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A nivel personal, Blind Guardian es toda una institución. Es mi segunda banda favorita y soy un convencido de que hay un cierto nivel de magia y misticismo en todo lo que hacen. Les tengo un cariño tremendo por todo lo que han brindado a lo largo de todos sus años de carrera y su extraordinaria discografía, y también por el hecho de que interpretan como pocos mi manera de entender el Metal. Por esto, cada disco que sacan es todo un suceso para mí. Esos cuatro años que hay que esperar para descubrir una nueva aventura siempre se hacen eternos y las exceptivas crecen exponencialmente conforme se acerca la fecha del lanzamiento.

En las semanas previas uno va leyendo entrevistas, viendo videos de avances en internet y todas esas voces de “nuevos elementos”, “cambios” y “modernidad” te ponen alerta. Te hacen pensar que cualquier cosa puede pasar con el nuevo disco. Además, la vara impuesta por ese pedazo de majestuosidad que es At The Edge Of Time va sembrando la inquietud de la superación. Algo que es un poco absurdo, porque una banda no necesita sacar un disco mejor que el anterior para, de hecho, sacar un disco extraordinario. Pueden sacar algo que esté un par de peldaños por debajo de algunos de los discos anteriores y aun así ser muy bueno. Pero siempre se tiene ese “bichito”. Uno, quizás ingenuamente, quiere que las bandas “se superen”. Y eso me pasaba con este Beyond The Red Mirror. Después de tantos años de espera y de un disco tan maravilloso, solo podía esperar una obra maestra y perfecta.

Ahora, la primera vez que lo oí la sensación fue… ¿Cómo decirlo? Bueno, no fue lo que esperaba, y en ese sentido, no negaré que tras esa primera escucha la sensación de decepción era clara. Claramente se trataba de un disco muy elaborado, pero le faltaba esa chispa y ese misticismo que hacen de Blind Guardian lo que es, y que es, a fin de cuentas, la razón por la cual son unas de mis bandas de cabecera. Fue rarísimo. No terminaba de saber qué pensar o sentir. Es más, hasta molesto me vi en algún momento. Pensé “¿más de cuatro años de espera para esto?” Sentí como cuando a Chile le toca jugar contra Brasil en los 8vos de final de los mundiales después de haber peleado tanto durante cuatro años de clasificatorias y fases de grupo “de perro”. Hasta del travesaño de Pinilla me acordé. Sin embargo, al mismo tiempo intuía que algo más debía haber. Y ese algo solo saldría a la luz con varias repasadas. Finalmente comprendí que, como pocas veces, Beyond The Red Mirror no es un disco para escuchar, sino que es para estudiarlo, explorar sus recovecos y sinuosos vericuetos, adentrarse en su complejidad y maravillarse con su infinidad de excelsos detalles.

Así es, Beyond The Red Mirror es un disco de estructuras sumamente intrincadas. Es un trabajo en el que Blind Guardian apuesta al ingenio más que a la pasión. Quien no esté preparado para eso, seguramente lo calificará de bodrio. Quien esté dispuesto a ir más allá (del Espejo Rojo) seguramente se hallará a sí mismo en un laberinto de genialidad al final del cual podrá hallar una conclusión: Blind Guardian ha ido un paso más allá.

Por otro lado está el atractivo de explorar una historia que, como ya se sabe, es una continuación de lo que se inició en Imaginations From The Other Side (1995), particularmente con la canción And The Story Ends, que paradójicamente –ahora lo sabemos–, dejaba abierta la historia y no la terminaba. Y es que claro, el niño, protagonista antes y ahora, no se atrevió a cruzar el espejo hacia la otra dimensión (o mundo) que debía ayudar a salvar y, como consecuencia ambos mundos inician un descenso hacia la perdición. De uno y otro lado está la “embarrada”. Veinte años después la situación es insostenible y ahora sí el muchacho intentará salvar ambos mundos, como buen Elegido, pero solamente yendo “al otro lado” podrá lograrlo. El problema es que ahora solo existe un pasaje para llegar ahí: el Espejo Rojo, por lo que hay que encontrarlo a toda costa. Y es la epopeya que Beyond The Red Mirror intentará desarrollar a lo largo de sus diez canciones. Es, desde luego, una épica muy ligada a la del Rey Arturo, con la búsqueda de un Santo Grial, un elegido, reinos de fantasía y todo.

Y bien, todo este laberinto halla su prólogo en The Ninth Wave, que fue una de las primeras canciones en ser (medianamente) compuestas, poco después de lanzarse At The Edge Of Time. En ese momento se llama “canción número 10” y el propio Hansi la describía como deslumbraste. Y, nobleza obliga, démosle dedito para arriba al juicio del buen Hansi. Porque es una canción espectacular, sobre todo en sus momentos iniciales, donde la banda muestra todos sus colores actuales con un coro de voces soberbio que deja sin aliento, lleno de misticismo y con un velo oscuro sobre él, proporcionado por alguno de los tres coros con los que trabajaron para este álbum: Hungarian Studio Choir Budapest, FILMharmonic Choir Prague y el Vox Futura Choir Boston. A medida que va avanzando se van sumando nuevas voces, añadiendo nuevos matices y, como si eso no fuera suficiente, poco a poco aparecen suaves orquestaciones que de pronto te hacen sentir que estás en otro plano, en otra dimensión. Allí aparecen las guitarras de André y Marcus, con un sonido no muy pesado, sino más bien suave y distante, como si estuvieran al acecho. En seguida hace su aparición Kürsch, entonando unos versos muy intensos, llenos de rabia, pero que contrastan con una musicalización que aún se mantiene expectante y más bien tranquila. Un repique monstruoso acompañado de riffs brutales marcan el primer gran quiebre. Es increíble, pero el Metal aún no se desata. Esto solo ocurrirá pasados los tres minutos; pues allí se da esa explosión que uno había estado esperando, y lo hace de gran manera: un estribillo de melodía luminosa y fresca. Luego la canción va transcurriendo entre distintas melodías, tiempos e intensidades: un viaje vertiginoso en el que Frederik Ehmke y Barend Courbois tienen gran participación y en la que Hansi da muestra de su genialidad a la hora de transmitir emociones. Se trata de una canción monumental que gana en valoración con cada escuchada que uno le da. Su nivel de profundidad compositiva es abismal.

A continuación, y sin ningún tipo de concesión, llega Twilight Of The Gods, que debe ser la versión más 2015 de aquél tema potente y devastador que la banda suele incluir en cada uno de sus discos y que aquí no podía faltar. Sin uno de esos mazazos, como Into The Storm o A Voice In The Dark, no sería un álbum del Guardián. Ya habíamos tenido oportunidad de oírla hace unos meses, pues fue la seleccionada para ser el single del álbum. Correcta elección, porque de algún modo es representativa de lo mejor del disco y de la banda en esta nueva etapa (si acaso podemos llamarle así). Contiene algunos elementos estilísticos nuevos, pero es en esencia veloz, brutal y despiadada, como un recordatorio de todo el poderío que la banda es capaz de desatar cuando así lo desea. Por otro lado, también cuenta con melodías muy “oreja” y termina encantando gracias a ese atributo, aunque ya con esa bestialidad de riffs y base rítmica era suficiente. Mención aparte para lo magnífico que es el trabajo a nivel de voces. Cuesta creer la versatilidad que es capaz de lograr Hansi. ¡Esas líneas, señores! Es como si su voz danzara a distintos ritmos, formas y colores. Increíble. Por último señalar que el coro no tiene ningún desperdicio: una melodía y tonalidad que lo hacen memorable y lo ubica como uno de los hitos de esta placa.

Prophecies tiene un comienzo muy distinto al de la pista anterior. Es calma, apacible, casi tierna e infantil, pero esa es solo una fachada, puesto que tras unos pocos segundos va mutando y muestra sus verdaderas intenciones. La tranquilidad en la voz de Hansi de pronto se esfuma y cambia a ferocidad, impresión que es exacerbada por la acción despiadada de las guitarras de la sempiterna dupla Olbrich/Siepen y entonces la mesa ya está servida: Metal a destajo. En general, es un tema más Heavy que Speed o Power. Es mucho menos rápida que la anterior, pero mantiene la contundencia y su peso. Por otra parte se mantiene esa dinámica de cambios constantes de ritmo y matizaciones por parte del vocalista, con los clásicos movimientos de voces (tipo Queen) que aportan incluso más variedad y vivacidad a un tema que de por sí es ágil y que, por supuesto, son la marca registrada de la banda. Además la canción cuenta con unos solos realmente muy buenos, de esos que se nota que son producto de un trabajo concienzudo, y vaya que suenan lindo en su formato de guitarras gemelas tan característico de la banda.

La siguiente en el camino es At The Edge Of Time, que, más allá del título, recuerda en algo al disco anterior, quizás por su inicio con reminiscencias de Sacred Worlds. Desde el punto de vista estructural, desde lo meramente compositivo y como producto estético, esta pieza es tremenda, fabulosa. Sin embargo, algo ocurre con ella que no termina de maravillar. Lo atribuyo a la falta de un momento que se perciba como un punto de inflexión que lo haga a uno estremecerse. Ya saben, ese con el que sueles decir “¡woooh!” o dibujar una sonrisa cómplice. Le falta esa cuota definitiva de “punch”. Aun así, y como decíamos antes, es una obra que se va estructurando pieza por pieza y alcanza un nivel realmente altísimo. Y eso es quizás lo que la banda ha querido hacer en este álbum por sobre todas las cosas: experimentar y ver qué nivel son capaces de alcanzar en términos de riqueza compositiva. De pronto uno no está acostumbrando o simplemente espera otras cosas, por lo cual cuesta asir algunas composiciones, como At The Edge Of Time. Pero a estas alturas Blind Guardian lo ha hecho prácticamente todo y me parece que tienen el piso suficiente como para intentar lo que se les ocurra. Nota aparte: hay un verso en And The Story Ends que es justamente el título de esta canción, algo que parece no ser coincidencia (como sí lo es en relación el título del disco anterior).

Los sonidos un poco más modernos llegan de la mano de Ashes Of Eternity. Claro, porque se trata de una canción con muchos elementos emblemáticos de Blind Guardian, cosas con las cuales no van a trazar, pero que incluye ciertos aspectos que la hacen sonar más moderna. Esto es particularmente claro al comienzo, donde los riffs hacen que la banda suene a otro estilo. Por otro lado, las orquestaciones están mucho menos presente, lo que la hace sonar más fría, menos orgánica, pero a la vez más cruda y descarnada. Un punto alto son los solos sucesivos de Marcus y André, todos breves, precisos y de muy buena factura. También aquí la idea es llevar la composición a otro nivel de complejidad y maestría, objetivo que creo se logra, pero lamentable a costo de aquella magia a la que majaderamente hacemos referencia. Un tema sesudo que sin duda los más proclives a los detalles disfrutarán mucho a la hora de ir descifrándolo.

Es turno del que posiblemente sea el punto más alto de esta placa: The Holy Grail. Para sintetizarlo en una frase: un bestial/genial despliegue de Power/Heavy Metal. Lo que sea que Blind Guardian se haya propuesto con este disco, lo logra en su grado máximo con esta canción. Como resultado de una propuesta que incluye nuevos elementos a la vez que integra otros clásicos, The Holy Grail es sin duda la que mayor éxito tiene. A la primera escucha, es la única que asoma como un verdadero temazo, si bien, y como dijimos antes, con sucesivas repasadas habrá otras que también develarán sus maravillas. Pero a esas hay que explorarlas, estudiarlas. Con esta no hace falta, es un temón a la primera. Posiblemente ese efecto se logra a punta de melodías vocales más atractivas y en tonos que llegan y emocionan más fácil. En ese sentido, son varios los pasajes de la canción cuya fuerza está basada en la prominente interpretación de Kürsch. Pero además, está todo el poderío que la canción exuda por todos lados. Las guitarras suenan feroces en todo momento y el accionar de Ehmke se mantiene avasallador durante los seis minutos que dura. Por otro lado, desde el punto de vista técnico es fenomenal, pues muestra estructuras y movidas dignas del Blind Guardian más cerebral que hayamos visto. Una pieza maestra, sin duda.

Las orquestaciones, que si bien han estado presentes en todo el disco, se vuelven a tomar el protagonismo con The Throne. Y he ahí un aspecto que uno debe saber ponderar positivamente, porque el objetivo de la banda no es llegar y usar una orquesta por el simple hecho de usarla. La idea no es usar esas orquestaciones como meros objetos ornamentales dentro de la composición. No. La idea es estas sean un aporte no solo a la estético sino que también sean incidentes en el desarrollo de la misma. Por algo se usaron dos orquestas reales y no sintetizadores, de 90 componentes cada una. Y me parece que eso se logra de gran manera aquí, porque la manera en que esos arreglos orquestales aportan a la emotividad y a la tensión que propone la canción es notable. Esto es evidente, sobre todo en la parte introductoria, donde esos arreglos para cuerdas con gran presencia de bronces se lucen notablemente. Pero más allá de este inteligente uso de recursos, la canción es también extraordinaria. De nuevo, para llegar a esa conclusión, que es extraordinaria, tienen que pasar varias escuchas. En primera instancia solo se hace “buena”, o “correcta”, pero conforme te sumerges en ella vas notando sus detalles y poco a poco vas captando las partes y el todo y no puedes evitar asombrarte por lo que estos genios son capaces de crear. Es una canción bastante extensa, de casi ocho minutos, durante los cuales hay una infinidad de detallitos a los que vale la pena poner máxima atención. Los solos, por ejemplo, son tremendos, pero son incluso más notales cuando se aprecian las notas y arreglos orquestales que suenan de fondo cuando esos solos se producen. ¡Genial! Un tema bueno, pero que se vuelve increíble cuando se escucha bien.

Posiblemente Sacred Mind sea la canción menos típica dentro un álbum que ya de por sí es poco típico. El inicio es un paseo por tierras ajenas, tanto que pareciera no ser Blind Guardian, pero ya llegando al minuto de duración todo comienza a asentarse. Luego, sobre el minuto y medio, tras un grito demoniaco de Hansi, empieza el Metal agudo y brutal que le conocemos a la banda. Creo que un punto altísimo de esta pista es el desempeño de Hansi (de nuevo), que está particularmente versátil y cambiante. Tonos bajos y altos, voces tranquilas y alaridos infernales, todo con apenas segundos de especio. Es increíble cómo al comienzo demuestra la serenidad de un ángel y minutos más tarde suena como algún engendro del inframundo. ¡Tremendo! Por otro lado, ¡hay que ver los que son esos minutos finales antes del último estribillo! De lo más potente que ha hecho la banda. Una brutalidad en verdad.

Ahora viene Miracle Machine, la única balada de toda la producción. Una canción en verdad preciosa que muestra toda la delicadeza y la emotividad que es capaz de lograr Hansi Kürsch. Lo más llamativo es que, a pesar de no poseer una sola guitarra eléctrica o percusión, igual consigue por momentos transmitir gran fuerza y energía. El gran responsable de eso es Hansi, con una interpretación prodigiosa y digna de un genio. Las cuerdas y el piano terminan la obra y logran ese efecto de profunda emoción. Es la canción más breve y seguramente no pasará la historia entre las más destacadas de la banda, es más: posiblemente muchos la pasarán por alto dentro del mismo disco, pero es sin lugar a dudas una canción preciosa que merece algo de atención. Yo al menos ya la tengo entre mis “regalonas”.

Llegamos al final con Grand Parade, la otra “larga duración” del Beyond The Red Mirror, junto con The Ninth Wave (que curiosamente también dura nueve minutos y veintinueve segundos). Vuelven las orquestaciones bombásticas que de manera prominente se constituyen como la base para la posterior estructuración del Metal como tal. Esa es la forma de lograr que dichas orquestaciones no parezcan meros adornos, sino que formen parte y se conjuguen con lo demás de manera más orgánica. El comienzo es notable, con esas orquestaciones que mencionábamos siendo protagonistas, pero con las guitaras sin quedarse atrás y regalando unos arpegios simples pero muy llamativos y cautivadores. Tras poco andar llega el primer estribillo: un chispazo breve pero de altísima inspiración a nivel melódico (de esos que, a decir verdad hacen falta a lo largo del disco). Una pequeña pieza monumental: «When we fail it’s lost forever!» canta un coro de voces de manera majestuosa. Me parece que de todas las canciones que componen este trabajo, esta es la que más recuerda a lo que podríamos considerar el Blind Guardian clásico. Hay cosillas aquí y allá que recuerdan a otras que pudimos oír en Imaginations From The Other Side e incluso en A Night At The Opera. Una pieza de proporciones extraordinarias, que junto con The Holy Grail constituyen lo mejor que este disco tiene para ofrecer.

Lo hemos dicho ya un par de veces: este álbum está muy lejos de ser típico de la banda. Y posiblemente no era lo que muchos estaban esperando, me incluyo. De hecho, está bastante lejos de lo que en lo personal esperaba. Los primeros acercamientos fueron dubitativos e incluso decepcionantes. Digámoslo sin adornos: al comienzo no le hallé ningún brillo. Pero lo atribuyo a que mis expectativas iban por otro lado y no estaba preparado. Una vez que te liberas de eso y simplemente te dedicas a escucharlo con paciencia y atención, vas descubriéndolo e irremediablemente acabas por perderte en el infinito abrazo de los detalles que conjuran la inagotable inventiva de estos muchachos. Eso es este disco: un descubrimiento. Se trata de descubrir lo que la banda puede hacer.

Un muy buen trabajo que, estoy casi seguro, no será valorado en su verdadera extensión y magnitud ahora, pero que esperemos los años sean justicieros y le den sus merecido espacio entre el sitial de lo más destacado de Blind Guardian, porque allí es donde pertenece.

 

Ciertamente, el álbum que hoy nos reúne, que hace poco cumplió trece años de data, es un hito en la historia del Metal. Incuestionable. Sin embargo, he preferido escribir esta reseña viéndolo más como un ícono a nivel personal, y quizás no tanto en el marco de la historia de un determinado estilo. Dicho de un modo más sencillo: escribo esto porque Nightfall In Middle-Earthme cambió la vida. Tal cual.

Descubrí que así era cuando un día me hallé a mí mismo en una sala de una universidad estudiando Literatura, y explicándole a la profesora por qué un escritor subvalorado en las esferas canónicas como Tolkien, no tenía nada que envidiarle a un Homero o a un Dante. ¡¿Cómo llegué a todo eso?! Siempre me gustaron mucho las historias fantásticas, pero Blind Guardian me llevó un paso más allá: su música le dio un sustento a mi fascinación. De algún modo ellos me permitieron darle vida a esas páginas. Pero el gran mérito de El Guardián, es que no sólo cita a Tolkien, sino que lo presenta como todo un universo, una cosmología que atrapa y encanta. Y en el peor de los casos, si no entiendes las letras o aborreces las historias de elfos, guerreros, gemas mágicas, dragones, fuerzas místicas e incienso, siempre puedes dejarte cautivar por la magnificencia de su música y las sensaciones que provocan. Bajo todo punto de vista Nightfall In Middle-Earth es una obra maestra.

Era el 2002, Nightfall In Middle-Earthya llevaba cuatro años en el mercado, pero para mí era otra de las miles de cosas que permanecían en el desconocimiento. Vivía en un pueblito pequeño, donde la oferta metalera de las disquerías se limitaba a Iron Maiden y Metallica. Unos años antes, en el ‘99 con el Ecliptica de Sonata Arctica, yo ya había entendido que el Metal era lo mío y me había dado a la tarea de conseguir discos para consumir y maravillarme, pero sin amigos metaleros que me pudieran orientar, sin Internet ni tiendas, condenado al oscurantismo. A finales del 2002 por fin aquella bendición llamada Internet llegó a mi casa, y con ello, toda una revolución. ¡Si hasta había sitios dedicados al Metal! Comencé a enterarme del mundo, pero aún tenía el problema de no poder conseguir el material, cosa que cambió cuando un par de meses después me fui a estudiar a La Serena, ¡allí sí había tiendas especializadas!

Pero aún necesitaba saber por dónde empezar, pues ese mundo seguía siendo demasiado grande para mí. Fue entonces cuando tuve la  idea de escribirle a los tipos de PowerMetal.cl para que me dijeran qué discos podía comprar. Un día, cuando ya pensaba que no me iban a pescar, recibí un mail que me recomendaba como cinco, entre ellos, Nightfall In Middle-Earth. Su exposición era de tal elocuencia y profundidad, que me resultó imposible no querer comprarlo. El hombre comentaba allí algo que no podía dejar de sorprenderme: el álbum se trataba íntegramente de un libro que yo había leído hacía unos pocos años y que me había fascinado. Al viernes siguiente después de clases, y antes de volver desde La Serena a mi Ovalle, fui a la tienda Black Box a pedir el álbum recomendado. “Un discazo, loco” auguraba el desgreñado vendedor, al tiempo que yo me sorprendía con la magnificencia de la portada y la temática del disco: ¡esa era una escena del libro! Imposible no reconocerla. Volví rápido a casa, armé mi bolso y me fui a tomar el bus. Ya estando instalado en mi asiento saqué mi CD-iPod, puse elcompacto y le di al play.

Recuerdo muy bien ese momento cada vez que lo escucho, día frío, nublado, oscuro, ya era tarde y la luz del día comenzaba a escasear. Lo recuerdo bien porque todo eso se plasmó en mi memoria como un marco ideal para lo primero que escuché del disco: la enorme y épica (rara vez se puede usar tan bien la palabra “épica”) introducción War Of Wrath. Fue completamente inesperado. Era emocionante, aterrador y abrumador poder tener en tus oídos de forma tan nítida y clara algo que hasta ese momento sólo habías leído y esculpido burdamente con tu imaginación. El frío del día, lo lúgubre del cielo ayudaba a disponer el escenario, la maravillosa creación sonora hacía el resto. De pronto, de la nada, estaba escuchando la batalla final entre los Valar y las fuerzas de Morgoth. Gritos, espadas, angustia, dolor, muerte, ¡destrucción! El final de toda una era reducido de la forma más prodigiosa que uno pueda imaginar en tan solo un minuto y 49 segundos. ¿Se entiende lo que es eso? ¡Para perder la razón alucinando! Los sentidos a pleno, los ojos abiertos al máximo, las manos juntas con los dedos entrelazados seguramente, ¡y el escalofrío de la vida al escuchar al Melkor hablar! Esa sola intro era lo más increíble que había escuchado en la vida… ¡y era sólo la intro! ¡Faltaba lo mejor por venir!

Completamente pegado a esa maravillosa y cinematográfica intro llegaba Into The Storm, uno de esos temas poderosísimos que no sólo es una triple patada voladora en todo lo que es el hocico, sino que además te patea en el suelo mientras yaces semiinconsciente. Algún tiempo de escuchar bandas de Thrash me habían hecho valorar esa intensidad en los riffs, pero esas melodías, esas guitarras paralelas-pero-no-idénticas, esa solidez aplastante en cada golpe de la batería eran algo absolutamente nuevo para mí. ¿Y cómo se llamaba el cantante? Hansi… Hansi Algo… En ese segundo su nombre era lo de menos, ¡su voz era lo que importaba! ¡Era única! Aterciopelada, pero a la vez aguardentosa; suave y al mismo capaz de generar un poderío que se contagiaba y me daba ganas de pararme y darle de charchetazos en la pelada al tipo del asiento de adelante. “How I need it… HOW I NEED IT!” vociferaba con furia el cantante de una manera tal que enfervorizaba mi ánimo al extremo y más allá. Los distintos momentos y los cambios de ritmo eran algo que en ese momento (y aún hoy) me maravillaban. Los sonidos de las guitarras, la estructura misma de los solos, las letras… ¡Uf! Eran demasiados elementos para que mi mente los procesara en ese minuto, pero de algún modo entendía que en esa complejidad estaba lo que yo siempre había buscado. En esos años estaba muy lejos de ser un experto en alguna cosa, pero no necesitaba serlo para entender que lo que tenía entre manos era algo sacado de otro mundo. Algo de fantasía.

Difícilmente comenzaba a recuperarme de la sorpresa anterior cuando inicia el siguiente corte, uno muy breve pero no por eso menos increíble. ¡“El Gran Eco”! Uno de los pasajes más notables del libro rescatado de una forma muy simple: con el grito de Morgoth. Ni con el mejor esfuerzo de mi imaginación podría haber creado lo que Charlie Bauerfeind (ingeniero que hizo las mezclas de los interludios) montó. No necesitas esforzarte en absoluto para sentir la ira  y desesperación de Morgoth contra la traidora Ungoliant, está ahí, de forma casi tangible. La leyenda de Lammoth, sus lúgubres montañas y el viento portando esa siniestra voz hasta el mar, todo en menos de medio minuto. ¡Mágico! Aterradoramente mágico.

Y aún con el escalofrío recorriéndote la espina de arriba a abajo inicia la que para mí es desde ese día y hasta hoy la más genial, grandiosa y hermosa de las canciones de Blind Guardian: Nightfall. La banda tiene muchas canciones monstruosas en el resto de su discografía, algunas de ellas son más grandiosas de lo que cientos de otras bandas podrán llegar a hacer alguna vez, incluso en este mismo disco podemos hallar varias, pero para mí Nightfall es de una perfección tal que no puede ni siquiera explicarse. Pasan y pasan los años, pero sigue estando entre las cinco mejores de la historia del Metal, para mí. Es como si la hubiese creado el mismo Fëanor, como si fuera otra de sus piezas maestras: el cuarto silmaril. Y es que el recorrido por la obra de Tolkien aquí es amplio, pero lo verdaderamente destacable es el tratamiento que hace la banda de los distintos momentos, tornándolos en emociones. Lo hacen de forma tan prodigiosa que me convenzo de que Kürsch y Olbrich son –verdaderos– genios. Con una facilidad increíble te llevan desde la más profunda amargura de Yavanna, hasta la incontenible ira de Fëanor por todo el daño que ha hecho Morgoth, pasando por la desazón por la muerte de Finwë. Los primeros momentos son bellísimos, de pura nostalgia y pesar; luego en el puente se van matizando con molestia, la que se convertirá pronto en la más profunda cólera. Mención aparte para el que debe ser uno de los más colosales coros de la música contemporánea. Fue una de las cosas que más me llamó la atención de la banda que descubría: la forma en que mezclaban las voces, y en este corte en particular el trabajo en ese sentido es magnífico. Ni hablar del sentimiento que infunde: mezcla de nostalgia y pesadumbre, pero con algo que invita a guardar esperanza. ¡Curiosísimo! Pero si el coro es sobrecogedor, el clímax alcanzado con la furia de Fëanor cuando juramenta venganza y la ira de los demás Noldor al hacer suyo ese juramento es en sí mismo una pieza maestra de proporciones siderales: “The words of a banished king: «I SWEAR REVENGE!». Filled with anger aflamed our hearts, full of hate, full of pride, oh, WE SCREAMED FOR REVENGE!”. Un pedacito de cielo. Podría agregar mil cosas, pero lo resumo todo en dos palabras que juntas engendran la perfección: Poesía y Metal.

Vale la pena apuntar que buena parte del eje argumentativo está constituido por los interludios. Es decir, no están ahí porque sí o para rellenar. Muy lejos de eso, los cambios de atmósfera que generan los hacen piezas fundamentales. Tal es el caso de The Minstrel. El verso de Maglor (¡el bardo!), la guitarra acústica, el caer de la lluvia preparan todo para lo que podría ser una bonita balada; o al menos eso esperaba yo la primera vez que lo escuchaba. Sin embargo lo que sigue es la brutal The Curse Of Fëanor, otra de las composiciones mayúsculas, que destaca mucho por sus múltiples cambios de ritmo e intensidad. No es raro que de pronto te encuentres en medio de un pasaje en el que Hansi cante con una voz suave y al siguiente te esté pulverizando los tímpanos con sus poderosos alaridos. Del mismo modo, los pasajes más complejos me hacían pensar en lo virtuosos que eran los músicos de la banda que empezaba a conocer. Riffs muy rápidos, arpegios intrincados y los solos que eran una locura a dos guitarras. El librito del disco indicaba que el baterista se llamaba Thomas Stauch. Acababa de conocerlo, pero su técnica y poderío eran evidentes, así que de inmediato se convirtió en uno de mis bateristas favoritos. Hasta el día de hoy creo que es uno de los pocos bateros que tiene una identidad real a la hora de tocar. Y el final sólo me hacía apretar los puños y pensar: “¡Increíble!”.

Otro espeluznante interludio: los quejidos de Maedhros, la sombría y amenazadora voz de Morgoth, su macabra risa, las burlas de Carcharoth, truenos, viento, lluvia… ¡Perfecta escena! Captured podría ser una mini obra del radio-teatro, pero “sólo” es un interludio que sirve de antesala para la monumental Blood Tears, que expone a Blind Guardian como cultores de sensaciones. “Alive though the end appears, my friend, and blood tears I cry!”.¡Qué líneas más maestras! Y justo cuando estás sintiendo una profunda pena por Maedhros, llega el puente que te hace enfrentar a la sórdida ira de Morgoth. En ese punto uno no podía sino convencerse de que Hansi Kürsch es un tremendo intérprete. Luego de eso uno esperaba el siguiente interludio, pero se rompe ese esquema y comienza otra canción, quizás una de las más conocidas y queridas de la banda: Mirror, Mirror. Aquí El Guardián lleva ese asunto de los cambios de ritmo y atmósfera a un nivel casi ridículo, pero por lo mismo me fascinó desde la primera vez que lo escuche. Pasan de lo furibundo a lo festivo de manera casi inadvertida, con una fluidez que desafía la lógica. Rara vez uno asocia a la banda al Metal Progresivo, pero acá se pueden apreciar al menos una decena de momentos distintos, y no sería raro que alguien la pusiera como ejemplo del estilo. Su naturaleza thrashera, la imponente presencia de la melodías de las guitarras durante los coros, el alucinante segmento instrumental con los descollantes solos de André y Marcus la convierten en una maravilla, tanto armónica como melodicamente. Y aquí entre nos, la parte que reza “aunque la tormenta se haya calmado el amargo final es sólo cuestión de tiempo” es uno de los momentos favoritos en la carrera de la banda. ¡Qué intensidad! Mirror, Mirror es una oda a la genialidad y la creatividad.

Ahora sí otro interludio, con Fingolfin repasando todo lo que ha sido el camino de los Noldor, y es por eso que Face The Truth es el preludio perfecto para el siguiente corte. Eso me lleva a señalar algo importante. Si bien el disco inicia con el capítulo final de la historia que se cuenta, no es del todo efectivo afirmar que “va de atrás hacia adelante”. El primer corte (War Of Wrath) sirve como entrada a la memoria de Melkor, quien comienza a recordar la serie de eventos que lo han llevado hasta ahí, su final. Sin embargo, esto no quita que la adaptación que hace Kürsch siga siendo magnífica y digna de un genio. Es así como tenemos, como una verdadera continuación de lo anterior, a Noldor (Dead Winter Reigns), que debe ser una de las canciones que más destaca en el disco, por su carácter casi de balada. De hecho, por largos pasajes es eso, pero tiene ciertos instantes muy, muy pesados y otros más acelerados (como el instrumental, o la estrofa que le sigue, donde Hansi demuestra una capacidad sorprendente). Es sólo otra muestra de la increíble variedad de recursos que es capaz de desplegar Blind Guardian.

Párrafos atrás les confesaba que Nightfall es mi canción favorita de El Guardián, pero me apuraba a señalar que incluso en este disco hay canciones que son fantásticas y que poco tienen que envidiarle. El siguiente es uno de mis momentos favoritos de la obra de Tolkien, porque es muestra de los enormes huevos que tenía Fingolfin. Ya en el preludio Battle fo A Sudden Flame podemos constatar esto, pero con Time Standing Still (At The Iron Hill) queda en completa evidencia. Fingolfin, nuevo señor de los Noldor decide ir a tocar la puerta de Morgoth y enfrentarlo, ¡así nomás! Recuerdo la emoción cuando escuchaba esto y leía el librito del CD. Me acuerdo haber dicho algo como “¡vamos!” al mismo tiempo que oía el que ahora es uno de mis versos favoritos: «I stand alone, Noone’s by my side: «I’ll dare you! Come out! You coward, now it’s me or you». ¡Tremendo! Ese es uno de los momento más gloriosos de todo el libro, y Blind Guardian le hace justicia como el que más. Es extraño, uno sabe cómo termina el episodio, pero la música te hace creer que otro final es posible. Habría odiado profundamente que esa canción fuera fome o poco inspirada. Pero muy por el contrario, musicalmente es una maravilla, con orquestaciones a destajo y un Hansi reventándose las cuerdas en los momentos precisos. No sólo es uno de los momentos más altos del disco, sino que de la carrera de la banda y eso es harto decir.

Siguiendo con el viaje hallamos a The Dark Elf, para mí, una referencia a Maeglin, y no tanto a Eöl, su padre, y a quien llamaban El Elfo Oscuro (por eso el verso “una oscura semilla del mal ha crecido”). Y que creo que la puerta que se abre es un símbolo del secreto de Gondolin siendo revelado. En Thorn se nos habla más en detalle de todo lo anterior, y no deja de sorprenderme la habilidad de Hansi como letrista para articular una complejísima historia en unas pocas estrofas. También me merece una mención muy especial el gran trabajo realizado en el coro, tanto en las tonalidades, las melodías, como en las mezclas (gracias a Charlie Bauerfeind). Siempre he tenido la impresión de que para muchos este corte palidece a la luz de sus hermanas más bombásticas, y de que es un poco subvalorada. Pero poniéndole la atención debida, resulta innegable que es una tremenda, tremenda canción. Es realmente estupenda, pero su espectacularidad no es tan llamativa como para resaltar de inmediato. Por favor, escuchen el coro y verán de lo que hablo. Cosa similar puede pasar con The Eldar, la única balada propiamente tal del álbum, que por lo mismo puede parecer algo fuera de contexto estético general del disco. Y de hecho… ¡lo está!, ¿pero a quién le importa eso cuando puedes apreciar a un inspiradísimo Hansi ofreciendo uno de sus mejores momentos como vocalista? Michael Schüren y su piano proveen un fondo gris y melancólico que difícilmente la banda volverá a mostrar. En definitiva, se trata de una canción única.

Si no se conoce la obra en que se basa todo este asunto, Nom The Wise podría pasar sin pena ni gloria, pero para quienes conocen un poco más, este breve monólogo resulta un valioso tributo a una de las historias más cautivantes de “El Silmarillion”: son las palabras de Beren honrando a su difunto amigo Finrod. La sub-historia de amor entre Beren y Lúthien (en la que Finrod tiene un rol fundamental) da para un disco completo (por cierto: la portada recrea una escena de esta historia), pero se rescata de forma apropiada con ese breve interludio y es desarrollada en más profundidad con When Sorrow Sang. Temáticamente esta canción tenía todo para ser una balada, pero la banda decide contradecir la lógica y crear una de las canciones más potentes y pesadas del álbum y de su discografía. Al momento de oír por primera vez el disco, yo no tenía idea de que Blind Guardian tenía un pasado bastante cercano al Thrash Metal, pero cuando lo supe después, y a la luz de, por ejemplo, los momentos iniciales del corte (¡noten cómo se parecen a los de A Voice In The Dark!), no me sorprendió en absoluto. Me sorprendía eso sí que una misma banda pudiese usar de forma tan consistente elementos tan variados. Las orquestaciones al comienzo de Time Stand Still nada tenían que ver con esto, pero aun así era evidente que era la misma banda, que tenía un cierto sonido. Un sonido que por cierto era y es único. Y luego con Out Of The Water, con el sonido de unas olas y una de las musicalizaciones más producidas de los interludios del álbum,asistimos al final de una de las historias más bonitas que haya creado Tolkien.

Ya acercándonos al indeseable final nos topamos con The Steadfast, con Húrin como ejemplo de firmeza y estoicismo, y con Morgoth demostrando una vez más que es un maldito tirano. ¡Y así arribamos a la última canción del disco! Vigésimo primer corte, undécima canción… ¡Pero qué rápido vuela el disco! Es como escuchar una buena película. A Dark Passage funciona perfectamente como cierre a una de las producciones más notables alguna vez lograda. Como tantas otras veces a lo largo del disco, Kürsch y Olbrich hacen ostentación de un impresionante manejo de recursos y una envidiable capacidad para conjurar ideas, darles forma y maravillar al oyente. Las melodías vocales son de una variedad que jamás deja de sorprender; así como la vivacidad del solo doble de Marcus y André. Las orquestaciones, los arreglos de cuerda en base a sintetizadores de Mathias Wiesner, al igual que en otras canciones, agregan un valor inmenso. Y es que están presentes siempre, aunque por momentos no de forma protagónica, pero sin duda sin esos detallitos nada sería igual. También es de destacar la onda media oscura que tiene la canción, en especial sobre el final, y que es algo que tiene correlación con la parte de la historia que cuenta, una muy desgraciada, triste y desesperanzadora.

Las líneas finales de este mágico viaje no podría llevar un título mejor que Last Chapter (Thus ends…). Un breve resumen de lo que ha sido la quinta gran batalla, que ciertamente no ha terminado bien. Pero en el mismo resumen, oscuro y amargo como es, también nos hablan de la única esperanza que le queda a la Tierra Media. Aquí termina el disco, pero no la historia, pues si queremos seguir y llegar al final de ésta, basta con poner de nuevo el disco y escuchar War Of Wrath. No sé a quién se le habrá ocurrido la idea de hacerlo así, ¡pero vaya que resulta! El disco inicia con un final feliz, pero en realidad no tiene un final. Pero no sólo por eso es que NIME se erige como inmortal e interminable.

Nightfall In Middle-Earth brilla con luz propia en el mundo del Metal, un mundo en el que a decir verdad no escasean las estrellas. Es una obra forjada a partir de un arranque de genialidad de cuatro músicos y que destila un imperecedero olor a magia.

Comenté que las referencias literarias en este disco de algún modo lograron cambiarme la vida; logró interesarme de tal forma que terminé haciéndolo parte de mi vida profesional. Pero lo cierto es que en ese sentido, Blind Guardian no inventó nada. La mezcla de literatura y Metal es tan antigua como el Metal mismo. La gran proeza de los bardos fue hacerlo como nadie lo había hecho antes, de forma sublime y perfecta. Lo hicieron de una forma tal, que para muchos fue la entrada casi obligada las historias de J. R. R. Tolkien y su hijo. No inventaron nada, pero se convirtieron en verdaderos maestros del arte de unir dos artes. ¿Cuánto fanático de Tolkien no se hizo al Metal luego de este disco? ¿Y cuánto metalero no se hizo fan de Tolkien luego de estas 22 pistas? Imposible saberlo, pero qué hermoso que así haya sido, porque sé que los hay.

Cada vez que me toca revisar un álbum clásico, un mar recuerdos inunda mi mente. Es inevitable y un ejercicio casi obligatorio, porque son vestigios de períodos importantes en nuestras vidas, en mi caso, de los inolvidables años de la adolescencia. ¡Así es!, aquella época en que tu capacidad de asombro probablemente era el cuádruple de lo que es hoy, y donde cada disco nuevo añadido a tu lista de favoritos, era equiparable a encontrar un tesoro en la más recóndita de las islas. Esa mezcla de alegría, emoción, y un sentimiento inocente de privilegio, es algo que ha dejado marcas imborrables en quienes creemos que esto es mucho más que un simple estilo de música. En lo personal, cada álbum que ha marcado etapas de mi vida es una especie de cápsula del tiempo: un lugar que puedo visitar cuando quiero recordar pensamientos, situaciones, lugares, alegrías, momentos difíciles, etcétera; es algo que todos experimentamos –de una u otra forma- y que nos toca nuestra fibra emocional.

Y cuando se trata de recordar trabajos claves en décadas pasadas, hasta el día de hoy escucho opiniones como “los noventa fueron un desperdicio en lo musical”. No niego que en esos años comulgué con lo que opinaba la masa de rockeros y metaleros cercanos a las vertientes clásicas/tradicionales, pero a medida que fueron pasando los años entendí que era un error pensar que fue así; sin ir más lejos, ¿cuántas producciones brillantes fueron concebidas durante esos años? ¡Muchas! Aunque claro, el Heavy Metal ya no estaba en el mainstream como ocurriera diez años antes -el nuevo sabor del mes fueron otras tendencias que ya conocemos-, pero me atrevería a decir que era algo incluso necesario para recuperar el norte y encausar las aguas. A lo que me refiero es que estamos conscientes que cuando todo gira en torno al negocio, y se mira desde la perspectiva del dinero, se termina por sepultar cualquier intento de expresión artística real y honesta. En ese aspecto, que el Metal volviera al underground le jugó a favor a muchos conjuntos para dar rienda suelta a su creatividad, mientras que los más nuevos tuvieron la posibilidad de sobresalir y gozar de la exposición que realmente merecían. No por los singles, ni por sus costosos videos y producciones, sino porque su propuesta artística significaba algo… y una de las bandas que estuvo en la vanguardia de  aquél período fue Blind Guardian.

Tratando de recordar mi primer acercamiento con los bardos debo remontarme a 1996, cuando leí un review -publicado en una Heavy Rock- precisamente del Imaginations From The Other Side. Hablaban maravillas del álbum y hacían notar que era un paso adelante en su carrera; lamentablemente en Valparaíso era muy difícil adquirir material de ellos, pasaron los meses, pero siempre estuvieron en la lista de los grupos que tenía curiosidad por conocer y escuchar. También recuerdo que, al tiempo después, llegó a mis manos ese número donde aparecía una página completa promocionando el The Forgotten Tales (la misma  que se señala en el comentario del Tales From The Twilight World), y suena anecdótico contarlo, pero varias veces me pasó que conocía los nombres de los integrantes, había leído entrevistas y reviews, estaba en conocimiento de que eran importantes en Europa, sabía de su historia…. ¡todo eso sin haber escuchado una sola canción! Sería imposible que eso pasara hoy pero, en una época donde el acceso era limitado, acrecentaba aun más esta suerte de mitología que rodeaba a ciertos grupos; incluso llegué a pensar que cuando los escuchara sería imposible que me sintiera decepcionado. Y así fue…

La primera vez que me sumergí oficialmente en el universo bardo fue cuando vi los videos de Born In A Mourning Hall y Mr. Sandman en el canal Much Music a finales del ’97. Al tiempo después, en los típicos recorridos por las pocas disquerías de la zona, entro a la mítica Anarko Shop y me encuentro con la sorpresa que  habían llegado varios discos del catálogo de Blind Guardian. Por suerte había juntado el dinero suficiente para comprar uno y opté por llevarme el Tokyo Tales, que al tratarse de un álbum en vivo repasaba gran parte de lo que yo –en mi ignorancia- me imaginaba que eran los hits de la banda. Dicho CD causó furor entre mis amigos y, en un acto de compañerismo melómano, nos pusimos en campaña para conseguir el resto de la discografía. El modo era simple y muy común en esos años: si alguien se compraba un disco original “X”, los otros se compraban uno distinto. Así optimizábamos los esfuerzos y  podíamos abarcar la mayor cantidad posible de material. De esa forma llegaron el Follow The Blind, Nightfall In The Middle Earth (edición japonesa), Tales From The Twilight World, Somewhere Far Beyond y The Forgotten Tales… sin embargo el álbum del que primero leí había sido el más esquivo de hallar. Hasta que un día cualquiera aparece otro amigo -con quién siempre intercambiaba música- y me dice: “¡cacha Pedro!, fui a Santiago y aproveché de comprarme este disco”… y el CD que adquirió era ese que tanto había costado encontrar: Imaginations From The Other Side.

De inmediato me sorprendió el arte del maestro Andreas Marschall, con la dualidad del espejo que por un lado mostraba una habitación y, por otro, una realidad paralela de lo que parece ser la puerta de entrada a un mundo de fantasía; algo así como el ropero en las Crónicas de Narnia de C.S. Lewis. Otra cosa que me encantó fue que incluían guiños a otras portadas de su carrera, que le daba continuidad al concepto artístico de Blind Guardian y, además, le hacía honor al título. Desde esta tribuna quisiera reconocer el trabajo de ese tremendo artista, en mi opinión, está al mismo nivel de otros grandes ilustradores como Ken Kelly y Derek Riggs; por si eso fuera poco, en la foto promocional del booklet, Marcus Siepen vestía una camiseta del Cross Purposes de Black Sabbath, uno de mis predilectos de Iommi y compañía. Sin mucho preámbulo me llevo el CD a mi casa y esa misma noche, luego de casi dos años de espera, finalmente le doy PLAY en mi reproductor. En ese punto ya conocía lo suficiente de la carrera del grupo como para entender que  Imaginations era el punto de inflexión para los bardos. La mezcla perfecta entre la velocidad, crudeza y agresividad de los inicios, pero desarrollando esa faceta sofisticada y artística, que ya se había dejado ver en Somewhere Far Beyond, y que años más tarde alcanzaría niveles de genialidad casi inalcanzables con Nightfall In The Middle Earth. En ese sentido el concepto del título y la portada explican que el viaje no solamente era en términos letrísticos, también expresaba la necesidad de explorar ese “otro lado” musical, el cual, a mi juicio, daría forma definitiva a la identidad del grupo.

Este choque de estilos lo podremos apreciar desde la partida con Imaginations From The Other Side, que personalmente siento como una de las mejores composiciones que han hecho. Una pieza que mezcla magia, melodía, fuerza y una pirotecnia de arreglos; donde el trabajo de guitarras de la dupla Olbrich / Siepen es excepcional, y el desempeño de Thomen Stauch en los tarros me hacen dudar que sea un humano común y corriente. ¡Realmente es insano lo que toca este tipo! ¿Y Hansi?, su línea vocal es bombástica y potente a la vez, narrando la historia de alguien que esta harto de su realidad, en donde no hay espacio para soñar despierto. Dicha persona extraña sumergirse en esas historias de fantasía que lo acompañaban desde niño, pero que al momento de recordarlas sus memorias son confusas y comienza a atar cabos sueltos mezclándolas entre si (Was Peter Pan in Mordor?); o cuando se da cuenta que olvidó el desarrollo de algunas, por ejemplo: “Do you know if Merlin did exist / Or Frodo wore the ring / Did Corum kill the gods / Or where’s the wonderland / Which young Alice had seen / Or was it just a dream / I knew the answers / Now they’re lost for me”. Si hay algo en que se parecen Rush, Blind Guardian y Kate Bush, es que los tres son capaces de lograr letras increíbles basadas en referencias literarias.

I’m Alive tiene la agresión propia de la primera etapa, donde Hansi sobresale logrando una interpretación desgarradora y furiosa, haciéndole justicia al sentimiento de reclusión, dolor y locura del personaje: “I’m alive my friend / I can feel the shadows everywhere / I’m alive / I left the shadows / Far behind me / Another one is waiting”. Los leads son marca registrada y me quiero detener en André Olbrich, en mi opinión, es un guitarrista subvalorado. Tiene un estilo único y reconocible, pero me parece que no se le ha dado todo el crédito que merece. A Past And Future Secret es de esas canciones que podríamos catalogar como inolvidables: se trata de una balada de influencias medievales sazonada de fantásticos arreglos orquestales y vocales, con Hansi vistiéndose de juglar para narrarnos la letra inspirada en el mito del Rey Arturo. Imposible no recordar  la vez que tocaron en el show del Victor Jara en 2002, donde la comunión alcanzada entre la banda y el público le otorgo una atmósfera que, hasta el día de hoy, me pone la piel de gallina cuando lo recuerdo.

Algo similar me pasa cuando escucho The Script For My Requiem, otro de los momentos esperados en los conciertos de Blind Guardian, y una de las más grandes composiciones de la historia del Power Metal. Si hablamos de canciones que “definen bandas esta podría ser una de las que mejor conjugan el sentimiento de los bardos, ¡lo tiene todo!: riffs potentes, partes orquestales, melodías ingeniosas y un coro épico que llena cada espacio “Returning of the miracles / It’s my own requiem / The jester’s tears / They are inside me / Agony’s the script for my réquiem / Returning of the miracles / It’s my own requiem / Is the script already written / Jester’s tears I cry / Yes, I cry”. Los arreglos vocales -así como las voces de apoyo- son de otro planeta, con Olbrich y Siepen gigantes en los estribillos. La letra habla de los caballeros templarios y la incansable búsqueda del Santo Grial, que por supuesto no sería lo mismo sin la garra y la pasión que le imprime Hansi, quedando inmortalizado para siempre en la magnífica estrofa: “Still I hear the scream of thousands: Crucify, crucify!!! / Take it all / Our gold, our homes, our life / But we didn’t kill your Christ!! / Reach out for your holy grail / Enslave us and make us / Your god’s sacrifice!!”.

La tónica de canciones con alto grado de elaboración sigue en Mordred’s Song. Esa exquisita melodía de guitarra acústica dan paso a riffs de un feeling impresionante. El fraseo es un tanto reposado, pero no por eso menos expresivo,  y la parte donde Mordred exclama “I never wanted to be what they told me to be / Fulfill my fate than I’ll be free / God knows how long / I tried to change fate” me recuerda  cuando Jesús se cuestiona su destino en la parte final de Gethsemane en JC Superstar. Volviendo al material más agresivo nos encontramos con Born In A Mourning Hall otra de mis favoritas- y la única canción que conocía antes de conseguir este álbum. Si bien es poderosa, las melodías de Olbrich son gancheras y logradas de excelente forma, lo mismo que líneas vocales. La letra es bastante elocuente  y preferiría que ustedes mismos la interpreten según sus propios puntos de vista; en lo personal en esta parte del coro se resume todo: “Born in a mourning hall / Shadows left the fear in the new born child / Peter Pan will never reach the other side”.

En Bright Eyes la influencia de Queen es clara, de eso no hay dudas. La atmósfera de esta canción tiene una cierta aura oscura y depresiva, donde los hipnóticos “fool just another, fool just another…” y “i’m watching you, watching you…” desafían los límites de cordura. Como mencioné, las enseñanzas de Queen se hacen presentes en los arreglos vocales, aunque en la parte del solo volvemos a terrenos power metaleros. Another Holy War sigue la línea de I’m A Alive y Born In The Mourning Hall, con un tremendo trabajo Thomen Stauch y un coro magnánimo. Las armonías de Olbrich / Siepen que se dejan caer al final le imprimen un matiz interesante. Cerrando llega And The Story Ends, un corte que perfectamente podría ser el preámbulo de lo que después encontraríamos en Nightfall In The Middle Earth. Las líneas vocales, los arreglos del coro, e influencias progresivas, serían algo explotado a gran escala en la obra magna de 1998.

Al igual que mis compañeros de la página, me es difícil señalar cual es el mejor disco de Blind Guardian. No es una tarea fácil, aunque si vamos por un asunto emocional, la pelea estaría entre Imaginations y Nightfall; para el conjunto es claro que es uno de sus favoritos, de hecho, en el concierto de 2002 tuvimos el privilegio de escuchar 6 de las 9 canciones que contiene esta placa. Y en el DVD Imaginations Through The Looking Glass se despacharon ocho, lo que habla de lo cómodos que se sienten con este material que en vivo funciona a la perfección. Uno de los grandes trabajos que ha dado el Power Metal en su historia, una vez más, echando abajo el paradigma que los noventa fueron un desperdicio… si está claro que fue sólo un mito. Sólo había que buscar.

El placer de retomar este disco para hacer una crónica me produce un placer aun más grande por lo primero que me hizo pensar… ¿cuál es el primero que escuchaste de tus bandas favoritas? Y así, empiezo a pensar en el Seventh Son de Maiden, el Keeper II de Helloween, el Angels Cry de Angra, el Land Of The Free de Gamma Ray, el Trapped! de Rage y obviamente un extenso e inacabable etcétera. Y por cierto, me acuerdo que por allá por 1996, me tocó la fortuna de conocer a los bardos y precisamente con este disco, el gigantesco Somewhere Far Beyond.

Me acuerdo que me fui para la casa de unos tíos que tenían Internet telefónico en ese tiempo, en Maipú (¡al otro lado de Santiago!) y que estuve sacando unas letras de Helloween y las de este disco, y además conocer la carátula y además a sus integrantes, enterándome de la existencia de un sujeto llamado Hans Jürgen Kürsch, Hansi para los amigos y en realidad para todos, un chascón con cara de bonachón que era el que cantaba y además tocaba el bajo, acompañado además de su amigo del colegio André Olbrich en la guitarra, Marcus Siepen en la otra guitarra y Thomas “Thomen” Stauch en la batería, conformando lo que a la larga sería la alineación clásica de Blind Guardian.

Bueno, yo escuché este disco antes de conocerle la carátula pero a estas alturas creo que primero hay que hacer una mención a ésta. Me parece derechamente… ¡extraordinaria! De hecho, a estos teutones (paréntesis, no puedo evitar señalarlo, documentándome para esto me entero que la palabra “teutón” vendría del galo y significaría algo así como “de la tribu de las aguas”, ¡notable!) los apodan los bardos… y me atrevo a preguntarles… ¿hay un arte de tapa más “bardo” que el del Somewhere Far Beyond? Con estos siete personajes medievales, algunos con espadas, otros con instrumentos de la época, sentados rodeando un orbe mágico frente al guardián ciego en medio de un bosque oscuro, espectacular. Blind Guardian es una banda llena de artes de tapa realmente fantásticos (varios obra de Andreas Marschall) pero este es mi favorito.

Cuando puse el cassette y escuché el “turu ruru rurun, turu rurún” de la guitarra clásica de Time What Is Time me acuerdo de haberme preguntado, o más bien exclamado… “pero, ¿¡qué es esto!?”. Tras esto, la armonía con la segunda guitarra… inmediatamente me acordé de Battery de Metallica pero evolucionada, aumentada, armonizada y perfeccionada… luego la patada en la cabeza que fueron esas dos guitarras eléctricas, pesadísimas, intensas, hermanas… ¡y lo que fue descubrir la voz de ese sujeto que días después, por Internet, como les contaba, me enteré que se llamaba Hansi Kürsch! Y darse cuenta de que el tipo tenía básicamente dos formas de cantar… una más bien apacible, suave y acogedora como en el “when the moonchild is crying”… y otra aguda, raspada, agresiva y destilando garra, como en el “replicant / or human / I know the way to show”, llegando al coro con ese “time, what is time” casi melódicamente thrasher y con armonías vocales… una maravilla. Y también, descubrir que en esta banda los guitarristas tienen trabajos más específicos, hay un líder que es Olbrich y un rítmico que es Siepen, y ambos en sus respectivos roles eran, fueron, son y serán fundamentales… pero la deliciosidad de los solos en este tema no tienen desperdicio. Me sorprendió inmediatamente la cantidad de información y complejidad de este tema, aunque es un concepto que a la larga marcaría la totalidad de la carrera de los bardos de Krefeld, pero bueno, eso es algo que hace quince años yo no sabía y no tendría porqué haber sabido. ¡Y el final!, sobrecogedor, armónico, elegante, sofisticado. En suma, qué difícil hacerle justicia con palabras a esta obra de arte del Metal germano, uno de mis temas favoritos de toda la carrera del guardián ciego y que inmediatamente en esos años me provocó pensar que estaba en presencia de unos portentos del Metal.

Lo que sí, nunca le he perdonado a Blind Guardian no haberme dado ni siquiera un par de segundos para terminar de metabolizar la cantidad de información del primer tema (o sea, yo no leo música, pero ¡lo que debe ser esa partitura!), y lanzar inmediatamente otro clásico infernal, incombustible e inmortal como Journey Through The Dark. OK, pasados los años, cuando en el shuffle de Winamp me aparece Time What Is Time, inmediatamente le saco el shuffle para escuchar Journey sin respiro, pero en ese tiempo no lo podía creer. ¡Cuánto valen esos riffs y el grito de Hansi, las guitarras armónicas y la batería totalmente speed de Thomen! Pero lo que me pone realmente la piel de pollo, e imagino que a muchos de ustedes también, es el coro, uno de los más representativos de la carrera de los bardos, con ese “you’re the mystical old bard / on your journey through the dark / mystical old bard / your journey through the dark”, probablemente uno de los más speedmente emocionantes de la historia del Power Metal. Con esto ya comenzaba a consolidar en mi cabeza quinceañera una idea que mantengo hasta el día de hoy… la complejidad de las composiciones de Blind Guardian forman parte de su esencia, la cantidad de “ideas” musicales que existen en cada uno de sus temas es única… a lo que voy es que, sin mirarlas en menos, a lo mejor otras bandas habrían hecho cuatro o cinco temas con la cantidad de ideas que Blind Guardian expone en dos.

La multiplicidad de recursos y variantes de los bardos se ve reflejada con este interludio de un minuto llamado Black Chamber, sólo en base a la inimitable voz de Hansi y un sutil piano. Nada más. ¡Fantástico! OK, no es el disco donde más destacan los interludios de Blind Guardian (en ese sentido es difícil pensar en algo más magistral que lo que se logra en el Nightfall In Middle-Earth), pero me parece que esa tendencia se empieza a marcar aquí.

Y un teclado y un tenue sonido orquestado dan comienzo a otra versión de Blind Guardian, la más midtempo, tras los dos electroshocks que dan inicio al disco. Con Theater Of Pain la banda mostraba otros recursos más, comodidad en tiempos más lentos sin perder intensidad, incluso hallo una cosa media sabbathiana por momentos, sin perder esa cosa mágica de dar rienda suelta a ideas diversas y que en otras bandas a lo mejor sonarían pretenciosas y pegadas a la fuerza. Es cierto, Theater Of Pain es menos “oreja” que otros temas de este mismo trabajo, pero piensen en la cantidad de ideas proyectadas en un tema que es de 1992. Genial.

Ya sumergido en ese verdadero mundo que es Blind Guardian, la guitarra acústica en The Quest For Tanelorn es una total caricia para el martillo, yunque y estribo del auditor. Aquí es inevitable hacer una muy pequeña referencia a Tanelorn, una ciudad ficticia nacida en las novelas fantásticas de Michael Moorcock –si quieren leer alguna referencia mayor a esto, les sugiero revivir el review que hicimos de At The Edge Of Time, particularmente en lo referente a la gran Tanelorn (Into The Void)–, pero lo hago fundamentalmente para tocar otro tema: las letras de Blind Guardian. Hay bandas que hablan de muchas cosas, por ejemplo a Maiden le gusta la historia y la guerra, las de Judas son más triviales, Helloween con su humor alemán… lo de Blind Guardian es esa cosa medieval/fantástica, de juegos de rol, de literatura casi geek, cosa que respeto profundamente tanto como a los fans de esta vertiente literaria, pero les debo ser franco y contarles que a mí no me prende pero para nada este tipo de corriente… y cuál es mi punto, para hacérselas corta… si para mí, los bardos son una de las más grandes bandas de la historia del Heavy/Power Metal… ¡lo que debe ser Blind Guardian para los/as muchachos/as a los que les gusta la literatura fantástica! Siempre es algo que me ha hecho dimensionar lo grandes que son estos alemanes, o sea, por ejemplo, si no siendo fan de esta literatura me vuela la cabeza, ¡cómo lloraría con el Nightfall si me gustara el Silmarillion! Pero bueno, hecho este alcance, The Quest For Tanelornes una joya de aquellas, mezclando los tiempos más lentos con guitarras armónicas, con intensidad pura, y ese coro lleno de magia, muy Queen, para pasar a la deliciosidad del “spiritus sanctus, vita aeterna”. Para destacar además que la guitarra líder en este tema la lleva nada menos que un invitado de lujo como Kai Michael Hansen, el Power Metal hecho persona, y cómo se nota la distinción entre su estilo y el de André Olbrich, que comenzaba a encontrar su consolidación. Aportazo el de Kai que además ayuda a hacer aun más distinguible el estilo de Olbrich, consolidando lo insinuado en sus anteriores trabajos.

El lado A de mi cassette terminaba con la gran Ashes To Ashes, otro temón con todas sus letras. Perdón por la efusividad, pero… ¡qué tema más bueno por la cresta! Su intro casi de película de terror ochentosa, sus guitarras y bajo derechamente thrashers, y ese monumental grito del “leave him!!” de los 1.20, seguido por una guitarra agudísima y una batería derechamente fulminante… ¡increíble! Tuve que escuchar seis veces ese pasaje para poder escribir esto. Para qué decir el coro con su “ashes to ashes / dust to dust / when then life clock strikes you will obey / time isn’t here to stay”. Es el tema donde más me subyuga el trabajo de André Olbrich en este disco y probablemente uno de los que más me llega de toda la carrera de los bardos. ¿Y qué me dicen del final, ah, con el “taste the poison / feel that this is life / hallowed be the game”?

Llega el momento de dar vuelta el cassette para encontrarse la que probablemente es una de las más grandes baladas de la historia de la música. Para algunos sonará exagerado pero de verdad para mí es así. Cuesta encontrar palabras para definir las emociones que provoca la enorme The Bard’s Song – In The Forest, uno de los temas más emblemáticos de la carrera de Blind Guardian y probablemente el más coreado de todos en sus presentaciones en vivo. De hecho, la versión en estudio es fantástica, pero lo que se logra en vivo es sobrecogedor, todos se la saben, sólo necesitan las guitarras de André y Marcus, Hansi puede descansar su voz y contemplar a miles de gargantas convertidas en una gran conmemoración barda… y así, aprendimos que el mañana nos llevará hacia otro lado, lejos de casa, nadie recordará nuestros nombres, pero la canción de los bardos permanecerá. Es un tema tan mágico y grandioso que no sólo genera emociones individuales, sino que una sensación de colectividad, de unión, de compañerismo… o sea, ¡miren lo que les estoy diciendo! Cuánta magia, no soy digno. Gracias Blind Guardian, se pasaron.

Voy a ser honesto. The Bard’s Song – The Hobbit me parece el tema más bajo del álbum. No es un mal tema, para nada, igualmente es potente, melódico y cumple 100% con el ADN de este maravilloso disco, pero me suena un poco pegado a la fuerza como secuela de The Bard’s Song – In The Forest. Sí, me encantan los trabajos vocales cada vez más Queen y la referencia eléctrica a la primera parte, así como el final acústico, pero no me llena el gusto.

¡Gaitas! ¡Gaitas! Sí… ¡Gaitas! Ese es el interludio The Piper’s Calling, el llamado del gaitero… para ir a algún lugar más allá… y pasar al que es mi tema favorito de toda la carrera de Blind Guardian y que cierra este trabajo. Entiendo que la gran mayoría pueda preferir otros, es cosa de gustos y ellos me parecen sumamente respetables, comprensibles y valorables. Pero el mío es este muchachos. Somewhere Far Beyond, el title track, consta de siete minutos y veintinueve segundos de TODO LO QUE ME GUSTA de Blind Guardian. Me encanta que sepa mezclar entre la grandilocuencia y la sencillez que se alcanza por ejemplo con el “I came from far / beyond your reality” casi sólo con la voz de Hansi, la batería con tucatuca y ese bajo exquisitamente básico… obviamente, también las intervenciones de la guitarra de André, los cambios de ritmo, de ambiente, hasta llegar a ese maravilloso y emocionante coro de “somewhere far beyond / the march of time it has begun / somewhere far beyond your reality / and then the march of time begins”. Pelos de punta cada vez, pero cada vez que la escucho. Un trabajo soberbio, con la cuota suficiente de sofisticación para no perder la esencia metálica de su sonido.

Si bien el disco termina oficialmente aquí, igualmente hay que referirse a ese par de buenos covers con los que cuenta como bonus tracks. El primero es la conocida Spread Your Wings de Queen, banda influencia directa en los bardos fundamentalmente en sus armonías vocales, faceta donde Brian May y ese tal Farrokh Bulsara, ese mismo, el de Tanzania, son los reyes de reyes en la historia de la música. Un buen tributo a una banda que influyó e influye directamente en los bardos, a tal punto que posteriormente titularían un disco de la misma forma que los británicos con su A Night At The Opera. ¡Pero el otro cover es una locura! Satan es una banda de la NWOBHM y en su disco Court In The Act de 1983 usted puede encontrar un TEMAZO llamado Trial By Fire, tributado con justicia por los bardos, con tanta justicia que por momentos parece un tema propio… ¡increíbles las dos guitarras! Háganse un favor muchachos, documéntense y escuchen ese discazo de Satan, no se van a arrepentir.

Bueno, obviamente después de conocer y vivir a Blind Guardian a mis catorce años, después escuché el Battalions Of Fear, el Follow The Blind y sobretodo el increíble Tales From The Twilight World. Ahí, comencé a entender que Somewhere Far Beyond no sólo era un discazo en sí mismo, sino que además marcaba una evolución en la curva de rendimiento de una banda distinta a cualquier otra, no sólo en el sonido (y particularmente en la consolidación del estilo de André Olbrich en la guitarra) sino que además en su concepto, en la concepción de un álbum en su totalidad más que en la suma de sus partes, cosas que a mi juicio si bien se insinuaban en los trabajos anteriores (particularmente el TFTTW), llegaban por primera vez a un punto tan alto en este trabajo. Después vendrían más evoluciones con el Imaginations From The Other Side y el Nightfall In Middle-Earth, pero eso ya es materia de otra historia. Y mientras tanto, por lo que significa, lo que implica, y más allá del sonido y del enorme crecimiento como banda que alcanzaron en este disco los bardos de Krefeld, este es “mi” disco de Blind Guardian. Y el tuyo, ¿cuál es?

No tengo disco favorito de Blind Guardian. ¡Blind Guardian es mi banda favorita!, por lo que siempre me resultará imposible abstraerme y hablar de un trabajo, sin invitar a la mesa a todos los que lo preceden, lo suceden, lo rodean, lo superan, lo complementan o lo equiparan.

Podría decir que escojo Tales From The Twilight World porque, dentro de todos, es el álbum definitorio de Blind Guardian, en relación a que es el primero donde surge la identidad del conjunto, con su sonido y su destino en la escena, sin que las influencias de Helloween como en Battalions Of Fear (1988), o del thrash de segunda generación como en Follow The Blind (1989), hablaran más fuerte que los músicos tras las canciones. Podría decir que escojo Tales From The Twilight World porque es el más bruto-enérgico de la discografía “dorada” de la banda. En fin, cuántas otras generalidades sería posible mencionar para justificar tales motivos, que me parece no conducen a mucho. No sé cuál es el mejor de Blind Guardian, ni siquiera sé cuál es mi favorito de Blind Guardian, sólo puedo decir que desde the morning sun of Dune… hasta …somebodies out there, las gigantes frases que abren y cierran en disco, me paraliza una ráfaga de magia, poderío, fantasía y fuerza que hasta el día de hoy me emociona hasta los nervios.

Tales From The Twilight World es de esos discos que tuvieron una influencia tan fuerte en mí que, después del concierto vivido en Chile el 2002, mi vida se sumió durante dos semanas en una especie de vacío, como si todo hubiese dejado de tener sentido. Me demoré tres días en volver a la realidad, el concierto había sido un domingo y recién el miércoles me aparecí en la universidad, yendo en la 638 de regreso a clases escuchando el CD, tratando de pensar qué haría con mi vida de ese momento en adelante, ya que mi meta de ver a Blind Guardian en vivo se había concretado y con mucho éxito. Es más, antes, en el colegio, había decidido estudiar periodismo para quizás algún día hacer una revista metalera, una página web (lo que era muy moderno en este tiempo), y así codearme con los músicos que admiraba, entrevistarlos, abrazarlos, agradecerles, decirles que eran los mejores, cuánto me gustaban sus canciones, etc. Y el 2001 entré a la PowerMetal.cl, pensando que gracias a la página podría conocer a Blind Guardian si en algún momento llegaban a Chile, por lo que me esmeré con reportajes, reviews, una biografía y uf, completando la discografía que me faltaba, con CDs como Tokio Tales (1994), Follow The Blind, Battalions Of Fear, The Forgotten Tales (1996), después el single de Mirror Mirror (1998), el de And Then There Was Silence (2001) y el álbum A Night At The Opera (2002).

Así, cuando en el show de Sonata Arctica en el Providencia, un tipo de la producción dijo a través de los parlantes que traería a Cradle Of Filth, y más tarde, “por fin en Chile… ¡BLIND GUARDIAN!”, miré a mi amigo MTWebmaster y entendí que el tiempo había llegado, que sólo había que empezar a contar los meses hasta el 18 de agosto para ver a los Bardos.

Pero de antes, de mucho antes que comprara el Imaginations y el Tales (los busqué desde el Persa hasta el Eurocentro), de mucho antes que siquiera escuchara una simple nota, sentía que Blind Guardian sería una de mis bandas favoritas. Ya me gustaban y harto, todo, por una edición ’96 de la HeavyRock española, que venía con entrevistas a Helloween por el The Time Of The Oath, Bruce Dickinson por Skunkworks y James Hetfield por el Load, donde había un aviso a página completa publicitando el lanzamiento de The Forgotten Tales. Aún recuerdo lo alucinadísimo que quedé con la portada de ese compilatorio, con el guardián ilustrado por Andreas Marschall, con el logo del grupo puesto en un papiro, y con todas las pequeñas carátulas que salían abajo promocionando el catálogo de los discos, en especial los artwork de Somewhere Far Beyond (1992) y Follow The Blind. Me atraía mucho lo fantasioso, ¡pero no tenía ni la menor idea que podía mezclarse con el metal!

Por eso el tercer trabajo de Blind Guardian es tan importante en lo personal, ya que después de ver tantas imágenes, portadas, dibujos, reseñas, etc., la música y los ambientes de Tales From The Twilight World eran justos los que me había imaginado en mi larga espera por conseguir algún material de ellos: garra, velocidad, magia, melodía, energía… todos, conceptos que unidos jamás habría podido explicar antes de escuchar temas como Traveler In Time y Lost In The Twilight Hall, dos de los que me dejaron más impactados la primera vez oí el CD. Nunca me olvidaré de la impresión que me causó la primera pista con sus coros iniciales, que me parecían oscuros, olientes a un bajo mundo pero hechizantes, o el mismo estribillo de traveler in time, knowing that there’s no rhyme, que tantos recuerdos me trae de unas vacaciones en Villarrica donde apenas vi el sol, pegado equipo de música con ese álbum. Los leads me parecían maravillosos, escritos con cuidado, como si fueran líneas vocales alternativas. Ni idea quién las tocaba, si André Olbrich, si Marcus Siepen o los dos, ¡si ni siquiera era capaz de asociar el nombre con las caras de los integrantes (pensaba que Hansi era Thomen, y me imaginaba al último cantando en estudio)! Pero no me interesaba, porque ahí en ese segundo clave, lo hallaba simplemente notable.

Con Lost In The Twilight Hall, en especial por la aparición especial de Kai Hansen, sentía que Blind Guardian se identificaba con el movimiento melódico del metal germano pero que, al mismo tiempo, unía piezas para algo que ninguna otra banda alemana contemporánea entregaba. Sentía que el grupo era parte de algo revolucionario, escondido pero relevante. Leyendo el booklet, me llamó muchísimo la atención que el álbum fuera del ’90 y no de un par de años antes junto con los Keeper o los primeros de Testament, por dar un ejemplo. Traía una etapa “anterior” a cuestas, pero se perfilaba hacia algo muy emocionante, que sólo se podía escuchar acá.

Otra canción que me fascinó de inmediato fue Tommyknockers, con extrañísimos leads que me recordaban a un órgano, un violín o cualquier instrumento centenario, dentro de una composición veloz, afilada, rabiosa, de un aura indescriptible. Fue interesante enterarme, muchos años después, que Hansi Kürsch había quedado muy contento con su resultado, pues creía que era el que mejor definía el estilo del grupo. ¿Por qué entonces no sobrevivió en giras posteriores al lanzamiento ni tampoco se convirtió en un clásico importante? La memoria colectiva metalera y la misma banda se quedaron con Welcome To Dying, segura en los setlist, gritada por los fanáticos, y con justicia, porque es probable que sea la pieza más redonda de todo el material, la más compacta. Es imposible no sentir un mazazo cuando Hansi canta close to insanity encima de ese ataque de guitarras y batería, que después intercalan melodías, leads y coros inmortales ante el oído de todos los seguidores.

A final de cuentas y ante tanta maestría espontánea, Tommyknockers se ve un poco relegada en la lista, pero en ese tiempo, ¡qué manera de andar gritando Tommyknockers back at your back door por la vida! Sentía que la pista siguiente, Altair 4, era como una especie de “secuela” de dicha canción, por el parecido de esa melodía principal adornada con recreaciones de un mundo tétrico, hacinado, oscuro y subterráneo, lleno de criaturas despreciables, desgracias y desquiciadas, tal y cómo se ilustraba en la genial portada. Y después… The Last Candle… uno de los que siempre se pelea mi sitial de tema favorito de Blind Guardian. No vale mucho la pena describir un corte conocido, diciendo que es el del guardian, guardian, guardian of the blind, del somebodies out there y todo eso… para mí, esta canción es el himno perfecto para los juegos de rol de fantasía y punto, empezando por uno cualquiera de mesa que tenga dragones, hechiceros, gnomos y fuego, hasta los que con sus gráficas se chupan toda la memoria de la tarjeta de video. En serio, no hay nada mejor, pero nada mejor en este planeta, ¡que poner este track de fondo mientras vas matando orcos y enanos los peligrosos túneles de Neverwinter Nights! Corrupted old gnom, betrayer of all, you know so much about all, what is your price? «Too much, too much… you cannot pay with your silver and your gold. There’s just a little chance to save the wizard’s life, there’s just a little chance for all you fools!, now pay!». Adentrarse en la guarida de los hombres-lagarto al son de The Last Candle para salvar a Puerto Final, ¡es lo máximo!

Además, la ironía de la vida es el solo de The Last Candle. Es el único (a mí entender) que toca Marcus Siepen en la discografía de Blind Guardian, ¡y es el que más me gusta de todos!, ¡por encima de cualquiera de André Olbrich! Son sus melodías, su cadencia, el momento en que aparece, la dinámica que genera, ¡una pieza maestra! El 2002 me atreví a preguntar por qué no interpretaban esta canción en vivo y Hansi respondió que sí la habían colocado una vez en la gira del Nightfall, ¡pero que la gente no había respondido! Por eso, me dejó sorprendido su inclusión en el DVD Imaginations Through The Looking Glass (2004), convirtiéndose en uno de los instantes mágicos de aquel festival.

En Tales From The Twilight World se nota una energía muy vigorosa, que quizás lo transforma en el álbum más intenso y sin respiro en la carrera de Blind Guardian. Sin embargo, su minuto de pausa es tan especial que brilla por sí solo, sin dañar la línea punzante del resto del material. Me refiero a Lord Of The Rings. Antes de escuchar este tema, jamás había oído en mi vida nada acerca del anillo, de Mordor ni de Sauron, y me emociona que Blind Guardian me haya hecho conocer el mundo de El Señor de los Anillos con estas letras de sólo tres minutos. No fue hasta que salió Nightfall In Middle Earth que me puse a leer los libros, pero Lord Of The Rings fue la obra que me introdujo a todo este universo, con un tema escrito cuando los mismos integrantes se estaban introduciendo en él. Las guitarras limpias de Siepen no capturan las atmósferas juglarescas que sí encerrarían The Bard’s Song o A Past And Future Secret en el futuro, y Hansi Kürsch se equivoca en la traducción del alemán al inglés en seven rings to the «gnoms» in their halls made of stones, cuando la palabra correcta es dwarves. En ese tiempo, el bajista/cantante aún no se aventuraba en leer libros que no fueran en su lengua materna, el alemán, pero esa simpleza, inocencia y honestidad pura, hacen que el cuarto track de Tales From The Twilight World sea tan mágico. Blind Guardian “corregiría” la obra con la versión de The Forgotten Tales, aunque en fin, la imagen más viva que tengo del show del 18 de agosto del 2002 en Santiago, es esa cuando el público en cancha empieza a saltar con la batería de slow down and I sail on the river, slow down and I walk to the hill, esa misma que no la agregan en la segunda versión… dicha parte es EXTRAORDINARIAMENTE MARAVILLOSA, y tanto en el disco como en un concierto, se puede decir por qué.

Cada vez que escribo algo sobre Blind Guardian, me voy con la sensación de que las palabras quedan cortas, que no le hago justicia no sólo a cuánto me ha marcado esta banda, sino a la misma banda. Tanto me gustaría decir y agradecer que pienso que un disco no es suficiente, que una oportunidad de verlos en vivo no es suficiente, y que mientras más conozco al grupo, más pequeño me siento ante su música, su mensaje, su identidad. Sólo espero que al juntar todo lo publicado sobre Blind Guardian en estos años, uno pueda sumergirse entre las líneas y descubrir ahí la definición más pura de los bardos. Tales From The Twilight World no es más que una pieza, importante, pero sólo una pista al fin y al cabo. En la evolución está su riqueza, y a la vez su mayor rompecabezas. Es una banda con álbumes interconectados entre sí y únicos al mismo tiempo, con muchos mundos construyendo un cosmos asombroso, ¡y adentrarse en él es una maravilla!

Podríamos hablar de la batería de Thomen Stauch, de cómo se revela su estilo incomparable en esta placa, virtuoso aunque poderoso, lleno de platillos, tambores y juegos de bombo. Podríamos meternos en lo técnico y desmenuzar el sonido speed melódico de Kalle Trapp. Podríamos rescatar Goodbye My Friend, que se me iba entre tantos recuerdos, o el bonus del CD, Run For The Night en vivo. Incluso, podríamos detenernos en el tremendo trabajo vocal de Hansi Kürsch, que no sería más que un vigoroso adelanto de todas las maravillas por venir. No obstante, a estas alturas, prefiero terminar con un gracias, un gracias por el álbum y por el grupo, que cada vez que hablo de él me pongo ansioso, alegre y nervioso, haciendo que las palabras corran más rápido que las teclas y no sea capaz de transmitir todo lo que pasa por mi mente. Esas son las ráfagas que hacen de Blind Guardian mi banda favorita.

La última vez que un disco de Blind Guardian me dejó mal y con ganas desesperantes de volver a presionar play fue hace mucho tiempo.  Para ser exactos: el año 1999, cuando –con algo de retraso- conseguí aquella obra fundamental del Metal llamada Nightfall in the Middle Earth (1998).  Después de escucharlo infinidad de veces sólo me quedaba esperar a que la banda sacara otro disco igual de bueno o mejor. Tuve que esperar larguísimos tres años para tener una nueva oportunidad de vivir semejante experiencia; sin embargo mi deseo no se vería cumplido ese 2002 con A Night At The Opera.  Me apuro en hacer notar que aquella es una placa de gran nivel y que de hecho me gustan varios de los temas incluidos en ella. Sin ser el mejor disco del Guardián, es algo que ya se quisieran muchas otras bandas. Luego de eso pasaba el tiempo y no había señales del nuevo disco de Blind Guardian. A decir verdad, la espera se hacía eterna, pero de pronto se anuncia la salida de A Twist In The Myth, y con ello se gestaban las expectativas de miles de fanáticos alrededor del mundo. No sé qué opinión tendrán ustedes de aquél disco, pero yo lo esperé con ansias por cuatro años y no fue precisamente lo que estaba soñando. En fin: así la espera por escuchar algo digno de comparar en -cuanto a grandeza- con Nightfall in The Middle Earth se prolongaba aún más. Y lo peor: No había forma de saber por cuánto tiempo.

¡Era que no! ¡Otros cuatro años habría que esperar! Como ha sido la tónica con los últimos cuatro discos. Hoy al fin podemos escuchar aquél último registro de la que es (según mi parecer) una de las bandas más grandes que han existido en la historia de la siempre. Señoras, señores: At The Edge Of Time ya está acá. Toda la monserga anterior es simplemente para ilustrar el hecho de que, al menos yo (e imagino que muchos de ustedes también), he esperado este disco con muchísimas ansias. Mientras esperaba el lanzamiento, escuché un poco para revivir viejas glorias, lo que sólo aumentó mi fe en este disco más que en Dios. Imagino lo que deben estar pensando: “¡Pero este loco es tonto! Un disco no se puede evaluar por comparación. Nunca habrá un disco como NITME. Los discos son únicos e irrepetibles”. Créanme: lo sé. No espero que este disco suene igual a lo que la banda ha hecho en el pasado. No. Sólo espero que At The Edge Of Time llene de magia mis oídos tal y como lo hicieron sus hermanos mayores. Sólo eso. Y pues bien, si bien este review no dejará nunca de ser algo más que una opinión personal (de un fanático, vale la pena aclararlo desde ya), imagino que a más de alguien va a representar. (Advertencia: en mi afán por escribir algo medianamente decente, he hecho a un lado cualquier posibilidad de resumir y sintetizar).

“¡Pero qué…! ¿De verdad estoy escuchando a Blind Guardian?” fue lo primero que pensé al escuchar los primeros acordes de Sacred Worlds, la pista elegida como inicio de la placa. Se los digo, camaradas: pocas veces se puede escuchar algo tan magnificente y virtualmente insuperable como los 2:10 que dura el preludio de esta composición; a menos claro que se trate de una banda o artista que se dedique expresamente a aquello. En lo que iba de año, la mejor fase introductoria para un disco o canción se la llevaba por lejos la de The Wicked Symphony, de Avantasia, pero le ha salido competencia (en el mejor de los casos para Sammet, esto es igual de bueno). Incluso la mismísima War of Wrath de NITME se estremece ante este soberbio pasaje. Mezcla de Hans Zimmer, George Gershwin y Rhapsody en sus mejores momentos, el primer minuto y medio es puramente sinfónico, sublime y aplastante; luego se suma la percusión de  Frederik Ehmke y sin que te des cuenta ya están martillando las guitarras de Marcus y André. Son unos increíbles primeros instantes que se mueven con mucha agilidad hacia el primer verso. Luego escuchas la inconfundible, suave y portentosa voz de Hansi y no puedes evitar pensar: “Sí, demonios, ¡ESTO ES BLIND GUARDIAN!” Y desearías poder saberte la letra para poder cantar, pero falta para eso. Es una composición realmente complejísima, escrita en su totalidad por Kürsch y Olbrich. Está tan llena de detalles y plagada de cambios de ritmo y progresiones, que fácilmente podrías perderte, o encontrarla muy densa, pero si la vez como un todo resulta en una perfecta catarsis; una suerte de purificación liberadora de todo mal sabor que pudiera haber dejado A Twist In The Myth. En fin, ¡emoción al máximo! Un 10 de 10 para ella.

Hace un tiempo leía por ahí que para esta pasada, la banda había contratado los servicios de la Orquesta Filarmónica de Praga, con alrededor de 80 músicos participando, y no pude evitar pensar “¿Para qué tanto? ¿No será mucho?” Luego, y a medida que la banda iba colgando material de las sesiones de grabación en YouTube, me daba la impresión de que nada de eso era un despropósito y que todo finalmente valdría la pena. El punto es: Blind Guardian no ha escatimado en esfuerzos ni en tiempo y no se ha guardado absolutamente nada para este disco. Y así es como debe ser, ¡maldita sea!. Las grabaciones de este disco comenzaron en Noviembre del 2007 (¡!), desembolsaron mucho dinero para poder contar con lo mejor en tecnología y talento, todo para darle a los fans algo digno de su aprecio, y esa es la forma que hay que tener para trabajar. No sé ustedes, pero en lo personal, odio aquellos discos que algunas bandas lanzan sólo por cumplir con las demandas del sello. Dicho todo lo anterior, ¡mis más profundos respetos a los bardos!

La siguiente canción, Tanelorn (Into The Void,) viene a continuar algo que comenzó hace ya varios discos: la historia de Elric de Melniboné y la mítica cuidad Tanelorn. Ya en Somewhere Far Beyond(1992), con la canción The Quest For Tanelorn, (en rigor mucho antes, en Follow the Blind (1986) y con los temas Damn For All Time y Fast To Madness) Blind Guardian echaba mano a la literatura fantástica creada por Michael Moorcock, a su increíblemente complejo universo y a sus personajes. El tema habla de cómo Elric, el portador de la Stormbringer, sufre por no poder entrar a Tanelorn, y de cómo su malévola espada, que por cierto es la que le ha dado fortaleza (verán: Elric es un albino, de buen corazón, pero débil y medio pelmazo para la pelea, pero con la ayuda de la espada negra se vuelve más poderoso -y medio maligno-. Para que sea hagan una idea: es como Frodo cuando tiene el anillo, pero más brígido), finalmente se lleva su alma. La historia es muy compleja y extensa, pero yo se las resumo muy burdamente aquí para que sepan de qué va la canción. La calidad de la obra de Moorcock puede ser cuestionable (yo pienso que es buena, aunque sólo he leído dos libros de los nosecuántos que tiene, pero muchos dicen que es bastante mala), pero independiente de eso, en cuanto a lo lírico se puede afirmar que la canción saca partido al máximo de esos recursos ya proporcionados y viene a configurar, junto con el aspecto musical, una canción realmente buena. Por lo demás, resulta reconfortante escuchar a Hansi en tan buen nivel. Para algunos su nivel ha venido un poco a menos en comparación a hace 25 años, cuando empezaron siendo Lucifer’s Heritage, pero creo que eso sí es altamente cuestionable. Lo concreto es que el hombre tiene 44 años y lleva más de la mitad de su vida cantando al máximo de sus capacidades. Puede ser que su voz se vea un poco resentida en las giras, donde tienen que tocar prácticamente noche por medio, pero en la comodidad del estudio suena potentísimo. Tanto así, que el aspecto vocal es uno de los más destacables de este segundo corte. Es una canción con todo el sello de Blind Guardian: doble pedal a mil, líneas de bajo atronadoras, con algunos pasajes más calmos y melódicos, vocalización muy aguerrida (obvio), y el sonido inconfundible de las guitarras gemelas de André y Marcus (¡nueve discos sonando igual!). Tanelorn (Into The Void) es una muy buena canción, ¡sin duda!

Después de haber quedado con la euforia por los cielos, el sutil inicio en piano de Road Of No Release te trae brusca -pero placenteramente- de vuelta al suelo. Prestamente aparecen los redobles, las guitarras y las pistas de voces limpias. Interesante mezcla. Tanta cosa ocurriendo en tan breves espacios de tiempo, pero con tanta naturalidad. Noten cómo las composiciones fluyen con gran naturalidad, nada está puesto allí a la fuerza, lo que es un gran mérito hoy en día. ¡Adivinen! Sí, esta canción también está basada en la literatura. Peter Soyer Beagle (¡qué les costaba a los papás ponerle Sawyer!. Creo que por eso siempre escribe simplemente “S.”) es un escritor de Estados Unidos, relativamente conocido en la esfera de la literatura fantástica, y a cuyo haber hay historias realmente interesantes, como “The Innkeeper’s Song” por ejemplo (“The Last Unicorn” es también altamente recomendable, por si les interesa), que es la novela en la cual se basa el tercer corte del álbum. La historia es muy entretenida y vale la pena leerla. Sin embargo, con la letra de este corte alguna idea pueden hacerse. Pero volvamos sobre la música, que es lo que interesa, creo. Lo más interesante de la canción, y como ya decía, es que transcurre de forma muy natural desde un estilo propio de las baladas, con Hansi usando una voy muy clara y prístina, hasta un estilo propiamente Power Metal. En lo personal, me encantó esta canción.

Apenas cinco segundos del siguiente corte y uno se acuerda de por qué Blind Guardian ha sido a lo largo de estas últimas dos décadas una de las bandas que ha ayudado a definir el estilo que hoy nos convoca. Ride Into The Obesession es una explosión de Speed/Power/Heavy/Thrashy Metal, o como me gusta llamarle a mí: “una patá en los chocleros” (o en los incisivos, para los amigos que nos leen desde el extranjero). De inmediato uno retrocede algunos años y recuerda otros temas colosales como Into The Storm o Time Stands Still, lo que siempre es un buen indicio de calidad. Las orquestaciones sin concesiones son dejadas un poco de lado en pos de un Metal más directo, con doble pedal a toda velocidad y riffs en el mismo son; sin embargo, el coro se las arregla para sonar bastante melódico –pero a la vez poderoso-, una característica que se logra en gran medida con la gran cantidad de pistas destinadas para las voces. Sobre la temática de la canción no puedo más que decir hay que sacarse el sombrero ante Hansi y André. No es que ellos hayan creado el contenido, pero tienen el gran mérito de rescatar una de las batallas más notables de los últimos años y plasmarla en un fondo musical: The Dragon vs. The Dark Lord. La canción no es más que una especie de introducción a uno de los principales hilos temáticos de una de las novelas fantásticas más importantes de los últimos años, como es “The Wheel of Time”, del gran Robert Jodan (QEPD desde 2007). Y esto sólo puede ser una presentación, porque de ningún modo podrían abarcarse 15 libros en un poco menos de 5 minutos. Un temita de Blind Guardian siempre puede ser un buen apronte, pero les recomiendo leer la saga de la Rueda del Tiempo: para alucinar.

Pasamos de la literatura más fantástica (en todos los sentidos posibles) a un hecho de la vida real. Se los digo, amigos: un análisis mínimamente justo debiera posicionar a Curse My Name como una de las mejores baladas del Guardián. Olvidémonos por un segundo de la increíblemente hermosa melodía y prestemos atención a la letra. Hace exactamente 410 años nació en Escocia un tal Carlos, un tipo que por cosas de la vida terminaría por convertirse en Carlos I de Inglaterra (es que la historia de la monarquía inglesa da para todo, incluso para que un escocés sea rey). Por esos años el buen Carlitos era medio tirano y dictador, pero también estaba el Parlamento, cuyos miembros no querían para nada a Charly. Ya, igual esto es lata así que vamos con el cuento corto: el parlamento hace unas magias medias locas y finalmente derroca a Carlos y… ¡Lo ejecutan! Al tiempo después, uno de los escritores más grandes que hayan existido en la historia (no lo sabrán los fans de Symphony X) escribió un librito llamado “El ejercicio de los reyes y los magistrados”, para justificar lo que había pasado con Carlangas y defender las acciones del gobierno. Y bueno, Curse My Name trata sobre eso. Las primeras dos estrofas, por ejemplo, están escritas desde la perspectiva de John Milton, las siguientes son la voz del Rey, y así van intercambiándose hasta el final: ¡Notable! Pero no nos quedemos con la lección de historia solamente, por favor, pongan atención a los detalles: “El juicio se acerca, está al alcance de la mano. La farsa se acaba… Termina…” Y luego de esa terrible palabra… El sonido de la muerte, pero noten lo dulce que es. Luego el redoble de unos tambores sugieren la idea de que Carlos es llevado al estrado donde los condenados eran decapitados. Noten también qué tipos de instrumentos suenan en ese viaje: flauta (me parece que es Frederik quien toca) y violines, algo muy propio de Escocia, el hogar de Carlos. Es decir: todo cuidadosamente pensado. Lo digo sin temor a exagerar: tanto musical como líricamente, Curse My Name es una obra maestra.

¡Vamos por ese sexto corte! ¿Otra balada…? No, de a poco deja verse el hecho de que Valkyries no es una balada, pero tampoco un azote. Vamos a decirlo: esta puede ser la canción menos accesible del toda la placa, o bien, y para decirlo sin rodeos: la más floja. Tiene sus cosillas interesantes, como los solos de Marcus y André, así como el trabajo de Frederik, pero evidentemente no alcanzan a salvar la situación. Punto a favor al tratamiento del motif, que a estas alturas podría parecer trillado, porque hay como diez canciones (sólo en el Metal) que hablan sobre las valkyrias (ni hablar si ampliamos a otros géneros). Tiene un inicio prometedor, con ese efecto de lluvia, las guitarras acústicas y la voz nítida de Hansi, pero cuando entran las guitarras con sus riffs, uno se queda esperando una explosión (no necesariamente de velocidad, sino que bien podría haber sido de fuerza) que finalmente nunca llega. Más bien, se queda todo mayormente pegado en el mid-tempo, salvo por algunos muy breves pasajes. Hacia la mitad hay un intento de repunte, pero no alcanza a prender. Es algo más bien puesto allí para darle variedad al asunto. En fin, para mí al menos, Valkiries resulta totalmente prescindible.

Unos pocos párrafos más arriba hacíamos mención de John Milton y de una banda que utilizó su obra de forma prodigiosa para crear un disco soberbio llamado (al igual que la obra de Milton) “Paradise Lost”. Hablo por su puesto de Symphony X. ¿Recuerdan aquél temón llamado Domination? Pues bien, Control The Divine trata más o menos de lo mismo. Una vez que Lucifer ha caído a lo más profundo del Infierno, exhorta a sus camaradas caídos para que le apoyen y se levanten en contra de Dios para recuperar lo que es de ellos y todo ese cuento. Sin duda hay un repunte con respecto del track anterior, pues aquí las ideas parecen estar un poco más claras, pero vamos, que tampoco voy a decir que es EL gran tema del disco. Tiene un comienzo que pinta para bueno, con un gran trabajo de Frederik nuevamente y Oliver Holzwarth en el bajo, y con las guitarras anunciándose como protagonistas, pero es al llegar al estribillo (y quizás antes) cuando el tema evidencia cierta falta de punch.

Luego de dos canciones más bien en mid-tempo (y que en mi opinión quedan al debe) viene una balada (la segunda), y uno se apura en pensar algo como “Ojalá sea buena, porque si no va a ser como un bajón”. Bien, ¡nada de eso! War Of The Thrones es un temazo, y eso prueba que una canción no necesita ser a mil por hora para ser grandiosa, pues un coro inspirado (por ejemplo) puede hacer la diferencia. Abre todo con un bello momento, con la voz de Hansi y el piano (tocado por Mathias Ulmer), suavemente van a apareciendo las orquestaciones en cuerdas. Temprano en la canción aparece el estribillo, de tono más bien alegre y que contrasta con la melancolía de los versos previos y posteriores; contraste que por cierto enriquece mucho la canción. Luego las orquestaciones se toman el protagonismo, para terminar con unas líneas vocales que no sabes cómo definir: si alegres o melancólicas, y que por lo mismo resultan totalmente cautivantes. El corte es una suerte de tributo a la grandiosa saga “A Song Of Fire And Ice”, de George R. R. Martin. Creo que lo que la banda intentó hacer fue dar cuenta de la mayor parte de las temáticas que componen la saga. Ahora bien, son 7 libros (5 ya publicados), bastante complejos y extensos (de entre 700 y 800 páginas, dependiendo de la edición), así que tal tarea no es sencilla. Pero bueno, se nos habla de las guerras civiles por conquistar Westeros, de los Otros, que habitan más allá de los inmensos muros de hielo del Norte, de los dragones que habitan al este y la lucha de Daenerys por retomar lo que por derecho le pertenece (el trono). En fin, se cuenta la historia en general, creo yo, y no alguno de los tantos conflictos particulares. Una pieza maravillosa, que se erige como una de las más notables de toda la placa.

A estas alturas A Voice In The Dark debe ser una de las canciones más conocidas de la banda, a pesar de no tener más que unos meses. Su intro se ha usado en todos los videos que la banda publicó para mostrar los avances que iba teniendo el disco, sin mencionar el hecho de que se convirtió en el single, con video promocional y toda la cosa. Siendo así el asunto, para nadie es secreto que A Voice In The Dark es un temón. Con un sonido más cercano a lo que uno consideraría más propiamente “clásico” en Blind Guardian, esta canción tiene todo lo que se puede esperar de ellos. Velocidad, fuerza y líneas vocales gancheras. Junto con Tanelorn, podría decirse que bien podrían haber figurado en el tracklist de discos como Somewhere Far Beyond. Al igual que la pista anterior, A Voice In The Dark es tributaria de “A Song Of Ice And Fire”, pero acá la temática está mucho más focalizada, pues trata la historia de Bran Stark, personaje con una de las historias más interesantes del libro.  La canción habla de las profecías que el cuervo de tres ojos le presenta al pequeño Bran mientras está en coma, y de cómo éste finalmente se da cuenta de que posee un don. Habla también acerca de las acciones (un viaje) que Bran toma para poder dar con el cuervo. No les cuento más por si algún día leen la historia.  De todas formas, la canción no da muchos detalles, y deja mucho para que el fan/lector descubra por sí mismo. Una composición de altísima factura, en todas sus líneas. En ese sentido, hubiera sido épico que el video tuviera más relación con la historia que motiva la canción, pero no es tan así (de todas formas, en el booklet se puede ver una imagen preciosa, con Bran, Summer -su lobo amigo- y el cuervo de tres ojos).

Lamentablemente ya estamos llegando al final de este fabuloso viaje a través de la, música, la literatura y la mitología, y para el cierre ha quedado reservada Wheel of Time, toda una vuelta a la apabullante grandeza con que arranca el álbum. ¿Dije antes que en este disco no se ocupó ningún sintetizador para las orquestaciones? Bueno, si lo dije, vale la pena repetirlo y tenerlo presente al momento de escuchar los prodigiosos pasajes filarmónicos de esta canción. En el comienzo y también hacia la mitad, hay unos momentos en los cuales se viaja directo a Medio Oriente, con sonidos de violín y percusión propios de esas tierras. Por cierto, dichos sonidos se grabaron allá, más precisamente en Estambul, Turquía, lo cual es digno de destacar y se agradece un montón. Ya está dicho: este álbum es de un esfuerzo tremendo por parte de la banda, y eso se refleja en los incontables detalles que hablan de un cuidado y una preocupación sin parangón. Se trata de un track bastante largo, el segundo más largo después del inicial (que por cierto es una apuesta muy interesante), pero la verdad a mí se me hace corto. Podrán notar que tiene en realidad dos coros, y que hacia el final se cantan ambos, toda una exquisitez. Y bueno, es evidente que Wheel of Time está basada en la saga del mismo nombre que mencionábamos más arriba. Habla de forma muy general acerca de algunas características de esta Rueda del Tiempo y de la fuente de poder que la hace girar. Habla también de la imposibilidad de que el hombre llegue alguna vez a controlarla, porque de hecho, es ésta la que les controla. ¡Gran, gran canción! Llena de detalles y magia.

Puede ser que At The Edge Of Time tenga algunas canciones mejores que otras, pero lo cierto es que, mirado todo como un conjunto, como un concepto, no admite otro veredicto que no sea el de “¡Discazo!” Vuelvo sobre la noción de preocupación que mencionaba líneas atrás: Son años de pensar y buscar la mejor forma de llevar a los fanáticos una obra de arte digna, y creo que se ha conseguido con creces. La mayor riqueza de este disco está, quizás, en el contenido lírico de las canciones que lo componen. Es cierto que Blind Guardian no ha creado prácticamente nada de aquello que cantan en este disco, pero la forma en que la prosa se vuelve verso y música es algo que sólo ellos pueden hacer con tanta clase y magia, y ese sí que es un mérito enorme. El hecho mismo de acercar obras literarias a muchos jóvenes que quizás no tienen los medios para acceder a ellas es ya un mérito, por lo cual hay que agradecer. Se podrá ver que soy fan acérrimo de estos bardos, pero así como encontré bastante bajo el registro anterior, creo que At The Edge Of Time se encuentra a la altura de grandes clásicos como Somewhere Far Beyond y Nightfall In The Middle Earth. Como se podrá apreciar, su valor no está sólo en la música sino que también en las letras, y de eso se ha intentado dar cuenta acá. No se puede hablar del valor de este disco sin entrar en un análisis, aunque sea mínimo, de su aspecto lírico.

Cuando una banda del porte y la importancia de Blind Guardian, lanza una nueva producción, toda clase de conjeturas y análisis se hacen con respecto a su nueva propuesta musical. Debo reconocer que en primera instancia, y como fanático acérrimo de la época dorada de los bardos, me equivoqué con el análisis de este disco, que de por sí es dificil de digerir y que más encima, alimentado por esa infinita sed de mas «Imaginations from the Other Side» o «Follow the Blind», hizo que juzgáramos a priori a este disco como fome, o simplemente “más de lo mismo” y aunque algo de verdad hay en aquellas palabras, una vez que se analiza el disco con el debido cuidado, nos encontramos con un mundo que resulta interesante de descubrir.

Para nadie es un secreto que el sempiterno baterista de los bardos: Thomen Stauch, dejó la banda por diferencias irreconciliables en su percepción del sentido y el destino musical, que la banda había tomado y debía tomar, y eso es claro al oír los proyectos de Stauch fuera de la banda. Por lo tanto, nadie podría de verdad haber esperado un disco de Blind Guardian con el sonido clásico de Imaginations o incluso mas atrás aún en el tiempo.

Este A Twist in the Myth es un disco bastante menos “espeso” o “pomposo” que su predecesor, mas bien algo más básico si se le quiere llamar así, sin que eso signifique que volvamos a los maravillosos momentos de Follow the Blind. Con respecto a si es mejor compositivamente hablando que A Night at the Opera, eso siempre es discutible, pero desde mi perspectiva, este nuevo disco no es mejor que su antecesor.  Es prácticamente un A Night at the Opera parte dos, solo que como decíamos antes: menos majestuoso, donde los Punishment Divine o los Soulforged ya no tienen cabida, pero que sigue una línea de composición que no hace mas que ratificarnos que el camino de Guardian definitivamente cambió. Es el mismo Hansi Kursch quien ha dicho en reiteradas ocasiones que ni aunque el mismo lo quisiera, podría componer otro Imaginations, yo personalmente no lo creo tan así, y la muestra viva de aquello es el mencionado Thomen y sus proyectos personales, pero eso es harina de otro costal.

El disco abre con THIS WILL NEVER END, que tiene un comienzo de esos que hace tiempo que no nos emocionaban tanto en un disco de Blind Guardian, mas aun cuando se trata del primer track y las expectativas del oyente en este instante siempre son altísimas. La evolución de la canción y el coro son sencillamente de lujo, y esas armonías tan comunes en Guardian y llenas de emoción nos acercan a su época dorada aunque sea por unos instantes. Ya con OTHERLAND comenzamos a sorprendernos con este disco, por algunos pasajes recuerda a Nightfall; ya que es un tema en si muy complejo, multifacético, que aprovecha el destacado sonido del disco para llenarse de matices. Es un tema completamente alejado del opening en términos de toda su estructura, y ante el cual no se tienen puntos medios, o entra en tu mente de inmediato o lo odias.

TURN THE PAGE es el tercer tema del disco, y en esta ocasión la cercanía con A Night es más que evidente; pero no nos equivoquemos, no es que busquemos a través de este analisis “empatar” cada tema del disco con una época determinada de la vida del grupo, pero a mi por lo menos me da la impresión que el camino que desean seguir no esta del todo claro, a un nivel mas macro se puede diferenciar a primera vista cuales son los elementos que marcan la pauta y cuales son los que no volverán, pero cuando lo escuchamos mas en detalle, nos queda claro que el nexo con el pasado no esta tan roto como el mismo Kursch nos quisiera hacer entender; Este tema es muy distinto a los dos anteriores, un coro muy clásico, muy Blind Guardian, pero cargado con esa pomposidad manifiesta de A Night at the Opera; un tema que podríamos catalogar mas coloquialmente como “feliz”.

FLY es un tema que ya habíamos tenido la posibilidad de oír en el lanzamiento hace un tiempo ya, del EP promocional de este disco, y que encaja con la propuesta general de esta producción, la canción es bastante rockera y las guitarras toman el protagonismo de la canción a cada momento, siendo precisamente estos pasajes donde la canción alcanza sus puntos máximos. De lo mejor del disco. El disco sigue con CARRY THE BLESSED HOME, la que viene siendo la lógica pausa en la mitad del disco, es un tema mas bien aletargado que solo cuenta como valor agregado con esa enorme potencia en la voz de Hansi, pero que sin él, el disco no perdería absolutamente nada. Uno de los puntos más intrascendentes del disco.

Con ANOTHER STRANGER ME, el disco vuelve a subir en calidad e intensidad, con un estilo mas parecido al de FLY, mas enfocados en el riff y con esos coros tan propios de los germanos. Es un estilo de canción que hubiésemos esperado que se repitiera un poco mas, pero que al ver su video promocional nos hace entender muchas cosas sobre este “nuevo” Blind Guardian, los bardos tocando completamente vestidos de etiqueta; como indica el nombre del disco, estamos ante un giro  en el desarrollo de este mito, donde la zapatilla y el cuero al parecer están cada vez mas en el pasado. En este sentido Kursch y cía parecen tener suficientemente claro que lo que ellos quieren para el desarrollo de su música no necesariamente será lo que los fans esperarían, o sea son plenamente consecuentes con su propio estilo y visión de la música, no me imagino a Hansi estrujando su cerebro en pos de componer algo que no sea lo que le nace pero que seria lo suficientemente “old” como para reconquistar a los admiradores de Batallions of Fear. Guardian es Guardian y eso no solo hay que entenderlo por obvio que parezca si no que también hay que respetarlo.  Todos sabemos que propuestas musicales hay en el mercado para suplir esa hambre de sonidos más antiguos, por lo que la decisión de aceptar o no este nuevo giro sigue estando en cada uno de nosotros.

STRAIGHT THROUGH THE MIRROR es un tema clásico de Blind Guardian, entendiendo clásico como pleno de elementos representativos y característicos de los bardos: es decir, un coro exquisito y unos riff que se escapan a ratos para erizar los pelos, a veces a medida que se va escuchando el disco, uno va deseando que estas guitarras tomen esas libertades mas seguido, pues cada vez que se “toman” una canción, lo hacen para engrandecer cada tema y el disco como promedio. En lo que respecta a LIONHEART, es otro tema cien por ciento sonido A Night, un tema mas bien intrincado, que no posee demasiados elementos dignos de destacar, aunque eso siempre esta sujeto a la propia percepción de cada uno, muy probable es que aquellos que disfrutan de la complejidad en los temas o son mas amigos de los sonidos un poco mas “prog” prefieran este corte a ANOTHER STRANGER ME, por ejemplo, pero a mi por lo menos me suena un poco fuera de este disco.

¿Que podemos decir de SKALDS AND SHADOWS?, Recuerdo que la primera vez que lo escuché en el EP, pensé que estábamos en presencia de un nuevo Nightfall, el olorcito a tierra media y a mundo “tolkieniano” se hace tan evidente en este tema que emociona. Un tema de esos para cantar en vivo con toda la multitud, al más puro estilo de THE BARDS SONG. THE EDGE por su parte, es un gran tema, pero que creo que se vio afectado por la producción del disco, que si bien me parece mas bien destacada y que logra un gran sonido para el disco, con este tema se equivoca pues suena algo “apagado” u “opaco”. El final del disco cae con THE NEW ORDER, que poco o nada tiene que ver con otros endings de gran nivel como AND THEN THERE WAS SILENCE o cualquier otro de una producción anterior, me parece una lastima que este disco termine con una canción tan fome, mas bien bajita y de regular nivel, y que hace que echemos de menos algún final mas a la altura de un disco que tiene momentos tremendos.

Entonces, y como conclusión definitiva podemos señalar que este disco es la continuación natural de A Night at the Opera, aunque con menos complejidad, que a ratos coquetea con sonidos del pasado pero sin asumirlos por completo como parte de la nueva composición y que Blind Guardian nos demuestra una vez mas que guste a quien le guste, tienen un estilo propio y siempre siguen sus propias convicciones al momento de componer. Un disco que desde luego vale la pena escuchar y sobre el que no me cabe duda cada fan tendrá una opinión muy distinta y personal, debe ser esa magia tan particular de los bardos que hace que en cada uno de nosotros pasen diferentes cosas.  En lo que a mí respecta, creo que es un disco para disfrutar plácidamente, pero donde el puño en alto y la piel de pollo quedan reservados para otros exponentes del mismo estilo.

En una temporada que podría ser recordada por el lanzamiento de álbumes en vivo de importantes bandas europeas como Running Wild, Kreator, Judas Priest, Edguy, y los venideros de Gamma Ray y Hammerfall, Blind Guardian también entrega su propia producción llamada «Live». Pero, ¿así no más? ¿Live? No entiendo. ¿¡Cómo un disco de Blind Guardian puede llamarse simplemente Live!? ¿Qué pasó con títulos como Tales From The Twilight World o Imaginations From The Other Side? Como si los bardos no hubiesen querido más después de meses de escuchar incontables versiones en vivo de sus temas grabados durante la gira… analizando, discutiendo, seleccionando, cuidando no filtrar ninguna pifia al resultado, etc., etc., y presionados por eventos que se venían encima como el Blind Guardian Fest, realizado en junio, del que extraerán imágenes para el DVD que lanzarán en el segundo semestre.

Lo que sirve más que un consuelo es que Blind Guardian vuelve a trabajar con ilustraciones de Andreas Marschall. No es necesario ver en el booklet la autoría de la carátula porque el arte, que muestra a un elfo, un enano, y otra a criatura al frente de una concurrida e iluminada taverna, escondida entre unos pasadizos, es más Marschall que nunca. Si hasta parece una toma desde el exterior del Black Hand Inn (1994) de Running Wild. ¡Y el viejo logo esta de vuelta! Una portada de Marschall no es un cliché, sino parte de Blind Guardian.

Además, Live sale en el momento preciso. Primero, porque ya han pasado diez años desde Tokio Tales; segundo, porque se lanza justo cuando más se puede especular y dudar sobre el performance de Blind Guardian en sus conciertos. Más que nunca se les puede acusar que son una banda de estudio más que en vivo por la complejidad del Nightfall In Middle Earth y, principalmente, de A Night At The Opera, que van mucho más allá de las capacidades de seis músicos en escenario. No es posible llevarlos a un show sin tener que adecuar notoriamente sus arreglos, aunque se podría decir que resulta «muy interesante» la oferta, escuchar como salen los temas más recientes. De hecho, son nada más que tres las canciones del ANATO que se tocan en el álbum, y cuatro del Nightfall. Pero hay que reconocerle a Blind Guardian que lo que hace a Live un muy buen álbum en vivo no es el tocar bien o mal esas canciones, que cada uno lo juzgue… va en su poderío, fuerza, variedad, emoción, magia, por el mundo que la música invoca… ¡Por el sonido! Quizá por estas dudas es que el disco se llama Live, para demostrar que Blind Guardian es un grupo completo, full time, perfeccionista en estudio y apasionado en vivo, que saben cómo traspasar El Silmarillion con toda su alma a un disco, maravillosamente, y también cómo dar un gran espectáculo en los tours.

Aunque eso no quita lo fome y lo cómodo del título…

Live reúne en dos cedés los cortes que, para la banda, fueron los mejores momentos de la última gira mundial de nueve meses, la que incluyó por primera vez nuestro país… Lo siento, no hay temas del concierto de Santiago, como tampoco de los brasileños… ley pareja no es dura. Son 21 canciones sacadas de recitales hechos en Alemania, España, Italia, Estocolmo, Moscú y Tokio. No se trata del registro de uno o dos conciertos en un lugar fijo, como lo fue Tokio Tales. Y a esto había que llegar porque los dos discos en vivo son muy diferentes, partiendo en que sólo coinciden cinco pistas en ambos. El primero, grabado en Japón durante el tour de Somewhere Far Beyond, no da respiro en ningún segundo. Se seleccionaron puros temas endiabladamente acelerados, todo un vacilón, pero esa constancia a través de la grabación la hacen cansadora la verdad después de tanto oírlo. Innegablemente faltó The Bard’s Song ahí. Siempre ha sido tal mi opinión acerca de ese disco. Ahora Blind Guardian Live goza de variedad, de mucho más colorido, diferentes ánimos, estados, atmósferas, audiencias… temas antiguos, nuevos, con explosiones de pasión como en Into The Storm, de energía en Welcome to Dying, la magia de Nightfall y Lord Of The Rings, momentos de intimidad en In The Forest, la sofisticación de Under The Ice y Imaginations From The Other Side, las dolorosas, agitadas Mordred’s Song y Bright Eyes, la sencillez y potencia de Valhalla… y podría seguir.

Hay especial atención al Imaginations From The Other Side, al parecer, como dijera alguna vez, el álbum favorito de los bardos para tocar en vivo. En realidad así le sacan muy buen provecho a los temas que no existían antes de salir Tokio Tales y de lo que han aprendido en estos diez años. En contra de todo pronóstico, la versión que más me impresionó fue la más antigua de todas las que aparecen en el disco… ¡Majesty! ¡La vieja y conocida Majesty! No soy un decepcionado ni crítico para nada de los últimos trabajos del grupo, y quizá para alguno el sonido es demasiado claro para estas canciones más bien sucias, pero el escuchar este clásico de Blind Guardian tan sólido, con el tremendo vozarrón de Hansi, con las armonizaciones de los coros mejoradas, como la banda sabe hacerlas ahora, es un deleite.

La versión de Majesty es otra prueba de cuánto han crecido al percatarse cómo suena hoy. Me pregunto entonces… ¿Por qué no se atrevieron con más clásicos? Run For The Night, Traveler In Time, mi siempre pedida y nunca recibida The Last Candle… ¿¡Por qué no está Banish From Sanctuary!? Pensaba que era un imprescindible en sus setlist… Una pena porque el poderoso sonido les permitía darles nueva vida. En el CD 2 hay varios minutos de aplausos y vitoreo del público… por tiempo no había problema en colocar otro tema, y si lo hubiera existido, la balada Harvest Of Sorrow pienso que está de sobra, por ser un lado B al que no le han dado un lapso suficiente para transformarse en una canción de culto, difícil de conseguir. Sobre And Then There Was Silence, ya habrá posibilidad de verla en el DVD próximo…

La mezcla estuvo a cargo del archidemandado productor Charlie Bauerfeind, the pro of the pros según Andi Deris de Helloween, responsable del Rabbit Don’t Come Easy, Crimson Thunder de Hammerfall, los de Rage Unity y Soundchaser, del A Night At The Opera mismo. Junto con Jim Morris (Iced Earth, Death, Control Denied), Fredrik Nordström (Dark Tranquillity, Dream Evil), Bauerfeind es hoy el productor de Metal con más prestigio que existe. Gracias a él, quien sabe cuáles perillas ajustar y botones apretar, Thomen Stauch se luce como nunca en este disco (y eso que no hace solo) ya que su batería suena más prominente, la presencia de los bombos es más notoria a lo escuchado hasta el Nightfall, una ecualización más moderna. Sólo escuchar Welcome To Dying, Valhalla, Mirror Mirror. Es un espectáculo que por mala fortuna no se pudo ver acá en Chile.

Por cierto, el disco es un buen reflejo de lo que Blind Guardian mostró en Chile y toda la gira por seguro. El orden y selección de temas no difiere en gran medida con el set list de Santiago, se escucha a Hansi Kürsch tan conversador y comunicador como siempre, aunque el que varias veces hable en alemán hace que la mayoría no se entenre lo que está pasando.

Para los fanáticos está disponible un tercer disco, el que iba a ser lanzado como bonus pero, quien sabrá por qué razón, no fue posible editarlo, por lo que se puso en formato mp3 en la pagina oficial de Blind Guardian. Live Outtakes se trata de una especie de «lo que no se vio» de la gira, una colección de pifias durante canciones, diálogos y chistes de Hansi, o versiones tremendas, como la de Valhalla, que no quedaron en la selección final porque no se grabaron con los equipos adecuados, lo que los hace sonar como bootlegs. Acá tampoco hay tomas del concierto en Chile… la verdad, ni siquiera se registró el show, ni en ocho pistas… pero sí en Brasil, en Sao Paulo. Aparece Into The Storm, se siente al público muy prendido, pero con una calidad en que apenas se distingue.

Hartas fotos en un booklet de Blind Guardian… Extraño, ¿no? Los bardos siempre han sido algo mezquinos a la hora de colocar imágenes de la banda o miembros en sus diseños.

Aún falta por escuchar el Skeletons In The Closet de Gamma Ray y el próximo en directo de Hammerfall, pero no me sorprendería que el Live de Blind Guardian termine como el mejor disco en vivo del año en Heavy y Power Metal. Cautivante a todo momento, colorido, con un sonido privilegiado, con canciones más que dignas de su estándar, un espectáculo. Muy importante: Blind Guardian sigue siendo Blind Guardian. En este álbum doble se recorre toda la discografía de los alemanes y, aunque cada una de esas siete placas tiene su propio argumento y ser, estos 21 temas juntos suenan bien, en concordancia, provenientes claramente de una sola fuente. Punishment Divine, al lado de Journey Through The Dark, no está descolocada. Hasta puede ser que a alguien le vaya a gustar más las canciones del ANATO en este LP porque suenan menos intrincadas que sus versiones originales. Y esa es la clave, un álbum de punta que destapa lo cadentes que en vivo son los, en estudio, ostentosos Blind Guardian.

CD 1

1. War Of Wrath
2. Into The Storm
3. Welcome To Dying
4. Nightfall
5. The Script For My Requiem
6. Harvest Of Sorrow
7. The Soulforged
8. Valhalla
9. Majesty
10. Mordred’s Song
11. Born In A Mourning Hall

CD 2

1. Under The Ice
2. Bright Eyes
3. Punishment Divine
4. The Bard’s Song (In The Forest)
5. Imaginations From The Other Side
6. Lost In The Twilight Hall
7. A Past And Future Secret
8. Time Stands Still (At The Iron Hill)
9. Journey Through The Dark
10. Lord Of The Rings
11. Mirror Mirror

A Night At The Opera ha sido el álbum de Power/Heavy Metal más esperado de los últimos años, lo digo sin temor a equivocarme. La suprema calidad de Nightfall In Middle Earth (1998), el largo periodo de tiempo que se toma Blind Guardian para entregar sus trabajos y el retraso particular que ha sufrido el lanzamiento del nuevo disco no han hecho más que elevar las expectativas de los fanáticos a niveles estratosféricos. Cuántas veces hemos tratado de imaginar lo que iríamos a escuchar en A Night At The Opera, cuántas portadas le hemos dibujado en nuestra mente –y cuántas veces nos hemos imaginado a Hansi cantando en el Teatro Providencia. Antes de que viera la luz, este Lp ya ocupaba un espacio en nuestro pensamiento.

Es por eso que el corazón se me aceleró cuando abrí la caja e inserté el CD en la radio. El momento esperado por tanto tiempo por fin había llegado. No obstante, al terminar la última canción, de inmediato me di cuenta que tendría que escuchar el álbum muchas veces más para descubrir lo que tenía dentro. Era demasiado como para tomarlo a la ligera.

La portada, en donde se ilustra una desordenada orquesta compuesta por un sinnúmero de criaturas con los más diversos instrumentos, advierte ante qué estamos: una impensada cantidad de cuerdas, percusiones, arreglos orquestales y corales que, a pesar de la delgada línea entre el éxito y el fracaso, logran ser entregadas en forma impecable y al unísono. De hecho, con todos los arreglos que encontramos en el álbum, a bandas como Gamma Ray o Grave Digger les hubiera alcanzado material suficiente para grabar cuatro o cinco discos, así de denso y compacto. No por nada los bardos se encerraron a trabajar junto con el productor Charlie Bauerfeind en los estudios Twilight Hall IV entre Octubre del 2000 y diciembre del 2001 para dar forma a este monstruoso proyecto.

Pasada la confusión inicial y después de escucharlo una y otra vez, comprendí que me encontraba ante una obra maestra de incalculable valor donde se redefinen conceptos tan recurrentes dentro del Power Metal como lo son la sofisticación y lo épico, muy bien acabado, preciosista y perfecto. En comparación con LPs anteriores, A Night At The Opera no posee el carisma de Imaginations From The Other Side (1995) ni la magia de Nightfall In Middle Earth, sino una identidad particular que lo hace ser un álbum único en su especie, nunca escuchado ni siquiera imaginado, ya que, a mi parecer, NINGUNA banda de metal épico ha logrado alcanzar los niveles a los que Blind Guardian llega con este disco.

Eso se debe al simplemente fenomenal trabajo de Hansi Kürsch en las voces. Haciéndole honor al título del álbum, logra transmitir un ambiente virtualmente operático gracias a los majestuosos coros que imprime en los temas. También por la primera guitarra de André Olbrich, con ese estilo de interpretar los lead breaks que ha transformado en su sello personal. Ayuda además el nuevo sonido que Thomen Stauch aplica a su batería, más moderno y menos “thrashero”,  y complementa con dulces toques de percusión. Y la base rítmica a cargo de Marcus Siepen –guitarra– y Oliver Holzwarth –bajo– es maravillosamente complementada por los teclados y orquestaciones, no al revés.

Sin embargo,  la excelencia del álbum se debe más que nada al valor en sí de cada una de las canciones. Ante un trabajo con composiciones de tal calidad –y cantidad de ella, toda palabra queda corta para describirlas. Si esperaba que en A Night At The Opera aparecieran canciones como Bright Eyes o The Last Candle, después de escucharlo varias veces, todo deseo de que la banda mirara hacia atrás desapareció por completo. Temas como Precious Jerusalem y Wait For An Answer, el inspirador coro de Under The Ice, el pegajoso riff de Sadly Sings Destiny, la poderosa Punishment Divine, la furiosa puesta en escena de Battlefield y mucho más… ¿cómo no quedar indiferente ante todo aquello? No hace falta referirse al And Then There Was Silence, tema de largo aliento que va directo a convertirse en un clásico del metal épico.

Con respecto a la temática de A Night At The Opera, a diferencia de Nitghtfall…, no existe un concepto que una a todas las canciones, pero es posible encontrar algunas pistas conectadas por un tema en común. Ese es el caso de Precious Jerusalem,  Sadly Sings Destiny y Punishment Divine, donde se habla de hechos bíblicos y religión. Asimismo, And Then There Was Silence y Under The Ice están basadas en la epopeya La Iliada de Homero.

Otros temas a los que Hansi recurrió esta vez fueron acerca de Galileo Galilei y su encuentro con el Santo Oficio a causa de sus descubrimientos científicos (Age Of False Innocence), oscuridad y desesperanza (Wait For an Answer) y la dolorosa distancia entre un trovador y su amada, The Maiden And The Minstrel Knight, claramente una canción romántica. Tampoco se olvidó de su inigualable estilo para referirse a lo épico: Battlefield y The SoulForged, esta última basada en la saga Dragonlance.

Ya que estamos hablando del trabajo letrístico, Hansi, a pesar de su reconocido talento a la hora de versar, cae en lo que se podrían llamar “muletillas”. It’s gone, pain, lost, forevermore, end, son algunas de aquellas palabras que se pueden encontrar repetidas a lo largo del disco. Además, varios de los tópicos mencionados ya los había utilizado en Imaginations From The Other Side. Por ejemplo, en Another Holy War y The Script For My Requiem se habla de religión en términos similares, Wait For An Answer posee la misma idea de Bright Eyes y And The Story Ends, mientras que Battlefield caracteriza la pugna hijo v/s padre que se muestra en Mordred’s Song, aunque en diferentes contextos. En conclusión, las letras son tanto o más sensibles y emotivas que las del pasado, pero Hansi no quiso innovar mayormente.

Por último, la edición NEMS de A Night At The Opera contiene el bonus track La Cosecha Del Dolor, versión castellanizada de la balada Harvest Of Sorrow, la cual se encuentra en el single And Then There Was Silence. Aquí Hansi, con una pronunciación poco afortunada, hace dúo con la voz que se escucha en Magos, Espadas y Rosas (1990) de Rata Blanca, Adrián Barilari. Harvest Of Sorrow también fue grabada en varios otros idiomas y las versiones serán incluidas como bono en aquellos países donde se hable la lengua.

Ahora bien, existirá un número de personas que se sentirá desencantada con el nuevo disco por varias razones: que Blind Guardian perdió poder, que es muy parafernálico, que carece de concepto general, que las guitarras pasaron a un segundo plano y otras cosas. Habrá gente que hubiera preferido escuchar algo similar a Somewhere Far Beyond (1992) o algo como relato de El Silmarillion en Nightfall In Middle Earth. A esas personas les digo que, al menos en lo que la música concierne, Blind Guardian nunca se ha caracterizado por repetir lo hecho en el pasado. De esta forma, la banda ha logrado que todos sus discos sean distintos y tengan una estampa única. Cualquier intento entonces de recapitular lo impreso en Somewhere… o repetir la fórmula de Nightfall… significaría un retroceso en la carrera musical de esta ya veterana banda germana que está más vigente que nunca gracias a su capacidad de sorprender e impactar  a sus fanáticos cada vez que se lo proponen.

A final de cuentas, A Night At The Opera es un álbum adelantado a nuestra época, tanto así que pasará algún tiempo antes de que podamos valorizarlo en su totalidad. Y cuando lo comprendamos al fin, Blind Guardian nos entregará otra obra para que nos volvamos a preguntar hasta dónde son capaces de llegar. ¡Gracias Blind Guardian!

No es mucho de lo que se puede hablar acerca de singles y EPs, pero este caso es diferente. Primero, porque se trata de Blind Guardian, una de las bandas con más prestigio en el metal europeo. Segundo, estos teutones se caracterizan por sacar discos en un intervalo de entre 3 a 4 años: por la ansiedad provocada por una larga espera, cada trabajo de Hansi & Cia. es altamente valorado por todos sus mas acérrimos seguidores, entre los cuales me declaro. Y tercero, Blind Guardian ha hecho algo totalmente insólito: lanzar como single promocional del futuro nuevo álbum, que saldrá en febrero próximo, un tema de catorce minutos de duración… ¡Catorce minutos! Es sabido que un single tiene la función de “atraer” a un público más general, y …And Then There Was Silence tiene de todo menos menos la propiedad de ser, lo que en términos periodísticos se denomina, un “gancho”. No va a ver estación de radio alguna que vaya a colocar la canción en su versión íntegra.

La canción es llamada And Then There Was Silence, un tema de monstruoso poderío épico, basada en la Iliada de Homero, epopeya en la cual se relata la Guerra de Troya. Todavía no me puedo explicar cómo Blind Guardian se las ingenia para ir siempre superándose y alcanzando otros niveles disco tras disco que graban. Emoción, magia, poder, melodía, encanto y mucho más, es lo posee este tema. Cada vez que se escucha, se descubren en ella nuevos matices, y en la siguiente otros, y muchos otros después de ser escuchada por enésima vez. Hasta ahora, And Then There Was Silence ha sido la única composición de larga duración que me hubiera gustado que durara unos cinco minutos más. ¿Y las letras? Impresionantes. Hansi Kürsch se ha transformado, además de un tremendo cantante, en un excelente letrista. Logra entrar en la sique de los personajes de la Iliada y reflejar con gran maestría cual es su sentir: sus alegrías, tristezas, miedos y temores más ocultos, etcétera. A través de la intimidad de Cassandra, Aquiles, entre otros, se logra dar cuenta de los hechos de una manera en que sólo Hansi sabe. Si se han dado cuenta, decir que And Then There Was Silence es un “temón”, sólo se transmitiría una pequeña parte de lo que es en realidad.

El lado B del single corresponde a la balada Harvest Of Sorrow (no confundir con Harvester Of Sorrow de Metallica). Es, totalmente, el polo opuesto al tema principal del EP: dura menos de cuatro minutos y es inalcanzablemente más sencilla, pero igual de emotiva.

En tercer lugar, por último, encontramos una pista multimedia, en el cual aparece el video clip de Born In A Mourning Hall, canción del Imaginations From The Other Side (1995).

Anteriormente, la banda había dicho que, en vez del clip, iba a colocar otro tema. Sin embargo, el video cae muy bien, especialmente a nosotros, que vivimos en un lugar donde no hay canales de televisión que paseen videos de metal.

Los temas son majestuosos, pero encuentro dos problemas con respecto al EP. Primero, la portada, obra de Anry, a mi gusto, es horrenda, nada que ver con las increíbles ilustraciones de la Tierra Media que Andreas Marschall (responsable también de las carátulas de Grave Digger, HammerFall, Running Wild, Nocturnal Rites, entre otros) dibujó en los discos anteriores. Es de esperar que en el próximo LP, vuelva Marshall a poner su estampa. Segundo, me salta una duda: con temas tan complejos, con tantos arreglos y coros, ¿cómo lo hará Blind Guardian para reproducirlos fielmente en vivo? Eso, señores, habría que verlo…