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Dos años después del aclamado «To Kill To Live To Kill», la banda danesa de Thrash y Power Metal progresivo Manticora regresa con «To Live To Kill To Live», la segunda parte de su saga conceptual basada en el libro escrito por el vocalista Lars Larsen, titulado «To Kill To Live To Kill». Parece un trabalenguas, ¿no?

El álbum trae un cambio importante en la formación de la banda, con Kasper Gram reintegrándose a la banda después de la partida de Sebastian Andersen; e incorporando también al baterista sueco de ascendencia chilena Lawrence Dinamarca como miembro permanente después de grabar el álbum anterior y unirse a la gira. Cabe mencionar que “To Kill To Live To Kill / To Live To Kill To Live” será publicado como triple vinilo a través de ViciSolum Productions, convirtiéndose en el primer lanzamiento de la banda en este formato.

El álbum comienza con Katana – The Moths and The Dragonflies / Katana – Mud, un verdadero festín para tus sentidos que se aproxima a los quince minutos, incluyendo casi todos los géneros de Metal conocidos por la humanidad. En un movimiento audaz, característico de la naturaleza ambiciosa de la banda, nos llevan en una montaña rusa, cambiando de marcha entre un furioso Thrash Metal moderno y un épico Power Metal, con muchos elementos progresivos al estilo de Dream Theater. Las voces son en su mayoría limpias, con excelentes arreglos corales, pero también incluye gritos guturales y narraciones para crear el ambiente adecuado. Es una pista muy cinematográfica y una obra de arte por derecho propio. Aplausos a Manticora por tener el coraje de abrir con una canción como esta, demostrando una tremenda confianza en sus habilidades y mucho respeto por su fanaticada.

Luego viene To Nanjing, un breve y suave interludio fuertemente inspirado en la música japonesa, que nos ayuda a tomar un respiro antes de continuar nuestro viaje. The Farmer’s Tale, Pt. 3, Pt. 3 – Eaten By The Beasts es una pieza más oscura, lanzada como adelanto con un videoclip sombrío, mostrando algunos riffs pesados, solos de guitarra increíbles y un gran trabajo de la sección rítmica. No es casualidad que el baterista Lawrence Dinamarca también sea conocido como «el Gene Hoglan sueco», debido a su exquisita precisión y su extraordinaria energía. Slaughter In The Desert Room es mi canción favorita del álbum, destacando la voz femenina de June Dark de la banda Clandestine, que combina perfectamente con la voz operática de Lars. Los riffs son melódicos pero a la vez llenos de groove, mientras la batería es imparable, incluyendo blast beats y quiebres alucinantes.

Through The Eyes Of The Killer – Filing Teeth tiene un tono más doom, con un tempo más lento y riffs más pesados, creando una atmósfera aterradora complementada con voces guturales, junto a melodías y ritmos funerarios. Por otro lado, Katana – Death Of The Meaning Of Life es una muestra grandilocuente y por momentos brutal de velocidad y técnica, sin perder el sentido de la melodía y la cuidadosa elaboración de cada canción.

Tasered / Ice Cage es otra de nuestras favoritas, un exquisito banquete de Power Metal con riffs irresistibles, mucha energía y nuevamente un enfoque muy operático por parte de Lars Larsen, quien derrama sus tripas en una interpretación vocal soberbia e histriónica. Goodbye Tina pone algunos elementos sobre la mesa, con un toque más sentimental pero logrando no caer en lo cursi. Funciona perfectamente como una especie de balada progresiva, recordándonos al Queensrÿche clásico.

Tasered / Removal es otra muestra excepcional de intensidad y maestría musical, incorporando más voces guturales, riffs rapidísimos y ritmos aplanadores, convirtiéndose en una pista perfecta para hacer headbanging en vivo. Para agregar algo de drama, tenemos Stalin Strikes, un interludio completamente instrumental y macabro que seguramente te hará temblar, mientras que Ten Thousand Cold Nights es una breve narración en japonés que la mayoría de nosotros no entenderá (aunque la banda es muy popular en Japón).

La pista final de esta obra conceptual de dos partes es la brillante Katana – Beheaded, una canción compleja y altamente dinámica de siete minutos de duración con coros épicos, pero también llena de grandiosas secciones instrumentales que incluyen solos de guitarra alucinantes, potentes líneas de bajo y una percusión feroz. Una guinda gloriosa para poner sobre este sangriento pastel, que está destinado a ser cortado con una espada japonesa.

Con «To Live To Kill To Live», Manticora nos entrega una obra maestra moderna impecable sin puntos débiles, agregando nuevas dinámicas y elementos interesantes en comparación con la primera entrega de esta saga, convirtiéndose probablemente en su álbum más ecléctico hasta la fecha. El disco fluye perfectamente de principio a fin, con una gran producción e interpretaciones destacadas por todos los involucrados, mostrando cuán afiatada e inspirada está la formación actual de la banda después de años de ausencia antes de esta nueva era. No es aventurado decir a estas alturas que «To Live To Kill To Live» aparecerá de seguro en varias listas de los mejores álbumes del año, y definitivamente estaremos ansioso por verlos de vivo, más aun considerando su increíble show en Wacken 2019. Esperemos que «la nueva normalidad» incluya una nueva gira de Manticora y que los traiga finalmente por tierras sudamericanas.

Por: David Araneda

A call to arms echoed through the Highlands… a simple death is not enough, no chance of giving up” (extracto de Gathering of the Clans). Más de dos décadas nos separan del legendario «Tunes of War» y hace diez años exactos Grave Digger continúa la historia de las tierras altas con «The Clans Will Rise Again». Bajo el sello Napalm Records, Chris Boltendahl y compañía traen una ansiada dosis del Heavy Metal al que nos tienen acostumbrados.

Luego de un inicio como corresponde con Days of Revenge, que ejemplifica la unión de dos mundos musicales, The Clansman’s Journey trae las gaitas (interpretadas por Paul Grothe y Andreas Grothusen) y tambores (a cargo del grupo francés Les Tambours du Bronx, quienes no son ajenos al Heavy Metal), para darle el pase a las guitarras y batería. Una transición que se completa con el primer tema propiamente tal: All for the Kingdom. Como el nombre bien anticipa, es un llamado a las armas para la defensa del reinado de Malcolm II, situándonos de inmediato en la Escocia del primer milenio. Como buen primer tema, el cabeceo es asegurado y el coro es fácil de pegar en la memoria auditiva. Por un breve lapsus, Axel Ritt—el maestro “Ironfinger”— nos traslada desde la Escocia de la Plena Edad Media hasta el barroco del siglo XVII con un impresionante solo neoclásico que cierra en conjunto con Jens Becker al bajo; melodía que pertenece a la universalmente conocida “Tocata y fuga en Re menor” del otro célebre Johann Sebastian (además de Mastropiero, por supuesto).

Lions of the Sea” abre con acompañamientos vocales (hums) siguiendo el motivo del coro, voces de aquellas que se hacen inevitable ser seguidas por las audiencias en vivo (a las que eventualmente volveremos a ser parte de). Grave Digger no está para “pasar gato por liebre”, no es poco común encontrar instrumentos VST que cumplan esta tarea y, está bien, es un recurso, pero la banda prefiere contar con voces orgánicas para efectos multivocales que van muy a la par con el tema central. La narración pareciera adelantarse unas décadas hacia la Batalla de Largs, evento en el que el rey Alexander II (descendiente de Malcolm II) se enfrenta contra la flota noruega liderada por el rey Haakon IV. Este es un ejemplo de un sello característico del sepulturero: la canción es un entretejido de narración e himno, a la costumbre de la lírica marcial.

El hombre-símbolo más reconocido de la historia escocesa y el concepto más acuñado para referirse a él tienen lugar en el álbum como la quinta canción: Freedom nos describe las reputadas hazañas de William Wallace y el espíritu que logró avivar en quienes lo acompañaron en las batallas por la independencia de Escocia, relatos que conocemos bajo la lírica de Harry, el juglar ciego. Se trata, a todas luces, de una canción de arenga y con su debido interludio actuado. Temas como estos hacen recordar la influencia de Grave Digger en bandas de corte folk como Finntroll y Ensiferum. Como todos sabemos, en más de algún inglés las proezas de Wallace se internalizaron como temor e incertezas sobrenaturales: había que controlar una sublevación encabezada por un gigante con la fuerza de diez hombres. Sin embargo, todos sabían que no era inmortal. El orgullo de los escoceses fue dañado con la humillación y muerte dada a Sir William, y las llamas de la independencia sufrieron una suerte de ordalía.

The Heart of Scotland se aferra a este clima en donde surgen las dudas; pero también las más fieras reivindicaciones de lealtad al rey Robert the Bruce. Seguramente para muchos este es el punto en el cual la magia del “Tunes of War” se hace más presente y las canciones se comienzan a teñir con esos recuerdos de ese discazo. Esto desde una perspectiva estrictamente musical, ya que es lógico hacer la conexión por estos dos insignes personajes. Nuevamente los tambores (¿bodhrans?) y las gaitas añaden el ambiente necesario previo a la canción, esta vez con una melodía más marcial, por lo que la transición se hace mucho más lógica e imperceptible cuando Markus Kniep entra marchando con la batería. Un coro imperdible y un solo de las llamadas small pipes de parte del músico Florian Bohm convierten a esta canción en aquellas a nombrar a la hora de recordar la saga de los clanes según los germanos.

No es justo comparar Thousand Tears con la insuperable The Ballad of Mary (Queen of Scots), pero me atreveré a decir que la primera cuenta con un pre-coro mucho mejor y más dinámico musicalmente. Y además de ese gran acierto, la balada cuenta con la presencia y gran registro de la frontwoman de BattleBeast, Noora Louhimo, que trae sus dos facetas vocales de talentoso contraste, un deleite para fans de ambas bandas.

Para retomar los ánimos, la energía se desata con Union of the Crown. El tema pasa galopante y rápido por los oídos: la canción no cuenta con grandes dinamismos, más bien lo contrario, se adhiere a la fórmula del Power Metal al grano con sólo dos versos y coros inalterados (esto último no es ajeno a la banda). Y así, como las letras narra una premonición o mal augurio, la canción siguiente, My Final Fight, se adentra en la Batalla de Culloden que toma lugar en el siglo XVIII y resultó en una derrota del pretendiente Carlos Eduardo de los jacobitas. El carácter musical continúa—al igual que el espacio-tiempo narrativo—y resulta en una canción también breve al oído e incluso más galopante en estilo (casi en énfasis de la antecesora). Y con estas palabras cuesta no evocar en la imaginación la imagen de un caballo y sobre él un jinete herido entre un mar de casacas rojas, tartanes y barro.

Las guitarras se introducen con la uñeta deslizada por las cuerdas y nos vamos hacia lo pesado de corte tradicional: Gathering of the Clans y Barbarian obedecen al estilo con que reza todo seguidor de la Iglesia de Judas Priest, ambos temas altamente cabeceables y como sacados del “The Clans Will Rise Again” (que se destacó por este carácter). Mientras Gathering of the Clans se pasea en un oleaje melódico y con un coro muy parecido a la melodía de The Dark of the Sun, Barbarian mantiene el arte férreo: la expresión tanteando entre pausas y una lírica estoica. Personalmente me quedo con este tema como mi favorito del álbum, es un hacha afilada y un martillo al mismo tiempo.

Y mientras las gaitas suenan nuevamente para anunciar la canción que le da el título al disco, Fields of Blood, sugiero servirse una pinta o un escocés para acompañar esta elegía que cierra este trabajo. En sus diez minutos de duración, la banda aprovecha dos interludios—el primero acompañado de guitarra acústica—para adentrarse un poco más a la memoria de los caídos. Como es de esperar, la melancolía cae hacia el segundo interludio del tema y con unos versos dedicados al llamado “Corazon Valiente”. Finalmente, luego de la coda de Fields of Blood, la marcha instrumental Requiem for the Fallen comienza a sonar a modo de punto final de este nuevo mosaico dedicado a los mártires de las Tierras Altas.

Un álbum meritorio para abrir una nueva década de Grave Digger y digno de mantenerse en la memoria de los fieles. Créditos al ilustrador de esta, para mí la mejor carátula de la historia del sepulturero, el ruso Alexander Tartsus quien además le rinde un tributo visual a Andreas Marschall, el ilustrador del Grim Reaper a lo piper que adorna la portada del “Tunes of War” (al ser incluido en ella como un espectro). No cabe duda que los germanos veteranos del Heavy Metal iniciaron bien este año.

Por: Gabriel Rocha

Testament pertenece al selecto grupo de bandas que jamás ha lanzado un disco malo en su historia. Quizás a mediados de los 90’s sufrieron un pequeño bajón en relación con los estándares de calidad a los que nos tienen acostumbrados, pero la verdad es que desde ese retorno triunfal con “The Gathering” los norteamericanos han lanzado discazo tras discazo, siendo una de las bandas clásicas del Thrash Metal que mejor se ha mantenido con el paso del tiempo. “Titans of Creation” viene a ser su decimotercer álbum de estudio y el segundo con la formación actual tras el celebrado “Brotherhood of the Snake” de 2017. El contexto en que se lanza este disco no deja de ser interesante dada la inusitada contingencia actual, en un mundo paralizado a raíz del COVID-19 y que incluso ha afectado personalmente a miembros de la banda y de su equipo técnico.

La placa abre con la galopante Children of the Next Level, que avanza rompiendo todo a su paso como una aplanadora y que muestra los mejores elementos de Testament: base rítmica imparable, riffs de guitarra llenos de groove y melodía, técnicos pero a la vez incluyendo el nivel necesario de agresividad y pesadez, junto a la inconfundible voz de Chuck Billy, uno de los pocos vocalistas que ha sumado en cuanto a calidad vocal con los años. Le sigue la apocalíptica WW III, un bombazo thrasher con todas sus letras, brutal y acelerado pero no por eso menos pegajoso. Es una canción con el potencial de desatar moshs de proporciones bíblicas en sus presentaciones en vivo y es de esperar que la incluyan en el setlist de la próxima gira. La línea vocal es una de las más memorables del disco, incluyendo pasajes melódicos pero también esos guturales marca registrada del gran Chuck.

Con Dream Deceiver retoman sus influencias de Heavy Metal clásico, con una propuesta más melódica y un sonido más limpio, complementado por un contagioso coro que se queda grabado a la primera. El trabajo de la pareja de guitarristas conformada por Eric Peterson y Alex Skolnick es realmente deslumbrante, y es que no todas las bandas pueden jactarse de contar con un maestro de los riffs y un solista eximio como lo son estos dos titanes de las seis cuerdas. A continuación tenemos el primer single de adelanto del disco, la genial Night Of the Witch, con la cual nos sorprendieron a principios de año. Se trata de una canción bastante pesada y agresiva, llena de dinamismo y contrastes, con ritmo contagioso y gran cometido por parte del legendario Gene Hoglan. Otro clásico instantáneo para poner en la vitrina de los mejores temas en una amplia discografía.

Por su parte, City of Angels abre de forma interesante con una magistral intro de bajo cortesía del tremendo Steve DiGiorgio, que imprime su inigualable estilo personal lleno de personalidad y clase. Es una canción claramente más lenta y que nos lleva de vuelta al sonido de los discos noventeros de Testament como «Low». Acercándose a los siete minutos, es la canción más extensa del álbum y se vuelve algo «latera» hacia el final. Ishtars Gate es un tema de medio tiempo en que tenemos nuevamente un sonido de bajo predominante, sobresaliendo por encima de las guitarras. A pesar de que Steve no aporte directamente en la composición de canciones, su contribución al sonido actual de la banda es innegable, y eso lo puede confirmar cualquiera que los haya visto en vivo interpretando sus clásicos ochenteros, sin desmerecer al histórico bajista Greg Christian.

Y ya que le estamos tirando flores a DiGiorgio, sigamos en la misma senda con Symptoms, donde el maestro se vuelve a lucir con su exquisita técnica, dando paso a un gran trabajo de los guitarristas estrella, ambos inspiradísimos. Gene Hoglan también hace de las suyas tras el drumkit, añadiendo complejas métricas y contundentes fills a la mezcla. False Prophet trae de vuelta la velocidad y frenetismo del Thrash de la vieja escuela, pero con un sonido más moderno y mejor pulido, incorporando también elementos de Groove Metal que le agregan ese sabor especial y un necesario contraste con las secciones rápidas. Luego tenemos The Healers, otro claro ejemplo de la vitalidad y relevancia de la banda, combinando brutalidad con melodía, con una base instrumental de lujo sobre la cual Alex Skolnick deja en claro que es uno de los guitarristas más virtuosos de la escena thrashera actual.

En Code Of Hammurabi vuelven a recurrir al infalible talento de DeGiorgio en la introducción, pero en esta ocasión despegan de inmediato a toda velocidad con una explosión de vertiginosos riffs e imparable percusión por parte del gran “Reloj Atómico” Hoglan. Otro de esos temas hechos para cabecear hasta quedar con tortícolis y dejarlo todo en el moshpit. Como si esto no fuera suficiente, los norteamericanos tiran toda la carne a la parrilla por última vez con Curse of Osiris, quizás la canción más agresiva del disco, incluyendo interesantes voces guturales de acompañamiento cortesía del propio Eric Peterson, similar a lo que ha mostrado en el pasado con su proyecto de black metal sinfónico Dragonlord. A modo de conclusión tenemos la pequeña pieza instrumental Catacombs, de ritmo marchante y con solemnes melodías, marcando el final del viaje luego de una hora de exquisita brutalidad.

Con “Titans of Creation” estamos sin lugar a dudas frente a otro gran acierto en la extensa discografía de Testament. La inclusión de Gene Hoglan y Steve DiGiorgio en conjunto con el triunvirato clásico compuesto por Peterson, Billy y Skolnick hace de Testament una máquina imparable tanto en estudio como en vivo, y que vale la pena presenciar una y otra vez. Es increíble la capacidad de esta banda para generar material de tal calidad luego de más de treinta y cinco años de carrera, y no por nada son uno de los principales candidatos para colarse entre los Big Four del Thrash luego del retiro de Slayer. Creo que la encarnación actual de Testament tiene aún mucho que entregar a futuro, ya que se encuentran en un momento de madurez creativa y un nivel inspiración que los pone muy por lejos de otras viejas glorias del Thrash que no logran recrear la magia de sus años mozos. ¡Larga vida a los Titanes de la Creación!

Por: David Araneda