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Hace un poco menos de diez años, la banda sueca Narnia, liderada por el guitarrista Carl Johan «CJ» Grimmark, anunciaba su disolución y junto con ello su efusiva esencia que los acompañó hasta ese momento. Un gran pesar causaba la ausencia de una banda ícono entre el mundo del Power Metal, que se despedía después de grandiosos discos que brindaron. Sin embargo, en 2016 la banda anunciaba su regreso, y no conforme con eso lanzarían su disco homónimo “Narnia”, sellando así su regreso definitivo, que incluso lo tendrá por nuestras tierras el 12 de septiembre, junto a Tourniquet y a los legendarios Stryper.

En la actualidad, la banda continúa mostrando un gran nivel, presentando su nueva placa titulada “From Darkness to Light”. Además de Grimmark, encargado de la guitarra y los coros, la banda cuenta entre sus filas con Christian Rivel-Liljegren como vocalista, Jonatan Samuelsson en bajo, Martin Härenstam en los teclados y Andreas Johansson en batería.

Toda la acción parte con A Crack in the Sky, una potente canción que no deja nada a la imaginación, con una épica introducción guiada por el teclado, seguida de los riffs que van construyendo una interesante sonoridad para que la voz se introduzca hasta llegar al coro, clímax del tema, en donde se hace sentir toda la magia que pretende expresar junto al interludio que, con unas electrizantes guitarras, hace que el tema no pierda el ritmo. Excelente canción digna de una obertura.

El disco sigue con You Are the Air That I Breathe, un corte que comienza sutilmente con un riff de guitarra, para que posteriormente se sume por completo el ensamble a un compás 2/4 que dirige a la canción hasta su punto cúlmine. Quizás es una canción plana por algunos instantes, aunque presenta muchos matices que se hace notar en las estrofas, coro y solos de guitarra.

Has the River Run Dry? continúa por la senda de la «discreción», si se le quiere llamar así. Una canción algo monótona, pero que a su vez exhibe diversos puntos que van diseñando un melódico tema. Una canción de medio tiempo con Rock muy marcado.

Esta «discreción» se rompe con The Armor of God, un veloz y potente tema en donde el doble pedal se hace sentir como la energía de un trueno, y que es acompañado por los riffs de la guitarra y el bajo guiados por la melodía del teclado. Certero tema, directo a las venas, que con un intenso coro marca toda su esencia hasta llegar a un tranquilo final, protagonizado por el piano que señala el final del camino.

MNFST, por su parte, es un tema más ochentero, con un teclado dando el inicio para que posteriormente se explaye la guitarra con un pegadizo riff que va guiando la mayor parte del tema, y con un intenso coro que hace explotar lo mejor de la canción. Interesante corte que, al igual que otros temas señalados anteriormente, presenta muchos matices en cuanto a melodías.

El misterio lo pone The War That Tore the Land, con un armonioso arpeggio en conjunto con el teclado para abrir paso a la voz que introduce a los riffs, que después se ven abruptamente silenciados por una voz infantil cantando “¡Aleluya!, ¡Amén!” en solitario, luego con un coro que van entrelazando el tema junto a los riffs para terminar la pequeña voz entonando un “¡Amén!”. Un atmosférico corte marcado por la armonía.

Sail On muestra el lado más progresivo del álbum, con pesadas guitarras orientando al ensamble durante todo el tema, especialmente en la parte del estribillo donde se puede apreciar el matiz que hacen, con un riff ligero que después es marcado por staccatos. Este es uno de los temas más técnicos que presenta el disco, dejando ver el virtuosismo de los músicos de la banda.

La efusividad la da I Will Follow, una correcta canción que parte con mucha determinación entre el teclado y los riffs, salvo al entrar al canto, donde es acompañado por finos arpeggios. El estribillo quizá es algo uniforme, pero es compensado por un correcto solo de guitarra.

El final del álbum llega con From Darkness to Light, corte seccionado en dos partes. La parte I da comienzo de una manera majestuosa entre el teclado y los riffs, que finalmente se rompen con un nostálgico piano que da paso al canto en conjunto con una guitarra acústica, proporcionando una sensación de tristeza y esperanza a su vez que van dibujando una hermosa balada. La parte II es netamente instrumental, y comienza justo donde termina la anterior parte, en donde se puede apreciar todo el sentimiento que desprenden cada una de las notas que hace la guitarra, acompañado de un emotivo piano que se desliga del ensamble para finalizar de una manera sumamente emotiva.

Concluyendo, este uno de los discos más elaborados que presenta Narnia en los últimos años, en donde se podría decir que las palabras que priman son: progresividad, sutileza, sonoridad y matices, marcando así un cuidadoso camino hacia lo progresivo apelando a melodías algo más complejas y con mucha sonoridad, que es temple de la banda forjada desde sus inicios. Sin dudas, un correcto álbum.

Samuel Lorca