a cada uno de los cantantes le otorga un interesante refresco. No es la primera vez donde muchos buenos cantantes logran expresar que “la unión hace la fuerza” (de hecho el projecto  Stars de Jimmy BainVivian Campbell y el fallecido Ronnie J. Dio data de casi treinta años atrás), pero para cerrar este disco, la idea suena muy consecuente. Hacia el final del corte, todos cantan el coro final, mientras la canción comienza a perderse en volumen, haciendo un efecto fade out hacia la salida y término del séptimo esfuerzo de esta banda germana.

Así termina el disco y tengo con esto algunas constataciones.  Lo primero es que en ningún momento se está inventando la pólvora. Todas las composiciones responden a marcos ya definidos dentro de la historia del Heavy Metal. No obstante, ellos mismos –quienes se sitúan conscientemente dentro del marco True Metal– han dejado claro, a través de su tupida discografía (7 álbumes en 12 años demuestra constancia y regularidad) que no persiguen encontrar piedras angulares ni puntos de inflexión que marquen un antes y un después en la escena, sino seguir los cánones del género musical que aman.

Ante esa honestidad, no hay mucho que decir. Poco importa si a lo largo de este trabajo nos encontramos con varios clichés, elementos recurrentes y estructuras típicas del Metal.  Distinto sería si con cada nueva entrega, la banda de Tarek Maghary se jactara de haber concebido “la renovación del movimiento”. Pero no es así. La banda sabe perfectamente lo que sus fans quieren, y lo que ellos mismos desean componer en primer lugar. Ante eso no hay engaño alguno, y sólo los que gusten de la banda seguirán “coreando” su repertorio.

Por lo tanto, recurro a la también muy recurrente apreciación de que “Si lo que buscas es novedad, no la encontrarás en este álbum.  Ahora, si lo que buscas en un buen disco de Heavy Metal clásico, estás frente a uno muy recomendable”.

Sabemos que en el género del Metal hay muchos grupos que aportan algo nuevo, pero también sabemos que son muchos más los que siguen y fortalecen una corriente. Ésta es una de esas bandas, que optó por lo épico y los coros hímnicos como –literalmente- caballo de batalla.

Volviendo al comienzo. Si sientes al Metal como motivación para levantarte cada día y dar la pelea,  este disco puede hacerte buena compañía.