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Helloween ofreció su concierto más grande e importante en nuestro país, donde ratificó su popularidad ante 12 mil personas que llegaron al Movistar Arena. Fueron 2 horas 30 de concierto en el que se repasó la gran carrera de la calabaza, que ahora vuelve a unir a Kai Hansen y Michael Kiske.

Fotos: Guille Salazar

 

El show más grande de Helloween en Chile tuvo como grandísimos invitados a Kreator y Arch Enemy para prender el tremendo ambiente que se generó ante 12 mil personas en el Movistar Arena.

Fotos: Guille Salazar

Sorpresa total. Imposible de pronosticar con cierta racionalidad, luego de los dos shows del 2017 a tablero vuelto en el Caupolicán. ¡Helloween en el Movistar Arena! Al ver cómo se agotaron las entradas para el primer show del 2017 –que originalmente era el único–, la producción logró asegurar un segundo show –para dos días antes–, pero no sólo quedó mucha gente afuera de poder ver la reunión más soñada de la historia del Power Metal, sino que incluso muchos de los que sí pudimos ir quedamos con la sensación y el anhelo de ver a Helloween en un escenario más grande, y específicamente en el Movistar Arena, una quimera hace algunos años para cualquier grupo de nuestro nicho que no fuese en el contexto de algún festival masivo y de ninguna manera como su número principal.

Por ello, el anuncio de Helloween en el Arena no sólo tuvo mucho de justicia para la gente que no pudo asistir, y que ahora nos fuéramos a una casa más grande para que cupiéramos todos, sino que mucho de justicia para la banda, que se merecía un escenario chileno de esta índole. La sensación para muchos de nosotros es similar a cuando Iron Maiden por fin pudo tocar en el Estadio Nacional.

Pero si además le agregábamos a esta “Helloween Night” de Halloween, la presencia de dos bandas en estupendo momento de forma como Arch Enemy y Kreator, la expectativa por este espectáculo se acrecentaría aun más.

ARCH ENEMY

La tarea de Arch Enemy no era fácil. Es cierto que desde hace años están consolidados dentro de la escena y a esta altura no deben demostrarle nada a nadie, pero abrir los fuegos en un recinto de tal magnitud y para un público que no era el suyo, a todas luces parecía todo un desafío para los liderados por Michael Amott. Es por esto que nos hubiese gustado ver a mucha más gente dentro del recinto para el puntapié inicial. Cerca de cuatro mil personas se agolpaban para presenciar el primer acto de la noche, que partiría tras escuchar Ace of Spades en tu totalidad por los altoparlantes.

Con la instrumental Set Flame to the Night de fondo, cada uno de los integrantes fue tomando posición para dar el primer hachazo. La escogida sería The World is Yours, que desde el primer segundo demostró toda la potencia y el desplante de Alissa White-Gluz sobre el escenario. Si bien el sonido en un comienzo no fue el óptimo –al menos desde la cancha–, esto no fue impedimento alguno para lograr apreciar todas las melodías y las intervenciones de Jeff Loomis y Michael Amott en las cuerdas. Así, el asunto mejoró notablemente con la clásica Ravenous (“Wages of Sin“, 2001), donde el quiebre instrumental de la parte media-final se escuchó con una pulcritud digna de destacar.

Con el respetable cada vez más compenetrado en el show, la frontwoman se da un segundo para saludarnos y así introducir el siguiente corte. Y es que el “This is fucking war!” es la señal inequívoca para War Eternal, una de las más destacadas dentro del disco homónimo del año 2014. Es por esto que el “Try to tell you what to do/ They love to have control of you…” había que cantarlo con todo. Gran, gran interpretación de la cantante. Sabemos lo difícil que es recrear los guturales luego de años en el ruedo, pero acá se la jugó con todo y la verdad es que sorprendió gratamente. Finalmente, súmenle un punto a Sharlee D’Angelo y Daniel Erlandsson, que se despacharon una base rítmica a prueba de balas.

Para My Apocalypse ya los ánimos estaban definitivamente encendidos, los saltos y el sing along se hicieron presentes durante algunos pasajes del track. Acá quizás vimos la mejor ejecución de la sección de cuerdas, quienes se mostraron sobrios de principio a fin. Como mencionamos anteriormente, Arch Enemy no estaba jugando de local bajo ningún punto de vista, pero con este tipo de interpretaciones lograron convencer a los más incrédulos.  Qué decir de The Race, que fácilmente podemos considerarla como el clímax de toda la presentación. ¡Mosh de grandes proporciones! Imposible abstenerse la verdad, ante tal hachazo no queda otra. La pegada de Daniel es descomunal y la reacción en la cancha no se hizo esperar. ¡Temazo!

Volviendo a “War Eternal” (2014), llegaría You Will Know My Name, que en cierta medida calmó los ánimos pero que de ninguna forma bajó la intensidad sobre el plató. Las armonías de las guitarras fueron derechamente perfectas y el “Do you see me now?/ Do you fear me now?/ You will know my name” aún debe estar retumbando en el Movistar Arena. Algo similar ocurriría con la debutante The Eagle Flies Alone (“Will to Power”, 2018), que mostró a la vocalista en todo su esplendor durante el coro “I, I go my own way/ I swim against the stream/ Forever I will fight the powers that be“.

Otra rescatada de “Will to Power” sería la interesante First Day in Hell, que por momentos es mucho más densa y lúgubre en su ambientación. Todo esto acompañado por un excelente juego de luces que ayudan a entender la emoción predominante. No así con As the Pages Burn, que tras la instrumental Saturnine trajo de vuelta el caos y los mosh al centro de la cancha. Gran ejecución instrumental. El vértigo y la rapidez fueron recreados al milímetro y lo cierto es que había un huracán de fondo.

Para finalizar, dos clásicos incombustibles pondrían el broche de oro al primer número de la jornada. We Will Rise y Nemesis mostraron las últimas armas en un show acotado pero no por ello menos potente. Obviamente el “We will rise/ Rise above” y el “One for all/ All for one/ We are one/ Nemesis” se escucharon con una fuerza que no dejó a nadie indiferente. Así, tras una hora sobre el escenario, Arch Enemy comenzó a despedirse de una audiencia que en un principio parecía algo incrédula, pero que poco a poco fue sorprendiéndose con la solidez de la banda. Teniendo un setlist cargado hacia las canciones menos longevas –y por tanto menos reconocidas–, no es fácil ganarse la atención de todos los presentes. La clave entonces está en la interpretación de cada uno de los integrantes. La calidad acá no se discute y quedó claro desde el primer acorde. ¡Excelente comienzo!

Setlist de Arch Enemy:

  1. The World is Yours
  2. Ravenous
  3. War Eternal
  4. My Apocalypse
  5. The Race
  6. You Will Know My Name
  7. The Eagle Flies Alone
  8. First Day In Hell
  9. Saturnine
  10. As the Pages Burn
  11. We Will Rise
  12. Nemesis

KREATOR

La presentación de Kreator era una de las más esperadas y que más expectativas generó durante los días previos. De alguna forma intrigaba verlos nuevamente en el Movistar Arena y más aún verlos abriendo para Helloween. Los germanos se entienden entre sí y Mille Petrozza sabía perfectamente lo que tenía que hacer junto a sus discípulos. No vamos a descubrir ahora la función vital y medular que ha cumplido Kreator dentro del Heavy Metal a nivel mundial, y considerados como una pieza fundamental del Thrash alemán, no quedaba otra cosa que presenciar una hecatombe como las que ya nos tienen acostumbrados. Porque digámoslo desde ya, todos los asistentes lo entendieron de la misma manera: la oportunidad de ver en la misma noche a bandas que difieren en su estilo era algo que no se podía dejar pasar.

Ya ubicados en la parte más delantera de la cancha, con Mars Mantra de fondo los músicos comenzaron a ubicarse en sus lugares respectivos. Así, siguiendo el orden natural de las cosas, Phantom Antichrist trajo consigo lo que nunca puede faltar en un show de este tipo. Exacto. ¡Mosh instantáneo! Qué manera de cantar el “A phantom scouring across the land/ Leaving trails of blood and sand/ End this torture and misery/ For souls awake enough to see/ Far beyond the lies“, que como bien sabemos solo es el preámbulo para luego gritar el “Phantom Antichrist!” como si no hubiera mañana. Ahora bien, es cierto que este éxtasis no se replicó de igual forma durante Hail to the Hordes, probablemente por la poca definición en las guitarras (principalmente en la de Mille), pero bastaron un par de minutos para que la masacre continuara, como veremos a continuación.

Tras un pequeño guiño a Army of Storms, el frontman se encargó de incitarnos una y otra vez a que formáramos un pit gigantesco. Y bueno, una vez que comenzó a sonar Enemy of God sus deseos fueron órdenes. ¡Qué temazo por la cresta! Hablamos fácilmente de una de esas canciones que definen a una banda y marcan un antes y un después en su carrera. Por eso mismo se entiende la reacción que tuvimos todos, pese a algunos problemas de sonido que se acentuaron en este track, particularmente en la batería de Jürgen “Ventor” Reil. Fueron los mismos asistentes quienes posterior al show lo hicieron notar y lo comentaron en más de una ocasión. Pero como dije anteriormente, la euforia era tal que muchas veces estos aspectos pasan a segundo plano. Había que disfrutar la instancia y dejarlo todo en medio del caos.

La tercera revisión a “Gods of Violence” (2017) llegaría con la intensa Satan Is Real que a su vez traería consigo la pirotecnia durante el estribillo. Pequeñas llamaradas aparecieron en la orilla del escenario durante el “Satan is real/ Satan is real/ Horror for tyranny/ Human catastrophe…“, lo cual desde luego que le da un aspecto visual más que interesante a la presentación de los germanos. No es la mejor del álbum, pero desde luego que cumplió su función, pese a algunos problemas en el retorno de Petrozza que lo hicieron notar algo incómodo.

Es cierto que Civilization Collapse en términos generales siguió con la senda de sus predecesoras, pero lo ocurrido con Flag of Hate no tiene comparación alguna. Mille apareció en escena con una gran bandera que tenía el logo de la banda en su centro y rápidamente nos dice que “It’s time to rise the flag of hate!“. Lo que se venía madre mía. Para graficarlo de mejor forma, básicamente el mosh que se ubicada en la parte izquierda de la cancha, se juntó con el que estaba en la parte derecha. O sea, el diámetro del epicentro era prácticamente todo el ancho del Movistar Arena. ¡Había que sobrevivir de alguna forma! Simplemente épico. Un clásico de estas proporciones no falla nunca. Esta vez no fue la excepción. ¡Para enmarcar!

Hora de otro clásico entonces. “Is there something after you?/ Something after you” cantamos todos al unísono. ¡Phobia señoras y señores! Y eso solo era el comienzo, puesto que pronto viene el “Paranoia/ Coming from within/ Taking over/ Symptoms of an everlasting/ Phobia!” y ahí sí que hay que gritar a más no poder. Dicho y hecho, ya que el coro fue simplemente glorioso. Y bueno, a modo de contraste, Fallen Brother logró calmar los ánimos de cara a la parte final. No podemos dejar de mencionar la sentida dedicatoria del frontman antes de comenzar a interpretarla. Recordó a puntales del Heavy como Vinnie Paul, Lemmy Kilmister y Philthy Animal Taylor. Ovación cerrada y nos preparábamos para la recta final.

Tras este respiro, las cosas volvieron a descontrolarse con Hordes of Chaos (A Necrologue For The Elite). La verdad es que todos nos tomamos el coro lo más literal posible: “Everyone against everyone!” Descontrol total nuevamente. O ingresabas voluntariamente al pit o simplemente eras arrastrado por la masa. Por su parte, Ventor y Christian Giesler son descollantes y el filo de la guitarra del finlandés Sami Yli-Sirniö acompañó cada uno de los versos con una potencia envidiable.

Tras una pequeña pausa, los primeros acordes de The Patriarch solamente vaticinaron lo que se vendría. Puede sonar redundante, pero el caos y el descontrol colectivo se desataría en cosa de segundos una vez que Violent Revolution se dejara caer como el clásico que es. A esta altura resulta terapéutico cantar el “Is a violent revolution/ Violent revolution/ Violent revolution/ Reason for the people to destroy!“. Lo mismo pasa con Pleasure to Kill, que consigo trae la vieja escuela con todas sus letras. ¡Brutal! Toda la cancha girando en éxtasis al comprender que había que gastar las últimas energías. Así, tras un poco más de una hora de show, los germanos comenzaron a despedirse frente a un recinto que ya se encontraba prácticamente lleno.

Muchas cosas vienen a la mente para la conclusión final. En primer lugar, Kreator cumplió las expectativas que se habían generado. De ninguna forma ha sido su mejor presentación en nuestro país –especialmente por esos problemas de sonido a los que hemos hecho referencia–, pero entendiendo el contexto y el poco tiempo para desarrollar un show más íntegro, el público quedó bastante conforme con lo que mostraron. Por otra parte, a nivel general obviamente la discusión sobre el setlist escogido siempre se hará presente. Es imposible que todos se vayan conformes, pasa aquí y en cualquier concierto. Pero a juzgar por la reacción que hubo entre los metaleros, la situación se entiende como lo que es: simplemente gustos personales. Lo que lamentablemente no podemos dejar de lado fue la poca definición del sonido, como decíamos. Nunca se llegó el nivel óptimo y muchos lo hicieron notar. Ahora, que no se malinterprete, esto de ninguna forma logra opacar lo hecho por los alemanes. Supieron conectar de inmediato y el caos habla por sí solo. Y ojo que se veía Helloween. ¡Esto recién comenzaba!

Setlist de Kreator

  1. Mars Mantra / Phantom Antichrist
  2. Hail to the Hordes
  3. Army of Storms (fragmento)
  4. Enemy of God
  5. Satan Is Real
  6. Civilization Collapse
  7. Flag of Hate
  8. Phobia
  9. Fallen Brother
  10. Hordes of Chaos (A Necrologue for the Elite)

Encore

  1. The Patriarch / Violent Revolution
  2. Pleasure to Kill

HELLOWEEN

Terminado el contundente –aunque un poco accidentado en cuanto al sonido– show de Kreator, vendría el “plato fuerte” de la noche. Y definitivamente no sería cualquier cosa. Mientras se desarmaba el backline de los íconos del thrash germano, cae un gran telón negro de Helloween – Pumpkins United, como para resguardar la sorpresa de la escena que preparaba la calabaza, que en el fondo todos –o la gran mayoría– sabíamos o vimos en buena parte en los shows del 2017, pero esa preparación es parte de la magia y de la ilusión de un show, donde gente de distinta edad, condición y origen es parte de una misma fanaticada y que responde de manera unívoca.

Y con apenas un par de minutos de tardanza respecto a la hora anunciada, las 22:40, comienza a sonar esa curiosa intro de los actuales shows de Helloween, Let Me Entertain You de Robbie Williams. El delirio cuando se apagaron finalmente las luces y comenzaron los sones envasados de Halloween fue inolvidable, ver a doce mil personas convertidas en un solo gran monstruo –pero uno de verdad, sí–, bramando, coreando y saltando en la cancha y en las plateas cuando cae el telón y aparece la banda, sin dudas es inolvidable. Ver a tanta gente en un show de Power Metal con su estandarte máximo provocó una vibración extra a la emoción normal de estar viviendo un show de Helloween, y más aun con Michael Kiske y Kai Hansen. En la acción misma, fue realmente formidable cómo los músicos aprovecharon esa mayor cercanía con el público que provocaba la pasarela de la mitad del escenario, y también ver a un Kiske menos cansado que en los shows del 2017, donde pese a darlo todo, sí se notó cierto agotamiento, además que en esa oportunidad había estado unos días enfermo. El solo a dos guitarras de Halloween debe estar dentro de los cinco mejores solos de todos los tiempos, y tocado por Kai y Michael Weikath en la pasarela adquirió un brillo estético inolvidable. Un inicio que de por sí nos masacró.

Luego de otro clásico como Dr. Stein –también cantadísimo, por supuesto–, se quedan en escena Andi Deris con Michael Kiske. Y ojalá también les suceda a ustedes que leen estas líneas, pero pucha que es bacán que se lleven tan bien. No es anormal que los músicos –y los cantantes especialmente– tengan un ego que haga incompatible este tipo de situaciones –¿se imaginan a Dio cantando con Ozzy?–, y como decíamos en el review de los shows del año pasado, Andi es como el padrastro que no sólo incluye al padre biológico en la familia por el bien de los niños, sino que lo invita a los asados, le va a buscar cervezas y se las arregla para seguir siendo una referencia en esa familia.

El hecho de que la llegada de Kiske haya fortalecido a Deris habla muy bien de la calidad humana, inteligencia y carisma de Andi, que recordando ese show del 2011 con Stratovarius, donde la rompió diciendo que en Chile no estábamos “de puta madre” sino que “la raja”, comenzó a hablar en ese más que correcto español aprendido en las Islas Canarias. Y luego de una conversación entre ambos, donde Andi le traducía a Kiske mientras eran ovacionados por el público, presentaron la primera cápsula con los simpáticos monos animados Seth and Doc, que en todo caso, hay que agradecer que disminuyeron un poco sus apariciones, pero también hay que entender que ese par de minutitos le sirve a la banda para descansar un poco. Y qué mejor que hayan vuelto con I’m Alive, sin ninguna concesión, con Sascha Gerstner, Kai y Weiki en la pasarela con sus guitarras en armonía. ¡Fabuloso!

Vuelve Andi a escena y nos dice que debe hacernos una pregunta, si somos Metal. Are You Metal? sin dudas tiene mucho de cliché, pero bienvenidos los clichés si son así de buenos y poderosos. Un tema diseñadísimo para funcionar en vivo y para empotrar por ahí un sing along como lo hizo Andi, que nos hizo vociferar el “are you Metal” –Metal se escribe con mayúsculas– como el casero de las paltas de la feria. La verdad, creo en ese momento también dedicamos algunos momentos a observar al público, y ver ese océano de gente viendo a Helloween en un escenario tan importante como el Movistar Arena daba un orgullo sincero, genuino, como pensando “nosotros somos parte de esto”, los que muchas veces vimos a la calabaza en locales mucho más pequeños. Ver a una banda tan querida en otro status, pero manteniendo su esencia, es fascinante.

Deris es un frontman lleno de carisma y en temas como Perfect Gentleman es donde más lustre le saca. Con un sombrero, bastón y lentes, Andi se luce en el escenario con sus movimientos, su simpatía y también con su voz, que no tendrá ese virtuosismo celestial de Kiske, pero es inconfundible y a muchos nos gusta montones. Además, esa interacción con un Kiske que aparece para colaborar en la parte interactiva del tema es notable, uno no se cansa de destacar y de disfrutar el fiato que hay entre ambos.

Andi presenta a “uno de los chicos que empezó con todo esto en 1984… please welcome Kai Hansen”. Y ya sabíamos lo que vendría luego de un video de presentación con el “happy happy Helloween” y con Kai saliendo a escena con una gorra de capitán: el glorioso medley del “Walls Of Jericho”, comenzando con Starlight, luego respondiendo afirmativamente a la pregunta de Hansen si estábamos listos para Ride The Sky, la increíble Judas –un tema que ha envejecido fabulosamente– con Kai y Weiki yendo a tocar el solo a la pasarela, y culminando con la hímnica Heavy Metal (Is The Law). Un medley realmente voraz, que cumple esa maravillosa doble sensación de dejarnos satisfechos con quedar esperando más.

Es sabido que Kiske quizás no tenga el nivel de carisma o manejo escénico de Deris, es algo más retraído y menos extrovertido –no es una crítica, es un tema de personalidad probablemente–, y por lo mismo da gusto cuando de repente muestra cositas como la que pasarían a continuación, cuando pidió que todos los que tuviéramos smartphones activáramos la linterna, porque ahora venía una balada. La verdad es que pareció un estadio de fútbol lleno cuando sale el equipo a la cancha, un mar de luciérnagas adornó la formidable ejecución de A Tale That Wasn’t Right, un espectáculo inolvidable por el entorno que generó Kiske, sino que además, por supuesto, por la inagotable, majestuosa y estremecedora voz del calvo intérprete, que además contó con el apoyo de Deris en parte de la canción. De los momentos más destacados de la jornada.

Poco tiempo después de conocer una de las mejores noticias en la historia del Power Metal, como fue el anuncio de la reunión de Helloween con Kiske y Hansen, nos hicieron un regalo complementario, que no esperábamos: un tema inédito, llamado Pumpkins United, que en el fondo honra a esta reunión y que en su momento nos emocionó, escuchar en un mismo tema a los tres vocalistas de la banda fue sencillamente notable. Y varios pensábamos que la iban a tocar en vivo en los shows del 2017, lo cual no ocurrió, pero llegó el momento de saldar esa pequeñísima deuda. Con una distribución de voces un poco distinta, y si bien evidentemente no provocó el delirio de los clásicos, fue un buen momento y el tema fue defendido en vivo de buena manera.

Varios lo hemos visto tres veces, pero parece saludable pensar que en cada concierto hay mucha gente que va por primera vez a ver a una banda. Ser empático en ese aspecto no es tan difícil, más aun considerando el montón de gente que se quedó fuera de ver a Helloween el 2017 pese a hacer dos shows, por la inusitada demanda que provocó dos llenos hasta las banderas en el Caupolicán. Y por lo mismo, ojalá que quienes hayan ido por primera vez a ver a este Helloween hayan disfrutado del homenaje in memoriam al gran Ingo Schwichtenberg, malogrado baterista original de la banda, quien nos dejó hace bastantes años y preso de problemas mentales que uno no le desea a nadie. Además, el formato “duelo” con Dani Löble, anunciado por la voz del anunciador Michael Buffer con su “let’s get ready to rumble!” le proporciona un tinte más lúdico, pero sin dejar de ser emotivo y de recordar a nuestro “fallen brother”, como diría el genio Mille Petrozza. Una manera linda, sofisticada, no edulcorada ni abusadora del sentimentalismo, brillante.

Antes del 2017 jamás habría imaginado que escucharía en vivo al menos un fragmento de Livin’ Ain’t No Crime, que en el fondo en este show sirve como introducción para un gran clásico como A Little Time, probablemente uno de los temas donde Kiske se sienta más a sus anchas. Incluso se puso a bromear agachado frente a una de las cámaras del concierto –otro gran plus de ver un show en este recinto, la increíble calidad de las pantallas gigantes–, tomando una bandera chilena. El “final falso” que le hacen a este tema también está muy bien logrado.

Luego de una nueva aparición de Seth y Doc en la pantalla –que como decíamos, seguramente permite un pequeño descanso de los músicos y, por qué no, una breve concurrencia a “las casitas”–, sin ningún anticipo la banda vuelve con uno de sus temas más gloriosos, y que nos lleva a no quedarnos pegados con las cosas malas porque el tiempo pasa, que la vida es muy corta para llorarla y suficientemente extensa como para intentar salir adelante. Ese mensaje que hace treinta años Helloween nos daba con la portentosa March Of Time sigue teniendo vigencia, y más allá del mensaje, es una canción que resume mucho de la gloria que trasunta esta banda. Y con Kiske en las voces, inolvidable.

Andi sale a escena con su carisma y nos cuenta que le encanta decir “la raja” porque a la gente en las Islas Canarias le gusta mucho. Y comienza a contarnos una pequeña historia, que ahora tocarían la que fue “mi primera canción que he tocado con este grupo en 1994”, que pertenece a un disco de 1994, “Master Of The Rings”. ¡Temazo Sole Survivor! Es un tema además importantísimo y simbólico, porque reencauzó el camino de Helloween que parecía algo descarrilado luego de “Chameleon”, así que se le tiene mucho cariño a Soul “Sopaipa”.

¿Cómo estamos ahora?”, nos pregunta Deris, y nos anuncia que ahora viene una canción que en español se llama “Fuerza”. Un himno de la era Deris, la monumental Power, por supuesto coreadísima por todo el público. Y aquí se dieron un par de particularidades. Primero, le lanzaron a Andi una hermosa bandera de Venezuela, y se escucharon un par de pifias aisladas. ¿En serio? ¿En serio vamos a pifiar una bandera de un país hermano en un concierto de Rock? Seguramente los mismos que pifiaron van a cantar abrazados Blood Brothers cuando la toque Iron Maiden. Una tontería. Pero en algo más agradable y simpático, le lanzaron a Deris ¡un sostén!, pensando que quizás se trataba de Steel Panther, y además una bandera de Colo Colo, que Deris tomó, se la puso en las piernas y luego la besó. Un momento simpático y una pequeña alegría para los hinchas del equipo más popular de Chile en un momento donde, lamentablemente, no ganan desde que Kiske tenía pelo.

Y ya acercándonos al final del show, Deris nos cuenta que la próxima canción es la primera que escuchó de Helloween, compuesta por Michael Weikath, otra bestialidad gloriosa como How Many Tears, uno de los temas favoritos de muchos fanáticos que nos enamoramos de esta banda hace un par de décadas, escuchando el “Walls Of Jericho” pero sobre todo el “Live in the U.K.”, donde escuchamos a Kiske dándole un brillo vocal fenomenal a una canción con una materia prima buenísima. Un final maravilloso para la parte gruesa del show.

Luego de un receso de un par de minutos, llegaría el que sin dudas debe ser el tema favorito de buena parte de los fanáticos de Helloween, a tal punto que cuando uno pregunta por un disco que no ha escuchado, para que le recomienden a qué tema ponerle atención, uno pregunta “cuál es la Eagle Fly Free del disco”. Difícilmente alguien pueda alcanzar el nivel de brillantez compositiva y de ejecución que se logró en 1988 con este tema, la música se podría haber acabado ahí en el mundo y la verdad es que tan, tan, tan terrible no habría sido. Las palabras sobran un poco, sólo queda destacar el hermoso trabajo añadido que le dan las imágenes de fondo, que sirven para abrillantar la Copa Mundial de la Gloria que ganó Helloween en esos años con esta canción y que se la llevó para la casa porque nadie más juega.

La última aparición de Seth y Doc, jugando con un sombrero de mago sacando adminículos relacionados a discos y temas de la banda, dio paso a otro momento hermoso con Sascha Gerstner iniciando solo con su guitarra la colosal Keeper Of The Seven Keys, y luego con Kiske dándolo todo y de mejor forma que el 2017, donde como dijimos anteriormente, se notó que venía un poco agotado y saliendo hace no demasiado tiempo de un resfrío que lo tuvo algo a mal traer. Ahora se notó con más energía y llegando más holgadamente a esos sonidos que sólo puede alcanzar él. Y parte de la genialidad de esta banda tiene relación con su capacidad de reinvención, a tal punto que tomaron una gran canción como esta y le proporcionaron un contexto de despedida casi teatral, donde uno por uno los músicos se despiden del público, al final sólo con Sascha y Markus Grosskopf, y por último únicamente con Sascha cerrando casi con las luces apagadas.

Pero por supuesto quedaba el último momento de la fiesta. Kai Hansen sale a escena y comienza a hacer los jueguitos que sabemos dónde nos van a llevar, hasta que en un momento la pantalla atrás comienza a emitir un zumbido, y Kai se aproxima a la batería, toma un matamoscas rosado (¡!) y aniquila a ese virtual bicharraco. Y llega el final, con el jugueteo que nos lleva a Future World, otro tema que hemos escuchado muchas veces, pero con el plus de los videos y por supuesto con Kiske toma otro color, y por supuesto con I Want Out y el show de los globos naranjas con calabazas, más el confeti, la separación del público entre los deristas y kiskistas para cantar el coro pero luego unirnos para bramarlo todos con el hilito de voz que nos quedaba. Es difícil tener dudas que muchos de nosotros dejamos toda la energía que nos quedaba, para cerrar una jornada extensa, intensa y gloriosa, con Helloween despidiéndose de nosotros a eso de las 01:20 horas de la madrugada del 01 de Noviembre de 2018.

Ninguna persona habría podido evitar ser tratada de patológicamente optimista si hace algunos años decía que Kiske volvería a Helloween, que además lo haría junto a Kai Hansen, que vendrían a Chile y que tocarían una vez. Imagínense el diagnóstico si esa persona decía que tocarían dos veces. Pero si le sumamos que Helloween tocaría una tercera vez con Kiske y Hansen, y además la última de todas sería en el Movistar Arena acompañado por Arch Enemy y Kreator, es algo que va más allá de la capacidad de soñar y eso es mucho decir. Lo mejor de haberlo vivido es que todas las alegrías son dobles, porque van más allá del disfrute personal –que por cierto, es preponderante–: también tiene que ver con que, por fin, Helloween estaba tocando en el escenario chileno que se merecía, con el marco de público que merecía –ver un show de Power Metal con 12.000 personas es demencial, ojalá no irrepetible–, y donde por suerte, al menos por espacio, nadie pudo quedarse afuera de esta fiesta. ¡Que vengan veinte veces más!

Setlist de Helloween:

  1. Halloween
  2. Dr. Stein
  3. I’m Alive
  4. Are You Metal?
  5. Perfect Gentleman
  6. Medley: Starlight / Ride the Sky / Judas / Heavy Metal (Is the Law)
  7. A Tale That Wasn’t Right
  8. Pumpkins United
  9. Solo de batería – Tributo a Ingo Schwichtenberg
  10. Livin’ Ain’t No Crime / A Little Time
  11. March of Time
  12. Sole Survivor
  13. Power
  14. How Many Tears

Encore

  1. Invitation / Eagle Fly Free
  2. Keeper of the Seven Keys

Encore

  1. Future World
  2. I Want Out

 

Live Review Helloween: Darío Sanhueza
Kreator & Arch Enemy:
Gino Olivares
Fotos: Guille Salazar