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EL ACERO BRITÁNICO ESTÁ MÁS PODEROSO QUE NUNCA

“Levantándose de la oscuridad donde el infierno no tiene piedad y los gritos de venganza hacen eco para siempre, solo aquellos que guardan la fe escaparán de la ira del Metallian… El amo de todo el Metal”.

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Quise partir esta reseña citando la mítica leyenda que aparece en la contraportada del vinilo del Defenders Of The Faith (por cierto, mi disco favorito de Priest). Es que en un principio pensé escribir una crítica del show y centrarme netamente en la perfomance de la banda, es decir, lo usual cuando abordamos este tipo de reseñas. Pero después de presenciar el show del pasado Jueves 6 de Noviembre y comprobar que la banda se encuentra en un nivel altísimo a pesar de los años, me parece que sería demasiado aburrido. A lo que voy es que tratándose de mega bandas que históricamente no son sólo reconocidas por su impacto en el universo musical, sino también por toda la mitología que las envuelve, escribir sólo de lo visto en el escenario no le haría justicia.

jp_03Creo que muchos estarán de acuerdo en esto conmigo, pero ¿podemos dudar de la calidad y desempeño en directo de una banda con un recorrido de 35 años y la cual conjuga mejor que nadie la evolución del estilo que amamos? Sin faltarle el respeto a ninguna agrupación en especial, no es lo mismo comentar un show de cualquier banda actual dentro del Heavy Metal o Rock que un show de Black Sabbath, Iron Maiden, Judas Priest, AC/DC, Alice Cooper, Ozzy Osbourne, Kiss o W.A.S.P. por nombrar sólo algunas. Y en ningún momento se trata de bajarle el pelo a las bandas actuales, sino más bien, dejar en claro de que ellas pasarán a la historia por su aporte en lo musical, sin embargo, carecen de ese elemento “místico” que siempre rodeó a las leyendas que mencioné.A Judas Priest los tildaron alguna vez de satánicos, a Alice Cooper le boicoteaban los conciertos, W.A.S.P. y Ozzy fueron perseguidos por el PMRC (institución liderada por la “respetable” Tipper Gore), de Kiss se decían que eran niños al servicio de Satanás, Iron Maiden no pudo tocar en Chile en 1992 por la presión que ejerció la iglesia católica y otros organismos y personas en aquel entonces, etcétera. A lo que voy es que estar en el ojo del huracán y ser perseguido por diversos sectores políticos y religiosos, ayudó a que el Rock alcanzara un status impensado, convirtiéndolo en algo más que un simple estilo de música, es decir, un fenómeno social.

Y dado que fui el elegido para escribir esta reseña me tomaré algunas licencias para abordarla, por ejemplo, para nosotros los fans del Heavy Metal asistir a un show de alguna de nuestras bandas favoritas (más aún si se trata de una mega banda como Judas Priest) es prácticamente un ritual. Y creo que esto toma ribetes aún más “ritualisticos” cuando eres un fan de región como quién escribe. De manera disciplinada cumpliendo con lo mismo por más de una década: juntarme temprano con misamigos en el centro de Valparaíso para emprender el viaje en auto hacia Santiago, escuchando la música que nos apasiona, conversando de distintos temas relacionados con música, cine, la vida y por supuesto la banda que nos congregaba JUDAS PRIEST. Y bien, así es como salen en la conversación temas tan singulares como la mitología que envuelve a la banda y si muchos de los personajes que abordan sus canciones pertenecen a un mismo universo paralelo (Dreamer Deceiver, Tyrant, Exciter, The Ripper, Painkiller, Dissident Aggressor, The Sentinel, etcétera); o el tratamiento casi vejatorio por parte de los otros integrantes hacia el discreto Dave Holland en los videos ochenteros (por ejemplo, miren la parte de la ducha en el video de Hot Rockin’ o cuando van todos en moto en Turbo Lover) o sobre frases que se refieren de manera subliminal a la sexualidad de Rob Halford, en la época en que a nadie se le pasaba por la cabeza de que el bueno de Rob defendía los colores del otro equipo (Hell Bent For Leather, Eat Me Alive, etcétera). Por eso más arriba mencioné que cuando una banda engloba tanto y despierta tanta pasión y fanatismo es imposible referirse solo a lo musical, simplemente porque estamos hablando de una banda que nos reafirma que el Heavy Metal es algo más que un simple estilo de música.

jp_07Si tuviera que resumir en una palabra lo visto el día Jueves 6 de Noviembre sería: I-M-P-R-E-S-I-O-N-A-N-T-E. Un sonido claro y demoledor, una puesta en escena notable, una banda en plena forma y lo más importante, un set list muy bien elegido. Es sabido que Nostradamus ha sido un disco polémico, hay gente que le gustó mucho (como yo) y otros que lo encontraron muy aburrido, por eso de manera inteligente eligieron las canciones de ese disco que mejor funcionan en vivo para reproducirlas durante la gira. La tenebrosa introducción Dawn Of Creation daba paso a la pesadísima The Prophecy, con un Rob Halford saliendo desde abajo del escenario sobre una plataforma con una capucha gris color metálico y con un báculo con el símbolo de Metallian. Fue el primer golpe efectista -incluso para quienes odiaron Nostradamus -uno de los amigos con quienes asistí al show en ese momento me comentaba que con el correr de los años Rob Halford se ha convertido sobre escena prácticamente en un personaje de fantasía o mitología (según el punto de vista de la historia que está narrando), apreciación que comparto totalmente.

jp_08Caía el primer clásico de la noche con Metal Gods, uno de las canciones “de estadio” de la banda, acompañada por los ya míticos movimientos robóticos de Halford al ritmo del riff principal y en donde todos los presentes levantaron sus puños para entonar el coro que retumbó en cada rincón del Arena Santiago. La descarga siguió con Eat Me Alive, de mi favorito Defenders Of The Faith, el cual fue toda una delicia de presenciar en directo. A estas alturas se notaba a la banda en una onda muy distinta a la del 2005, con un Scott Travis castigando brutalmente sus tarros, un sobrio pero extremadamente exacto Ian Hill cumpliendo su labor a la perfección, Rob Halford cantando increíble (muy por sobre el nivel que mostró la vez anterior) y la dupla Tipton/Downing repartiéndose solos memorables para el deleite de los presentes. El notable Between The Hammer And The Anvil fue el primer corte del Painkiller que revisaron esa noche lo cual les valió una tremenda ovación, para luego desempolvar una joya del Screaming For Vengeance, me refiero a Devil’s Child, la cual Rob abordó con inteligencia modificando los difíciles agudos de la versión original, contando además con la ayuda del público que la coreo entusiastamente.

Todos estamos de acuerdo que las reglas están hechas para romperlas por lo que era el turno de la infaltable Breaking The Law y el estadio casi se viene abajo, dado el nivel de adrenalina del show todos la disfrutamos a concho. Hell Patrol fue otro momento memorable, otra de las favoritas y que ejecutaron de manera perfecta. Llegaba el momento del segundo y último corte del Nostradamus que presentaron, la excelente Messenger Of Death con Rob sentado en un sillón/trono con cráneos a los costados (empujado hacia el escenario por un roadie vestido con una capucha negra), la verdad una canción que funcionó de manera perfecta y el despliegue teatral que le puso Halford dejó a todos impresionados. Era hora de retroceder en el tiempo hasta el mítico Sin After Sin con el colosal Dissident Aggressor, una joya relegada por años y rescatada para esta gira (de la cual Slayer grabara una excelente versión para el South Of Heaven).

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Momento de “relajo” con Angel, la correcta balada perteneciente al disco Angel Of Retribution, que bajaba las revoluciones ayudándonos a recuperar el aliento para lo que se venía. La luces se vuelven tenues, aparece un telón con la imagen de un ojo cibernético y comienza a sonar la pista de la instrumental The Hellion, lógicamente lo que se venía era Electric Eye y nuevamente el estadio se venía abajo. Este servidor se emocionaba con Rock Hard Ride Free, otra de mis favoritas personales, que el público también la coreo con fuerza y Halford –al igual que en Devil’s Child- modificó en algunas partes del coro. Sinner nos llevaba de vuelta a 1977, con una versión que me puso los pelos de punta y con Halford sacando fuerzas desde las profundidades del infierno en la parte que dice “Sacrifice to vice or die by the hand of the sinneeeeeeeeeeeeeeeeeeeer”. Una canción que es el fiel reflejo de que Priest siempre fue una banda adelantada a su época, tocando con esa velocidad y desenfreno cuando bandas como Iron Maiden y Saxon -por nombrar un par- estaban en pañales. Muchos ya estàbamos en estado de éxtasis a estas alturas, a la mierda la objetividad (dentro lo subjetivo que es esto), a la mierda con bandas menores y amateurs fuera del metal, esto es Priest, esto es Heavy Metal de verdad, ¡qué clase magistral de potencia, pasión y huevos!

jp_10Scott Travis daba el vamos a la monumental interpretación de Painkiller y el público nuevamente fuera de sus casillas. Con esta canción terminaba el set regular y la banda salía de escena, el público pedía deseoso su regreso y minutos más tarde comienza a sonar el rugir del motor de una motocicleta. Se veía uno de los momentos más esperados de la noche, se abren las compuertas de debajo de la tarima de la batería y aparece Rob Halford montado en su Harley, el público se vuelve loco y la banda comienza, como no, Hell Bent For Leather. Ya no quedaba voz a estas alturas menos para corear The Green Manalishi (With The Two Pronged Crown), el clásico cover de Fleetwood Mac, inmortalizado en el maravilloso disco en vivo Unleashed In The East de 1979, otro momento “Kodak” que nos emocionó profundamente. Después de esto vino el clásico juego de Rob y el público con sus clásicos “Oh Yeah” que esta vez fueron más operáticos que de costumbre, dándose el lujo de cantar a capella lo que por momentos lo convirtió más en un tenor que en un Metal God. Para cerrar la cortina definitivamente “You’ve Got Another Thing Coming”, donde el público tuvo la su última oportunidad de la noche para interactuar con la banda. Vítores, aplausos, gritos para despedir a esta leyenda que dictó cátedras con un show sin puntos bajos.

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En mi opinión, este show se hubiese convertido en histórico de haber sido en un Teatro Caupolicán abarrotado en lugar de un Arena Santiago a un 60% de su capacidad. Como dije, me pareció muy superior al de 2005, con una banda con muchas más ganas y con un set list que sacrificó clásicos para privilegiar canciones que los fans acérrimos siempre quisimos escuchar(!).

Setlist:

1.- Intro: Dawn of Creation
2.- Prophecy
3.- Metal Gods
4.- Eat Me Alive
5.- Between The Hammer And The Anvil
6.- Devil’s Child
7.- Breaking The Law
8.- Hell Patrol
9.- Messenger Of Death
10.- Dissident Aggressor
11.- Angel
12.- The Hellion / Electric Eye
13.- Rock Hard, Ride Free
14.- Sinner
15.- Painkiller
16.- Hell Bent For Leather
17.- The Green Manalishi
18.- You’ve Got Another Thing Coming

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¿Cómo abordar un nuevo disco de Judas Priest?. Es una pregunta muy difícil porque a pesar de que Judas Priest nunca ha sido una banda que experimente demasiado con las estructuras de sus canciones, si es una banda que ha sabido plasmar su sonido en diferentes variantes estilísticas del Rock, dejando de ser para mi una banda que solo haga Heavy Metal que es el estilo por el cual se les conoce.

Rocka Rolla, Sad Wings Of Destiny, Sin After Sin, British Steel, Defenders Of the Faith, Turbo, Ram It Down, Painkiller, Jugulator son todos discos emblemáticos de la carrera de Priest y a su vez todos muy distintos entre si: hay sicodelia, Hard Rock, baladas, Heavy Metal, Speed Metal, Thrash. ¿Qué más se le puede pedir a una banda emblemática?. Judas Priest es uno de los pocos casos de bandas que han sabido reinventarse con el tiempo y tomar riesgos sin dejar de lado su sonido.

Recuerdo hace un par de años haber leído una entrevista a Glenn Tipton donde decía que una de las cosas que estaba escuchando en la actualidad eran bandas sonoras de películas y esa fue la primera señal que me indicó que el disco nuevo de Judas Priest no iba a ser un disco exclusivamente de Heavy Metal por una cosa lógica: la variedad sonora y musical es la que le da un tono de mayor envergadura a los discos conceptuales y es exactamente lo que son: un viaje narrativo por las distintas instancias de la vida de un personaje determinado o de una situación definida.

Después de haberle dado varias escuchadas al polémico Nostradamus uno empieza a notar las influencias y matices que tomó la banda para relatar esta historia y se me vienen a la mente varias fuentes distintas: El Fantasma de la Ópera y Jesucristo Superstar de Andrew Lloyd Webber, The Wall de Pink Floyd, Operation Mindcrime de Queensryche, Welcome to my nightmare de Alice Cooper, Scenes from a memory de Dream Theater, y un largo etcétera. Es como si Tipton, Downing y Halford se hubieran sintonizado con las creaciones del prolífico hombre de Broadway, con algunos de los grandes discos conceptuales de la historia del Rock, metieran todo a una “juguera” y lo sazonaran con el sello y sonido de Judas Priest dando como resultado uno de los discos mas sorprendentes en la carrera de la banda inglesa.

Aburrido y predecible son dos características que he escuchado mencionar últimamente a los fans que se han visto decepcionados por el disco, pero esta no es una situación novedosa ya que lo mismo sucedió por distintas causas con Turbo, Painkiller y Jugulator, placas con las cuales algunos fans sintieron en su respectivo momento que la banda estaba abandonando sus raíces, situación que estaba bastante alejada de la realidad porque la diferencia entre Judas Priest y otras bandas más tradicionales dentro del Rock es que nunca le han tenido miedo al fracaso y estaban dispuestos a salirse de lo tradicional por buscar una sonoridad nueva que los refleje como músicos, no por nada ellos confiesan haber asimilado el sonido de Black Sabbath y subirlo de revoluciones para encontrar su propia esencia, si esto no refleja la constante exploración en Judas Priest, no se que cosa lo hará.

Nostradamus abre con “Dawn Of Creation”. Una introducción instrumental que inmediatamente establece el tono épico y mítico del disco. Piano y cuerdas clásicas decoran esta atmósfera que da paso a “Prophecy”, una canción de medio tiempo con un riff bien cargado donde Halford se hace partícipe de su personaje de Nostradamus y comienza a describir al protagonista y sus visiones. Buenos solos y duplas en su sección intermedia. Después viene otra pequeña introducción: “Awakening” lenta y bien sencilla que da paso a uno de esos arreglos guitarrísticos monumentales similares al principio de “Judas Rising”, arreglos que caracterizan a la banda y comienza “Revelations” que en su sección intermedia tiene un gran solo acústico contrastando con la base heavy detrás. Halford se muestra muy dramático durante el recorrido musical superior a 1 hora cuarenta minutos. “The Four Horsemen” es una introducción recatada con un sonido muy renacentista dando paso al poderoso “War” con las percusiones marcando el tono apocalíptico. Al escuchar la batería en esta canción se puede notar que la producción esta orientada a privilegiar el voz y las cuerdas como en cualquier obra clásica donde las percusiones solo refuerzan el relato y no tienen que sonar muy definidas ni demasiado resaltantes. En el desarrollo de la sección intermedia se pueden apreciar arreglos de cuerda ejecutando el riff principal de la sección dando una interesante mezcla entre Metal y cuerdas clásicas (muy en la onda de las cosas hechas por Manowar).

A diferencia de las introducciones anteriores donde estas dan paso a una canción con diferente tempo e intensidad, “Sands Of Time” y “Pestilente And Plague” son básicamente un tema dividido en 2 secciones ya que tienen el mismo tempo y tonalidad, la primera deriva en la segunda. Este es uno de los puntos altos del disco donde Rob se da el gustillo de cantar el coro en italiano “Nella tentazione cercando al gloria il prezzo da pagare e la caduta dell’uomo”. Una canción llena del típico “feeling” dramático a los que nos tienen acostumbrados donde la pasión y el drama solo pueden ser plasmados por las grandes voces del rock. Esta canción me recuerda muy explícitamente al tema principal del Fantasma de la Ópera de Andrew Lloyd Webber y es acá donde uno siente que Judas Priest buscó inspiración en fuentes ajenas al Metal. Para mi este es uno de los clímax del disco.

“Death” es uno de los cortes mas lentos y pesados del disco donde el verso lento y suave contrasta con el riff sabático y la vocalización agresiva de su coro. Esta canción podría fácilmente haber sido hecha por Tony Iommi y es uno de los puntos donde  se notan claramente las influencias externas

“Peace” es otra introducción acústica acompañada por cuerdas de fondo dando paso a “Conquest” un corte metalero muy tradicional con un Rob agresivo y dramático en su voz media. Acá aparece un triste y deprimente “Lost Love” (que me recuerda a algunas cosas del disco Scenes from A Memory de Dream Theater) dando paso a “Persecution”, una de las canciones rápidas en la tradición del Judas Priest y que incluso recuerda a algunas cosas de Halford solista.

“Solitude” es otra introducción con el piano como instrumento que lleva la melodía principal y nos conduce al temazo “Exile”, un lento muy dramático con ritmo de vals  cuyo verso tiene guitarras acústicas y cuerdas clásicas y en cuyo coro revienta un Rob que al igual que la mayoría del disco no hace sino lucir su voz media cantando con un “feeling” impresionante a diferencia de muchos de los discos desde “Ram It Down” hasta “Angel Of Retribution”, donde uno esta acostumbrado a escucharlo con esos agudos característicos. Este para mi este corte es otro de los puntos altísimos del disco donde uno sigue reafirmando la gran capacidad de Judas Priest por el dramatismo narrativo.

“Alone” es otra pieza lenta con un tono dramático grandioso, Judas se sigue consolidando como banda que no solo compone grandes canciones agresivas y  metaleras, sino también relata historias más grandes que la vida misma. Son capaces de relatar una gran historia con o sin guitarras distorsionadas y eso va mas allá del estilo que frecuenten, sino que los lleva a ser músicos íntegros lo que para mi es más importante que centrarte en un estilo musical.

“Shadows In The Flame” es un pequeño pasaje acústico que nos lleva al ya escuchado “Visions” (una de las 2 canciones aparecidas mas de un mes antes del lanzamiento). “Hope” nos lleva a “New Beginnings”. Estos 2 cortes sin ser similares me recuerdan un poco el “feeling” de esos grandes temas lentos de Pink Floyd como “Time” o “Comfortably Numb”: el primero es otra pieza corta y sencilla y el segundo es un lento épico que mezcla la esperanza y la tristeza. “Calm Before The Storm” me recuerda esas introducciones acústicas que solía hacer Judas Priest en los discos setenteros, después aparece el “title track” (Nostradamus) que es una canción en toda la tradición metalera del grupo. “Future Of Mankind” cierra el disco, es otra canción pesada con notorias influencias de  Black Sabbath y Halford se da el lujo de cerrar el disco relatando con su voz distorsionada un parlamento en francés.

Lo único que podría lamentar es que el disco no haya sido producido por alguien de la talla de Bob Ezrin (The Wall, Welcome To My Nightmare, Music From The Elder) porque siento que el disco pudo ser incluso superior y tener un mayor vínculo a través del uso de leitmotivs recurrentes dentro de una historia (como sucede con “The Wall” y “The Crimson Idol”, dos de mis discos favoritos), pero bueno esto es Rock And Roll y no música docta donde las perspectivas creativas son muy distintas.

Creo que el disco lo van a disfrutar más quienes son conocedores de la banda que el fan casual y además es muy probable que este disco sea más apreciado por personas ajenas al género. El metalero incondicional suele ser más difícil de convencer cuando los grupos emblemáticos experimentan en sus carreras, por lo demás usualmente toma un buen tiempo sentarse a digerir una placa conceptual de esta envergadura.

Podría decirse que Tim «Ripper» Owens es un tipo afortunado. De ser un anónimo personaje que cantaba en una banda casi desconocida (Winters Bane) pasó, de la noche a la mañana, a convertirse en el vocalista y frontman de una de las leyendas vivientes del heavy metal, los ingleses de Judas Priest. Y desde ese momento la vida de este estadounidense cambió. Si bien no logró nunca deshacerse del fantasma de Rob Halford, a pesar de que su trabajo estuvo perfecto, con un Jugulator excelente y un Demolition en donde lo único que destaca, aparte de un par de canciones, es la voz de Owens, este fantasma del que hablábamos determinó su salida de Judas Priest. Sin embargo, en esos años al frente de Judas Priest, el mundo entero pudo descubrir un talento vocal como pocos ha dado el espectro metalero. De ahí que recalar en una banda de renombre era cuestión de tiempo. Jon Schaffer alguna vez dijo: «Tim canta mejor que Halford en su mejor momento», sentencia que podemos discutir latamente respecto a la comparación con el metal god, pero que no toca su envidiable caudal vocal. Después de eso y la salida de Barlow de Iced Earth, a nadie extrañó la llegada de Owens a la banda de Schäffer.

Sin embargo, con Iced Earth a Owens le pasó algo similar que en su paso por Judas. Los fanáticos no quedaron conformes con el disco que los estadounidenses lanzaron con Owens y descargaron sus críticas a éste, rememorando a Barlow. Para ser justos si hay algo bueno en el bodrio llamado The Glorious Burden es precisamente la voz de Tim Owens. Por eso el «podría decirse» del principio de esta revisión. Tim Owens tiene un currículum tan corto como impresionante, ha estado en una de las bandas más grandes de la historia y está en una de las bandas más respetadas de metal del momento, pero todavía no logra un reconocimiento acorde a la voz que tiene.

Quizás por eso la expectación de este Beyond Fear, una banda en la que además Owens oficia, junto a John Comprix, de compositor, un ambiente nuevo para Tim, ya que en Judas Priest ningún tema de los dos discos en el que estuvo lleva su firma y en Iced Earth, Schaffer alguna vez dijo que por ahora la tarea compositiva de Ripper sería igual a cero.

Y el disco empieza prometedor. Los dos primeros minutos de Scream Machine, son de lo mejor que me ha tocado oír. Potencia, guitarras afiladas, batería machacante y un Ripper Owens excelso. Él estuvo en una de las grandes bandas de todos los tiempos y éste es su tributo a ellos. Es su propia versión de Painkiller, es decir, «yo también escribo buen heavymetal». Un tema impresionante en todos sus sentidos, con un peso demoledor, con una banda inspirada. El final con las guitarras en armonía pone la rúbrica a un inicio impecable.

And… You Will Die sigue la tónica anterior, muy pesada, nuevamente con un Owens en la plenitud de sus funciones, es de esos temas que con sólo un riff te hacen cabecear desde el primer momento. Con momentos muy bien logrados, sobretodo en el solo, donde Comprix y Dwane Bihary se lucen, el inicio de este Beyond Fear muestra un poco hacia donde pretende llevarnos la banda de Owens, porque si bien hay pasajes en donde se recuerda Judas Priest, el disco se mueve más dentro del nuevo heavy metal americano de bandas como Evergrey, Nevermore y los propios Iced Earth.

Sin embargo algo pasa, Save Me, sin ser un mal tema, no logra enganchar, a pesar del peso del riff y de lo rockero que a veces se torna. El tema pasa sin brillar, no hay un elemento distintivo en este. Uno puede decir, es un tema menos destacado, pero queda mucho disco aún por escuchar. Y The Human Race, parece dar crédito a esa afirmación, también rebosante en fuerza y energía, con un potente sonido, marcado durante toda la placa. Y es en este momento donde se produce un quiebre en el disco.

Coming at You intenta poner un toque rockero, pero no hace más que transformarse en un tema excesivamente cliché. No digamos que el disco de Beyond Fear es un monumento a la originalidad, tampoco pretende serlo, pero este tema está mil veces escuchado, mil veces hecho y no sólo no logra destacar sino que apaga el resto del disco que no logra volver a despegar.

Dreams Come True, es algo más pausado, con el Iced Earth de los últimos años en el subconsciente, este tema parece ser sacado del The Glorious Burden y bajo esta misma premisa, no se puede pretender que este Dreams Come True sea algo destacado. Además, cae en el vicio que está patente en toda la placa. Está bien hacer un disco que musicalmente sea un «tributo» a lo clásico, cayendo muchas veces en lugares comunes propios del estilo, pero de ahí a hacer un disco que, además, líricamente esté lleno de lugares comunes, hay un trecho largo que además denota un cierto límite en lo que líricamente Owens puede dar.

Como dijimos el disco no logra (ni tampoco lo hará) despegar. Telling Lies, es densa, muy americana, pero también muy floja. Ni siquiera Owens logra sacudirse de dicha modorra. Además, ciertas fórmulas utilizadas en temas anteriores comienzan a repetirse, como el hacer los solos dentro de un riff a una sola nota. Estaba bien en un principio, ahora ya comienza a aburrir.

I Don’t Need This sigue la senda trazada en esta segunda parte del disco. Parecida al tema anterior, recuerda un poco a Pantera, pero de manera forzada. Ni siquiera los «yeah yeah» trasuntan onda o actitud, es un tema absolutamente prescindible dentro del concepto, de la entrega de Beyond Fear. Y eso es algo que también afecta al resultado final del disco. Son 13 temas, que si bien no son largos, hacen que el disco pierda en dinámica. Pudieron haber sido 10, lo que hubiese hecho este disco algo más escuchable, pero 13, con algunas bastante similares, realmente aburre.

Con Words of Wisdom, la banda de Owen ocupa otra fórmula repetida, que es la de poner una «atmósfera» al principio del tema. Lo debe ocupar en 4 o 5 cortes, ya a esta altura, sin ningún tipo de sorpresa. De todos modos en esta segunda parte fantasma del disco debe ser de lo más destacado. Algo del poder de los 4 primeros temas, con algunas interesantes melodías de guitarra, pueden rescatarse de estos casi 4 minutos de canción.

La batería del inicio de My Last Words, parecen un mini clon de Painkiller, pero el tema toma un derrotero distinto. Nuevamente algo más densa en la estrofa, con un puente, que si bien no descubre el fuego, algo despierta, el tema pasa de los momentos medianamente interesantes, como el cambio de ritmo antes del solo,  a la modorra patente a lo largo del disco. El problema está que dentro del contexto general a esta altura uno está medianamente decepcionado del resultado final del disco y este tema no logra llamar la atención.

Your Time Has Come (cuántas veces hemos escuchado canciones con este nombre), sigue el mismo camino, también con partes de poder y partes para el olvido, con un Owens intentando imprimirle potencia al tema. Pero el problema no es él. Son los propios temas, es la propia composición de éstos que hacen que uno no prenda. Son temas de momentos, con partes interesantes, pero de incierto resultado. Al parecer el poder, la fuerza y la intensidad alcanzó sólo para cuatro temas. Desde ahí poco y nada más.

The Faith da el cierre al disco. A estas alturas el tema 13 pasa sin pena ni gloria, aunque tampoco se trate de lo mejor del disco. De hecho es todo lo contrario, es un resumen de la segunda parte del disco. Pesado y riffero, a veces con cosillas que pueden recordar a Black Label Society, pero de manera bastante floja. El «I Have The Faith» de mediados del tema es realmente insoportable.

El disco comenzó prometedor, con una Scream Machine realmente soberbia, pero fue apagándose con el correr de los minutos. La aventura de Owens en la composición y cabeza de una banda logra aprobar con lo mínimo. De no ser por la brillantez del inicio y del poder vocal siempre excelso de Owens, el disco hubiese sido un verdadero fiasco. Sin embargo, están esos momentos iniciales y las gotas de buena música que están de a poco esparcidas en la segunda parte del disco. Eso hace mirar el futuro con cierto optimismo. Es de esperar que una segunda aventura de Beyond Fear multiplique los primeros minutos de este debut. Sin embargo, esta aventura queda lamentablemente al debe.

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Hablar de Judas Priest es sin lugar a ninguna duda, hablar de una de las bandas más influyentes e importantes en la historia del Metal. Su nombre, sinónimo inmediato de Heavy Metal; su imagen, una de las más características dentro del metal (mucho cuero, puntas y la famosísima Harley de Halford); y su música, el más claro ejemplo de lo que el Heavy Metal significa como sonido. Por todo esto y muchas cosas más, Judas Priest ha sido considerado como una de las piedras angulares del Heavy Metal desde sus mismos inicios y ahora con ya casi 30 años de existencia y al igual que lo hicieramos el mes pasado con otro clásico como Iron Maiden, quisimos entregarles parte de la historia de esta gran banda.

LA BALADA DE FRANKIE LEE Y JUDAS, EL SACERDOTE

La historia de Judas Priest comienza a escribirse básicamente en 1969, cuando Al Atkins y Bruno Stappenhill, quienes vivían en un pequeño pueblo en las afueras de Birmingham llamado West Bromich, convocaran a una audición para buscar al reemplazante en las seis cuerdas de John Perry, quién muriera trágicamente en un accidente carretero. El line-up de esta banda sin nombre, lo conformaban entonces, Bruno Stappenhill en el bajo, John Partridge en la batería y Al Atkins en las voces. Durante las audiciones para encontrar al nuevo guitarrista, se presentó un joven que recientemente había comprado su primera guitarra y quién escasamente se había aprendido las notas Do, Re y Mi para presentarse a esa audición. Su nombre era Kenneth Keith Downing. Una vez comprobada su falta de experiencia fue despachado inmediatamente y el trabajo fue finalmente obtenido por Ernest Chataway, quién tocaba además de guitarra, teclados y harmónica. Ernest venía de una banda de Birminghan llamada Earth, quienes más tarde se hicieran «algo» famosos bajo el nombre de Black Sabbath, pero eso es parte de otra historia un tanto mas larga.

Ya con la formación completa, pero aún sin un nombre, Bruno Stappenhill, bastante influenciado por Ernest Chataway y la música de Earth, se puso a buscar un nombre que tuviera la suficiente fuerza y prescencia como para dar el siguiente paso. Es así como un día escuchando uno de sus discos de Bob Dylan, encontró el nombre que se transformaría en leyenda: The ballad of Frankie Lee and Judas the priest. Ahora sí con Judas Priest como nombre, la banda comenzó a hacer las gestiones para grabar lo que sería su primer álbum, para esto grabaron dos temas Good Time Woman y Well Stay Together y los enviaron a algunas compañias disqueras, recibiendo respuesta de Harvest e Inmediate Records. La banda realizó una presentación en un local llamado The George Hotel en Walshall. Entre la audiencia de esa noche se encontraba un amigo de Alan Atkins, su nombre era Robert Plant. Inmediate Records encantados con el sonido de la banda les dieron un contrato por 3 años y para celebrarlo su nuevo manager les dió una fiesta de bienvenida en grande. Judas Priest comenzaba la grabación de su primer álbum.

Sin embargo, dos meses más tarde, se encontraron con malas noticias. Alan fue el encargado de contarle al resto de la banda que la compañia disquera se encontraba en un muy mal pie económico y por lo tanto no podrían financiar la grabación del disco. La desilución provocó que en 1970 la banda se disolviera. Bruno se fue a trabajar a Dinamarca, Ernie se fue a Londres, John se mudó a Stourbridge y su roadie John «Magnet», se fue con su nuevo patrón, Ian Paice de Deep Purple. Alan Atkins un tanto desconcertado y solo contrajo una grave enfermedad … matrimonio.

A fines de 1970, Alan se puso en búsqueda de una nueva banda. Una noche en un lugar llamado Holy Joe en Wednesbury, Al escuchó a una banda tocando en una habitación, trato de mirar para ver de quienes se trataba y divisó una cara que le pareció familiar… SI! era el joven que meses antes había audicionado para su banda, K.K. Downing y junto a el se encontraba Ian «Skull» Hill tocando bajo y John Ellis en la batería, todos en un frenético HeadBanging con sus amplificadores al máximo. Alan espero a que terminaran de tocar, se acercó y les pregunto si necesitaban un vocalista, a lo que todos respondieron que si. El nombre de la banda era Freight, pero a Alan, no le gustaba dicho nombre y sugirió el de su ex-banda, Judas Priest.

Luego de un par de meses de ensayos, la banda comenzó a hacer presentaciones en vivo. Abrían sus shows con «Spanish Castle» y otros covers de Jimi Hendrix y Quartermass, y se presentaron como teloneros de bandas como Slade, Budgie, Warhorse y Gary Moore.

En Octubre de 1971, John Ellis dejá la banda y es reemplazado en la bateria por Alan «Skip» Moore, quien sólo estará hasta finales de ese año para ser reemplazado por Chris «Congo» Campbell. En 1972 la banda invade todos los clubs locales con el objetivo de configurar una perfomance adecuada para visitar otras grandes ciudades de Inglaterra. Es así como visitan por primera vez Manchester, Liverpool y Londres. Ese mismo año comienzan a componer los temas que serían incluídos en su primer álbum. Sin embargo, los severos problemas económicos de la banda hacen que Atkins y Campbell dejen la banda ese año.

Con la salida de Atkins de la banda, el resto de los integrantes tuvieron que enfocar nuevamente la dirección que tomarían, lo que por supuesto comenzaba por la incorporación de un nuevo vocalista, a lo que Ian Hill recordó que el hermano de su novia, Sue, cantaba en un grupo llamado Hiroshima y al parecer lo hacía bastante bien y además era ingeniero de ilumación, lo que les venía de maravillas. El nombre de este personaje era Robert Lee Halford. Poco tiempo después se unía a las filas de Judas Priest, el batero John Hinch. Al mismo tiempo y por otra parte, la banda The Flying Hat Band que tenía como guitarrista y vocalista a un joven llamado Glenn Tipton, realizan un demo donde destacan canciones como Coming of the lord, Lost time, Reaching for the sky y Seventh Plains. Judas Priest y en especial K.K. Downing, encantados con la forma de tocar de Tipton deciden ponerse en contacto con él para persuadirlo de que se incorporara a Judas, a lo que finalmente Glenn accede.

La primera formación oficial de Judas Priest quedaba entonces conformada por:
-K.K. Downing – guitarra.
-Glenn Tipton – guitarra.
-Rob Halford – voces.
-Ian Hill – bajo.
-John Hinch – batería.

LAS ALAS DEL DESTINO COMIENZAN SU VUELO

Finalmente en el año 1974 la banda consigue el preciado contrato, el acuerdo es sellado el 16 de abril de de ese año en Londres con la compañia disquera independiente Gull Records y ya el 6 de septiembre de ese mismo año la banda lanzaba su primer álbum Rocka Rolla. El productor del disco fue Roger Bain (Black Sabbath).

Esta primera entrega de los Priest tuvo una pobre acogida por parte del público, talvés provocada por la innegable y por lo demás, demasiada influencia del estilo musical que otra gran banda británica como lo es Black Sabbath, ya había popularizado y marcado como sello personal. Sin embargo esto no fue ningún impedimento para que la banda continuará por el mismo sendero, pero ahora agregando mayor velocidad y estructuración propia a cada tema que compondrían a futuro, para más tarde terminar consolidando un sonido y estilo únicos, que hoy en día se reconoce como el sello Priest que marcó a tantas bandas posteriores que nacieron en la década de los 70’s y 80’s.
En 1975 la banda actúa en el festival de Reading captando la atención de mucha más gente. Para aprovechar dicho enganche la banda termina rápidamente de grabar su segundo álbum el que sería llamado Sad Wings of Destiny y el que años más tarde se convertiría en parte de la discografía más clásica de la banda.

Este nuevo trabajo fue producido por Jeffrey Calvert y en el se incluyeron clásicos de la talla de The Ripper, Tyrant, Genocide y Victim Of Changes, que originalmente había sido concebida como dos temas. Alan Atkins había escrito la primera mitad del tema y la había titulado Whiskey Woman y Rob Halford escribió la segunda mitad llamandola Red Light Lady.

Sin embargo, la situación financiera de la banda no cambiaba, lo que finalmente condujo a que Alan Moore se alejara de la banda por segunda y definitiva vez. Poco tiempo después Alan se mostraría arrepentido de su decisión, pero ya era tarde para regresar. La banda ahora había conseguido fichar para CBS Records, quienes ayudaron a que el tercer disco de la banda viera la luz en 1977.

El nuevo álbum de los sacerdotes se llamaría Sin After Sin y en el se incluirían otros tantos clásicos como Sinner y Diamonds And Rust de Joan Báez, además de otras joyitas como Starbreaker y Dissident Aggressor. Como al momento de la grabación Judas se encontraba sin batero, el álbum fue grabado con Simon Phillips como invitado tras los tarros.

Sin After Sin fue producido por el entonces ex bajista de Deep Purple, Roger Glover, quién tras su alejamiento de los Purple, se había dedicado a producir nuevas bandas, como Nazareth y los mismos Judas, quienes recién comenzaban su camino en el muchas veces tortuoso negocio de la música. Roger un tanto sorprendido por la forma de tocar de K. K. Downing, quién a su parecer, se movía demasiado en el estudio de grabación, le pregunto el porque de esto y le dijo que si no era mejor que en vez de moverse tanto se concentraba más en lo que estaba tocando, a lo que K.K. le explicó su posición: «…cuando toco mi guitarra no solo lo hago con mis manos, si no que con todo mi cuerpo; los movimientos que hago influencian en cierta medida mi forma de tocar, y así todos mis sentimientos y sensaciones que experimento mientras toco quedan plasmados posteriormente en las grabaciones …». Interesante y muy válida posición.

Con un nuevo álbum bajo el brazo, Judas Priest comenzó las giras de promoción y su popularidad se acrecentaba rápidamente con cada ciudad que visitaban. La gira los llevó a debutar entonces en Estados Unidos el 17 de junio de 1977 en Amarillo, Texas, donde acompañaron la gira de Reo Speedwagon, quienes lograban llevar más gente a los conciertos lo que ayudó muchísimo a que el nombre de Judas Priest fuera creciendo cada vez más. Judas dejó los states el 7 de Agosto de 1977 tras dos excitantes presentaciones en el Coliseo de Oakland, junto a Led Zeppelin.

Terminadas las giras Judas vuelve a los estudios a grabar su cuarto disco. Este fue lanzado en febrero de 1978 y su nombre Stained Class, trajo consigo más clásicos que agregar a la larga lista que Judas nos ha regalado durante tanto tiempo: Exciter, Beyond The Realms of Death y Saints In Hell, por nombrar algunos.

Tras los tarros ahora se encontraba el batero Les Binks, quizás uno de los mejores bateros que ha tenido la banda a lo largo de su carrera y quién co-escribió el temazo Beyond the realms Of Death. Comienza el nuevo tour y la banda toca un par de fechas en el Reino Unido para después partir en marzo a los Estados Unidos a promocionar su nuevo álbum y estar como banda soporte en la gira de Foghat. PRIEST gana gran prestigio y experiencia. En Agosto de 1978 debutan en Japón con gran éxito.

Después de Japón ingresan a los estudios con el productor James Guthrie y graban Killing Machine (Hell Bent For Leather, para Norte América) el que es lanzado al mercado en 1979. Temas como Take On The World y Evening Star se convirtieron rápidamente en hits en el Reino Unido. Lo mismo ocurre con The Green Manalishi lanzado como bonus track en Estados Unidos.

Ahora los temas son un tanto más gancheros y digeribles, pero conservan el sonido que la banda venía mostrando y además a estas alturas, Judas Priest ya contaba con legiones de fans quienes comenzaban a vestirse de cuero para asistir a sus conciertos, lo que les daba mayor seguridad para grabar la música que les gustaba y no lo que se esperaba. Comienza el tour de promoción y Judas Priest se embarca en una gira de 66 días por Estados Unidos que comienza el 27 de febrero y termina el 6 de mayo. Luego tras el éxito obtenido por el single Take On The World, la banda se va a Japón. El éxito musical y comercial es evidente y los ayuda a solidificarse como la fuerza más emergente del metal.

Durante el verano de 1979, Judas Priest toma y mezcla todas las cintas grabadas durante la gira por Japón, y en los estudios de Ringo Starr en Ascot, Inglaterra, nace uno de los mejores álbumes en vivo de metal de todos los tiempos: Unleashed In The East.

El álbum es lanzado en septiembre de 1979 mientras Judas se encontraba de gira por Estados Unidos, acompañando a Kiss.

Terminan el año acompañando a Ac/Dc por Europa. Luego de las agotadores giras Les Binks decide irse de la banda y en su lugar reclutan a Dave Holland el otrora batero de Trapeze, la banda de Glenn Hughes.

LAS RAICES DEL METAL SE FORJAN CON ACERO BRITANICO

En 1980 la banda edita uno de sus discos más importantes y un clásico indiscutido en la historia del metal: British Steel. El álbum alcanza el nº 3 del ranking británico y golpea los Estados Unidos en el nº 34.

El álbum trae consigo el mega-hit Breaking The Law (la canción favorita de Beavis y Butthead) y Living After Midnight (la canción favorita de Otto, el chofer del autobús de Los Simpsons), además de otros clásicos como Metal Gods, Grinder y Rapid Fire. El disco se vende como pan caliente alrededor de todo el mundo y alcanzan rápidamente el millón de copias vendidas.

Realizaron un tour por 30 ciudades distintas en Inglaterra y vendieron todos los tickets de los recintos en donde se presentaron por casi 4 meses seguidos. La BBC ráudamente comenzó a trabajar en los videos para Breaking The Law y Living After Midnight. También lograron vender totalmente los shows para las giras por Europa y Estados Unidos. Para terminar aparecen como cartel estelar en el festival de Donnington Monsters Of Rock.

Judas Priest ahora era considerado como «La más grande banda de Metal en el mundo«. En 1981 la banda edita Point Of Entry el que trae como nuevos hits los temas Hot Rockin y Don’t Go. El tema Heading Out To The Highway atrae la atención para ser incorporado en algunos soundtracks y así Priest se convierte en una de las primeras bandas en ser entrevistadas por MTV.
Point of entry tuvo un tour a tablero vuelto y el tour fue desde Febrero a Noviembre de ese año. Durante el verano comienzan a preparar el material del próximo álbum.

Las sesiones del nuevo álbum son realizadas a fines de 1981 en Ibiza, España y las mezclas en Miami. Screaming For Vengeance aparece en el verano de 1982 con el cual la banda realiza su tour más grande que dura 9 meses (6 en E.E.U.U.) comenzando en el verano y finalizando el 26/08/82 en Bethlehem, Pennsylvania. Además participan del Heavy metal US Festival en 1983 ante 300.000 personas.

En 1984 la banda edita Defenders Of The Faith. La punta de lanza del nuevo disco fue Freewheel Burning, para el cual grabaron un video en Londres. Otros grandes temas fueron incluídos en este disco Jawbreaker, The Sentinel, Some Heads Are Gonna Roll y la largamente censurada, por su contenido de corte erótico, Eat Me Alive.

El 16 de marzo la banda comienza un maratónico tour por USA comenzando en Niagara Falls.

En 1985 solamente participaron en el festival de Live Aid, ya que los últimos 5 años habían sido de giras sumamente largas y por tanto, agotadoras. Mientras tanto un joven baterista llamado Scott Travis, proveniente de Norfolk, Virginia, se une a la banda del gran guitarrista Paul Gilbert, Racer X. Al comenzar la primavera ingresan al estudio Compass Point de las Bahamas, junto a Tom Allon quien incorpora nuevas técnicas digitales de grabación, las que serían bastante notorias en la nueva producción que judas lanzaría al mercado.
Tras casi dos años de ausencia, Judas Priest sacude nuevamente al mundo con su nuevo disco Turbo, donde la banda dejó los cueros negros y las puntas y aparecieron vestidos casi como banda Glam. Este nuevo trabajo incorporó batería y guitarras sintetizadas y le dió otro matíz al genero.

Turbo, al igual que Unleashed, British, Screaming y Defenders, fue todo un éxito de ventas, alcanzando discos de oro y platino. Sin embargo las dudas se centraban en el nuevo look que la banda mostraba y como sería la reacción del público ante tal drástico cambio. El tour Fuel For Life, fue el encargado de disipar todo tipo de dudas. La gira de promoción fue a tablero vuelto, al contrario de todo lo que se pudo haber pensado, sin embargo y por razones desconocidas, el tour no incluyo ninguna presentación en ciudades del Reino Unido.

En 1987 la banda lanza su segundo álbum en vivo titulado simplemente Priest…Live, que capturó los mejores momentos de este extenso tour en álbum y en video.
En mayo de 1988 la banda edita su decimo tercer álbum oficial. El título escogido para este nuevo trabajo fue Ram It Down, considerado por ellos mismo como un álbum perfecto y por la crítica, como la segunda parte de Turbo.

Aparte del temazo de speed metal que abre y da título al disco, incorporaron un cover de Chuck Berry Johnny B. Good, el cual fue incluído en el soundtrack del film del mismo nombre. Finalizadas las giras de promoción del nuevo disco, Dave Holland se aleja de la banda.

Despues de dos años de ausencia, Judas Priest impresiona al mundo con un nuevo y majestuoso álbum, el que a esa fecha, venía a transformarse en el disco mas brutal de la discografía de Judas y en donde ahora destacan claramente las influencias speed metal que la banda había incorporado a su estilo.

Painkiller es el nombre de la nueva obra y fue lanzado en 1990. Nombrar solo algunos temas, como los mejores de este disco, es practicamente un pecado. Es en este disco en donde se incorpora el actual e impresionante baterista Scott Travis, proveniente de Racer X.

Es así como Scott viene a cumplir el sueño que venía forjando desde 1982, cuando en un concierto obtuvo un autógrafo de Glenn Tipton. Además se convierte en el primer integrante norteamericano en la banda.

En enero de 1990 la banda se presenta en el Rock in Rio en Brasil.

El punto negativo en ese año estuvo dado por la triste demanda que realizaron los padres de 2 jóvenes que se suicidaron escuchando el tema Better By You, Better Than Me, del álbum Stained Class, que según ellos incluía mensajes subliminales. El juicio fue realizado en Reno, Nevada y el juéz, como es de esperarse en estos casos, dió la razón a la banda. Recordemos que muchas han sido las bandas acusadas por este tipo de cosas en la historia, Judas Priest, Ozzy Osbourne, Slayer, Wasp, por nombrar algunas.

En 1991 se produce el quiebre nunca esperado en la banda. Rob Halford sorpresivamente, dejaba Judas Priest. Era el final de toda una era. La versión oficial dice que Halford se alejó de la banda debido a que el resto de los integrantes no le permitió llevar un proyecto solista, paralelo a su carrera en Judas. A esto se sumó el alejamiento temporal del batero Scott Travis, quién acompaña a Halford en su nuevo proyecto llamado Fight.

1992 se convierte en un año de forzado descanso, ya que aún sin un reemplazante para Halford, la banda se dedicó a disfrutar un poco de todo lo que habían logrado y pasar tiempo con sus respectivas familias.

En 1993 CBS edita un álbum doble de Judas Priest más un video. Este se llamó Metal Works ’73 – ’93 y trae 23 canciones seleccionadas por la propia banda como las mejores de su carrera, incluyendo las canciones que Rob había compuesto para la banda.

En 1995 comienzan las publicaciones en revistas especializadas, de los avisos con que Judas Priest invitaba a la gente a participar de las audiciones para encontrar a su nuevo vocalista. Como era de esperarse, cientos fueron los postulantes que llegaron a las audiciones. K.K. Downing y Glenn Tipton fueron los encargados de seleccionar a 3 posibles candidatos. Mientras tanto, comienzan a escribir el material para el nuevo álbum y Glenn se contacta con Scott Travis para que se reinserte en la banda.

Un día de marzo, Scott Travis ve un video de una banda que interpreta covers de JUDAS y le impresiona el cantante, llamado Tim Owens, de Akron, Ohio. Scott decide viajar a Inglaterra en donde sus compañeros estaban en la definición del nuevo cantante, y entonces les pide que vean la cinta. De inmediato Owens es llamado a Inglaterra para realizar una audición y comienza su sesión cantando Victim of changes. Basto ese solo tema para que fuera contratado.

JUDAS EL SACERDOTE Y EL RENACER DEL DESTRIPADOR

Después de seis años de ausencia, Judas edita su nuevo álbum Jugulator, en donde se integraba a la banda el segundo miembro norteamericano, Tim «Ripper» Owens, quien anteriormente cantaba en la banda Winters Bane. Jugulator muestra a Priest más revitalizado que nunca, imponiendo el estilo más clásico del metal existente en los ’90.

El álbum fue producido por Glenn Tipton, K.K. Downing & Sean Lynch y marcó el regreso en grande de la banda. Judas vuelve a la carga más fuerte que años anteriores. El único país latinoamericano visitado en la gira es México, el 18 y 19 de septiembre de 1998.

Ese mismo año lanzan su tercer álbum en vivo titulado Live Meltdown 98 que trae 24 canciones y en donde Ripper deja claro, porque es el nuevo cantante de la banda más significativa del Heavy Metal… Judas Priest. En 1999 el tema Bullet Train del álbum Jugulator en nominado a los grammys como mejor canción de Heavy Metal.

Ya con dos trabajos de estudio bajo el brazo junto a Ripper Owens, los sacerdotes deciden lanzar un disco doble que capture en vivo la nueva sangre que corre por las venas de la banda.  Es así como el año 2003 lanzan en Cd y DVD, Live In London, un registro que consta de nada menos que 25 temas y en donde podemos apreciar que el poder de la banda en vivo se mantiene casi intacto, además de dejar claro que la voz de Ripper es aún más potente en vivo que en estudio, que se adapta fácilmente a los clásicos de la banda, ejecutándolos con una rigurosidad casi religiosa y demostrando en cada grito porque es el actual (en ese entonces) vocalista de Judas Priest.

Sin embargo, y a pesar que la banda se veía muy afiatada, a fines del año 2003 comienzan a correr los rumores… ¡¡¡Rob Halford vuelve a Judas Priest!!! Aún no eran nada más que eso, solo rumores, pero bastaron solo estos para que el mundillo metalero comenzara a agitarse con fuerza inusitada… no era para menos, la voz de toda la vida de una de las bandas que inventó el Heavy Metal, volvía a casa.  Finalmente los rumores se confirman y con bombos y platillos… Rob Halford vuelve a Judas Priest y ya esta todo listo para la próxima gira mundial de la banda.

Por supuesto que la gira no era solo por dar vueltas al mundo sin motivo alguno, primero editan un nuevo disco, el primero junto a Halford en 15 años, Angel Of Retribution, un disco que causó muchas expectativas, pero que al parecer no logró llenarlas todas, de igual forma era la excusa perfecta para que Priest se tomara las carreteras como en los viejos tiempos y salieran de gira mundial, pero esta vez si que fue ¡mundial!… ya que la versión 2005 del Monsters Of Rock los trajo por fin a nuestras tierras.  Ya no era un sueño, sino toda una realidad, ¡¡¡Judas Priest en CHILE!!!

Aquel martes 13 de septiembre, toda la majestuosidad y a la vez simpleza de clásicos como Breaking The Law, Metal Gods, Victims of Changes o incluso Turbo Lover, hicieron cantar y saltar de alegría a todos quienes tuvimos la suerte de estar ese día ahí, observando y admirando a una de las formaciones más emblemáticas en la historia del metal.  Aquella noche el aperitivo fue también una gran banda, nada menos que Whitesnake, pero al lado de Priest no pasaba de eso, solo un aperitivo, y abriendo a estos dos monstruos tuvimos a los argentinos de Rata Blanca.  Sin duda una noche que no será borrada fácilmente de la memoria de los más de 12.000 espectadores… que espectadores… PROTAGONISTAS de una de las noches más increíbles que el metal ha tenido en Chile.

Lo último que se ha sabido de la banda, es que por estos días se encontrarían en pleno proceso de creación de lo que será el primer álbum conceptual de la banda, y este estaría basado en la vida y predicciones de Nostradamus, el cual sería presentado en su totalidad en los shows del grupo, como un musical épico, con actores, caracterizaciones y escenarios de acuerdo al desarrollo de la historia del disco.

Judas Priest es y será siempre la banda que marcó la forma de entender y comprender lo que es el Heavy Metal más clásico, ese que nació allá por los años ’70 y que se consolidó plenamente en los ’80, con la ayuda de muchas bandas que se influenciaron por la música de Judas y que vieron en ellos, todas las características que creyeron esenciales para alcanzar el éxito como banda: mucho cuero, la mayor cantidad de puntas posibles adheridas en su vestimentas y por supuesto, temas con la suficiente fuerza como para convertirse en clásicos del metal durante mucho tiempo.

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Alineación Actual:

– K.K. Downing (guitarra).
Glenn Tipton (guitarra).
Ian Hill (bajo).
Rob Halford (voces).
Scott Travis (batería).

Rob Halford, el metal god, el ex frontman de los señeros Judas Priest, la leyenda viviente, tenía una vara alta. Una vara que él mismo se había autoimpuesto al lanzar el extraordinario «Resurrection», el pasado año 2000. El título de aquel álbum lo decía todo. Era la resurrección de una de las voces más respetadas y queridas dentro del heavy metal mundial, que había tenido fallidas experiencias tanto en Fight, como en Two, algo incomprensible para alguien que había logrado penetrar con su voz en cada alma metalera, esa voz particular, que lo catapultó a lo más alto del heavy metal mundial, junto a Judas Priest. Caídas que hicieron pensar que Halford no era un gran compositor y que su trabajo en Judas Priest quedaba supeditado a lo que hicieran Glenn Tipton y K. K. Downing. La historia se repetía y hacían recordar las fallidas experiencias de Bruce Dickinson en sus primeros trabajos como solista.

Tal como el ahora retornado vocalista de la otra leyenda viviente del heavy metal (las únicas dos) Iron Maiden, el retorno a las pistas venía acompañado del nuevo Rey Midas del metal, el señor Roy Z, en la producción y composición, quien transformó a Halford, le sacó todo su potencial e hizo que Resurrection fuera uno de los discos más aclamados del año 2000. Tal como lo hizo con Bruce Dickinson y, en menor medida con Helloween, Roy Z volvió a poner a Halford en el mapa. Y de qué manera.

Pero quedaba la interrogante de si Halford iba a poder sacar un disco con semejante potencial, y que no repitiera las mismas fórmulas de su predecesor, algo que el mismo Halford deseaba, al señalar que «Crucible» no sería un «Resurrection Pt. II», pero había que ver si el cambio iba a ser positivo.

Mas qué duda cabe, el Dios del Metal ha resucitado, y ahora lo demuestra con esta extraordinaria placa.

Park Manor, a modo de Intro da paso al tema que da nombre a esta nueva experiencia, Crucible, un tema que desde el inicio nos señala el rumbo del álbum, el peso infernal. Con un inicio de bajo a manos de Ray Riendeau, nuestros oídos son demolidos por el peso de las guitarras de Patrich Lachmann y Mike Chlasciak, y sobretodo un preciso trabajo de Bobby Jarzombek en la batería, tanto en los bombos como en los platillos, con detalles técnicos envidiables. Y como no, la voz de Rob, sonando perfecta a sus ya 50 años, llegando a tonos únicos y respetados tanto por la gente del metal como por aquéllos que no cultivan esta música, como el mismo Pavarotti, quien alguna vez señaló que Halford era la mejor voz del rock, puesto que sus tonos eran inalcanzables. Aquí se mezclan esos tonos con la voz más grave y gastada, pero no menos increíbles de esta leyenda, y es aquí donde está la característica puesto que va acorde al peso de cada tema.

Si habíamos comenzado bien, lo siguiente es literalmente un mazazo en el cráneo. Un brillante redoble de Jarzombek da paso al tema más rápido del disco, el single, Betrayal, que a pesar de ser un tema single (video incluido), es veloz, pesado, y con una voz de Rob que alcanza un nivel inhumano. Es increíble que a pesar de los años y de todo el desgaste que significan más de dos décadas de canto, se siga manteniendo en semejante nivel. Cabe señalar que el grupo deslumbra como banda, con unos guitarristas brillantes, y un ritmo endemoniado.

Pero el poder no decae Handing Out Bullets, es nuevamente una muestra del dios del metal versión 2002, sin ser tan rápido deslumbra con un doble bombo muy marcado y una voz de Halford que va doblada en agudos y graves, lo que le da un aire muy potente. Un tema que sobretodo en su riff me recuerda esa maravillosa placa de 1990 que sirvió como base a toda una generación de músicos y banda, me refiero al increíble Painkiller. Nuevamente resalto la impresionante tarea de Jarzombek en la batería, metiendo unos dobles bombos, tanto en el medio del tema, como en el desbocado solo. Una muestra de violencia y melodía grandiosa.

Y la descarga continúa, una pesada Heart of Darkness, con una voz más limpia y baja de Rob, nos muestra lo multifacético que logra ser como cantante. Un precoro muy oscuro, con voces distorsionadas, dan la tónica de la diferencia entre Crucible y Resurrection, ya que esta nueva placa es absolutamente más oscura, tanto musicalmente como líricamente, tocando temas religiosos, oscuros incluso un tanto demoniacos. Nuevamente se luce la banda como un todo, es más que Rob Halford sobresaliendo, sino que es una banda completa, afiatada, lo que se demuestra en un excelente trabajo en el solo, muy pesado y oscuro.

Lo que viene es algo más pausado, pero a la vez más denso. Crystal cuenta con esas características, a pesar de ser un tema más pausado, con guitarras casi sin distorsión cuando Rob toma el micrófono, cuando las guitarras agarran potencia (sin velocidad) dan ganas de cabecear el tema. Un excelente momento de pausa, pero que no hace perder el vigor de la placa. Un intermedio melódico, un tanto melancólico hace de este tema un complemento perfecto a la fuerza mostrada en cada segundo de la placa, y eso se demuestra en la voz de Halford, salida del alma y en un solo precioso, que llega a los poros de quien lo escucha.

Pero el peso se sigue haciendo presente, con el riff demoledor de Heretic, otro momento en que se nota la mano de Roy Z en las perillas, puesto que suena pesado, fuerte y sobretodo demoledor, algo que él sabe hacer, sin duda, sino recuerden los trabajos donde él estuvo con Bruce Dickinson (Accident of Birth y Chemical Wedding) y con Helloween, donde en el Dark Ride bajo las guitarras y nos entregó un trabajo extraordinariamente oscuro, el mejor de la época Deris.

Siguiendo en el tema, es impresionante ese peso en la parte anterior al solo, que va acompañado de unos acordes de teclado, por lo cual la atmósfera es oscura, muy oscura. Oscuridad que se sigue mostrando en Golgotha, un tema pesadísimo, con un Rob cantando grave es sus inicios, y con un cambio de ritmo extraordinario al medio del tema, oscuro, demoniaco y donde Halford saca todo su potencial vocal, acompañado magistralmente por una banda consolidada. Recordemos, sin ir más lejos su visita a Chile el 15 de Enero del 2001, con los dioses de Iron Maiden, donde la banda y Rob nos dieron un mazazo en el cráneo sonando en partes incluso mejor que la banda principal… y eso es mucho decir.

Un inicio en guitarras y batería a doble bombo magistral dan paso a uno de los mejores cortes del álbum, Wrath of God, que nos muestra a un Rob que ya no necesita llegar a tonos inalcanzables, muestra matices, a los 50 años sigue evolucionando en su estilo de canto, en este corte con una voz cruda, grave, que da el tono justo a un tema extraordinario, con un trabajo en batería, que no me canso de decirlo es impresionante.

La mano de Roy Z se nota en el siguiete corte, Weaving Sorrow, un tema más pausado, si se quiere más digerible en su estrofa, pero con un coro excelente, más acelerado, con unas voces de Halford muy oscuras, cuando dobla los agudos con los graves. Es un tema para cabecear, para disfrutar. Dónde se nota el «factor Roy Z», en las guitarras, tienen un sonido característico, que se repite un poco en Helloween y el lo que hizo Roy Z con Bruce Dickinson. Demás está decir que es un temazo.

Cuál es la diferencia entre el trabajo de Dickinson solista con el de Halford. Sin duda las composiciones. A pesar de que se asemejan ambos trabajo en cuanto a sonido, los temas de Halford son mucho más simples y menos pretenciosos que los de Bruce, pero que sin embargo logran penetrar el alma. Y eso se nota en Sun, un tema con un inicio muy simple, con un riff sencillo, pero muy agradable, con un intermedio donde Rob, luce una voz limpia excelente, como dije, cada día, en cada álbum, Halford nos sorprende con una mejor performance.

Lo que viene es sin duda lo más emocionante del disco, Trail of Tears es un tema lento, denso, pero con un corazón enorme, con cada nota que logra penetrar el alma, para mí, uno de los mejores momentos del álbum, puesto que Halford logra traspasar todo el sentimiento hacia quien lo está escuchando, con un cambio de ritmo en el solo extraordinario y nuevamente con un trabajo de Jarzombek en el borde de la perfección.

El par de temas que ya dan casi la nota final al disco, siguen en esa senda de sentimiento trazada por la ya nombrada Trail of Tears, puesto que tanto She como Fugitive, son temas en que las revoluciones bajan un poco, pero Halford da paso al sentimiento, al traspaso de emociones. Es en este sentido que el álbum destaca tanto, puesto que son bastantes temas (15 para ser exactos) pero no aburre, tiene la variedad necesaria, con temas cortos que de alguna forma ingresan en tu sangre, puesto que varía entre temas directos, a la vena, y otros que llegan al alma con todo el sentimiento de esta leyenda del rock y del metal.

Podemos señalar que para el fin del disco, y a modo de bonus track, Halford nos reserva una buena dosis de rock con Forever, un tema bastante simple, pero como se señaló muy directo, efectivo y al grano, sin maquillajes ni concesiones.

En suma, Rob Halford, demuestra nuevamente su peso, tanto en la vida del metal como en la historia de éste, al no dormirse en los laureles tanto de su carrera con Judas Priest, como en su resurrección como solista. Sin duda, uno de los grandes discos del 2002, de la mano de un maestro como Rob Halford, que calla la boca de todos los incrédulos.

¿Quién dijo que Dios no existía?