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Lo vivido en el Movistar Arena rozó la perfección en todas sus líneas. De eso no hay duda. Sin embargo, la gran convocatoria estaba prevista para el mítico Estadio Nacional, recinto que le fue esquivo por años y años a los británicos. Pero bueno. La justicia tarda pero llega, ya que a partir del 2011, el coloso de Ñuñoa se transformó en una parada obligada en cualquier tour de los ingleses. Tal es la relevancia de este hecho, que con cada concierto en nuestro país el número de asistentes crece considerablemente show tras show. Tanto así, que las entradas para este «Legacy of the Beast World Tour» se agotaron con meses de anticipación. ¿La razón de tal efervescencia? Bueno, puede haber muchas y a la vez ninguna.

Quizás lo más sensato es afirmar sin tapujo alguno que Iron Maiden es y será la banda más transversal e importante para cada metalero existente en esta angosta faja de tierra. Su influencia y sus años en la carretera sobrepasan todos los límites. Aún no se ha inventado algo más trascendente que asistir a una presentación de La Bestia. Así de simple.

THE RAVEN AGE

Tercera vez que podemos presenciar a los comandados por George Harris antes del número principal. Esta vez fácilmente habían unas 20.000 personas dentro del recinto, siendo una audiencia más que considerable para un show de apertura. Si bien es un grupo que escapa del Heavy Metal más clásico al que está acostumbrado la mayoría de los presentes, lo cierto es que fueron recibidos con un absoluto respeto. No vamos a descubrir ahora que claramente no eran el foco de atención de la jornada, pero supieron sacar la tarea adelante de manera satisfactoria.

Canciones como Betrayal of the Mind y Surrogate mostraron en pleno la esencia de la agrupación, siempre contando con la enérgica participación de Matt James. Otros cortes sumamente interesantes como Fleur de Lis mostraron una gran combinación entre tintes powermetaleros y otros propios del Metalcore. Por otra parte, están las composiciones más complejas y experimentales. Tal es el caso de Grave of the Fireflies, que muestra una gran compenetración entre George Harris y la base rítmica compuesta por Matt Cox en el bajo y por Jai Patel en la batería. Para la postal quedarán la gran cantidad de flashes que se encendieron durante el track.

Por último, para cerrar con toda la potencia que se requería, Angel in Disgrace puso fin a un show más que correcto que duró casi una hora. Como mencionamos anteriormente, quizás este no era su público objetivo y mucho menos era la locación que más permite apreciar su propuesta. Sin embargo las ganas y las energías les sobran y lo demostraron con creces.

Setlist de The Raven Age:

  1. Betrayal of the Mind
  2. Promised Land
  3. Surrogate
  4. The Day the World Stood Still
  5. The Face That Launched a Thousand Ships
  6. Fleur de Lis
  7. Grave of the Fireflies
  8. Seventh Heaven
  9. Angel in Disgrace

IRON MAIDEN

Ya con el Estadio Nacional repleto, era cosa de minutos para que La Bestia dejara caer toda su potencia sobre el recinto de Ñuñoa. Y acá es cuando intenta dimensionar la importancia y la trascendencia de los ingleses en nuestro país. Si bien ya se ha escrito lo suficiente respecto a la perspectiva y evolución histórica de la relación de Iron Maiden con Chile, es imposible no dejar de sorprenderse con todo lo que se genera en cada visita a estas tierras. Una vez que se anuncia la fecha de forma oficial, inmediatamente ese día se convierte en el más importante del año, porque es la oportunidad de renovar votos y de demostrar que somos el país más metalero del mundo. No hay otra forma de decirlo.

Por esto mismo es que los instantes previos a que la banda salga a escena son muy difíciles de describir. Son momentos de ansiedad, de nerviosismo y de euforia. Espero entonces no ser el único que siente escalofríos con el solo hecho de pensar en lo que se avecina. Y nos referimos a que todos sabíamos que una vez que terminara el clip promocional del videojuego «Legacy of the Beast» con Transylvania de fondo, vendría uno de esos rituales sempiternos en los que hay que dejar la vida. Hablamos por supuesto de cantar Doctor Doctor de UFO a todo pulmón. En serio, el «Livin’, lovin’, I’m on the run/ So far away from you/ Livin’, lovin’, I’m on the run/ So far away from you» ya tenía a todo el estadio alucinando. Si a eso le sumamos el famoso Churchill’s Speech, el resultado no es otro que un descontrol total de la fanaticada. Ojo, aún no había ningún músico en el plató. Por tanto, no existe ningún adjetivo que permita plasmar lo que se provocó una vez que los seis integrantes comenzaron a interpretar Aces High de manera magistral. Evidentemente con el «There goes the siren that warns of the air raid/ Then comes the sound of the guns sending flak…» el mejor frontman de la historia de la música ya nos tenía en la palma de la mano. Para qué mencionar el «Running, scrambling, flying/ Rolling, turning, diving/ Going in again…» o el «Run/ Live to fly, fly to live, do or die/ Won’t you/ Run, live to fly, fly to live/ Aces high!«, simplemente deslumbrante. No podemos pasar por alto la reacción de muchos asistentes al percatarse del avión de la Royal Air Force sobre el escenario, mientras otros mantenían el caos con bengalas que aparecieron al centro de la cancha. ¡Notable!

Pequeña pausa para cambiar el telón de fondo y el carismático Nicko McBrain ataca con el redoble inicial de Where Eagles Dare, una de las «sorpresas» de la noche. Decimos «sorpresa», porque más allá de que ya fue interpretada en el Movistar Arena, el grueso de los fanáticos la pudo escuchar por primera vez en esta ocasión. He ahí la importancia de este track y las energías para cantar el «Into the night they fall through the sky/ No one should fly where eagles dare«. Por cierto, a no pasar por alto el cambio de vestuario del esgrimista, acorde a los Alpes alemanes que habían de fondo. Un crack.

Con canciones como 2 Minutes to Midnight la verdad es que poco y nada podemos hacer. La labor para redactar y no caer en redundancias se vuelve cada vez más dificultosa. Quiero decir, ¿Qué más se puede agregar a estas alturas? Obviamente la reacción fue ensordecedora. Todos saltamos y cantamos durante el «The killer’s breed or the Demon’s seed/ The glamour, the fortune, the pain…«. Mismo asunto con el «2 minutes to midnight/ The hands that threaten doom/ 2 minutes to midnight/ To kill the unborn in the womb«. Para esta oportunidad quizás es necesario resaltar lo cómodo que se veía el conjunto en todas sus líneas. Tanto así que el mismo Bruce se dedicó a hacer juegos con Steve Harris durante las partes instrumentales. Por otro lado están Dave Murray y Adrian Smith, que si bien suelen mantener una postura más sobria, siempre juegan a merced durante sus solos e intervenciones. Y bueno, Janick Gers es un show aparte. Pone la cuota de informalidad y por tanto brilla con luces propias.

Primer saludo del cantante hacia el respetable e inmediatamente aprovecha de decir varias frases para el recuerdo. En primer lugar, aseguró que habían más de 67.000 asistentes en el Estadio Nacional, siendo el concierto más grande realizado por una sola banda en Chile. Luego, se encargó de mencionar cada uno de los países que estaban presentes entre el público con sus respectivas banderas (haciendo énfasis en Escocia), para terminar con un «The whole fucking world is in this place«. Finalmente, nos recordó que esta era la última fecha del tour y que «habían dejado a la mejor audiencia de Sudamérica para el final«. Todos damos fe de la autenticidad de sus palabras. Entonces, volviendo unas líneas atrás, la detención en la bandera de Escocia no fue casualidad, ya que el «Eddie Wallace» que podíamos ver en el telón de fondo nos daba cuenta de que lo siguiente sería The Clansman. Y claro, hasta el momento había una arista no explorada en el setlist. Esa arista con la cual Iron Maiden demuestra su gran capacidad instrumental durante pasajes melódicos con grandes solos de guitarra. Si me lo preguntan a mí, esta canción era la indicada para comenzar a apreciar dichas características. Temazo por donde se le mire. Punto aparte es el «Not alone with a dream/ Just a want to be free/ With a need to belong/ I am a clansman» y el «Freedom!» que aún debe escucharse en Ñuñoa.

No había tiempo para descansar. No si arremeten con The Trooper sin compasión alguna. ¡Caos por todas partes! Tres bengalas lo evidenciaron. Y la situación en el escenario no era muy distinta, ya que Bruce tuvo que batallar contra el Eddie gigante durante toda la canción. Para nuestra suerte logró derrotarlo de manera espectacular mientras cantaba «He pulls the trigger and I feel the blow…», siempre con la bandera chilena en su mano. El resto ya es terreno conocido. El «You’ll take my life, but I’ll take yours too/ You’ll fire your musket, but I’ll run you through…» debe ser una de las estrofas más representativas de La Bestia y anoche quedó demostrado nuevamente.

Enésimo cambio de telón y ya estábamos sumergidos dentro de una gran catedral con vitrales de Eddie por todas partes. Señal inequívoca de que Revelations sería lo siguiente. Es cierto que en esta parte del show la adrenalina bajó en comparación a los tracks predecesores, pero esto permitió apreciar de mejor forma el gran desplante escénico del grupo, siempre siguiéndole la pista al escurridizo Bruce Dickinson. Es increíble cómo logra llenar cada uno de los espacios con su presencia. ¡Cuántos quisiéramos tener esa energía! Algo similar ocurriría con For the Greater Good of God, la cual injustamente contó con menor participación del público. Para nadie es un misterio que A Matter of Life and Death (2006) es uno de los álbumes menos reconocidos de los ingleses (a pesar de contar con temazos como These Colours Don’t Run, The Pilgrim, The Legacy, etc.), pero aún así una composición de tal magnitud debió ser recibida de mejor forma. Solo algunos se animaron a cantar el «Please tell me now what life is/ Please tell me now what love is…» y luego el «For the greater good of god!«. De todas formas, la ejecución fue excelsa, como ya nos tienen acostumbrados.

Momento de levantar los ánimos con la entretenida The Wicker Man, extraída de ese discazo llamado Brave New World (2000), dónde Adrian Smith literalmente «las hace todas». Riff inicial, segundas voces y el solo de guitarra. Para algunos es el engranaje fundamental de la agrupación y con justas razones lo consideran así. Solo basta ver la seguridad que transmite y la calma que tiene para tocar cada nota. Ídolo. Por otra parte, desde luego que el «Your time will come» fue coreado a más no poder.

Bien, algo se ha mencionado de los aspectos visuales que se incluyeron en esta gira de Iron Maiden, pero nada que se haya dicho anteriormente se compara a lo vivido durante Sign of the Cross. En primer lugar partamos por lo más esencial: hablamos de un canción de proporciones épicas que fácilmente entra en el top 10 de las composiciones de toda su historia. Muy personalmente, la ubico en el top 5 de mis favoritas de toda la vida. Por tanto, si a tal pieza musical le sumamos cruces en el escenario, un telón digno del apocalipsis, un frontman vestido cuál monje inquisidor, máquinas de fuego y una banda sonando como un cañón, evidentemente estamos hablando de uno de los clímax absolutos de la noche. ¡Qué manera de saltar con el «Standing alone in the wind and rain/ Feeling the fear that is growing…«! Era un reacción más que esperable una vez que la tensión iba subiendo con los redobles de Nicko. Y es que es impagable ver a Steve Harris con tal motivación. ¡Pedazo de tema, madre mía! Del «The sign of the cross/ The name of the rose/ A fire in the sky/ The sign of the cross» solo queda decir que sonó de manera gloriosa cantado por más de 60 mil almas. Para qué mencionar cada uno de los pasajes instrumentales. Solo recuerden la postal de los tres guitarristas al centro de todo. ¡Indescriptible!

Siguiendo con otro clásico incombustible -y con la gran producción visual-, Flight of Icarus nuevamente hizo que toda la cancha saltara de forma descontrolada. Ojo que acá hablamos de algo parecido a lo descrito durante Where Eagles Dare, puesto que recién fue tocada «por primera vez» para la mayoría de los fans la noche del martes. De manera obvia debemos mencionar el gran Ícaro que apareció en lo alto del escenario y de cómo Bruce se encargó de lanzarle fuego con su lanzallamas colgado en la espalda. Ante tal espectáculo solo quedaba cantar el «His eyes are ablaze/ See the madman in his gaze/ Fly, on your way, like an eagle/ Fly as high as the sun/ On your way, like an eagle/ Fly touch the sun» como si no hubiera UN mañana.

Con Fear of the Dark el asunto ya se transforma en una coreografía aprendida tras años y años asistiendo a shows de La Bestia. Primero hay que corear la melodía inicial tocada por Janick Gers y Steve Harris. Luego hay que cantar las primeras líneas junto al frontman (quién lucía una máscara asociada a los doctores de la época de la peste negra) para rematar con el «Fear of the dark, fear of the dark/ I have a constant fear that something’s always near/ Fear of the dark, fear of the dark/ I have a phobia that someone’s always there«. Finalmente, hay que explotar con todo durante el «Have you run your fingers down the wall/ And have you felt your neck skin crawl/ When you’re searching for the light?…«. Eso sí, para esta ocasión, súmenle otras bengalas que aparecieron durante el track. Desde luego que hablamos de otra infalible en el repertorio y de una de las favoritas de todos los presentes.

Y bueno, para terminar la primera parte del show, The Number of the Beast y Iron Maiden llevaron el caos a su expresión máxima. Más bengalas, más máquinas de fuego y otro Eddie gigante que colgaba tras la batería. No podemos pasar por alto una cantidad no menor de cirle pits que se generaron en la cancha, algo no habitual en los conciertos de los británicos. Y que no se me olvide destacar toda la energía que emana Dave Murray durante la canción homónima, ya que él mismo se ha encargado de aseverar que es su pieza favorita para tocar en vivo y eso se le nota a kilómetros. ¡Crack!

Tras un par de minutos fuera de escena, los platillazos Nicko marcan el inicio de The Evil That Men Do, que tiene su punto más alto durante el «Balancing on the ledge/ Living on the razor’s edge/ Balancing on the ledge/ You know, you know!» una vez que el cantante se ubicó en lo alto de la plataforma, robándose todas las miradas con sus versos. Lo que viene con el estribillo «The evil that men do lives on and on/ The evil that men do lives on and on!» no necesita descripción alguna.

Hallowed Be Thy Name es la composición que por defecto debe tener una puesta en escena digna de su lírica y de su atmósfera. Es probablemente la canción que mejor logra retratar los momentos previos a una ejecución en toda la historia de la música, contando con frases tan potentes como «As the guards march me out to the courtyard/ Somebody cries from a cell «God be with you»/ If there’s a god then why has he let me go?«, que simplemente te dejan sin palabras. Por tanto, la soga y la celda que estaban dispuestas para que Bruce realizara toda su performance era justamente lo que se necesitaba. Hablamos de una ambientación única y representativa a más no poder. Solo bastaba ver su cara y sus gestos. Devastador. Ya hacia la parte instrumental, se encarga de alentarnos una vez más a dejarlo todo. Y vaya que lo consigue, puesto que todos entendimos que el final se acercaba y no había que guardarse nada.

La intro de Nicko en Run to the Hills marca definitivamente el principio del fin. A diferencia del show del día lunes, el cantante se notó mucho más cómodo durante el «White man came across the sea/ He brought us pain and misery/ He killed our tribes, he killed our creed/ He took our game for his own need…«, logrando darle mucha más coherencia a sus líneas. Por tanto, el «Run to the hills, run for your lives» esta vez sonó mucho más potente. Más allá del número de asistentes, hablamos también de la entrega de los mismos músicos. No sólo era el fin del concierto, sino que también era el fin de la gira que los trajo nuevamente a Chile. La pirotecnia así lo indicaba. Así, a las 23:03 hrs. en punto, Iron Maiden comienza a despedirse ante un público que se rindió a sus pies desde el primer segundo.

Lo que han hecho los ingleses simplemente no tiene precedentes. Una vez más han roto su propio récord. Tal convocatoria habla de un vínculo emocional que nadie más ha conseguido en nuestro país y que pareciera no tener fecha de caducidad. Es así como con total seguridad hablamos de uno de los mejores recitales que nos ha ofrecido La Bestia. Claro, el show del Movistar Arena fue prácticamente perfecto. Un regalo y un lujo para un grupo selecto de fanáticos que merecían tal actuación. Pero vivir lo mismo con más de 60 mil personas es impresionante. Varios entendimos el asunto de la misma forma. Al tratarse de un conjunto cada vez más longevo, es prácticamente una obligación asistir cada vez que tengamos la posibilidad de hacerlo. La mejor banda de la historia se lo merece.

Setlist Iron Maiden en Chile 2019 (Estadio Nacional)

Intros:
Transylvania
Doctor Doctor (UFO)
Churchill’s Speech
1. Aces High
2. Where Eagles Dare
3. 2 Minutes to Midnight
4. The Clansman
5. The Trooper
6. Revelations
7. For the Greater Good of God
8. The Wicker Man
9. Sign of the Cross
10. Flight of Icarus
11. Fear of the Dark
12. The Number of the Beast
13. Iron Maiden
Encore:
14. The Evil That Men Do
15. Hallowed Be Thy Name
16. Run to the Hills

Live Review: Gino Olivares
Fotos: Guille Salazar

 

Satanás, el demonio, es una realidad. Y el demonio se vale de muchas cosas para introducir el mal en el mundo. Entre ellos, de estos grupos, que finalmente, por lo que he sabido -de muy buena fuente-, todas sus reuniones terminan en grandes orgías, en droga, en alcoholismo, en libertinaje sexual”. Así declaraba ante la prensa en el año 1992 un personero de la Iglesia Católica -cuyo nombre no tiene el suficiente mérito para aparecer en estas líneas y que tampoco contribuiremos a que sea recordado para que no aparezca en Google-, justificando las razones por las cuales, según él, a Iron Maiden no sólo se le debería privar de tocar en Chile, sino que incluso de entrar al país. Las paradojas del destino indican que, de la descripción efectuada por el declarante, la opinión pública tendería a sentirse menos inclinada a asociar con Maiden los conceptos vertidos, sino son mucho más cercanos a la institución representada por el individuo que señaló esas palabras que quedan en la memoria negra de nuestra historia.

Pero esa vergüenza nacional que vivimos ese 1992 no sólo es un hito en la historia de la música y el espectáculo en Chile, sino que en la historia de Iron Maiden. Hay pocos lugares en el mundo donde la conquista de la Bestia ha sido tan manifiesta como en estas tierras, con toda esta historia de prohibiciones basadas en arcaísmos dogmáticos teñidos de una ignorancia indeleble. Pasar de ser prohibidos a instancias de una institución hoy cada día más desprestigiada, pero extremadamente poderosa e influyente, versus tener hace meses vendidos un Movistar Arena y un Estadio Nacional para dos días seguidos, es sólo una muestra de que el fenómeno de Iron Maiden en Chile, además de lo musical, tiene un potente e intenso componente afectivo, de testimonios pasados por generaciones, que se unen en las mismas poleras negras que abarrotaron el recinto del Parque O’Higgins de Santiago de Chile.

Imaginar a la Doncella de Hierro en un recinto así, francamente, era un sueño para muchos. Más allá de que en su debut en 1996 tocaron en el en ese entonces llamado Teatro Monumental (hoy Caupolicán), con la vuelta de Bruce Dickinson y el debut de éste como integrante de la Bestia en Chile en el 2001 en la Pista Atlética del Estadio Nacional, los fanáticos más acérrimos soñábamos con verlos algún día en un recinto cerrado, más pequeño e “íntimo” dentro de lo que la masividad de la banda permite. Y las cosas del destino nos llevaron a tener a la Doncella debutar en un local espectacular como el Movistar Arena, de lo mejor de Chile en cuanto a ubicación, sonido e ingeniería para lograr ver cualquier espectáculo de forma al menos relativamente adecuada.

Sinceramente, quienes somos fanáticos de la Bestia, nos merecíamos esto, un show más pensado en nosotros. Por supuesto, estamos hablando de una banda que también genera atracción como evento en sí para gente no tan fanática, es decir, ir a verlos más bien por su calidad de “gran evento” o “imperdible” que alcanzan también otros eventos de distintos estilos musicales. Maiden es tan grande en Chile que alcanza para ambos contextos: nos merecemos tener a Maiden tanto en el escenario más grande de Chile,  como en el mejor escenario de Chile. No sólo sumando experiencias sino que multiplicándolas.

La expectativa era altísima: para muchos, era la primera vez que veríamos al sexteto británico tan de cerca y en un recinto cerrado, sabiendo la diferencia que esto genera en lo auditivo: la expectativa de encontrar un sonido espectacular como acostumbra el Movistar Arena, que sabemos no ha sido un factor que siempre haya resultado 100% incuestionable en los conciertos en Chile de la Bestia (es cosa de recordar a modo de ejemplo que Rob Halford el 2001 sonó muchísimo mejor que Maiden). Ahora, la ausencia de factores climáticos que influyesen en el sonido y la consabida calidad del recinto eran buenos antecedentes para poner el listón de exigencia en lo más alto, considerando además que el contexto de la gira “Legacy Of The Beast” traería algunos temas nunca tocados en Chile, además de varios de los clásicos que si bien son de siempre, cada vez traen algo nuevo, un sello distintivo, y que muchas veces está dado por aspectos escénicos y en gran parte por la teatralidad interpretativa del señor Paul Bruce Dickinson, uno de los mejores frontman en la historia de la música. Además, teníamos la curiosidad de cómo la Bestia iba a adaptar su gigantesca puesta en escena a un recinto y a un escenario más pequeño respecto a los cuales hoy en día acostumbra tocar.

THE RAVEN AGE

Mientras paulatinamente el público ingresaba al recinto -más en cancha que en otros sectores-, con aproximadamente 3.000 personas, a las 19:40 horas en punto sale a escena la banda soporte, The Raven Age, que como sabemos, cuenta en sus filas con George Harris, hijo del legendario Steve.

El baterista Jai Patel sale a escena con una bandera chilena, y luego el quinteto se completa con George Harris, que si bien toca otro instrumento, usa el pelo corto y su música es distinta a Maiden, igualmente por momentos tocaba con un pie sobre un parlante, tal como su padre. La sangre tira.

No nos vamos a hacer los tontos: es obvio que The Raven Age es la banda soporte porque toca el hijo de Steve Harris, pero es un grupo que se deja escuchar, que a lo mejor no prende pero que está lejos de algunos actos lamentables que hemos tenido que sufrir a todo nivel por causa del nepotismo. Bien por los muchachos, con una puesta en escena sencilla sólo con un telón -bastante bonito-, y si bien no provocaron grandes manifestaciones de jolgorio con su metalcore más juvenil y orientada a lo alternativo y “groove”, fueron escuchados con mucho respeto.

El vocalista Matt James nos pregunta cómo estamos y si nos encontramos listos para Iron Maiden. Los muchachos son ubicados, no intentan copiar la música del padre y a la larga su actitud liviana y sencilla termina cayendo bien. Así, intercalando momentos más intensos y otros más reposados incluyendo guitarras acústicas, tras aproximadamente cincuenta minutos de show -un poquitito más que lo suficiente-, a las 20:30 horas clavadas se despiden del público con la ya típica foto de la banda dando la espalda a los asistentes y tomada desde el sector de la batería.

Setlist de The Raven Age:

  1. Bloom of the Poison Seed
  2. Betrayal of the Mind
  3. Promised Land
  4. Surrogate
  5. The Day the World Stood Still
  6. The Face That Launched a Thousand Ships
  7. Fleur de Lis
  8. Grave of the Fireflies
  9. Seventh Heaven
  10. Angel in Disgrace

IRON MAIDEN EN EL ARENA: EXPERIENCIA IRREPETIBLE

Ha habido algunos países -enormes, por cierto- donde la Doncella tocó más de una vez en esta gira. En especial, Canadá, Estados Unidos y Brasil, en distintas ciudades. Y sí, hubo una ciudad donde tocaron más veces que en Santiago: hicieron tres fechas en Ciudad de México, pero con la particularidad que las tres fueron en el mismo recinto, el “Palacio de los Deportes”, que es una arena cerrada. Y dentro de ese lote se mete Santiago de Chile, con dos shows en lugares distintos, uno cerrado y otro en el coliseo de todos los chilenos. Tenía mucho peso y a la vez mucho sentido que seamos el cierre de esta gira, no sólo por quedar al final del mundo, sino que porque de verdad, en Chile, Maiden es algo especial, y para Maiden, Chile también lo es.

En un ambiente relajado se comenzaron a afinar los últimos detalles del escenario de la Bestia. De hecho, sale a escena un camarógrafo y los técnicos empezaron a ponerle parte del decorado en la cabeza, particularmente hiedras plásticas -suponemos- que serían utilizadas en el inicio del show. Mientras tanto, la cancha del Arena empezaba a abarrotarse, siendo un poco más lento en las plateas, considerando además que la comodidad y la bendición del asiento numerado permite llegar al show en una hora más cercana al mismo, lo que explica en buena parte porqué se llenó sólo minutos antes del inicio del espectáculo.

Luego de la música envasada que se escuchaba en el recinto (entre ellas distinguimos Queensrÿche, Dr. Feelgood de Mötley Crue y Back from Cali de Slash ft. Myles Kennedy), el reloj marcaba las 21:00 horas y el show no empezaba. Los minutos transcurrieron lentísimo hasta las 21:10, hasta que por fin, ya con el Arena a su máxima capacidad (alrededor de 15.000 personas), las pantallas gigantes comenzaron a proyectar un video promocional del videojuego “Legacy of the Beast”, razón por la cual armaron este tour, y nada menos que con el inconfundible sonido de la imperial Transylvania, tema adoradísimo por el fan de Maiden pues une lo clásico con la posibilidad de corear los riffs, siempre tan agradable en vivo.

La Bestia es tan grande que tienen un tema como Doctor Doctor que no es de ellos y no lo tocan ellos, pero igual la gente lo asocia a ellos a tal punto que algunos llamamos “la Doctor Doctor de X” a esos temas “ajenos” con los que otros grupos inician sus shows. Dos temas sin salir a escena y ya tenían el recinto convertido en una caldera donde no quedaría gota de sudor alguna en quienes entregamos todo lo que teníamos en este espectáculo -adelantamos- inolvidable.

Dos personas vestidas de soldados salen a escena. Se paran uno a cada lado del escenario, y luego empiezan a develar una escenografía que contribuye a contextualizar el primer tema de la velada. Todo se apaga y comienza el mítico discurso de Winston Churchill en la Cámara de los Comunes en Junio de 1940, en el contexto de la Segunda Guerra Mundial, con ese orgullo británico tan tradicional en cualquier época.

Cada visita de Maiden tiene algo distintivo que marca hitos notorios en su historia para con esta larga y angosta faja de tierra. Y ya habíamos visto/escuchado Aces High, tema motivador si los hay, pero nunca con este nivel de puesta en escena, con una réplica de un  avión de la Royal Air Force sobrevolando el escenario, una cosa realmente maravillosa. Una cosa es verlo en videos, otra cosa es estar a pocos metros de aquello. Y sale a escena este maravilloso sexteto, donde cada uno tiene su función, la entienden muy bien y se complementan cada vez mejor, la intensidad que proyectan Steve Harris y Janick Gers, más la precisión de un perfil más bajo como sucede con Dave Murray y Adrian Smith, se suman a un Bruce y su teatralidad con la chaqueta y lentes de aviador, todo lo cual en su conjunto formaba un espectáculo que sonó ya desde ese momento como un cañonazo incontrarrestable, y sólo con algunos detallitos que veremos más adelante.

La discografía de Maiden es tan vasta que hay muchos temas clásicos que nunca habían tocado en sus numerosas visitas a nuestras tierras. Y Where Eagles Dare –otro tema de guerra, al igual que el anterior– es una de ellas. Varios crecimos con esa espectacular versión en directo del “A Real Dead One”, siendo de esas canciones que en vivo adquieren un brillo especial, algo común en el catálogo de la Bestia. El look de Bruce ahora emulaba al de los paracaidistas ingleses infiltrados en las líneas nazis para rescatar a un prisionero en medio de los Alpes alemanes –he allí las razones de la nieve del telón–, y la emoción que nos provoca la Bestia tocando temas por primera vez en nuestras tierras supera cualquier mínima sensación de reiteración que pueda provocar en algunos. El contexto del show invitaba a dejar la vida cantando y así fue, las gargantas hoy lo sienten.

Sin parar, ni la música ni la temática bélica –tan característica de la discografía de Maiden–, un clásico de clásicos como 2 Minutes to Midnight, que a muchos nos hizo conocer la existencia del Reloj del Apocalipsis, regó de pólvora el Movistar Arena. Con el imponente telón del Eddie soldado frente a un tanque y con banderas atrás –la afgana como protagónica–, el éxtasis no paraba en intensidad en el público que mantenía repleto el recinto. Uno miraba para todos lados y no veía claros, quizás algún asiento loco vacío perdido por allí pero nada más. Es cierto que la tocan siempre, pero tanto la pericia en las ejecuciones como la puesta en escena proporcionan un brillo especial cada vez, tal como acontece con otros temas recurrentes en los set de la banda.

La principal interacción de Bruce Dickinson con el público vendría ahora. “Ahá! Hola Chile, Hola Santiago!”, nos saluda en español el orgullo de Nottinghamshire. Nos cuenta que esta es la parte final de un tour de cuarenta y cuatro shows, y que necesitaban terminarlo en un lugar “really, really fuckin’ special”. A Bruce no le vienen con cosas, no necesita caerle bien a nadie, no es una oda a la corrección política y por ende sus palabras exceden la buena crianza, y el público lo sabe, por lo que se ganó una sincera ovación. Además, se sorprendió al decir que venían de tocar en “Rock in Rio” y que el público aplaudiera en vez de pifiar por referirse a un país cercano y la típica rivalidad que ello conlleva, por lo cual nos preguntó “hey! Everything is OK?”.

En un momento de alineación de planetas, Bruce toma una bandera chilena, pero que además tenía la leyenda “Just to be free”, que coincidiría con lo siguiente. Antes, eso sí, Dickinson recuerda la primera vez que trataron de venir, porque tuvieron problemas con alguien. El “booooo” ensordecedor del público no tiene nada que envidiar a los abucheos a los wrestlers malévolos que osan hacer trampa o pegarle a los buenos sacando una silla plástica desde abajo del ring. “But that’s OK”, añade Bruce, diciendo que lo siguiente es un tema que trata sobre la libertad, que teníamos gente de todo el mundo en el concierto, incluso de Escocia. Nos preguntó si había escoceses, encontrándose con un “yeeeaaah” bastante masivo que lo llamó a tratarnos simpáticamente de mentirosos. ¡Pero en cancha había una bandera de Escocia! Así que el frontman le pidió perdón a la persona que la portaba –si lo estudió, qué bien la hizo; si es escocés, también, qué bien la hizo–.

Por supuesto que lo siguiente era The Clansman. No queremos ser injustos con Blaze Bayley, es de los mejores temas de su época y se engancha muy bien con su timbre y la garra que pone en escena, pero la verdad es que Dickinson, con su voz y teatralidad –saliendo a escena con una espada ensangrentada–, realmente fagocitó este tema y con su estilo resulta de manera simplemente espectacular. Un sueño realmente, verlos tan cerca, con la misma escenografía de recintos más grandes. Todo invitaba a dejar hasta la más mínima reserva de energía en el Movistar Arena, lo que pase después se verá después.

No es casualidad que en el contexto temático de guerra se incluyera a otro clásico incombustible como The Trooper y su recuerdo a la Carga de la Brigada Ligera en la Batalla de Balaclava en el contexto de la Guerra de Crimea de los rusos contra británicos y aliados, con su telón clásico y con Bruce simulando pelear con su espada con sangre. Y no podemos negar que la parte final sale hermosa, con Dickinson tomando el mástil con la bandera chilena –qué inteligentes son estos tipos para conectarse emocionalmente con el público sin necesidad de hablar demasiado–, para terminar con la Union Jack por todo lo alto.

Unos pocos segundos bastaron para cambiar la temática del show, con un telón maravilloso que, a sus costados, y a modo de mosaicos, los Eddie del “The Number Of The Beast” y el single “The Trooper”, mientras que un hermoso rosetón gótico en el telón –y otros más pequeño en el bombo de Nicko y al fondo del mismo baterista– llenaba de colores un escenario más solemne, que a algunos recordó a la malograda Catedral de Nôtre Dame de París. Así, se iniciaba la sección “religiosa” del show: primero con un solidísimo clásico como Revelations, con mucha participación del respetable, y luego con otro corte que no habíamos visto en Chile, la imperial For The Greater Good of God, del “A Matter Of Life And Death”, una de las máximas joyas compositivas de la Bestia desde la vuelta a la banda de Dickinson, que dio un especial énfasis a la letra al momento del “you know religion has a lot to answer for”. Es cierto que no se bramó como los clásicos de antaño, pero en ningún momento el ambiente decayó.

Siguiendo con temas más “modernos” de la Bestia, el telón de fondo nos marcaba que sería el turno de The Wicker Man, tema muy querido por la fanaticada, pues fue el primero que conocimos desde el retorno de Bruce Dickinson a la banda por allá por el año 2000. Con Adrian Smith muy activo en las segundas voces, el “your time will come” retumbó hasta el techo del recinto.

A continuación vendría uno de los momentos más soberbios de la noche, con la solemnidad lúgubre de Sign Of The Cross, uno de los cortes donde la teatralidad de Bruce luce a inmenso nivel. Sale a escena casi a oscuras, con una capucha y con una cruz que ubica en el centro del escenario, mientras interpreta el denso inicio del tema, con bajos que no acostumbramos a escucharle y que le resultan fenomenales, aunque se dio el primer –y quizás único– problema de sonido de la jornada: algún inconveniente en el monitor de Dickinson hizo que en algunos pasajes estuviera un poco a destiempo, lo cual sucedería en un par de ocasiones más. Y en este momento tan relacionado a las temáticas eclesiásticas, valga una reflexión: qué inmenso es Iron Maiden, cuánto ha crecido con el paso de los años, y sin duda cuando físicamente ya no puedan darnos todo esto, el legado de la Bestia perdurará por siempre, mientras que las personas que incidieron en prohibir hace algunos años su entrada al país se irán de este mundo y probablemente caerán en el inmenso cajón del olvido, con esa cruz que al final del tema iluminó la oscuridad del recinto.

La anterior fue una joya de once minutos, y ahora vendría otro diamante, pero ahora de cuatro minutos, nunca tocado anteriormente en Chile. Si uno se pone excesivamente exigente, podría decir que Maiden sí nos debía Flight Of Icarus, deuda pagadísima con intereses y con excedentes, con una puesta en escena increíble que emulaba el vuelo de Ícaro de manera magistral, y con un Dickinson jugando con unos lanzallamas que cargaba en su espalda cual mochila de delivery. Es imposible que una persona que no conozca a ese señor que anda corriendo para todos lados crea que tiene sesenta y un años, un cáncer superado y una lesión severa en un tendón de Aquiles hace apenas meses. Espectacular es una palabra limitada para describir lo vivido en esos momentos, pese a un nuevo pasaje de descoordinación voz/resto.

Es cierto que Fear Of The Dark la tocan siempre, con su clásico inicio a cuatro platillazos de Nicko. Pero cada vez que la vivimos, formamos un coro realmente fenomenal, acorde a la entrega de la banda. The Air Raid Siren sale a escena con otra vestimenta: abrigo, sombrero de copa y una linterna verde para iluminar la oscuridad. De verdad, desde las plateas se veía la cancha como un mar que se movía al unísono, con un público vuelto loco en la totalidad del recinto.

Ya terminando la primera parte de un show que realmente pasó volando, la inconfundible voz grave, tenebrosa y estremecedora de don Barry Clayton (Q.E.P.D.) nos lleva a otro clásico de todos los tiempos. Es imposible imaginar un show de Maiden sin The Number Of The Beast, con Dickinson soltándose su largo pelo –primera vez que lo vemos en Chile con ese look–, emulando a los shows ochenteros de la banda donde forjó la grandeza que hoy luce por el mundo. Y por cierto el cierre a tope con los “scream for me Santiago” para dar inicio a Iron Maiden, con un Eddie gigantesco saliendo desde el fondo del escenario, con un pentagrama en la cabeza, que lucía aun más con las llamaradas dispuestas en sectores estratégicos. Bruce se despide de nosotros tras noventa y cinco minutos de intensidad y entrega total, y nos dice “nos vemos, quizás mañana, si se portan bien”, mientras el querido Nicko McBrain lanzaba memorabilia –baquetas, muñequeras– al público.

Tras un pequeño descanso de un par de minutos, sale a escena el Jefe Steve Harris y luego el resto de la banda, que vuelven con The Evil That Men Do, clásico del “Seventh Son Of A Seventh Son”, completando el décimo disco que fue revisitado por la banda en este espectáculo, que realmente mostró buena parte de toda su discografía. La última descoordinación entre los tiempos de la banda y el monitor de Bruce no afectó mayormente.

Y el show no podía terminar con dos obras maestras, también llenas de teatralidad. Primero con Hallowed Be Thy Name, con un Bruce chascón, sin chaqueta, sudado por completo que realmente uno podía imaginarse a un condenado a muerte, tras las rejas instaladas en el sector derecho del escenario y pasando a la tenebrosa horca que cayó desde los cielos, en una interpretación colosal y que además muestra a un Dickinson incitando al público a gritar desquiciadamente hacia el final. Y de inmediato la energética Run To The Hills, con minas antipersonales y un detonador de trinitrotolueno que realmente nos hizo cantar como si de nuestra voz dependiera que pudiésemos arrancar hacia los cerros. Así, tras una hora y cincuenta y cinco minutos, con Bruce agradeciendo, diciéndonos que nos quieren, que nos vemos mañana y que van a seguir viniendo a vernos, se cerró un show inolvidable por todos los aspectos posibles.

Hay que reconocer que hay mucho de sesgo cuando uno opina de algo que le gusta tanto, pero realmente lo que vivimos en esta jornada fue magistral y probablemente irrepetible, en intensidad, en sonido –que habría sido prácticamente perfecto sin esas pequeñas descoordinaciones entre la voz y los instrumentos–, en entrega de la banda y del público, a tal punto que quizás sea uno de los más grandes e inolvidables espectáculos que haya pasado por el Movistar Arena a lo largo de su historia, y un hito tremendamente destacable en la relación de Iron Maiden con Chile, cada vez más consolidada y afianzada, y con una Bestia cuya reputación va creciendo exponencialmente con el paso de los años, algo que otros estamentos no pueden decir, porque ellos no sabían que la Doncella de Hierro los va a atrapar, no importando cuán lejos estén.

Setlist de Iron Maiden en Chile 2019 (Movistar Arena):

Intros:
Transylvania
Doctor Doctor (UFO)
Churchill’s Speech
1. Aces High
2. Where Eagles Dare
3. 2 Minutes to Midnight
4. The Clansman
5. The Trooper
6. Revelations
7. For the Greater Good of God
8. The Wicker Man
9. Sign of the Cross
10. Flight of Icarus
11. Fear of the Dark
12. The Number of the Beast
13. Iron Maiden
Encore:
14. The Evil That Men Do
15. Hallowed Be Thy Name
16. Run to the Hills

Review: Darío Sanhueza
Fotos: Guille Salazar

¡Llegó el histórico día de IRON MAIDEN en el Movistar Arena! Hoy la Bestia comienza a cerrar su gira «Legacy of the Beast» y se presentará por primera vez en el reducto ubicado en el Parque O’Higgins, que estará repleto con 15 mil fanáticos de todas partes de nuestro país.

Recordemos que, al igual que el concierto de mañana en el Estadio Nacional, las entradas se encuentran completamente agotadas.

Los horarios para el primero de los dos conciertos de MAIDEN en Chile son:

Boletería – 12:00 a 22:00hrs.
Ingreso Vehicular – 17:30hrs.
Apertura de Puertas – 18:00
The Raven Age – 19:40hrs.
Iron Maiden – 21:00hrs.

El acceso vehicular se realiza por Av. Tupper y Av Viel. Los estacionamientos son privados, se ubican en la elipse del Parque O’Higgins y tienen un valor de $5.000.

En tanto, el ingreso peatonal se dará por Av. Tupper y por el acceso Metro Parque O’Higgins.

Está prohibido el ingreso de cámaras profesionales con lentes intercambiables y selfie sticks.

No es un día cualquier para Chile, es un día histórico. Luego de 18 años desde que vienen presentándose en grandes recintos, IRON MAIDEN tocará esta noche ante 15 mil personas en el Movistar Arena, en lo que será su show más «íntimo» desde aquel debut en nuestro país cuando llegaron promocionando «The X Factor» en el Teatro Caupolicán.

Santiago será el cierre de la gira «The Legacy of the Beast», sumando al show de esta noche, el gran evento del año donde la Bestia tocará ante 63 mil personas mañana en el Estadio Nacional. «Después del show en Chile voy a Londres, llego a las 7 de la mañana, me doy una ducha, de ahí voy a una conferencia con ingenieros, después me pongo una fucking corbata negra para asistir a una cena de caridad; al día siguiente tengo una conferencia, luego una reunión con posibles inversionistas para mi compañía y finalmente me iré a un pub con mis hijos (25, 27 y 29 años). El sábado nos volveremos a encontrar, después me voy a París, donde vivo con mi novia, y el lunes empiezo a entrenar esgrima, hasta el jueves. Va a ser mi vuelta a los entrenamientos después de haberme roto el fucking tendón de Aquiles», comenta Bruce Dickinson al diario El Clarín de Argentina hace 2 días, minutos antes de tocar ante 45 mil fanáticos en Buenos Aires.

«No hay manera de que nuestro trabajo se convierta en una rutina. Cada show es distinto. Cada vez que entras en el estadio es como si fueras un gladiador, y hay un par de cuestiones que ayudan en ese sentido. Tú sabes que hace unos cinco años tuve cáncer de lengua, de modo que soy un hombre afortunado. Primero, de estar acá; segundo, de estar cantando. Además, hace unos cinco meses se me cortó el tendón de Aquiles (se saca la zapatilla y muestra la cicatriz de la cirugía). Nadie lo sabe. Me operé, y cuando fui a hacer fisioterapia, porque no podía caminar, pregunté cuánto tiempo me iba a llevar la recuperación. El hombre me dijo que la rehabilitación me iba a llevar entre seis meses y un año, y mi respuesta fue: ‘Ok, tenemos un pequeño problema, porque comenzamos un tour en siete semanas. Qué podemos hacer’. Y lo hice. Al principio era un infierno, porque no tenía fuerza en el músculo», confiesa Bruce al periodista Eduardo Slusarczuk.

-Por como te vi corriendo en Río, supongo que ahora está mejor.

«Está mejor, pero aún está flojo».

-Dicen que duele muchísimo.

«No, no duele. Lo que me duele es la cadera, de tanto caminar mal por el problema en el pie. Pero se está poniendo bien, mejora día a día. De modo que soy muy afortunado de seguir estando sobre el escenario».

El periodista también plantea a Dickinson sobre cómo sería el final de la banda y un tour de despedida: «Nunca habrá nada de eso. Nunca vamos a hacer un tour de despedida. Jamás. En todo caso, si alguna vez llegamos al final de un tour y no hacemos ninguno más, ese habrá sido el de la despedida. Pero nadie lo va a haber sabido con anticipación. Ni siquiera nosotros. No creo que queramos hacerlo. Seguiremos hasta que dejemos de disfrutarlo», sentenció el cantante.

Un tema recurrente en las giras de IRON MAIDEN es la elección del setlist, donde Bruce comenta: «Tenemos 16 álbumes de los cuales escoger. Entonces, elegimos canciones basadas en tres ejes temáticos: la guerra, la religión y el infierno. Eso fue como una guía para tomar temas que hablan de esas cuestiones, y adaptarlos a la puesta en escena. Pero quedaron fuera un montón de canciones que no pudimos incluir, que no hicimos en este tour. De manera que podríamos hacer otro Legacy Tour con un repertorio totalmente distinto.

-¿Quién se encarga de proponer el formato de los shows? ¿Es algo de lo que se encargan ustedes o esa parte la delegan?

«Primero hay una idea básica, que diseñamos entre todos juntos. Y luego, el show, es una parte fundamentalmente mía. Los cambios de vestuario, la pelea con espadas con Eddie, el lanzallamas…»

-¿No es peligroso?

«Puede serlo. De hecho, me quemé un par de veces (risas). En un par de ocasiones me arruiné los pantalones… Pero es divertido. Si algo no se ve peligroso no resulta divertido».

Slusarczuk aprovecha preguntarle a Dickinson por el futuro del Heavy Metal y si hay nuevas bandas que tomen el legado de IRON MAIDEN, a lo que Bruce responde:

«Siempre hay nueva música. Una de las grandes cosas de los avances en la distribución de la música es que se tornó muy accesible para todos, y eso hace que la mayoría de los chicos crezcan con muchos tipos diferentes de música. Para mí, como músico eso es fantástico. Pero el problema no es que haya o no haya nueva música, sino cómo van a vivir de eso los chicos que la hacen. Cómo van a hacer para ganar plata. Porque la tecnología le llevó la música a toda la gente, pero se las robó a quienes la hacen. Les robó la habilidad para hacer que se pague por eso. Ganas más plata como un chofer de Uber. Tú, como músico le dedicaste toda tu puta vida a estudiar, a tocar un instrumento, a crear tus canciones… Y probablemente el hombre que está manejando un Uber sea un músico, porque es la única manera de ganar un dinero que te permita comer. Y creo que eso es vergonzante. Aunque, al mismo tiempo, es un testimonio de que esa gente no se rinde. Necesita crear. Mientras, del otro lado, es trágico que un montón de grandes corporaciones (Apple, Spotify…) hayan hecho y hagan tanto dinero con la publicidad o con el material de archivo de las compañías. Nosotros vivimos de hacer conciertos porque podemos, y si lanzamos un álbum nuevo, podríamos hacerlo aunque la distribución sea gratuita. Pero para las bandas más chicas es realmente crítico. Veo músicos de 24, 25 o 26 años, que siguen girando en una Van, como lo hacíamos nosotros a los 18. Porque tienen que hacerlo así».

Al ser consultado sobre qué prefiere hacer después de un show, entre escuchar algún viejo disco donde él cante o tomarse una cerveza Trooper: «¡Tomo mi cerveza! ¡Totalmente! ¡Mi Dios, escucharme a mí mismo…! Trato de evitarlo. Prefiero escucharme cantando ahora. El sonido que tenemos ahora es maravilloso, estamos sonando increíble. Además, tocar para tanta gente… En Sao Paulo fueron 60 mil personas, en Porto Alegre 40 mil».

Por último, se refirió a su tan esperado nuevo trabajo solista. «Lo tengo que terminar. Tenemos demos, hicimos un pequeño trabajo… Saldrá el año que viene, o el siguiente. Porque en el medio tengo un montón de ocupaciones. Pero, honestamente, me gustaría salir con una pequeña banda junto a Roy Z (guitarrista, porductor y compositor), y hacer algún tour. ¿Por qué no, después de lo qué pasó con el boxset Soloworks 1990 – 2005? Lo hicimos, y vendimos 200 mil copias físicas. ¡No lo puedo creer! Es una gran demanda de la gente. Estoy orgulloso de mi material solista».

IRON MAIDEN cierra su gira «Legacy of the Beast» en Chile, tocando hoy lunes en el Movistar Arena y mañana martes en el Estadio Nacional junto a THE RAVEN AGE, donde ambos conciertos se encuentran con absolutamente todas sus entradas vendidas.

Ocurrió hace una semana en Brasil y todavía retumba en toda Sudamérica con la transmisión en vivo que pudimos ver online.

Faltando muy pocos días para ver a IRON MAIDEN en Chile por partida doble, en PowerMetal.cl hacemos la previa con el show completo que ofreció la Bestia el pasado viernes en el festival Rock in Rio

Míralo completo aquí:

Recuerda que los shows del 14 y 15 de octubre tienen todas sus entradas agotadas y en ambos abrirá THE RAVEN AGE.

Para ambos shows se habilitaron estacionamientos de bicicleta, cuyos cupos puedes reservar en los siguientes links:

Ocho son las visitas anteriores de la Doncella de Hierro a Chile. Son bastantes –nunca suficientes, por supuesto–, pero más allá incluso de las bromas que esta “asiduidad” ha provocado –como que en cualquier momento va a aparecer Steve Harris jugando a la pelota en las canchas de Zamorano o Bruce Dickinson conduciendo un planeador desde Tobalaba–, cada visita es única en su especie.

Porque la que debió ser la primera no fue. Hacer el ejercicio de revisar prensa o videos de la época es un ejercicio muy útil para aprender a tolerar la ira mezclada con vergüenza ajena que genera el ver una realidad tan ridícula como anacrónica.

Pero esa primera que no fue, y después esa tercera que no fue –por otras razones que para qué revolver el gallinero a estas alturas–, son parte esencial del vínculo de Maiden con Chile. Es cierto que sus shows tienen setlists con menos –probablemente– variaciones que lo que soñáramos, pero para la banda y para el público, Chile es un territorio conquistado, derrotando a castas en ese momento dominantes e impositivas con prevenciones ridículas.

El Maiden de hoy en Chile es ver todos los días por lo menos a una persona en la calle con una polera de la banda. Es el orgullo del metalero de haber conquistado el logro de tocar en el recinto de todos los chilenos y con tanta carga emotiva para nuestro país –otra conquista, es cosa de recordar el discurso de Bruce en la Pista Atlética el 2008, reclamando para que terminen de restaurar el Estadio–. Es ese Aces High funcionando como si tuviera cafeína para empezar el día, es ese Wasted Years que nos hace pensar en los años pasados, es ese The Number Of The Beast que nos hace vibrar y reír cuando recordamos que fueron tildados de satánicos.

Y vienen. ¡¡Y dos veces!! ¡¡¡Y la primera de ellas en el Arena!!! Creo que somos muchos los que, por ejemplo, soñábamos con ver a Helloween en un recinto más grande, y ahora quizás somos los mismos quienes soñábamos con ver a la Bestia en un recinto más pequeño que donde acostumbran a tocar. Y por supuesto, volver a poner la gigantesca pata de Eddie en el Estadio Nacional, haciendo vibrar los muros del reducto ñuñoíno como nunca antes durante este 2019.

Y Dickinson tuvo cáncer, cabros. Y lo superó, aunque nunca se sabe con ese cangrejo maldito que nos quitó a Ronnie James Dio y que hoy ataca a una insignia del Heavy Metal como Dave Mustaine y a otro entrañable cantante como Ronnie Atkins, más allá de Tony Iommi que viene con aquello desde hace algunos años. Parte de ir a verlos es ir a agradecer que sean parte de nuestras vidas, en influir en ellas probablemente sin saberlo a niveles imposibles de dimensionar. Siempre, siempre puede ser la última, pero mientras pasan los años, esas posibilidades se van transformando en certezas. Y en arrepentimientos.

Por ello y tantas cosas ahí estaremos, como siempre, Doncella. Y dos veces, como lo mereces.

por Darío Sanhueza de la Cruz

¡Los conciertos de IRON MAIDEN en Chile están a la vuelta de la esquina! La Bestia ya va rumbo a Buenos Aires para presentarse este sábado en la capital argentina, y luego llega el turno de nuestro país por partida doble.

Para ambos shows se habilitaron estacionamientos de bicicleta, cuyos cupos puedes reservar en los siguientes links:

Recuerda que los shows del 14 y 15 de octubre tienen todas sus entradas agotadas y en ambos abrirá THE RAVEN AGE.

No es un secreto que las expectativas que se generan en torno a una gira de IRON MAIDEN van más allá de cualquier otro concierto. Pero si hay un elemento que se lleva la atención, más allá de la puesta en escena, es el setlist.

A muy pocos días de la novena visita de la Doncella a nuestro país, en PowerMetal.cl nos aventuramos con un setlist ideal de 20 canciones que nunca han tocado en los 8 conciertos que han realizado en Chile.

¿Qué opinas? ¿Falta alguna? ¡Te invitamos a escuchar y comentar para prepararnos para la Bestia!

IRON MAIDEN se presentará por partida doble en Chile. Todo parte este lunes 14 en el Movistar Arena ante 15 mil personas y cierra la gira el martes 15 ante 63 mil fans en el Estadio Nacional. THE RAVEN AGE abrirá ambos shows y todas las entradas se encuentran agotadas.