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Glenn Hughes

El legendario cantante y bajista, ex BLACK SABBATH y DEEP PURPLE (entre otros), regresará a Chile para ofrecer un concierto el 24 de agosto en el Teatro Nescafé de las Artes. GLENN HUGHES será acompañado, además, del guitarrista Doug Aldrich, ex WHITESNAKE y DIO. 

Las entradas estarán disponibles por sistema Ticketek y pronto se informará los precios e inicio de venta.

Esta será la segunda visita de GLENN HUGHES a Chile, luego de haber visitado nuestro país el 2004 junto a RATA BLANCA.

Whitesnake

El DVD / BluRay “Celebrating Jon Lord – At The Royal Albert Hall“, homenaje al fallecido tecladista Jon Lord, será lanzado el 26 de Septiembre, y cuenta con la participación del cantante de Iron Maiden y el ex vocalista de Black Sabbath, entre otros.

El nuevo álbum de una banda ícono en la historia del rock, no puede ser medido con la misma vara que utilizamos para referirnos a sus trabajos más aplaudidos, sería un despropósito, y ciertamente, bastante absurdo.  Es imposible comparar una placa lanzada este año con una lanzada en los setentas u ochentas.  Ha corrido demasiada agua, han habido demasiados cambios, los tiempos son otros, épocas distintas, escenarios brutalmente diferentes, por lo que no podemos establecer ningún parangón relativamente sólido como para poder hacer una comparación medianamente justa entre una y otra.  Claro, no podemos tampoco simplemente dejar de lado una historia de décadas en la escena musical.  Pero lo que pretendo establecer es que no entraré en comparaciones con las encarnaciones pasadas de los púrpura, ni mucho con discos de su discografía más clásica, al menos no desde un punto de vista que intente dilucidar si su pasado fue mejor que su presente o viceversa.  Solo me referiré a Now What?! por lo que es, un disco de hard rock.

Algo más de siete años pasaron desde Rapture of The Deep (2005), para que los británicos decidieran nuevamente ingresar a los estudios y grabar otro disco.  Y si bien siempre han manifestado que lo de ellos es tocar en vivo y girar por el mundo todas las veces que sea posible, visitando cada vez nuevos lugares a los que no habían llegado antes, lo cierto es que la fanaticada siempre estará expectante ante la posibilidad de escuchar otro disco de estudio.  En esta ocasión, once son las canciones incluidas.  Once títulos que abren el debate acerca de la vigencia y actualidad de Deep Purple, versus toda la historia que los llevó a lo más alto de la cima durante la década de los setentas y que convirtió su nombre en uno de los referentes más importantes y recurrentes a la hora de citar influencias por músicos de los géneros que nos convocan.  Sin embargo, hoy en día la oferta es bastante amplia y la capacidad de asombro es cada vez menor, por lo que un nuevo trabajo de un “quinteto de ancianos” no debe despertar mucha euforia entre las nuevas generaciones.  ¿Será posible que una banda en donde el promedio de edad son 64 años, aún pueda sorprendernos?  Pues veamos.

El disco abre con A Simple Song y los primeros minutos apelan directamente a su título, ya que son bastante sencillos y calmados.  El pulsante bajo de Glover marca con fuerza las notas sobre las cuales se desarrolla esta primera parte, Paice acompaña marcando el tiempo solo con un platillo y Airey colabora con algunos teclados que dan una ambientación perfecta a la canción, configurando una base con aires de balada, sobre la cual Steve Morse ejecuta un corto, pero muy íntimo solo introductorio.  Para cuando Ian Gillan hace su ingreso todo permanece igual, de hecho sus suaves y reflexivas líneas vocales solo aumentan esa sensación de relajo.

Todo parece indicar que esta vez Deep Purple decidió abrir esta nueva placa con una balada, pero exactamente a los dos minutos esto cambia, ya que súbitamente todos revientan al unísono quebrando aquella relajada sensación con un potente e intenso corte de hard rock.  Y la primera expresión es: “¡WOW! ¡¿Qué pasó?!” Es verdad.  Siendo Deep Purple una de las bandas que para mí abrió las puertas del hard rock y el heavy metal -fue una de las primeras que escuché del estilo- y siendo fanático de (casi) toda su discografía, hacía al menos dos o tres placas atrás que había dejado de sorprenderme con sus lanzamientos.  Si bien mantenía ese deseo de escuchar el nuevo trabajo de tu banda preferida, Abandon (1998) y Bananas (2003) se habían encargado de hacer desaparecer la ansiedad que se genera próxima a la fecha de lanzamiento de un nuevo disco.  Pero ahora, una simple canción lograba recuperar todo aquello que parecía haberse esfumado.  Pero ¡momento! Es el primer tema.  Calmémonos.  Veamos primero como sigue la cosa.

Y bueno, la cosa sigue con un temón.  WeirdistanIt’s beatiful, Oh yes, It’s beautiful”… creo que la misma letra de la canción lo describe perfectamente.  Canciones como esta nos llevan indefectiblemente a reflexionar como es que una agrupación con la trayectoria de los británicos puede -con su décimo novena placa y luego de más de cuarenta y cuatro años dando que hablar- seguir componiendo canciones que logren entusiasmar y sorprender a una audiencia que, como dije anteriormente, es cada vez más difícil de asombrar.  La facilidad con que la tecnología actual nos permite acceder a todo un universo musical de forma “gratuita”, también nos permite ir desechando con la misma facilidad cualquier disco que no nos agrade, por lo que cada vez es más difícil para las bandas sorprender a sus fieles audiencias o, más aún, ir ganando nuevos adeptos.  Algo que Deep Purple logra canciones como la recién pasada o la siguiente, Out of Hand, que comienza con los teclados de Airey sonando elegante y elocuentemente, entretejiendo un aura algo misteriosa, preparando el camino para que toda la banda ingrese de forma pesada, comandada por los duros riffs de Morse y la sólida base rítmica Glover-Paice.  Hay ciertas reminiscencias de la era Perfect Strangers (1984), sobre todo llegado el momento del solo de Steve, que si bien no son tan obvias, serán palpables sobre todo por quienes siguen la carrera de la agrupación.

En la cuarta posición nos traen un tema que en un comienzo me costó bastante trabajo digerir, Hell to Pay, más que nada por ese coro que repite “There’s gonna be HELL!” a varias voces y que es sumamente ajeno a lo que acostumbran a hacer, de hecho no me imagino a ninguno en la banda coreándolo en directo, pero a medida que nos vamos familiarizando con la canción, comienza a crecer con cada oída, algo en lo que juega un papel importante la sección instrumental mediando el corte, que es prácticamente una vuelta a los primeros discos, de hecho guarda muchas y notorias similitudes con Mandrake Root y aquella sección que con los años ocuparon para alargar en vivo a Space Truckin’.  Dejando fuera eso, se trata de un tema que perfectamente podría haber sido incluido en un disco como Who Do We Think We Are (1973), algo que me imagino no podría molestar a nadie.

Body Line, es otra tremenda canción.  Morse es un monstruo y sus riffs y trabajo en los solos para esta canción son los principales protagonistas en todo momento.  La distorsión de su guitarra le da otro matiz a la música de los británicos, los hace sonar poderosos, actuales, vigentes, es un Deep Purple revitalizado, pero lo mejor de todo es que esto reluce tal cual como lo hiciera cuando grabaron su primer disco junto a él, Purpendicular (1996), el cual fue todo un golpe cuando apareció, ya que muchos teníamos poquísima fe en lo que podría resultar sin Blackmore en la banda y aquella vez nos taparon la boca a muchos.

Si bien es cierto que esta nueva placa mantiene la esencia y esa marca registrada que los púrpura han pulido durante toda su carrera, no podemos pasar por alto que Now What?! es uno de los trabajos en donde más se han acercado, en muchos aspectos, a caminos propios del prog rock, y es precisamente Above and Beyond uno de los cortes en donde más destaca esta faceta, de hecho podemos encontrar y establecer relaciones con varias bandas del género, pero insisto, mantienen esa aura que ha caracterizado su música a lo largo de los años y que también pasa por el trabajo de Ian Gillan, quien destaca, no tan solo por la composición de líneas vocales memorables, sino también por un desempeño notable y que escapa a cualquier crítica que podamos hacer a su performance en vivo.  No nos olvidemos que el tipo tiene 67 años y una cantidad no menor la ha dedicado a cantar, por lo que el desgaste natural -sumado al auto-provocado- a cualquiera le pasaría la cuenta.  Sin embargo, al menos acá, se percibe cómodo, en buena forma y con un caudal vocal que todavía es capaz de generar admiración.  Notable.

Una de las canciones que más me sorprendió y que encontré algo curiosa, por decirlo de alguna manera, fue Blood From a Stone, por cuanto el comienzo está muy ligado a lo que hizo la MKIV en You Keep On Moving del nunca bien ponderado Come Taste The Band (1975), de hecho las líneas de bajo guardan notorias similitudes con ese tema, y lo curioso está dado porque de aquella formación solo tenemos a Paice en la actual encarnación de la agrupación.  Por otra parte, si ponen atención a toda la ambientación y principalmente al sonido que Airey le saca a su teclado, podemos hacer un parangón con lo que el recientemente desaparecido Ray Manzarek hizo en Riders on The Storm de los míticos The Doors.  Puede que el parecido sea vago, pero está presente, al menos durante las partes relajadas de la canción.  Aquellas más duras, en donde Morse nuevamente hace gala de sus pesados riffs, escapan a cualquier comparación que podamos hacer con las canciones antes mencionadas.

A continuación el corte más largo del disco, Uncommon Man, el cual nuevamente trae consigo una buena cuota de prog rock en él, de hecho los teclados de Airey recuerdan en cierta forma a los de Fanfare for the Common Man de Emerson, Lake & Palmer, y si hacemos esa comparación, podríamos incluso concluir que hasta el título hace alusión a aquella memorable canción.  Los primeros minutos son bastante ambientales, suaves teclados, más Morse haciendo de las suyas con delicados solos o haciendo sonar su guitarra como si se tratara de un violín (volume swells), sobre la base que provee Don Airey y las casuales intervenciones de Paice, las cuales comienzan a hacerse más recurrentes a medida que nos acercamos a la parte media, en donde llegamos a la canción propiamente tal.  A decir verdad, es un corte bastante experimental para lo que nos tienen acostumbrados, pero el resultado es a prueba de balas.  A esta altura, sin tener nada que demostrarle a nadie, se atreven, se aventuran y salen airosos y eso, con los años de bagaje a cuestas, no es algo de lo cual muchos se puedan jactar.

Après Vous es un corte eminentemente Purple, tiene todo aquello que ha hecho a esta banda grande entre grandes, es potente, es sólida, tiene carácter y la impregna un aire clásico que nos lleva a recordar trabajos anteriores.  La parte instrumental que comienza a partir de los dos minutos y medio, más menos, es tan sencilla como brillante.  Glover solidísimo, Airey haciendo gala de la infinidad de recursos que posee, Paice acompañando como reloj suizo y Morse, deleitando con su rapidez, técnica y una pulcritud envidiable.

All the Time in the World es una canción relajada, muy íntima, simple, pero con la clase de los grandes.  Podríamos catalogarla como soft rock si así lo quieren, pero lo cierto es que más allá de las etiquetas, es un corte en donde destaca la musicalidad del conjunto, la capacidad para crear melodías memorables, la elegancia a la hora de la ejecución y la sutileza con que van plasmando arreglos y detalles que finalmente se transforman en lo que hace que este tipo de agrupaciones se diferencien y destaquen de sus pares y, por consecuencia, perduren a través de los años.

El disco lo cierran con Vincent Price, que es lisa y llanamente una de las mejores canciones de los púrpura en mucho tiempo.  Comienza con los maravillosos teclados de Airey, los que en cierta medida recuerdan su trabajo en Mr. Crowley de Ozzy Osbourne, para luego hacer su ingreso toda la banda.  Los riffs de Morse son densos y pesados, el bajo de Glover suena sólido y compacto -debo decir que nunca he sido un gran fan de Roger, pero no tengo problema tampoco en reconocer que acá, y en todo el disco, la rompe-, Ian Paice le da a su batería como si tuviera cincuenta años menos, y sin ser pretensioso en su ejecución, logra demostrar que sigue siendo dueño de una cantidad de recursos impresionante, y Gillan, un tipo que podrá no tener las mismas capacidades vocales con las que logró hacerse eterno durante los setentas, pero que sigue sorprendiendo, que conoce y trabaja muy bien con sus actuales limitaciones y que, en definitiva, sabe cantar, algo que parece ser sencillo de decir, pero no tan sencillo de hacer, y que de hecho no todos pueden, por muy jóvenes que sean.  Ian Gillan deja claro en Now What?! que, a pesar de todo, todavía puede deleitarnos con su característico tono nasal, que todavía tiene mucho por entregar y que está dispuesto a seguir haciéndolo.

Now What?! es definitivamente mucho más de lo que esperaba antes de oírlo.  Es un disco que si bien me costó algunas oídas comprender, con cada una de ellas comienza a crecer, a potenciarse, a mostrar cada una de las cualidades que lo llevan a alzarse –y aquí me la juego- como uno de los mejores y más completos discos de la discografía de los ingleses, lo que es muchísimo decir.  Sus canciones suenan tan clásicas como vigentes y actuales, algo que pasa indiscutiblemente por la experiencia, diversidad, capacidad técnica y sensibilidad musical de quienes dan vida a la actual formación de la banda.  No podía ser de otra forma en todo caso.  Cada uno es un maestro con su respectivo instrumento, siendo lo mejor, que no tratan de resaltar por sobre los otros, son un conjunto en donde la suma de sus partes es mucho más que cinco tipos haciendo música.  Son cinco tipos haciendo escuela.  Una escuela que continúa en marcha y de la cual, y por más de cuarenta años, infinidades han aprendido y a la que debemos una buena parte de lo que podemos escuchar actualmente.

Demasiadas palabras para tratar de describir esta obra, cuando solo bastaban tres: “Gracias, Deep Purple.”

 

 

Los legendarios DEEP PURPLE lanzarán su trabajo numero 19 el próximo 26 de abril via earMUSIC. Según la disquera este álbum “es la perfecta combinación entre el espíritu original de los 70s con una fresca y moderna producción”.

El disco fue producido por Bob Ezrin (KISS, PINK FLOYD, PETER GABRIEL, ALICE COOPER, KANSAS) y estará compuesto por 13 canciones, de las cuales algunos títulos son Out Of Hand, Hell To Pay, Weirdistan, Uncommon Man y Above And Beyond (canción que esta dedicada al fallecido tecladista de la banda Jon Lord).

A continuación se puede escuchar un adelanto de este trabajo:

En 1969 vio la luz uno de los proyectos más ambiciosos llevados a cabo a esa fecha por un músico de rock.  En realidad, no sólo a esa fecha, ya que hasta el día de hoy Concerto For Group And Orchestra es único en su especie.  Algunos han intentado hacer cosas similares y entre los más conocidos se encuentran Metallica con resultados -opinión personal- desastrosos y Kiss que, claramente mejor asesorados, salieron airosos.  Sin embargo, ninguno merece siquiera ser comparado con la obra de Jonathan Douglas Lord, ya que el trabajo de este inglés fue especialmente concebido y escrito para ser tocado por una orquesta en conjunto con una banda de rock, y no se trataba de grandes éxitos ya probados ahora tocados junto a una filarmónica.  Eso hubiera sido muy fácil para Lord.

Digamos que su preparación en el área clásica no era nada nuevo.  Su padre había decidido que Jon fuera pianista clásico cuando tenía apenas cinco años y ya a los nueve lo practicaba con regularidad, convirtiéndose así la música docta en uno de sus grandes amores.  Sin embargo, el mismo papá de Jon era músico de jazz, por lo que no tardó en encontrar en este estilo otra de las ramas musicales que más lo apasionarían a temprana edad, años antes que el nacimiento del rock and roll atrajera, finalmente, gran parte de su atención. Y digo gran parte y no toda, porque la veta clásica siempre corrió fuerte por las venas de este inglés, lo que comenzó a demostrar apenas tuvo la chance de hacerlo junto a Deep Purple.

Ya en el segundo álbum de la banda que lo lanzara a la fama, The Book of Taliesyn (1968), nos encontramos con una corta, pero muy emotiva sección de cuerdas en el tema Anthem, una joya de aquella placa.  El siguiente disco, el homónimo Deep Purple, incluiría la canción titulada April, que ahora sí trae toda una bellísima sección de música clásica inserta en medio.  Estos dos, llamémoslos adelantos, constituyen el preámbulo de lo que Jon estaba creando desde hacía un tiempo: un excéntrico proyecto que involucraría a sus actuales compañeros de banda, junto a toda una filarmónica, tocando tres movimientos compuestos especialmente para tal efecto.  Paice simplemente asintió y siguió a Lord a ojos cerrados, los recientemente ingresados Gillan y Glover acataron, Roger con más entusiasmo que Ian, a quien le complicaba algo la idea, y Blackmore se mostraba absolutamente escéptico con el proyecto, pero le resultaba atractivo, aun cuando le molestaba enormemente la sola idea de tener que leer partituras para llevarlo a cabo.

Finalmente, el 24 de septiembre de 1969, la obra fue ejecutada en directo junto a la Royal Philharmonic Orchestra a sala llena, lo que equivalía a unas 8 mil personas, en el Royal Albert Hall de Londres.  Cabe señalar que entre el público no sólo se encontraban seguidores de la banda, de hecho estos eran la minoría, ya que gran parte de la audiencia estaba conformada por gente que acostumbraba a asistir a conciertos de música clásica del director Malcolm Arnold y que se apersonaron aquella noche ante la curiosidad que les provocaba saber que tal personaje se encontraría dirigiendo esta obra junto a una banda de rock.  Una vez finalizado el concierto, Jon Lord, Deep Purple, Malcolm Arnold y toda la Filarmónica de Londres, recibieron una ovación que duró cerca de 15 minutos y que obligó al director a repetir parte del tercer movimiento en una especie de “encore” que lamentablemente no quedó registrado. Nada mal diría el mismo Jon.

Luego de aquel episodio, Deep Purple continúo sus periplos hasta transformarse en una de las bandas de rock más grandes de todos los tiempos… pero eso es historia aparte.  Sin embargo, a pesar de la exitosa presentación y de lo potente que era la obra, tanto en términos rockeros como clásicos, no fue del todo bien comprendida en aquellos años. Claro estaba absolutamente adelantada a su tiempo, y la relación existente entre la música clásica y el rock no era tan clara como hoy.  Después de una segunda interpretación en 1970, junto a Los Angeles Philharmonic Orchestra conducida por Lawrence Foster, se perdió la partitura y Lord tardó bastante tiempo en intentar reproducirla nuevamente. No fue sino hasta 1999 que se decidió a ejecutarla otra vez, gracias a que un desconocido, Marco de Goeij, reconstruyera la partitura escuchando el CD y viendo los videos de la grabación original, la cual entregó a Lord durante la gira que en 1997 los llevó por Holanda.

Más tarde, en la década del 2000, fue ejecutada en reiteradas ocasiones y cada vez que lo hacía, Lord introducía pequeñas modificaciones o mejoras, tratando de configurar todo para llevar la compleja obra al estudio y plasmarla como siempre soñó.

Imagínense entonces, con Jon fallecido hace sólo algunos meses, lo que significa que su mayor obra, Concerto For Group And Orchestra, sea lanzada de forma póstuma.  Lord alcanzó a afinar los últimos detalles de su eterno bebé y descansó por completo, dejándonos como regalo estos tres movimientos que resumen toda la locura y genialidad de uno de los grandes músicos contemporáneos que ha visto el mundo, porque podrá haber hoy en día tecladistas técnicamente iguales o mejores que él, pero jamás con la sensibilidad ni el sentido musical de este inglés, ni menos alcanzar la tremenda contribución a la música que hizo tanto en vida como ahora muerto.  Pasemos entonces a revisar los movimientos de los que se compone este Concerto For Group And Orchestra.

First Movement: Moderato – Allegro.  Partamos por definir vagamente el término.  Moderato,  es un movimiento musical ejecutado a velocidad moderada a un promedio de 80 negras por minuto.  En términos mundanos, viene a ser un “mid tempo”, nada muy rápido ni muy lento.  Allegro, en cambio, significa animado, rápido, veloz y equivale a 120 negras por minuto.  Es en estos tiempos que se desarrolla la primera parte de la obra de Lord.  Comenzando de forma apaciguada y muy relajada con una bella melodía en clarinete, sobre una base de cuerdas que van marcando las notas principales y el leit motiv que se desarrollara a lo largo de todo el movimiento, con diversas intensidades y tonalidades.  Ya en el comienzo es posible notar, al compararla con la versión de 1969, que es un poco más lenta que aquella y con algunas pequeñas y casi imperceptibles variaciones que, aquellos que no conozcan bien la versión primitiva, simplemente no notarán.

Acercándonos a los cinco minutos la intensidad va en aumento considerablemente, luego es ejecutado un calmo pasaje que se cierra abruptamente con el imponente sonido del bombo, para dar paso a una melodía con leves reminiscencias a la Pastoral de Beethoven, pero más rápida. En definitiva se transforma en la introducción para la primera aparición del “Grupo”, en esta ocasión compuesto por varios músicos, algunos de renombre y otros no tanto.  Entre los conocidos tenemos a Joe Bonamassa, Steve Morse, Guy Pratt (conocido por su trabajo junto a Pink Floyd) y Bruce Dickinson.  Entre los menos conocidos para nosotros están Brett Morgan (batería, Sting, Jon Anderson), Steve Balsamo (cantante), Kasia Laska (cantante) y Darin Vasilev (guitarra). Estos últimos tres acompañaron a Lord durante varias presentaciones de esta misma obra con anterioridad.

En relación con la parte rockera, las intervenciones obviamente se ciñen estrictamente a lo escrito por Lord y el leit motiv de la pieza, pero en los solos se da la soltura necesaria para que cada uno vaya mostrando lo suyo sin la obligación ni necesidad siquiera de tener que emular en algo lo hecho por Blackmore o Paice, originalmente.  Esto en un comienzo tiende a crear una especie de barrera, cierta reticencia, en especial en quienes gustamos y adoramos aquella mítica primera ejecución en Londres, pero luego de varias oídas el muro comienza a desmoronarse inexorablemente ante la precisa y apasionada ejecución de cada uno de los músicos participantes.

A partir de aquella primera aparición del grupo, los pasajes en los cuales intervienen comienzan a hacerse más recurrentes pero sin mezclarse. Esa es una de las principales características de este primer movimiento: la insistente y marcada oposición entre la orquesta y el grupo, como si se tratara de una batalla musical que busca la imposición de una de las partes por sobre la otra, compitiendo por las mismas melodías de forma fiera y potente, pero dejándose escuchar la primera a la segunda y viceversa.

Hacia el final de este primer movimiento, ya podemos notar que los antagónicos protagonistas de la obra de Lord comienzan de a poco a dialogar, hasta alcanzar el clímax de la mano de una intensa y enérgica sección de cuerdas y cobres, en un potente y armonioso contrapunto entre estos y el grupo, que se repite hasta el cierre de esta primera parte.

Second Movement: Andante.  En términos del tempo viene a ser un poco más lento que el moderato y por esta misma razón, en esta parte de Concerto predominan melodías más sutiles y suaves y, por cierto, muy bellas, la mayoría de las cuales transmite cierta congoja. Resultan algo melancólicas y por momentos tristes, lo que se acentúa con la entrada de las primeras letras, las que en esta ocasión se encuentran a cargo, en primera instancia, de Steve Balsamo y luego junto a la privilegiada voz de Kasia Laska, quienes dan vida nueva a aquella hermosa sección cantada de esta obra, la que en la práctica recuerda mucho a episodios de Jesucristo Superestrella, en donde participara el mismo Ian.  Si bien el trabajo de Gillan en la versión original es de carácter superlativo, no es menos cierto que Balsamo y Laska se lucen entonando las estrofas y constituyen uno de los puntos más altos de esta segunda parte.

Acercándonos a los nueve  minutos nos encontramos con una de las secciones  de cuerdas más hermosas de este movimiento, con la cual es casi imposible no sentir verdadera tristeza durante sus pasajes centrales, producto de las bellas melodías compuestas por Jon y ejecutadas de manera magistral gracias a la conducción de Paul Mann, más aun cuando al oírlas recordamos que su autor ya no está con nosotros.

Luego de la notable intervención de Joe Bonamassa y su guitarra durante la sección más blusera a cargo del grupo, y pasados los once minutos, nos encontramos con la contribución que hace Bruce Dickinson, quien posee una fuerza interpretativa que está fuera de cualquier discusión o duda, sin embargo, es este mismo punto de su cometido el que me genera cierto rechazo, ya que basa su desempeño en la fuerza con que entona las letras, dejando de lado el factor emocional de aquella sección, y es que, a pesar de intentarlo, carece de la emotividad con que Ian Gillan, junto a su característico tono nasal, interpretó las letras escritas para aquella ocasión y que en gran medida reflejaban lo que sentía respecto a su participación en un proyecto de esta envergadura.  Claro, hoy en día con Dickinson ganamos en potencia, pero el tratamiento que Bruce Bruce le da a las letras no logra crear esa aura sobrecogedora con que Gillan las entonó aquella noche en el Royal Albert Hall.  Quizás quiso darle un matiz más propio a su participación y no simplemente imitar lo ya hecho por su maestro y desde ese punto de vista su inclusión me resulta igualmente satisfactoria.  Que no se malentienda, el cometido de Bruce Dickinson es extraordinario desde muchos puntos de vista, mi aversión pasa única y exclusivamente por un tema de costumbre a la versión original, nada más.

Luego nos adentramos nuevamente en la parte blusera de este movimiento, que encuentra su punto de inflexión en la entrada de Lord y su característico Hammond, ya que es su intervención la que da pie para el regreso de la filarmónica al movimiento, por medio de una tranquila sección de cuerdas que mantiene estricto apego con la versión primitiva, salvo algunas pequeñas diferencias, para luego finalizar con un silencio casi absoluto.

Third Movement: Vivace Presto.  El tercer movimiento de Concerto es el más veloz de todos.  De hecho Vivace significa “vivo” y precede al Presto, que significa “rápido” o “pronto”, y que se mide en base a 180-200 negras por minuto.  Por lo mismo, si no están acostumbrados a esta música o no conocen esta obra, podría recomendarles que comiencen escuchando el tercer movimiento para ver si logran conectar con la majestuosidad del trabajo escrito por Jon Lord, ya que por su velocidad y dinámica resulta de fácil enganche para quienes no les interesa mayormente este tipo de manifestación musical.  Si volvemos a la comparación entre esta y la versión de 1969, podremos notar que en la actualidad el tempo incluso ha aumentado un poco, nada demasiado notorio, pero definitivamente perceptible para quienes gusten de este trabajo.

Las variaciones en la velocidad sumadas a la potencia de las secciones de cuerda y cobres, hacen que todo suene aun más majestuoso e imponente, casi sublime.  La llegada de la guitarra de Steve Morse, tranquiliza al notar que ejecuta su parte exactamente igual a como lo hiciera Blackmore, al menos al comienzo.  En su segunda entrada, aquella que se desarrolla sobre una base de blues y  jazz, cambia toda la locura y desenfreno en las seis cuerdas que protagonizó el hombre de negro, por una controlada demostración de virtuosismo, que de todas maneras sólo requiere de un par de oídas para entender las intenciones musicales con las que Morse quiso contribuir a esta obra.

Una de las características más sobresalientes en el plano rockero del tercer movimiento en su versión de 1969, fue un extraordinario y extenso solo protagonizado por Ian Paice, el cual se extendió por más de cuatro minutos y medio, generando una espontánea ovación del respetable una vez que, por medio de los tambores, la filarmónica volvía a escena sobre los tiempos marcados por Paice y su cencerro.  Este 2012 toca que se luzca Brett Morgan, con un corto, pero contundente solo, que de hecho no dura más de 40 segundos, transformándose así en la principal diferencia entre esta y la versión protagonizada en Londres.

Una vez que comenzamos a acercarnos al final -y de hecho durante todo el movimiento- podemos notar un aire conciliador entre los ex antagonistas de la obra.  Tanto lo clásico como lo rockero ahora trabajan en conjunto, dialogan sin dificultades, Lord logra que ambos espectros musicales comulguen sin ningún problema, transformando a uno en el complemento del otro y llevándolos así a una relación simbiótica que parece plenamente natural. No se siente forzada y eso es lo que en gran medida convierte a esta obra en una pieza única y que aun después de 40 años no encuentra parangón con la que se le pueda comparar dignamente.  Es así como los minutos finales son realmente de antología, un ir y venir entre la orquesta y el grupo, ahora juntos, ahora separados, nuevamente juntos, la intensidad y rapidez en la sección de las cuerdas ayuda a acentuar el clímax que dura varios minutos, hasta llegar a finalizar juntos con la majestuosidad del trueno que emana desde los cobres de la Real Filarmónica de Liverpool.  Un cierre sumamente intenso la verdad y que deja al oyente con la adrenalina a tope.

Para cerrar, quiero hacer una breve reflexión sobre dos puntos.  El primero dice relación con la nota, sobre la cual quiero aclarar que esta se basa exclusivamente en la comparación de este registro con su versión de 1969. Con ella no pretendo calificar los movimientos compuestos por Jon Lord, sino sólo señalar que prefiero la primitiva por cuanto me parece que capta de mejor forma la complejidad de la obra y, más aun, lo hace en vivo.  Además, me quedo con la participación de Deep Purple en pleno, por sobre la inclusión de otros músicos, que si bien podrán contar hoy en día con mayores recursos técnicos y con las ventajas que otorga hacerlo en un estudio, no logran la emotividad con que fueron ejecutadas sus partes aquella noche del 24 de septiembre de 1969 en Londres.

Segundo, Concerto For Group And Orchestra poco y nada tiene que ver con Heavy Metal, eso está claro y por lo mismo algunos se preguntarán que hace este comentario formando parte de un sitio como este.  Lo comprendo.  Pero si dejamos los fundamentalismos de lado, no tardaremos en entender que es un verdadero privilegio contarle al mundo que una obra tan extraordinaria como esta, proviene del mismo tipo que ayudó a cimentar el estilo que acá nos convoca, que fue escrita por el mismo que participó en la composición de temas tan definitorios de un género musical como Smoke On The Water, Highway Star, Space Truckin’, Burn o Speed King y que nos sentimos orgullosos y agradecidos de ello.  No pasemos por alto eso.  Quienes no conozcan la obra, háganse un favor y escúchenla, al menos permítanse formarse una opinión propia de ella, porque nada de lo que les digan podrá acercarse a la experiencia que significa oírla en plenitud.

A tres semanas ya de la partida de Jon Lord, quien el 16 de julio perdiera la batalla contra el cáncer pancreático que lo aquejaba, el medio artístico cumplirá de todas maneras y según lo planeado su último deseo/proyecto: la próxima salida de una grabación de estudio del afamado “Concerto For Group And Orchestra”, original de DEEP PURPLE compuesto por él -con el debutante Ian Gillan en las letras- hace más de cuatro décadas.

Para este propósito, Lord  había llamado a Bruce Dickinson de IRON MAIDEN, Joe Bonamassa de BLACK COUNTRY COMMUNION y Steve Morse de DEEP PURPLE para llevarlos a los míticos Abbey Road Studios y trabajar con el director Paul Mann en la versión 2012 de esta histórica obra que marcó la primer experimento en el mundo del rock con una orquesta completa.

El álbum cuenta con la Royal Liverpool Philharmonic, con la que ya había colaborado el 2007. “Son un grupo maravilloso de intérpretes y con Paul Mann, un querido amigo que conoce la partitura al revés y al derecho, no puede haber un mejor conductor y orquesta para el registro de estudio de “Concerto…”, dijo el Sr. Lord en una entrevista de mayo del 2011.

“El disco es el alegre testamento de un tremendo músico y una fantástica persona”, señala el comunicado.

JON LORD
9 DE JUNIO DE 1941 – 16 DE JULIO DE 2012

Jon Lord

Jon Lord, ex tecladista y co-fundador de DEEP PURPLE, ha fallecido a la edad de 71 años debido a una embolia pulmonar.

Lord permaneció largo tiempo enfermo debido a un cancer de páncreas el cual lo tuvo hospitalizado en la London Clinic junto a su familia.

Jon ha pasado de la oscuridad a la luz“, fue el comentario que cierra el comunicado emitido en su sitio web.

Deep Purple

DEEP PURPLE dio a conocer las fechas de su gira por Latinoamérica, que los traerá a nuestro país el jueves 20 de octubre en el Teatro Caupolicán.

La gira completa tiene las siguientes fechas:

05 de octubre – Belem, Brasil – Cidade Folia
07 de octubre – Fortaleza, Brasil – Siara
08 de octubre – Campinas, Brasil – Expo America
10 de octubre – Sao Paulo, Brasil – Via Funchai
11 de octubre – Belo Horizonte, Brasil – Chevrolet Hall
12 de octubre – Florianopolis, Brasil – Stage Music Park
14 de octubre – Rosario, Argentina – Metropolitano
15 de octubre – Cordoba, Argentina – Superdomo Orfeo
16 de octubre – Buenos Aires, Argentina – Luna Park
17 de octubre – Buenos Aires, Argentina – Luna Park
18 de octubre – Mendoza, Argentina – Auditorio Angel Bustelo
20 de octubre – Santiago, Chile – Teatro Caupolicán
21 de octubre – Lima, Perú – Explanada Monumental
22 de octubre – Arequipa, Perú – Anfiteatro Cervecero
25 de octubre – Bogota, Colombia – Palacio de los Deportes
27 de octubre – Ciudad de Panamá, Panamá – Figali

Pronto más información sobre precios y venta de entradas.

Mike PortnoyEl ex-baterista de DREAM THEATER, Mike Portnoy, reveló que se encuentra trabajando en un nuevo proyecto con banda conformada por:

  • Steve Morse (guitarrista de DEEP PURPLE)
  • Neal Morse (tecladista, guitarrista y voz de TRANSATLANTIC)
  • Dave LaRue (bajista de la banda de JOHN PETRUCCI)

Portnoy comentó que incluso están grabando el primer disco, del cual aún no hay mayor información ni fecha de lanzamiento.

BBC

Según informa la cadena televisiva británica BBC, varios músicos de bandas emblemáticas del Heavy Metal y el Hard Rock como JUDAS PRIEST, IRON MAIDEN, DEEP PURPLE, MOTÖRHEAD y DIAMOND HEAD, estarán formando parte de un documental que dicha cadena está realizando, y que llevaría por nombre “Heavy Metal Britannia”. Se espera que el documental salga al aire el 5 de marzo del presente año hasta el momento cuenta con la presencia de figuras como Bruce Dickinson, Rob Halford, Glenn Tipton, Lemmy Kilmister, Brian Tatler, Ian Gillian y Jon Lord, entre otros.

El documental contará la historia del Heavy Metal en el Reino Unido, desde sus origen a mediados de los 60’s y principios de los 70’s hasta su actualidad, pasando por su época de auge durante los 80’s con el surgimiento de la NWOBHM.

Difícil tarea la de hablar de un álbum tan trascendental en la historia de una banda, del rock y, porque no decirlo, de la música en general.  Si bien con “In Rock”, Deep Purple ya había encontrado un camino a seguir dentro de la veta más dura de aquellos años, fue con “Machine Head” que lograron un estrepitoso ascenso hacia el estrellato.  Un disco con siete temas de los cuales al menos cuatro forman parte de las más exitosas canciones compuestas por la banda.  Cuatro cortes que permanecen en la memoria colectiva no solo de aquellos que amamos este estilo de música, sino también de cualquiera que alguna vez haya prendido un radio.

La historia comienza a escribirse en diciembre de 1971, tiempo en que Deep Purple, tras el gran éxito comercial obtenido por “Fireball”, decide comenzar a grabar lo que sería el tercer álbum con la formación que más tarde sería conocida como la “Mark II” (MK II), esto es: Ian Gillan en voces, Roger Glover en bajo, Jon Lord en teclados, Ian Paice en batería y el indomable hombre de negro en guitarra, Ritchie Blackmore.  Para las grabaciones la banda se traslada a Suiza, específicamente a Montreaux, y consiguen el equipo móvil de los Rolling Stones, para comenzar con las sesiones de lo que hasta ese entonces solo se trataba del siguiente álbum de la banda.  Consiguieron una vieja casa que prácticamente se estaba cayendo a pedazos para instalarse y comenzar a grabar, sin embargo, reclamos de los vecinos provocaron que durante la grabación de “Smoke On The Water” llegara la policía a pedirles que detuvieran todo y redujeran la emisión de “ruidos molestos”.  Luego de esto se trasladaron a un hotel que se encontraba cerrado por temporada baja, se instalaron al final de un pasillo cercano a la entrada principal del hotel y ahí fue donde se registró todo.

Dieciséis días duraron las sesiones de grabación (del 6 al 21 de diciembre de 1971).  En tan solo 16 días grabaron lo que a la postre sería una de las piedras angulares en la configuración de un nuevo estilo, de una nueva forma de componer rock, explorando y explotando el lado más duro y potente que hasta esa fecha se había oído, tal cual lo hacían bandas como Zepellin y Sabbath.  “Machine Head” fue el título escogido para esta nueva aventura (título que le dio Roger Glover y que simplemente hace referencia al clavijero de su bajo).  Un álbum que fue registrado como si se tratara de un disco en vivo, con los músicos y sus instrumentos repartidos por un pasillo del hotel en el que se asentaron y que básicamente se compone por las mejores tomas logradas de una serie de rehearsals, ya que todos tocaban los temas en conjunto, no se grabaron pistas por separado, salvo algunas para la voz.

“Machine Head”, como bien decíamos en un comienzo, fue el álbum que catapultó a Deep Purple a un nivel de superioridad dentro del circuito internacional de la época.  Si bien su nombre ya era reconocido en distintas partes (por trabajos como el single Hush, la obra “Concerto For Group & Orchestra” de Jon Lord e “In Rock”) “Machine Head” se encargó de ponerlos en todas las portadas de aquellos años, lo que posteriormente se vio magnificado con una grabación en vivo, el no menos mítico “Made In Japan”.

El disco en cuestión consta de 7 piezas, en las que los púrpura hacen gala de la faceta más dura que han estado puliendo desde “In Rock”, de sus dotes individuales como músicos y de sus capacidades compositivas,  lo que queda de manifiesto ya desde la primera pista, “Highway Star”, la canción más rápida del disco y que a la postre se transformaría en una de sus “puntas de lanza” más afiladas; un prototípico corte “heavy” imitado por innumerables agrupaciones y que fuera compuesto en un autobús mientras la banda se trasladaba hacia una pequeña localidad de Suiza.  Es en este tema en donde encontramos uno de los solos más reconocibles de Ritchie Blackmore (el que está construido sobre la base de arpegios influenciados por Mozart), así como uno de los más inspirados por parte de Jon Lord, en los teclados (quien para la base del mismo se inspiró en una secuencia de Bach).  El trabajo vocal de Ian Gillan en aquellos años era una cosa que ni siquiera merecía análisis, el tipo hacía lo que quería con sus cuerdas vocales y alcanzaba notas imposibles (como en el caso de Child In Time); una lástima que no tuviera el mismo control que tenía sobre las capacidades de su garganta, sobre todo el alcohol que ingería y que terminó por borrar toda sombra de aquella privilegiada voz.  Pero bueno.

Aún estamos en 1972, y luego de aquel primer apronte, se viene “Maybe I’m A Leo”, el que pone una cuota de calma tras el acelerado comienzo, ya que se trata de una canción pausada, a medio tiempo, relajada, pero que de todas formas cuenta con un riff pesado de parte de Ritchie, el que se complementa a la perfección con el sonido Hammond de Lord, que hace las veces de una segunda guitarra.  El “dato freak”, según palabras de Martin Birch, es que este tema fue grabado en una sola toma, sin repeticiones, ni nada, la banda tocó, todos conformes y directo al master, algo que solo músicos de esta categoría pueden jactarse de haber hecho.

El siguiente track comienza con las baquetas de Paice y lo que podríamos catalogar como un muy inspirado, pero corto solo.  “Pictures of Home” es un up-tempo  con unas líneas vocales exquisitas, fresco, con un notable trabajo de parte de todos los integrantes, quienes logran una comunión entre sí que roza la perfección a la hora de su ejecución.  Además, tiene la particularidad de contar con una pequeña muestra de virtuosismo por parte de Glover, a quién, y esto es meramente una opinión personal, siempre he considerado como “un bajista del montón que tuvo la suerte de toparse en su carrera musical con 2 genios como Blackmore y Lord”.  “Never Before” es la continuación perfecta para “Pictures of Home”, ya que se mantiene el ritmo y la vibra dejada por este último, sin embargo, al menos desde mi punto de vista, es el corte que menos brilla dentro de la placa.  Anecdótico resulta pensar que fue este tema el que se escogió como single del disco y de hecho, era el que más le gustaba a todos en la banda.  Acá termina el lado A del vinilo, en mi caso el lado A del cassette grabado con el que llegué a conocer este disco y que me pasó (a la edad de 12-13 años) un amigo, culpable inmediato que desde ese momento me hiciera fan de por vida de la que alguna vez fuese catalogada como “la banda más ruidosa del mundo”.

Lo que se viene a continuación son 17 minutos clave en la carrera musical de la banda y que comienzan con uno de los riff más tocados (y por cierto, “manoseados”) de la historia del rock.  Cualquiera que haya intentado aprender a tocar rock a partir de la salida de este álbum seguramente ha tocado este simple, pero monumental riff compuesto por Blackmore, al que luego se van sumando, primero, los platillos de Paice y el Hammond de Lord, y luego, el bajo de Glover, todo ello provocando, por cierto, que la intensidad vaya In Crescendo hasta el momento en que hace su irrupción Ian Gillan, quien nos cuenta a través de las letras respecto de aquella noche en que viendo una actuación de Frank Zappa en Montreaux, Suiza, un “torpe” personaje lanzó una bengala hacia el techo, provocando que se incendiase el local donde se realizaba la presentación.  Dicho local se encontraba a un costado del lago Ginebra, por lo que al verlo desde lejos, lo único que se lograba ver era… adivinen que… “humo sobre el agua”.

Luego de aquella canción que terminó transformándose en la más reconocida de la banda (por generaciones), viene otra que se convertiría rápidamente en otro clásico.  Lazy comienza con Sir Jon Lord dando cátedra en solitario con su teclado Hammond, luego comienzan a sumarse los demás instrumentos, todo cuesta arriba de nuevo.   Lo notable es que se trata simplemente de un rock ‘n’ roll, nada más, no es otra cosa, sin embargo, es la ejecución del tema, la amalgama que logran y cada una de sus intervenciones, por más mínimas que parezcan, las que transforman a esta canción en uno de sus mayores éxitos.  Además, recordemos que gran parte del tema es en plano instrumental, de hecho, lo que buscaban con Lazy era una especie de continuación de Wring That Neck, del The Book of Taliesyn, sin embargo, y en último momento, Ian hizo irrupción con un par de líneas que pasaron a la historia, además, de su increíble y recordada intervención con la armónica.

Para cerrar Space Truckin’, uno de los cortes más duros del disco, otra vez un riff principal se roba la película, riff que casi queda fuera del disco porque Blackmore lo encontraba muy “simplón”, pero a pesar de eso le gustaba y en conjunto con Gillan fueron armando la base, hasta que con la ayuda de todos se llegó a la versión final.  La pesadez en el bajo, la crudeza en las teclas de Lord, la precisión y soltura de Paice en los tarros y la magnífica interpretación de Gillan, vuelven a hacer de las suyas, transformando una canción simple, en un epílogo perfecto para un álbum que fue grabado sobre la marcha, entre días de descanso de un tour, en condiciones precarias y con mucho de improvisación y experimentación.

A este respecto y retomando lo que les contaba más atrás, con relación a que Jon Lord hacía las veces de segunda guitarra, es interesante saber que para la grabación de “Machine Head”, Lord reemplazó su cabina de amplificación Leslie y primero pasó el Hammond por sintetizadores y estos hacia un amplificador de guitarra Marshall, justamente con la intención de lograr un sonido más crudo y similar al de la guitarra, ya que a Blackmore nunca le gustó tocar secciones rítmicas, casi todo lo que tocaba era lo que se le ocurría en el momento y los acordes solo constituían meros puntos de referencia donde dar rienda suelta a sus improvisaciones, motivo por el que Lord adopta esta posición de “segundo guitarrista”, logrando un sonido único y duro, es más, lo que se oye al inicio de Space Truckin’ es solo el Hammond de Lord ¿lo habían notado? Blackmore hace su ingreso solo cuando comienzan los fraseos de Gillan.  Otro dato freak.

Poco más se puede tratar de comentar sobre un álbum de las características de “Machine Head”, fruto de la experiencia musical de estos ingleses y el rigor con que fue grabado, como decíamos, en condiciones precarias, en el pasillo de un hotel cerrado, sin calefacción en medio del duro invierno suizo y con equipos prestados.  Nada mal dirían años más tarde.  Por último, solo contarles que el tema When A Blind Man Cries, balada que la actual formación de Deep Purple ha rescatado en sus presentaciones de estos últimos años, fue grabada en conjunto con el resto de este álbum, pero eliminada del track list final en último momento, principalmente debido a que no se adaptaba al resto del disco.  Aunque en realidad Blackmore la odiaba.  Pensemos que no tuvo nada que ver con eso.  Let’s Go Space Truckin’.

dpanuncioEmotivo e incluso sobrecogedor resulta cuando en un concierto te encuentras en tu cara con la prueba palpable de que el rock y el metal son una pasión única, y para algunos, ajenos al movimiento, inentendible. Más aún cuando en el recinto te das cuenta que te rodean prácticamente 3 generaciones de rockeros que han crecido junto a la banda que nos aprestabamos a presenciar, más algunos niños que se consagraban dentro de una 4ta generación que también quiso decir presente!.

Un tímido cartel a las afueras de la Quinta Vergara daba la bienvenida al lugar en donde más tarde se presentarían Panzer y la leyenda viviente, Deep Purple. Algunos medios escritos de la zona que pude revisar durante la mañana del sábado, hablaban que, además de Panzer, estarían unos tales Mink de origen australiano, si mal no recuerdo, de hecho en el cartel aparecía su nombre. Mi llegada al concierto se produjo durante el primer o segundo tema de los nacionales, así que la verdad no se si habrán presentado antes de ellos, pero lo dudo. En todo caso, carece de importancia.

La cosa es que una vez dentro del recinto pude comprobar que una de las bandas con las cuales me inicié en esto del rock y el metal, aún logra mover masas como ninguna otra y despertar las más exacerbadas pasiones que uno pueda ser capaz de presenciar en directo. Además, que debe ser uno de los pocos grupos (talvés el único) con el cual tranquilamente podemos ver como metaleros y hippies comulgan sin mayores problemas en torno al infaltable olor y aroma de la de cinco hojas… ¡si parecía que se estaba quemando el bosque!… pero bueno, vamos a la música.

EL CABALLERO NEGRO CABALGA NUEVAMENTE

Lo de Panzer es algo que francamente no entiendo. Es innegable que como banda tienen una historia detrás y fueron importantes en términos generales para el desarrollo del género en nuestro país, por supuesto que hablamos dentro del marco del heavy/rock. A pesar de esto, en muchos foros de webzines siempre veo como no son muy bien tratados, calificándolos de fomes, aburridos, repetitivos y repetidos. Y porque digo que no lo entiendo… porque el sábado lo que yo ví, es como Juanzer y Cía. con tan solo 2 temas ya tenían a la Quinta en el bolsillo, coreando y cabeceando cada uno de sus temas.

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La “sed de rock” parece que rompió con los prejuicios que acostumbro a leer en torno a la banda y la verdad es que su presentación fue sólida, hay que decirlo. En cuanto al sonido, obviamente no fue el mismo que más tarde pudimos disfrutar con Deep Purple, pero en todo caso sonaron más que bien, aunque por momentos se saturaba un poco, lo que no importó a medida que se sucedían sus temas más clásicos como Caballero Negro y Rock & Roll Addiction, el que junto a Alerta Roja fueron los más coreados por el público asistente. Además, se dieron el tiempo de presentar un tema de su próximo trabajo, que si logré entender bien, se llama Heavy Foxy, dedicado a las “cosas bellas del metal”, como fuera presentado por Juanzer. Recordemos que Panzer no edita un trabajo de estudio desde En El Nombre De…, el cual fue lanzado hace ya 10 años.

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La verdad es que aparte de Khano y Juanzer, desconozco el nombre de los otros integrantes de la banda, pero de todas formas quería destacar la labor del vocalista, el cual me sorprendió por la potencia mostrada sobre el escenario, buena entonación, fuerza y agudos muy bien logrados.

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Panzer se subió al escenario de la Quinta Vergara para abrir los fuegos y pre-calentar el ambiente para lo que se venía y lo lograron a cabalidad. Notable presentación de los nacionales, que, repetidos o no, gustaron y no decepcionaron.

Pero los miles de asistentes que estabamos apostados en la Quinta (más de 13.000), no fuimos precisamente a ver a Panzer…

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HUMO SOBRE LA QUINTA… FUEGO EN EL ESCENARIO

Si mi no noción del tiempo es correcta, no debe haber pasado más de 30 minutos entre que Panzer dejara el escenario, se apagaran las luces y se subiera a la Quinta Vergara uno de los bastiones de la veta más dura del rock. La ansiedad se palpaba entre los asistentes al concierto y en las caras de algunos aún había un dejo de incredulidad, como si todavía estuvieran tratando de digerir que iban a ver en directo a la banda con la cual crecieron. Una ténua luz púrpura sobre el escenario nos indica que tras bambalinas ya esta todo listo para que Deep Purple dicte, por ya cuarta vez en nuestro país, una verdadera cátedra de heavy/rock.

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Pictures of Home es el encargado de desatar la locura entre los asistentes, tercer tema de su mítica placa Machine Head. La banda como es costumbre se veía muy afiatada y relajada. Don Airey en poco tiempo se convirtió en un digno sustituto para ocupar la plaza dejada por Lord y lo hace a lo grande, además que no es un simple reemplazante, Airey tiene una trayectoria bastante importante, ha tocado con diversas agrupaciones de distinto calibre, siendo las más reconocidas, Rainbow y Ozzy Osbourne. Gillan se paseaba por el escenario como lo debe hacer en el living de su casa, mientras Morse, de apariencia siempre concentrada, hacía lo suyo en las 6 cuerdas. Pictures of Home, tiene el aderezo de ser uno de los pocos temas (sino el único) de Deep Purple, en donde se deja espacio para un muy corto solo de Glover en el bajo, el cual ejecuta con mucha precisión, aunque no tal cual como fue registrado en estudio.

La banda arremete sin siquiera dejar espacio para el aplauso con Things I Never Said, un tema que fue lanzado como bonus track (en Japón) junto a su última placa, Rapture of the Deep (no Rupture, como han escrito todos los medios). Como era de esperarse y tal cual se podía percibir en los rostros, el tema no era muy conocido por nadie, pero eso no fue excusa para no seguir saltando y gritando al ritmo del tema.

dp01Con el siguiente corte comenzó mi delirio personal. Por fin escuchaba en su totalidad (en vivo) Into The Fire, un ¡TEMAZO! que aparece originalmente en su clásico álbum In Rock. En una anterior visita solo habían hecho un amague tocando un par de trozos del tema, pero esta vez lo tocaron completo. Muchos a esta altura ya se preguntaran por el desempeño de Gillan… pero lo dejaremos para más adelante.

Strange Kind of Woman continuó con la efervescencia de la situación. Se extrañó el clásico juego entre Gillan y la guitarra, pero de todas formas el público agradeció tamaño clásico, tema que no viene en ningún disco, pero que se hizo famoso gracias a su inclusión en su insuperable registro en vivo de 1972, Made In Japan, el cual hace muy poco reprodujera por completo, Dream Theater, incluso en las mismas ciudades en las cuales fue originalmente grabado.

Luego de este clásico, Deep Purple presentó el tema título de su última placa, Rapture of the Deep, tema que posee un exquisito aire árabe en las guitarras y teclado. Debo reconocer, y siendo fanático de los púrpura, que para mí su último GRAN disco es Perfect Strangers, luego vinieron placas muy buenas (Slaves & Masters – The Battle Rages On), otras solo buenas (The House of The Blue Light – Purpendicular) y otras derechamente olvidables (Abandon – Bananas), y su último trabajo Rapture of the Deep, si bien cuando lo escuché por primera vez no me prendió mucho, fue en su anterior concierto en Chile que al escuchar los temas en vivo enganché con el disco, le presté mayor atención y por lo menos ya salió de mi categoría de olvidable y actualmente se sitúa entre los buenos discos que los Purple nos han entregado estas últimas décadas.

A continuación Fireball, un tema que, si nos sitúamos en 1971, año en que vio la luz, podríamos decir que se trata de un muy primitivo Heavy Metal, es muy rápido para aquella época. Recuerdo que la primera vez que lo escuche fue viendo un VHS que en ese entonces conocía como Scandinavian Nights y que luego sería reeditado como Machine Head Live en DVD. Me sorprendió ver (en ese video) que antes de comenzar el tema, los roadies de Paice agregaban otro bombo a la batería, me imagino que en aquellos días no existían los pedales dobles. Ahora, al parecer Paice lo esta ocupando para tocar este tema o no sé, pero la cosa es que sonó impecable, dejando los ánimos por la nubes para así continuar con Wrong Man, de su último trabajo, un tema a medio tiempo que apaciguó un poco a la multitud, bajando la intensidad y logrando que el público se concentrará para oír con la atención debida lo que Steve Morse presentaría en la parte de lucimiento personal, con un solo que duró alrededor de 10 minutos, el cual incluye cortos paseos por reconocidos temas de otras bandas.

dpmorseEs así como Morse pasaba de un pulcro solo a mostrar una gama de canciones que, por mucho que solo fueran extractos, hicieron las delicias de los oyentes. Entre los temas que Morse, acompañado por Paice y Glover nos regalaron, estuvieron Heartbreaker de Led Zeppelin, Thunderstruck de Ac/Dc (solo el punteo inicial), Sweet Child O’ Mine de Guns ‘n’ Roses y Sweet Home Alabama de Lynyrd Skynyrd, entre otras. Luego continúa con Well Dressed Guitar, que se trata de un tema muy sinfónico, pero en el cual es acompañado por la totalidad de la banda, incluso por Gillan y su pandero, el que más que nada ocupa solo para entretenerse, mientas los demás hacen lo suyo.

A continuación otra clásico. Bastaron unas cuantas notas de parte de Airey, para que el olor a pasto comenzará nuevamente y con mayor intensidad a rondar por la nariz de todos.

Lazy fue coreado hasta el cansancio por los presentes y Gillan se ganó merecidos aplausos por su trabajo con la armónica, siendo ovacionado al momento en que comenzaba a tocarla. Y ya que hablamos de Gillan, me voy a detener ahora en este punto, para que hablemos un poco acerca de él.

Ian es un hombre de 61 años, que ha hecho todo y mucho más de lo que a muchos les gustaría hacer (musicalmente hablando) y que, claro esta, ya no posee la voz de antaño y esos agudos y potentes gritos con los cuales inmortalizó versiones en vivo como la de Child In Time o el que por mucho tiempo estuvo en los records guiness como el grito más largo realizado en directo, con el cual cerraba Strange Kind of Woman en el Made In Japan. Sin embargo, y creo y espero no ser el único que ayer se sorprendió por como interpretó cada uno de los temas que tocaron. Si bien al comienzo se notó que le costaba llegar a tonos más altos y que algunas partes las suplía simplemente cantándolas y no gritándolas, a medida que avanzaba el concierto, en vez de agotarse la voz de Gillan fue In Crescendo, sorprendiendo en variadas ocasiones con muy potentes y fuertes gritos, no como antes claro, pero si lo suficiente como para transformarse en una fiel representación “versión 2006” de temas que necesitan de esos agudos. En lo personal, quede extremadamente conforme con el desempeño de Gillan, cantó demasiado bien como para llevar una vida rockeando y entregándose a la música, e insisto, creo no haber sido el único que lo notó.

A continuacón y después del alboroto generalizado tras haber escuchado Lazy, vino un momento de calma de la mano de When A Blind Man Cries, una balada que posee un feeling único en vivo, logrando apaciguar a todo el “monstruo” que esta vez se vistió de negro para ver a los púrpura. La calma lograda por este tema es aprovechada por Airey para comenzar con su solo en el teclado, paseándose por el rock, el jazz, la música clásica e incluso, regalándonos Gracias a la Vida de Violeta Parra, que sin duda se transformó en un momento único e irrepetible; fue una ovación inmediata para un detalle impagable.

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Luego de aquel momento prosiguió con su solo y los sonidos que ahora sacaba de su teclado no permitían concluir otra cosa que no fuera el comienzo de Perfect Strangers, clásico de clásicos, un tema que para Deep Purple posee detalles en sus letras que derechamente son autobiográficos, ya que se trata del temá título del álbum que editaron tras la reunión de la MK II en 1984. De aquí en adelante todos fueron “sandías caladas”, no sin antes presenciar un corto, pero sólido solo de Ian Paice.

Uno tras otro se sucedieron solo himnos que casi terminaron con derrumbar la Quinta. Space Truckin’, luego Highway Star y Smoke On The Water se encargaron de agotar hasta la última gota de sudor que a esa altura quedaba entre los que asistimos a este magno evento. Todos ellos fueron coreados a más no poder. La Quinta Vergara suena increíble, la verdad es que es primera vez que pisaba la Quinta y no sé si siempre será igual, pero hasta el público se escuchaba de forma “maravillosa”. Según leí en periódicos locales, justamente la Quinta estrenaba con Deep Purple un nuevo sistema de audio, si eso es cierto, debo decir que ese nuevo sistema es simplemente una joya, ya que el sonido fue algo absolutamente fuera de lugar y creo decirlo con propiedad, ya que vi una parte del show desde el ala derecha de platea y la otra desde la izquierda, por lo que pude formarme una opinión más menos general del sonido; ojala que la gente que estuvo en galería haya tenido la misma impresión.

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Finalizada esta tripleta de oro, Deep Purple se retira del escenario, para luego volver y entregarnos otros dos temas. El primero de ellos se trató del tema que hizo que Deep Purple lograra reconocimiento en toda Inglaterra y en distintas partes del mundo, Hush, un cover de Joe South, incluído en su primer disco de 1968. El siguiente y para cerrar comenzó con un solo de Glover, el cual debo decir que también me sorprendió por su desdempeño, que si bien siempre ha sido parejo es (por lo menos desde mi punto de vista) el integrante de la banda que menos brilla, técnicamente, de todos los que han formado parte de la familia púrpura. Bastó solo un par de notas para que todos comenzaramos a corear el riff de Black Night, single que fue editado en la época de In Rock, con el cual alcanzaron el puesto número 2 de las listas británicas de aquellos años. Fue un cierre magistral para una presentación impecable.

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De esta forma concluyó la 4a presentación en Chile (la segunda en un año), de una de las piedras angulares en las cuales se soporta el peso del estilo que nos reúne. En lo personal era la 3a vez que los veía, sin embargo, la magia que proyectan estos cinco tipos sobre el escenario, logra cautivar a cualquiera, como si se tratara de la primera vez que se los esta viendo. Además, como se trata de una banda con raíces en los setenta, acostumbrada a improvisar sobre el escenario, cada presentación incluye pequeños detalles que terminan siendo grandes sopresas, favoreciendo un show dinámico y entretenido por sobre demostrar que son capaces de tocar al pie de la letra lo que plasman en sus discos. Para bandas de la grandeza de estas, eso es un tema superado. ¡GRANDE DEEP PURPLE!.

Setlist:

01. Pictures Of Home
02. Things I Never Said
03. Into The Fire
04. Strange Kind Of Woman
05. Rapture Of The Deep
06. Fireball
07. Wrong Man
08. Steve Morse guitar solo
09. Well Dressed Guitar
10. Lazy
11. When A Blind Man Cries
12. Don Airey solo
13. Perfect Strangers
14. Space Truckin’
15. Highway Star
16. Smoke On The Water
Encore:
17. Hush
18. Black Night