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Los noventa fueron un tiempo sumamente difícil para el Heavy Metal clásico. El Grunge y las bandas alternativas dominaban el lado mainstream del Rock, mientras que la escena underground evolucionaba constantemente en direcciones más extremas. El mundo del Metal se expandió más allá de los límites de Inglaterra, Estados Unidos y Alemania, con gran cantidad de bandas y nuevos subgéneros emergiendo todo el tiempo. Gigantes británicos como Black Sabbath, Judas Priest y Iron Maiden experimentaron cambios importantes en sus formaciones y tuvieron que luchar para mantener el nivel de popularidad alcanzado en las décadas anteriores. En el caso de la Doncella, la década comenzó con la partida del guitarrista Adrian Smith, seguido por el icónico vocalista Bruce Dickinson. A pesar de que la era de Blaze Bayley tiene sus férreos defensores, por muchos es considerada como el período más oscuro de la banda, con reacciones bastante tibias a sus lanzamientos de estudio y presentaciones en vivo, mientras que la carrera en solitario de Bruce comenzaba a despegar.

Afortunadamente para los fanáticos del sonido clásico de Iron Maiden, los noventa no durarían para siempre y el nuevo milenio trajo consigo la promesa de un nuevo álbum con Dickinson y Smith de vuelta en la banda, convirtiéndose en un sexteto con tres guitarras por primera vez en la historia de “La Bestia”. Después del exitoso «Ed Hunter Tour» que acompañó el lanzamiento de ese imposible juego de PC (¿alguien habrá logrado terminarlo alguna vez?), su tan esperado duodécimo álbum de estudio titulado «Brave New World» finalmente vería la luz a través de EMI, un buen 29 de mayo de 2000. El concepto de la canción homónima y la portada del álbum se basaron en la novela distópica de Aldous Huxley del mismo nombre. Como curiosidad, cabe comentar que la mitad superior de la alucinante cubierta fue diseñada por el legendario Derek Riggs, en lo que sería su última contribución en una portada de un álbum de Iron Maiden hasta la fecha.

Asumiendo que la mayoría estamos más que familiarizados con este álbum, voy a poner énfasis en su importancia para la resurrección de la carrera de Iron Maiden y, por qué no, de todo el género del Heavy Metal clásico a principios de la década de 2000. En un mundo dominado en gran medida por bandas que mezclaban elementos de Hip Hop con sonidos metaleros, apareciendo constantemente en MTV con los pantalones abajo en lugar de mezclilla y cuero, definitivamente necesitábamos que alguien le recordara al mundo que el Heavy Metal clásico no estaba muerto y que venía por su segundo impulso. El Heavy y Power Metal europeo de culto venía dando la batalla por años, pero necesitábamos una banda de peso para lidiar la senda de esta nueva generación. Después de todo, este sería el álbum que les permitiría encabezar eventos como la tercera edición del legendario Rock in Rio, y que además los traería por segunda vez a nuestro país en esa mágica noche de enero en la Pista Atlética junto a Halford.

Mirando hacia atrás, «Brave New World» nos dejó himnos de primera calidad para cantar con el brazo en alto, como lo son The Wicker Man, la canción homónima y la favorita de muchos, Blood Brothers. Las presentaciones en vivo de esta última se convertirían en un punto culminante de sus giras recientes, quedando inmortalizada para la posteridad en esa conmovedora versión de «En Vivo!», reuniendo a cincuenta mil almas en un canto unísono celebrando la hermandad en el Metal. El lado más progresivo de su música también brillaría en dramáticos y largos temas como Dream of Mirrors, The Nomad y The Thin Line Between Love and Hate. También habría espacio para números más directos como Out of the Silent Planet, The Fallen Angel y The Mercenary, los cuales podrían pasar fácilmente por uno de sus clásicos de los ochenta, si no fuera por la producción. Personalmente hablando, la verdadera joya en el álbum siempre será la épica Ghost of the Navigator, una canción que me sigue dando escalofríos veinte años después.

La incorporación de un tercer guitarrista les dio la oportunidad de experimentar con arreglos cada vez más complejos, llevando el concepto de «twin guitars» a un nuevo nivel, logrando un sonido masivo con la ayuda del entonces recién llegado y ahora productor de cabecera Kevin Shirley. La exquisita elaboración y prolija ejecución de las canciones transmiten una sensación de grandeza y pomposidad que sugieren la intención de la banda por recuperar su trono en el reino del Metal. Tras su lanzamiento, algunos críticos señalaron que «Brave New World» era simplemente un intento descarado y sin inspiración para revivir los viejos tiempos de la banda y reactivar su economía, pero yo no puedo estar más en desacuerdo con esa afirmación. Llegaría incluso a decir que este es su mejor disco de estudio desde ese lejano «Seventh Son of a Seventh Son» y probablemente sea el último álbum de Iron Maiden donde cada una de las canciones se disfrutan de principio a fin, sin atisbo alguno de relleno.

«Brave New World» significó un nuevo comienzo para la que es probablemente la banda de Metal más influyente de la historia, quienes tuvieron que pagar sus deudas una vez más luego de lograr la aclamación universal durante los años ochenta. Está claro que Iron Maiden se ha vuelto más intrincado y bombástico que nunca durante las últimas dos décadas, y que sus shows en vivo siguen siendo una de las producciones más impresionantes que puedas presenciar en el negocio de la música, pero en lo que respecta a álbumes de estudio, éste siempre tendrá un especial lugar en el corazón de muchos metaleros. La objetividad y la música generalmente no se llevan muy bien, pero el hecho de que este disco haya salido cuando muchos de nosotros comenzábamos por la senda del Metal, inspirándonos a seguir este camino por ya dos décadas, habla del impacto que una sola obra de arte puede tener en una persona. Estoy seguro de que no soy el único.

Por David Araneda

Eddie

Durante la presentación de IRON MAIDEN en la ciudad de Córdoba (Argentina) el pasado domingo, Eddie se resbaló y sufrió una caída en el escenario. Luego, el equipo trató de ayudar a levantarlo, pero al ver la dificultad de lograrlo, deciden retirarlo arrastrando. El concierto, en todo caso, continuó sin problemas.

Pueden ver el video de la caída de «Eddie» grabado por un fan a continuación:

 

 

Estas con las postales que dejó la tremenda tarde/noche de Metal ante 52 mil personas en el Estadio Nacional.

Fotos: Guille Salazar

IRON MAIDEN

ANTHRAX

 

 

 

REVISA AQUÍ LA GALERÍA DE FOTOS DEL CONCIERTO

Iron Maiden en Chile

Toda visita de Iron Maiden tiene algo muy especial, qué duda cabe. Pero en esta oportunidad, los componentes emotivos quizás serían algo distintos a los que hemos vivido en visitas anteriores de los británicos, cuyos recitales siempre tienen algo de “primera vez”, algo muy difícil de explicarle a las personas que piensan que las visitas de la Bestia a Chile se han tornado algo repetitivas o que creen que es una banda comparable con el resto. La primera vez, en el ex Teatro Monumental, después la primera vez con Bruce Dickinson, la primera vez tocando su set más clásico, la primera vez en el Nacional, a modo de ejemplo, cada una de ellas tuvo un componente emotivo ligado fundamentalmente con la trayectoria de la banda, y por el hito de lograr ser la primera banda de Heavy Metal en llegar a tocar al recinto de todos los chilenos, con el simbolismo que ello implica, y ser el número anglo con más público en este país.

Pero en esta ocasión, como decíamos, había un componente emotivo distinto, y que al menos es fundamental para uno, que ha escrito tantas veces reseñas de los discos y de los recitales de la Bestia. Y es que muchos quedamos “sensibles” con la nefasta noticia de que a Bruce Dickinson se le diagnosticó un cáncer, probablemente la enfermedad más traicionera y canalla que existe. La posibilidad concreta de nunca más tener discos o shows de Iron Maiden fue un gélido puñal en el alma para muchos de quienes hemos fundamentado la banda sonora de nuestras vidas con las canciones, discos y presentaciones de la Doncella. Si a ello le sumamos el fallecimiento de Lemmy Kilmister, un ícono trascendente al Rock al que probablemente muchos creíamos inmortal, la sensación de que “la vieja guardia” está empezando, paulatinamente, a dejarnos, es fuerte y por momentos angustiante.

Por suerte, la detección temprana del padecimiento de Bruce y un adecuado tratamiento lograron que The Air Raid Siren saliese adelante, y no sólo para lanzar esa titánica obra que es “The Book Of Souls”, sino que para renovar los pasaportes y salir a defenderlo al mundo, en un nuevo Ed Force One de gigantescas dimensiones. La emoción del anuncio de un nuevo tour de Maiden luego de la posibilidad cierta de no verlos más, se recibió como un verdadero tónico para la salud y provocó la adquisición en masa de los boletos para asistir a esta “nueva primera vez” de la banda: la primera con Dickinson recuperado del cáncer, y esta vez acompañados de un gigante como Anthrax, y de la banda del hijo de Steve Harris, George, llamada The Raven Age.

Iron Maiden en Chile

Pese al calor reinante en este veraniego Marzo, miles y miles de poleras negras fuimos llegando paulatinamente al enrejado exterior del Estadio Nacional para renovar los votos con una Doncella de ya cuarenta años de carrera, asistentes con una variedad etárea que sólo puede lograr el Rock. Es cierto, Maiden entra a la categoría de los “grandes eventos” y por ello de todas maneras dentro de su público hay algunos “eventistas” que gustan de ir a todos los conciertos masivos, pero parte de la grandeza de la Bestia es tener esa capacidad de convocar masas en torno a una sola pasión.

Y respecto a esto, uno no puede dejar de pensar que, en torno al prisma de la Bestia, incluso se puede analizar la evolución de Chile desde un punto de vista más sociológico. Es cierto que el tema del “satanismo” por el cual les privaron de tocar en Chile a principios de los ‘90 ha sido muy recurrente, pero no es menos cierto que han pasado menos de veinticinco años de ese evento, y pasar de una banda casi proscrita a ser un fenómeno de masas publicitado hasta en el canal católico en tan poco tiempo, es uno de los ejemplos más patentes de los cambios que ha ido viviendo nuestra sociedad contemporánea.

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Lindo fue sobrepasar el laberinto del enrejado hasta llegar al momento en que a uno le cortan su ticket, y finalmente llegar al Estadio Nacional, donde pudimos apreciar una majestuosa y creciente marea de poleras negras en la cancha y en las otras ubicaciones del coloso del “pilucho”. Gente con muletas, padres e hijos, montones de banderas, familias completas y hasta una muñeca inflable (!) fueron parte de la infinidad de cosas que pudimos apreciar en la previa. Y pasando ya a la expectativa del show en sí mismo, a estas alturas ya es imposible no “comerse” algún spoiler del setlist que traería la Bestia, pero ciertamente, aunque no hubiésemos sabido nada de antemano, era previsible que la banda defendería en vivo buena parte de su nuevo y desafiante material. Pero antes vendrían dos sabrosos entremeses: The Raven Age y Anthrax.

THE RAVEN AGE

A las 18:40 se dio el inicio a esta gran jornada del Metal en la capital de Chile. Los encargados de abrir fueron The Raven Age, banda que, como decíamos, es liderada por el hijo del titánico Steve Harris, el joven George Harris, guitarrista de la banda. Esta banda, que cuenta con siete años de antigüedad, lanzó su primer EP en julio de 2014, titulado simplemente «The Raven Age».

George, con quien tuvimos la posibilidad de compartir en el Hotel Sheraton durante la jornada previa al concierto, nos reveló que su largaduración está terminado, a la espera de pequeños detalles y esperan lanzarlo durante este 2016. De gran calidad humana y muy humilde, Harris Jr. además nos contó sobre su experiencia sobre conocer por primera vez este rincón del mundo, de la calidez de la gente latinoamericana y de sus influencias musicales. Cosas así también las transmitió en la entrevista que dio a Powermetal.cl y que está disponible en nuestro sitio.

imlrv-2Los jóvenes, muy carismáticos y entusiastas, interpretaron un repertorio de siete canciones, entre las que destacan Uprising, Eye Among The Blind, The Death March y Angel In Disgrace, todas pertenecientes a su EP homónimo. Un show musicalmente bueno, con un sonido bien logrado y un metal/teatral de tremenda calidad. Esperemos que esta gira con Iron Maiden sea un impulso a su carrera, algo que a simple vista parece obvio. Tras cuarenta minutos de un virtuoso show (George mostró su gran talento con las seis cuerdas), la banda se retira del escenario con aplausos del respetable, su Rock melódico prendió por momentos al estadio que tímidamente se iba copando.

ANTHRAX

La espera para Anthrax, que duró aproximadamente 25 minutos, fue acompañada por una buena selección de Black Sabbath envasado, lo cual poco a poco comenzaba a motivar al público, que a esas alturas de la tarde alcanzaba las 25.000 personas. Hasta que siendo las 19:40 horas, la agrupación liderada por Scott Ian Rosenfeld apareció por los pastos ñuñoínos, bajo una ovación de la fanaticada presente, que se mantenía estoica bajo el calor del fin del verano. En el marco de la promoción de su nuevo álbum «For All Kings», los neoyorkinos, quienes se unieron a la Doncella de Hierro para la gira por Sudamérica, se presentarán con un breve pero intenso set, plagado de clásicos.

El primero en salir a la escena fue el calvo Scott Ian, donde acompañado por su fiel guitarra Jackson comenzó con el riff inicial de uno de los himnos del thrash metal, Caught in a Mosh. Como es habitual, Anthrax le sugiere al público que es momento de hacer un mosh, y el público chileno responde a su llamado. Con un Joey Belladonna en excelentes condiciones vocales y una banda sólida, donde solo el guitarrista líder, Jonathan Donais, es el “nuevo” del grupo, Anthrax da partida a su quinta presentación en Chile.

Sin ninguna intención de bajar las revoluciones, el segundo tema del set es Got the Time, aquel cover de Joe Jackson, de tinte punky y presente en el «Persistence of Time», que logró aumentar la euforia de los metaleros presentes. Bastaron estos dos temas, para que las personas que habían soportado en los primeros lugares tras la reja frente al escenario comenzasen a abandonar, pues es bien conocida la irracionalidad del público por estos lados del orbe, lo que agregado al calor veraniego y otras “cosas” generó algunas “pálidas”.

Anthrax continuó con los famosos covers de su repertorio, ahora con quizás uno de los temas más coreados de su set, Antisocial de los franceses de Trust. Quienes ya comenzaban a llenar el principal coliseo deportivo del país ajustaban sus cuerdas vocales cantando a todo pulmón you’re Anti-you’re Antisocial!”.

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Los neoyorkinos tenían pocas balas para disparar, debido a que en esta ocasión solo venían como banda soporte, pero de las ocho balas disponibles quisieron reservar algunas para material más reciente. Entre ellas Fight’Em ‘Til you Can’t de su penúltimo trabajo «Worship Music», un excelente tema, muy ágil y con ese coro medio “rap” característico, que hizo que varios simplificaran las cosas con un “washu washu washu washu washu washu washu…. I’ll end you”.

La siguiente bala utilizada para material reciente es para presentar nuevo material, de su recién salido «For All Kings»: la elegida fue Evil Twin, el primer single del álbum. Respetuosa aceptación de la gente, pero no con el entusiasmo de las anteriores, por ende, era momento de lanzar un megaclásico a la parrilla. Tras la introducción de Belladonna, donde nos contó que lo siguiente era del «Spreading the Disease», el público se vino abajo. Suena el riff y la inconfundible Medusa hace explotar a los presentes, ¡que gran tema! En lo personal uno de mis favoritos de Anthrax.

El penúltimo tema fue el segundo single de su reciente álbum, titulado Breathing Lightning que tampoco generó tanta algarabía, lo cual es esperable para un disco que tiene recién un par de semanas al aire. Además, es un tema que se aleja del Thrash moshero al cual el público se había acostumbrado.

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Para cerrar la tarde/noche, Charlie Benante, el legendario baterista, comienza con la intro de Run to the Hills, seguramente para tantear que tan prendida está la gente para el plato fuerte de la noche, pero a los cinco segundos varía el ritmo para dar paso a Indians, el excelente y quizás el mejor corte del «Among the Living». Una excelente forma de despedirse, con un público que lo dejó todo gritando el “Cry for the Indians” y que ovacionó a los norteamericanos quienes prometieron regresar en 2017. Los esperamos con los brazos abiertos, porque ocho temas es poco para esta legendaria agrupación.

Setlist de Anthrax:

1. Caught in a Mosh
2. Got the Time
3. Antisocial
4. Fight ‘Em ‘Til You Can’t
5. Evil Twin
6. Medusa
7. Breathing Lightning
8. Indians

LA BESTIA ESTÁ DE VUELTA

Tras los dos aperitivos, y particularmente tras la concisa y contundente presentación de Anthrax y sus circle pits, la ansiedad aumentaba en las ya 50.000 personas que prácticamente repletaban el Nacional. Impresionante cómo seguía llegando y llegando público, sobre todo a la cancha, cuyo acceso norte se veía como una especie de llave incontenible que seguía recibiendo gente. La ansiedad fue aumentando con el paso de los minutos, y primero fue canalizada con el ya clásico “uooo-o-o-o-o” (que recuerda a la gran Metál Az Ész de los húngaros de Pokolgép), y luego escuchando clásicos envasados de ayer y hoy como Still Of The Night de Whitesnake, Ram It Down y Rapid Fire de Judas Priest o Highway Star de Deep Purple, por nombrar algunas. Sin embargo, los minutos pasaban, ya eran más de las 21.00 y ya el público comenzó a emitir algunas de esas pifias del tipo “que inicie la cuestión”.

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Hasta que llegan las 21.10 horas, y esa increíble conmoción que se genera con los primeros sones de un clásico de Iron Maiden que no es de Iron Maiden. Y es que Doctor Doctor de UFO se ha convertido en un tema muy querido por la fanaticada de la Bestia porque es el anuncio inequívoco de que se acaba una espera que se tornó eterna. El público salta y corea el “doctor doctor please” como si fuera un tema original de la Doncella. Se apagan las luces, se desata el delirio y comienza un hermoso video de animación en las pantallas gigantes, donde nos internamos en una jungla donde vive el Eddie maya de “The Book Of Souls”, y se ve el Ed Force One atrapado entre las ramas y lianas de los árboles. Hasta que aparece una mano desde la tierra, logra destrabar el avión y lanzarlo a volar por el mundo. Lindo inicio.

Ya sabíamos que el show iba a empezar con If Eternity Should Fail, pero personalmente creía que el comienzo sería envasado, incluso con la voz de Bruce. Por ello, fue gratamente sorprendente que el “Here is the soul of a man / Here in this place for the taking / Clothed in white, standing in the light / Here is the soul of a man” fuese hecho en vivo y detrás de escena por Dickinson. Sale el resto de la banda, Nicko, Janick, Dave (con una bonita polera alusiva a su última placa), Adrian y por cierto el jefe Steve Harris, y se descubre la hermosa puesta en escena de la Bestia, simulando una pirámide maya y con una serie de detalles, como las caras de los músicos grabadas en “piedras” al igual que en el booklet de su nueva placa, y con un juego de luces y fuego muy apropiados. Pese a que el sonido no fue el mejor en estos momentos, con una especie de “ola” que bajaba y subía las intensidades –con el propio Dickinson reclamando por el sonido–, terminó siendo un gran inicio, particularmente con la sección instrumental de este corte que es fabulosa.

imlrv-1Sin pausas, Bruce nos saluda con un “good evening Chile!” y nos lanzó Speed of Light, que pese a la “ola” sonora sonó como un verdadero cañón desde el grito inicial de Dickinson, una verdadera patada en las gónadas a ese cangrejo bastardo que esperamos no vuelva a osar tener el atrevimiento de volver a afectar a este genio contemporáneo. Como es costumbre, Maiden le saca lustre a sus singles luciéndolos en vivo, dándoles otra vida, pasó sin ir más lejos con El Dorado en su momento. Apoyados con imágenes del videoclip del tema, los británicos hicieron vibrar a las 52.000 personas que vivían el momento casi como si se tratara de un clásico. Palabras aparte para lo de Bruce: “como tuna” como decimos en Chile, el tumor canalla prácticamente no le produjo ninguna afectación en su voz, quizás esté más delgado y con un poquito menos de movilidad que antes, pero estamos hablando de que antes se debe haber corrido tres kilómetros en escena y ahora “sólo” deben haber sido dos y medio, por decir una cifra ridícula. Casi imperceptible y vaya que dio gusto y emoción ver al gran The Air Raid Siren en irrebatible plenitud de condiciones.

Hola Chile!” nos dice Dickinson y comenta lo feliz que está con 60.000 personas (en rigor fueron 52.000 según la producción, pero se entiende), que tocarán algunas canciones de “The Book Of Souls”, siendo interrumpido en su alocución por un enfervorizado público que gritaba “olé, olé olé olé… Maiden, Maiden”. Luego de beber líquido de una especie de cantimplora, nos presentaría el primer clásico de la jornada, la enorme y emotiva Children Of The Damned, un tema que ha envejecido espectacularmente y que contó con un Dickinson realmente imperial, ayudado por un público entregado y coreando hasta el solo. Para algunos es físicamente imposible que la piel no se nos ponga como pollo cuando coreamos el solo, con el primer gran “wooo-oo-oo-oo” de la jornada. El público chileno de Maiden, cuando la banda toca sus clásicos, parece hinchada y eso se agradece al momento de los conciertos. Un corte realmente emocionante y que definitivamente uno no esperaba que volvieran a tocar tras haberlo hecho en la gira del “Flight 666”.

Bruce nos presenta “a sad song of a funny man” y la banda vuelve a defender su nuevo material con Tears of a Clown, homenaje de Iron Maiden al fallecido actor Robin Williams. El sonido se fue afirmando –aunque sin llegar a un nivel 100% satisfactorio–, la sensación de “ola” fue disminuyendo y fue bien recibida por el público, aunque quizás no haya sido la mejor selección de “The Book Of Souls” para tocar en vivo.

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La banda entregaría temas de su última placa en “pares”, y el segundo par se completó con The Red and the Black, que es la única composición de “The Book Of Souls” que es completa y únicamente obra de Steve Harris. Un tema realmente colosal, complejo, desafiante y que sin dudas tocarlo en vivo entraña una gran dificultad. Qué exquisitez fue vibrar con el retumbante bajo del jefe Steve que marca el inicio de este tremendo tema, en medio de la oscuridad interrumpida por luces rojas que lo iluminaban, y en medio de un silencio contemplativo y admirativo. Un tema con muchos matices, algunos para contemplar como su inicio, otros para el “sing-along” con el “wo-o-o-o-o”, y una sección instrumental fenomenal, que sin dudas marcó uno de los momentos más destacados de la revisión de su material nuevo.

Cambia el telón de fondo, cambia el vestuario de Bruce y vendería la revisión de la Doncella a la Carga de la Brigada Ligera en la batalla de Balaclava, durante la guerra de Crimea. Un show de Maiden sin The Trooper no es show de Maiden. Es cierto que a veces muchos somos idealistas y a veces nos gustaría que la banda tocara otros clásicos –que tiene de sobra–, o incluso más idealistamente que toque canciones antiguas que nunca hemos escuchado en vivo –que por suerte cada vez son menos–, pero todo eso es en la previa, porque cuando suena ese galope incesante, cuando vemos a Bruce ondeando la Union Jack empoderado de ese orgullo británico tan clásico, uno sólo quiere cantar el “wo-o-o-o-o-o-o-o-o-o”. Algunas bengalas rojas en plena cancha ayudaron a hacer más bonito un cuadro realmente hermoso, y con un sonido que si bien no era el óptimo, por suerte ya no padecía esas “olas” que en un momento incluso desconcentraron un poco.

Powerslave es otro clásico inmortal de la banda y qué gusto volver a escucharlo, con un Bruce que utilizó una máscara azul eléctrica que era una mezcla entre un verdugo y Rey Mysterio de la lucha libre. Realmente alucinante y brutal, un tema lleno de mística y con una banda en un nivel superlativo, las guitarras de Dave, Adrian y Janick fluyeron perfectamente y complementan de gran forma esa soberbia línea de bajo que dibuja Steve al momento de los solos. Y como decíamos anteriormente, el despliegue y estado físico de Bruce sigue impactando, y ese impacto crece proporcionalmente con el paso de los años, más aun tras la situación del cáncer.

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La última defensa de “The Book Of Souls” también vendría por partida doble. Primero con Death or Glory, cuyo inicio es realmente fabuloso y luego sigue un ritmo similar a Running Free, aunque con un grado superior de complejidad al clásico del disco debut de la Doncella. En este punto sí hay que señalar que uno esperaba una respuesta superior del público. Por cierto que no al nivel de un clásico, es lógico que el público responda más fervorosamente con los clásicos que con los temas nuevos, pero sí dio la sensación de que la respuesta de la audiencia fue algo fría, de hecho el propio Dickinson se movió bastante por el escenario y se dirigió a sectores algo lejanos del mismo pidiendo una mayor respuesta. Algo paradójico pensando la inmensa cantidad de poleras del “The Book Of Souls” que había en el Nacional. Buen tema pero con escasa retribución, y de hecho al final Bruce hizo algunos ademanes, terminados por un nuevo “olé, olé olé olé, Maiden, Maiden”.

Tras los agradecimientos de Dickinson, señalando que no podía empezar a decir lo grandioso que era volver a estar con nosotros, que pasan cosas, imperios, civilizaciones que llegan y que después caen, que la historia es cíclica, y que incluso una de estas civilizaciones era relativamente cercana a nosotros, la civilización Maya y sus misterios, les interesó mucho, y finalmente lanzó una reflexión respecto a que realmente te das cuenta quiénes son tus amigos cuando caes, que muchos interpretamos como un pensamiento muy personal considerando su reciente situación de salud, siendo obviamente ovacionado.

Todo este preámbulo para llegar a la última revisión de su nuevo material con su fabuloso corte homónimo, The Book of Souls, con su inicio acústico cortesía de Janick Gers. Si usted es de los afortunados capaces de conectarse con los desafíos musicales que impone Iron Maiden actualmente, definitivamente tiene que haber disfrutado este tema, por montones, porque su ejecución y puesta en escena fueron realmente maravillosos, pese a que el público –como es un clásico en Chile– aplaudió notoriamente a destiempo. La preocupación por el nivel de la voz de Bruce ya no era tema, pero en este corte en sus primeras presentaciones de la gira tuvo algunas dificultades, las que Dickinson mandó a callar con una intensidad espectacular, realmente formidable lo del orgullo de Nottinghamshire. Y además contamos con la primera salida a escena del Eddie maya que engalana el arte de tapa de “The Book Of Souls”, un Eddie de casi cuatro metros con taparrabos y una especie de machete, con una movilidad que sería la envidia de muchos 9 de área que llegan a jugar a estas tierras, adornando la presencia escénica de la banda. Espectacular y teatral momento, con Bruce sacándole el corazón y lanzándoselo al público, así que ahora, y como siempre, tenemos el corazón de Eddie. Muy metafórico todo.

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Los inconfundibles platillos pausados de Nicko dieron la introducción a otro de los grandes momentos de la jornada. Y es que Hallowed Be Thy Name debe ser el tema favorito de muchos fanáticos de la Bestia, con justa razón, su construcción melódica es increíble y su letra es fascinante. De hecho Bruce salió a escena ataviado con una cuerda, jugando con ponérsela en el cuello, tal como el condenado a muerte que es levantado a las 5 de la mañana para ser llevado al “gallows pole” y ser ejecutado. Sencillo y operático. Incluso el propio Bruce coordinaba los movimientos de la cuerda para pegarle a uno de los platillos del kit de Nicko. En medio de bengalas y de varios “scream for me”, terminó siendo un pasaje altísimo del concierto.

Qué decir de lo que se provoca con Fear Of The Dark, sin dudas el tema de Maiden que más participación del público genera, desde Bruce pidiéndonos gritar el “fear of the dark” al principio, pasando por corear los solos, una masa humana saltando en el estribillo, una locura realmente, que no por haber sido vivida anteriormente deja de ser emocionante. Además, para no poca gente este fue su primer Maiden y tienen todo el derecho del mundo a vivir la experiencia que implica presenciar este tema en vivo.

imlrv-3Scream for me Santiago, scream for me Chile! The Iron Maiden!”, nos brama Bruce. Y es que el tema homónimo también forma parte de la vitrina de las canciones inmortales de la Doncella. Quizás no sea una gran, gran canción, comparada con otras, pero es un tema totalmente querible. Y eso es una diferencia que marca Maiden, banda a la que muchos queremos más allá de la música, es como si fuera un equipo o alguien de la familia. Ese tipo de sensaciones, si bien son permanentes, encuentran su cénit en vivir temas como estos, con esa cabeza gigante del Eddie maya que afloró desde el fondo del escenario, o con ese solo deliciosamente autoritario del jefe Harris que desde hace casi cuarenta años nos está diciendo que él es el dueño, la mente y el corazón de Maiden. Así, tras una hora y media de espectáculo, Bruce nos da las gracias “from Iron Maiden, from Eddie and from the boys”, y la banda abandonó el escenario por primera vez.

Después de un breve receso de uno o dos minutos, se enrojecen las luces, aparece una figura demoniaca en la parte trasera del escenario y retumbó la voz del fallecido actor británico Barry Clayton para comenzar un clásico de todos los tiempos como The Number of the Beast. No cabía ninguna duda que el “Six! Six six! The Number Of The Beast!” iba a ser uno de los momentos más coreados de la jornada y por cierto que así fue.

Tras el Número de la Bestia algunos asistentes insinuaron cantar un “cumpleaños feliz”, ante la incredulidad de Bruce, que de hecho le preguntó a los integrantes de la banda si alguno de ellos estaba de cumpleaños, diciendo que lamentablemente estábamos algo desinformados. Steve Harris cumple 60 años, pero este 12 de marzo, no el 11 como fue la fecha del concierto. Dickinson nos recuerda que estamos en un estadio cuya historia no es muy buena –causando la ovación del público–, pero que es increíble cómo un grupo de gente es capaz de unirse y no discriminar, porque “si te gusta Iron Maiden, te gusta Maiden y eso es todo”. Ese es el espíritu que prima en sus conciertos y qué mejor que ratificarlo con una joya moderna como Blood Brothers, en que incluso le lanzaron a Bruce la hermosa y noble “wenufoye”, la bandera mapuche, que el cantante tomó con curiosidad, aunque seguramente no quiso exhibirla más al no conocerla, situación comprensible pues los artistas están muy expuestos y nunca se sabe cuándo pueden “utilizarlos” para defender ciertas causas. No era el caso, por cierto, y en el contexto de Blood Brothers sirve para reflexionar acerca de la tremenda importancia de los pueblos originarios en nuestro país. Maiden no sólo no discrimina sino que incluye, y bastante tenemos que aprender de ello como sociedad. Lindo momento de la jornada con un tema que ha pasado a convertirse en un clásico.

Y para culminar, quizás una selección algo “rara”: uno no habría imaginado a priori que un show de Maiden terminara con Wasted Years. Pero así fue. Con un último cambio de telón, llegaron los últimos “scream for me” de la noche por parte de Bruce, que nos hizo bramar el coro mientras la segunda voz de Adrian Smith sonó realmente muy fuerte, de hecho quizás haya sonado con más volumen incluso que el propio Bruce. Un final en todo lo alto, tras una hora y cincuenta y cinco minutos de una entrega inclaudicable por parte de una banda honesta, que le saca lustre a sus clásicos pero no vive de sus rentas, sino que desafía con nuevo material en vivo. Y con los sones de Always Look On The Bright Side Of Life de Monty Python, nos retiramos del recinto, no sin antes encontrar muchas dificultades en la salida, especialmente en cancha y galería, un aspecto que sin dudas debió haber sido mejor previsto.

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Es cierto que el sonido tuvo altibajos, y que quizás el concierto haya sido un poco más “estandarizado” que otros shows en Chile, y probablemente haya habido shows mejores de la banda en nuestras tierras. Son observaciones legítimas. Pero Iron Maiden demostró “en cancha” porqué es una de las más grandes manifestaciones artísticas del ser humano contemporáneo, traspasando una energía contagiosa y con un Bruce callando todo atisbo de escepticismo tras su enfermedad. La vida del ser humano se nutre de experiencias y vivencias, y después de esta nueva visita de la Bestia a Chile, cabe reflexionar una gran cosa: la vida de nosotros sería mucho, muchísimo más difícil de sobrellevar, si no hubiese existido Iron Maiden. Con vigencia, garra, entrega, pasión, desafíos y contundencia, Maiden aporta la tinta en el libro de nuestras almas. ¡¡Gracias Doncella!!

Setlist de Iron Maiden:

01. If Eternity Should Fail
02. Speed of Light
03. Children of the Damned
04. Tears of a Clown
05. The Red and the Black
06. The Trooper
07. Powerslave
08. Death or Glory
09. The Book of Souls
10. Hallowed Be Thy Name
11. Fear of the Dark
12. Iron Maiden
Encore:
13. The Number of the Beast
14. Blood Brothers
15. Wasted Years

REVISA AQUÍ LA GALERÍA DE FOTOS DEL CONCIERTO