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Poco más de tres años hubo que esperar para que una de las bandas ícono de la movida power metal volviera a aterrizar a nuestro país. Blind Guardian no es sólo uno de los estandartes de esa pléyade de agrupaciones que nacieron a fines de los ochenta en Alemania y cuyo legado fue diseminándose en toda Europa, para formar un movimiento que si bien ha tenido altibajos, sigue reinventándose y dándonos buenas nuevas bandas y muy buenos discos de las bandas seminales del estilo.

En ese marco los Bardos nos visitan en su cuarto desembarco a territorio nacional, en el de promoción de su última placa, “Beyond The Red Mirror”, que ha tenido comentarios disímiles. Por una parte están aquéllos que encontraron en el disco una joya que va de la mano de la reinvención de la banda liderada por Hansi Kursch. Una banda que ha elegido caminar por terrenos más grandilocuentes, un tanto más intensos, pero que posee una cantidad de información que cuesta digerir a la primera, lo que hace que a cada escuchada uno descubra más y más detalles, transformando cada nueva oída en una nueva experiencia. Por otra parte, están los que creen que esa misma grandilocuencia le ha quitado un poco ese espíritu directo y al grano que tenían sus primeros discos y que desde el “Nightfall in the Middle-Earth” y sobre todo desde el “A Night at the Opera”, la banda ha privilegiado las atmósferas casi cinematográficas al heavy metal duro de sus primeros discos. Ambas opiniones absolutamente válidas. Nadie discute que los temas a toda velocidad con coros para cantar con puño en alto, son una marca registrada de los alemanes que se extraña, pero sus últimos trabajos no dejan de mantener esa esencia épica y grata de escuchar, introduciendo elementos musicales de una exquisitez única y que como señalamos, hace que cada vez que se aprieta play en el reproductor, la experiencia sea notable.

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Otra de las incógnitas que nos deparaba este recital fue el cambio de recinto. En un primer término, fue el Teatro Caupolicán el elegido para este magno evento. Pero seamos claros, con la oferta de recitales y con el gusto del fan nacional, era una apuesta demasiado arriesgada. Ya son pocas las bandas del estilo que pueden meter más de dos mil personas. Lo de Nightwish hace un par de semanas es una excepción marcada por dos razones: los finlandeses son una banda que abarca algo más que el “fan promedio”, del estilo y el “efecto Floor Jansen”, que hizo levantarse de su asiento a más de alguno para llevar una cantidad respetable de gente al Teatro Caupolicán. Pero hoy el techo para bandas como Helloween, Stratovarius, Angra o incluso Avantasia, está en las dos mil personas. Entonces, acercarse a la Alameda unas cuantas cuadras y aterrizar en el Cariola me pareció una decisión razonable, con la salvedad de que muchos tenían reparos por el sonido, imagino que rememorando el muy, pero muy pobre sonido que hubo tanto en Sonata Arctica como en Angra (el show de los brasileños debe estar cerca de los peores sonidos en la historia de un concierto en Chile). Pero, a modo de ejemplo, Riverside en ese mismo recinto tuvo uno de los mejores sonidos que ha pasado por Santiago, por lo que tiendo a pensar que el asunto no pasa tanto por el recinto.

Pero cuando están alineados los astros, cualquier cambio es para mejor. Eso fue lo que sucedió. El cambio de local sirvió para que el recinto de calle San Diego se transformara en una caldera. 1500 personas en el Caupolicán se ven muy diferentes que 1500 personas en el Cariola, que se veía lleno, acorde a un espectáculo de esta envergadura.

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Justo a las 21 horas y sin la presencia de una banda soporte (siempre necesaria para calentar el ambiente) los primeros acordes de The Ninth Wave, tema que abre su última placa empezaron a remecer el ambiente, la intro del “Beyond Red Mirror” sonaba gigante, lo que hacía augurar un mejor sonido que el que habíamos tenido con Angra y que llamaba a la preocupación. Uno a uno fueron ingresando los músicos a escena, hasta que el bueno de Hansi con esa voz única y poderosa hizo temblar el remodelado Teatro. Monumental inicio con un tema que en vivo funciona perfecto. Y eso la gente lo entendió, comenzando una comunión que iba a durar poco más de dos horas, con un Hansi corriendo de lado a lado arengando a la gente de adelante, de atrás, de la galería, de los palcos, con una sonrisa que nunca salió de su cara.

Esa comunión de la que hablábamos se sintió desde el primer momento. El público comenzó desde temprano a corear el “olé olé olé, Guardian, Guardian”. Hansi que se dio el tiempo para conversar con la gente en todas las pausas, nos decía que extrañaba este calor humano y que lo que se venía era una fiesta. Y así no más fue. Banish Fom Sanctuary sonó brutal, espectacular. La gente ama los clásicos y qué más clásico que el tema de apertura del “Follow the Blind”. Cada estrofa fue cantada a todo pulmón, el “oh no turning back, i’m banished from sanctuary”, erizaba los pelos. De verdad, Blind Guardian tiene una batería de temas hímnicos e hicieron un set lo suficientemente inteligente para mezclar sus temas antiguos con el sonido más actual, sin perder coherencia.

Nuevamente Hansi que se dirige al respetable y comienza a narrar una historia, que ya todos conocíamos, porque los que siguen a los bardos, saben que este lugar en el set tiene un nombre propio gigante: Nightfall volvió a poner los pelos de punta tanto de la gente, como de la misma banda. Es impresionante cómo Blind Guardian tiene la facilidad de que los coros no puedan ser cantados de otra manera que no sea con el puño en alto y los ojos cerrados. Cómo la banda te inserta en sus historias, haciéndote partícipe. Magia le llaman en algunas partes.

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Hansi que nos cuenta que el show está siendo grabado para un próximo disco en vivo, lo que provocó aún mayor euforia en la gente. Entonces nos pregunta si queríamos ser parte de ello, soltando un “scream for me Chile”, a la usanza del líder de la Doncella de Acero. Sonidos algo más modernos con una Fly que no desentonó con el resto del set. De uno de los discos más bajos, según mi opinión, de la discografía de los alemanes, el tema se mezcló bien, porque Blind Guardian lo ha sabido potenciar en sus conciertos.

La gente que, sabiendo que la banda estaba considerando las peticiones de la gente en los shows, comenzó a pedir “Run for the Night”, cosa que a pesar de todas las peticiones y de la amenaza de Marcus en su guitarra, no pasó. Hansi que nos dice que ya volverán y la tocarán. Pero que ahora sería Tanelorn, la próxima en caer. El tema del muy bien logrado “At the Edge of Time”, ya ha sido internalizado por los fans y cae como una masa con un peso fenomenal y con un Kursch que sigue conservando muy bien su voz, en especial en los tonos agudos.

Con Prophecies vuelven el telón iluminado y los sonidos nuevos. De su muy bien logrado nuevo disco, creo que este tema es algo más débil, quizás un tema como “The Holy Grail” hubiese sido más indicado, pero eso no melló en el ánimo de una gente que estaba entregada a un show que ya se acercaba a algo inolvidable.

bg15cl-24Como inolvidable fue lo que pasó a continuación. De esos momentos inolvidables, únicos, momentos que se repitieron a lo largo del show, pero que tuvo ciertos puntos aún más altos. Una The Last Candle imperecedera, que es de esas gemas que las bandas rescatan del baúl de los recuerdos y que a cuenta gotas la entregan a los fans, que ya estaban completamente entregados al show de los alemanes. El “somebodies outhere” resonó por minutos después de terminado el tema, entregando un momento aún más de culto.

La gente que seguía pidiendo “Run for the Night”, pero Hansi, salió jugando como un crack, a lo Gonzalo Jara, preguntando si la que se estaba pidiendo era Lord of the Rings, que fue la siguiente en caer. El in crescendo del tema fue recibido por la gente que escuchó ensimismada en un principio, para saltar con fuerza al final del tema. Otro momentazo.

Que se repitió con el siguiente tema. Tal como dijimos, Blind Guardian sacó gemas del baúl de los recuerdos y Time Stands Still (at the Iron Hill) es uno de los mejores temas de una de las mejores placas de los Bardos y que no debiese salir del repertorio de los alemanes. Decir que la cancha se transformó en un campo de batalla con un épico sonido de fondo es poco. Y Mordred’s Song fue otro de esos temas que uno agradece escuchar en vivo. Con un Hansi transformado en un juglar del siglo XXI, la historia detrás del tema caló en un público que no dejó tema por cantar.

Hansi que bluffea el final del show (sabíamos que venía harto más), y nos lanza uno de los momentos cumbres del recital. Imaginations From the Other Side es un tema inmortal, es perfección musical y es imposible cansarse de escucharla en vivo. Un clásico no sólo de la banda, sino que del estilo.

La banda que sale del escenario. Una banda que se ha afiatado aún más con el paso de los años. Una banda que si bien gira en torno al carisma y tremendo caudal vocal de Hansi, es un todo aceitado. Con una pareja de guitarristas que se complementa de manera perfecta, un Frederik que ha tomado en propiedad su rol de baterista de una banda legendaria, pegándole a los tarros de una manera brutal y perfecta. A eso les sumamos a un Barend y a un Michael quienes desde un rol más secundario, son igual de importantes. En eso estábamos cuando la intro de esa maravillosa pieza musical que es Sacred Worlds remece el añoso recinto. Un tema que a pesar de su corta vida, suena como clásico, transformando el Cariola en ese campo de batalla retratado en el videoclip.

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Twilight of the Gods, fue la necesaria referencia a su última placa y un preludio a otro de los instantes inmortales de la velada. Valhalla es otro de esos temas veloces, brutales y de coro majestuoso, en los cuales el puño toma vida propia y se eleva sobre nuestras cabezas, con un final en que nuevamente todos son una sola voz. Si Hansi no paraba, el “Valhalla, deliverance, why’ve you ever forgotten me”  todavía estaría sonando.

¿Final? Para nada. Ya iban más de 90 minutos y la banda no tenía gana alguna de abandonar su show en Santiago, con otro de esos temas que uno no espera y que agradece su presencia en el set. Script for my Requiem, volvió a enajenar al público que agradece que las bandas se preocupen por brindar un show que tome algunos riesgos, en pos de un mejor resultado. Temazo, realmente temazo.

Hansi que nos invita a una “reunión de bardos” y con guitarras acústicas se da el vamos a otro de los himnos del estilo. The Bard’s Song – In The Forest tuvo 5 músicos y 1500 gargantas unidas en un coro inolvidable. Kursch que es espectador de una comunión que provocan muy pocas bandas y que anoche, en el Cariola se firmó como única. Hay que ser de fierro para no emocionarse con un instante así.

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Lo siguiente fue una salida de contexto de la banda. Se suponía que el siguiente sería el final de la velada, pero Blind Guardian no se quería ir. Kursch dice que “el siguiente tema no lo íbamos a incluir, pero nos dimos cuenta que estábamos equivocados”, la gente que se dio cuenta y lo comenzó a vitorear. Majesty, sonó aún más brutal de lo que es. Es el inicio de una historia plagada de maravillas, de temas impresionantes, un tema que con más de 25 años suena con una envidiable vitalidad.

Ahora sí era el final y no podía ser de otra manera. Mirror, Mirror terminó de dejar a la gente sin voz y fue la guinda de una torta que se recordará por mucho tiempo. Una banda perfecta, con una humildad a toda prueba, un sonido impecable, un público entregado desde el minuto uno. Fueron más de dos horas en que nos transportamos a un mundo sin tiempo, en los que fuimos partícipes de historias épicas, en un show que no sólo está dentro de lo mejor de este año, sino que fácilmente, dentro de los mejores espectáculos musicales que ha pisado nuestro país en el último tiempo.

Inolvidable.

Setlist:

01. The Ninth Wave
02. Banish From Sanctuary
03. Nightfall
04. Fly
05. Tanelorn
06. Prophecies
07. The Last Candle
08. Lord of the Rings
09. Time Stands Still
10. Mordred’s Song
11. Imaginations From the Other Side
Encore 1
12. Sacred Worlds
13. Twilight of the Gods
14. Valhalla
Encore 2
15. Script for my Requiem
16. The Bard’s Song – In the Forest
17. Majesty (pedida por el público)
18. Mirror, Mirror

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A nivel personal, Blind Guardian es toda una institución. Es mi segunda banda favorita y soy un convencido de que hay un cierto nivel de magia y misticismo en todo lo que hacen. Les tengo un cariño tremendo por todo lo que han brindado a lo largo de todos sus años de carrera y su extraordinaria discografía, y también por el hecho de que interpretan como pocos mi manera de entender el Metal. Por esto, cada disco que sacan es todo un suceso para mí. Esos cuatro años que hay que esperar para descubrir una nueva aventura siempre se hacen eternos y las exceptivas crecen exponencialmente conforme se acerca la fecha del lanzamiento.

En las semanas previas uno va leyendo entrevistas, viendo videos de avances en internet y todas esas voces de “nuevos elementos”, “cambios” y “modernidad” te ponen alerta. Te hacen pensar que cualquier cosa puede pasar con el nuevo disco. Además, la vara impuesta por ese pedazo de majestuosidad que es At The Edge Of Time va sembrando la inquietud de la superación. Algo que es un poco absurdo, porque una banda no necesita sacar un disco mejor que el anterior para, de hecho, sacar un disco extraordinario. Pueden sacar algo que esté un par de peldaños por debajo de algunos de los discos anteriores y aun así ser muy bueno. Pero siempre se tiene ese “bichito”. Uno, quizás ingenuamente, quiere que las bandas “se superen”. Y eso me pasaba con este Beyond The Red Mirror. Después de tantos años de espera y de un disco tan maravilloso, solo podía esperar una obra maestra y perfecta.

Ahora, la primera vez que lo oí la sensación fue… ¿Cómo decirlo? Bueno, no fue lo que esperaba, y en ese sentido, no negaré que tras esa primera escucha la sensación de decepción era clara. Claramente se trataba de un disco muy elaborado, pero le faltaba esa chispa y ese misticismo que hacen de Blind Guardian lo que es, y que es, a fin de cuentas, la razón por la cual son unas de mis bandas de cabecera. Fue rarísimo. No terminaba de saber qué pensar o sentir. Es más, hasta molesto me vi en algún momento. Pensé “¿más de cuatro años de espera para esto?” Sentí como cuando a Chile le toca jugar contra Brasil en los 8vos de final de los mundiales después de haber peleado tanto durante cuatro años de clasificatorias y fases de grupo “de perro”. Hasta del travesaño de Pinilla me acordé. Sin embargo, al mismo tiempo intuía que algo más debía haber. Y ese algo solo saldría a la luz con varias repasadas. Finalmente comprendí que, como pocas veces, Beyond The Red Mirror no es un disco para escuchar, sino que es para estudiarlo, explorar sus recovecos y sinuosos vericuetos, adentrarse en su complejidad y maravillarse con su infinidad de excelsos detalles.

Así es, Beyond The Red Mirror es un disco de estructuras sumamente intrincadas. Es un trabajo en el que Blind Guardian apuesta al ingenio más que a la pasión. Quien no esté preparado para eso, seguramente lo calificará de bodrio. Quien esté dispuesto a ir más allá (del Espejo Rojo) seguramente se hallará a sí mismo en un laberinto de genialidad al final del cual podrá hallar una conclusión: Blind Guardian ha ido un paso más allá.

Por otro lado está el atractivo de explorar una historia que, como ya se sabe, es una continuación de lo que se inició en Imaginations From The Other Side (1995), particularmente con la canción And The Story Ends, que paradójicamente –ahora lo sabemos–, dejaba abierta la historia y no la terminaba. Y es que claro, el niño, protagonista antes y ahora, no se atrevió a cruzar el espejo hacia la otra dimensión (o mundo) que debía ayudar a salvar y, como consecuencia ambos mundos inician un descenso hacia la perdición. De uno y otro lado está la “embarrada”. Veinte años después la situación es insostenible y ahora sí el muchacho intentará salvar ambos mundos, como buen Elegido, pero solamente yendo “al otro lado” podrá lograrlo. El problema es que ahora solo existe un pasaje para llegar ahí: el Espejo Rojo, por lo que hay que encontrarlo a toda costa. Y es la epopeya que Beyond The Red Mirror intentará desarrollar a lo largo de sus diez canciones. Es, desde luego, una épica muy ligada a la del Rey Arturo, con la búsqueda de un Santo Grial, un elegido, reinos de fantasía y todo.

Y bien, todo este laberinto halla su prólogo en The Ninth Wave, que fue una de las primeras canciones en ser (medianamente) compuestas, poco después de lanzarse At The Edge Of Time. En ese momento se llama “canción número 10” y el propio Hansi la describía como deslumbraste. Y, nobleza obliga, démosle dedito para arriba al juicio del buen Hansi. Porque es una canción espectacular, sobre todo en sus momentos iniciales, donde la banda muestra todos sus colores actuales con un coro de voces soberbio que deja sin aliento, lleno de misticismo y con un velo oscuro sobre él, proporcionado por alguno de los tres coros con los que trabajaron para este álbum: Hungarian Studio Choir Budapest, FILMharmonic Choir Prague y el Vox Futura Choir Boston. A medida que va avanzando se van sumando nuevas voces, añadiendo nuevos matices y, como si eso no fuera suficiente, poco a poco aparecen suaves orquestaciones que de pronto te hacen sentir que estás en otro plano, en otra dimensión. Allí aparecen las guitarras de André y Marcus, con un sonido no muy pesado, sino más bien suave y distante, como si estuvieran al acecho. En seguida hace su aparición Kürsch, entonando unos versos muy intensos, llenos de rabia, pero que contrastan con una musicalización que aún se mantiene expectante y más bien tranquila. Un repique monstruoso acompañado de riffs brutales marcan el primer gran quiebre. Es increíble, pero el Metal aún no se desata. Esto solo ocurrirá pasados los tres minutos; pues allí se da esa explosión que uno había estado esperando, y lo hace de gran manera: un estribillo de melodía luminosa y fresca. Luego la canción va transcurriendo entre distintas melodías, tiempos e intensidades: un viaje vertiginoso en el que Frederik Ehmke y Barend Courbois tienen gran participación y en la que Hansi da muestra de su genialidad a la hora de transmitir emociones. Se trata de una canción monumental que gana en valoración con cada escuchada que uno le da. Su nivel de profundidad compositiva es abismal.

A continuación, y sin ningún tipo de concesión, llega Twilight Of The Gods, que debe ser la versión más 2015 de aquél tema potente y devastador que la banda suele incluir en cada uno de sus discos y que aquí no podía faltar. Sin uno de esos mazazos, como Into The Storm o A Voice In The Dark, no sería un álbum del Guardián. Ya habíamos tenido oportunidad de oírla hace unos meses, pues fue la seleccionada para ser el single del álbum. Correcta elección, porque de algún modo es representativa de lo mejor del disco y de la banda en esta nueva etapa (si acaso podemos llamarle así). Contiene algunos elementos estilísticos nuevos, pero es en esencia veloz, brutal y despiadada, como un recordatorio de todo el poderío que la banda es capaz de desatar cuando así lo desea. Por otro lado, también cuenta con melodías muy “oreja” y termina encantando gracias a ese atributo, aunque ya con esa bestialidad de riffs y base rítmica era suficiente. Mención aparte para lo magnífico que es el trabajo a nivel de voces. Cuesta creer la versatilidad que es capaz de lograr Hansi. ¡Esas líneas, señores! Es como si su voz danzara a distintos ritmos, formas y colores. Increíble. Por último señalar que el coro no tiene ningún desperdicio: una melodía y tonalidad que lo hacen memorable y lo ubica como uno de los hitos de esta placa.

Prophecies tiene un comienzo muy distinto al de la pista anterior. Es calma, apacible, casi tierna e infantil, pero esa es solo una fachada, puesto que tras unos pocos segundos va mutando y muestra sus verdaderas intenciones. La tranquilidad en la voz de Hansi de pronto se esfuma y cambia a ferocidad, impresión que es exacerbada por la acción despiadada de las guitarras de la sempiterna dupla Olbrich/Siepen y entonces la mesa ya está servida: Metal a destajo. En general, es un tema más Heavy que Speed o Power. Es mucho menos rápida que la anterior, pero mantiene la contundencia y su peso. Por otra parte se mantiene esa dinámica de cambios constantes de ritmo y matizaciones por parte del vocalista, con los clásicos movimientos de voces (tipo Queen) que aportan incluso más variedad y vivacidad a un tema que de por sí es ágil y que, por supuesto, son la marca registrada de la banda. Además la canción cuenta con unos solos realmente muy buenos, de esos que se nota que son producto de un trabajo concienzudo, y vaya que suenan lindo en su formato de guitarras gemelas tan característico de la banda.

La siguiente en el camino es At The Edge Of Time, que, más allá del título, recuerda en algo al disco anterior, quizás por su inicio con reminiscencias de Sacred Worlds. Desde el punto de vista estructural, desde lo meramente compositivo y como producto estético, esta pieza es tremenda, fabulosa. Sin embargo, algo ocurre con ella que no termina de maravillar. Lo atribuyo a la falta de un momento que se perciba como un punto de inflexión que lo haga a uno estremecerse. Ya saben, ese con el que sueles decir “¡woooh!” o dibujar una sonrisa cómplice. Le falta esa cuota definitiva de “punch”. Aun así, y como decíamos antes, es una obra que se va estructurando pieza por pieza y alcanza un nivel realmente altísimo. Y eso es quizás lo que la banda ha querido hacer en este álbum por sobre todas las cosas: experimentar y ver qué nivel son capaces de alcanzar en términos de riqueza compositiva. De pronto uno no está acostumbrando o simplemente espera otras cosas, por lo cual cuesta asir algunas composiciones, como At The Edge Of Time. Pero a estas alturas Blind Guardian lo ha hecho prácticamente todo y me parece que tienen el piso suficiente como para intentar lo que se les ocurra. Nota aparte: hay un verso en And The Story Ends que es justamente el título de esta canción, algo que parece no ser coincidencia (como sí lo es en relación el título del disco anterior).

Los sonidos un poco más modernos llegan de la mano de Ashes Of Eternity. Claro, porque se trata de una canción con muchos elementos emblemáticos de Blind Guardian, cosas con las cuales no van a trazar, pero que incluye ciertos aspectos que la hacen sonar más moderna. Esto es particularmente claro al comienzo, donde los riffs hacen que la banda suene a otro estilo. Por otro lado, las orquestaciones están mucho menos presente, lo que la hace sonar más fría, menos orgánica, pero a la vez más cruda y descarnada. Un punto alto son los solos sucesivos de Marcus y André, todos breves, precisos y de muy buena factura. También aquí la idea es llevar la composición a otro nivel de complejidad y maestría, objetivo que creo se logra, pero lamentable a costo de aquella magia a la que majaderamente hacemos referencia. Un tema sesudo que sin duda los más proclives a los detalles disfrutarán mucho a la hora de ir descifrándolo.

Es turno del que posiblemente sea el punto más alto de esta placa: The Holy Grail. Para sintetizarlo en una frase: un bestial/genial despliegue de Power/Heavy Metal. Lo que sea que Blind Guardian se haya propuesto con este disco, lo logra en su grado máximo con esta canción. Como resultado de una propuesta que incluye nuevos elementos a la vez que integra otros clásicos, The Holy Grail es sin duda la que mayor éxito tiene. A la primera escucha, es la única que asoma como un verdadero temazo, si bien, y como dijimos antes, con sucesivas repasadas habrá otras que también develarán sus maravillas. Pero a esas hay que explorarlas, estudiarlas. Con esta no hace falta, es un temón a la primera. Posiblemente ese efecto se logra a punta de melodías vocales más atractivas y en tonos que llegan y emocionan más fácil. En ese sentido, son varios los pasajes de la canción cuya fuerza está basada en la prominente interpretación de Kürsch. Pero además, está todo el poderío que la canción exuda por todos lados. Las guitarras suenan feroces en todo momento y el accionar de Ehmke se mantiene avasallador durante los seis minutos que dura. Por otro lado, desde el punto de vista técnico es fenomenal, pues muestra estructuras y movidas dignas del Blind Guardian más cerebral que hayamos visto. Una pieza maestra, sin duda.

Las orquestaciones, que si bien han estado presentes en todo el disco, se vuelven a tomar el protagonismo con The Throne. Y he ahí un aspecto que uno debe saber ponderar positivamente, porque el objetivo de la banda no es llegar y usar una orquesta por el simple hecho de usarla. La idea no es usar esas orquestaciones como meros objetos ornamentales dentro de la composición. No. La idea es estas sean un aporte no solo a la estético sino que también sean incidentes en el desarrollo de la misma. Por algo se usaron dos orquestas reales y no sintetizadores, de 90 componentes cada una. Y me parece que eso se logra de gran manera aquí, porque la manera en que esos arreglos orquestales aportan a la emotividad y a la tensión que propone la canción es notable. Esto es evidente, sobre todo en la parte introductoria, donde esos arreglos para cuerdas con gran presencia de bronces se lucen notablemente. Pero más allá de este inteligente uso de recursos, la canción es también extraordinaria. De nuevo, para llegar a esa conclusión, que es extraordinaria, tienen que pasar varias escuchas. En primera instancia solo se hace “buena”, o “correcta”, pero conforme te sumerges en ella vas notando sus detalles y poco a poco vas captando las partes y el todo y no puedes evitar asombrarte por lo que estos genios son capaces de crear. Es una canción bastante extensa, de casi ocho minutos, durante los cuales hay una infinidad de detallitos a los que vale la pena poner máxima atención. Los solos, por ejemplo, son tremendos, pero son incluso más notales cuando se aprecian las notas y arreglos orquestales que suenan de fondo cuando esos solos se producen. ¡Genial! Un tema bueno, pero que se vuelve increíble cuando se escucha bien.

Posiblemente Sacred Mind sea la canción menos típica dentro un álbum que ya de por sí es poco típico. El inicio es un paseo por tierras ajenas, tanto que pareciera no ser Blind Guardian, pero ya llegando al minuto de duración todo comienza a asentarse. Luego, sobre el minuto y medio, tras un grito demoniaco de Hansi, empieza el Metal agudo y brutal que le conocemos a la banda. Creo que un punto altísimo de esta pista es el desempeño de Hansi (de nuevo), que está particularmente versátil y cambiante. Tonos bajos y altos, voces tranquilas y alaridos infernales, todo con apenas segundos de especio. Es increíble cómo al comienzo demuestra la serenidad de un ángel y minutos más tarde suena como algún engendro del inframundo. ¡Tremendo! Por otro lado, ¡hay que ver los que son esos minutos finales antes del último estribillo! De lo más potente que ha hecho la banda. Una brutalidad en verdad.

Ahora viene Miracle Machine, la única balada de toda la producción. Una canción en verdad preciosa que muestra toda la delicadeza y la emotividad que es capaz de lograr Hansi Kürsch. Lo más llamativo es que, a pesar de no poseer una sola guitarra eléctrica o percusión, igual consigue por momentos transmitir gran fuerza y energía. El gran responsable de eso es Hansi, con una interpretación prodigiosa y digna de un genio. Las cuerdas y el piano terminan la obra y logran ese efecto de profunda emoción. Es la canción más breve y seguramente no pasará la historia entre las más destacadas de la banda, es más: posiblemente muchos la pasarán por alto dentro del mismo disco, pero es sin lugar a dudas una canción preciosa que merece algo de atención. Yo al menos ya la tengo entre mis “regalonas”.

Llegamos al final con Grand Parade, la otra “larga duración” del Beyond The Red Mirror, junto con The Ninth Wave (que curiosamente también dura nueve minutos y veintinueve segundos). Vuelven las orquestaciones bombásticas que de manera prominente se constituyen como la base para la posterior estructuración del Metal como tal. Esa es la forma de lograr que dichas orquestaciones no parezcan meros adornos, sino que formen parte y se conjuguen con lo demás de manera más orgánica. El comienzo es notable, con esas orquestaciones que mencionábamos siendo protagonistas, pero con las guitaras sin quedarse atrás y regalando unos arpegios simples pero muy llamativos y cautivadores. Tras poco andar llega el primer estribillo: un chispazo breve pero de altísima inspiración a nivel melódico (de esos que, a decir verdad hacen falta a lo largo del disco). Una pequeña pieza monumental: «When we fail it’s lost forever!» canta un coro de voces de manera majestuosa. Me parece que de todas las canciones que componen este trabajo, esta es la que más recuerda a lo que podríamos considerar el Blind Guardian clásico. Hay cosillas aquí y allá que recuerdan a otras que pudimos oír en Imaginations From The Other Side e incluso en A Night At The Opera. Una pieza de proporciones extraordinarias, que junto con The Holy Grail constituyen lo mejor que este disco tiene para ofrecer.

Lo hemos dicho ya un par de veces: este álbum está muy lejos de ser típico de la banda. Y posiblemente no era lo que muchos estaban esperando, me incluyo. De hecho, está bastante lejos de lo que en lo personal esperaba. Los primeros acercamientos fueron dubitativos e incluso decepcionantes. Digámoslo sin adornos: al comienzo no le hallé ningún brillo. Pero lo atribuyo a que mis expectativas iban por otro lado y no estaba preparado. Una vez que te liberas de eso y simplemente te dedicas a escucharlo con paciencia y atención, vas descubriéndolo e irremediablemente acabas por perderte en el infinito abrazo de los detalles que conjuran la inagotable inventiva de estos muchachos. Eso es este disco: un descubrimiento. Se trata de descubrir lo que la banda puede hacer.

Un muy buen trabajo que, estoy casi seguro, no será valorado en su verdadera extensión y magnitud ahora, pero que esperemos los años sean justicieros y le den sus merecido espacio entre el sitial de lo más destacado de Blind Guardian, porque allí es donde pertenece.

 

Los alemanes dieron a conocer un adelanto de «Beyond The Red Mirror«, su décimo álbum, y que muestra un extracto del primer single «Twilight Of The Gods«, la que según Hansi Kürsch,es un «quebrador de cuellos… la definición pura de todo lo que la banda presenta: es innovador, melódico y brutal«.

El disco será lanzado el 30 de Enero de 2015 en Europa, y el 03 de Febrero de 2015 en Norteamérica, vía Nuclear Blast. La placa fue grabada en los Twilight Hall Studios en Grefrath, Alemania, producida por Charlie Bauerfeind, y contiene colaboraciones de tres coros clásicos, específicamente de Praga (República Checa), Budapest (Hungría) y Boston (Estados Unidos). Además, tendrá el apoyo de dos grandes orquestas, cada una de aproximadamente noventa músicos.

Blind Guardian - Beyond the Red Mirror Respecto a la parte lírica del disco, el líder de los germanos, Hansi Kürsch, señala que en el disco hay una «historia entre ciencia ficción y fantasía (…) la historia comienza con Imaginations From The Other Side. Los dos mundos descritos ahí han cambiado dramáticamente, para peor, desde ahí. Mientras antes solía haber varios pasajes entre estos mundos, sólo hay una puerta ahora: El Espejo Rojo. Tiene que ser encontrado a cualquier costo«.

En cuanto a lo musical, el guitarrista André Olbrich señala: «queremos sorprender e impresionar con nuestra música. Hoy en día, la música tiende a ser arbitraria y predecible. Pero queremos seguir desarrollando nuestra música«.

El disco, cuyo artwork ha sido diseñado por Felipe Machado y que tendrá ediciones limitadas en Digibook y vinilo, entre otras, estará compuesto de los siguientes temas:

01. Ninth Wave
02. Twilight Of The Gods
03. Prophecies
04. At The Edge Of Time
05. Ashes Of Eternity
06. Distant Memories (bonus track en ediciones limitadas y vinilo)
07. Holy Grail
08. The Throne
09. Sacred Mind
10. Miracle Machine
11. Grand Parade

Blind Guardian

Blind Guardian

Los alemanes de BLIND GUARDIAN han confirmado que «Beyond The Red Mirror» será el título de su décimo álbum en estudio. El disco será lanzado el 30 de Enero de 2015 en Europa, y el 03 de Febrero de 2015 en Norteamérica, vía Nuclear Blast.

El nuevo trabajo de los bardos fue grabado en los Twilight Hall Studios en Grefrath, Alemania, producido por Charlie Bauerfeind, y contiene colaboraciones de tres coros clásicos, específicamente de Praga (República Checa), Budapest (Hungría) y Boston (Estados Unidos). Además, tendrá el apoyo de dos grandes orquestas, cada una de aproximadamente noventa músicos.

Respecto a la parte lírica del disco, el líder de los germanos, Hansi Kürsch, señala que en el disco hay una «historia entre ciencia ficción y fantasía (…) la historia comienza con Imaginations From The Other Side. Los dos mundos descritos ahí han cambiado dramáticamente, para peor, desde ahí. Mientras antes solía haber varios pasajes entre estos mundos, sólo hay una puerta ahora: El Espejo Rojo. Tiene que ser encontrado a cualquier costo«.

En cuanto a lo musical, el guitarrista André Olbrich señala: «queremos sorprender e impresionar con nuestra música. Hoy en día, la música tiende a ser arbitraria y predecible. Pero queremos seguir desarrollando nuestra música«.

Blind Guardian - Beyond the Red Mirror

El disco, cuyo artwork ha sido diseñado por Felipe Machado y que tendrá ediciones limitadas en Digibook y vinilo, entre otras, estará compuesto de los siguientes temas:

01. Ninth Wave
02. Twilight Of The Gods
03. Prophecies
04. At The Edge Of Time
05. Ashes Of Eternity
06. Distant Memories (bonus track en ediciones limitadas y vinilo)
07. Holy Grail
08. The Throne
09. Sacred Mind
10. Miracle Machine
11. Grand Parade

El primer single será «Twilight Of The Gods» y según Hansi, es un «quebrador de cuellos… la definición pura de todo lo que la banda presenta: es innovador, melódico y brutal«.

Blind Guardian - Twilight of the Idols