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Helloween dio este domingo el último concierto de su gira de reunión por Latinoamérica, que al igual que el viernes, tuvo a un Teatro Caupolicán repleto que coreó cada una de las canciones que completaron un show de casi 3 horas.

El setlist fue:

  1. Halloween
  2. Dr. Stein
  3. I’m Alive
  4. If I Could Fly
  5. Are You Metal?
  6. Rise And Fall
  7. Where the Sinners Go
  8. Perfect Gentleman
  9. Medley: Starlight / Ride the Sky / Judas / Heavy Metal (Is the Law)
  10. Forever and One (Neverland)
  11. A Tale That Wasn’t Right
  12. I Can
  13. Solo de batería: Dani Löble & Ingo Schwichtenberg
  14. Livin’ Ain’t No Crime / A Little Time
  15. Why?
  16. Sole Survivor
  17. Power
  18. How Many Tears

Encore 1:

  1. Invitation / Eagle Fly Free
  2. Keeper of the Seven Keys

Encore 2:

  1. Future World
  2. I Want Out

Fotos: Guille Salazar

¿Cómo comenzar a escribir acerca de este show? Es todo un desafío intentar articular un discurso coherente, que tenga cierto hilo conductor más allá de la narración cronológica y que no se vaya por el desvarío de las meras emociones, que tenemos tan a flor de piel luego de que sucediera todo lo que pasó.

Es claro que, para muchos de nosotros, Helloween es una banda de cabecera, pionera en un estilo que fundamenta la existencia de esta página, un emblema y una referencia para cualquiera que hable del Power Metal. Y evidentemente es cierto que ya habían venido otras veces, algunos hemos tenido la suerte de asistir a todos los shows de la Calabaza en Chile, siendo el primero en ese ya lejano 1998 en un Monsters Of Rock en el Velódromo del Estadio Nacional junto a Anthrax y Slayer, y con algunos shows altísimos como el del 2011 junto a Stratovarius en el Teletón o algunos con problemas severos de sonido como el del Víctor Jara el 2001 en la gira de “The Dark Ride”.

Pero, anticipándonos a lo que vivimos este viernes 03 de noviembre del 2017 en el Teatro Caupolicán, nunca, de verdad nunca, habíamos vivido un show de Helloween como este. Porque pocas veces un sueño colectivo tan inviable, tan imposible e inimaginable en la mente de los más escépticos, se hace tan realidad como este que nos hizo vivir la Calabaza de Hamburgo.

A todas las personas a quienes nos gusta esta banda, desde quienes tienen en su cabeza dos o tres temas, a quienes manejan al dedillo toda su carrera, al menos se nos cruzó alguna vez por la cabeza cómo sería que Michael Kiske volviera a tocar con Helloween. Viendo hacia atrás, en perspectiva –en realidad en retrospectiva–, ciertas cosas se fueron dando paulatinamente, durante un montón de años, para que este momento llegara. Quienes conocimos a Helloween en los años ’90, más allá de empezar con los Keeper en buena parte de los casos, lo hicimos en un momento en que ya Andi Deris estaba a cargo de las voces y Kiske estaba absolutamente alejado y desencantado de ciertas cosas asociadas al mundo del Metal. Hasta que paulatinamente el calvo fue volviendo al redil del Rock, y entre Sascha Paeth y el genio Tobias Sammet lo trajeron de vuelta al Metal con Avantasia. Luego, otro pasito fue reconectarse con su viejo amigo, el papá de todos, Kai Michael Hansen, en algunos proyectos, en el propio Avantasia, y finalmente en Unisonic, después de que Kai recompusiera relaciones con Michael Weikath. Kiske cantando Metal, Kiske girando con Unisonic y Avantasia, la banda lanzando un libro conmemorativo de su carrera con Kiske como actor principal…

Con el diario del lunes es fácil decir que el camino se fue haciendo con esos pasos que contamos, es cierto. Pero hay cosas que uno se resiste a soñar en serio, por temor a que nunca pasen. Kiske tocando con Helloween era un paso grandote, gigante, quimérico. En nuestro mundo, en nuestro nicho, esto es como que Gilmour se junte con Roger Waters, que Messi jugara junto a Cristiano Ronaldo o como que descubrieran que las papas fritas con mucho aceite son beneficiosas para la salud y afrodisíacas además de deliciosas. Pero cuando nos anuncian este hermoso concepto del “Pumpkins United”, que Kiske va a cantar con Helloween, y tras superar esas semanas de angustia de mierda donde el grupo confirmaba presentaciones en diversos lugares menos en esta larga y angosta faja de tierra del culo del mundo, por fin confirmaron su visita a Chile, y por duplicado, en algo que prometía ser nada menos que el espectáculo de Power Metal más importante de todos los tiempos en este país y que –anticipamos–, no sólo cumpliría con las altísimas expectativas emocionales y técnicas que muchos teníamos, sino que nos dejó varias perlitas para recordar toda la vida. Así de simple.

Como es lógico, las entradas se vendieron recontra rápido, y la ansiedad por este show fue muy distinta a la vivida en otras ocasiones, con mucho análisis en redes sociales, gente que legítimamente no quería spoilers del setlist de la banda, o los comentarios obligados respecto a la salud de Kiske que tuvo algunos problemas al inicio de la gira.

Pero llegó el momento de arribar al Caupolicán, que nos recibió con un telón muy sobrio que cubría el escenario, con el logo de la banda y con la leyenda “Pumpkins United” de esta gira de conmemoración. La cita era temprano, a las 20:00 horas, con una promesa de un show cercano a las tres horas de duración, y el público fue llegando con cierta lentitud a la cancha del Caupolicán, aunque con algo más de fluidez a la platea. Pero en el fondo, sabíamos que tendríamos un Teatro al borde de la explosión con casi cinco mil asistentes y que, aproximándonos a la hora del kick off, fueron repletando la cancha y las aposentadurías del sector superior. Como es ya clásico, la ansiedad se fue comiendo a algunos de los asistentes del sector superior y, haciendo gala de maniobras y contorsiones dignas de un ninja con formación académica en el Cirque du Soleil, lograban pasarse desde el sector alto hacia la cancha.

19:53. AC/DC, Highway To Hell. Ya poh. 19:56, Guns N’ Roses, Welcome To The Jungle. Sigue. Y sigue. Y basta ya, buena onda los Guns –ejemplo de reunión inviable que terminó siendo realidad–, pero ya, que empiece esto. 20.00 y empieza a sonar Let Me Entertain You de Robbie Williams (!) que ha servido de intro a los shows de la Calabaza en esta gira. Se apagan las luces y… showtime. ¡Vamos!

El telón dejaba ver que Dani Löble, Sascha Gerstner, Michael Weikath, Markus Grosskopf y Kai Hansen comenzaban a tomar posiciones mientras se comenzaba a proyectar un video en la pantalla gigante que se encontraba al fondo del escenario. Les anticipamos que en esta reseña la pantalla va a ser un tema recurrente porque, definitivamente, y más allá de que teniendo a Kiske con Helloween en vivo habría dado en teoría lo mismo que atrás hubieran puesto un telón simple, una toalla con el rostro de algún famoso o una sábana con hoyos, el apoyo audiovisual en este show terminó siendo una gratísima sorpresa y un punto a recontra favor que nos hace pensar que Helloween, además de los temas técnicos y emotivos, escaló notoriamente en la calidad de sus espectáculos.

Un abuso, derechamente, empezar este show con Halloween. Sin lugar a ninguna concesión, a ninguna adaptación a las condiciones del entorno, nada. Escandalosamente notable el inicio del show, con el apoyo que mencionábamos de los videos de la pantalla del fondo. Esos momentos previos a la salida de Kiske a escena, a cantar con Helloween, mientras sonaban los primeros acordes –envasados– de Halloween, fueron eternos y profundamente intensos, con un Teatro en un punto de ebullición total. Comienzan a tocar los músicos, sigue el telón adelante, hasta que finalmente cae y salen a escena Andi Deris y Michael Kiske. ¡Kiske cantando con Helloween, la pura verdad! ¿Cómo hacer para atesorar ese momento para siempre? El tiempo y la perspectiva lo dirán. Más allá de que en esos primeros instantes quizás le faltó un poco de volumen al micrófono de Michi –a tal punto que varios, por momentos, escuchamos más al hermano en zapallo del costado que bramaba la letra–, la emoción de cumplir una quimera sobrepasó cualquier deficiencia que, por suerte, se fue solucionando a una velocidad razonable como para no terminar siendo un factor condicionante de la jornada. Con un Kai absolutamente protagónico pero con el justo balance de no robarse la película, esta jornada que a varios asistentes los transportó hacia lo más profundo de su adolescencia, y a otros nos hizo recordar que seguimos siendo adolescentes para este tipo de cosas, tuvo un inicio realmente apoteósico. No sacamos nada a estas alturas con intentar describir el impacto de haber escuchado en vivo uno de los más connotados temas de la historia de la Calabaza de Hamburgo, baste describir que la sensación generada por el dueto de Kiske con Deris –mostrando un fiato que ya se quisieran varios artistas que llevan años juntos– elevó tanto el estándar que a uno le dan ganas de pasarle inmediatamente la copa de campeón a ambos.

¿Querés clásicos? ¡Tomá!” pareció decirnos la banda al tirarnos inmediatamente Dr. Stein, con el notable apoyo del video de fondo, casi una especie de video clip con algunas cositas de lyric video –un gran y barato invento de los tiempos modernos–, con detalles realmente bien logrados como la exhibición en un televisor antiguo de imágenes de la banda en los ’80 tocando este mismo tema con batas de médicos, y luego con imágenes del videoclip de este tema grabado a propósito del “Unarmed”. “Time is right!” nos decían Kiske y Andi y vaya que tenían razón.

La primera interacción con el público vino por parte del carismático Andi Deris, quien junto con decirnos “buenas tardes Santiago, de puta madre” en ese más que correcto español aprendido con sus años en Tenerife, presentó con afecto a Michael Kiske y éste también a Deris. El carisma de Andi es fantástico, el tipo se hace querer, evidentemente no genera esa cosa de Kiske que es vocalmente conmovedora, pero su dominio escénico, su forma de manejar al público, su simpatía y ahora su capacidad de adaptarse y ceder protagonismo a Kiske hablan de un artista inteligente e íntegro. Porque obviamente la primera ovación individual de la noche fue para “Kiiiske, Kiiiiske”, y Andi, sonriendo, nos dice “finally, ah?”, como diciendo “por fin está este muchacho cantando con Helloween”, lo que muchos queríamos y sentíamos. Nos atrevemos a aventurar que esa brillante generosidad será un plus para la carrera de Deris y así fue retribuido por el público que lo ovacionó con un “Aaaandi, Aaaandi”, que luego se transformó en un “Haaansen, Haaansen” y devino en un “Weiiiikath, Weeeikath”.

Andi nos dice que están “todos locos aquí, ¿ah?”, nos cuenta que es un honor estar de nuevo en Chile y que los últimos dos conciertos de la gira latinoamericana son en el mejor sitio, palabras de buena crianza teutona que supimos valorar con un gran aplauso. Y aquí viene un punto simpático del show: Deris nos presenta a “two special friends” llamados Seth y Doc, dos caricaturas de calabazas muy simpáticas que harían de las suyas durante varios interludios del show proyectados en la pantalla de fondo. En el primero de ellos salen perseguidos por un gran anillo que nos recuerda épocas pretéritas de la banda y, cuando termina este pequeño interludio, comienzan los sones de otro cañonazo clásico como I’m Alive del “Keeper” 1, una bestialidad. Algunos habíamos ya tenido la suerte de verla con Kiske junto a Unisonic, pero el peso específico de verla con Helloween evidentemente era diferente. Muchos dejaron la vida con los “I’m aliiiiiive”, puño en alto, estoy vivo y qué pasa. Buen detalle el poner un corazón latiendo en la pantalla, en lo que fue el primer tema de la jornada sólo con Kiske en las voces.

Vuelve Andreas Deris a escena y nos dice que lo que pasó era del “Keeper Of The Seven Keys 1” pero que ahora nos iríamos al año 2000, año en el cual hay un disco llamado “The Dark Ride”, pero que pese a ser de este disco, lo siguiente no era una canción oscura, sino que tiene la palabra “volar”, e incluso es una canción “para las chicas”. If I Could Fly es de esas canciones que quizás le gusten más a la banda que al público, pero de todas maneras –y pese a que bajó un poco la intensidad del show–, el respetable la acogió de excelente manera, de forma muy comprometida.

Y aprovechando este punto quiero hacer una reflexión: esperaba un poco menos de la entrega del público en los temas de la era Deris, en el sentido de que este era el segundo show que se vendió y que probablemente no pocos de sus asistentes irían más por ver a Kiske (y Hansen) que por algún otro factor, por lo cual uno suponía que la reacción ante los temas de Andi sería más fría. Pero si bien en temas como este la intensidad, como decíamos, bajó un poco, en ningún momento el show estuvo ni siquiera cerca de caer en un pozo ni mucho menos. Los asistentes estuvimos a la altura del formidable espectáculo desplegado por la Calabaza.

La era Deris siguió con Are You Metal?, corte que funciona muy bien en vivo –el video de fondo también fue un gran aporte– y que permite dinámicas siempre entretenidas de sing along. Gran aporte también de un Sascha Gerstner muy participativo, haciendo coros y luciendo ese inquietante peinado casi a lo Robert Smith de The Cure.

Un nuevo interludio de Seth y Doc nos empieza a mostrar detallitos muy bien cuidados y planificados para este show. De una u otra forma estos simpáticos zapallos se iban “disfrazando” con ciertas características llamativas de los integrantes de este Helloween 2017, e iban lanzando cosas a una especie de caldero que se encontraba en la base de una especie de gran aparato electrónico de forma algo dispersa, pero que contenía detalles de muchos discos de la banda, como la gillette del “Seven Sinners”, la rockola del “Metal Jukebox”, el conejo del “Rabbit Don’t Come Easy”, entre otras.

¡Qué tremendo poder escuchar Kids Of The Century en Chile! Una de las joyas del algo incomprendido “Pink Bubbles Go Ape”, cantada por un Kiske cuyo micrófono ya sonaba bastante mejor y que no dejó duda alguna respecto a su superación de la enfermedad que lo tuvo bastante a mal traer en el comienzo de la gira. Gran apoyo también del video con la estética del “Pink Bubbles”, con la lola del vestido blanco comiendo ese pescado crudo y a esos profesores con ojos de huevo frito, y un lindo momento con una bandera chilena que lanzaron unos muchachos de Linares hacia el escenario, emblema recogido por la banda y lucida en el resto del show sobre parte de una tarima. Y luego volvería Deris a escena para otro pasaje de la época más moderna con Waiting For The Thunder, con notables detalles como las armonías de las tres guitarras, causando una buena reacción del público pese a no tratarse de un clásico propiamente tal.

Pero la noche tenía sorpresas, que quizás para algunos no hayan sido tan llamativas. Ver a Kiske apoyando en las voces de Perfect Gentleman –tal como sucedería con otros temas de la era Deris– es realmente una joya, lo normal es que el cantante nuevo interprete las canciones del antiguo, pero ya es llamativo que el antiguo interprete las del nuevo. Ahora, que canten juntos, es derechamente colosal, la banda fue capaz de jugar con realidades paralelas (“te imaginai a Kiske cantando canciones de Deris?”) y llevarlas al presente. Deris con su sombrero de copa y una chaqueta digna para ponerla en la foto de perfil de Linkedin evidentemente es el amo y señor de este tema, pero compartirlo con Kiske en su interpretación y en las convocatorias a la gente a gritar los “perfect!”, como decíamos, pone a Deris en un estatus de inteligencia, generosidad y “progresismo” realmente llamativo.

Luego de un nuevo interludio con los zapallos Seth y Doc, vendría uno de los mejores momentos no sólo de la noche, sino que haya vivido el Caupolicán en su historia. Así de simple, así de contundente. Y es que nadie que haya asistido a esta jornada se va a olvidar del medley del “Walls Of Jericho” en la voz de Kai Hansen que nos regaló Helloween, por la cresta. Kai podría jugar en el Bayern Munich, hace todo bien, toca bien la guitarra, es carismático, es líder, canta decentemente, hasta sus ventosidades deben emitir feromonas de felicidad, un capo entre capos. Bueno, la cosa empezó con Starlight, una bestialidad que generó hasta un mosh, incluso Kai soltó la guitarra, al tiempo que todos coreábamos el “staaaarlight, fallin’ in deep through your eyes”. Kai tuvo que retomar la guitarra para tocar el riff de Ride The Sky, otro emblema de la era Hansen que no requiere mayor descripción, sólo agregar que al mosh se incorporó una bengala roja. Si ya todo era una locura, agregarle un clásico crudísimo de los tiempos ancestrales de la banda como Judas fue realmente bestial, un regalo para los fans más acérrimos y trve (con v) de la calabaza. Y cerrar este medley con Heavy Metal (Is The Law), con las guitarras paralelas de Kai y Weikath, superó los límites del abuso tolerable, la emoción de vivir en nuestra tierra semejante desparramo de energía e intensidad difícilmente podrá ser olvidada, sólo queda agradecerlo. El Heavy Metal es, indiscutiblemente, la ley.

Wow, you guys rock, that was wild! 5.000 locos”, nos dice Andi, mientras se sienta en una silla junto a Michael, y nos dice que, en lo siguiente, Kiske lo corrigió, que no es un tema para las chicas, sino que “para el corazón”. Qué linda balada triste es Forever and One (Neverland), y qué lujo que Helloween nuevamente jugara con los mundos paralelos y nos regalara la chance de escuchar a Kiske acompañando a Deris. Me apropio de la analogía de un gran amigo: Andi es como el marido que se hace amigo del papá de los hijos de su actual señora, lo invita a los asados, a los cumpleaños, no siente celos, y no sólo acepta, sino que fomenta el cariño que le tienen los hijos, es decir, nosotros. Si alguien creía que en esta pasada Deris podía haber salido desfavorecido por todo el hype que generaba la presencia de Kiske, los hechos demuestran absolutamente lo contrario. Hermosa interpretación de esta linda balada y con una gran participación de Sascha Gerstner en el apoyo.

Luego de un “Happy Happy Helloween, Helloween, Helloween”, Kiske nos pregunta cuántos conocen el “Keeper 1”, obviamente todos respondimos que sí lo conocíamos. Nos dice que cuando grabó esta canción tenía dieciocho años de edad, hace mucho tiempo, y es otra balada… ¡A Tale That Wasn’t Right! ¡Cantada por Kiske con Helloween, en Chile! Sé que hemos repetido mucho esa frase que quizás suene algo majadera, pero no por ello deja de ser cierta y, a estas alturas, el lenguaje tiende a escasear cuando se trata de describir emociones más que situaciones. Hermoso momento del show con dos cantantes que seguían sacándole lustre a su gran fiato.

Seth y Doc tienen una nueva aparición en la pantalla gigante, para luego dejar a Sascha con el riff de I Can, que algunos recordarán que fue elegida en la –en aquellos entonces– Radio Concierto, por votación popular, como la canción de Metal que serviría como himno para la Selección Chilena en el Mundial de 1998 en Francia. Los que se acuerden pueden recoger sus cédulas de identidad desde el piso. Gran tema, canción emblemática para muchos de nosotros.

Pero llegaría el que quizás haya sido el pasaje más emotivo de la jornada. Seth y Doc tocando batería, nos anuncian el momento de un solo de dicho instrumento, algo muy típico de los conciertos y que sirve para que los otros músicos descansen un poco. Generalmente es algo más bien “de relleno”. Pero esto fue distinto. Porque una cosa es ver la precisión y talento del suizo Dani Löble, y está bien, pero hacer un paralelo entre su solo y un video, proyectado en la pantalla gigante, de un solo del querido Ingo Schwichtenberg, fue una forma hermosa, sencilla, intensa, honesta y no sobreexplotadora de la emocionalidad para homenajear al hermano caído, al querido Ingo que sucumbió ante sus fantasmas hace ya veintidós años. Los detalles ayudaron aun más: que Ingo haya sido proyectado en un televisor más antiguo (un Trinitron), y la voz del anunciador de boxeo Michael Buffer diciendo su clásico “let’s get ready to rumbleeee!”, anunciando un hermoso y fraterno “duelo” entre Dani e Ingo, marcaron un merecido recuerdo a un hermano que nos habría encantado ver alguna vez en Chile. Mientras haya calabazas, Ingo estará entre nosotros.

Luego del emotivo momento vivido, vuelve Kiske a escena y con Livin’ Ain’t No Crime, tema que causó cierta polémica en los primeros shows de la gira latinoamericana, donde hubo ciertas acusaciones de que Michi estaba haciendo playback. Finalmente eran voces de apoyo en atención a su enfermedad de esos días, pero ahora la voz de Michael rindió de manera incontrovertible. Y la conectaron con la queridísima A Little Time, otro clásico del “Keeper 1”, con un excelente apoyo audiovisual y con un formidable trabajo de la banda, simulando al final con fade out del tema en el disco, pero en realidad “falseándolo” para finalmente redondearlo de manera contundente.

Tras un interludio con Seth y Doc como bajistas, vendría otro momento de mundos paralelos, con Deris y Kiske cantando Why? del glorioso “Master Of The Rings”, el primer disco de Andi como cantante de Helloween. Insistimos, qué tremendo es haber visto a Kiske cantando junto a su banda matriz, y no sólo sus temas, sino que además aportando en canciones de la era posterior. La generosidad de Deris en compartir un espacio ganado por derecho propio, y la humildad de Kiske en aportar en canciones que no son de su época, son factores de una ecuación ganadora pocas veces vista en un mundo como el de la música, donde los egos afloran generalmente de maneras poco saludables.

Y “Master Of The Rings” tendría una nueva revisión a continuación, puesto que Andi nos cuenta que le gusta mucho una canción de ese disco… Sole Survivor, otro gran corte rescatado de ese estupendo trabajo, y que nuevamente contó con un gran apoyo audiovisual en la pantalla. Lo hemos dicho anteriormente en esta misma reseña, Helloween se podría haber presentado sin este apoyo y probablemente habríamos disfrutado lo mismo, pero el crecimiento de la banda en ese tipo de detalles de puesta en escena marca un evidente progreso.

Fue el turno de Michael Weikath de ser objeto de la interpretación de Seth y Doc, con su inconfundible cigarro, que cayó al caldero virtual hasta que la banda nos azotó con la energética Power, un corte a prueba de cualquier concierto y de cualquier público que fuese a ver a los alemanes, y que probablemente sea uno de los temas con más material para el sing along de todo el catálogo de los germanos. Una canción para cargarnos de energía, más aun con las imágenes de fondo de la popular calabaza musculosa.

Andi Deris nos pide un minuto para contarnos una cosita, una “chiquitita historia”, concerniente a que cuando él tenía aproximadamente diecisiete años de edad (“como ochenta años antes”, agregó, causando las risas del respetable), la canción que interpretarían a continuación fue la primera que él escuchó de este grupo llamado Helloween, agregando que era “el perfecto final” para este concierto. Por cierto que cuando Andi habló de “final”, el público pifió y gritó “nooooooo”, incluso el propio Deris pidió que abucheáramos, lo cual fue inmediatamente obedecido con un masivo “boooooooooooo”, por lo cual cedió y reconoció que no era el último tema de la jornada. ¡How Many Tears! Con Kiske y Hansen, además de Andi, francamente creo que no pocos nos sentimos como el público de “Live In The U.K.”, viviendo otra época, siendo transportados en el tiempo y en el espacio al Planeta Calabaza. ¿Qué se puede contar? Un nuevo mosh, un hermoso pasaje de guitarras en armonía entre Sascha, Kai y Weikath, y esa voz de Kiske que transforma temas gloriosos en celestiales. ¡Cuántas lágrimas! Nunca mejor dicho. Andi nos dice “muchas gracias Santiago”, y tras dos horas de espectáculo, la banda deja por primera vez el escenario.

Un par de minutos afuera, con el público cantando el “happy happy Helloween, Helloween, Helloween”, terminaron con las pantallas encendiéndose con los sones de la intro Invitation del “Keeper 2”, síntoma inequívoco de lo que se vendría, probablemente uno de los instantes más esperados no sólo de la noche, sino que por buena parte de quienes escuchamos este tipo de música desde hace un montón de años: hacer el “check” de cosas para hacer en la vida con escuchar Eagle Fly Free en vivo cantada por Michael Kiske era cosa de segundos. Y es que a estas alturas parece ser claro que, si algún día un meteorito o algo similar impacta la tierra y los sobrevivientes nos vemos obligados a resurgir desde las cenizas, unidos como sólo un pueblo terrícola para luchar contra la invasión marciana, el himno de esa humanidad no puede ser otro que esta canción, es algo que uno ya da por sabido. ¡Qué tremendo momento! Un nuevo mosh con bengala en la cancha, y esa sensación dual de querer dejar la vida y las cuerdas vocales botadas en el recinto, versus querer escuchar a Kiske cantando y saldando una deuda histórica con nuestros sentidos. Insistimos en que el apoyo audiovisual fue acertadísimo durante toda la jornada, y las imágenes del águila surcando los cielos le dieron un toque aun más emocionante a todo lo vivido.

Los pasajes inolvidables de este fenomenal espectáculo no paraban. Impresionante todo lo vivido con Keeper Of The Seven Keys, a nivel de ejecuciones, a nivel audiovisual, a nivel emotivo, a nivel de teatralidad, bajo cualquier parámetro. Un tema lleno de matices y conducido fenomenalmente por Kiske, coreado a rabiar por un público justificadamente enfervorizado, que hasta armó un mini mosh en cancha con el “disease, disease, disease my friend”. Uno no para de destacar la inteligencia de Deris en afiatarse a las canciones cantadas principalmente por Kiske, pero además quizás no hayamos destacado suficientemente lo bien que cantó Andi, realmente la rompió, más allá de sus consabidos desplante, carisma, buen humor y energía desbordante. Muy bonito además el final alargado del tema, con los músicos presentándose y retirándose uno a uno desde el escenario, dejando finalmente solo a Sascha Gerstner como el encargado de apagar la luz y cerrar la puerta. Maravilloso, realmente.

Pero faltaba el fin de fiesta. El principio del fin –luego de la última aparición de Seth y Doc– llega con ese crack que es Kai Hansen, a quien de verdad los fanáticos le debemos muchísimo. Solo con su guitarra, parado en la tarima que daba hacia la batería, ya sabíamos lo que venía: Future World, con calabazas astronautas con estética ochentera en la pantalla gigante, coreada por todo el público; y por supuesto el verdadero cierre no podía ser otro que con I Want Out, momento en el cual el staff de la banda lanzó hacia la cancha varias pelotas inflables gigantes, naranjas y negras, con rostros de la calabaza, además de mucho papel picado, dándole un plus espectacular a un show respecto del cual bastaba sólo con la música, un buen sonido y las emociones inevitables, pero al cual este tipo de agregados contribuyeron a generar una sensación de que esto no lo vamos a olvidar nunca. Una hermosa despedida, llena de energía, con el público realmente dejándolo todo en la cancha, retribuyendo con una tremenda ovación la entrega de los músicos durante dos horas y cincuenta minutos imposibles de resumir y de describir de manera fehaciente, y que quizás encuentre una demostración en los gestos finales de Kai Hansen al retirarse del escenario, empuñando las manos y moviéndolas como diciendo “esto es Helloween, carajo”, como el capitán del equipo que acaba de ganar un clásico, o con esa imagen de Andi abrazando a Kiske y hasta dándole un afectuoso beso, como un equipo. Como el equipo que son.

Lo que vivimos en el Caupolicán va más allá de un mero espectáculo que sonó bien, que contó con un estupendo apoyo audiovisual y que técnicamente carece de mayores reproches. A la inmensa mayoría de quienes escuchamos música a partir de cierto nivel de fanatismo nos gustan los conciertos, asistimos a los que podemos –por tiempo y por factores económicos–, pero no todos tenemos la suerte de que nos cumplan sueños que, como decíamos antes, a veces frenábamos desatarlos por el mero temor a que nunca se hagan realidad. Pienso en los fans de Queen, que nunca pudieron ver en Chile a Freddie Mercury; en quienes no alcanzamos a ver a Chuck Schuldiner con Death; en los fanáticos de The Beatles, de Elvis Presley, de Prince, de Thin Lizzy, de tantos otros, se pueden dar tantos ejemplos. Y nosotros tuvimos la gigantesca suerte de que algo que se veía casi tan imposible, se cumpliera, frente a nuestras narices. Hay que pegarse con un zapallo en el pecho, derechamente. Sólo queda desear que cada uno de nosotros haya tenido la capacidad de disfrutarlo con el alma, y que en el futuro tengamos la capacidad de atesorarlo, porque precisamente estos momentos son los que hacen que todas las dificultades de la vida diaria terminen valiendo la pena. Vimos a Helloween con Kiske y con Kai Hansen en nuestra tierra, al águila volando libre sobre nuestras cabezas, al guardián tirando las siete llaves en un mar de energía. Nada más ni nada menos que uno de los check más relevantes en la historia de nuestras vidas.

Setlist de Helloween:

  1. Halloween
  2. Dr. Stein
  3. I’m Alive
  4. If I Could Fly
  5. Are You Metal?
  6. Kids of the Century
  7. Waiting for the Thunder
  8. Perfect Gentleman
  9. Medley: Starlight / Ride the Sky / Judas / Heavy Metal (Is the Law)
  10. Forever and One (Neverland)
  11. A Tale That Wasn’t Right
  12. I Can
  13. Solo de batería: Dani Löble & Ingo Schwichtenberg
  14. Livin’ Ain’t No Crime / A Little Time
  15. Why?
  16. Sole Survivor
  17. Power
  18. How Many Tears

Encore 1:

  1. Invitation / Eagle Fly Free
  2. Keeper of the Seven Keys

Encore 2:

  1. Future World
  2. I Want Out

Live Review: Darío Sanhueza De La Cruz
Fotos: Guille Salazar

¡Repleto! 4.500 personas vieron el primero de los 2 shows de la gira «Pumpkins United» que está pasando por Chile este fin de semana. Con un show que completó casi 3 horas, Helloween mezcló toda su historia teniendo en un mismo escenario a Michael Kiske, Andi Deris y Kai Hansen.

Fotos: Guille Salazar

El mítico Festival de Viña del Mar definió hace unos días su parrilla de artistas latinos para su edición 2018, pero faltaba la confirmación de los dos artistas anglo para la jornada del jueves 22 de febrero.

Esta mañana fueron los mismos EUROPE los que confirmaron su presencia en el histórico escenario que los vio debutar en nuestro país en 1990, esta vez, en promoción de su último disco «Walk the Earth». 

Las entradas para ver a EUROPE el jueves 22 de Febrero en el Festival de Viña del Mar aún no están habilitadas, pero el certamen las vende por sistema Puntoticket y los precios son los siguientes:

 

Fácilmente podríamos decir que ayer domingo asistimos nuevamente al extinto «The Metal Fest». Siete bandas y dos escenarios, más un gran despliegue de stands de merchandising, patios de comida, exposiciones y miles, miles de fanáticos que se dieron cita en el Movistar Arena, prometían una jornada de ensueño durante la segunda versión del festival Santiago Gets Louder. Y así no más fue, puesto que asistir a este tipo de eventos es toda una experiencia en sí. Lo pudimos comprobar en primera instancia mientras Tirano y Vimic abrían los fuegos en el Talavera y Domo Stage, respectivamente, ya que realizamos las típicas vueltas de reconocimiento, tanteando terreno y comprobando el ánimo de los cerca de 1.500 asistentes que se encontraban en el recinto durante las primeras horas del festival.

El primer punto a destacar -y por qué no decirlo, digno de aplaudir- fue la puntualidad y la rigurosidad para cumplir los horarios establecidos previamente por la producción. Decimos esto porque la logística y la organización de este tipo de shows prácticamente va determinando la disposición y el comportamiento del público. Vale decir, si desde un principio se da cuenta de que todo está en su lugar, básicamente la sensación de que estás en buenas manos te ayuda a disfrutar de mejor forma a cada una de las bandas. Bien ahí.

Entonces, entrando de lleno al show, a las 16:00 hrs. en punto Walter Giardino Temple logró llenar de gente todo el espacio dispuesto para su presentación en el Talavera Stage.

WALTER GIARDINO – TEMPLE

¡Madre mía como canta Ronnie Romero! La verdad es que no hay otra forma de comenzar este análisis. En serio, ¿notaron toda la calidad y el desplante de nuestro compatriota? Sin restar mérito al resto de la banda y mucho menos al maestro Walter Giardino, la verdad es que el vocalista de alguna forma se las ingenió para salir adelante pese a todos los problemas de sonido a los que se enfrentó. Si bien hay un sinfín de videos de gran resolución en la red respecto a su participación con Ritchie Blackmore, lo cierto es que poder apreciarlo más de cerca y tener la posibilidad de conectarse con cada una de sus interpretaciones es sencillamente indescriptible. Lo decimos de nuevo, sí, hubo muchos, muchos problemas de sonido durante toda la presentación. Por momentos se mostró bastante incómodo y molesto al mirar a su técnico de sonido, pero lo cierto que esto no lo detuvo para despacharse unos tonos más que envidiables.

Las clásicas Corte Porteño y Sobre la Raya fueron las encargadas de dar el puntapié inicial. La verdad es que la primera costó distinguirla en sus primeros acordes, principalmente por los problemas en el micrófono ya mencionados, y también por el altísimo volumen de la guitarra. Aún así, el «Ella vive esperando oculta en la oscuridad/ es un alma porteña y ronda por la ciudad…» a estas alturas es inconfundible. Punto para Ronnie además, puesto que los que estuvieron atentos notaron que jugó un poco con la letra al decir «es un alma chilena«. En tanto, la segunda fue acompañada por un enérgico headbanging gracias a la gran base rítmica de Pablo Motyczak en el bajo y Fernando Scarcella en la batería. Para qué mencionar el teclado de Javier Retamozo o los solos de Walter. Sencillamente notables.

El primer cover llegaría con la mítica Man on the Silver Mountain. Desde luego que tuvo un gran recibimiento al ser conocida por todos, y si bien las contrariedades persistieron en gran medida, el cantante sobresalió con una interpretación perfecta. Mismo asunto para Cacería, que tras las correspondientes palabras de agradecimiento, todo se tornó en una aplanadora gracias al doble bombo y a la potente pegada de Scarcella. Entonces, para jugar con la intensidad y con las distintas emociones, un interesante contraste se vivió cuando comenzaron a interpretar la rockera Héroes de la Eternidad, ya que versos como «Sólo quiero que hoy escuches mi canción/ se lo pido a tu cansado corazón…» trajeron la calma y el toque setentero tan influyente en la carrera del guitarrista trasandino.

Acercándonos ya al final, no deja de llamar la atención el gran legado de Dio en nuestro día a día. En serio, a todos se nos dibujó una sonrisa cuando comenzó a sonar ese clásico incombustible llamado Neon Knights. Y no es para menos, ya que debe ser uno de los mejores opening tracks de cualquier disco de Heavy Metal alguna vez publicado. Por lo demás, hay que resaltar que fue una versión bastante respetuosa y enérgica. Solo quedaba cantar el «Again and again» con todas nuestras fuerzas. Por último, la encargada de cerrar no podía ser otra que Alquimia. Desde luego que ganó bastante en relación a la versión en estudio, ya que la potencia desplegada en vivo hizo que cada uno destacara a su debido tiempo. Así, con el estribillo «Aprendiz mi hermandad/ signos de lo universal/ Aprendiz fuego y sal/ ángeles y diablos ven que llegará» se puso término a un poco más de media hora de show.

Como mencionamos al inicio de este review, Ronnie Romero demostró que tiene méritos de sobra para llevar la batuta de cualquier banda a nivel mundial. Con muchos aspectos en contra logró sacar adelante la tarea en base a su técnica y a su confianza sobre el plató. Por otra parte, los instrumentistas derrocharon clase de principio a fin y conformaron una base sólida para apoyar a Walter Giardino. obre este último, si bien podríamos nuevamente destacar la calidad de sus solos y toda su experiencia, a estas alturas parece ser totalmente innecesario, realmente un maestro. Contra vientos y marea, gran, gran concierto.

Setlist Walter Giardino Temple:

  1. Corte Porteño
  2. Sobre la raya
  3. Man on the Silver Mountain (cover de Rainbow)
  4. Cacería
  5. Héroes de la Eternidad
  6. Neon Knights (cover de Black Sabbath)
  7. Alquimia

RATA BLANCA

Difícil situación la de los trasandinos. No es fácil tener que llorar la despedida de uno de los miembros más antiguos y más queridos de la banda y al poco tiempo estar en la carretera de nuevo. Emocionalmente la pérdida es incalculable y todo aquél que haya visto a Rata en vivo y en directo conoce la importancia y el significado de Guillermo Sánchez sobre el escenario. Para nosotros los fanáticos, la verdad es que la única opción era seguir demostrando esa devoción a prueba de balas hacia Walter Giardino y compañía. Y vaya que no defraudamos, puesto que el escenario central se encontraba con una gran cantidad de metaleros agolpados en los lugares más próximos al escenario para apreciar el acotado -pero no menos potente- show de uno de los platos fuertes de la jornada.

Y no hay descanso alguno para la mayoría de los integrantes, puesto que tan solo habían treinta minutos de diferencia entre una presentación y otra. En base a esto, no puedo dejar de imaginarme a Walter, Pablo y Fernando corriendo por las dependencias del Movistar Arena para llegar al Domo Stage. Situación más que curiosa y aguerrida a la vez. Directo al hueso entonces. Con anterioridad ya vaticinábamos que el setlist sería bastante parecido al de la última visita a nuestro país. Así lo confirmamos al escuchar en primer lugar las entretenidas Los Chicos Quieren Rock y un clásico como Sólo para Amarte, al igual que como sucedió hace un par de años.

La primera y única revisión a «La llave de la Puerta Secreta» (2005) llegaría con la notable La Otra Cara de la Moneda, que además de ser considerado un clásico en este punto de la historia, dio cuenta del excelente sonido con el que nos deleitaban. Gran trabajo de Adrián Barilari por cierto, que demostró un gran nivel en cada una de las canciones. Prueba de ello fueron las primeras líneas de Rock and Roll Hotel. Deslumbrante manera de cantar el «Cuarto de hotel ya no hay forma que pueda dormir/ Cuando pienso que vivo tan lejos de ella digo, porque estoy aquí…«. Y en el estribillo fue algo parecido. Eso sí, contó con la colaboración del bajista Pablo Motyczak (también bajista de Temple) apoyando en el fraseo inicial.

De esta forma, de aquí en adelante todo fue clásico tras clásico. Partiendo por El Círculo de Fuego y la Canción del Guerrero. Pero la que se robó todos los aplausos fue Agord, La Bruja. Acierto total al incluirla en el setlist, y así lo entendimos todos, puesto que el outro con el «Es importante que no pierdas la razón/ debes prestar mucha atención/ Solo a tu corazón…» sonó y fue recibido como un verdadero cañón. Por último, al igual que en otras ocasiones, Guerrero del Arco Iris -con la tremenda ejecución de Danilo Moschen en los teclados- nos daba indicio de que prontamente se vendría el grand finale.

Las escogidas para poner el broche de otro fueron nada más y nada menos que Mujer Amante y La Leyenda del Hada y el Mago. Lo cierto es que cualquier cosa que quisiéramos agregar para describir este nivel de clásicos ya está dicho con antelación. De esta manera, después de un poco más de una hora de duración, los trasandinos comienzan a despedirse bajo una ovación cerrada. A modo de conclusión, voy a ser sincero al admitir que creo que varios esperábamos algún gesto o alguna palabra más explícita para Guillermo Sánchez. Como fanático hubiera sido bastante emotivo presenciar un pequeño homenaje hacia el difunto bajista, pero a la vez entendemos que puede ser una forma de dar a entender que la carrera de Rata continúa y que se sobrepondrán a cualquier adversidad. En fin, sólida presentación.

Setlist de Rata Blanca:

  1. Los chicos quieren Rock
  2. Sólo para Amarte
  3. La otra cara de la moneda
  4. Rock and Roll Hotel
  5. El Círculo de Fuego
  6. La canción del Guerrero
  7. Agord, La Bruja
  8. Guerrero del Arco Iris
  9. Mujer Amante
  10. La Leyenda del Hada y el Mago

KING DIAMOND

Sí, King Diamond debió cerrar el festival. Y a estas alturas eso es lo de menos. Vamos a lo realmente importante, ¡cuántos años esperando su regreso a nuestro país por la cresta! ¡Cuántos años esperando poder escuchar tal nivel de clásicos en estas tierras! ¡Cuántos falsos rumores que jugaron con los sentimientos de miles de fanáticos! Pero basta. Suficiente. Sí. Sucedió. Kim Bendix Petersen arrasó con todo a su paso. Deuda histórica, señoras y señores. ¡Pedazo de concierto que se mandó! No podemos dejar de lado la euforia y la adrenalina que nos embarga. No si presenciamos la interpretación de ese discazo llamado «Abigail» en su totalidad. No si el opening track fue la notable Welcome Home. No si cada uno de los participantes dejó la vida durante la hora y cuarto de show. No si esta performance será recordada como una de las más notables y emotivas que se tenga memoria. Varios necesitábamos sacarnos ese peso de encima. Bien, vamos a los detalles.

Desde ya el telón que cubría todo el escenario era lo suficientemente imponente para vaticinar lo que se vendría, mientras retornaba al reducto principal parte del público que fue hacia el otro escenario a ver la performance de los brasileños de Ego Kill Talent. Las clásicas The Wizard (Uriah Heep) y Out from the Asylum sólo fueron aumentando la tensión hasta que la mencionada Welcome Home abriera los fuegos y pusiera fin a años de sufrimiento e impaciencia. Desde luego que la aparición de la abuela en silla de ruedas no se hizo esperar y rápidamente comenzó una performance como nunca antes se ha visto. Tanto así que durante el «Let me help you out of the chair, Grandma/ Let me touch you, let me feel!» literalmente se iba recreando la letra casi palabra por palabra. A propósito, la voz de King Diamond se ha mantenido prácticamente intacta. Para los más escépticos, busquen su interpretación durante Sleepless Nights y verán cómo se iba adecuando sin problema alguno.

Momento de que el frontman se dirigiera a nosotros para también aprovechar de presentar a cada uno de los integrantes de la banda. Lo particular es que presentó a Pontus Egberg como Pontus Norgren (el cual de igual forma se encontraba dentro del recinto, ya que es uno de los ingenieros en sonido de la gira que nos convoca) y para cuando notó su error un par de canciones después fue personalmente a disculparse con el bajista. Un crack. Y bueno, hora de otro clásico. Y vaya clásico. Acorde a la fecha además. Halloween multiplicó los saltos y los headbangings durante toda la intro. Así, la única revisión a «Fatal Portrait» (1986) quizás mostró la mejor forma de la banda musicalmente hablando. Decimos esto porque fue tocada con una soltura y una energía que traspasaba hacia todo el recinto. Pedazos de solo que se despachan Mike y Andy por lo demás.

En este punto debemos hacer una pequeña pausa y comentar una situación curiosa y plausible a la vez. Vamos por parte, una vez finalizado el track anterior, Mr. Diamond comienza a mirar a su alrededor cada parte de la tremenda escenografía que había a sus espaldas. De manera transparente nos da a entender que el show no debía ser de esa forma, básicamente porque las luces no estaban funcionando como era debido. Y claro, toda la iluminación que estaba dispuesta alrededor de las cruces invertidas, bajo las gárgolas y alrededor de las escaleras se encontraban apagadas. La atmósfera hasta ese momento era bastante oscura principalmente por este hecho. Entonces él nos propone una especie de trato: tomarse el tiempo que sea necesario para arreglar el problema y luego poder tocar toda la noche de ser necesario, además de afirmar que nos iba a dar el espectáculo por el cual habíamos pagado, sí o sí. Ovación cerrada. Tras un par de minutos con el escenario vacío, desde la mesa de luces dan el visto bueno para continuar el concierto, a lo que el vocalista responde casi con rabia «Show me that it works!«. Y sí, efectivamente el cambio fue evidente durante Eyes of the Witch. Un crack con todas sus letras.

Hora de recordar a Mercyful Fate  y qué mejor que hacerlo con dos temazos como Melissa y Come to the Sabbath. Con la primera, la sección de cuerdas se llevó todos los aplausos ya que lograron recrear la atmósfera de manera perfecta mientras el frontman cantaba «Melissa, you were mine/ Melissa, you were the light«. Por supuesto que los más entusiastas se animaron a tratar de llegar a los tonos del vocalista. En tanto, algunos simplemente observábamos casi en éxtasis como se comía el escenario con nada más que su presencia y cómo la actriz que daba forma al personaje principal hacía su performance sobre el balcón recreado en la escenografía. En cambio, la segunda fue interpretada como era de esperarse. Derechamente el Movistar se convirtió en una sola voz al cantar el «Come come to the sabbath/ Down by the ruined bridge/ Witches and demons are coming/ Just follow the magic call!» y los cambios de tiempo perfectamente marcados por Matt Thompson sellaron una ejecución perfecta. Obviamente que las armonías y los solos de Andy y Mike también se llevaron todas las miradas. Pequeña pausa con Them sonando de fondo y se venía lo mejor.

Ahora sí, tras un breve descanso rápidamente comenzó a sonar Funeral por los altoparlantes. Es aquí cuando parte de la cancha comenzó a abrirse para generar un mosh de grandes proporciones. Dicho sea de paso, notable el cambio de los telones de fondo. Pasamos de tener una imagen central de Jesús rodeado de varios demonios, al frontis de una catedral gótica en cosa de segundos. Y eso no es todo, puesto que la teatralidad fue llevada al límite cuando desde un ataúd King saca a Abigail y pronuncia «That must be it«. Sí, la historia de «Abigail» iba a ser recreada hasta en el más mínimo detalle. Musicalmente en tanto, bastó esa pequeña frase para que Arrival desatara el caos y todos comenzáramos a alucinar con lo que estábamos presenciando. Bastaba ver la cara de los que se encontraban a tu alrededor para entender la importancia de este show. Hasta alguna lágrima vi caer por ahí. Por lo demás, ¡qué temazo por la cresta!, es increíble cómo se va narrando la historia y como va tomando forma a medida que la letra comienza a avanzar. Interpretada a la perfección.

Y la situación solo fue en alza. El doble bombo y el ride de Matt durante A Mansion in Darkness aplastó todo a su paso, siempre seguido muy de cerca por Pontus Egberg. En cuanto al cantante, cuánta energía al entonar «Riding up the alley in the rain/ No lights to show the way…» mientras que al mismo tiempo interactuaba con Miriam Natias. Sí, literalmente las hace todas. Conoce su lugar a la perfección y hasta le da tiempo para incitarnos a nosotros a cantar «The shadows at the gate, they seemed to be alive/ Yeah, the shadows at the gate/ Alive!«. Imposible seguirle el paso. Más aún durante The Family Ghost donde se manda unos fraseos realmente envidiables.

Y cuando decimos que ningún detalle es dejado al azar realmente hablamos en serio. Prueba de ello es que antes de que comenzara a sonar The 7th Day of July 1777, los tramoyas que llevaron las guitarras acústicas a cada costado del escenario iban vestidos como monjes con la cara cubierta y muy metidos en su papel. Vale decir, ningún movimiento brusco o alguna salida de libreto. No. Todo pensado a la perfección. En cuanto al tema en sí, ¿qué más se puede decir? ¡Simplemente sublime! Es cierto que podríamos centrarnos netamente en la ejecución de este, pero estaríamos siendo injustos con la tremenda performance que ocurrió sobre las escaleras. Como la historia lo indica, la esposa del conde es dejada caer desde lo alto y es así como pierde el bebé que llevaba en su interior. ¡Excelente juego de luces! No había otro lugar donde mirar, toda la atención estaba puesta sobre el momento de tensión.

Al tener una letra más bien breve, Omens fácilmente fue una de las más coreadas de la noche. Tan solo bastaba escuchar el «Deadly! omens!» para comprobar esto último. Buenísimas las transiciones del teclado con los posteriores solos de guitarras. Cada matiz sonaba tanto o mejor que su versión en estudio, gracias a un nivel de sonido descollante. Obviamente que a su vez los aspectos visuales continuaron, esta vez lanzando pétalos de rosa para luego seguir con las apariciones de Miriam. Por el contrario, The Possession fue tocada directa y al hueso. Tras esa intro de batería, los «Eh! eh! eh!» no se hicieron esperar y como mencionamos anteriormente, esta fue quizás la canción más potente y «cruda» en su sonido. La verdad es que describir la posesión por el espíritu de Abigail no podía ser de otra forma.

Acercándonos al final del álbum, el riff inicial de Abigail retumbó en todo el Movistar Arena. Cómo sonó el «Miriam can you hear me!«, madre mía. La verdad es a que esta alturas no debería sorprendernos ya que básicamente lo que escuchamos durante la homónima y el ending track Black Horsemen fue una especie de resumen de todo el show en cuanto a las actuaciones, el sonido y la ejecución de cada instrumentista. Final épico cuando los monjes se llevan a Miriam tras su muerte mientras escuchamos «That’s the end of another lullaby/ Time has come for me to say goodnight«. Y así no más fue. Siendo las 20:40 hrs. toda la banda comienza a despedirse entre una ovación cada vez más estridente. El show se hizo cortísimo y no es de extrañarse. Rotundamente afirmamos que fue una de las mejores presentaciones de Heavy Metal que ha pisado nuestro país en todo aspecto a considerar. Sonido, puesta en escena, nivel de interpretación, juegos de luces y el recibimiento del público. Ténganlo presente, la tarde del domingo hicimos historia. ¡Aguante King Diamond!

Setlist de King Diamond:

  1. Welcome Home
  2. Sleepless Nights
  3. Halloween
  4. Eyes of the Witch
  5. Melissa (de Mercyful Fate)
  6. Come to the Sabbath (de Mercyful Fate)
  7. Funeral
  8. Arrival
  9. A Mansion in Darkness
  10. The Family Ghost
  11. The 7th Day of July 1777
  12. Omens
  13. The Possesion
  14. Abigail
  15. Black Horsemen

MEGADETH

Para el redactor, escribir un live review sobre Megadeth resulta bastante complejo y a veces frustrante. Principalmente porque es una banda que nos visita con bastante, bastante regularidad. Prácticamente un show por año. Entonces, ¿cómo evitar ser redundante al analizar un espectáculo que has visto en varias ocasiones?. Por favor, no me malentiendan, bajo ningún motivo estamos estableciendo una queja o un reclamo por la cantidad de veces que Dave Mustaine pisa nuestro país. Es más, personalmente esta es una de mis bandas favoritas de toda la vida y siempre será un agrado escuchar los clásicos de siempre. La cuestión entonces va por otro lado. Volviendo unas líneas atrás, como fanático acérrimo uno ya va con una idea preconcebida sobre lo que presenciaremos durante una hora y media. El setlist es más o menos predecible y hemos llegado a un punto en el que cada canción se ha convertido casi en una coreografía de miles de participantes. Cada uno sabe cuando gritar, cuando saltar y cuando realizar un mosh de proporciones épicas. La complicidad está a la vista y no hay mucho en lo que innovar.

Entonces, ¿qué sucedió cuando comenzó a sonar Hangar 18? Exacto, lo que todos se están imaginando en este preciso instante. Cada uno coreando los riffs, cantando ambas estrofas y esperando la sección de solos para dejar la vida gritando «Megadeth!…Megadeth!…Megadeth!«. Catalogarlo como todo un ritual pareciera ser poco. Y durante Wake Up Dead la situación no fue distinta. Comenzaron a aparecer pits cada vez más numerosos y la cancha ya era un total descontrol. Tanto así que en el sector derecho se encendió una bengala que lo único que hizo fue desatar un caos para enmarcar. Y esto no dejó indiferente a nadie, ya que un par de guardias saltaron la reja divisoria y literalmente ingresaron al medio del mosh para poner todo en orden. Bueno, eso intentaron, porque la verdad es que no había forma de calmar los ánimos, puesto lo siguiente sería In My Darkest Hour, que siempre trae consigo esa catarsis colectiva y esa interpretación tan propia de su lírica. Mi parte favorita por lejos es cuando la cancha se abre súbitamente mientras el colorado gesticula cantando «I walk, I walk alone into the promised land/ There’s a better place for me but it’s far, far away«. Lo que sigue es tierra conocida. ¡Demoledor!

Uno de los tantos clímax se vivió durante la dupla conformada por The Threat is Real y Skin o’ My Teeth. Más detalladamente, durante la primera por fin pudimos tomar un pequeño respiro y de verdad poder apreciar en alguna medida el desplante que había sobre el escenario. Dave Mustaine ya nos tiene acostumbrados a los aspectos visuales -tanto en las pantallas como en los juegos de luces- para darle más sentido a cada canción. Entonces, el clímax mencionado se vivió entre la transición hacia la segunda canción. ¿Se imaginan el por qué? Exacto, ¡apareció otra bengala! Ojo, bajo ningún motivo estamos incitando a este tipo de comportamiento, pero seamos francos al decir que estos detalles son los que van dando cuenta del éxtasis de los presentes. Dicho sea de paso, gran decisión de incluir Skin en el setlist, pedazo de tema.

Momento de que David Ellefson y Dirk Verbeuren queden solos en escena y comiencen a interpretar ese interludio llamado Dawn Patrol. Señal inequívoca de que nuevamente se formaría un campo de batalla apenas comenzara a sonar la parte rápida de Poison Was the Cure. ¿Alguien pudo mantener su posición sin que lo empujaran? Yo lo único que recuerdo es que se formaron dos mosh simultáneos uno al lado del otro. Dicho de otra forma, podías pasarte de un pit a otro dibujando una especie de número ocho con tu desplazamiento. ¡Para enmarcar!

Bastó tan solo un golpe en la batería para que todos nos diéramos cuenta de que se venía Trust. Durante la intro poco a poco se van calentando motores y es sabido que hay que cantar la letra de principio a fin. Y no es casualidad, ya que fácilmente fue la más coreada de toda la noche. Además, el coro en español del final ayuda en demasía para dar lo mejor de cada uno de nosotros. Pero ojo, esto no fue nada con lo que se vendría a continuación con la sublime Take No Prisoners. Uff, cuesta encontrar las palabras para describir lo que se vivió durante la rescatada de «Rust in Peace» (1990). Aparte del mosh gigantesco, debo decir que me sorprendió la gran cantidad que se sabe cada estrofa de principio a fin. Sí, es un clásico con todas sus letras, pero al no ser tan recurrente en el tracklist de las presentaciones en vivo, fácilmente muchos podrían «dejarla de lado». Pero no. Todos cantando el «Got one chance -Infiltrate them-/ Get it right -Terminate them-…«. Para qué mencionar el «Take no prisoners, take no shit!«. Doy fe de que observé a muchos gritar esa parte como si no hubiera mañana. ¡Otro de los clímax!

Sweating Bullets siguió con la senda construida por todas sus predecesoras. La particularidad de este track es que cualquier recinto se convierte en un karaoke instantáneamente y todos ayudamos a que así sea. A modo personal, nunca ha sido de mis predilectas, pero sí le doy el crédito de tener una reacción única dentro de la fanaticada. Situación que no cambia mucho con A Tout Le Monde, la cual fue introducida por Kiko Loureiro y que a todos nos pone un poco más emotivos. Como siempre, el singalong del final fue acompañado por las palmas de cada uno de los presentes generando una postal para el recuerdo.

Al igual que el año pasado, Dystopia tuvo un recibimiento correcto pero bastante lejano del promedio del setlist. A pesar de esto, las melodías y el coro fueron seguidas muy de cerca por todos. Con esto, resulta una labor un tanto ingrata hablar de este tema considerando que vendría otro de los puntos altos de la noche. Señoras y señores, ¡de pie para recibir a Mechanix! Gran, gran sorpresa para nuestro país, más aún considerando que en su anterior visita la escogida del «Killing» fue Rattlehead. O sea, Mustaine y compañía demostraron estar conscientes y comprometidos con realizar los cambios precisos entre un show y otro. Pero volviendo a la canción en sí, que hermoso poder cantar el «Whoever thought you’d be better at turning a screw than me, I do it for my life…» en vivo y en directo una vez más. Clásico incombustible y en la cancha seguía el caos.

Para finalizar la primera parte de la presentación, Symphony of Destruction y Peace Sells agotaron prácticamente todas nuestras energías tras una jornada maratónica en el Movistar Arena. Así, los «Megadeth, Megadeth, aguante Megadeth» y los «If there’s a new way/ I’ll be the first in line/ But it better work this time» resultaron ensordecedores. Por último, Holy Wars…The Punishment Due -con la tercera y última bengala de la noche- fue el epílogo definitivo para un festival que resultó a la perfección. Como mencionamos al comienzo de este análisis, cuesta un mundo innovar cuando se habla de Megadeth y de Dave Mustaine. Sólo queda destacar el gran desempeño de cada uno de sus integrantes. Kiko y Dirk ya son totalmente de la casa.

Setlist de Megadeth:

  1. Hangar 18
  2. Wake Up Dead
  3. In my Darkest Hour
  4. The Threat is Real
  5. Skin o’ My Teeth
  6. Dawn Patrol
  7. Poison Was the Cure
  8. Trust
  9. Take No Prisoners
  10. Sweating Bullets
  11. A Tout le Monde
  12. Dystopia
  13. Mechanix
  14. Symphony of Destruction
  15. Peace Sells

Encore

  1. Holy Wars… The Punishment Due