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Rhapsody

Los italianos ya preparan la gira del próximo año, en promoción de su último álbum «Prometheus», con fechas concretas para Europa entre el 15 de enero y el 18 de febrero, y en Norteamérica para el 28 de abril hasta el 1 de junio.

RHAPSODY también anunció que el tour pasará por Sudamérica, con fechas por confirmar, Asia y otras partes del mundo. Las fechas fueron publicadas en la fanpage de la banda liderada por Luca Turilli, como se puede ver a continuación:

Luca Turilli's Rhapsdody

Luca Turilli Rhapsody

En una entrevista reciente para Rock Overdose, LUCA TURILLI fue consultado acerca de que en su último disco habría más orquestación que metal. «Es así porque nosotros no tocamos realmente heavy metal. Si miras mi i-tunes, no encontraras ninguna banda de heavy metal» comentó el guitarrista y continuó:

«Encontrarás cualquier banda de metal que está conectado de alguna manera con algo sinfónico o lleno de teclados. Me encantan NIGHTWISH, SYMPHONY X, BLIND GUARDIAN. Este tipo de bandas están siempre entre mis favoritas. No soy capaz de escuchar bandas de metal sin teclados o sin coros o sin orquestación. Para mí no es entretenido»

«Obvio que hay excepciones, RAMMSTEIN por ejemplo. Me encantan porque en sus últimos albums están llenos de orquesta. Hay muchas bandas usando orquestas, pero cuando empecé a escuchar heavy metal en el 87, 88, los álbums que me gustaban eran HELLOWEEN, ‘Keeper 1 and 2’ y mi favorito de la vida es de CRIMSON GLORY,’Transcendence’. En estos discos no hay teclados, o tienen muy poco. Pero da la impresión de estar llenos de atmósfera, son increíbles».

«Pero en general, otras bandas como METALLICA y OZZY y todas estas bandas de la escena americana, nunca, pero nunca me gustaron. Se que es una blasfemia pero debo ser honesto. Es la verdad. Para mí, hago RHAPSODY porque hago este tipo de música. Si alguien me impone componer algo para las baterías, bajo, guitarra o voces, entonces cambiaré de trabajo. No sería capaz de hacerlo. Pero es agradable porque me ocurre lo contrario. Despúes del décimo álbum de RHAPSODY, cuando me separé de mis ex colegas, hubo una oportunidad de hacer música para el mundo del entretenimiento. Pero no pensé que era el momento de dejar ir RHAPSODY. Es que me di cuenta que si solo hacía orquestaciones, iba a extrañar el metal. Al final, tengo todo lo que quiero con RHAPSODY»

«Puedo crear la música más bombástica del mundo, ahí es cuando conectas con el impacto cinemático de una banda sonora con el impacto de las guitarras eléctricas y del heavy metal, es por eso que esta es la música que yo entiendo que es espectacular. Esta es la manera que tengo para expresar mi alma. Esta es la única música que podría componer. Este álbum se llama «Symphonia Ignis Divinus» y este es más sinfónico. Quizás el próximo tenga más guitarras. Es algo que depende de las canciones. Pero en general, esto es lo que yo imagino de RHAPSODY. Somos metal cinemático. No somos heavy metal»

Rhapsody - Prometheus

Qué difícil es empezar a hablar de este nuevo disco de Luca Turilli’s Rhapsody. No por el hecho de que el disco sea malo –al contrario, adelantamos el final, es de una gran calidad–, sino que por el hecho de que es tanta información concentrada en poco más de setenta minutos que es necesario “ponerla contra el piso” para poder revisarlo.

Lo primero: uno lleva algunos años revisando discos. Tampoco se trata de ponerse en plano de creerse experto ni mucho menos –hay gente que sabe muchísimo más que uno, que apenas es un entusiasta de este cuento–, pero esa experiencia lleva a desarrollar un “feeling” que a uno lo hace darse cuenta tempranamente que hay discos que se pueden revisar con unas pocas escuchas, y otros que definitivamente hay que recorrerlos en plenitud, muchas veces, para siquiera hacer el intento de narrar lo que uno opina acerca de éstos. El caso de Prometheus – Symphonia Ignus Divinus entra de cajón en esta segunda denominación.

Y ese “feeling” que implica la necesidad de darse la vuelta larga con este trabajo, lleva a rememorar que la salida de Luca Turilli de su alma mater, Rhapsody, lo liberó de ciertas “trabas” que estaba sintiendo al momento de componer, y dicha liberación de ataduras se notó, y mucho, al momento de lanzar su primera placa, Ascending To Infinity, hace tres años. En un principio varios pensamos que Luca volvería a recurrir a Olaf Hayer, cantante de sus discos solistas de la década pasada, pero finalmente reclutó a un italiano como Alessandro Conti precisamente por una característica lingüística que a estas alturas suena obvia: quería un cantante que interpretara en italiano. Qué duda cabe: Luca Turilli ha sido un pilar fundamental en entregarle al Heavy Metal un idioma que suena fantástico con este tipo de música, algo que se esbozó de muy buena manera en el atrapante Ascending To Infinity y que se consolida con este interesante Prometheus – Symphonia Ignus Divinus,como iremos viendo.

Es cierto que las ideas de Luca son, por decirlo en términos cariñosos, algo “dispersas”, y eso se nota muchísimo en este trabajo, especialmente a nivel lírico, que mezcla mitología griega con ritos hindúes, leyendas nórdicas, mitos del Medio Oriente e incluso homenajes al Señor de los Anillos, entre otras referencias. Pero es parte de la gracia. Es cosa de revisar los anticipos que se daban desde la web oficial de LTR: “70 minutos de música épica, sonando más cinemático, bombástico y dramático que nunca antes, la nueva obra maestra de RHAPSODY llevará al oyente a un emotivo y memorable viaje entre puertas cuánticas, dimensiones paralelas, mitos y leyendas que esconden verdades cósmicas, secretos ancestrales y revelaciones espirituales”. ¡Qué palabras! La primera impresión que a uno le causa este tipo de declaración de principios tan altisonante es de escepticismo mezclado incluso con un poco de sorna, pero luego uno se acuerda de la primera placa de LTR y entiende que es parte del juego esto de “ponerle color”, por decirlo de alguna forma bien coloquial.

Además de Alessandro Conti, Turilli sigue acompañado por sus fieles escuderos Patrice Guers en bajo y Dominique Leurquin en guitarras, añadiendo a Alex Landenburg en batería. Además, cuenta con el inestimable apoyo de las “Voices Of The Apocalypse”, al igual que en su primer trabajo, pese a que sólo el canadiense Dan Lucas se repite respecto al primer disco, pues ahora las nuevas voces que acompañan son las de la soprano francesa Emilie Ragni, el británico David Readman –cantante de Pink Cream 69 desde la salida de Andi Deris hace más de veinte años–, y nada menos que el enorme Ralf Scheepers, líder de Primal Fear. Y así, tras muchos meses de trabajo y bajo el alero gráfico de Stefan Heilemann –que diseñó una interesante portada con el titán Prometeo y el fuego divino–, revisemos más pormenorizadamente de qué se trata este Prometheus – Symphonia Ignus Divinus.

Sabemos que la sencillez no va con Luca y por ello no sorprende una intro de la grandilocuencia de Nova Genesis (Ad Splendorem Angelis Triumphantis), que me parece mejor lograda que su análoga Quantum X del primer disco de LTR. Quizás sea un poco menos “cinemática” que la intro de su anterior trabajo –que derechamente parecía la musicalización de un trailer–, pero con unas armonías e intensidades que por momentos sobrecogen, especialmente con unos coros realmente estremecedores. Con letras 100% en latín, que incluso evocan partes del Apocalipsis de San Juan y del Salmo 68 –también conocido como el “Himno de David”–, más que una introducción, es una pieza independiente, cuya única probable crítica es su falta de conexión orgánica con el siguiente tema, mismo aspecto que se podía cuestionar en el comienzo de su primer trabajo. De todas maneras, es una crítica que parece bastante menor considerando la envergadura de la pieza musical que abre este disco.

El piano de Turilli en el inicio Il Cigno Nero (“El Cisne Negro”), además de hacernos recordar esa interesante película de Natalie Portman y Mila Kunis con esa suavidad y sofisticación del ballet clásico, nos hace presagiar erróneamente que se tratará de una canción más bien reposada. Alejado de la realidad, porque prontamente quiebra con un ritmo acelerado con la batería de Landenburg, una introducción coral en latín, hasta que al fin aparece Alessandro Conti, luciendo a gran altura, especialmente cuando interpreta en italiano, como es el caso. Múltiples quiebres sinfónicos llevan a un coro en el que, primero, Conti está solo, pero en sus posteriores interpretaciones es acompañado por las Voces del Apocalipsis. Un solo de mucha calidad de la inconfundible estirpe sonora de Turilli, más una pequeña variación del coro con tonos más altos hacia el final, engalanan una canción redonda, contundente y derechamente fascinante.

Con Rosenkreuz (The Rose And The Cross), el primer single de este trabajo, quizás no se alcance la calidad conmovedora de Il Cigno Nero, pero de todas maneras se trata de una excelente canción, y que adquiere un mayor brillo al escucharse en el contexto del disco y no como la conocimos, como un tema “suelto”. La leyenda cuenta que Christian Rosenkreuz sería el legendario fundador de la orden secreta de “los Rosacruz”, supuestamente inspiradora de la francmasonería, aunque es un tema que, más allá de ser fascinante, excede con mucho los límites de esta humilde reseña. Musicalmente, es cantada en básicamente inglés –con algunos pasajes en latín e italiano–, inicia con un teclado y un coro que nos hacen situarnos varios siglos atrás, y luego Conti acompañado por voces más graves reiteran un coro que se repetirá en diversas oportunidades a lo largo de este tema. Particularmente notables son el detalle de las voces femeninas en el precoro, las armonías en los solos, y un final sólido. Menos brillante que el tema anterior, pero igualmente es un excelente tema.

¿Alguien pidió italiano, inglés y latín en función de un concepto budista escrito en sánscrito? Pues bien, Anahata es lo suyo. Obviamente no nos meteremos en los intrincados recovecos existenciales de los chakras pero sí, a modo de ilustración superficial, podremos decir que Anahata es uno de los chakras –centros de energía– primarios, se simboliza con una flor de loto con doce puntas y es el “chakra del corazón”. Uno no imagina a don Patañjali moviendo la patita o cabeceando al ritmo del Heavy Metal, pero sí este corte al menos nos permite una pequeña aproximación a ello. Probablemente sea uno de los temas del disco que melódicamente más recuerden al viejo y querido Rhapsody de hace quince años, fundamentalmente por su inicio coral y armónico, muy neoclásico, aunque incorpora otros elementos y detalles que buscan enriquecer su sonido, especialmente en percusiones, guitarra acústica y vientos. Pese a que el coro no es lo mejor ni más emocionante del disco, Conti luce a gran altura.

Otro hito muy interesante de este disco llega con la gran Il Tempo Degli Dei (El Tiempo de los Dioses), totalmente cantada en italiano, centrada en la obra del parapsicólogo italiano Gustavo Adolfo Rol, cuya voz incluso se incluye en un pasaje de este tema (“Descubrí una ley terrible, que une el color verde, la quinta musical y el calor. He perdido la alegría de vivir. El poder me asusta. No voy a escribir nada«). Inicia con un piano y la voz de Conti en un plano muy sencillo, que llevan a pensar que se puede tratar de una balada, pero luego el tema toma más energía hacia un midtempo y llega a un coro realmente bien hecho, de altísimo nivel. El cambio de ambiente con el piano de Luca y la voz de este parapsicólogo está bastante bien logrado, y el final es imponente.

Dentro de este viaje que nos ha propuesto Turilli por el yoga, el ballet y las inspiraciones de la francmasonería, nos corresponde ahora dirigirnos hacia otro sector de la biblioteca y meternos en el mundo de El Señor De Los Anillos con One Ring To Rule Them All, también con mucho de la esencia del sonido Turilli, aunque con melodías base algo menos complejas que en los anteriores temas. Quiebres operáticos con voces bajas cantando el “Poema de los Anillos del Poder” en la ficticia “lengua negra”: “Ash Nazg durbatulûk / ash Nazg gimbatul / ash Nazg thrakatulûk agh burzum-ishi krimpatul”–aunque los más fanáticos de Tolkien podrán hacer precisiones a este respecto–. Luego se da pie a un coro más lento y quizás menos inspirado que el resto del tema, y posteriormente una voz femenina que evoca a una elfina a la que se une Conti da el pie a uno de los pasajes más «Rhapsody vieja escuela» de todo el trabajo, al momento de los solos, muy melódico y sinfónico. Gran tema, aunque quizás con un mejor coro habría sido una obra más “redonda”.

Llega el momento de bajar las revoluciones y mirar hacia otro sector de la variopinta y poco sistemática biblioteca de Luca Turilli, recordando con Notturno, una bella y melancólica balada cantada en italiano, al famoso psicólogo suizo Carl Jung, con la que probablemente es su más célebre frase: “quien mira hacia afuera, sueña; quien mira hacia adentro, despierta”, y que es cantada en dueto por parte de Conti con Emilie Ragni, quienes alcanzan un gran nivel de intensidad y complicidad en todo momento, pero especialmente en el precoro. Bonita canción, algo más simple –dentro del contexto “turillizado” de simplicidad, por cierto– que los temas anteriores y que marca un necesario quiebre en el disco.

¿Querías sinfonía? ¡Tomá!” diría Luca Turilli si hubiese sido influenciado en su derrotero musical por el atrapante sonido del “sound” y aplicaría esta frase al inicio de Prometheus, corte que da su título al disco, y que probablemente concentre buena parte de ese espíritu “sinfonizador” que tan esencial es en las composiciones de Luca. Mezcla una importante cantidad de conceptos que hacen muy difícil de seguir la letra, pero más allá de esto, es un muy buen tema, algo más rápido que la mayoría de las canciones anteriores, y que nuevamente alcanza su mayor brillo en el precoro. Un quiebre más lento le quita un poco de puntaje, pero el tema recupera el vuelo en los solos, particularmente cuando se entremezclan el teclado y la guitarra de Turilli con el bajo del virtuoso Patrice Guers, para volver al precoro y al coro. Muy buena canción.

Ahora Luca nos lleva a un sector de su amplia biblioteca que probablemente comparte con Christofer Johnsson y Thomas Karlsson, líder y principal letrista respectivamente de los geniales Therion, con King Solomon And The 72 Names Of God, un corte que recorre superficialmente la leyenda de la llave del Rey Salomón para invocar a setenta y dos espíritus, aunque tampoco nos vamos a meter en asuntos cabalísticos ni mucho menos, basta con mencionarlo. Melódica y líricamente tiene muchas similitudes a lo que uno podría encontrar en algún disco de Therion, con una noticia influencia medioriental y con quiebres rítmicos bastante intensos, aunque por momentos –y como es lógico tratándose de Turilli– con más grandilocuencia. Muy destacable además es esa especie de interludio con cuerdas y percusión, que nos sitúa en pleno Medio Oriente, y da pie a un muy inspirado solo con las inconfundibles cuerdas del geniecillo de Trieste. Un tema difícil de digerir a las primeras escuchas –bueno, como todo el disco–, pero realmente majestuoso por pasajes, especialmente su final, fantástico.

Los anaqueles de Turilli parecen no tener límites, porque con Yggdrasil nos lleva a repasar en seis minutos cosas básicas de la mitología nórdica, al hablarnos del árbol de la vida que mantiene unidos a los nueve mundos que forman parte de esta cosmovisión, Asgard, Midgard, Helheim, Niflheim, Muspellheim, Svartalfheim, Alfheim, Vanaheim y Jötunheim. Sabemos que la mayoría de los suaves inicios de piano a estas alturas son engañadores, y acertamos, pues nos lleva a uno de los temas más inspirados de todo este trabajo, lo que es bastante decir, con uno de los coros mejor logrados y con un estupendo trabajo melódico y rítmico. Es cierto, a veces es demasiada información, pero por lo mismo en cada escucha va ganando, pues se descubren detalles que uno no aprecia en un principio.

El último tema del disco, cómo no, es el más extenso del mismo. Nunca es fácil atreverse a hacer un tema de dieciocho minutos, pero para Turilli debe formar parte de sus desafíos, el tipo no se “anda con chicas” y tiende a ser exagerado en sus preconceptos, pero es capaz de llenar buena parte de las expectativas que él mismo presagia. Of Michael The Archangel And Lucifer’s Fall – Part II – Codex Nemesis, que como es obvio, es la segunda parte de su congénere de Ascending To Infinity, cuenta con cinco partes muy fácilmente distinguibles.

La primera, Codex Nemesis Alpha Omega, es una suerte de introducción bastante extraña para lo que podemos encontrar en un disco de Turilli: hay mucha melodía, pero nada de grandilocuencia e incluso gritos y sirenas de policía de fondo, mientras una voz en latín da pie al segundo movimiento, probablemente el más extenso y destacado,  Symphonia Ignis Divinus (The Quantum Gate Revealed), que quizás sea lo más Power que encontramos en esta extensa canción, y donde por cierto vuelve la grandilocuencia de la música del triestino Turilli, con quiebres rítmicos y cambios de ambiente que no por ser abruptos dejan de ser interesantes. Para destacar además el coro en latín: “VIRI SANGUINUM / CODEX NEMESIS / VENI ARCHANGELUS / IN DOLORE MEO TU ERI ET TU ES”, que es de los pasajes mejor logrados de toda la placa, aunque quizás haya un par de momentos algo repetitivos y que podrían haberse evitado.

La tercera parte, The Astral Convergence, es instrumental y bastante más sencilla de lo acostumbrado. Escucharla es cerrar los ojos e imaginarse el final glorioso de una película, en el que quizás sea el pasaje más “cinemático” de este trabajo, curiosamente alejado de los excesos. Se vuelve a la grandilocuencia con The Divine Fire Of The Archangel, bastante operático, hasta que se da pie a los solos, con teclado, guitarras y orquestación funcionando de manera fenomenal, volviendo luego a los fascinantes precoro y coro en latín de Codex Nemesis Alpha Omega.El final con los coros en latín de Of Psyche And Archetypes (System Overloaded), primero sólo femeninos y luego masculinos y femeninos, cierra de bella forma una canción extensa, compleja, pero de inmensa calidad, terminando un disco que definitivamente posee, en su totalidad, esas mismas tres características.

Pero por si alguien le faltaba algo… ¡hay un bonus track! Nada menos que una versión “cinemática” (caratulada así) de la inmensa Thundersteel de los legendarios Riot. Tal como en su anterior trabajo Turilli homenajeó a dos grandes del Heavy Metal y el Rock como Helloween y los japoneses de Loudness con sus bonus tracks, ahora lo hace con este clásico de todos los tiempos. Sigo prefiriendo la versión original que me parece inmejorable y derechamente una de las mejores canciones de Heavy Metal que se haya compuesto en cualquier época, pero se valora el esfuerzo de Turilli por brindarle su sello, con orquestaciones, coros y otros detalles de su estirpe –solo de teclado, por ejemplo–, y por cierto se valora el coraje de Alessandro Conti para ponerse los zapatos de Tony Moore en 1988. Interesante bocadillo extra.

Cuando Fernando González (ex tenista chileno, para quienes no lo conozcan) contrató como técnico a Horacio de la Peña, por primera vez encontró a un entrenador que no sólo no le reprimía su instinto y talento natural de pegarle como mula a la pelota con su impresionante derecha, sino que se lo potenció. Y se desató. Esa misma sensación queda con la salida de Luca de Rhapsody: como decimos en Chile, a Luca “lo tenían amarrado” y sentía que no estaba desarrollando todas sus potencialidades en una banda grandiosa, pero muy autolimitada a las temáticas medievales. Es cierto, puede que Turilli se haya ido para el otro lado con la diversidad de temas, pero lo que es indudable es que se siente notoriamente más cómodo y pleno que en sus últimos años con su banda matriz. Es cierto que este Prometheus – Symphonia Ignus Divinus no es un trabajo fácil y que tiene demasiada información, por momentos algo dispersa y que quizás intente abarcar demasiado –más aun cuando se intenta profundizar en las letras–, pero una vez pasado el umbral de las primeras escuchas, las aproximaciones a este disco tienden paulatinamente a mejorar, hasta llegar a un punto de “cocción auditiva” en que se lo puede apreciar en su plenitud. Un gigante esfuerzo traducido en un trabajo que cubre con creces las expectativas.