Entradas

Desde Irlanda desembarca con fuerza el noveno disco de Primordial bajo el humilde y desconocido sello Metal Blade Records y grabado en Camelot Studios. “Exile Amongst the Ruins” es un álbum que he de declarar dentro de los mejores del 2018 en el mundo del Metal en general. La banda de Dublín no ha sufrido grandes cambios en su formación, pero sí ha evolucionado desde el Black Metal que más fácilmente categorizaba sus inicios, hacia las marchas épicas cargadas de folklore celta que se hacen imposibles de no corear con puño al cénit.

El tañido de las campanas anuncia el inicio del disco y dos guitarras en afinación DADGAD resuenan con un eco a través de esta atmósfera de oscuro romanticismo a la que nos vamos adentrando. Nail Their Tongues hace su aparición con un sonido demoledor y nítido. Es imposible que el Rickenbacker de Pól McAmlaigh suene a bajo perfil en las frecuencias bajas, la presencia del bajo incluso desafía la batería que se introduce como si fuera un tambor de guerra. En esta marcha aparece limpio y grave Alan Averill Nemtheanga, vociferando versos hacia el oscuro tiempo de la Reforma protestante, donde el conservador Martín Lutero dictaba su exhorto hacia la Iglesia Católica (imperante en la isla hogar de la banda). La evolución de Primordial es evidente en el carácter de su sonido; sin embargo, no reniegan ni hacen apostasía del Black como se puede escuchar en el blast beat que da énfasis y conclusión a este primer tema, acompañado de la presencia gutural que Nemtheanga manifiesta a ratos.

El segundo, To Hell or the Hangman, que según las palabras del vocalista, narra un suceso de 1493 en donde Walter Lynch fue ahorcado por su propio padre, el alcalde de la localidad de Galway, James Lynch, luego de un incidente en donde el primero asesinó un comerciante español y asociado de su padre en un arrebato emocional causado por celos. A esta historia-leyenda se le llama “The Warden of Galway” y el oscuro incidente pasa por un galope constante que va dando forma progresiva a la canción. El tema engancha instantáneamente, una vez que se escucha es imposible dejar la historia e ignorar el angustiado coro de un personaje condenado.

La primera canción del eje temático del álbum, Where Lie the Gods transporta a la tierra mítica, al pasado antiguo y politeísta escenario de viejos ritos olvidados a ritmo del tambor grave. Con un carácter de influencia del Doom Metal, la canción es un lóbrego navegar de riffs que se mezclan a la perfección con pasajes acústicos, un acierto que en este disco es más moderado que los anteriores, ya que, no cuenta con flautas o mandolinas por parte de Ciáran McUliam, que se encarga de las guitarras, entre otras aproximaciones instrumentales ligado al folklore. Sin embargo, la falta de los elementos anteriormente descritos no supone menor absorción ni complemento folclórico. El trabajo con el encordado acústico se mezcla a la perfección con la distorsión reverberada de su contraparte rítmica Micheál O’Floinn, ambos dominan la característica del Black Metal de crear atmósferas con distorsión.

La canción central, homónima al disco, continúa con este navegar adentrándose en aún mayor oscuridad a través del relato que tiene como protagonista a los espectros que merodean las ruinas, esperando una batalla que nunca viene. Un interludio largo mantiene la tensión de la canción para retomar en un himno-lamento que termina Exile Amongst the Ruins.

En la obligación de elegir una canción sólida que introduzca a la banda, sería el quinto tema, ya que el lado épico de Primordial despierta con Upon Our Spiritual Deathbed, introduciéndose a través de una marcha que se abre paso por riffs perdidos en el eco ambiental. La canción se solidifica y Nemtheanga hace su aparición con una voz dura y de gran volumen. El coro a dos voces resalta el escenario bélico del personaje que transmite la voz.

Si hay algo que conocen bien los guerreros etéreos descritos por Primordial, es la muerte con la que conviven y resaltan sus últimas pasiones. Este es el sello que puede identificarse con la trayectoria de la banda, que ha alcanzado una madurez musical distinguida. Stolen Years es un ejemplo de esto último, que, aunque sea la canción más corta del álbum, posee una profundidad ejemplar, un carácter retrospectivo y nostálgico imbuido en sus letras, con una belleza simple y a ritmo lento.

Los habitantes de cualquier isla del mundo tienen en el ADN de su cultura el respeto que se le tiene al mar, un ente sabio, dador de vida y recursos, pero también iracundo e incompasivo con los que reciben su furia en navíos indefensos. Sunken Lungs impresiona de sobremanera con su rítmica peculiar, desafiante y desproporcionado juego de caja y platos que toma protagonismo, esta vez por sobre el bajo de McAmlaigh, y emula una suerte de oleaje que hace a la canción latir. Este incorregible vals a dos tiempos de las almas perdidas en la profundidad del mar es una canción osada y desautomatizadora.

Last Call cierra el álbum con impresionantes diez minutos de desarrollo que se aproximan al Doom clásico. La voz nuevamente se alza en el verso, por sobre el tono general que conducen los encordados para luego quebrar el ritmo y recomponerse hacia el siguiente segmento. Lamento lírico dinámico en melodía y siempre cambiante, se construye sin apuro y lentamente va adquiriendo la intensidad del metal que plantea Primordial, entre vaivenes y reuniones.

Está claro, Primordial no tiene la misma tonalidad guerrera de bandas como Sabaton o Turisas. Si ellos se quedan con los héroes, Primordial se queda con el fantasma del mártir iracundo que siente el sabor de la sangre en su boca, sangre que en tiempos remotos regó los verdes campos de Irlanda y el Reino Unido. No hay nada más épico que transmitir aquellos sucesos reformando el folclor local para canalizarlo con la potencia del Metal con los relatos que cuentan las piedras de las ruinas.

Por: Gabriel Rocha