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«And God shall wipe away all tears from their eyes: and there shall be no more Death. Neither sorrow, nor crying. Neither shall there be any more Brain: for the former things are passed away».

Extraído casi textualmente del Apocalipsis… casi. La palabra «brain» ocupa el lugar que debería bien hacerlo «pain». Sin entrar a interpretar qué es lo que Iron Maiden quiso decir, o ver cómo se originó, posiblemente por alguna anécdota cuando Bruce Dickinson escribía su primer tema para Maiden, Revelations, el cambio dio pie al cuarto disco que se llamaría Food for Thought…

Era un nombre que no estaba alejado de la parodia del versículo. Pero cuando llegaron a los últimos pasos de la producción del trabajo y vieron la ilustración que se añadiría a la portada Steve Harris lo cambió a Piece of Mind… otro juego de vocablos en le que se deshacían de «peace». Se trata del dibujo en tono amarillento en el que aparece Eddie encadenado a las paredes de lo que parece ser un manicomio, tratando de arrancarse una camisa de fuerza… un Eddie al que le practicaron una lobotomía y le volvieron a apernar el cráneo… Un cambio a notar, la primera mutación de la mascota de Iron Maiden que no se le volvería a ver, hasta mucho tiempo y discos después, como en los tres primeros álbumes: de jeans, polera y pelo largo.

Más cambios trajo Piece of Mind. Como cualquier banda que alcanza el primer puesto en los rankings de su país como lo hizo Maiden con The Number of the Beast, para el próximo se dieron lujos como el de ir a grabar a Bahamas. El vídeo clip de Flight of Icarus en el que hubo un intento desafortunado y sin éxito armar una trama de fondo, con un extraño personaje vestido de negro, muestra imágenes de las sesiones que se llevaron a cabo allí. Pero el cambio más trascendente fue la llegada de Nicko McBrain. De ser un baterista británico perdido en una banda francesa que Maiden conoció durante su gira, se transformó en la primera cara que aparece en ese video y en el que personifica al «protagonista». Es decir, ¡cómo se adaptó a Maiden este señor! Un par de clichés: como si hubiese estado siempre, como si hubiese estado destinado…

Famosa es esa introducción que Nicko se manda en Where Eagles Dare, un tema que está hecho para él, en el que hace un trabajo formidable en toda su extensión, los mejores baquetazos que Maiden había enseñado en su carrera hasta la fecha. De inmediato, de entrada para el que tuviera dudas acerca de la elección que se hizo. Life in Maiden is never the same again y se nota también en la música.

Y si de famosa de trata The Trooper acapara todas las miradas. Después de The Number of the Beast y Run to the Hills quizás no haya canción más reconocida en la trayectoria de Maiden. Su mito es tan grande que la imagen del Eddie soldado en un campo de batalla con un espadín ensangrentado en mano y una bandera británica maltrecha en la otra es imborrable, más fuerte que la del Piece of Mind mismo. Es una de las canciones que patentó el galopeo de Iron Maiden, furiosa, con un lead que dinuja un tema principal emblemático, con cortes de muy buen gusto, con los ohs más famosos y coreados del metal… ¿Es necesario decir algo más? Una obra capital de Harris que no hace más que aumentar su leyenda a medida que pasan los años y sigue estando presente en las presentaciones de la bestia.

Otros temas de la autoría del bajista mentor de Maiden son Where Eagles Dare, ya comentada; la épica To Tame a Land, que en 1983 se debió haber visto como un intento de emular el espectacular final que Hallowed by thy Name dio a The Number of the Beast, pero que ahora se ve como un ensayo, muy bueno por lo demás, de las grandes épicas que le sucedieron: Rime of the Ancient Mariner, Alexander the Great y Seventh Son of a Seventh Son. El punto bajo de Harris, y del disco, es Quest for Fire, basada en la película del mismo nombre que trata sobre una comunidad de cavernícolas que lo único que tienen es el fuego para sobrevivir a la Era Glacial. Buena idea, pero si se mezcla con frases como In a time when dinosaurs (¿?) walked the Earth… y una línea que dice and caves were home puesta tan alta que hasta Dickinson pierde fuerza, hmm… bueno, son muchas las canciones de categoría que hay en este disco como para detenerse en aquello.

Una de esas es Revelations, como se dijo el primer tema que Bruce aporta para Maiden, adentrada en el espíritu del grupo, mitad pausada con quiebres potentes en «formato» instrumental… No se puede hablar de un buen apronte porque sin más Bruce demostró que ya estaba presto para participar activamente en la banda. Era increíble lo que Iron Maiden había progresado gracias a los nuevos horizontes que la voz de Dickinson abría, era demasiado grande para ser considerado el «segundo» cantante… hacía tiempo que ya se había destapado como un excepcional vocalista y ahora lo estaba haciendo como músico. Esto sin contar la llegada de McBrain lo que convenció a Harris para decir que Piece of Mind «era lo mejor que habíamos hecho, fácil».

Nuevas fórmulas suman y siguen. El single Flight of Icarus inaugura el «otro bando» encargado de la composición, el dúo Smith-Dickinson que traerían para Maiden canciones más rockeras, menos épicas. La otra de este nuevo equipo es Sun and Steel, al que se les uniría Harris en Die with your Boots On, un muy buen tema, con un riff marcadísimo, con un coro que más que para cantarlo fue hecho para cabecearlo, directo.

Ahora, cada grupo tiene sus temas subvalorados y creo que The Loneliness of the Long Distance Runner de Somewhere in Time y, el que compete a este comentario, Still Life, son los de Maiden que no han recibido la atención que merecen. La canción es sensacional, una maravilla, y única porque no volverían a repetir este tipo en el futuro. No voy a entrar a describirla, sólo decir que es una canción tan espectacular como… desapercibida.

Piece of Mind es tremendo, un archivo documental del Heavy Metal, como también de los mejores tiempos de Iron Maiden. Esto, con lo difícil que es el no caer en las mismas afirmaciones de grandiosidad con cada álbum, porque la trascendencia de Maiden no está en un disco, está en su todo. Pero este, junto con The Number of the Beast, se transformó en la cruz de la banda, en su carga, en el marco de referencia hasta hoy, en el disco a superar con cada nuevo lanzamiento, en lo que siempre se han esmerado. Independiente que lo hayan logrado o no, siempre saldría la frase «es lo mejor que hemos hecho desde Piece of Mind». Lo dijo Maiden cuando sacó Seventh Son of a Seventh Son, cuando quisieron cambiar parámetros con Fear of the Dark, con Brave New World… también fueron palabras de Bruce Dickinson para Skunkworks y Accident of Birth. Saben que lograron algo especial con The Number of the Beast y Piece of Mind… que los perseguirá por siempre. Por algo será.

¿Cuál fue el primer álbum de Iron Maiden que escuchaste? Recuerda y analiza bien si en cierta forma esto influenció determinantemente en la forma que tienes de ver a la banda; es un ejercicio entretenido de hacer, ya que cada álbum de la doncella es un mundo diferente y dependiendo de la etapa de la historia de la agrupación, pueden haber algunos LP´s más “apropiados” que otros para entenderla bien y no llevarse falsas impresiones. Ok, quien escribe estas palabras tuvo la fortuna que el primer álbum que escuchó de Iron Maiden fue éste, el “Seventh son of a seventh son”, y no sólo lo convirtió de forma instantánea en un acérrimo fanático del Heavy Metal en desmedro de otras corrientes de la época como el glam o el thrash, además marcó una etapa importante en su vida que sólo los fans de verdad de la Doncella de Hierro pueden entender.

Todas las veces que hemos colocado en los sitios MetalTrilogy una encuesta sobre el mejor álbum de Maiden, ha ganado siempre el grandioso Seventh Son of a Seventh Son…¿porqué? ufff, la respuesta da para largo porque aparece una antigua polémica entre los fans de maiden “hasta el Powerslave” y los fans de Maiden de toda la discografía, o sea, los de verdad, veamos.

Muchos son quienes afirman que el verdadero Iron Maiden llegó hasta el The Number of the Beast o Piece of Mind y le conceden (casi como “alargue”) un leve honor al Powerslave, ya que después del Somewhere in Time (el primer álbum donde Maiden emplea teclados), la banda “habría perdido la agresividad, o la fuerza o bla bla etc”, y bueno, olvidan que los maestros nunca son obvios, y en el camino ponen obstáculos para que al final queden sólo los de verdad, y Iron Maiden está dirigido por un maestro, un inglés provinciano que hace muchos años se ganó un lugar destacado en el Olimpo del Metal: el señor Steve Harris; en efecto, probablemente después de la “bomba melódica” del Somewhere in Time, la banda se puso quizás menos “hard rock”, pero ganó en algo que es su sello, y que hasta el día de hoy define 100% el que podríamos llamar como “Iron Maiden trademark”: la potencia melódica, que es alimentada estratégicamente por el estilo del gran vocalista, esgrimista y piloto Bruce Dickinson, la composición de Steve Harris y la fuerza de su estilo como bajista que hace que una misma nota en más de 3 compases no suene repetitiva, las inolvidables guitarras paralelas de Dave Murray y Adrian Smith, que ahora son potenciadas por el notable Janick Gers,  y el inconfundible estilo de Nicko Mc Brain, que engaña a muchos con su “pie veloz” que parece doble bombo pero no lo es….Iron Maiden es grande desde que Steve Harris tomó el primer bajo, hasta el último acorde del A Matter of Life and Death, tiene la carrera más regular de las “mega bandas” y JAMÁS ha decepcionado a sus fans de verdad, pocas agrupaciones en la historia de la música pueden decir esto…up the irons!!!

Bueno, Volviendo al tema del review, ¿y después del Somewhere in Time qué? Se preguntaba Steve en la segunda mitad de los 80´s, y la respuesta no era para nada obvia, ya que ese gran álbum iba precedido por uno de los mejores trabajos en vivo de la historia, el Live after Death y del grandioso Powerslave….bien, para el nuevo trabajo no habría un fondo futurista ni una inspiración histórica; tanto Steve, como Bruce, Adrian y Dave tenían en mente hacer algo conceptual e interesante, y qué mejor que hacerlo sobre una vieja leyenda de la edad media, aquella que decía que “el séptimo hijo de un séptimo hijo” nacía mago (o brujo, depende si uno siente afinidad o no por las “ciencias ocultas”); por otra parte, era el séptimo álbum de la banda, así que el esotérico nombre Seventh Son of a Seventh Son cuadraba muy bien con todo, era un buen presagio…de hecho, no por nada este trabajo le daría a la banda nada menos que 4 singles top ten.

Y así fue como el año 1988 vió a una banda consagrada y afiatada instrumentalmente de forma muy sólida, si a eso se suma ganas de explorar en la composición conceptual y lo más importante, talento, el resultado debía ser acorde a las expectativas, y así fue: Seventh son of a seventh son vio la luz entrando al N° 1 del ránking inglés, permaneciendo en los Top 5 por varias semanas. Las razones de este histórico hito para una banda de Heavy Metal son ocho notables temas, de tan alta factura que se puede afirmar que son todos igualmente parejos en alta calidad de composición y ejecución….ok, comencemos a relatar la leyenda del séptimo hijo del séptimo hijo….

“Seven deadly sins (siete pecados mortales)
Seven ways to win (siete rutas para ganar)
Seven holy paths to hell (siete vías sagradas al infierno)
And your trip begins (y tu viaje comienza)

Seven downward slopes (siete cuestas descendentes)
Seven bloodied hopes (siete esperanzas sangrientas)
Seven are your burning fires, (siete son tus fuegos ardientes)

Seven your desires…” (siete tus deseos…)

Si a esta esotérica breve intro acompañada de guitarra acústica, le agregamos un ambiente de luz tenue y reflexión, tendremos el sitio ideal para comenzar la historia del séptimo hijo de un séptimo hijo…¿el hijo de la luna?
El relato comienza con

Moonchild, trabajo que no es el típico tema inicial estilo “sirena antiaérea” de Maiden como Aces High, pero tiene su estampa, más reposado, más profundo, un buen preámbulo para un álbum conceptual y esotérico……pero,  ¿comienza con teclados? Sí! ¿y qué? Smith y Dickinson han de haber sabido muy bien la atmósfera que querían crear al componer el tema ya que el resultado es notable. En las letras se puede comentar que el alma del pequeño séptimo hijo es disputada por 7 ángeles y 7 demonios, él es tentado por ambos lados y dentro del álbum se verá qué pasa… naturalmente cabe preguntarse ¿a quién elegirá?

Infinite Dreams: Este tema si es escuchado en vivo tiene que ser como en el video de Maiden England….preámbulo de silencio, luces bajas y ambiente de revelación, no puede ser de otra forma. Musicalmente es el clásico tema de Steve Harris que comienza lento pero que rompe con cambios de ritmo varias veces, cuando es necesario, y de la forma que a todos nos gusta. Las letras son increíbles, y se refiere a experiencias fuertes en los sueños ¿has soñado que no puedes despertarte y caes en una especie de ciclo en que no sabes si estás despierto o dormido?, o bien ¿luego de despertar asustado de un sueño, has evitado volver a dormir? si ha sido así, este es tu tema.

El siguiente, Can I Play with Madness? junto al tema “lado B” llamado Juanita, es quizás la composición más “taquillera” de la Doncella de Hierro. ¡Esta canción recuerda que también existen acordes mayores para el Heavy Metal! Es muy dinámico y entretenido de escuchar, pero no por ello las letras dejan de ser muy interesantes.
Como dato anecdótico se puede mencionar que este track fue ampliamente difundido en las radios chilenas más masivas de la segunda mitad de los 80´s como la radio “Galaxia”, la que tenía un programa de ránkings animado por un gringo conocido como el “compadre Chris”, quien destacaba que esta canción no sonaba “todo lo pesado” que podía sonar Maiden, “perro erua una cancioun muy good” jaja, que recuerdos.

The Evil that Men Do es el otro tema del álbum (junto a Can I Play with Madness?) compuesto por la tríada Smith-Dickinson-Harris (en ese orden),  y es uno de los referentes casi obligados en vivo de la banda, en la era post Live after Death. Musicalmente representa de forma exacta lo que es Maiden: fuerza en melodía potenciada con la voz de Bruce y las galopas de fondo producidas por el bajo de Steve y la notable dupla Murray-Smith; mención aparte merece el notable solo de Adrian en su estilo austero pero elegante y efectivo…es uno de los candidatos a ser el mejor track del álbum.

Seventh Son of a Seventh Son es en todas sus letras un TEMAZO, de principio a fin majestuoso, sólido, obscuro y en cuanto a composición lleno de recursos, como para dar cátedra. En algo más de 8 minutos el misterioso nacimiento del séptimo hijo  es relatado:

“Today is born the seventh one (hoy nace el séptimo)
Born of woman the seventh son (nacido de mujer el séptimo hijo)
And he in turn of a seventh son (y alternado de un séptimo hijo)
He has the power to heal (Él tiene el poder de sanar)
He has the gift of the second sight (Él tiene el don de la segunda vista)
He is the chosen one (Él es el elegido)
So it shall be written (Que así sea escrito)
So it shall be done”  (Que así sea hecho)

El siguiente tema, The Prophecy es quizá el tema subvalorado de SSOASS, y aunque es algo injusto ya que se merece muchos de los reconocimientos de los otros, es algo entendible ya que debe “competir” con 7 colosos. Dave Murray compone poco, pero cuando lo hace, realmente COMPONE. En esta caso no sólo aportó la notable outro acústica de la canción, las refrescantes líneas melódicas que se escuchan en todo momento reflejan la creatividad del compositor “tapado” de Maiden; la diferencia que se hace notar es precisa para que el LP logre mayor variedad. La historia de este tema se basa en la profecía del séptimo hijo en la que nadie cree, y ya es muy tarde…

A continuación, el bajo de «el jefe» Harris hace sentir todo su poder con la inconfundible introducción de otra creación suya: The Clairvoyant, uno de los temas favoritos de los fans, y eje del álbum. Aunque cuando entran las guitarras se puede intuir un “deja vu” a algunos acordes de la parte pausada de Rime of the Ancient Mariner, es destacable el cómo la melodía cuadra perfecto con el ambiente de las líricas de la canción, que hacen referencia a los poderes sobrenaturales en crecimiento de nuestro protagonista; incluso se habla de su gran defecto: “But for all his power couldn’t foresee his own demise (pese a todo su poder, no podría prever su propio fallecimiento)».

La historia termina con un sugerente título: Only the Good Die Young, creación de la digamos, «nada despreciable» dupla Harris –  Dickinson (suma de egos y talentos produce gran sinergia no?). Nuevamente tenemos todo el resplandor de la dupla de guitarras, una muy convincente performance de Bruce, la certera base rítmica de siempre, y entre los recursos más “novedosos”, un cambio de tono “hacia abajo”….del resto, obviamente tenemos galopas maidenianas y un coro de los que se recuerdan y no aburren: “Only the good die young, and the evil seem to live forever” (sólo el bueno muere joven, y el mal parece vivir para siempre), ahora si es algo bueno o malo, depende, esa es la idea del buen arte, dejar caminos inconclusos….lo cierto es que este tema sella la despedida del protagonista del álbum, quien ve el futuro, quien es el elegido, pero no le creen, es el séptimo hijo de un séptimo hijo… un gran final para un gran álbum  …have a good sin!

Bueno, para concluir y volviendo a la pregunta inicial, esa del porqué muchos consideran a este álbum como el mejor de Maiden, quien escribe puede modestamente responder con mucha propiedad, ya que no es su álbum favorito: porque es increíblemente parejo en calidad, no tiene puntos bajos, tiene las características de Maiden de todas las épocas, y las pruebas de creatividad, composición y ejecución las aprueba con 100/100, es decir, es sencillamente genial, y punto.

Muchas cosas se cuentan sobre The Number Of The Beast, muchas cosas marcaron al disco y a la banda. Anécdotas como que los amplificadores se apagaban en el estudio mientras grababan el disco o el incidente que le ocurrió a Martin Birch, productor, cuando chocó y tenia que pagar 666 dólares, por lo que se negó y prefirió pagar 667. Es un disco lleno de marcas que de a poco fueron construyendo y que transformaron en una maravilla, una obra maestra y que poco a poco ha marcado parte de la historia del Heavy Metal y se ha convertido en uno de los elementos mas importantes de su historia.

Iron Maiden ya se había presentado con dos álbumes, Iron Maiden, homónimo de la banda y Killers, ambos grandes álbumes con grandes éxitos que hicieron que poco a poco la banda se fuera consolidando y ganando un ferviente público. Sin embargo, estos discos anteriores nos presentan cómo Maiden se comienza a abrir al mundo, con grandes temas como Phantom Of The Opera o Killers, pero aun prematuros para el verdadero nivel al que podían llegar. No es hasta la salida de The Number Of The Beast que la banda conoce el éxito en un sentido total. Con sus dos primeros álbumes, Iron Maiden ya recorría gran parte de la escena metalera y se comenzaban a abrir las puertas del mundo para esta joven agrupación, en la que nuevo público -más Heavy Metalero- de la NWOBHM comenzaba a confiar. Es así como The Number Of The Beast se transforma en uno de los álbumes mas importantes de la historia de la doncella y del Heavy Metal.

Pero… ¿Cuál es el secreto que trae The Number Of The Beast entre sus compases?.

Uno de los principales factores que hace a este álbum uno de los mas grandiosos es el factor Bruce Dickinson, ex Samson que se integra en las filas de la banda para reemplazar la voz del por esos años polémico Paul Di´Anno que, por su mal comportamiento, irresponsabilidad y su problema con drogas y alcohol fue sacado de la banda. Dickinson era un joven que algo de fama había ganado ya por su participación en algunas bandas de menor éxito como Samson, era reconocido por su gran habilidad y registro vocal. Así es como en 1981 pasa a sustituir la voz de Di´Anno y se convierte en el nuevo frontman de la doncella. Ahora bien, no hay que transformar a este álbum en la historia de Bruce Dickinson, ni mucho menos el disco en que mas destaca por sus habilidades vocales, sino que este álbum ha de ser considerado en parte como la carta de presentación del nuevo vocalista y en parte como el nacimiento de un renovado Iron Maiden y una nueva etapa para el Heavy Metal con la doncella a la cabeza.

The Number Of The Beast ve la luz un 29 de marzo de 1982 y en muy poco tiempo consigue llegar al número 1 de los charts ingleses. Sorprende y supera todas las expectativas de los fans y la nueva crítica que en ese tiempo recién nacía.

Comienza el álbum con Invaders, un riff rápido, en donde por primera vez se puede apreciar la calidad y capacidad vocal de Dickinson. Invaders para muchos considerado como un gran porrazo de Maiden, principalmente porque es una canción que esta en todo su esplendor, que cumple con aquella formula perfecta que hace de una canción de apertura lo mejor del disco y que de principio a fin te hace saber que el disco valió la pena, sin embargo en el momento en que llega el coro (para algunos) ¡todo esto se va a la basura!, un coro bastante o demasiado histriónico para un tema que bordeaba la perfección, para otros considerado un gran tema de velocidad y perfecto para conocer a Bruce Dickinson con una excelente performance en las voces.

Le sigue Children Of The Damned, una canción lenta, mid-tempo, sin transformarse en una balada consigue una mezcla de drama en sus letras y en la cual el elemento y la calidad de la voz se vuelve imprescindible para su interpretación. Comienza con unas finas y hermosas guitarras limpias, en donde destaca la maestría de Harris con el bajo y en donde Clive Burr cierra la canción con un ritmo de marcha que va creciendo hasta llegar al final del tema. Esta basada en una película que lleva por titulo el mismo nombre de la canción.

«I´m Not A Number, I´m A Free Man». Es la frase que da comienzo a The Prisoner. El tema esta basado en una famosa serie de la época que tenia el mismo nombre, la frase ya nombrada sintetiza el espíritu de la canción y del personaje rebelde de la serie llamado Patrick McGoohan, a quien el propio Harris y Rod Smallwood (manager) pidieron que les autorizara a poner la introducción en su canción. El resultado es una increíble canción que en 6 minutos nos deleita con rapidez, con gran creatividad y una increíble participación de Dave y Adrian en las guitarras, con solos (compuestos por Adrian) que son una sinfonía al oído humano, «Now The Number is a Free Man».

Un muy extraña historia de, ¿amor?. Aunque la canción habla sobre Charlotte The Harlot, la prostituta de la que hablan en su primero disco también, es una extraña historia de amor en que un amigo de Charlotte, después de que la acusa y de que habla mal de ella con sus amigos le dice que irá a buscarla, porque ella merece algo mejor. 22 Acacia Avenue es un tema bastante extenso, por momentos se siente demasiado largo, pues se ve como Dickinson en la voz va narrando la historia. Aun así es como un tema imperecedero, podría ser eterno y seguiríamos escuchándolo sin aburrirnos. Es importante destacar que por primera vez en este álbum comienza la participación mas directa en la composición de los demás integrantes de la banda, al igual que en el tema anterior Harris y Smith se hicieron cargo de los pentagramas de 22 Acacia Avenue.

Hacer un review o un simple comentario de un disco como este se transforma en una tarea difícil, en especial si nos damos cuenta del peso que tiene este álbum. Por eso más que nada creo de vital importancia, mucho más que el poder retrata una opinión sobre la calidad musical de las canciones o simplemente informar sobre la calidad del disco, es dar un opinión sobre el peso que tiene The Number Of The Beast dentro del Heavy Metal. A esta altura, sino todos, la gran mayoría de los oyentes de Heavy Metal conocen de arriba a abajo este trabajo y han de darse cuenta de que no es un álbum más dentro de las discografías.

The Number Of The Beast es el representante oficial del nacimiento de una de las bandas más importantes del metal, claro esta que la banda nace con el disco Iron Maiden, pero para muchos la historia de la banda se divide en antes del The Number Of The Beast y después de este. Pero ¿qué es lo que hace tan importante a este álbum? Uno de los motivos es el ya mencionado elemento nuevo: Bruce Dickinson, el cuál transforma la banda dándole y ayudando a que se consolide una imagen mucho mas fuerte, de una banda mucho mas sólida y de cierta medida mucho mas madura en su forma de componer y en su forma de presentarse ante su público. Si bien esto es gran parte del éxito de la doncella, otro de los factores que ayuda es lo que mencionaba hace poco: en este álbum no es solo Harris quién compone las canciones, sino que hay una mayor participación de los demás integrantes de la banda, lo cuál se nota bastante, en especial el trabajo de Adrian Smith, que deja una huella bastante notoria.

Personalmente no creo que haya un antes y un después en la historia de Iron Maiden y menos en la historia del Heavy Metal. Ambas historia han cursado por diversos caminos, pasando por momentos buenos y malos y The Number Of The Beast es un momento cumbre para una banda que ya con su tercer disco se corona mundialmente como parte de los padres del heavy.

«Woe to you, Oh earth and sea, for the devil sends the beast with wrath, because he knows the time is short …Let him who hath understanding reckon the number of the beast, for it is a human number; its number is six hundred and sixty-six». («Por eso, alegraos, oh cielos, y vosotros, los que habitáis en ellos. Maldición a la tierra y al mar, porque el diablo ha descendido hacia vosotros con gran furor, sabiendo que queda poco tiempo ….]Aquí la sabiduría. El que tenga inteligencia, calcule el número de la bestia, un número de hombre. Su número es 666».)

En la voz de Vincent Price escuchamos recitados estos versos pertenecientes a el capitulo XII, versículo 12, y el capitulo XIII, versículo 18 del libro de El Apocalipsis, en la Biblia. La canción fue inspirada en parte por la película «Damien – The Omen II» (La Maldición de Damien) y en parte por pesadillas que tuvo Steve Harris. Trata sobre un encuentro con el diablo y es una canción que habla sobre el satanismo, NO a favor de este, ha sido malinterpretada desde siempre, pero aun así esto los ha favorecido para con el público en un cierto sentido, pero no tanto con la crítica, por lo menos no en los años en que el disco vio la luz por primera vez. La canción que da titulo al disco se ha transformado en un himno para el Heavy Metal, es una increíble composición del maestro Harris. Comienza con una tremenda intro a base de guitarras y revienta en todo su esplendor cuando llega al coro. Es imposible no cantar y corear la canción completa. En solo 4 minutos y 50 segundos se transforma en una de las canciones más importantes, no solo por ser la que le da el título al álbum, sino por ser imagen representativa de lo que es el Heavy Metal.

Es tremenda, después de alucinar con el tema anterior no podían poner algo menos que el corte número 6 de este álbum: Run To The Hills. Un excelente tema, muy representativo de Maiden. Es simple y a la vez perfecto, con una rapidez y un ritmo que asemejan a un galope de caballo, al mas puro estilo de la doncella. Se puede apreciar con fineza como el bajo recorre de espectacular forma en conjunto con la batería todos los compases de la canción, las manos de Steve Harris realizan un trabajo perfecto en el tema. El 12 de Febrero de 1982 editarían el single Run To The Hills, con Total Eclipse en su cara B. El tema Run To The Hills cuenta la historia de la masacre de los indios americanos por parte de los soldados, visto desde los dos puntos de vista: la primera parte cuenta la de los indios y la segunda la de los soldados. Alcanzó el puesto 35 en las listas inglesas de sencillos. También destaca en especial la batería en manos de Clive Burr, quién con una espectacular forma da comienzo a la canción. Las guitarras cumplen su función a la perfección al igual que la voz de Bruce y de esta forma la canción concluye y se ha transformado en uno mas de los himnos y de las canciones mas representativas de la banda. Run To The Hills es simplemente Iron Maiden.

No habíamos escuchado una canción en la que no participara Harris en la composición, Burr y Smith a cargo del tema, por lo que el séptimo track se transforma en una sorpresa para todos. Gangland comienza con un solo de batería bastante simple, que aunque no es espectacular esta bien interpretado y no requiere de un mayor virtuosismo para comenzar bien el tema. No está adentro de los favoritos y destacados de este álbum, sin embargo es un buen tema que se mantiene muy dentro de los parámetros de composición de Harris. Con gran interpretación en las seis cuerdas Smith y Murray hacen de las suyas en el tema.

Después de haber escuchado The Number Of The Beast y Run To The Hills es difícil poder imaginarse que todavía pueden sorprendernos con un tema tan bueno como Hallowed Be Thy Name (Santificado Sea Tu Nombre). La canción cuenta la historia de un prisionero al cuál le quedan pocas horas de vida. El tema mas completo del disco, tiene una espectacular entrada en donde las armonías hechas por las guitarras combinan a la perfección con la voz de «Air Ride Siren», mas conocido como Bruce Dickinson. La canción esta llena de una atmósfera tenebrosa, casi oscura. Espectacular es la forma en que Dickinson hace uso de sus dotes vocales y hace estallar la canción con un clásico galope. Muy bien interpretado por Clive y Harris en conjunto y partiendo con el solo de Dave y seguido el de Adrian la canción continua para no acabar. Hallowed Be Thy Name se ha transformado en un éxito más de este álbum y de la banda, porque no hay concierto en que no se escuche este tema y público que no lo pida a gritos.

The Number Of The Beast es más que un álbum cualquiera, es una obra maestra. Guarda en sus listas algunos de los mejores y más grandes temas del heavy metal. Tiene una trascendencia única dentro de la historia del metal y ha marcado una etapa de una de las bandas más grandes del mundo: Iron Maiden. Es así como la tercera producción de la banda ha dado vueltas al mundo y ha recorrido todos los rincones en donde existe un amante del heavy metal. Es un disco imprescindible en toda discografía.

Para quienes no gustan de Iron Maiden o simplemente no les guste este disco intenten ver más allá y dense cuenta del real peso que posee este trabajo, marcó la historia del Heavy Metal, muchas de las bandas que hoy escuchamos y que a todos nos gustan tienen en sus raíces a esta gran banda y este gran álbum y ello son los culpable de que muchas de las cosas que hoy escuchamos, hacemos y vemos hoy existan y por eso les agradecemos. Es difícil imaginarse lo que habrá sentido un fan de la época al escuchar por primera vez este álbum. No puedo describir sus sensaciones, pero de lo que si estoy seguro de que sintieron que Iron Maiden hay para rato y esto no se acaba aquí.

Cuando una banda saca un nuevo disco, siempre existe expectación por parte de sus fans más acérrimos. Pero si hablamos de una de las bandas más importantes de la historia del Heavy Metal, como Iron Maiden, esta expectación se eleva exponencialmente a niveles e instancias que resultan increíbles y difíciles de concebir para gente para la cual la música es sólo para los oídos y para entretenerse. Conozco de bastante cerca a varios fans que deben -sí, deben- vivir y cumplir ciertos «rituales» para escuchar por vez primera un trabajo de Maiden… ¿cuántas bandas generan tal expectación hoy en día, tal entrega, tal pasión? La doncella es una banda que provoca un fervor casi religioso entre quienes somos sus fans, y por lo mismo es complicado, a fin de tender a ser objetivos al revisar su nuevo material, desproveerse de la pasión e incluso el afecto que genera esta agrupación británica, al ser parte fundamental de la banda sonora de la vida de muchos de nosotros.

«A Matter Of Life And Death» es el título del esperado nuevo disco de la doncella de hierro. «Cuestión de vida y muerte» resulta ser un título ultra potente y muy emblemático, muy representativo, y que resulta no quedarle grande a este trabajo, donde lo primero que destaca es su maravilloso arte de tapa, obra de Timothy Bradstreet, dibujante estadounidense de 38 años, en cuyo currículum consta haber diseñado los posters de la película «The Punisher», entre otras, y cuyo estilo, aclamado por la crítica especializada, ha sido definido como «fotorrealismo estilístico». Qué manera de dar en el clavo con el nuevo trademark de Maiden, la cabeza de Eddie con casco de guerra y abajo dos rifles cruzados, haciendo una colosal mezcla entre símbolos de instituciones armadas y el clásica señal de veneno. Más encima, ponerlo en una bandera negra a lo pirata, y en el frontis de un tanque de cuyo cañón emana un humo que indica que recientemente se ha lanzado un proyectil, tanque comandado por el comandante Eddie, guiando a un ejército esquelético… maravilloso, sin dudas. Después de la execrable portada de «Dance Of Death», «A Matter…» parte con otro piso, y qué piso: tener uno de los mejores artes de tapa de la carrera de la doncella. Y eso no es poco decir.

Por otro lado, no sorprende la calidad de las letras de Maiden. Como resulta obvio de la portada del disco, las letras de «A Matter…» apuntan, en su mayoría, a temáticas relacionadas con la guerra, no sólo a batallas, sino también a introspecciones personales de quienes participan de ella, como parte activa. El nivel compositivo lírico de Maiden se supera continuamente a sí mismo, como lo hacen los más grandes de cualquier disciplina.

A grandes rasgos, «A Matter Of Life And Death» cuenta con un sonido estudiadamente más «crudo» (menos sobreproducido, quizás) que sus predecesores, «Brave New World» y fundamentalmente «Dance Of Death», como quizás lo pretendieron en su tiempo con «No Prayer For The Dying», con resultados inconmensurablemente mejor logrados hoy por hoy. Entre otros detalles, disminuye considerablemente la cantidad de guitarras en armonía, lo que llama la atención, aunque de manera relativamente forzada… es decir, hay que obligarse a pensar en ello para acordarse; hay menos teclados que, por ejemplo, en «Dance Of Death», matizándolos de mejor manera; hay algo más de trabajo de guitarras acústicas; y además, no recuerdo un disco de Maiden en que la batería suene mejor que en este… todos estos son «pequeños» datos que comienzan a formar una idea de lo que es este nuevo disco.

Pero pasemos al «tema por tema». AMOLAD abre con el sempiterno gritito simpático de Nicko (en este caso es algo así como «aí!»), que da inicio a Different World, tema que abre este nuevo trabajo de Maiden. Según Harris, es un tema que recuerda a Thin Lizzy y en cierto modo tiene razón. Es un buen tema, eléctrico, ultra sencillo, casi de ABC del metal, con un coro claramente escindible en dos partes: una con dos voces de Dickinson en la misma nota («tell me what you can hear…»), y otra con Dickinson demostrando que es uno de los más grandes cantantes de la historia del Metal («don’t want to be here…»). Con un solo deliciosamente sencillo a tres guitarras y posteriormente sólo con la inconfundible y flemática pulcritud de Adrian Smith, con un final seco, sólido, y con una letra que escapa a la tónica bélica que caracteriza a este trabajo, Different World cumple de buena manera con la no menor tarea de abrir el disco, aunque -hago presente que la comparación es inevitable- en mi concepto cuenta con menos incitación al «sing along» en el coro que Wildest Dreams con su «I’m on my way…» y especialmente que el «your time will come» de The Wicker Man. Quizás por eso no la eligieron como single, aunque probablemente para ello también haya tenido que ver que la temática de sus letras no encaja cien por ciento con el concepto más bien bélico del disco.

These Colours Don’t Run es una frase patriótica/patriotera cuyo trademark es eminentemente estadounidense. Sin embargo, Maiden la toma en un contexto distinto y un poco más amplio: trata sobre las motivaciones de los soldados y las razones por las cuales pelean: algunos por su patria, otros por el dinero, otros por los recuerdos, otros por la pasión y la gloria… musicalmente, se trata de un corte de casi siete minutos, bastante intenso, con muchos quiebres rítmicos -destacándose un momento similar a Tailgunner y, por supuesto, los «oooh» que tanto disfrutamos cantar en vivo- y teclados bien y elegantemente utilizados. Hay quienes señalan que algo tuvo que ver en la gestación del título de este tema el desgraciado impasse que tuvo Bruce Dickinson con la esposa del emblemático cantante de una gran e histórica banda inglesa y actual protagonista de un reality show (no gastaré mi teclado en nombrar a la señora en cuestión), impasse tras el cual Dickinson habría tomado la Union Jack que flamea en The Trooper y habría dicho «these colours don’t run»… quizás sea cierto, pero de que tiene cierto sentido, lo tiene, especialmente con la letra del coro («Far away from the land of our birth / we fly a flag in some foreign land…»). A la larga no es más que una anécdota. Excelente tema, notable letra.

La bomba atómica es uno de los más grandes y terribles inventos/descubrimientos de todos los tiempos, no cabe duda de ello… y la leyenda cuenta que el primer científico que vio la primera bomba señaló que ésta era «más brillante que mil soles». Brighter Than A Thousand Suns, el siguiente tema, está inspirada en la obra homónima del austríaco Robert Jungk de 1961, bestseller en aquellos años, y que narra la construcción de la bomba atómica y fundamentalmente los cuestionamientos de conciencia de sus elaboradores, particularmente de los físicos Niels Bohr y Werner Heisemberg. En casi nueve minutos, Maiden desarrolla una historia en la que cuestiona el excesivo y pernicioso poder (auto) destructor que ha ido adquiriendo el ser humano («…E=mc squared you can’t relate, how we made God with our hands…»), a través de numerosos cambios de ritmo y una intensidad realmente sobrecogedora, particularmente en el coro y en la parte más rápida, con un Bruce que demuestra y demuestra su vigencia. Un excelente corte, muy representativo de la quinta era de Maiden (Era 1: Di’Anno; Era 2: Golden Years hasta el Seventh Son; Era 3: Janick por Adrian; Era 4: Blaze; Era 5: hoy): temas largos, maduros, con muchas variaciones rítmicas y con letras que llaman a reflexionar.

The Pilgrim, con letras que apuntan más bien a temáticas religiosas, es el segundo tema de estructura «single» del disco, parte cadenciosamente a lo Mother Russia hasta tomar un ritmo midtempo bastante interesante, que al escucharla por primera vez provoca una agradable sorpresa, y que cuenta con un pre-coro con otro elemento que llama la atención en este trabajo: doble voz de Dickinson, pero no en armonía, sino que una de las voces suena una octava más arriba de la otra. Interesante figura que, en todo caso, no alcanza su máxima expresión en este tema, sino posteriormente, como veremos. Con una interesante solo con toques arábigos -que con los ojos cerrados, con mucha imaginación e incluso sugestión puede recordar a ciertos pasajes de Powerslave-, The Pilgrim es un corte que entra a la pelea para ser el segundo single de este trabajo.

El «Día D» -6 de junio de 1944- fue llamado «El día más largo del siglo». En plena Segunda Guerra Mundial, se llevaría a cabo en tal fecha la llamada «Operación Overlord», que consistía en el desembarco de aproximadamente trescientos mil soldados aliados, al mando del general estadounidense Dwight Eisenhower, en las costas de la provincia francesa de Normandía, a fin de terminar con la escalada del nazismo hitleriano. Y si bien, durante los meses siguientes, los enfrentamientos siguieron, con la consecuencial muerte de cientos de miles de soldados, el Día D es recordado como el evento que marca el principio del fin del conflicto bélico más grande de la era moderna. The Longest Day trata sobre este evento histórico y según el propio Bruce Dickinson, en cierto sentido busca ser una versión musical de «Rescatando al Soldado Ryan», fundamentalmente por el calvario que vivieron miles y miles de jóvenes a fin de lograr que dicha operación, en estricto rigor, fuese exitosa. Una letra muy brutal («All summers long the drills to build the machine / to turn men from flesk and blood to steel / from paper soldiers to bodies on the beach / from summer sands to armageddon’s reach») con una progresión muy ad hoc a las letras… es un tema con una construcción espectacular: uno al escuchar el bajo de Harris en los primeros cinco segundos ya sabe que se trata de un tema con tintes bélicos; además cuenta con un pre coro y un coro muy épicos, que muestran a Dickinson brillando como la gran estrella que es, y con un trabajo de guitarras que muestran un afiatamiento y compenetración únicos. Un tema que tiene de todo, para escucharlo, escucharlo y escucharlo.

Out Of The Shadows parte con un riff bastante potente para pasar a tomar una estructura de balada que inevitablemente recuerda en un principio a Wasting Love -una de las pocas baladas de Maiden-, pero cuyo coro suena mucho, pero mucho, a Tears Of The Dragon, tema insignia de la época solista de Bruce, quien lógicamente aparece primero en los créditos. Un tema interesante, muy bien ubicado en el disco, y que cuenta con un quiebre rítmico bastante inesperado -que en todo caso no alcanza para quitarle el calificativo de balada-, que da paso a un sólido trabajo de guitarras, llevando a un excelente final.

Lo primero que escuchamos de Maiden versión 2006 fue The Reincarnation Of Benjamin Breeg y varios nos preguntamos porqué este corte, de más de siete minutos, fue elegida como single. Mi idea personal es que Harris pensó y previó que todos quienes rayamos con Maiden comenzaríamos a preguntarnos quién diablos es/era este tipo llamado Benjamin Breeg, más aun al ver a Eddie con una picota a punto de profanar la tumba del finado señor Breeg en la notable carátula del single, lo cual generaría una curiosidad sin límites determinables y, por ende, mayor expectación por la salida del disco. Más allá de esta elucubración personal -existiendo además diversas teorías, una muy entretenida en un sitio llamado simplemente www.benjaminbreeg.co.uk, donde un personaje supuestamente llamado A. Breeg cuenta que su primo Benjamin era un pintor nacido en 1939, etc…-, este corte justifica su designación como single no por cumplir los requisitos «standard» que un single debe poseer (ser relativamente radial, no durar más de cuatro o cinco minutos, etc., lo que hace pensar que este tema más bien los incumple) sino por su enorme calidad. Un tema con un power realmente impresionante, con una notable progresión y una contundencia que no da lugar a ningún tipo de apelaciones, a pesar de que quizás no sea tan «oreja» -y que por ende, sin menospreciar a nadie, creo que requiere ciertos años de Metal para poder apreciarlo en plenitud-. Esto es Maiden, señores.

Pero donde este disco comienza a adquirir sellos de grandeza es, en mi concepto, a partir de For The Greater Good Of God -el único tema compuesto en su totalidad por ese genio entre genios que es Steve Harris-, que sin temor a equivocarme -y mal que mal, es una opinión y no la verdad absoluta-, es uno de los mejores temas de Maiden de los últimos quince años. Si existiese una carrera universitaria donde se estudiara el Heavy Metal, este tema ocuparía un lugar importante dentro de los últimos ramos de la carrera y entraría como obligatorio en el examen de grado. Un corte que realmente excede cualquier expectativa de lo que una banda puede hacer, que muestra a una banda que hace gala de una impresionante gama de recursos, lleno de cambios de ritmo perfectos, con una letra genial («…more pain and misery in the history of mankind / sometimes it seems more like the blind leading the blind / it brings upon us more of famine, death and war / you know religion has a lot to answer for…»), con un teclado utilizado muy tenue y sofisticadamente y un coro con guitarra de fondo que, sin exagerar, me pone la piel de gallina cada vez que la escucho. Un tema que hasta cumple con una función educativa, simplemente maravilloso, y que me hace contar desde ya las horas para escuchar en vivo el «for / the / greater good / of God».

Ya acercándonos al final nos encontramos con la excelente Lord Of Light, cuyo primer minuto y medio bastante X-Factor (predominando el bajo de Harris) es cortado de cuajo por un impresionante y bastante crudo riff de Adrian Smith -que recuerda a Blackout de Scorpions, pero muchísimo más Heavy-, y que en sus momentos más intensos inevitablemente hace recordar a cortes de «Seventh Son Of A Seventh Son» -particularmente a Only The Good Die Young y The Evil That Men Do-. Un coro intenso, más lento y bastante Heavy da paso a otra etapa más lenta, para retomar intensidad con el sello de este Maiden moderno, con un solo y un final que nuevamente recuerdan épocas pretéritas. Las letras también destacan e invitan a pensar en entregar el alma al señor de la luz.

Para poder hablar de The Legacy, el último tema del disco, haré un pequeño ejercicio que resulta, en mi concepto, interesante: si a mis quince años Maiden era mi banda favorita por temas, por ejemplo, como Aces High -tema que sigo encontrando insuperable en su género-, hoy, algunos años más tarde, Maiden es mi banda favorita por temas como The Legacy. Es increíble cómo una banda puede ir siguiendo y marcando los pasos de la madurez de un ser humano con sus temas. No es un tema rápido, o que cuente con una multiplicidad de pirotécnicos y supersónicos solos de guitarra, sino que comienza con un insuperable Dickinson -qué feeling que tiene este tipo para cantar- rodeado por guitarras acústicas y el tenue bajo de Harris, que hacen que la expectativa por escuchar el cambio a guitarras eléctricas crezca a cada segundo, hasta que éste llega en el momento preciso, ni un segundo tarde, ni un segundo antes. Un coro realmente mágico («left to all our golden sons…»), y que muestra a la mejor versión de esta figura de las dos voces en el mismo tono, con una que se halla una octava sobre la otra, da paso a un quiebre rítmico realmente fabuloso, que hace recordar, nuevamente, al mítico «Seventh Son…», particularmente a Infinite Dreams, para que posteriormente, a tres guitarras, lleguemos nuevamente a un Dickinson bicéfalo, con dos voces que suenan geniales, para culminar de manera inmejorable con la misma y sencilla guitarra acústica del principio. Para resumir este tema -y me voy a quedar corto-, podríamos decir que es una suerte de versión perfeccionada de Dance Of Death (un temón), y que recuerda vívidamente, en cuanto a su estructura, a otro glorioso tema de final de disco como To Tame A Land, con más arreglos pero sin sobreproducciones, con una letra que critica abiertamente la autodestrucción humana y cuestiona el legado que estamos dejando para el futuro como sociedad («but some are just now wanting peace / their whole life is death and misery / the only thing that they know / fight fire with fire life is cheap…»). Un creditazo, pero creditazo, para Janick Gers, por haber participado activamente en la creación de esta obra maestra.

Hay que destacar la fortuna que tenemos los fans de Maiden, como dijo un gran amigo mío: que tu banda preferida, que forma parte de tu vida a niveles incluso poco comprensibles, nunca te haya decepcionado, y que siga ayudándote a mantener viva la flama, no sólo en lo referente a la música que uno escuche, sino que a nivel transversal en todas las actividades diarias. «A Matter Of Life And Death» es un disco impecable, sólido, lleno de contundencia, que muestra a una banda que, imponiendo el peso específico que dan sus tres décadas de carrera, se encuentra total y absolutamente vigente, plasmando notablemente su inteligencia -de otra manera no se puede explicar que los temas estén particularmente tan bien ubicados a lo largo de esta placa- en esta placa, totalmente hecha para que los fans de verdad lo disfrutemos a ultranza, con momentos francamente inolvidables y plagado de matices emocionantes, de esos que sólo una doncella de hierro puede crear.

Qué mejor que comenzar el año con la tercera visita de Iron Maiden a Chile. Bastante mejor promocionada que las anteriores visitas (hasta con avisaje por MTV), en los últimos días pudimos ver a una banda llegando relajada a nuestro país, contestando diplomáticamente las siempre obvias y tontas preguntas de la prensa no especializada («¿qué les parece Chile?», entre otras). Pero todos sabemos de que Maiden no es una banda que necesite de declaraciones en la prensa para cautivar a su público, y que a la larga daba prácticamente lo mismo que dijeran a los medios.

Todo conducía a que tendiésemos a comparar la jornada del 15 de Enero del 2001 con lo que vivimos hace algunos días: fecha similar, el mismo calor, quizás una expectativa previa similar… pero ciertos elementos presagiaban que se trataría de una jornada distinta: un pequeño «detalle» como el telonero (sería inoficioso recordar en detalle el espectacular recital de Halford), y algo muy importante y que a la larga sería un elemento fundamental en la presentación de Maiden de este año: la espectacular escenografía. Al entrar al recinto (tras las interminables colas que dan material para hacer un review aparte), resultaban imponentes las dos torres que simulaban ser el enorme frontis de un castillo, custodiadas por la clásica figura que encarna a la muerte: un ser encapuchado con una guadaña de proporciones industriales; además, pudimos observar dos pantallas gigantes -gran idea- a cada lado del escenario. Todo ello sin considerar aún la multiplicidad de elementos escénicos (luces, telones, Eddies…) que aparecerían después.

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Tras una larga y calurosa espera, a las 8 en punto saldría a escena Witchblade. En realidad, considero que el tiempo en que la banda actuó, por varios factores, pudo haber sido utilizado de mejor forma. El primero estuvo dado por la paupérrima calidad del sonido (particularmente al inicio, donde parecía ser un playback sobre las pistas de bajo y batería); y lo segundo, y quizás lo más importante: considero que en estos momentos en Chile hay otras bandas con mayores merecimientos que Witchblade para tener la oportunidad de tocar en una instancia así. De hecho, su último disco es de hace 3 años. No es nada contra la banda ni mucho menos, pero creo que -aparte de los covers de Judas Priest que, con mucha tolerancia y apertura de mente, aprueban- lisa y llanamente no debió haber telonero o éste debió ser de un mayor nivel. Más allá de no prender demasiado (entendible, es una meta casi imposible para una banda que telonee a Maiden), la banda de Freddy Alexis mostró muy, muy poco. En lo que sí estuvo atinadísima la banda fue en homenajear a Alfonso «Poncho» Vergara, bajista y líder de Tumulto, recientemente fallecido tras librar una dura batalla contra un cáncer óseo.

Comenzaba a caer la noche y la espera por la doncella se hacía eterna. Hasta que a las 9.15 todo pareció comenzar: el público reaccionó alborozado ante los sones de lo que parecía ser el intro del show. Pero poco tardamos en darnos cuenta de que en realidad se trataba de un tema «envasado» («Doctor Doctor», de UFO, tema tocado por Maiden como bonus track de «The X Factor»). Tras la falsa alarma, el verdadero intro (estupendo) y la salida a escena de Nicko McBrain daban inicio al show. Cuatro golpes a los platillos y el resto de la banda salía a escena con el single de «Dance Of Death», Wildest Dreams. Es cierto, el «I’m on my way» de las aproximadamente veinte mil gargantas asistentes no sonó tan fuerte y extásico como el «your time will come» de The Wicker Man de hace 3 años, pero a esas alturas poco importaba: Maiden estaba tocando en Chile con todo su escenario, dispuestos a brindarnos un show de calidad mundial. Además, los cambios de cámara de las pantallas gigantes (realmente notables) daban un plus al desempeño de la banda en escena.

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El clásico sonido del bajo de Harris daba comienzo a Wrathchild, el primero de los temas clásicos de la noche. A esas alturas ya podían sacarse algunas conclusiones: el show, si bien no sonaba perfecto, se escuchaba mucho mejor que en la misma parte del 2001. La banda cumplía muy profesionalmente aunque quizás con un pelito de poca movilidad en escena … a excepción de ese monstruo de las cuerdas vocales llamado Bruce Dickinson. Estamos hablando de una persona nacida en Agosto de 1958, es decir, de 45 años. ¡Cómo canta y cómo se mueve este tipo, por Dios! No es que sorprenda, sino que realmente maravilla y no cansa de impactar. Puede que haya vocalistas de un nivel -no registro -similar, como Halford, Dio, Geoff Tate, Michael Kiske… pero a mi juicio Dickinson es el mejor frontman de la historia del Heavy Metal. Su movilidad, su entrega, sus caracterizaciones (como posteriormente veremos)… en fin, un honor ver a Dickinson en Chile.

Quizás el primer momento realmente extásico vino con Can I Play With Madness?. El «play with madness» (el «Can I» lo cantó Dickinson solo) del público fue ensordecedor. Creo que, a pesar de la cierta reticencia que el escuchar este tema en vivo me provocó cuando vi el tracklist, fue a la larga una muy buena elección. Por lo demás, fue la instancia para que pudiésemos apreciar otro elemento notable en el show: los impresionantes telones. Para este corte se utilizó un telón con la imagen de Eddie que aparece en el single homónimo.

santgo5Estridentemente, Dickinson anunciaba al primer gran clásico de la noche, The Trooper, comenzando con sus notables performances casi actorales. Literalmente Bruce «tomó las banderas», ondeando la «Union Jack» de la misma forma que el Eddie del telón, el cual había cambiado a la carátula del single de «The Trooper». Sencillamente sobrecogedor e imponente. El público reaccionó enfervorizado ante el «o-oo-oo-oo-ooh», demostrando que hay clásicos que jamás mueren y que hay temas que Maiden jamás podría dejar de tocar. Muy bien ubicado en el tracklist.

Bruce comenzó a contar a la gente que iban a tocar aproximadamente 40 minutos de su nuevo disco, y que esperaba que nos gustara. Y con ello se pasó, a mi juicio, a uno de los momentos más magistrales de la noche. Con Dance Of Death Bruce realmente se robó la película. Tras un intro que no aparece en el disco (un extracto de Hamlet… «There are more things in heaven and earth, Horatio…»), Dickinson se pondría una máscara y una capa para contar esta historia que «enfría los huesos», como reza la letra. Más allá del solidísimo desempeño de la banda (a estas alturas ya casi una obviedad), Dickinson no fue un cantante de Heavy Metal: fue un cantante de ópera. Más allá de su siempre potente voz, que hace pensar que los años no pasan en él (¿no será una reencarnación de Dorian Gray?), Bruce jugó con su imagen de forma magistral, creando una atmósfera sencillamente notable, terminando con la capucha puesta, como la muerte. De lo mejor que he visto en mi vida.

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Tras la impresionante demostración músico-teatral de Dance Of Death, la banda continuaría con su nuevo material, presentando Rainmaker, su segundo single. En estos momentos del recital ya podíamos darnos cuenta que quizás la emoción y la adrenalina eran algo menores que en el recital del 2001, lo que sin dudas es comprensible debido a que su anterior visita implicaba la vuelta de Dickinson con Smith, y la primera presentación de la banda en Chile con «The Air Raid Siren» en las voces. Es cierto que el público no enganchó con ninguno de los temas nuevos de la misma forma que con los clásicos, pero ello sin dudas es el «costo» de haber tenido una trayectoria llena de temas que han hecho historia. Bien Rainmaker … pero con lo siguiente, Brave New World, la Pista Atlética casi se vino abajo. Quizás no sea el tema más ganchero de la última época de Maiden, pero el «a brave new world … in a brave new world» resultó francamente impactante. Las tres guitarras sonaron mucho más definidas que el 2001 y Dickinson seguía rompiéndola.

La segunda performance operática de Dickinson vendría con Paschendale. Tras un inicio con un intro especial (sonidos de guerra, especialmente) y un impresionante juego de luces, Bruce emerge en escena usando vestimentas militares (particulamente llamativo su casco) y mostrando un nivel sobrecogedor. Quizás se trate de uno de los temas de mayor intensidad de lo nuevo de Maiden, y esa intensidad se vio fielmente reflejada en escena.

santgo11Sorpresa causó en el público la inclusión en el tracklist de un corte de «The X-Factor», Lord Of The Flies, además siendo tocada un tono más abajo. El tema transitaba no mucho más que correctamente por los bajos tonos de la voz (incluso los bajos de Dickinson son muy superiores a los de Blaze), hasta que se llegó al coro, donde Dickinson se encargó de pisotear en el suelo a Bayley, cantándolo una octava más arriba, lo que resultó fascinantemente sorprendente. Fue la mejor forma de expresar que él es y será LA voz de Maiden, haciendo sonar excelente a un tema mediocre de un disco que no es el mejor de Maiden.

Los cuatro cadenciosos baquetazos que dio Nicko parecieron dar inicio a Hallowed Be Thy Name, pero en realidad se trataba de otro corte de «Dance Of Death», No More Lies. Era el sexto corte consecutivo post 1992, pero el público lo gozó. Quizás haya sido el tema en que más haya cuidado su voz Bruce (particularmente en el coro), pero sonó sólido y potente. Es increíble cómo se acoplan las tres guitarras de Maiden -en especial en los temas nuevos-, y quizás ello se deba a que los tres tienen personalidades muy dispares en escena y ello se trasunte en su forma de tocar: Smith es pulcro y cultiva casi un «bajo perfil»; Gers quizás sea el segundo frontman de la banda; y Murray encarna lo mejor de ambos.

Quizás si la primera gran, gran explosión de la noche vino, ahora sí, con Hallowed Be Thy Name. Ese estremecedor sonido de la campana hizo delirar al público, que cantó y gritó el principio de este clasicazo como si se fuese a acabar el mundo. Como es ya clásico (predecible, dirán algunos), en medio de este corte escuchamos los primeros «Screeeeeam for me Santiago», ante un público totalmente entregado y que se reventó la garganta. Memorable el «yeeeah … hallowed be thy name» del final, con Dickinson haciendo gala de su suprahumana caja toráxica al mantener su último «uoooooh» por interminables segundos.

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El ambiente al fin estaba 100% prendido y qué mejor que continuarlo con el tema más coreado el 2001: Fear Of The Dark. Y esta ocasión no se le fue en zaga: la entrega del público chileno en los clásicos de Maiden es conmovedora, especialmente en este corte. ¿Qué más puede describirse? No se trata de un tema «ganchero», tampoco tiene la estructura típica de un single… pero tiene matices, cambios de ritmo, un coro pegajoso, una letra interesante y, sobre todo, funciona demasiado bien en vivo. Diría que es de esos temas que suenan mejor en vivo que en estudio, no sólo por la respuesta del público, sino por la intensidad que se logra en escena, a mi juicio superior a la que se logró en el disco homónimo.

El show se acercaba, lamentable y peligrosamente, al final. Un vistazo al pasado con Iron Maiden marcaría el final de la primera parte del show, no sin antes ocurrir dos sucesos muy particulares. El primero, obviamente, la presencia de una impresionante figura de Eddie en el lugar de los telones. Maiden prometió traer a Sudamérica todo su show, y vaya que lo cumplieron… Eddie lograba incluso apuntar con su gigante dedo al público en la parte de la canción en que Bruce, cual Tío Sam, nos apunta y nos dice «I want you … and you … and you … Iron maiden wants all of you». Y lo segundo fue un hecho casi anecdótico, mejor visto seguramente por quienes presenciamos el concierto en galería: el paso de una tremenda estrella fugaz, cuya estela verde transitó por algunos segundos por sobre el escenario. Algunos en aquel momento bromeamos y señalamos que estaba todo preparado y que era parte del show … ¡ni Kiss, ni los Rolling Stones, ni Michael Jackson, dentro de la parafernalia de sus shows, incluyen estrellas fugaces! Un momento anecdótico, curioso y a la larga preciso para terminar la primera parte del show, que realmente se pasó volando.

santgo2Tras una corta espera, sucedió algo que creo nunca antes en la carrera de Maiden había ocurrido: los tres guitarristas saldrían a escena a sentarse a tocar guitarra acústica. Bruce presentaría a los integrantes de la banda (Nicko fue el más ovacionado), lanzó un par de frases de buena crianza («los mejores cantos de Sudamérica»; «mientras exista Iron Maiden, tocará acá en Chile», etc.), y comenzó, en medio de un mar de encendedores, la magistral ejecución de Journeyman. Entrecerrando los ojos daba la impresión de ver velas flotando en el mar. Quizás Maiden esté en búsqueda de otros horizontes musicales, caminos algo diversos a los ’80, pero siempre con una calidad intachable. Así lo entendió el público, que agradeció esta entrega acústica con un gran aplauso.

No pasaron muchos segundos hasta que, mientras los roadies terminaban de retirar los instrumentos acústicos, el «Woe to you, O earth and sea…» de The Number Of The Beast causó el delirio generalizado. Poco puede decirse de este clásico de ya más de 20 años (casi 22 para ser exactos)… y nuevamente la presencia de Eddie causó éxtasis. Ahora se trataba de un Eddie de alrededor de 4 metros de altura, que se movió por todo el escenario y fue agarrado a guitarrazo limpio por el carismático Janick Gers. Para qué intentar calcular los decibeles del «six, six six, the number of the beast», que seguramente fue captado hasta por el robot Spirit que hoy por hoy saca fotos en Marte.

santgo14El show terminaría con otro clásico de todos los tiempos, Run To The Hills, y a diferencia del show del 2001, esta vez nadie se retiró (para volver corriendo desesperadamente) antes de su ejecución. Con la majestuosidad del galope de este gran corte, el recital llegaba su fin, tras una intensa hora y cuarenta y cinco minutos. Los seis integrantes de la banda se reunirían a saludar al público, para posteriormente retirarse, en medio de la incredulidad del mismo, que pedía y pedía más, y que recién terminó por convencerse del final cuando por los parlantes comenzó a sonar «Always Look On The Bright Side Of Life», tema de la película «La Vida de Brian».

Es cierto, el show fue más corto respecto al del 2001 (el cual duró casi exactamente dos horas). Quizás la expectativa por ver a Maiden haya sido un poquito inferior a la de aquel año, por lo que a la larga el componente emotivo, sin dejar de ser importantísimo, no tuvo la relevancia preponderante que tuvo en el show de hace 3 años (lo cual -en gran parte- además se debió a que el sonido no fue de los mejores, por lo que la emotividad y la adrenalina vividas eran el gran argumento para sustentar que ese recital fue memorable). Pero este concierto, a la larga, fue otra cosa. No fue un revival del 2001 ni mucho menos. Tuvimos la fortuna de presenciar un show realmente notable, y lo mejor: más allá de la obvia emotividad. No sólo por la impresionante puesta en escena, el buen sonido (tampoco maravilloso, en todo caso), la teatralidad de Dickinson, la calidad de los temas, etc., sino por la madurez de la banda para ofrecernos otras cosas. Por saber mantener un inteligentísimo balance: no renegar de su pasado, pero no vivir exclusivamente de él. Por demostrarnos a todos que son una leyenda pero que no sólo viven de los réditos que aún generan sus años de gloria. La doncella está viva y sigue conquistándonos a todos, y mostrándonos que, más allá de las emociones (que a veces traicionan), su calidad no sólo está intacta, sino que crece día a día, disco a disco. Un placer y un honor, doncella.

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Setlist Iron Maiden:

01. Wildest Dreams
02. Wrathchild
03. Can I Play With Madness?
04. The Trooper
05. Dance of Death
06. Rainmaker
07. Brave New World
08. Paschendale
09. Lord of the Flies
10. No More Lies
11. Hallowed Be Thy Name
12. Fear of the Dark
13. Iron Maiden
Encore
14. Journeyman
15. The Number of the Beast
16. Run to the Hills

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No todos los días nos visita Iron Maiden, quizás la banda que más gente lleve a sus conciertos «sin prensa» en Chile. Más allá de la importancia ontológica y metafísica que ha tenido la doncella en nuestras vidas, se trata de una banda que ha tenido particulares problemas para tocar en Chile, por cuanto debería habernos visitado cuatro veces, pudiendo tocar, por diversas circunstancias, sólo en dos. Lo trágico e incitante a la paranoia es que las veces impares (la primera, en 1993, y la tercera, en 1998) Maiden ha cancelado sus recitales. Este Martes 13 sería el quinto intento… ¿se romperá la mufa? Más aun considerando la mala racha de cancelaciones de conciertos que ha vivido el público chileno en el último tiempo (Metallica, Helloween, Opeth…). Pero Maiden es la banda más importante de heavy metal de todos los tiempos y seguramente estará más allá de toda mufa, brindándonos un show histórico. Por todo lo anterior y lo que revisaremos después repasar la historia de esta banda, que ha impactado de forma radical las vidas de quienes adoptamos al metal como un elemento fundante en nuestros seres, que a veces con tres o cuatro notas hace magia. La doncella vuelve a Chile.

EL COMIENZO DE LA LEYENDA

Iron MaidenEn 1971, un quinceañero llamado Steve Harris vivía entre dos pasiones : la música y el West Ham United, equipo de fútbol de la Premier League de Inglaterra. Steve, quien poseía (y posee) bastante talento para el fútbol, se vio un tanto decepcionado al ver que muy pocos de los jóvenes como él llegarían a ser futbolistas profesionales, por lo que poco a poco fue trasladando sus esfuerzos hacia la música y decidió adquirir un bajo por la módica suma de 40 libras esterlinas. Así, inspirado en bandas como Jethro Tull o Genesis, formaría después de poco tiempo lo que fue su primera banda, llamada Influence, que posteriormente cambió su nombre a Gypsy’s Kiss. Después de algunas pequeñas tocatas, Steve abandonó la banda para unirse a Smiler, agrupación compuesta de jóvenes bastante mayores que él, y con la cual adquirió la experiencia suficiente como para dar a luz a su proyecto personal. En esos tiempos, el auge del movimiento punk era prácticamente inhabilitante para el nacimiento de bandas que cultivaran un estilo distinto, pero Harris deseaba otra cosa.

Así, ya en 1975, inspirado en la película «The Man In The Iron Mask» y en la dudosa femineidad de la Primera Ministra de Inglaterra de aquellos entonces, Margaret Thatcher (apodada «la Dama de Hierro», quien incluso aparece caricaturizada en la carátula de «Women In Uniform», cover de una banda llamada Skyhooks, que aparece en el álbum «Guilty Until Proven Insane»), Steve Harris encontró el nombre para su banda : Iron Maiden. Ya con el tema del nombre resuelto, Steve comenzó a buscar músicos en su barrio, el East End de Londres, reclutando a Terry Rance y Paul Sullivan en las guitarras, a Ron Matthews en la batería y al cantante Paul Mario, quien fue reemplazado poco después por Dennis Wilcock (con quien había tocado en Smiler). Éste recomendó a Steve a un rubio y joven guitarrista, con rostro felino, que hacía sus primeras armas en Urchin, llamado Dave Murray, lo que motivó la partida de Rance y Sullivan de la banda (quienes vieron esto como una falta de respeto), llegando Bob Sullivan («Bob D’Angelo») a suplir esa plaza faltante. Y además, Ron Rebel reemplazó a Matthews en la batería. Poco después, luego de múltiples cambios -donde incluso Iron Maiden tuvo ¡tecladista!, Tony Moore, y Dave Murray fue echado de la banda por Wilcock, para posteriormente volver-, otro ex-Smiler, Doug Sampson, llegaría a tomar las baquetas, mientras buscaban otro vocalista. Y en ese entonces un compañero de Steve le recomendó a un cantante de apellido italiano con tendencias algo punk y con un gran carisma, que mostraba sus virtudes en Bird Of Prey. Su nombre era Paul Di’Anno, quien debutaría el 31 de Diciembre de 1977 en el Pub «Ruskin Arms«.

En esos entonces la situación de Iron Maiden era complicada. Las casas discográficas les hicieron algunas ofertas, a condición de que se cortaran el pelo y se volvieran una banda punk, lo cual Steve Harris estaba lejos de desear. La dura indiferencia, sumada a la reticencia de las radios a incluir bandas metaleras en sus programaciones, se convirtieron en una gran razón para no claudicar. Pero a fines de 1978, tiempo en el cual tocaban por algunas cervezas y se trasladaban en una furgoneta que ellos llamaban «The Big Goddess», la situación comenzó a cambiar y lograron grabar un demo, que contenía los temas «Prowler», «Invasion», «Strange World» y «Iron Maiden». Para dimensionar la pobreza franciscana en la cual Maiden se inició, hay que decir que no pudieron pagar el cassette original. Dave Murray le entregó su copia a Neal Kay, un DJ que dirigía la noche rockera en «The Soundhouse», un lugar casi de mala muerte, donde Maiden comenzaría a pavimentar su camino a la fama. En honor a esto, la banda elaboraría poco tiempo después un EP llamado «The Soundhouse Tapes«, que fue originalmente distribuido en forma independiente (vendió 3.000 copias en la primera semana) y que llegaría a transformarse en un ícono de colección.

Una de las copias de la cinta llegó a manos de Rod Smallwood -personaje clave en la historia de Maiden- quien, encantado con la banda, acudió a una presentación en vivo bastante accidentada de la doncella en donde Paul Di’Anno fue detenido horas antes por el cargo de posesión de arma blanca, por lo que el repertorio fue en su mayoría instrumental y Steve las hizo de vocalista en los restantes temas. A pesar de este inconveniente, Smallwood ofreció ser el manager de la banda, lo cual aceptaron. Poco después, tras una presentación en «The Marquee» con alrededor de 700 fans, Iron Maiden firma contrato con EMI, en lo que se convirtió en un tremendo paso. Ya con EMI, la banda grabó en 1979 dos temas, «Sanctuary» y «Wrathchild», para la compilación «Metal For Muthas«, con Di’Anno en las voces, Murray y el recién llegado Tony Parsons en las guitarras, Steve en el bajo y Doug Sampson en batería.

EL SEXTO INTEGRANTE Y LOS PRIMEROS DISCOS

Doug comenzó a tener algunos problemas de salud, por lo cual salió de la banda, siendo sustituido por Clive Burr. Y Tony Parsons nunca enganchó con la «onda» de la banda, por lo cual también la dejó, llegando en su reemplazo Dennis Stratton, quien era el gerente del pub «The Cart & Horses», en Leytonstone, Londres. Así, con una formación renovada, la banda salió de gira en Febrero de 1980 para promocionar el «Metal For Muthas» y celebrar la edición de su primer single, «Running Free», que ascendía al nº 44 en los rankings británicos. La banda recibe una oferta de la BBC, para tocar en el programa “Top Of The Pops”, lo cual aceptaron a condición de tocar en vivo (serían los primeros desde que The Who lo hiciera ocho año antes).

El día 14 de Abril de 1980 la doncella da a luz a su primer hijo. «Iron Maiden» alcanzó un impresionante nº 4 en los rankings, lo que fue consecuencia de la enorme popularidad que estos jóvenes estaban alcanzando -con temas increíbles como «Phantom Of The Opera«, «Running Free» o «Prowler«, entre otros- lo que trajo como consecuencia que incluso fueran invitados a la gira británica nada menos que de Judas Priest (la invitación fue cursada personalmente por Rob Halford), quienes recientemente habían lanzado su clásico de clásicos, «British Steel». Como anécdota, el clásico tema «Sanctuary» no se incluyó en la primera edición del disco, por cuanto causó polémica por ciertas alusiones a Margaret Thatcher, a quien podríamos decir que «tenían de casera». Es cosa de ver la carátula.

Y en ese tiempo, puntualmente en Enero del mismo año 1980, nace el -en ese entonces- sexto integrante de Iron Maiden. De la mano de Dave «Lights» Beasley, nace «Eddie«, la mascota de la banda, que aparece en todas y cada una de las carátulas oficiales de los trabajos de la banda. Se dice que el nombre “Eddie” se habría originado de un viejo chiste inglés, que hablaba de un niño llamado Eddie que no tenía cuerpo sino sólo cabeza, que rogaba no recibir más sombreros de regalo para Navidad. Perfeccionado y rediseñado posteriormente por Derek Riggs, Eddie, quien ha aparecido como un faraón, un cyborg o un demente con camisa de fuerza, ha pasado, por derecho propio, a transformarse en un integrante más de la banda, estando presente en las presentaciones en vivo y evolucionando al mismo ritmo que lo ha hecho la banda.

Posteriormente, la banda hizo una gira de dos meses por las islas británicas, además de cuatro presentaciones en «The Marquee», con lleno total. En el mes de agosto, acompañan a Kiss en su gira europea y en el Festival de Reading, donde además comparten escenario con UFO. Y al terminar la gira, la tensa situación entre Dennis y el resto de la banda se hizo insostenible, por lo que Iron Maiden se quedó con sólo un guitarrista -Stratton formaría una banda llamada Lionheart-. Pero no sería por mucho tiempo, pues Dave Murray recomendó a un ex-compañero de Urchin, un delgado (en aquellos entonces) y pulcro guitarrista llamado Adrian Smith, quien se unió a la banda poco después.

Iron MaidenCon esta nueva alineación, y bajo la producción de Martin Birch, el 2 de Febrero de 1981 salió al mercado el segundo trabajo de Iron Maiden, denominado «Killers«, que obtuvo doce discos de oro alrededor del mundo y llegó a situarse en el nº 12 de los rankings ingleses. Eddie aparece en la portada en una calle, con un hacha goteando sangre, y en los edificios que se pueden ver a la izquierda de Eddie se aprecia una parte del «Ruskin Arms», pub donde debutó Paul Di’Anno, y un sex shop.

Con temas como «Purgatory«, «Wrathchild» y «Murders In The Rue Morgue«, «Killers» mostró una mayor sofisticación en la elaboración de la canciones por parte de la doncella, sin perder la fuerza con la cual emergieron en una escena inhóspita. Tras visitar por primera vez países como Canadá, EEUU y Japón, lanzan un single en vivo (con temas grabados en este último país), llamado «Maiden Japan», parafraseando al clásico «Made In Japan» de Deep Purple. Además, graban el video «Live At The Rainbow».

A pesar del éxito anteriormente señalado, existía algo que la banda nunca había tenido: estabilidad. Y ahora el turno de abandonar la banda era de Paul Di’Anno, quien llevaba una vida totalmente ligada al «ideal» rockero del «sexo, drogas y rock’n’roll», lo cual estaba deteriorando su salud y especialmente sus cuerdas vocales. Y este hecho marcaría historia, pues su reemplazante, un ex estudiante de historia, admirador de Ian Gillan y respetado esgrimista, un tal «Bruce Bruce», el enmascarado cantante de Samson, se transformaría en uno de los más grandes vocalistas de la historia del heavy metal.

LA FORMACIÓN IDEAL Y LA ETAPA DORADA

En efecto, a Bruce Bruce, el vocalista de Samson, le encantó la idea de tocar con Iron Maiden. Tras una audición en la cual Steve quedó sorprendido por la potencia de la voz de Bruce, éste quedó oficialmente integrado a la banda, retomando su verdadero nombre, Bruce Dickinson. Nacido en Agosto de 1958, cantó por primera vez en público cuando era muy pequeño, haciendo una sui generis interpretación de la canción de su héroe del momento, Popeye el Marino. Bruce pasó su juventud en la ciudad de Sheffield, donde pasó su adolescencia, trasladándose luego a Londres, donde ingresó al Queen Mary College, uniéndose al grupo «Speed» y más tarde a «Xero», con quien grabó un demo. Luego cantó en «Shots», para unirse posteriormente a Samson.

Con el objeto de que Bruce se acoplase, Iron Maiden realizó algunos recitales en Italia, para posteriormente presentarlo al público inglés, quien lo apodó “The Air Raid Siren” (sirena de ataque aéreo), por la potencia de su voz. Y es sabido que el público metalero no es muy dado a dar oportunidades a los reemplazantes, pero Bruce se metió al público al bolsillo en muy poco tiempo.

Ya con Dickinson en la banda, llegaría el momento de la consagración definitiva. Su nuevo trabajo, “The Number Of The Beast”, salió a la venta el 29 de Marzo de 1982, ubicándose en los primeros diez lugares en los rankings de toda Europa, y fue el primer álbum de Maiden en ubicarse en el nº 1 de las listas inglesas. Con una excelente carátula (Eddie sujetando con cuerdas de marioneta al demonio, quien a su vez maneja de la misma forma al parecer al mismo Eddie) y con temas clásicos como “The Number Of The Beast”, “Run To The Hills” (el single del álbum, que llegó a ubicarse en el nº 7 de los rankings) y “Hallowed Be Thy Name”, entre otros, este trabajo es considerado como el que llevó a la consagración a esta banda inglesa, mostrando una actitud arrolladora, sonidos armónicos con el notable aprovechamiento de las twin guitars y sobre todo con la maravillosa voz de Bruce. Como anécdota se cuenta que durante la grabacion del álbum, a los integrantes de Maiden les sucedieron cosas bastantes extrañas, como amplificadores que dejaban de funcionar sin razón aparente, luces que se apagaban, pero sin dudas lo más curioso es lo que le sucedió a Martin Birch, productor del disco, que iba rumbo al estudio y sufrió un pequeño acidente en auto, cuya reparacion le costó 666 libras esterlinas, decidiendo pagar 670.

Iron Maiden

Pero el final de la gira marcaría un punto oscuro en la banda, pues el baterista Clive Burr, aludiendo a una serie de problemas personales y al intenso ritmo de trabajo, decide abandonar la banda, lo cual era sorpresivo, pues Burr acababa de ser votado como uno de los tres mejores bateristas del mundo por una prestigiosa revista londinense. Y es así como Iron Maiden recordó al baterista de los franceses Trust, quienes apoyaron a Maiden en la gira del álbum “Killers”. Y es así como Nicko McBrain arriba a la banda, configurando lo que, para muchos, es la alineación ideal de Iron Maiden.

La banda voló a Nassau, Bahamas, para grabar su cuarto disco, y aprovechando su estancia en aquel paradisíaco lugar, decidieron aprovechar de grabar el video de su nuevo single, “Flight Of Icarus”. El guión del video indicaba que apareciera alguien maquillado de azul y vestido de monje, papel que fue representado por Nicko. Y así, en Mayo de 1983 salió a la venta “Piece Of Mind”, trabajo que en su artwork muestra a un Eddie con camisa de fuerza y encadenado. Rápidamente, este disco alcanzó el nº 3 en los rankings británicos. Este trabajo mostró otras facetas de la banda, con un sonido un poco más elaborado y con un pequeño toque de mayor complejidad en las composiciones -como vemos en la maravillosa “To Tame A Land” (que originalmente iba a llamarse como el libro en que se inspira, «Dune», pero su autor, Frank Herbert, lo impidió, amenazando incluso con demandar a la banda)-, aunque sin perder la actitud guerrera, como vemos en el clásico “The Trooper”, o en “Where Eagles Dare”.

La banda llevó a cabo entonces el “World Piece Tour”, recorriendo prácticamente los mismos lugares de su gira anterior, culminando con una presentación televisada en Dortmund, Alemania, en cuyo show la banda atacó “brutalmente” a Eddie, lo cual causó cierta controversia.

Iron MaidenSi lo que hemos visto hasta ahora es histórico y consagratorio, lo sucedido en 1984 lo sería aun más. La salida a la venta en Septiembre de su quinto trabajo en estudio, “Powerslave”, marcó una etapa importantísima en la banda. En este trabajo, que cuenta con un artwork absolutamente de lujo, con Eddie convertido en una especie de faraón en medio de una pirámide egipcia (y con millones de detalles), la complejidad compositiva insinuada en “Piece Of Mind” llega a niveles fantásticos, especialmente con dos joyas de la historia del metal, como “Rime Of The Ancient Mariner” (obra basada en un poema de Samuel Taylor Coleridge, que narra la maldición que recae sobre un marinero que mata a una gaviota) y “Powerslave”, sin perder la agresividad, que vemos en “Aces High”, y sobre todo marcando el “sonido Maiden”, con el bajo en un rol protagónico, las twin guitars haciendo de las suyas y Bruce retando a que alguien cante como él.

El éxito de “Powerslave” hizo que Iron Maiden llevara a cabo un tour a gran escala, llamado “World Slavery Tour”, que constó de alrededor de 300 conciertos en poco más de un año, visitando incluso países sometidos a regímenes comunistas como Polonia, Hungría o Yugoslavia, en pleno período de la guerra fría entre EEUU y la URSS, y la “Cortina de Hierro”, que dividía al mundo occidental del comunista. Y la doncella demostró que su música estaba más allá de las luchas políticas, en lo que fue considerado como un hito histórico. Además de esto, la banda visitó por primera vez Sudamérica (puntualmente Brasil), en lo que fue un majestuoso Rock In Rio (con un público aproximado de 200.000 personas), compartiendo escenario con Queen, AC/DC y Ozzy Osbourne, entre otros. Con un Eddie transformado en un atemorizante monstruo de casi 20 metros de altura y con un Dickinson recordado (y en vigencia) como uno de los mejores frontman de la historia, la puesta en escena de la banda sobresalía, resaltándose las performances en el Hammersmith Odeon y cuatro noches consecutivas en el Long Beach Arena en California, Estados Unidos, las cuales fueron aprovechadas para sacar para grabar un disco doble y un video de sus presentaciones en vivo, en el mejor momento de la banda. El disco y el video, llamados “Live After Death” (uno de los mejores discos en vivo de la historia del metal), salieron a la venta e 14 de Octubre de 1985, llegando al nº 2 del ranking de ventas. Notable es el inicio del show, con una arenga guerrera de Sir Winston Churchill.

El 29 de Septiembre de 1986 salió a la venta el sexto disco en estudio de la banda. “Somewhere In Time”, grabado en Münich, Alemania, y Nassau, marca un notorio cambio en el sonido de la banda, pues ésta comienza a utilizar sintetizadores como fondo en varios temas, lo cual causó escozor en algunos fans. Pero tras escuchar temas como “Caught Somewhere In Time”, “Heaven Can Wait” o la fantástica y épica “Alexander The Great”, los temores se esfumaron. Y un punto aparte en este trabajo es su artwork, para muchos metaleros el mejor que se haya hecho en la historia, pues muestra a un Eddie futurista en el centro de Londres, y con una serie de detalles (que especialmente pueden apreciar quienes tengan la versión en vinilo) perfectamente diseñados por Derek Riggs que lo hacen merecedor de comentarios y análisis aparte.

Iron MaidenLamentablemente no todo podía ser color de rosa. El aporte creativo de Bruce Dickinson se redujo notablemente, al tiempo que Steve Harris tendía a ensimismarse en la composición de los temas. Y esto se unió a que se originó un montón de versiones separatistas debido a la poca repercusión del disco, considerando las expectativas generadas. Todo esto se vio acrecentado debido a que Steve Harris decidió dedicarse a trabajar con su amiga, la cantante Anita Dobson, componiendo algunos temas y participando de la grabación de su álbum. Y otra revista especializada señalaba que Bruce estaba hastiado de las “tiranteces que imperan en Maiden”. Pero la gota que rebalsó el vaso emanó del propio sello grabador de Iron Maiden, el que señaló que la grabación del nuevo álbum estaba postergada indefinidamente, y que sería reemplazada por una remasterización de “Killers”. Esto provocó la reacción de Dave Murray, quien desmintió tajantemente los rumores de separación, tranquilizando de cierta forma a los fans.

A pesar de todos estos problemas, la banda llevó a cabo el “Somewhere On Tour”, que contaba con un inmenso Eddie convertido en cyborg, y que comenzó en Belgrado, Yugoslavia, y terminó en Osaka, Japón, en lo que fueron más de ocho meses. La banda registró algunos momentos del tour y algunas entrevistas y los lanzó a la venta en 1987, en un video llamado “12 Wasted Years”.

EL SÉPTIMO HIJO Y LA PARTIDA DE ADRIAN

La banda ya se encontraba preparada para lanzar su séptimo trabajo en estudio. Pero antes de ello decidió grabar un video promocional de su single, “Can I Play With Madness”, el que sería dirigido por Terri Gillian, director de la película “Brazil”, y que sería una especie de “mezcla entre ‘Monty Phyton’ y ‘Los Cazadores del Arca Perdida’”, según Gillian.

Iron MaidenYa con el video estrenado, Iron Maiden lanzó su séptima placa, titulada “Seventh Son Of A Seventh Son”, disco inspirado en el libro de Orson Scott Card llamado «Seventh Son». El séptimo disco de Maiden inmediatamente alcanzó el nº 1 en el ranking inglés y se mantuvo durante muchas semanas en el top 5. Con un artwork rayando en lo demoníaco y convertido por la historiografía metalera como uno de los mejores álbumes conceptuales de todos los tiempos, este trabajo, que es considerado por muchos dentro de lo mejor de la discografía de Maiden, acentúa las bases de sintetizadores esbozadas en “Somewhere In Time” (de hecho en los shows habría un tecladista invitado, Coun Kenney), sin perder su sonido clásico y llegando a niveles de majestuosidad con temas como “Seventh Son Of A Seventh Son”, “Infinite Dreams” o “Moonchild”, entre otros.

La banda decidió entonces centrar su gira, denominada “Seventh Tour Of A Seventh Tour”, en Estados Unidos, la cual se desarrolló con mucha efervescencia por parte de los fans, pero sin provocar mayores altercados. Pero lo que verdaderamente generó comentarios de toda índole fue la actitud de ciertos personeros estadounidenses, entre los cuales se incluía al conservador reverendo Jimmy Swagart, quienes enarbolaron la bandera de la censura contra esta banda británica, calificándola de satánica, e incluso utilizando una foto del mismísimo Steve Harris para la portada de un libro en el que hablaba de los “alcances demoníacos y degenerantes” del Heavy Metal, ante lo cual Steve demandó a Swagart por el uso sin autorización de su imagen, y además se determinó a arrasar en los Estados Unidos, con el fin de obtener el reconocimiento que sí tenían en Europa. Y no está de más señalar que en aquel entonces el señor Swagart, cuyo pasado no era muy católico, estuvo involucrado en escándalos con prostitutas, lo cual restaba toda validez a sus críticas acerca de ética y moral.

El punto más alto de la gira se logró en el recital de Donington, en lo que según muchos constituyó el mejor recital de la historia de Maiden y que contó con dioses del rock como Kiss, David Lee Roth, Guns N’ Roses y Helloween, entre otros. Y la banda decidió tomarse un reponedor descanso en 1989, tiempo que Bruce y Adrian aprovecharon en llevar a cabo proyectos solistas. Bruce grabó junto a otros rockeros ingleses una versión de “Smoke On The Water” de Deep Purple, donde conoció a su ídolo Ian Gillan, y se decidió a lanzar su primer álbum solista, denominado “Tattooed Millionaire”, que se enmarca en un estilo que no tiene mucho que ver con Maiden, más relajado y rocanrolero, en el cual trabajó con un guitarrista llamado Janick Gers.

Iron MaidenLo de Adrian tuvo otros matices. Además de su intención de sacar a la luz su proyecto solista con su banda Adrian Smith & Project (A.S.A.P.), llamado “Silver And Gold” -proyecto en el cual además se hizo cargo de la vocalización-, era sabido que, debido a su introvertida personalidad, a Adrian le resultaba cada vez menos cómodo y satisfactorio el estar en una banda tan importante, y que requería tanto desgaste, como Iron Maiden. Y es así como, poco tiempo después de sacar a la venta su video “Maiden England”, y conjuntamente con la celebración de los diez años de la banda como la estrella de la compañía EMI, Steve Harris anunciaba la amistosa salida de Adrian Smith de Iron Maiden, a pesar de haber compuesto partes de siete temas del próximo disco, y haber grabado una parte de «The Assassin». Sólo siete días después se anunciaba su reemplazante, que, para variar, estaba al alcance de la mano: el ya mencionado Janick Gers, nacido en el norte de Inglaterra, cuya familia es oriunda de Polonia. Tras tocar en bandas escolares (covers de T-Rex, Led Zeppelin y Deep Purple), fundó la banda «White Spirit» a principios de los ochenta, década en la cual tocó con Ian Gillan.

El trabajo que, como señalamos, vagamente había comenzado antes de la salida de Adrian, continuó como si no hubiese habido cambios. Y es así como el 1 de Octubre de 1990 Iron Maiden lanza su octavo trabajo en estudio, llamado “No Prayer For The Dying”, trabajo que, extrayendo el sonido de teclados y sintetizadores, intenta dar al sonido Maiden una connotación un poco más sencilla y directa, como se ve por ejemplo en temas como “Holy Smoke” (que tiene un video bastante divertido), “Tailgunner” o “Run Silent Run Deep”. Y si bien es cierto el álbum debutó con un nº 2 en los rankings ingleses, no consiguió la popularidad de los álbumes anteriores. Con un afán de hacer más sencilla, austera y directa su puesta en escena, la banda, en su “No Prayer On The Road Tour”, sólo usaba un telón gigante en sus presentaciones en vivo, las cuales se vieron ciertamente limitadas en su número debido a la tensión internacional emanada del conflicto bélico entre Estados Unidos e Irak, en la llamada “Guerra del Golfo”. Y el toque de distinción lo hizo el gran despliegue escénico de Janick, quien demostró que su carácter y su entusiasmo estaban lejos de ser similar a la pulcra timidez que Adrian Smith mostraba en escena.

Iron MaidenPara el nuevo disco, se hizo una especie de concurso entre varios artistas para diseñar a Eddie. Y así fue como triunfó el modelo diseñado por Melvyn Grant, con un terrorífico Eddie saliendo de un árbol que, sin duda, se convirtió en una de los mejores cover arts de Maiden. El 11 de Mayo de 1992 salió a la venta la novena placa de Iron Maiden, llamada “Fear Of The Dark”, que a pesar de haberle dado a la banda su tercer nº 1 de la historia, es un disco un tanto irregular, que en todo caso llevó un par de gemas al olimpo del Metal, “Fear Of The Dark” y “Be Quick Or Be Dead”, además de otros temas muy interesantes como “Afraid To Shoot Strangers” o “Judas Be My Guide”.

La banda inició en Escandinavia su “Fear Of The Dark Tour”, para posteriormente, en Agosto, presentarse por segunda vez en Donington, donde grabaron un nuevo disco doble en vivo, e incluso contó con la presencia de Adrian Smith en «Running Free». Incluso la banda visitó Sudamérica, y estuvo algunas horas en Chile, donde tenía presupuestado tocar el día 23 de Julio en la Estación Mapocho, pero no pudo hacerlo debido a que el «recinto no cumplía con los requerimientos técnicos», como se dijo en aquella época. Pero todo sabemos que la verdadera razón estuvo dada porque grupos ultra católicos y moralistas, que tildaron a la banda de satánica, terminaron por impedir la realización del recital de Iron Maiden en nuestro país, para desazón y furia de los fans y de los integrantes de la banda. A pesar de este impasse, la banda continuó su exitoso tour a lo largo del mundo. Pero algo no andaba bien.

GOOD-BYE BRUCE

Bruce Dickinson estaba cansado. Sentía que no podía desarrollar todo su potencial compositivo con Iron Maiden, y que su etapa en la banda estaba cumplida, por lo que, en términos más o menos amistosos, emigró de la banda. Steve Harris no manifestó su molestia de inmediato, sino que primero se encargó de recopilar el extenso material en vivo generado de sus múltiples presentaciones, y decidió que se lanzaran dos discos en vivo por separado, uno con material anterior a 1985, “A Real Dead One”, y uno con material posterior, “A Real Live One”. Bruce fue despedido en un impresionante recital, que se llamó “Raising Hell”, televisado a muchos países.

Bruce señaló en su comunicado de despedida: «Estos últimos meses junto a los muchachos han sido fabulosos, los mejores que pasamos juntos, seguramente. Porque vivimos intensamente cada presentación, cada almuerzo, cada ensayo. Pienso que todo ese sentimiento quedo también reflejado en el álbum («A Real LIVE/DEAD One»), porque si bien cuando lo grabamos todavía no les había dicho que me iría, yo sabía que ese era el último trabajo que haríamos juntos. Y me entregué con todo a la grabación. Si hasta soñaba con ella. Y por eso la llevo en un lugar privilegiado de los recuerdos. Creo que es una pequeña joya que me ayudará mucho en el nuevo rumbo que tendrá mi vida. Quiero agradecer a todos los que siempre nos apoyaron en la banda y pedirles que lo sigan haciendo, por que estoy seguro de que los muchachos van a seguir brindando lo mejor de si en cada canción, Y en ellos hay mucho talento para dar todavía, porque tienen una veta creativa inextinguible. Es difícil enfrentarse al adiós, pero hay que hacerlo, gracias«.

Después de pasada la efervescencia y la desazón por la partida de Bruce, Steve Harris señaló a la prensa su molestia no por la salida de Dickinson, sino por lo que éste declaró a la prensa, en el sentido de que su molestia y desmoralización respecto a la banda venía desde mucho tiempo antes. Steve declaró entonces que si Bruce se sentía así, él mismo le habría dicho mucho antes que se fuera de la banda.

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Y obviamente la búsqueda del reemplazante de Bruce sería una cuestión que no sólo llamaría la atención de la banda, sino que del público metalero en general. Así, se realizaron audiciones por todo el mundo, rumoreándose que el vocalista podría haber sido Michael Kiske, en ese entonces vocalista de Helloween, o Joey Belladonna, ex-Anthrax, o incluso el mismísimo Paul Di’Anno. Pero nada de eso llegó a ser cierto, pues después de escuchar 4.959 cintas, la banda se decidió por un discreto y poco conocido vocalista de una banda conocida por Maiden llamada Wolfsbane. Su nombre era Blaze Bayley.

LA ERA DE BLAZE

Con la llegada de Blaze, y de su nuevo productor, Nigel Green (quien compartiría funciones en ese ítem con Steve Harris), Iron Maiden comenzó a trabajar en lo que sería su décimo trabajo en estudio. Y así, el 2 de Octubre de 1995 (año en el cual Bruce Dickinson visitó por primera vez nuestro país, el día 9 de Marzo en el Teatro Monumental) sale a la venta “The X-Factor”, un disco bastante largo y con un sonido absolutamente distinto a cualquier otro trabajo de Iron Maiden, que raya en lo oscuro, intentando explotar al máximo el limitado campo vocal de Blaze. Con temas como “Man On The Edge”, “Lord Of The Flies” y sobre todo la magistral “Sign Of The Cross”, Maiden marcaba el comienzo de una era distinta, quizás más oscura, con menos revoluciones y, sobre todo, intentando sopesar el enorme fardo que les dejó la partida de Bruce pues, para la mayoría de los fans, era imposible imaginar a Maiden sin Dickinson.

Iron MaidenY así fue como Iron Maiden quiso mostrar su nueva conformación al mundo metalero. El tour, al cual llamaron “The X-Factor”, los llevó a lugares “exóticos” para estos efectos, como Israel o Sudáfrica y, ¡al fin!, a nuestro país, donde llevaron a cabo una presentación el Jueves 29 de Agosto de 1996. Con un Teatro Monumental lleno hasta las banderas, Iron Maiden llenó de emoción a los fans que los esperaron durante tanto tiempo, a pesar de la limitadísima voz de Bayley y de un par de incidentes (como el palo que le lanzaron a la banda telonera, los hispanos de Héroes del Silencio), que no lograron empañar el éxtasis de aquella noche.

El nuevo Maiden decidió echar una mirada hacia atrás, para lanzar su primer álbum recopilatorio, que se llamaría “Best Of The Beast”, que incluiría un tema nuevo, “Virus”. Con el “pretexto” del nuevo disco, la banda prolongó la gira, mientras se preparaba el material para el nuevo trabajo, el segundo de la era Blaze.

Mientras tanto Bruce Dickinson, un poco aburrido de sus experimentaciones cercanas al rock alternativo (junto a su banda “Skunkworks”, con la cual realizó un disco llamado de la misma forma), lanza, con el tremendo apoyo de la guitarra de Adrian Smith, un tremendo disco, llamado “Accident Of Birth”, en el cual volvía a sus raíces metaleras y a mostrar que su voz estaba más vigente que nunca. Y con la gira de ese disco, Bruce nos visitó por segunda vez la noche del Viernes 21 de Noviembre de 1997 en el Velódromo del Estadio Nacional, junto a Ronnie James Dio, Jason Bonham y The Scorpions, en una presentación memorable para quienes tuvieron la fortuna de asistir, especialmente para los fanáticos de Iron Maiden, quienes deliraron con los tres temas de la doncella que Bruce, Adrian y compañía ejecutaron aquella noche.

La banda se preparó entonces para lanzar su undécimo álbum en estudio. Intentando abordar el tema de la computación y la consecuencial deshumanización por parte de la sociedad, mezclado con alusiones futboleras (incluyendo la polera oficial de fútbol de la banda), “Virtual XI” salió a la venta a fines del mes de Marzo de 1998. Con, según muchos, el peor cover art de la historia de Iron Maiden (hasta ese momento), y sólo ocho temas, este trabajo desilusionó a muchos fans y reactivó la ilusión de otros. Temas como la excelente “The Clansman”, “Futureal” y “When Two Worlds Collide” llamaron la atención de los fans, y muestran una buena vocalización por parte de Blaze, hasta que se tomaba cualquier cosa de Dickinson y muchos nos preguntábamos qué estaba haciendo Bayley en Maiden.

Y mientras tanto, Bruce Dickinson junto a Adrian Smith estaban lejos de perder el tiempo, lanzando a la venta un tremendo disco llamado “The Chemical Wedding”, que llevó, tanto a muchos de los fans de Maiden como a la crítica especializada, a manifestar que el trabajo de Bruce como solista superaba con creces al de Iron Maiden con “Virtual XI”.

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Y era el turno del tour mundial, que los llevaría a múltiples lugares del mundo, incluyendo una nueva presentación en Santiago el día 10 de Diciembre de 1998, junto a los dioses del Power y del Thrash Metal, Helloween y Slayer, respectivamente. Pero nuevamente las circunstancias jugaron una mala pasada, puesto que el gobierno inglés recomendó a sus artistas connacionales que no visitaran nuestro país, por temor a algún tipo de represalias de inadaptados y subnormales debido a la detención en Londres del General Pinochet. Y así, por segunda vez, los fanáticos mordimos el polvo de la derrota.

CINCO, MENOS UNO, MÁS DOS, SON MÁS QUE SEIS…

Pero después del trago amargo que vivimos al no poder, por segunda vez, ver a Maiden en Chile, el día Viernes 12 de Febrero de 1999 recibimos una sorprendente noticia : Bruce Dickinson regresaba a Iron Maiden, marcando la salida de Blaze Bayley casi por la puerta de atrás. De hecho, el rumor cuenta que el descontento de la banda con Blaze era tan grande que éste viajaba en una van y el resto de la banda lo hacía en otra, casi sin hablarse. Después del show en Buenos Aires, Janick Gers les habría dicho a algunos miembros del crew que ya no aguantaba más a Blaze.

Pero Bruce no volvía solo, lo hacía junto con Adrian Smith, configurando un inédito trío de guitarras sólo experimentadas por Lynyrd Skynyrd. Bruce aprovechó de hacer unos últimos recitales junto a su banda, para lanzar un excelente disco en vivo titulado “Scream For Me Brazil”, para luego incorporarse a Maiden.

Ante esta increíble noticia, el lanzamiento del videojuego “Ed Hunter” pasó a segundo plano. Lo que más resalta de este período es el mini tour que la “nueva” banda realizó, ejecutando temas elegidos por los fans, quienes deliraban e imaginaban la majestuosidad de la tríada de guitarras, y soñaban con un nuevo disco. Esto se convertirían en realidad a fines de Mayo del año 2000, con el lanzamiento de su duodécimo disco en estudio, llamado “Brave New World”, el que sería producido por Kevin Shirley. El concepto del disco está basado en la conocidísima novela de Aldous Huxley titulada homónimamente, traducida al español como «Un Mundo Feliz». Con un artwork fantástico, que vuelve a la excelencia de las épocas pretéritas, y un sonido fresco, poderoso, conjuntamente con el inagotable caudal vocal de Dickinson, hacen de este trabajo uno de los mejores desde “Seventh Son Of A Seventh Son”. Con temas como “Dream Of Mirrors”, “Ghost Of The Navigator”, “The Fallen Angel” o “The Wicker Man”, Maiden muestra un sonido muy “de banda”, quizás por el hecho de haber grabado conjuntamente todos los instrumentos (y no por separado como se estila el día de hoy). Además, unos sutiles toques orquestados marcan a este trabajo como uno de los mejores de Iron Maiden.

Iron Maiden

Y llegaría la hora, al fin, para los fans chilenos, de ver a Maiden en su esplendor, sin problemas políticos, religiosos o de cualquier otra índole. La tarde-noche del Lunes 15 de Enero del 2001, iniciada por el magistral recital de Rob Halford, en esos entonces ex vocalista de Judas Priest, llevaría a los casi 25.000 fans de la doncella que se dieron cita en la pista atlética del Estadio Nacional a delirar, enloquecer y ser felices con la presencia de los 6 británicos que conquistaron nuestros oídos y, a muchos de nosotros, nos llevaron al camino del metal. Con una presentación no exenta de imperfecciones técnicas en el sonido, pero con emoción y adrenalina a raudales, Iron Maiden hizo historia aquella noche, saldando una deuda (que no se originó por culpa de ellos) que ya casi duraba 10 años, desde aquel ingrato episodio con ciertos personeros de la Iglesia Católica chilena.

Luego, Iron Maiden se tomó un pequeño descanso, Bruce planeó algunas presentaciones como solista (entre ellas en el Wacken Open Air de Alemania, junto a Blind Guardian, entre otros), la banda realizó algunos recitales a beneficio de su ex baterista Clive Burr, quien está afectado de una seria enfermedad llamada esclerosis múltiple. Además, se lanzó una edición especial del single «Run To The Hills«, cuyas ganancias irían directamente a Clive y su fundación.

El 10 de junio de 2002 editarían «Rock In Rio«, su primer DVD en formato doble, con la actuación que el grupo ofreció en el famoso Festival en Rio en el año 2001 ante 250.000 personas. También se editaría en algunos países en formato de doble VHS, doble CD y triple vinilo de edición limitada. El concierto fue filmado por Globo TV con 14 cámaras, incluyendo 2 grúas y un helicóptero, dirigido por Dean Karr, quien trabajó anteriormente con la banda cuando dirigió el clip para «The Wicker Man». El segundo DVD consiste en entrevistas con el grupo y material extra para los fans. El lanzamiento obtuvo un éxito inmediato, llegando al número uno en las listas de video en Reino Unido, al número 2 en las de DVD en Alemania y 4 en las de video.

Recientemente, el pasado 4 de noviembre, Iron Maiden lanzó un box set llamado «Eddie’s Archive«, que contiene dos discos dobles que recogen las primeras grabaciones en vivo de la banda, que van desde 1979 hasta que lideraron el Festival Donington en 1988, más otro disco doble bautizado como «The Best Of The B’ Sides«, que recoge todos los temas que no entraron en los discos oficiales. La presentación del box-set es sencillamente notable: una caja con la cara de Eddie plateada, una especie de pergamino en donde se narra la historia completa de Iron Maiden,más un vaso de cristal con la cabeza de Eddie. Junto con lo anterior, la banda lanzaría su segundo disco de grandes éxitos, llamado «Edward The Great«, que contiene 16 temas.

Con un afán comercial, Iron Maiden comenzó, a fines de Mayo del 2003, un tour denominado «Give Me Ed… Til I’m Dead», efectuando alrededor de cincuenta conciertos en Europa y Estados Unidos, donde además se estrenó un tema nuevo, «Wildest Dreams«. En Junio, la banda lanzó su segundo DVD, llamado «Visions Of The Beast«, que reúne todos los videos de la historia de la banda.

LA DANZA DE LA MUERTE … Y NUEVAMENTE A CHILE

El 8 de Junio del 2003 saldría a la venta el décimotercer disco en estudio de la doncella, el segundo tras la vuelta de Bruce y Adrian. El nuevo trabajo se llamaría «Dance Of Death«, y si bien su carátula deja bastante que desear, es un disco sólido y con momentos brillantes. Con 11 temas y sesenta y ocho minutos de duración, «Dance Of Death» destaca por su tema homónimo, además de las potentes «Montségur» y «Rainmaker«, entre otros, además de ser el primer disco que cuenta con Nicko McBrain como compositor de un tema, para la rockera «New Frontier«.

Era más o menos obvio que Maiden nos visitaría el 2004. Pero lo agradable fue la confirmación de la fecha: hace un par de meses se ratificó que Iron Maiden tocará en Chile el próximo Martes 13 de Enero, a las 21.00 horas, en la Pista Atlética del Estadio Nacional. Lo mejor de todo es que la banda ha prometido traer a Latinoamérica todo su show, lo que conforma nada menos que 25 toneladas de equipamiento. Ello sin dudas es un plus pues si bien no puede dejar de decirse que el show del 2001 estuvo cargado de emotividad y adrenalina, el sonido no fue de los mejores.

La maldición de las venidas «impares» de Maiden parece estar destruyéndose. Y ante ello no podemos sino estar contentos y expectantes. Como señalamos anteriormente, no todos los días viene Iron Maiden. Para muchos es un acontecimiento que marca vidas, que hace recordar anécdotas, una «bisagra» entre un antes y un después en la vida de un metalero. Y quiero dedicar estas líneas para quienes este sea su primer concierto, como seguramente ocurrirá en muchos casos: si todo sale bien, esta será una experiencia inolvidable para ustedes. Que me perdone la gente católica, pero creo que para un metalero ni la primera comunión es tan importante como su primer concierto, especialmente si es así de masivo. Por ello, preparen sus oídos y sus ojos para vivir una sensación indescriptible, y sobre todo, siéntanse aún más orgullosos de la música que escuchan. Los metaleros somos pocos, vilipendiados en todas partes, víctimas de prejuicios imbéciles… y si hay una banda que nos une a todos, es Maiden. Disfrutemos y demostrremos que somos el mejor público del mundo.

Iron Maiden

UP THE IRONS!!!

Alineación Actual de Iron Maiden :

Bruce Dickinson : Voces
Steve Harris : Bajo
Adrian Smith : Guitarras
Dave Murray : Guitarras
Janick Gers : Guitarras
Nicko McBrain : Batería

Me atrevo a decir que Iron Maiden es la banda de Metal más importante del mundo. No sólo por su trayectoria o su calidad, sino por algo que viene a ser consecuencia de ambas cosas: su transversalidad. Debe ser la única banda del mundo a la que a todo metalero al menos le agrada. Por lo mismo, cada cosa que suceda con Maiden es motivo de comentario. Mi experiencia personal puede resumirse en varias anécdotas: alguna vez, hace algunos años, hice un «salud» con varios amigos un 7 de Agosto, en medio de un carrete, donde le cantamos el «cumpleaños feliz» a … Bruce Dickinson; celebré como loco (me fui a tomar una cerveza en solitario en plena Avenida del Mar en La Serena) en el verano de 1999 cuando leí en La Tercera que Dickinson volvía a Maiden; corrí a comprar el «Brave New World» el mismo día en que salió a la venta, y conectamos 3 fonos al discman de un amigo… y tantas otras situaciones. Y seguramente no soy el único que recuerda situaciones, hechos, anécdotas o vivencias y de una u otra forma las relaciona con Iron Maiden, quizás la banda fundamental para la gran mayoría de nosotros.

Si pequeñas cosas relativas a la doncella son motivo de comentarios, cómo será cuando lanza un nuevo disco. Es el caso, es un acontecimiento. Iron Maiden acaba de lanzar su decimotercera placa en estudio, la segunda con su «nueva» alineación (sexteto). ¿Qué se puede esperar de Maiden, una banda con ya casi 30 años de carrera, a estas alturas? Es difícil contestarlo. Es complicado exigir que la banda vuelva a sacar un «Powerslave» o un «Somewhere In Time» (por sólo nombrar un par de sus joyas, las cuales elegí de forma absolutamente arbitraria al tratarse de mis discos favoritos), pero un nuevo disco de Maiden siempre generó, genera y generará una expectación distinta a la que genera cualquier otra banda de Metal (con contadas excepciones, quizás Metallica logre una expectativa similar). Para algunos, lo único que puede hacer Iron Maiden hoy por hoy es hacer discos dignos, que no decepcionen, y vivir más bien de los «intereses» que genera su trayectoria. Para otros, Maiden siempre saca discos geniales. Lo extraño y particular de todo esto es que, si bien ambas posiciones (que existen) son extraordinariamente opuestas, tienen algo de razón.

La carátula no ayudó demasiado a generar expectativas positivas: probablemente sea la peor de toda la carrera de Maiden, pobrísimo trabajo de Derek Riggs con los gráficos 3D. Quizás con el mismo concepto que se intenta plasmar -una reunión de seres extraños, enmascarados y tenebrosos- se podría haber logrado con otro arte de tapa. Una guagua enmascarada con bikini flotando por sobre un lobo blanco no es lo más atractivo que haya visto en mi vida. Pero lo débil de la carátula tiene un contrapeso espectacular y que, a la larga, hace destacar el disco por sobre muchos otros (incluso de la época más clásica de la banda): debe ser el disco de Maiden que reúne las mejores letras de su carrera. Podemos encontrar, como veremos, temáticas rockeras, históricas, míticas, bélicas, de crítica social, introspectivas y por supuesto algunas que rayan en lo esotérico y en el ocultismo (tan características de la doncella).

Como ya es costumbre, el disco abre con su single (el cual seguramente será el primer tema de sus presentaciones en vivo). Quizás Wildest Dreams carezca del brillo que poseen otros «primeros temas» de la carrera de Maiden (hablando particularmente de temas de la última etapa de la banda, como «Futureal» o «The Wicker Man», considero que es inoficioso comparar al Maiden 2003 con el Maiden de mitad de los ’80), pero es gancherísimo, y el coro tiende a quedarse pegado durante un buen rato («I’m on my way / Out on my own again / I’m on my way / Out on the road again»). La letra es bastante más «rockera» que otros singles de Maiden, muy en la onda del «voy a cambiar mi vida y haré lo que yo quiera». Musicalmente es hiper sencilla y si bien difícilmente pase a ser uno de los mejores temas de la historia, a la larga es un correcto single para el disco.

El Maiden rockero de 4 minutos continúa con Rainmaker, un corte con una letra que metafóricamente trata el tema de los sueños. El comienzo es súper enganchador pues las tres guitarras se distinguen de una forma muy clara (lo que ocurre a cuentagotas en el disco anterior de la banda, «Brave New World»), y el coro es bastante interesante. Un tema muy bien estructurado (quizás, por lo mismo, un poco «cuadradito») y con un final perfecto. Cuatro puntos buenos.

Con la llegada de Blaze Bayley a Maiden, sabemos que la banda tuvo un giro. Y en esta época la banda comienza a explotar una faceta poco explorada anteriormente: temas de más de seis minutos con comienzos y finales acústicos. Lo bueno es que con la vuelta de Dickinson la banda continuó haciendo este tipo de temas, logrando productos interesantes en «Brave New World». Pero considero que la madurez de esa concepción de hacer música ha llegado con este disco. No More Lies, el ÚNICO (sí, el único) tema del disco compuesto en su integridad (música y letras) por Steve Harris, llega a ser -concepto personal y por ende casi arbitrario- una versión mejorada de temas como «The Clansman» o «Ghost Of The Navigator», mezcla lo emotivo con lo rockero de forma muy certera. Da casi lo mismo que el coro se repita y se repita … nuevamente la tríada de guitarras (dos en armonía y una de base) funciona de forma perfecta (particularmente en la parte de los solos y en lo previo a ello), y los teclados de fondo (bien de fondo) aportan una cuota importante para la atmósfera del tema. Excelente, de lo mejor del disco.

Montségur es realmente un temazo. Con un riff bastante pesado para tratarse de Maiden, y que viene a ser una mezcla entre «La Leyenda del Hada y el Mago» y «Fallen Angel», este tema posee y entrega en concentraciones altísimas algo que muy pocas bandas tienen: magia. No puedo describir de otra forma el cómo Maiden crea toda una atmósfera casi de «aventura» con cuatro o cinco acordes. Dickinson llega a un nivel superlativo con su voz (especialmente en el coro)  y la música es perfectamente concordante con la temática de las letras, que deben ser de las más notables de toda la carrera de Maiden, y considero que merecen intentar, resumidamente, narrarse.

Cerremos los ojos y situémonos en 1150 en el sur de Francia. Unos extraños peregrinos caminaban enseñando una nueva y revolucionaria doctrina, llamada Catarismo; caminaban de dos en dos, vestidos de negro o azul oscuro, y predicaban en cualquier lugar. Su mensaje era de amor y tolerancia y, sorprendentemente para la época, de libertad. Las costumbres de los cátaros (del griego cathar, «puro») eran austeras, lejos de la ostentación de la Iglesia Católica de la época: eran castos y vegetarianos, entre otras cosas (predicaban con el ejemplo). Sus teorías encontraron eco en la región debido a los elevados impuestos y la vida «relajada» del clero. Para colmo de la Iglesia Católica de la época, los cátaros incluso llegaron a defender que el infierno no existía, y creían que éste estaba en la misma Tierra, mientras la Iglesia amenazaba a todos sus seguidores con castigos eternos y las llamas del infierno.

Evidentemente comenzaría la persecución contra este grupo «revolucionario» para la época, el cual construye una fortaleza entre 1205 y 1211, a 1272 metros de altura, sobre la montaña de Tabo, en la región francesa de Ariège: la ciudadela de Montségur. La guarnición sería más bien escasa, aunque bien preparada para resistir, pero la corona de Francia y la Iglesia estaban decididas a acabar con «la cabeza del Dragón», como llamaban a Montségur, y comenzó el asedio, lo que trajo como consecuencia que el 2 de marzo de 1244 los sitiados negociasen la rendición, ofreciéndose el perdón a los que abjuraran de la fe cátara. En ese intertanto, cuatro «perfectos» (los «sacerdotes» cátaros) aprovecharon para sacar de Montségur el tesoro cátaro (algunos historiadores incluyen el Santo Grial en este tesoro, pero no son más que especulaciones). Finalmente, 215 personas deciden entregarse sabiendo lo que les esperaba, prefiriendo no renunciar a sus creencias. La noche del 16 de marzo de 1244, con su obispo Bertrand d’En Marti a la cabeza, fueron quemados en la hoguera, hoy en día el lugar se conoce como «le champ des cremats» (pido perdón por lo larga de la explicación de las letras, pero las considero demasiado interesantes como para dejarlas pasar así como así).

¿Cuáles serán los mejores title tracks de Maiden? Seguramente la pelea hasta hace algunos días se circunscribía a «Seventh Son of a Seventh Son», «Powerslave», «The Number of the Beast» y «Fear of the Dark» … pero considero que si Dance Of Death no entra a la pelea, al menos pega en el palo. Aplicando la fórmula del inicio y final acústico, debe ser el tema con más intensidad de la segunda era de Dickinson en Maiden. Las tres guitarras se aprovechan de forma realmente genial y seguramente la entrada armónica de las tres guitarras (con un teclado de fondo realmente adecuado) pasará a ser clásica. Creo que Maiden en este tema logra una atmósfera similar, por momentos, a la que generan temas clásicos como «The Rime Of The Ancient Mariner», y logra una intensidad sobrecogedora cuando Dickinson entra a cantar en medio de las guitarras («By luck then a skirmish started and took the attention away from me / When they took their gaze from me was the moment that I fled / I ran like hell faster than the wind, but behind I did not glance / One thing that I did not dare was to look just straight ahead»). Las letras, nuevamente, destacan: Dickinson parte diciéndonos que nos va a contar una historia para «congelar los huesos» … seres ascendidos del infierno lo observan y lo rodean, con la muerte en sus ojos … un verso es realmente genial, dice algo así como «cuando sabes que te ha llegado la hora, tienes que estar preparado … di tus últimos adiós a todos, bebe y reza por ello». Un tema realmente excepcional, a mi juicio el mejor que ha hecho Maiden en los últimos 10 años.

Después de la intensidad del corte anterior, vuelve el Maiden rockero de 4 o 5 acordes. Con un inicio similar a «Lord Of The Flies» pero sin esa carga «densa» de «The X Factor», sino más bien con un sustrato mucho más rockero, Gates Of Tomorrow explota la veta más ganchera de la doncella. El cambio de ritmo del coro es bastante bien hecho, las guitarras suenan perfectamente afiatadas, buen solo … en suma, un tema «cuadradito», bien elaborado, pero que no destaca demasiado. La letra es bastante introspectiva, destacando una frase: «There isn’t a god to save you if you don’t save yourself».

No creo exagerar si digo que el tema más esperado de este nuevo disco de Maiden era New Frontier. Por primera vez en sus 20 años como integrante de Iron Maiden, Nicko McBrain intervendría de forma «seria» en la composición de un tema de la banda (Nicko aparece en los créditos de un bonus track de «Somewhere In Time» llamado «Sheriff Of Huddersfield», pero sólo por hacer un discurso bastante «tirado de las mechas» en medio del tema). Creo que el tema supera expectativas. Musicalmente es rockerísimo, muy Maiden (aunque suene algo estúpida esa aseveración), con momentos muy bien logrados (especialmente el cambio de ritmo tras el solo, tras el cual las tres guitarras suenan maravillosamente armónicas) y sin aburrir en ningún momento. La letra apunta al cuestionamiento que se hace acerca de la investigación científica, y si el hombre con ello juega un poco a ser Dios. Felicitaciones a Nicko, quien debe sentirse orgulloso de su primer tema.

Junio de 1917, plena Primera Guerra Mundial. Las Fuerzas Expedicionarias Británicas (BEF, en inglés) lanzan una ofensiva hacia un pueblito ubicado en la zona flamenca de Bélgica tomado por las fuerzas alemanas. Los primeros bombardeos duran 10 días. Luego los británicos continuaron un incesante ataque, tras el cual toman el control de la cercana localidad de Yprès, el 4 de Octubre del mismo año. Finalmente, y tras sufrir un impresionante contraataque alemán con gas mostaza, el día 6 de Noviembre los británicos toman control del pueblito belga. ¿Cuál fue el pequeño «problemita» de esta expedición? Que costó la vida de alrededor de 310.000 hombres de las Fuerzas Expedicionarias Británicas. El pueblito en cuestión se llamaba Passchendaele, también conocido como Paschendale. Iron Maiden es una banda que ha dedicado muchas de sus letras a temas históricos («Alexander The Great», por ejemplo) y bélicos («Aces High», «Tailgunner», entre otras), pero esta vez lo hace de forma mucho más épica y triste. Eso sí, no es un tema que enganche a la primera, es bastante más denso que lo que Maiden hace comúnmente, y por ende puede resultar complicado de entender en un principio. Pero a medida que se comienza a percibir la emotividad que Maiden intenta plasmar en este tema, va ingresando más y más a la categoría de gran corte.

Face In The Sand comienza con la fórmula acústica, pero no parece tema de Iron Maiden, lo que en este caso particular, es bastante positivo. Con un ritmo más lento, comandado impecablemente por Nicko con un parejísimo doble bombo (sí), y con un teclado más protagónico que casi nunca (aunque nunca más que las guitarras), este corte nuevamente apunta hacia la emotividad. Dickinson cantando como lo que es, uno de los mejores vocalistas de la historia, y una banda funcionando a la perfección, nuevamente crean atmósfera. Llegan a ser sobrecogedores los «oooh, oooh» del final. Una letra muy crítica de nuestra sociedad de hoy («Lunatics waiting for bigger disasters / Everyone’s waiting for news on TV») corona un tema que se sale, para bien, de los «moldes» de Maiden.

Si hace algún tiempo me hubiesen hecho escuchar los dos primeros minutos de Age Of Innocence habría pensado que se trataba de un tema de «Skunkworks» (disco solista de Dickinson). Curiosamente, no fue compuesto por Dickinson, sino por Dave Murray y Harris. Tampoco parece tema de Iron Maiden, y esta vez no le hace un bien demasiado grande al disco. No es un mal tema, para nada (de hecho posee momentos bastante interesantes, como el muy buen trabajo de Nicko, una deliciosa armonía de guitarras tras el solo de Murray, y el posterior cambio de ritmo con Dickinson cantando más «raspado»), sino que es algo «fuera de tiesto». La letra también es crítica de la sociedad de hoy, pero apunta a cosas más concretas como incluso la delincuencia («Assailants know just how much further that can go / They know the laws are soft, conviction chances low»).

El disco culmina con Journeyman, un bocadillo acústico (si no me equivoco es el primer tema 100% acústico de Maiden), emotivo (con toques orquestados muy sutiles y que encajan muy bien) y con un coro realmente bien logrado por el genial Dickinson. Pero dudo que sea lo mejor el terminar un disco de Iron Maiden con un tema así. Probablemente sea un mero problema de distribución de los temas en el disco mismo. En todo caso, nuevamente Maiden sorprende, creo que nadie imaginaba que el disco terminaría con un tema totalmente acústico y orquestado. Es un temazo, pero quizás esté mal ubicado.

Una contra que, en mi concepto, posee «Dance Of Death», es que no es un disco como para empezar a escuchar a Maiden. Creo que hay que conocer la trayectoria de la banda y saberse sus discos al revés y al derecho para poder comprender de mejor forma lo que la doncella nos ofrece en el presente año. Pero probablemente sea el mejor disco de la banda desde la partida de Dickinson en 1993, incluso me atrevería a decir que desde «Seventh Son of a Seventh Son». Solidez, madurez, consistencia, por momentos genialidad. Es cierto, como dije al principio, no es un «Powerslave» ni un «Somewhere In Time», no es genial de principio a fin, pero la banda suena como los dioses. En realidad, ni los supuestos dioses suenan como Maiden, banda que defiende su estilo, lo explota de forma sabia e incluso se da el lujo de, por momentos, innovar y sorprender. En suma, «Dance Of Death» nos muestra a una banda muy, pero muy lejana a la jubilación, a una banda viva como en sus mejores días, y que seguirá siendo parte de nuestras vidas.