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Tras años y años de espera, los oriundos del puerto de San Antonio por fin logran publicar su larga duración titulado «Out Of The Ashes Into the Light«, con el cual prometen saldar una deuda histórica con sus seguidores y por sobre todo, con ellos mismos. Porque en estos tiempos, parece imposible que una agrupación de casi quince años de vida recién a estas alturas del partido nos presente su debut discográfico de manera oficial. Harto en lo que fijarse entonces. Vamos directo a lo que nos convoca.

Into the Light es una introducción un tanto genérica dentro del estilo, pero que logra resaltar principalmente gracias a la orquestación, al teclado y a ese toque neoclásico que suda por los poros. Además, logra conectar de gran forma con el primer hachazo como tal, la entretenida New Kingdom. Inmediatamente damos cuenta del excelente sonido y de las marcadas influencias que salen a flote con las primeras notas. Vale decir, fácilmente nos encontramos con pasajes que recuerdan a Yngwie Malmsteen, Symphony X o a Hand of Doom de Manowar, por nombrar una referencia más puntual. Ojo, que quede claro desde ya, los porteños prontamente muestran sus propias armas con dobles bombos, guitarras punzantes y solos e interludios frenéticos que abren paso a un estribillo que se hace esperar un tanto, pero que finalmente logra cumplir su función: «Eternal nights, no more nights/ No one ever compromise/ Now the King is here/ He will stay here by your side«. Luego, la sección instrumental deslumbra de gran manera gracias a la participación del tecladista JJ Roldan y del guitarrista Esteban Hulloa V. Suma atención a los detalles acá, que marcan un gran comienzo para el LP.

Con Dreams (Don’t Fade) cambiamos radicalmente en todos los aspectos en relación a su antecesora. Básicamente el ritmo es mucho más «calmado» y la atmósfera se siente bastante más densa y pastosa. Todo esto comandado por la excelente base rítmica a cargo de Sebastian Pontigo y Cristopher Farías (batería y bajo, respectivamente), los cuales crean una muralla sólida mientras Marcelo Carvajal canta los primeros versos. Si bien la canción es un tanto plana y con falta de lucidez en cada estrofa, lo cierto es que con llegada las intervenciones de ambos guitarristas y del teclado de JJ, el asunto toma otros rumbos y nos topamos con progresiones dignas de aplaudir durante toda la parte media-final, para que, por último, el frontman haga su retorno cantando el último coro.

Y para recuperar la velocidad y el vértigo, la notable Into Your Eyes llega a poner la cosas en su lugar. Con total seguridad podemos afirmar que es una de las mejores composiciones de todo el álbum. Para hacerlo lo más sencillo y preciso posible, si quieren escuchar Power Metal hecho y derecho, acá lo encontrarán por miles. ¡Temazo señoras y señores! No los culpo si luego andan cantando el «Into your eyes evil spirits passing by/ As will die in the darkness in disguise/ No one will know if our lost was ever strong/ As I’m searching and searching to go on» inconscientemente. Para enmarcar.

Siguiendo en la senda progresiva, Wings Without Destiny es el prefacio ideal para que The Master of Sorrow explote con la intensidad y la fuerza que ya han demostrado con creces. Ojo al cambio que se produce cuando comienza la primera estrofa, donde el trabajo de pies de Sebastian Pontigo es descollante. Ahora, hablando en líneas generales, es una composición sin grandes pretensiones y fácil de digerir. El coro es llevadero y los versos cuentan con un huracán de fondo cortesía de Esteban Hulloa V. y Esteban Hulloa C. Y como ya es costumbre, la sección de solos es alucinante.

Pero un álbum también necesita contrastes y diversas emociones para evitar la monotonía. Por esta razón, Who’s to Blame es una balada que llega en el momento justo como un punto de inflexión tras los cañonazos iniciales. A no perderle la pista a la orquestación y a los arreglos en el teclado que suenan de fondo, ya que se acoplan de gran forma a la melodía implantada en su lírica. Y si de contrastes se trata, con Dark Wings el asunto funciona a la perfección. Fácilmente podríamos hablar de una canción «prototipo» dentro de este «Out Of The Ashes Into The Light«. Vale decir, no hace otra cosa que confirmar los atributos y virtudes de la banda que ya hemos escuchado y analizado. A no perder la calma, esto definitivamente no es un aspecto negativo. Precisamente la virtud está en arreglárselas de cualquier manera para que la fórmula utilizada siga dando frutos a pesar de todo.

Tras el último interludio orquestado llamado End of Days, Wondering Why es otro de los puntos altos-altísimos. Para que se hagan una idea a la rápida, el riff inicial junto a los arreglos del teclado recuerdan a Stratovarius en su mejor época. Power Metal de principios del milenio en más puro estado. Una ambientación reconfortante para dar paso a una pequeña pausa en la intensidad durante las líneas de Marcelo Carvajal, que luego llegan a lo alto en un estribillo hecho para cantarlo con el puño en alto: «You wonder why we won’t survive/ You never seem to compromise/ And still we pay«. Interludio del teclado, solos donde se van «uno y uno» y el último coro para cerrar. Listo. Al bolsillo. ¡Temón!

Casi llegando al término, la dupla conformada por Nobody Knows e Infinite Desire nuevamente trae consigo los contrastes entre una canción y otra. Porque además de las diferencias que se aprecian de por sí -ya que la primera es una balada y la segunda un hachazo de aquellos-, por sobre todas las cosas hablamos del momento más bajo del disco en comparación a uno de los más altos (sí, otro más). En serio. Tanto así, que con Infinite Desire logras pasar el trago amargo de su predecesora y derechamente te dan ganas de escucharla una y otra vez. ¡Cómo suena la base rítmica!, ¡cómo suenan los solos!, ¡y qué manera de cantar el «Infinity a great desire, a dream/ To live forever and free…«! Esteban Hulloa V. derechamente se lució con esta composición. A disfrutar y a no perderle pisada a cada intervención de las guitarras. Finalmente, el outro Out of the Ashes nuevamente muestra toda la influencia del neoclásico en las teclas de JJ.

Desde luego que el balance final es más que positivo. Como mencionamos anteriormente, si bien hay canciones que cumplen con el estándar básico de un álbum de Power Metal Progresivo, lo cierto es que cada una logra encontrar la forma para destacar y para no ser pasada por alto. Por el contrario, la no despreciable cantidad de temazos con todas sus letras que encontramos en este disco, realmente es un aspecto para aplaudir y para destacar una y otra vez. Podemos afirmar entonces que la espera valió la pena totalmente. Nada es dejado al azar y la pulcritud en el sonido y en la ejecución de cada nota que escuchamos, demuestra el nivel de compromiso y de seriedad de los porteños. Para concluir de manera más precisa, hablamos de un discazo por donde se le mire.

 

Gino Olivares

Anton Kabanen fue el artífice de Battle Beast, uno de los grandes proyectos musicales del género insigne de esta página. Fue miembro fundador y principal compositor de los escandinavos hasta su salida, dos meses después de haber publicado “Unholy Savior”.

Tal fue el revuelo de su partida, que no tuvo problemas en formar una nueva banda y encontrar un sello rápidamente. El baterista Sami Hänninen (ex Brymir) se contactó con Anton directamente cuando supo que había separado caminos con Battle Beast, a fin de ser considerado por él si formaba una nueva banda. Yannis Papadopoulos (ex vocalista de Wardrum) fue contactado por Anton a través de internet, después de haber visto varios videos de él en YouTube versionando canciones y escuchar su trabajo en Wardrum. Después de conocer a Anton en persona, Yannis se unió al “proyecto” en ese entonces. Posteriormente acudió al llamado un amigo de Anton y primera opción para la guitarra, el experimentado Kasperi Heikkinen (Conquest, ex U.D.O.). Sólo faltaba el bajo y en ese período, los húngaros de Wisdom estaban en busca de un guitarrista, así que Anton Kabanen se unió a Wisdom como guitarrista, con la condición de que Máté Molnár, uno de los miembros fundadores de Wisdom se uniera al bajo en esta nueva aventura llamada Beast in Black. El sello Nuclear Blast apostó por esta idea y lanzaron su primer disco titulado “Berserker” con el gigante discográfico cuando estuvo finalizado el trabajo.

Anton Kabanen es un fan declarado de Kentaro Miura. En su época en Battle Beast, compuso varias canciones relacionadas a Berserk (The Band of The Hawk, Iron Hand, Victory, Golden Age, Kingdom, Out of Control, The Black Swordsman y Fight, Kill, Die). Con esta premisa,  “Berserker” nace influenciado musicalmente por grandes exponentes del Heavy Metal de los ’80 (como Judas Priest, Manowar o Accept por nombrar algunos) y la obra en sí, sin ser conceptual, se inspira en el trabajo de Kentaro Miura, el eterno manga llamado Berserk (publicado inicialmente en el año 1989 por Monthly Animal House y que continúa siendo difundida hasta la fecha por la revista Young Animal).  El artwork infundido en “Berserker”, es esbozado por Roman Ismailov (quien había dibujado la carátula de “Steel”) y muestra a “la bestia”, símbolo de Battle Beast y ahora de Beast in Black emulando a Guts (o Gattsu en su versión japonesa protagonista de la obra), con un brazo metálico y una gran hacha aparentando a la imponente espada matadragones. De fondo podemos ver a Midland a un lado derecho y por el otro costado, a Zodd el inmortal junto al Caballero Calavera.

El disco abre con Beast In Black, una canción enérgica, muy pegadiza y con excelentes e imaginativos duelos de guitarra, gran acierto para abrir este disco y presentar al grupo. La base rítmica es contundente y la voz de Yannis suena potente, apoyada en el coro por el trabajo de Anton en las voces (que ya conocíamos desde su paso por Battle Beast). Esta apertura, nos relata el conflicto interno que tiene Guts con su bestia interior, un animal en forma de perro endemoniado que se apodera de él. En su ira insana, odio y rabia, Guts usa su espada matadragones para vengarse de Griffith y asesinar a todos sus apóstoles.

Blind And Frozen fue el primer single/video publicado por la banda y fue la carta de presentación de Beast in Black al mundo. Nadie quedó indiferente ante la particular voz de Yannis, de un inicio con un registro vocal alto y posteriormente sutil. Tiene varios tintes femeninos en su registro y su amplio rango hacen que escuchar esta canción por primera vez, nos deje con la boca abierta. El griego es muy versátil, en momentos tiene una voz poderosa y a la vez delicada. Un acierto en cuanto a melodía y posterior desarrollo. La expectación en cuanto a la voz era muy grande, Yannis vino a ser el “reemplazo” de dos fieras como Nitte Valo y Noora Louhimo. Temazo desde el primer segundo, no le sobra ni le falta nada. Canción concebida para ser un himno.

Blood Of A Lion pareciera ser tomado del primer trabajo de Battle Beast, canción desechada incluso en “Unholy Savior” y usada en este disco. Otro himno que debe funcionar bastante bien en vivo, con unas melodías súper pegajosas. Mientras transcurren sus primeros segundos, va in crescendo y siendo más intensa hasta su coro. La voz de Yannis también va tomando cierta agresividad en la interpretación y el coro apoyado nuevamente por la singular voz rasposa de Anton. Nuevamente entramos en el conflicto interno de Guts con su bestia interna, pero esta vez, tomando fuerza de ella. Los teclados suenan épicos y la base rítmica suena contundente hacia el último tramo de la canción.

Born Again es algo más melódica, extremadamente ochentera en su comienzo y romántica. Nos relata el recuerdo de los primeros momentos de intimidad de Guts con Casca (o Kiasca en su versión japonesa) y como el protagonista desea recuperar lo que tuvieron hasta antes del eclipse. Yannis se vuele a lucir con su variabilidad, jugando en tonos altos agudos y rasposos, muy cercano al trabajo de Halford en Judas Priest, guardando las proporciones.

Zodd The Immortal es un hachazo de principio a fin, doble bombo a toda máquina y una base rítmica cortante. Es la canción más agresiva y pesada del disco, con un Yannis sonando brutal y demostrando que los tonos bajos no son un problema para él. El primer solo de guitarra es bien elaborado y armonizado, un buen paso para la segunda estrofa y coro de la canción, en donde las guitarras vuelven a ser protagonistas en un segundo solo, dando paso a un quiebre bastante interesante y violento. Zodd el Inmortal o Nosferatu Zodd es un personaje de Berserk, apóstol del quinto ángel y la canción refleja muy bien a este ser, un ente agresivo que ha dedicado su existencia al combate. Cada batalla en la que se dice que ha muerto, vuelve a reaparecer.

The Fifth Angel parte con una introducción del instante en que “la mano de dios” le da la iniciación a Femto en su creación (nombre que adopta Griffith cuando pasa a formar parte de este grupo) y del costo que debe incurrir para obtener el reino que desea, entregando en sacrificio a la “banda del Halcón”, que fue eliminada por sus sirvientes demoníacos y la posterior violación de Casca a manos de Femto en presencia de Guts. Acá comienza la razón de ser de Guts en el resto de la historia y su venganza contra “la mano de dios”. La composición es a medio tiempo y es donde encontramos la mayor presencia de teclados, un duelo de guitarras y melodías pegajosas. Mucho más tirada al Hard Rock.

Crazy, Mad, Insane es prácticamente sacada de otro disco u otra banda, muy al estilo de Abba por estructura y melodía o Modern Talking incluso, una canción bastante comercial y popera. Anton está influenciado por las canciones pop con sintetizadores de los años ’80 y había incursionado en algo similar en Battle Beast con Touch in the night. Corte influenciado por la música disco y dance. Independiente de las preferencias musicales y del disco en sí, es una canción muy pegajosa. Sería raro escucharla en vivo. Muy raro. En cierta medida, la letra no pega mucho con la música, debido a que interpreta a lo que siente Guts contra Griffith y su reino de luz creado en base a su pacto con la “mano de dios”.

En la segunda mitad del disco y siendo un bonus track, Hell For All Eternity sigue la estructura presentada en este trabajo, un coro bien pulido que se quedará dando vueltas en tu cabeza y un desarrollo certero, que va amplificando las revoluciones a medida que suenan los compases. Inconscientemente comenzarás a mover tu cabeza a medida que avanza el tiempo. El quiebre es buenísimo y el final es estruendoso con el doble bombo a toda marcha.

Eternal Fire tiene un coro bastante similar a The Final Countdown de Europe, más veloz que la canción anterior y donde nuevamente los teclados son protagonistas. Incluso su comienzo tiene un leve coqueteo con los suecos. El galopante riff que acompaña el desarrollo de la canción tiene ciertas reminiscencias también, excepto que la velocidad de la batería impuesta por Sami toma protagonismo en la canción durante los duelos de guitarra.

Cerca del final, nos encontramos con otro bonus track, la ganchera Go To Hell. Es de esas canciones que no entiendes el motivo de ser un extra, es una grandísima canción que te obligará a mover tu cabeza al ritmo de la canción, Yannis vuelve a sonar pomposo en los tonos altos. El coro simplemente es majestuoso, trae toda esa esencia ochentera a la memoria y mención honrosa a los solos de guitarra, muy elegantes y efectivos. La batería de Sami suena contundente, como si se fuera a desbocar en cualquier momento.

La siguiente canción fue la que más escuché mientras escribía la reseña. End Of The World es una pieza colosal, épica y reúne todos los elementos que quiere entregar Beast in Black. Teclados que sirven de guía, el ritmo de la batería dominada por Sami y el bajo de Máté  van estampando la marcha desde un principio y siguen en su conjunto tomando cada vez más fuerza, sobre todo cuando el bombo empieza a sonar fuertemente para ir marcando el paso. La participación activa de Anton en el coro sigue aumentando esta poderío hasta el quiebre, con unos solo de guitarra muy virtuosos, donde van turnándose Anton y Kasperi. De lo mejor que nos entrega este “Berserker”.

Al cierre, tenemos la balada Ghost In The Rain, que fue escrita originalmente para Battle Beast. Mientras llegamos a la calma y nos deleitamos con la voz de Yannis, da para pensar que hubo otras artistas invitadas en esta canción, pero es solo la voz de Yannis en distintos matices. Una clausura de clase para cerrar esta magnífica obra, una balada que suena enérgica y emocionante.

En esencia, debido al principal compositor y sus influencias, podríamos decir que es Battle Beast con otra formación o Battle Beast 2.0, pero Beast in Black retoma lo que quedo a medio camino en “Unholy Savior” marcando una clara línea divisoria a la anterior agrupación. Heavy Metal que bordea el Power Metal muy ochentero, con estribillos gancheros, teclados hímnicos y solos de guitarra muy inspirados. De los mejores discos del 2017.

 

Herrant

 

De manera similar al concepto visual de la carátula, Minerva se divide en dos matices que se resuelven dentro de su lanzamiento “Los Ecos Del Viento”. La banda se compone por Pablo Leal en bajo, Felipe Maturana y Álvaro Fuentes en guitarra, Hans Leiva en batería y Pablo Díaz en vocales. Cinco miembros bajo el nombre de la deidad grecolatina de la artesanía y la guerra, que se manifiesta a través del Death Metal melódico que producen con sobrada técnica. Luego de tres lanzamientos de corta duración, el primer LP de Minerva nace de la mano técnica de Nicolás Arce (Polímetro, Húsar, BattleRage entre otros) junto al productor de discos de Criminal y Lock Up, Dan Biggin (Criminal, Pentagram Chile), dueño de los estudios HVR, lugar donde el mastering “Ecos” fue realizado. La mezcla y producción, por su parte, se realizó en AST.

El álbum comienza con el intro MP20L6, una escalada de tensión que prepara las ansias para la primera canción En Sí Mismo. Un pesado inicio de sonidos profundos y luego de guitarras abriendo paso a la melodía, acompañado de sonidos digitales que luego del primer verso gutural se suspenden hacia la abertura espacial del coro, anormalmente melódico y desautomatizador, ya que, nos desvía de la asociación rápida que se podría hacer de esta banda con la escena de Gotemburgo (que definitivamente es influencia). Las voces se pasean por notas limpias, además de guturales altos y bajos, y se hacen múltiples en los énfasis estructurales de la canción, narrando en tercera persona versos dedicados a la introspección de un sujeto pasando hacia otro estado de conciencia. Lo que llama la atención, es que Minerva tiñe el sonido de una manera mucho más “cristalina” que, por ejemplo, Dark Tranquillity, compartiendo muchos elementos en común, pero entregando otro carácter, en donde la voz limpia de Pablo Díaz juega un rol importante. Creí En Ti es un ejemplo de esto: la aparente antítesis del blast beat lento a través del midtempo, tan propio de las canciones pesadas, se antepone la predominancia de la melodía en el coro. En similitud de logro con Soilwork (en especial los discos «Figure Number Five« y «Stabbing the Drama«), el contenido lírico es para nada hermético, dejando claro el mensaje y la audibilidad de cada palabra hecha viva desde la pluma, tomando distancia de aquellas bandas que prefieren una aproximación más sublime en la presentación de los contenidos y el tono en general que adquieren los instrumentos.

Detrás De La Máscara, que también es la canción que le dio el nombre al EP del 2016, sigue en la misma línea, pero esta vez relegando la voz limpia como voz de soporte. Los sonidos digitales también cuentan con más participación, encargados de conducir la canción a través de sus humores. La presencia de las guitarras es ineludible, en especial la sección rítmica, acentuada por el pedal de distorsión que caracteriza la canción. También es el caso con la canción siguiente Despierta, que acelera la cadencia del álbum con un comienzo fuerte, para luego evolucionar hacia el desarrollo paulatino del coro. Este luego se repite continuamente hasta finalizar con aquella voz interna, alternándose en cada oreja, que comanda el despertar que titula la canción.

Mis Fuerzas Para Luchar se encarga de bajar las revoluciones y reforzar la temática platónica que ofrece la banda. Como Dante en busca de Beatriz, el hablante lírico se abre paso a través de los miedos, motivado por la esperanza y los recuerdos. El primer verso, acompañado de una sección acústica, da un cálido matiz para una voz dual, suspirada y limpia, para efecto dramático. La guitarra líder comienza tímidamente a dar indicios de una disonancia melódica que luego se haría parte del quiebre instrumental y culminaría en el coro.

Tiempo Atrás (Ahogado en un Mar de Dolor) se percibe como una continuación temática que muestra en mayor énfasis el lado oscuro de esta trágica vía lírica. A este punto, las letras indican claramente la ordalía del héroe, sólo queda navegar en dolor. Esta canción se queda con mi preferencia en el uso de los sonidos digitales, que hacia el epílogo de la canción resaltan de manera asombrosa junto a los riffs y la presencia inconfundible del bajo fuzzy prestidigitado por Pablo Leal (“tengo en mis manos la llave para terminar con este infierno…”).

Con un inicio similar a Detrás De La Máscara, el octavo track, titulado Grítalo Al Viento, da justo en el blanco si se está en búsqueda de algo más clásico: una canción sin muchos valles de intensidad y con riffs variados que mantienen la atención constante sobre la pista. El duelo de guitarras—a cargo de Maturana y Fuentes—es pulcro y esquemático en sus progresiones, con un moderado tapping y sin ningún tipo de sobrecargo o cacofonía de tonos.

De un estilo similar, continúa el caballo de batalla de Minerva desde el 2015: Antihéroe, un tema movido y amigable con el headbanger. Los complementos digitales que aparecen en el coro pasan a segundo plano y, para ser honesto, podrían perfectamente ser prescindidos. De manera contraria, los instrumentos brillan y se roban la película, haciendo éste el segmento más “prendido” del álbum.

Y hacia el final de “Ecos”, Minerva deleita con un toque más oscuro en su sonoridad mediante Umbral del Miedo. La voz de Díaz, como en los primeros temas, contrasta esta atmósfera con un coro melódico conducido por el mismo efecto espacial de la misma sección de Antihéroe. Y es debido a estos riffs más oscuros que este décimo track se diferencia de las demás canciones del disco, por añadidura, la canción resulta más familiar y fácil de asociar a los últimos trabajos de Dark Tranquillity. Es una buena polarización conforme al tema siguiente que titula el disco: Ecos del Viento, una balada en la cual Díaz se luce en los registros bajos del verso. Conforme a la progresión de la canción, los instrumentos se van añadiendo hasta realizar un clímax anunciado por el solo de guitarra y posteriormente escoltado por el arreglo de violines. De vuelta a la solitaria guitarra acústica, el tema finaliza en un fade out de manera quizás muy abrupta conforme al momentum que iba tomando la canción. De todas maneras, una finalización de broche que da por concluido al álbum bautizado bajo el mismo nombre.

Minerva es una banda de una línea muy clara y de influencias marcadas, sin embargo, su postura es original y presenta otra substancia en comparación a la mayoría de bandas que resaltan más la faceta Death que por sobre la melódica. Si las guitarras son el lúpulo y la batería la cebada, el bajo aquí cumple un fundamental rol como levadura, ya que es el pilar que le da continuidad al sonido que muchas veces fluctúa en acordes eléctricos disonantes y riffs muteados, junto a la batería veloz y la dualidad gutural/limpia de las vocales. Grande Minerva, aguante el Metal en español.

 

Gabriel Rocha

“As above, so below… and below you shall remain…” (Likfassna). Bandas como Portrait son las que se manifiestan en un underground intenso, global (factor no menor, como prueban los nacionales Night Sight) y que se podría decir que es una permutación, tanto en sonido como temáticas, de la nueva ola de Heavy Británico: punto cúlmine del ocultismo psicodélico, la continuidad mágica del folk, el sentimiento del blues y la actitud del punk. Formado el 2005 e impermeabilizado ante las innumerables variaciones del Heavy Metal de las últimas décadas, su sonido es de igual manera clásico como innovador. Dentro de sus principales influencias podemos escuchar la mano siniestra de Mercyful Fate, el Speed/Power germano y, por supuesto, la NWOBHM. Un eco en medio de la escena anti-cósmica sueca que tuvo a bandas como Watain y Dissection bajo su ensombrecido alero, dominado—pero no limitado—por el Black Metal que inició su país vecino. “Burn the World” se lanza bajo el sello Metal Blade Records, en formato vinilo con cuatro canciones a cada lado, un formato jamás superado y que no depende solamente del nostálgico coleccionista para su persistente fabricación. Portrait se ha empeñado en cumplir con esto en los anteriores lanzamientos. Lógicamente, también se puede encontrar en Digipak y servicios de streaming.

El lado A comienza con Burn the World y es antecedido por un sublime coro inicial titulado Saturn Return (encargado de plantear la referencia astral y mitológica como concepto del álbum). El arsenal de los músicos se presenta en un allegro moderado, que luego de un desgarrador grito de Per Lengstedt, aumenta de tempo para iniciar los versos de esta primera etapa: la limpieza—a través del fuego—de la Tierra y del establecimiento del humano moderno. El legado de Hank Shermann y Michael Denner (Danger Zone, Mercyful Fate, Denner/Shermann) se hace presente a lo largo del disco a través de la prestidigitación del “Axeman”, legalmente conocido como Christian Lidell, quien realiza un trabajo impecable no solo con la dualidad de las guitarras, sino que también en la clave de Fa. Cada riff es una obra maestra llena de acordes complementarios y notas menores que le añaden un rango melódico adecuado para una voz como la de Lengstedt, cuya amplitud queda demostrada en canciones como las geniales marchas Likfassna y Martyrs.

A lo largo de Portrait, la voz se mantiene constantemente remaneciendo al maestro del falsetto Kim Bendix Petersen, por lo tanto, la asociación sonora es completamente natural. Flaming Blood comienza con un genial juego de platos bajo el ataque de Anders Persson, miembro pilar de la banda junto al “Axeman”. Este es el despertar y posterior llamado de guerra de aquellos “revividos” por el espíritu guía saturnino, una canción que se mantiene constante en su rítmica hasta la aparición del duelo virtual de guitarras y que plantea el escenario previo a Mine to Reap, canción que finaliza el lado A y hace referencia a la hoz de Cronos, quien es la homologación titánica de Saturno.

El lado B guarda aún más sorpresas. Abre con Martyrs, un verdadero himno apologético al Heavy clásico, en especial a «Point of Entry» de Judas Priest: oscuro, constante, pesado, y con un coro que desciende de tono para favorecer una contraparte épica complementada, además, con un breve interludio narrado acompañado de un arpeggio atmosférico. Cuando Further She Rode viene a calmar las aguas y a atenuar las luces, aparece como un trueno To Die For, que personalmente postulo como el gran tema del disco. Cuatro minutos y medio cargados de adrenalina, con un pre-coro que tienta a girar la perilla de volumen. La batalla de solos se hace, de hecho, más cruda en comparación a la musicalidad que demuestran las guitarras (y el dramático sólo de teclado órgano) en Likfassna; con un sonido reverberado y el wah-wah bajo el pie sin soltar la cadencia de la batería, obligando a cabecear durante toda la canción sin respiro alguno. Portrait acostumbra a cerrar con canciones que se toman mayor libertad al construir ambiente e ir revelando los riffs de a poco, y Pure of Heart no es la excepción, aunque, en esta ocasión su duración es percibida como menor debido al quiebre y punto de reinicio en mitad de la canción.

Esperemos que, poco a cumplirse una década de su debut homónimo, y con dos nuevos miembros (Robin Holmberg en segunda guitarra y Fredrik Petersson en el encordado grueso), el otrora ex Power Trío emprenda pie en ruta con sus colegas y compatriotas RAM (¡ojo ahí con el nuevo disco!) en esta cruzada por reformular el Heavy Metal desde su base luciferinamente rebelde y libre de excesivas reformulaciones de paradigmas musicales. Con estos dos, no hay por donde equivocarse. Recomendamos sumergirse de cabeza en la discografía de Portrait, sobre todo en «Crossroads» si quedaste con la vibra de King Diamond este pasado 29 de octubre.

Probablemente esta sea la primera vez que nos abocamos a reseñar el trabajo de una banda que en realidad no existe como tal, sino que más bien es la renderización “en carne y hueso” de un puñado de guerreros proveniente del universo de los videojuegos y que además de blandir espadas y martillos, interpretan esta música que tanto nos gusta.

Pues entonces, ¿de qué se trata esto realmente? Hace algunos años atrás, RIOT Games (Compañía desarrolladora de videojuegos) tuvo la idea de que cinco personajes del juego «League of Legends» se unirían para formar el mejor grupo de Metal del cyber-mundo LOL. De esta iniciativa salió el disco “Smite and Ignite” que, lejos de pasar inadvertido, capturó la atención del círculo metalero cosechando un éxito respetable con algunas de las canciones de dicha placa. Este hecho provocó que RIOT Games se tomara este proyecto aún más en serio y planificara lo que sería la producción de un segundo disco y con una alineación más que robusta para catapultar definitivamente este spin-off dentro de la órbita metalera mundial.

Es así como llega a nuestros oídos “II: Grasp of the Undying”, segundo larga duración de la cyber-banda Pentakill. Esta placa fue grabada y asistida por grandes nombres de la escena actual, lo cual le da un peso específico difícil de pasar por alto. A Rich Johnson y Per Johansson, Danny Lohner y Mike Pitman entre otros, se suma la gran Noora Louhimo de Battle Beast, el legendario Tommy Lee (Mötley Crue) aportando desde la batería, y quien más que uno de los regalones de la casa y la escena mundial para encarnar la voz principal de este proyecto, el vikingo del norte, Mr. Jorn Lande.

Vale decir que resulta indudable que la marca LOL posee un arrastre gigantesco en términos comerciales, considerando que según el periódico británico The Guardian, “II: Grasp of the Undying” ha tenido un éxito rotundo en términos de ventas: ha alcanzado el top 40 en Billboard, y el número 1 en la sección de Metal de iTunes, hecho remarcable si consideramos la naturaleza ficticia de este proyecto. Dicho esto, no nos queda más que revisar de qué está hecho este material y si es tan bueno como señala la prensa internacional.

El disco arranca con Cull, de comienzo acústico, con efectos y armonías que nos recuerdan los trabajos de Lande como solista. Guitarras distorsionadas y el redoble de los cueros transforman el suave inicio en una descarga de ese Heavy/Power Metal que tanto nos apasiona. Una canción llena de colores, arreglos instrumentales y sucesiones de ritmo que acompañan la voz desgarrada del vikingo, dando forma a una canción que imprime fuerza y lo que es más importante, mucha pasión. Buena elección como opening track.

Con Mortal Reminder el disco entra en tierra derecha sin especulaciones. Un riff agresivo, doble pedal a fondo y atmósfera más oscura que luminosa dan paso a una de las mejores canciones del disco. Muy buen trabajo en los teclados alternando el mood de la canción en los momentos precisos, a veces más siniestro, a veces más solemne, desembocando en un caos final que consolida el primer mazazo del registro. En el tercer track, Tear of the Goddess, irrumpe en escena Noora Louhimo con una interpretación impecable para una canción ídem. Toques de modernidad, algo de Metal progresivo y abundante elegancia son los principales ingredientes de esta composición de ritmo ligero y melodía pegajosa.

Infinity Edge arranca muy bien con un sólido riff de guitarra y la fuerte presencia de sintetizadores, creando esa particular atmósfera de modernidad y frescura que caracterizan a este disco. La voz de Per Johansson entra en escena, quien es poseedor de un timbre muy particular, tipo Nils K. Rue (Pagan’s Mind), quien se va mimetizando con el estilo vocal desgarrado de Jorn que una vez más nos deleita con reminiscencias del mismísimo David Coverdale. Correcto tema que quizá no entra a la primera, pero que gana a medida que se va escuchando.

El quinto corte, Dead Man’s Plate, comienza con un riff bastante denso y teclados que delinean un aura siniestra, dando forma a una composición que baja las revoluciones del metrónomo, pero que marca paso firme y que nos trae de vuelta ese sonido propio de JORN. Arreglos vocales con una distorsión un tanto aggro aparecen hacia el final del tema, que se percibe más bien plano, ausente de partes que te inviten a cantar o cabecear como corresponde.

Lo que sigue es lamentable: The Hex core mk2 es un experimento que se acerca demasiado al aggro/industrial y no aporta en absolutamente nada al disco. Es un semi-instrumental que a pesar de contar con Tommy Lee en los cueros, se puede ir directamente por el desagüe. Por suerte el siguiente tema, The Bloodthirster, trae el heavy metal de vuelta. Una propuesta de sonido moderno como es la tónica del disco, pero con un interesante trabajo de guitarras y melodías desafiantes en los sintetizadores anteceden la extraordinaria voz de Jorn Lande, que llena absolutamente cualquier espacio que deje la composición. El noruego es la estrella del equipo y de eso no hay duda. Uno de los buenos temas de la placa.

El disco sigue con Frozen Heart, que con un riff bien Nevermoreano, un bajo sonando más poderoso que nunca y aires algo Djent, nos trae de vuelta la voz de Noora, quien está vez a dúo con Jorn Lande protagonizan una canción melódica pero a la vez densa, de cielos nublados y algo misteriosa en su concepción. Y ya entrando en la recta final aparece la bomba del disco, Rapid Firecannon, una furiosa inyección de thrash metal irrumpe a mil por hora, recordando en algunos pasajes los mejores tiempos del thrash ochentero. Ya quisiéramos escuchar algo así en el actual Megadeth o Anthrax. Doble pedal a ritmo endemoniado, guitarras estridentes y un Jorn más desgarrado que nunca entregan los pasajes más rescatables del disco sin duda alguna.

Cerrando el disco suena Blade of the Ruined king, una pieza de música sinfónica al más puro estilo Rhapsodiano, que la verdad deslumbra por su elegancia y magnificencia. Muy bien logrado el final de la placa. Cinematográfico, épico y bien metalero por supuesto.

Finalmente, ¿qué podemos rescatar de este particular trabajo? En el lado positivo de la balanza, está el hecho de que esta placa consolida a Pentakill como un proyecto musical serio, dejando de ser simplemente una idea loca de banda ficticia para promocionar un juego, y esto primordialmente por la calidad y consistencia del producto entregado. Se percibe como algo absolutamente serio y el contexto videojuego pasa a ser una mera anécdota. También cabe destacar que el nivel interpretativo de la banda en general es de primera línea, con dos o tres composiciones de alta factura .Demás está mencionar el gran nivel exhibido por nuestro noruego regalón Jorn Lande. En el lado negativo de la balanza se encuentra la falta de consistencia que haga sentir el disco como un todo… se percibe como una colección de canciones con distintas influencias más que un álbum compacto. Tampoco encuentras temas que te vuelen la cabeza a la primera escucha. Y lo peor del disco es sin duda la inclusión de esa mala versión de metal industrial llamada The Hex core mk2.

Sumando y restando, el disco es disfrutable. Muchos lo encontrarán derechamente bueno, y otros, ligeramente sobre el promedio. Yo me quedo con la sensación de que cumple y es una agradable sorpresa gestada de un proyecto que vive como spin-off y no como una banda 100% dedicada a la producción de material propio. Sin embargo, aún tiene camino por recorrer si la intención es acercarse a las grandes ligas del Heavy Metal. Veremos si Pentakill seguirá vivo para entregar una tercera parte durante los próximos años, o si el periplo musical de este videojuego llega hasta aquí nomás. Mis dardos apuntan al tercer capítulo de esta historia.

Fácilmente podríamos decir que ayer domingo asistimos nuevamente al extinto «The Metal Fest». Siete bandas y dos escenarios, más un gran despliegue de stands de merchandising, patios de comida, exposiciones y miles, miles de fanáticos que se dieron cita en el Movistar Arena, prometían una jornada de ensueño durante la segunda versión del festival Santiago Gets Louder. Y así no más fue, puesto que asistir a este tipo de eventos es toda una experiencia en sí. Lo pudimos comprobar en primera instancia mientras Tirano y Vimic abrían los fuegos en el Talavera y Domo Stage, respectivamente, ya que realizamos las típicas vueltas de reconocimiento, tanteando terreno y comprobando el ánimo de los cerca de 1.500 asistentes que se encontraban en el recinto durante las primeras horas del festival.

El primer punto a destacar -y por qué no decirlo, digno de aplaudir- fue la puntualidad y la rigurosidad para cumplir los horarios establecidos previamente por la producción. Decimos esto porque la logística y la organización de este tipo de shows prácticamente va determinando la disposición y el comportamiento del público. Vale decir, si desde un principio se da cuenta de que todo está en su lugar, básicamente la sensación de que estás en buenas manos te ayuda a disfrutar de mejor forma a cada una de las bandas. Bien ahí.

Entonces, entrando de lleno al show, a las 16:00 hrs. en punto Walter Giardino Temple logró llenar de gente todo el espacio dispuesto para su presentación en el Talavera Stage.

WALTER GIARDINO – TEMPLE

¡Madre mía como canta Ronnie Romero! La verdad es que no hay otra forma de comenzar este análisis. En serio, ¿notaron toda la calidad y el desplante de nuestro compatriota? Sin restar mérito al resto de la banda y mucho menos al maestro Walter Giardino, la verdad es que el vocalista de alguna forma se las ingenió para salir adelante pese a todos los problemas de sonido a los que se enfrentó. Si bien hay un sinfín de videos de gran resolución en la red respecto a su participación con Ritchie Blackmore, lo cierto es que poder apreciarlo más de cerca y tener la posibilidad de conectarse con cada una de sus interpretaciones es sencillamente indescriptible. Lo decimos de nuevo, sí, hubo muchos, muchos problemas de sonido durante toda la presentación. Por momentos se mostró bastante incómodo y molesto al mirar a su técnico de sonido, pero lo cierto que esto no lo detuvo para despacharse unos tonos más que envidiables.

Las clásicas Corte Porteño y Sobre la Raya fueron las encargadas de dar el puntapié inicial. La verdad es que la primera costó distinguirla en sus primeros acordes, principalmente por los problemas en el micrófono ya mencionados, y también por el altísimo volumen de la guitarra. Aún así, el «Ella vive esperando oculta en la oscuridad/ es un alma porteña y ronda por la ciudad…» a estas alturas es inconfundible. Punto para Ronnie además, puesto que los que estuvieron atentos notaron que jugó un poco con la letra al decir «es un alma chilena«. En tanto, la segunda fue acompañada por un enérgico headbanging gracias a la gran base rítmica de Pablo Motyczak en el bajo y Fernando Scarcella en la batería. Para qué mencionar el teclado de Javier Retamozo o los solos de Walter. Sencillamente notables.

El primer cover llegaría con la mítica Man on the Silver Mountain. Desde luego que tuvo un gran recibimiento al ser conocida por todos, y si bien las contrariedades persistieron en gran medida, el cantante sobresalió con una interpretación perfecta. Mismo asunto para Cacería, que tras las correspondientes palabras de agradecimiento, todo se tornó en una aplanadora gracias al doble bombo y a la potente pegada de Scarcella. Entonces, para jugar con la intensidad y con las distintas emociones, un interesante contraste se vivió cuando comenzaron a interpretar la rockera Héroes de la Eternidad, ya que versos como «Sólo quiero que hoy escuches mi canción/ se lo pido a tu cansado corazón…» trajeron la calma y el toque setentero tan influyente en la carrera del guitarrista trasandino.

Acercándonos ya al final, no deja de llamar la atención el gran legado de Dio en nuestro día a día. En serio, a todos se nos dibujó una sonrisa cuando comenzó a sonar ese clásico incombustible llamado Neon Knights. Y no es para menos, ya que debe ser uno de los mejores opening tracks de cualquier disco de Heavy Metal alguna vez publicado. Por lo demás, hay que resaltar que fue una versión bastante respetuosa y enérgica. Solo quedaba cantar el «Again and again» con todas nuestras fuerzas. Por último, la encargada de cerrar no podía ser otra que Alquimia. Desde luego que ganó bastante en relación a la versión en estudio, ya que la potencia desplegada en vivo hizo que cada uno destacara a su debido tiempo. Así, con el estribillo «Aprendiz mi hermandad/ signos de lo universal/ Aprendiz fuego y sal/ ángeles y diablos ven que llegará» se puso término a un poco más de media hora de show.

Como mencionamos al inicio de este review, Ronnie Romero demostró que tiene méritos de sobra para llevar la batuta de cualquier banda a nivel mundial. Con muchos aspectos en contra logró sacar adelante la tarea en base a su técnica y a su confianza sobre el plató. Por otra parte, los instrumentistas derrocharon clase de principio a fin y conformaron una base sólida para apoyar a Walter Giardino. obre este último, si bien podríamos nuevamente destacar la calidad de sus solos y toda su experiencia, a estas alturas parece ser totalmente innecesario, realmente un maestro. Contra vientos y marea, gran, gran concierto.

Setlist Walter Giardino Temple:

  1. Corte Porteño
  2. Sobre la raya
  3. Man on the Silver Mountain (cover de Rainbow)
  4. Cacería
  5. Héroes de la Eternidad
  6. Neon Knights (cover de Black Sabbath)
  7. Alquimia

RATA BLANCA

Difícil situación la de los trasandinos. No es fácil tener que llorar la despedida de uno de los miembros más antiguos y más queridos de la banda y al poco tiempo estar en la carretera de nuevo. Emocionalmente la pérdida es incalculable y todo aquél que haya visto a Rata en vivo y en directo conoce la importancia y el significado de Guillermo Sánchez sobre el escenario. Para nosotros los fanáticos, la verdad es que la única opción era seguir demostrando esa devoción a prueba de balas hacia Walter Giardino y compañía. Y vaya que no defraudamos, puesto que el escenario central se encontraba con una gran cantidad de metaleros agolpados en los lugares más próximos al escenario para apreciar el acotado -pero no menos potente- show de uno de los platos fuertes de la jornada.

Y no hay descanso alguno para la mayoría de los integrantes, puesto que tan solo habían treinta minutos de diferencia entre una presentación y otra. En base a esto, no puedo dejar de imaginarme a Walter, Pablo y Fernando corriendo por las dependencias del Movistar Arena para llegar al Domo Stage. Situación más que curiosa y aguerrida a la vez. Directo al hueso entonces. Con anterioridad ya vaticinábamos que el setlist sería bastante parecido al de la última visita a nuestro país. Así lo confirmamos al escuchar en primer lugar las entretenidas Los Chicos Quieren Rock y un clásico como Sólo para Amarte, al igual que como sucedió hace un par de años.

La primera y única revisión a «La llave de la Puerta Secreta» (2005) llegaría con la notable La Otra Cara de la Moneda, que además de ser considerado un clásico en este punto de la historia, dio cuenta del excelente sonido con el que nos deleitaban. Gran trabajo de Adrián Barilari por cierto, que demostró un gran nivel en cada una de las canciones. Prueba de ello fueron las primeras líneas de Rock and Roll Hotel. Deslumbrante manera de cantar el «Cuarto de hotel ya no hay forma que pueda dormir/ Cuando pienso que vivo tan lejos de ella digo, porque estoy aquí…«. Y en el estribillo fue algo parecido. Eso sí, contó con la colaboración del bajista Pablo Motyczak (también bajista de Temple) apoyando en el fraseo inicial.

De esta forma, de aquí en adelante todo fue clásico tras clásico. Partiendo por El Círculo de Fuego y la Canción del Guerrero. Pero la que se robó todos los aplausos fue Agord, La Bruja. Acierto total al incluirla en el setlist, y así lo entendimos todos, puesto que el outro con el «Es importante que no pierdas la razón/ debes prestar mucha atención/ Solo a tu corazón…» sonó y fue recibido como un verdadero cañón. Por último, al igual que en otras ocasiones, Guerrero del Arco Iris -con la tremenda ejecución de Danilo Moschen en los teclados- nos daba indicio de que prontamente se vendría el grand finale.

Las escogidas para poner el broche de otro fueron nada más y nada menos que Mujer Amante y La Leyenda del Hada y el Mago. Lo cierto es que cualquier cosa que quisiéramos agregar para describir este nivel de clásicos ya está dicho con antelación. De esta manera, después de un poco más de una hora de duración, los trasandinos comienzan a despedirse bajo una ovación cerrada. A modo de conclusión, voy a ser sincero al admitir que creo que varios esperábamos algún gesto o alguna palabra más explícita para Guillermo Sánchez. Como fanático hubiera sido bastante emotivo presenciar un pequeño homenaje hacia el difunto bajista, pero a la vez entendemos que puede ser una forma de dar a entender que la carrera de Rata continúa y que se sobrepondrán a cualquier adversidad. En fin, sólida presentación.

Setlist de Rata Blanca:

  1. Los chicos quieren Rock
  2. Sólo para Amarte
  3. La otra cara de la moneda
  4. Rock and Roll Hotel
  5. El Círculo de Fuego
  6. La canción del Guerrero
  7. Agord, La Bruja
  8. Guerrero del Arco Iris
  9. Mujer Amante
  10. La Leyenda del Hada y el Mago

KING DIAMOND

Sí, King Diamond debió cerrar el festival. Y a estas alturas eso es lo de menos. Vamos a lo realmente importante, ¡cuántos años esperando su regreso a nuestro país por la cresta! ¡Cuántos años esperando poder escuchar tal nivel de clásicos en estas tierras! ¡Cuántos falsos rumores que jugaron con los sentimientos de miles de fanáticos! Pero basta. Suficiente. Sí. Sucedió. Kim Bendix Petersen arrasó con todo a su paso. Deuda histórica, señoras y señores. ¡Pedazo de concierto que se mandó! No podemos dejar de lado la euforia y la adrenalina que nos embarga. No si presenciamos la interpretación de ese discazo llamado «Abigail» en su totalidad. No si el opening track fue la notable Welcome Home. No si cada uno de los participantes dejó la vida durante la hora y cuarto de show. No si esta performance será recordada como una de las más notables y emotivas que se tenga memoria. Varios necesitábamos sacarnos ese peso de encima. Bien, vamos a los detalles.

Desde ya el telón que cubría todo el escenario era lo suficientemente imponente para vaticinar lo que se vendría, mientras retornaba al reducto principal parte del público que fue hacia el otro escenario a ver la performance de los brasileños de Ego Kill Talent. Las clásicas The Wizard (Uriah Heep) y Out from the Asylum sólo fueron aumentando la tensión hasta que la mencionada Welcome Home abriera los fuegos y pusiera fin a años de sufrimiento e impaciencia. Desde luego que la aparición de la abuela en silla de ruedas no se hizo esperar y rápidamente comenzó una performance como nunca antes se ha visto. Tanto así que durante el «Let me help you out of the chair, Grandma/ Let me touch you, let me feel!» literalmente se iba recreando la letra casi palabra por palabra. A propósito, la voz de King Diamond se ha mantenido prácticamente intacta. Para los más escépticos, busquen su interpretación durante Sleepless Nights y verán cómo se iba adecuando sin problema alguno.

Momento de que el frontman se dirigiera a nosotros para también aprovechar de presentar a cada uno de los integrantes de la banda. Lo particular es que presentó a Pontus Egberg como Pontus Norgren (el cual de igual forma se encontraba dentro del recinto, ya que es uno de los ingenieros en sonido de la gira que nos convoca) y para cuando notó su error un par de canciones después fue personalmente a disculparse con el bajista. Un crack. Y bueno, hora de otro clásico. Y vaya clásico. Acorde a la fecha además. Halloween multiplicó los saltos y los headbangings durante toda la intro. Así, la única revisión a «Fatal Portrait» (1986) quizás mostró la mejor forma de la banda musicalmente hablando. Decimos esto porque fue tocada con una soltura y una energía que traspasaba hacia todo el recinto. Pedazos de solo que se despachan Mike y Andy por lo demás.

En este punto debemos hacer una pequeña pausa y comentar una situación curiosa y plausible a la vez. Vamos por parte, una vez finalizado el track anterior, Mr. Diamond comienza a mirar a su alrededor cada parte de la tremenda escenografía que había a sus espaldas. De manera transparente nos da a entender que el show no debía ser de esa forma, básicamente porque las luces no estaban funcionando como era debido. Y claro, toda la iluminación que estaba dispuesta alrededor de las cruces invertidas, bajo las gárgolas y alrededor de las escaleras se encontraban apagadas. La atmósfera hasta ese momento era bastante oscura principalmente por este hecho. Entonces él nos propone una especie de trato: tomarse el tiempo que sea necesario para arreglar el problema y luego poder tocar toda la noche de ser necesario, además de afirmar que nos iba a dar el espectáculo por el cual habíamos pagado, sí o sí. Ovación cerrada. Tras un par de minutos con el escenario vacío, desde la mesa de luces dan el visto bueno para continuar el concierto, a lo que el vocalista responde casi con rabia «Show me that it works!«. Y sí, efectivamente el cambio fue evidente durante Eyes of the Witch. Un crack con todas sus letras.

Hora de recordar a Mercyful Fate  y qué mejor que hacerlo con dos temazos como Melissa y Come to the Sabbath. Con la primera, la sección de cuerdas se llevó todos los aplausos ya que lograron recrear la atmósfera de manera perfecta mientras el frontman cantaba «Melissa, you were mine/ Melissa, you were the light«. Por supuesto que los más entusiastas se animaron a tratar de llegar a los tonos del vocalista. En tanto, algunos simplemente observábamos casi en éxtasis como se comía el escenario con nada más que su presencia y cómo la actriz que daba forma al personaje principal hacía su performance sobre el balcón recreado en la escenografía. En cambio, la segunda fue interpretada como era de esperarse. Derechamente el Movistar se convirtió en una sola voz al cantar el «Come come to the sabbath/ Down by the ruined bridge/ Witches and demons are coming/ Just follow the magic call!» y los cambios de tiempo perfectamente marcados por Matt Thompson sellaron una ejecución perfecta. Obviamente que las armonías y los solos de Andy y Mike también se llevaron todas las miradas. Pequeña pausa con Them sonando de fondo y se venía lo mejor.

Ahora sí, tras un breve descanso rápidamente comenzó a sonar Funeral por los altoparlantes. Es aquí cuando parte de la cancha comenzó a abrirse para generar un mosh de grandes proporciones. Dicho sea de paso, notable el cambio de los telones de fondo. Pasamos de tener una imagen central de Jesús rodeado de varios demonios, al frontis de una catedral gótica en cosa de segundos. Y eso no es todo, puesto que la teatralidad fue llevada al límite cuando desde un ataúd King saca a Abigail y pronuncia «That must be it«. Sí, la historia de «Abigail» iba a ser recreada hasta en el más mínimo detalle. Musicalmente en tanto, bastó esa pequeña frase para que Arrival desatara el caos y todos comenzáramos a alucinar con lo que estábamos presenciando. Bastaba ver la cara de los que se encontraban a tu alrededor para entender la importancia de este show. Hasta alguna lágrima vi caer por ahí. Por lo demás, ¡qué temazo por la cresta!, es increíble cómo se va narrando la historia y como va tomando forma a medida que la letra comienza a avanzar. Interpretada a la perfección.

Y la situación solo fue en alza. El doble bombo y el ride de Matt durante A Mansion in Darkness aplastó todo a su paso, siempre seguido muy de cerca por Pontus Egberg. En cuanto al cantante, cuánta energía al entonar «Riding up the alley in the rain/ No lights to show the way…» mientras que al mismo tiempo interactuaba con Miriam Natias. Sí, literalmente las hace todas. Conoce su lugar a la perfección y hasta le da tiempo para incitarnos a nosotros a cantar «The shadows at the gate, they seemed to be alive/ Yeah, the shadows at the gate/ Alive!«. Imposible seguirle el paso. Más aún durante The Family Ghost donde se manda unos fraseos realmente envidiables.

Y cuando decimos que ningún detalle es dejado al azar realmente hablamos en serio. Prueba de ello es que antes de que comenzara a sonar The 7th Day of July 1777, los tramoyas que llevaron las guitarras acústicas a cada costado del escenario iban vestidos como monjes con la cara cubierta y muy metidos en su papel. Vale decir, ningún movimiento brusco o alguna salida de libreto. No. Todo pensado a la perfección. En cuanto al tema en sí, ¿qué más se puede decir? ¡Simplemente sublime! Es cierto que podríamos centrarnos netamente en la ejecución de este, pero estaríamos siendo injustos con la tremenda performance que ocurrió sobre las escaleras. Como la historia lo indica, la esposa del conde es dejada caer desde lo alto y es así como pierde el bebé que llevaba en su interior. ¡Excelente juego de luces! No había otro lugar donde mirar, toda la atención estaba puesta sobre el momento de tensión.

Al tener una letra más bien breve, Omens fácilmente fue una de las más coreadas de la noche. Tan solo bastaba escuchar el «Deadly! omens!» para comprobar esto último. Buenísimas las transiciones del teclado con los posteriores solos de guitarras. Cada matiz sonaba tanto o mejor que su versión en estudio, gracias a un nivel de sonido descollante. Obviamente que a su vez los aspectos visuales continuaron, esta vez lanzando pétalos de rosa para luego seguir con las apariciones de Miriam. Por el contrario, The Possession fue tocada directa y al hueso. Tras esa intro de batería, los «Eh! eh! eh!» no se hicieron esperar y como mencionamos anteriormente, esta fue quizás la canción más potente y «cruda» en su sonido. La verdad es que describir la posesión por el espíritu de Abigail no podía ser de otra forma.

Acercándonos al final del álbum, el riff inicial de Abigail retumbó en todo el Movistar Arena. Cómo sonó el «Miriam can you hear me!«, madre mía. La verdad es a que esta alturas no debería sorprendernos ya que básicamente lo que escuchamos durante la homónima y el ending track Black Horsemen fue una especie de resumen de todo el show en cuanto a las actuaciones, el sonido y la ejecución de cada instrumentista. Final épico cuando los monjes se llevan a Miriam tras su muerte mientras escuchamos «That’s the end of another lullaby/ Time has come for me to say goodnight«. Y así no más fue. Siendo las 20:40 hrs. toda la banda comienza a despedirse entre una ovación cada vez más estridente. El show se hizo cortísimo y no es de extrañarse. Rotundamente afirmamos que fue una de las mejores presentaciones de Heavy Metal que ha pisado nuestro país en todo aspecto a considerar. Sonido, puesta en escena, nivel de interpretación, juegos de luces y el recibimiento del público. Ténganlo presente, la tarde del domingo hicimos historia. ¡Aguante King Diamond!

Setlist de King Diamond:

  1. Welcome Home
  2. Sleepless Nights
  3. Halloween
  4. Eyes of the Witch
  5. Melissa (de Mercyful Fate)
  6. Come to the Sabbath (de Mercyful Fate)
  7. Funeral
  8. Arrival
  9. A Mansion in Darkness
  10. The Family Ghost
  11. The 7th Day of July 1777
  12. Omens
  13. The Possesion
  14. Abigail
  15. Black Horsemen

MEGADETH

Para el redactor, escribir un live review sobre Megadeth resulta bastante complejo y a veces frustrante. Principalmente porque es una banda que nos visita con bastante, bastante regularidad. Prácticamente un show por año. Entonces, ¿cómo evitar ser redundante al analizar un espectáculo que has visto en varias ocasiones?. Por favor, no me malentiendan, bajo ningún motivo estamos estableciendo una queja o un reclamo por la cantidad de veces que Dave Mustaine pisa nuestro país. Es más, personalmente esta es una de mis bandas favoritas de toda la vida y siempre será un agrado escuchar los clásicos de siempre. La cuestión entonces va por otro lado. Volviendo unas líneas atrás, como fanático acérrimo uno ya va con una idea preconcebida sobre lo que presenciaremos durante una hora y media. El setlist es más o menos predecible y hemos llegado a un punto en el que cada canción se ha convertido casi en una coreografía de miles de participantes. Cada uno sabe cuando gritar, cuando saltar y cuando realizar un mosh de proporciones épicas. La complicidad está a la vista y no hay mucho en lo que innovar.

Entonces, ¿qué sucedió cuando comenzó a sonar Hangar 18? Exacto, lo que todos se están imaginando en este preciso instante. Cada uno coreando los riffs, cantando ambas estrofas y esperando la sección de solos para dejar la vida gritando «Megadeth!…Megadeth!…Megadeth!«. Catalogarlo como todo un ritual pareciera ser poco. Y durante Wake Up Dead la situación no fue distinta. Comenzaron a aparecer pits cada vez más numerosos y la cancha ya era un total descontrol. Tanto así que en el sector derecho se encendió una bengala que lo único que hizo fue desatar un caos para enmarcar. Y esto no dejó indiferente a nadie, ya que un par de guardias saltaron la reja divisoria y literalmente ingresaron al medio del mosh para poner todo en orden. Bueno, eso intentaron, porque la verdad es que no había forma de calmar los ánimos, puesto lo siguiente sería In My Darkest Hour, que siempre trae consigo esa catarsis colectiva y esa interpretación tan propia de su lírica. Mi parte favorita por lejos es cuando la cancha se abre súbitamente mientras el colorado gesticula cantando «I walk, I walk alone into the promised land/ There’s a better place for me but it’s far, far away«. Lo que sigue es tierra conocida. ¡Demoledor!

Uno de los tantos clímax se vivió durante la dupla conformada por The Threat is Real y Skin o’ My Teeth. Más detalladamente, durante la primera por fin pudimos tomar un pequeño respiro y de verdad poder apreciar en alguna medida el desplante que había sobre el escenario. Dave Mustaine ya nos tiene acostumbrados a los aspectos visuales -tanto en las pantallas como en los juegos de luces- para darle más sentido a cada canción. Entonces, el clímax mencionado se vivió entre la transición hacia la segunda canción. ¿Se imaginan el por qué? Exacto, ¡apareció otra bengala! Ojo, bajo ningún motivo estamos incitando a este tipo de comportamiento, pero seamos francos al decir que estos detalles son los que van dando cuenta del éxtasis de los presentes. Dicho sea de paso, gran decisión de incluir Skin en el setlist, pedazo de tema.

Momento de que David Ellefson y Dirk Verbeuren queden solos en escena y comiencen a interpretar ese interludio llamado Dawn Patrol. Señal inequívoca de que nuevamente se formaría un campo de batalla apenas comenzara a sonar la parte rápida de Poison Was the Cure. ¿Alguien pudo mantener su posición sin que lo empujaran? Yo lo único que recuerdo es que se formaron dos mosh simultáneos uno al lado del otro. Dicho de otra forma, podías pasarte de un pit a otro dibujando una especie de número ocho con tu desplazamiento. ¡Para enmarcar!

Bastó tan solo un golpe en la batería para que todos nos diéramos cuenta de que se venía Trust. Durante la intro poco a poco se van calentando motores y es sabido que hay que cantar la letra de principio a fin. Y no es casualidad, ya que fácilmente fue la más coreada de toda la noche. Además, el coro en español del final ayuda en demasía para dar lo mejor de cada uno de nosotros. Pero ojo, esto no fue nada con lo que se vendría a continuación con la sublime Take No Prisoners. Uff, cuesta encontrar las palabras para describir lo que se vivió durante la rescatada de «Rust in Peace» (1990). Aparte del mosh gigantesco, debo decir que me sorprendió la gran cantidad que se sabe cada estrofa de principio a fin. Sí, es un clásico con todas sus letras, pero al no ser tan recurrente en el tracklist de las presentaciones en vivo, fácilmente muchos podrían «dejarla de lado». Pero no. Todos cantando el «Got one chance -Infiltrate them-/ Get it right -Terminate them-…«. Para qué mencionar el «Take no prisoners, take no shit!«. Doy fe de que observé a muchos gritar esa parte como si no hubiera mañana. ¡Otro de los clímax!

Sweating Bullets siguió con la senda construida por todas sus predecesoras. La particularidad de este track es que cualquier recinto se convierte en un karaoke instantáneamente y todos ayudamos a que así sea. A modo personal, nunca ha sido de mis predilectas, pero sí le doy el crédito de tener una reacción única dentro de la fanaticada. Situación que no cambia mucho con A Tout Le Monde, la cual fue introducida por Kiko Loureiro y que a todos nos pone un poco más emotivos. Como siempre, el singalong del final fue acompañado por las palmas de cada uno de los presentes generando una postal para el recuerdo.

Al igual que el año pasado, Dystopia tuvo un recibimiento correcto pero bastante lejano del promedio del setlist. A pesar de esto, las melodías y el coro fueron seguidas muy de cerca por todos. Con esto, resulta una labor un tanto ingrata hablar de este tema considerando que vendría otro de los puntos altos de la noche. Señoras y señores, ¡de pie para recibir a Mechanix! Gran, gran sorpresa para nuestro país, más aún considerando que en su anterior visita la escogida del «Killing» fue Rattlehead. O sea, Mustaine y compañía demostraron estar conscientes y comprometidos con realizar los cambios precisos entre un show y otro. Pero volviendo a la canción en sí, que hermoso poder cantar el «Whoever thought you’d be better at turning a screw than me, I do it for my life…» en vivo y en directo una vez más. Clásico incombustible y en la cancha seguía el caos.

Para finalizar la primera parte de la presentación, Symphony of Destruction y Peace Sells agotaron prácticamente todas nuestras energías tras una jornada maratónica en el Movistar Arena. Así, los «Megadeth, Megadeth, aguante Megadeth» y los «If there’s a new way/ I’ll be the first in line/ But it better work this time» resultaron ensordecedores. Por último, Holy Wars…The Punishment Due -con la tercera y última bengala de la noche- fue el epílogo definitivo para un festival que resultó a la perfección. Como mencionamos al comienzo de este análisis, cuesta un mundo innovar cuando se habla de Megadeth y de Dave Mustaine. Sólo queda destacar el gran desempeño de cada uno de sus integrantes. Kiko y Dirk ya son totalmente de la casa.

Setlist de Megadeth:

  1. Hangar 18
  2. Wake Up Dead
  3. In my Darkest Hour
  4. The Threat is Real
  5. Skin o’ My Teeth
  6. Dawn Patrol
  7. Poison Was the Cure
  8. Trust
  9. Take No Prisoners
  10. Sweating Bullets
  11. A Tout le Monde
  12. Dystopia
  13. Mechanix
  14. Symphony of Destruction
  15. Peace Sells

Encore

  1. Holy Wars… The Punishment Due

Un oscuro comienzo de un cambio de paradigma. Hace dos años, Night Sight hizo su debut con «No Way Out«, treinta y tres minutos cargados de Thrash en la línea de Slayer, como lo contamos en su oportunidad en la revisión de este discazo. Sin embargo, ahora es el turno de «The Beginning«, un disco que sin dejar su esencia Thrash «Bay Area», explora mucho más las melodías del Heavy Metal y evoca una oscuridad anterior hacia los tímpanos; haciendo resurgir el recuerdo del «Show No Mercy«, del «Killing is my Business…«, de Mercyful Fate y los numerosos e influyentes grupos de la “nueva ola del Heavy Metal británico”, que parecieran ser irreplicables en su mística old school. Night Sight se conforma en la actualidad por Mauricio Soto en la batería, Franco Troncoso en las guitarras y José Marvel en las voces. Quien domina el encordado grueso todavía es incertidumbre y públicamente no se han dado a conocer roles activos en el presente álbum, esperamos que en algún futuro la banda nos ilumine con respecto a esto.

Una solitaria y rápida guitarra aparece luego de una moderada canción introductoria para efectos de intriga, este es el comienzo de Amnesia, un potente tema resuelto en dos intensos minutos en donde lo único que se extraña es un sonido más análogo y expandido de los platos de la batería, en esta ocasión, del ride que acompaña el coro y pre-coro. Este sonido pulcro y limpio de la batería se extiende a lo largo del disco, restándole el efecto avasallador que tiene, por ejemplo, la batería reverberada de Pete Sandoval o Dave Lombardo. En otras bandas no sería una característica tan clave, pero una batería imperfecta vaya que reforzaría ese toque «vieja escuela» que posee este disco.

El bajo se hace notar en la banda con un estilo percutivo y marcado en la frecuencia aguda, imposible no notarlo, imposible no cabecear con él. Su presencia rítmica se hace notar fuerte en Other Side of the Mirror, canción que explota en los oídos después de las primeras líneas del verso y con unos riffs que ya quisiera MegaDave. La temática paranoica de la canción continua con Don’t Speak on my Mind, que se va presentando prudentemente para luego sorprender y estallar con una subida de tempo en el coro, donde José nos muestra en el coro a armonía dual que su voz distorsionada no sólo funciona para los tonos bajos de Other Side Of The Mirror, sino para incluso gritos en falsete que, sin exagerar, median entre el joven Tom Araya y King Diamond, y si no lo creen, es cosa de escuchar el track siguiente: Blinded, que deja en claro que este disco supera al anterior en insanidad. Se trata de una canción relativamente sencilla, pero que por sus aceleraciones y desaceleraciones también es una de las más dinámicas del disco. Ese coro fantasmal que introduce el disco y que como leitmotiv acompaña el resto de los coros, le da el toque de horror a esta pesadilla del hombre materialista y codicioso.

Y continuando con la lírica condenatoria, Fuck Off es una cátedra de Thrash a riff cabalgado que nuevamente engancha con la transición de sus componentes rítmicos. Lamentablemente, los platos condenan la canción—sobre todo uno de los crash, que derechamente no suena bien—, junto con la caja, que si bien no suena mal, los fills quedan planos y con poco matiz en una canción que depende de ellos para conectar el acelerado coro. Del séptimo track, Who Are You?, destaca por sus letras cargadas de una visión nihilista e irónica sobre la corta vida humana. Su musicalización es bastante simple y estándar en comparación a las otras canciones; aspecto que está lejos de ser una característica negativa, sino todo lo contrario, ya que la melodía se hace más importante que el ritmo, probando así que Night Sight tiene la capacidad de hacer buen Heavy Metal clásico.

Mi predilección se la lleva Those, canción donde las guitarras se hacen protagonistas con increíbles solos que no se extienden más allá de la cuenta, más un interludio de acústica de doce cuerdas que junto a los suspiros de José le dan un toque siniestro preciso. Poco tiempo pasa para dejar de comparar el inicio con Tornado of Souls, esta canción representa la magia que envuelve la composición de este álbum, que aparte de la furia juvenil de bandas legendarias, también contiene un tinte de madurez de los elementos atmosféricos que se logran transmitir con melodías bien trabajadas. Y eso que no soy fanático de los fade-outs, el final de la canción es simplemente genial, me hizo pensar en las armonías de Andy LaRocque (Death, King Diamond), uno de mis guitarristas favoritos. Lo mismo se puede decir de la canción que finaliza el disco: En Coma, tema en nuestra lengua que tiene todos los elementos de culto, tanto del Thrash como del Heavy, separados cada uno por la mitad de la canción respectivamente. Un mosaico de ritmos que pasa rápido por los oídos, pese a que no tenga tanta diferencia de tiempo con las otras canciones, y que bien está elegida como single, ya que adelanta el potencial que trae este disco.

 

 

Para nadie es un misterio que luego de la publicación de «From Afar» (2010), Ensiferum ha divagado entre álbumes poco consistentes que cada vez los alejan más de su peak tanto en composición, como en popularidad alrededor del mundo. No es de extrañarse entonces si surgen opiniones divididas respecto al presente de la banda. Es así como «Two Paths» asoma como una gran oportunidad para reivindicarse y retomar el rumbo que los convirtió en uno de los pilares fundamentales de esa ola de Folk Metal que nos azotó hace algunos años.

La intro Ajattomasta Unesta es épica como pocas. No mentimos al decir que bastan un par de compases para situarse dentro de una batalla de grandes proporciones. Al ritmo marcial se le suma una tenue voz femenina que solo logra ir subiendo la tensión segundo a segundo hasta que la banda deja caer todo su peso donde la armonía en las guitarras y los arreglos orquestales destacan por sí solos. Rápidamente pasamos a For Those About to Fight for Metal, que con total seguridad afirmamos que es uno de los puntos más altos del álbum. De inmediato es necesario recalcar que la acordeonista Netta Skog aparece en los créditos como compositora. Entonces, básicamente es el opening track al que nos tienen acostumbrados y que ya resulta ser marca registrada de la casa. Riffs gancheros y repetitivos, doble bombo a más no poder, arreglos corales y orquestales, que finalmente abren paso a un estribillo hecho para cantarlo con el puño en alto: «For those about to fight for metal/ Gods of war salute you all/ For those who’ll never lower their blade/ We’re blood brothers till the end«. ¡En vivo será notable!

Al igual que su predecesora, Way of the Warrior se encuentra dentro de lo más destacado del LP. En primer lugar, imposible no elogiar la gran pegada de Janne Parviainen durante todo el tema. Logra llevar con total soltura cada uno de los pasajes, haciendo que la canción fluya y se transforme en un hachazo de aquellos. Así, el grito inicial de Petri Lindroos no hace otra cosa que incitar al caos y al descontrol mientras escuchamos un huracán de fondo. Considerando esto último, desde luego que el trabajo de las guitarras es arrollador a medida que se intercalan los riffs más pesados y los interludios antes de cada estrofa. Los frases desgarradoras son acompañadas de forma precisa hasta que llegamos al coro «It’s the way of the warrior/ This path before me/ Destined to be the king/ Of battlefields!» que rápidamente te queda dando vuelta en la cabeza. Por último, suma atención con las segundas voces y con la parte instrumental, ya que nada es dejado al azar. Al hueso y sin pretensiones.

En absoluto contraste, Two Paths es una pieza un tanto más densa y algo más difícil de digerir. Los «dos caminos» se ven reflejados en la interpretación vocal de ambos guitarristas (voz limpia y gutural). Y esto la verdad es que es un poco contraproducente, ya que la voz de Markus cuesta encajar dentro de la primera estrofa y el primer estribillo. Suena un tanto fuera de lugar y por momentos le falta fuerza en su interpretación. Eso sí, una vez que Petri entra de lleno en el tema, este recién agarra un poco de fuerza y de empuje mientras Janne y Sami aplastan todo de fondo. Lamentablemente la idea era bastante buena y predecible, pero se ve un tanto opacada por la gran diferencia que mencionamos anteriormente.

Volvemos al vértigo en todo su esplendor con la notable King of Storms. Nuevamente Janne se luce de principio a fin con un trabajo sobre el ride ejecutado a la perfección. Eso como primer aspecto a destacar. Luego, junto a las guitarras más filosas y «callejeras», encontramos arreglos orquestales más bien discretos, pero que en su conjunto logran que en cada una de las partes donde se hacen presentes se alcance una gran cohesión. Además, suma atención con la parte de los solos en la sección media-final, que si bien no es tan extensa, no se guardaron absolutamente nada. Lo demás ya es tierra conocida. Gritos, coros épicos y un headbanging que no se toma pausas.

Y bueno, una de las mejores formas de aprovechar a Netta Skog es su gran talento para el canto. De esta forma, Feast with Valkyries está interpretada en su totalidad por la acordeonista. El ritmo mid-tempo acompaña de forma óptima la historia que se cuenta y la forma que tiene la finesa para entonar cada una de las frases. A su vez, el estribillo fue hecho para cantar y bailar de acuerdo al festín en el que nos sitúan: «High to the skies, across the seas/ Woods of the north and mountain peaks/ The song will sound through history/ Tonight we’ll feast with valkyries«. La función de entretener y llamar la atención de forma positiva se cumple a cabalidad. ¡A disfrutar!

Don’t You Say es quizás una de las más llamativas considerando el concepto general de este trabajo. Resulta un tanto «extraña» puesto que más bien hablamos de un corte que oscila entre un Rock más radial y festivo, pero sin dejar el típico sonido Folk de los fineses. Esto último se aprecia desde un comienzo cuando escuchamos el ritmo de la batería y la melodía principal que acompaña toda la canción. A destacar también la constante participación de Netta tanto en los coros como en la instrumentalización. A su vez, no se sorprendan si el fraseo de Markus Toivonen les recuerda a Christopher Bowes (Alestorm) durante gran parte de la lírica. Lo cierto es que es una mezcla que en el balance final termina por convencer de gran manera. Quedan cordialmente invitados a cantar el «Don’t you say it’s the same old story/ don’t you say I came too late…«.

De lleno en la segunda mitad del LP, I Will Never Kneel asoma por lejos como uno de los puntos más bajos dentro de todo el tracklist. Si bien en un comienzo pareciera ser otro tema directo al hueso, cada vez que escuchamos el «I will never kneel…» entramos en un letargo y en una monotonía que cada vez resulta menos provechosa. Lo único destacable quizás es el pasaje donde nuevamente Netta Skog logra una interpretación vocal sobresaliente y muy acorde a la atmósfera que se crea en la parte media. Pero esto es solo algo pasajero, puesto que pocos segundos después volvemos a los aspectos negativos ya descritos. Por el contrario, God Is Dead probablemente es la composición más festiva y vertiginosa de todas. Con algunos tintes propios de Turisas (¿coincidencia?), todo parece ser un caos y una celebración digna de los paganos. Aún así, bastante poco es lo que llega a aportar en el balance general. Se sostiene solo por la calidad de su predecesora y su ubicación dentro del álbum.

Casi finalizando, Hail to the Victor es otra pieza densa y pesada que no logra renovar energías considerando que prácticamente es el ending track. Más aún considerando que la letra intenta ser épica y grandilocuente conforme la canción va desarrollándose. Es así como nunca toma la fuerza necesaria y se queda corta dentro de su propuesta. La parte instrumental logra refrescar un tanto los ánimos, pero súbitamente se pierde la inspiración con el «Hail to the Victor…»  al igual como ocurre en I Will Never Kneel. Luego Unettomaan Aikaan asoma como el outro donde el acordeón, la sección de cuerdas y la misma voz femenina que abre este trabajo se hacen presente.

Por último, y a modo de bonus track se nos presenta la «versión alternativa» de God Is Dead y Don’t You Say. A ojos cerrados esta última es la más recomendable, ya que en esta ocasión las voces están a cargo de de Petri y vaya que las cosas cambian. La intención no es desmerecer ni quitar mérito a la propuesta original, pero resulta bastante interesante tener la perspectiva de los guturales interpretando el estribillo con una potencia envidiable. Ojo ahí.

A modo de conclusión, a todas luces «Two Paths» está lleno de altibajos y de contrastes que no resultan muy placenteros. La baja considerable en las composiciones de la segunda mitad de la placa no se puede pasar por alto. Y es una lástima, puesto que los temazos que abren el disco pueden resultar opacados injustamente. Ahora, centrándonos en los aspectos positivos, la participación de Netta es el primero de ellos. Gran, gran acierto al incluirla en el trabajo vocal de cada una de las pistas. Los coros suenan poderosos y brillan con luces propias. Por otro lado, la base rítmica a cargo de Janne y Sami es simplemente descollante. Nada más que acotar al respecto. Finalmente -y volviendo unas líneas atrás-, las canciones más destacadas con total seguridad están llamadas a convertirse en clásicos instantáneos. Solo esperen a ver lo bien que funcionarán en vivo y en directo.

 

 

A buena mesura del conocimiento de nuestros lectores, el nombre Nicolás Arce no es desconocido si pensamos en el prestidigitador de cuerdas en las filas de la Ópera Metal nacional Húsar, de Ivés Gullé. Maze, el proyecto liderado por el también productor—de bandas como Polímetro y Battlerage, entre otras—sale a la luz después de siete años de génesis. Y además de Arce en la guitarra, sintetizadores y bajos de estudio, Maze cuenta con la voz de Rodrigo Varela (Afterglow, Húsar), Vincent Zbinden en batería y su más reciente incorporación, Diego Contreras (Violent Passion Surrogate) en el bajo.

El EP se titula «Misery for Breakfast» y se compone de cinco canciones originales, más un cover a la legendaria banda noruega A-Ha; un eco de aquellos tiempos donde el pop tenía tendencias vanguardistas gracias a que los maquiavélicos estrategas de mercado global estaban recién haciendo sus planes para robar el sintetizador. Esta canción versionada y elegida para cerrar el lanzamiento es el exitoso single The Sun Always Shines on TV. La canción, pese a que incorpora riffs y doble-pedal para reemplazar el trémolo constante de la canción original, logra escapar de la tentación del versionado mediocre según los recursos genéricos del Metal (como mal acostumbra Children of Bodom). Sin embargo, también cometen la sana insolencia—como todo buen cover debiera cometer—de quitarle autoridad al sintetizador para acentuar el toque propio. Al iniciar dando mención a la canción final del disco, pretendo trasladar a letras la impresión personal que tuve sobre esta banda: un estilo que—como ellos bien definen—tiene base en el Prog y Power Metal, pero que saca provecho de los sonidos sintéticos de forma melódica y cinemática.

Los dos primeros temas, F.E.A.R. y Endless Streams, dan una fuerte impresión de la capacidad que tiene la banda para mezclar estos dos mundos. En ambas, Varela hace buen uso de su talento al adecuar la intensidad de su voz a los segmentos de la canción que lo requieren. Sin embargo, su registro vocal impresiona aún más en la segunda canción, con un coro cuya altura tonal es comparable a la habilidad que Cedric Bixler-Zavala (At the Drive-In, The Mars Volta) tiene para lograr cohesionar un canto suspirado con uno rompe-cristales. Hacia el tercer tema, The Best Things of My Life, la banda mantiene con más moderación las intromisiones atmosféricas de los sintetizadores, lo que da como resultado la consideración de este tema como el más Power del disco. Una canción que, también por su contenido lírico en torno a la nostalgia, trae a la memoria a Stream of Counciousness, el mejor disco de Vision Divine a mi parecer. Resulta paradójico que el sonido de las frecuencias altas de la batería (platos y caja) pierdan definición y claridad en comparación al bombo y los toms (que suenan espectacular); sin embargo, con la gran cantidad de sonoridades de estos dos primeros temas, la banda opta por no saturar el volumen, lo que es un prudente acierto y una posible consecuencia de nivelar los metales percutivos.

Y luego de la explosión del tercer tema, vienen en buen lugar las power-ballads a entregar dinamismo, reforzando así la impredictibilidad de este lanzamiento. Así como en el caso de los vinilos, que daban cierta cohesión a las canciones del lado A con respecto al lado B (gran ejemplo: Sad Wings of Destiny de Judas Priest), el lado B de «Misery for Breakfast» inicia con You Step Into My Darkness. Se trata de un tema tipo I Walk Beside You de Dream Theater, que—como bien indica el título—posee una devoción declarada por parte del hablante lírico, cuya pasión se refuerza en la compañía de las guitarras en el coro. En claroscuro, The Void muestra una actitud sentimental más estoica y desesperanzada, sacando a relucir todo el potencial de los instrumentos, incluido el bajo que a lo largo del disco se muestra más bien tímido (asunto que de todas formas promete cambio a futuro con la total incorporación e influencia de Contreras). Guiado por una rítmica de cuerdas de metal acústicas, la guitarra a manos de Arce se lleva el protagonismo, intercalándose en los momentos adecuados con pesados acordes, para luego cerrar el tema pedaleando el wah en los solos.        

Con un debut impresionante, Maze rompe el silencio de su gestación con un sonido que no se ha visto frecuente en el Metal melódico nacional. Sin duda, el futuro de esta banda se escucha prometedor.

 

 

Un despertar hacia la luz. Luego de dos años de gestación, la esperada ópera Metal “Land of Light”, llega a nuestros oídos bajo la grabación y producción de su creador, el guitarrista y compositor noruego Frode Hovd (Memorized Dreams), mezclas a cargo del maestro Roland Grapow (Helloween, Masterplan) y masterizado por Jacob Hansen (Beyond Twilight, Invocator). Un ambicioso proyecto que reúne a numerosos talentos del Power, Prog y Speed Metal. Su resultado es una impresionante evocación del Power Metal de inicios de los ‘90 hasta mediados de los años 2000. A contrario de óperas como Ayreon del holandés Arjen Lucassen o Húsar del compositor nacional Ives Gullé, los vocalistas no representan un personaje en particular sino personajes esporádicos.

El concepto temático del álbum narra una historia épica de un grupo de elegidos en una lucha de la luz contra la oscuridad, ángeles versus seres del infierno. Los contrastes cuentan con su simbología correspondiente, es decir, la luz asociada a la esperanza y la oscuridad a la perdición. Esta narración lírica está apoyada por lo publicado en la página oficial, la cual entrega más detalles de esta lucha. En resumen, en el siglo XIII se descubre en la perdida Babilonia unos manuscritos con contenido gnóstico y topográfico (algo así como los pergaminos del Mar Muerto o el Cilindro de Ciro), cuyo contenido se rumorea que fue escrito por el Creador mismo. De su contenido se extrae la existencia de esta “tierra de luz”, un mundo fuera del acceso e intervención de los humanos. Dicho descubrimiento está bajo la custodia de Roma hasta el tiempo presente y vuelve a las conciencias cuando surge un escenario apocalíptico que necesitará de la intervención de los lightbringers, seres divinos que esperan en la Tierra el llamado a la guerra del Thor del judeo-cristianismo, el arcángel Miguel. La historia, de todos modos, se abstrae lo suficiente para dejar estos antecedentes como un trasfondo, en comparación con, por ejemplo, “Temple of Shadows” de Angra, en donde el camino del héroe configura el propósito de cada canción.

Excitare Ad Lucem es el intro encargado de anteceder el primer escenario donde se ubican los héroes de esta historia. La canción ligada, Another Life abre con una marcha que contrasta con la esperanzadora voz a cargo de uno de los tres estadounidenses en el proyecto, Todd Michael Hall (Reverence, Jack Starr’s Burning Starr), que desde el 2013 es miembro de Riot V (remanente del mítico Riot), Rick Altzi, talentoso vocalista de At Vance que asumió el sublime desafío de reemplazar a Jorn Lande en Masterplan. Como vocalistas de apoyo cuenta con los suecos Kristoffer Göbel (Falconer) y  David Åkesson (Qantice)… ¡Todo un coro! Siguiendo los patrones de la ópera, la marcha de presentación asciende a notas mayores, se mantiene en su punto más alto durante el coro y luego desciende en un interludio dramático con una suerte de monólogo para transmitir las incertidumbres del conflicto por venir (“Find the glorious white light. Search disguised full of glory. Feel the dark in your mind’s sweet hope. Do we dare to believe?”). Sin embargo, yo me quedo con la sección rápida que lidera Todd luego del primer coro que cierra Rick Altzi, ya que, su voz muestra una breve reminiscencia a Rob Halford y es una bajada de tono que al mismo tiempo da pedal al ritmo, que impulsa el resto de la canción y te dice que “no todo es esperanza acá”. Esta canción, además, tiene el agrado de presentar a Uli Kusch detrás de los platos y cueros, cuyo currículum suma los titanes de Alemania, GammaRay y Helloween, y el Masterplan de Roland Grapow.

Guardians of the Light introduce al vocalista Yannis Papadopoulos (Until Rain, Wardrum) que demuestra gran versatilidad, acompañado de la voz de Åkesson, y cantando en dualidad en un coro que nada tiene que envidiarle a los “Metal Opera” de Avantasia. La canción tampoco cede en intensidad durante los versos (“There’s a dark and unspeakable creature roaming the night…”), que sin mucha intervención melódica, se mantienen pesados para cederle el trabajo a las voces, un recurso muy propio de bandas como Nocturnal Rites con Afterlife y Kamelot en The Black Halo. Los pre-coros e interludios se construyen como una rapsodia, intercalando intensidades e incorporando, incluso, una voz gutural que acentúa el aspecto sombrío del pasaje. El guitarrista de Falconer, Jimmy Hedlund se luce en esta partida con un solo moderado, pero con genial calidad de tapping. En esta canción, los encargados de la batería y el bajo son Andreas Nergård (Rudhira) y Filip Andel (Within Silence), respectivamente, y la guitarra rítmica a cargo del compositor Frode Hovd.

El disco cuenta con dos canciones para dar una pausa al tempo acelerado y alzar la llama del encendedor: Sands of Time y Trail of Tears. La primera me pilló por sorpresa al darme cuenta que el vocalista no era Roy Khan (Conception, Kamelot), sino el compatriota de Papadopoulos, Vasilis Georgiou, quien me dejó especulando mentalmente con la posibilidad de que le quite el puesto a Tommy Karevik (actual vocalista de Kamelot). Esta balada cuenta con el aporte mezzosoprano de la también griega Mina Giannopoulou (Karmic Link, The Rain I Bleed). Pero la canción downtempo que se lleva mi predilección es la segunda mencionada (séptimo track): Trail of Tears. Y ya que nos adelantamos en el disco, cabe señalar que ésta canción corresponde a la ordalía de los héroes, en términos más claros, al punto en que flaquea la posibilidad de una victoria, pero no se pierde la esperanza. La capacidad dramática de Mathias Blad (Falconer) le viene como anillo al hobbit, con intensidad y emoción que va in crescendo al contar los lentos segundos. Luego del coro, Mathias continúa (“Rise you mighty eagle, soar across the sky…”) y da un breve interludio a la canción para dar paso al solo de la mano y guitarra de Christer Harøy (Divided Multitude), para luego, junto con la voz acompañante del noruego Marius Danielsen (MD’s Legend of Valley Doom), cerrar la canción. El encargado del bajo es el hermano de Christer y compañero de banda, Rayner Harøy.

Para Lost In The Darkness Below , que narra el inicio de las aventuras a través de la oscuridad, los elegidos para las voces fueron los noruegos Pellek (Per Fredrik Åsly) y Marit Børresen, junto con un pequeño segmento de Roland Grapow con voz de narrador a lo Christopher Lee en Rhapsody of Fire. El primero cuenta con una banda nombrada según su alias, de la que Børresen es también miembro, que posee una cantidad ridícula de covers que también pública en YouTube (plataforma en la cual muchas vistas ha tenido cierta virulenta canción en español que por higiene me niego a nombrar). Su registro es bastante alto, lo que le viene bien a esta canción de Power Metal sin rodeos ni disfraces, es decir, Power a la vena. De todas formas, la voz de Børresen se roba la canción, ya que le da un contraste grave preciso en el verso, además de tomar las riendas en el coro y quedar como voz principal, siendo complementada por Pellek.

Test of Time inicia con un riff melódico en mímesis del coro, un recurso para nada desconocido dentro del Power Metal de la era Kiske de Helloween. La parte lírica describe un espacio metafísico fuera de la dimensión temporal de la Tierra. Este lugar es una especie de limbo en donde los pecadores encuentran redención o condena según la valía de sus actos. Los invitados para vocalizar este tema son Rob Lundgren, quien ha trabajado en diversos proyectos musicales como Powerdrive y The Chronicles Project, junto a Tommy Johansson, vocalista y guitarrista de Golden Resurrection y ReinXeed, que también pasó a formar parte de Sabaton el 2016. El coro no es nada inesperado, pero el verso y pre-coro—cuyo acompañamiento de arpa sintetizada despierta cierta nostalgia—definitivamente quedan sonando en la cabeza, postulando a este tema como uno de los fuertes del disco.

Where Reality Ends nos acerca, desde la ordalía, hacia el clímax de la historia. La «orquesta sintetizada», a cargo de Paolo Campitelli (Kaledon), tiene una presencia marcada a lo largo de la canción y funciona en complemento con las guitarras. La voz de Papadopoulos regresa—con guturales incluidos—para aportar, en conjunto con el estadounidense Eli Prinsen (The Sacrified), los matices vocales. La batería nuevamente está a cargo del maestro Uli Kusch con sus reconocidos fills que sacan todo el potencial de la caja (snare). From the Ashes también marca su inicio con la guitarra siguiendo la melodía del coro. Su contenido lírico, al igual que las otras canciones, deambula por imágenes ya conocidas y símbolos asociados a la mítica clásica, siendo figura central de esta canción el ave fénix junto a otras representaciones aladas. Esta indica, evidentemente, la resurrección de la esperanza en la redención de los hombres justos. En este tema contamos con la voz de Bernt Fjellestad (Guardians of Time) con Linus «Mr. Gul» Abrahamson (Andromeda, Anton Johansson’s Galahad Suite) en guitarra líder y bajo.

Finalmente, el clímax se resuelve en Answers in a Dream, con el regreso del dúo Michael Hall/Åkesson, pero que lamentablemente queda corta de trascendencia al estar situada entre la novena y la décimoprimera—y final—canción. Es más bien una esperanzadora antesala pronta al desenlace y carece de la tensión propia de un momento crucial que se ha estado esperando a lo largo del álbum. Luego, la canción homónima del disco, Land of Light, reúne a varios de los vocalistas anteriores (punto más alto, como Sign of the Cross de Avantasia) e incluye a Siegfried «The Dragonslayer» Samer (Dragony) y al inconfundible Fabio Lione (Angra, Rhapsody) en las voces. Sin embargo, no es la única eminencia que se enlistó para esta canción, pues también cuenta con el tercer estadounidense, el bajista Mike LePond de Symphony X, cuya habilidad indiscutida no logra sacarse debidamente a relucir por la poca consideración del bajo a lo largo del disco, sin duda un punto en contra para el proyecto. Los sintetizadores están a cargo de Peter Crowley, quien queda a la altura de la canción y se funde bien entre las melodías cambiantes de la composición, incluso dándose el lujo de incluir una gaitas y flautas en un segmento en donde fácilmente se podría haber tentado con vientos más «etéreos». Similar a «Keeper of the Seven Keys» de Helloween, el tema recorre valles de intensidad y cambios de tempo.

Frode Hovd, un músico que no conocemos del todo, promete bastante potencial al elaborar un hipotético «Metal Opera pt. III» y hacer que se sienta la distancia del nuevo Avantasia en relación de sus dos primeros discos. Proyectos con esta cantidad de músicos no son fáciles de encumbrar, es por eso que a veces se olvidan aspectos—como el sonido del bajo—o se priorizan otros que se estiman más protagónicos. Dentro de las cosas que espero en una posible secuela–además de la parte técnica y cualitativa—mayor madurez en cuanto al desarrollo de la historia a fin de no caer en clichés poco desarrollados. La ausencia de dragones y elfos no da inmunidad para no caer en este error.

 

 

Siente el rugir del metal de las entrañas de la tierra. Sé testigo de la salvaje naturaleza del caos. “Time of Collapse” es el título del álbum debut de la banda de Heavy/Speed metal, 7° Richter. Con epicentro en Curicó, esta manifestación sónica está conformada por su compositor principal, Cristian Cordero, y Pablo Allendes en las guitarras; Jorge Rojas en el bajo; y los ex Iceberg, Juan Valderrama en la batería y César Yuivar como vocalista, junto a Natalia Soto como voz de soporte.

El track encargado para abrir el álbum es Mindquake, una potente introducción instrumental que se acerca en efecto doppler y libera una descarga de Metal a la vena. Guiados por un sonido—quizás demasiado—seco de la batería, los instrumentos se exponen por primera vez a fin de aclimatar nuestros oídos a lo que está por venir, pero no sin antes interrumpir el momentum y bajar el tempo para un espectacular cierre melódico. Lo que nos lleva al segundo tema, Demons Alive, en donde la lucha interna de un hombre que pierde la batalla contra sus demonios se relata a través de la voz de César, que hace su aparición demostrando su poderosa voz y expresión en los tonos altos—muy similar al estilo de Henning Basse (Metalium, Firewind)—, escoltado por Natalia en los coros e interludio.

La canción homónima al álbum, Time of Collapse, lleva a pensar en la ilustración de este, a cargo de Jaime Guerrero Salamanca, que tiene a la muerte como motivo principal, utilizando diversas claves y referencias visuales —tales como el cuervo, el as de picas y “La puerta del Infierno” de Rodin— para reforzar la semiótica de este apocalíptico escenario, pero más importante aún, para entregar la atmósfera apropiada para el disco. Con una conducción efectiva a mano de las guitarras, la canción juega con las intensidades de los riffs, que se encargan de estructurar sus segmentos, cuyo resultado—más la temática de corte distópico—resulta fácil de comparar a la calidad de Iced Earth.

La participación de Natalia Soto adquiere importancia definitiva en Inorganic Fields, ya que, junto a Yuivar, logra un gran contraste melódico a la progresión de acordes menores que definen el coro. Luego tenemos la condición humana del hijo de Dios, que es la temática principal de Blood Divine, track que bautizó el primer demo de la banda el año 2012. Se caracteriza por ser una canción bastante dinámica, rápida y con un interludio instrumental que cae bien a todo fan de Iron Maiden. Sin duda, canción candidata a convertirse en un futuro clásico de “7 grados”.

La sexta canción, Stolen Lives, cuya temática pareciera ser una secuela de Demons Alive, impresiona dando un giro atmosférico, más intrigante y oscuro. Posterior a los acordes iniciales, una caracterización demoníaca resuena tras la presencia vocal de César, un acierto sencillo que tiñe la canción con el carácter que exige su contenido lírico y los riffs en tonos siniestros.

Y a propósito de siniestros, otro de los “clásicos” del demo, Bajo La Sombra De La Cruz es un ejemplo del potencial que tienen los riffs neoclásicos para hacer poderosa una canción que nuevamente tiene mucho en común con Iced Earth, parecido que se acentúa, además, con los desgarradores gritos de César para complementar su propia voz durante los versos. Su contenido lírico se queda algo corto de la profundidad que los otros temas expresan, posiblemente debido a que está escrito como una declaración acusatoria directa, al estilo de Spiritual Dictator de Gamma Ray. De todas formas, bienvenido es el uso del español en sus letras, que también es el caso de Tentación y Sangre de tu corazón, canciones que suenan muy bien en el idioma y eximen a la banda de caer en errores gramaticales y pronunciaciones duras. Muy lejos de cambiar la sonoridad estética que brindan los fonemas anglosajones, las canciones en español suenan igual de potentes que aquellas en inglés, incluso tratando tópicos más dantescos (en el sentido amoroso); ejemplo de esto es Sangre De Tu Corazón, temazo de inicio a fin donde Natalia nuevamente entrega geniales intervenciones.

Sin pretensiones de parecer chanta de matinal con esta declaración, doy por escrito que tendremos más sacudidas de 7 grados en el futuro, ya que este debut no da la sensación que se trata de una banda emergente, sino de una banda de miembros con evidente experiencia, que ha sacado a la superficie solo la punta de un iceberg profundo.

 

 

Para aquellos que tuvieron el placer de asistir en junio de este 2017 al festival que trajo a Carcass de vuelta a nuestra tierra, la guitarra de Sergio Aravena no es extraña a sus oídos. El músico oriundo de Rancagua—guitarrista de las bandas Thrash Forahneo y Torturer, así como también de la banda Heavy/Power, Rebelion—, hace un giro introspectivo sobre su carrera y lanza el primer EP de su nuevo proyecto personal: SAR, donde, además de la guitarra, ejecuta el bajo y programa las baterías. Elaborado de forma independiente en su estudio personal, Instrumental Dark, del sello Best Foe, cuenta con la masterización y mezclas del brasileño Victor Hugo Targino, quien—además de lanzar Perfidy como guitarrista junto a Forahneo— también ha sido hombre tras perillas en el LP «Age of Decadence» de los nacionales Necrosis.

La canción encargada de abrir esta sublime sinfonía de la noche y de lo onírico es Sueño Fantasma, comenzando inmediatamente con una marcha que juega con lo melódico y lo pesado en la sección de guitarras. El bajo no se queda atrás, al principio con una línea algo tímida, adquiere notoriedad melódica pasado el minuto, distanciándose de la guitarra rítmica y complementando los acordes abiertos de esta. Pero esta montaña rusa de sweep pickings todavía no acaba con las sorpresas, ya que luego de mantenerte enganchado, el vagón se suelta en un espacio abierto donde el tempo se acelera y el cabeceo se hace inevitable.

La secuela de este extraño sueño es casi inevitable, la Pesadilla número uno toma la atmósfera antecedida y la lleva a la incomodidad extrema con notas oscuras escoltadas por barridos aún más amplios que los primeros. Lo que hace a estas canciones tan necesarias en el género, es que su potencia y virtuosismo no se excede en demostraciones de elementos técnicos, muy por el contrario, respetan la integridad expresiva de la canción, sin desvirtuarse hacia un barroquismo de notas indescifrables.

La anomalía de tempo bajo viene acompañada del feeling en la tercera canción, titulada Sonámbulo, donde la guitarra pasa a través de la vibración profunda del bajo que va marcando sus notas principales. Este paseo onírico, en similitud con For the Love of God de Steve Vai, también posee un interludio en el cual los bends sostenidos se acentúan bajo el efecto hipnotizante del wah-wah, sin embargo, en Sonámbulo no hay temor alguno de romper el esquema y reemplazar el tacto de una guitarra con chorus por un ritmo distorsionado y pesado que entrega un clímax adecuado para el tema.

Finalmente, el cuarto y quinto track, Nocturno e Insomnio, son dos caras de una misma moneda—al igual que las dos primeras canciones—que dejan testimoniado el estilo de Aravena, no necesariamente en búsqueda de un punto de comunión, sino en explotar el contraste entre el Metal extremo y la guitarra neoclásica en transiciones de intensidad. Este álbum, además de ser una experiencia sonora impecable, es una referencia cualitativa concreta a la hora de imaginar el nutrido potencial de los músicos que conforman la escena metalera del país.

 

 

Tras cinco años de ausencia, los oriundos de Talca nos presentan su tercer trabajo discográfico con el que están dispuestos a seguir abriéndose paso dentro de la escena nacional, algo que hoy en día parece ser cada vez más difícil, principalmente al considerar la cantidad no despreciable de bandas chilenas que han mejorado de forma notable su producción y su profesionalismo en su propuesta. De esta manera, H&H promete no echar pie atrás y con «Resilience» prometen seguir la senda de ese discazo llamado «Unbreakable Will» (2012). Empecemos entonces.

Paths Of Doom es una pequeña pieza instrumental que sirve como introducción de cara a lo que escucharemos en los próximos cuarenta minutos. Si bien es una composición bastante breve, desde el primer segundo se logra apreciar la pulcritud y el excelente sonido que nos presentan, donde la sección de cuerdas logra recrear una atmósfera densa y lúgubre, muy acorde a la portada del álbum. Rápidamente pasamos a la poderosa Bringer of Death, single que fue dado a conocer hace un par de meses. Atención aquí, ya que los talquinos no se guardan nada y arrasan con todo a su paso, siempre comandados por la dupla de Matías y Daniel González (batería y bajo, respectivamente). Desde luego que también las guitarras son absolutas protagonistas, puesto que se despachan unos solos y una armonía en la parte instrumental digna de aplausos. Finalmente, el estribillo es pegadizo y del tipo «levanta puños»: «Bringer of death – spreading his hate all over the world / Bringer of death – straight out of hell / He will spit his wrath, merciless, he’ll tear you apart / Bringer of death – stay out of his way». Excelente comienzo.

La rapidez y el vértigo no se toman pausa durante la interesante Molester. Nuevamente he de destacar el sonido crudo y directo que logra justificar cada uno de los pasajes de este tema. Decimos esto porque básicamente se va alternando el ritmo más pausado del verso con la violencia y la velocidad implantada en las guitarras y en la batería durante el coro. Por cierto, excelente labor la del frontman Camilo Jara de principio a fin, quién a través de la lírica lanza una fuerte crítica hacia la pedofilia y hacia la iglesia católica en general. Suma atención durante el «Get down, on your knees / God will set you free, trust in me!…». En tanto, historia conocida en lo que a Aldo Núñez y Nelson González se refiere: solos y técnica de un gran nivel. Lo cual se repite con Imposter, quizás una de las más progresivas de este trabajo, que si bien no trae una nueva perspectiva en relación a sus predecesoras, resulta sobresaliente dentro del tracklist principalmente gracias a la naturalidad que posee al conectar cada uno de los pasajes que se van presentando. Si a esto le sumamos la calma entre el puente y el estribillo, el resultado no es otro más que una canción de gran factura. El dato freak por excelencia es el gran parecido entre el riff de la parte instrumental con el de As I Am de Dream Theater. ¡Notable!

Otro de los puntos altos sin lugar a dudas es Resilience, composición que da nombre al disco. Y es que es imposible no vaticinar el hachazo que se vendrá tras escuchar las primeras notas de la intro. Ojo, si bien a modo de resumen es básicamente un tema cañero y a la vena, a su vez logra ser uno de los más melódicos y que más detalles posee. Los arreglos de guitarra logran darle frescura y tonos más esperanzadores que se condicen con la letra, dando cuenta de la gran labor de parte del vocalista al escribirla. Así es como escuchamos versos tan potentes como «I live everyday as if it were my last / Tasting the good things in life / Nothing will ever stand on my way / Cause I won’t be weak again!». Lo demás corresponde a un análisis personal sobre las sorpresas que contiene.

Entrando de lleno en la segunda mitad del LP, con Cancha Rayada y Deceiver se produce un contraste más que notorio. Como su nombre lo indica, la primera relata los sucesos vividos en el desastre de Cancha Rayada durante la independencia de Chile, así rápidamente nos transporta a un thrash ochentero que desborda ese sonido callejero tan propio de una banda como Ambush, por ejemplo. De esta forma, nos topamos con guitarras punzantes y un doble bombo marcando a mil que nunca desacelera. En tanto, la segunda es mucho más densa y un poco más difícil de digerir. Desde el primer segundo se nota un tratamiento distinto en la ejecución de Aldo y Nelson, llevando tal vez al límite el concepto implantando en esta placa. Ambas no logran estar dentro de lo más destacado, ya que quizás por su posición dentro del tracklist se ven opacadas por sus predecesoras.

Acercándonos ya al término de «Resilience«, The Warning solamente llega a reforzar todo lo que ya hemos escuchado hasta el este punto: Canciones poco pretenciosas, efectivas y que van directo al hueso. A modo muy personal -y a pesar de que en esta pieza no hace «nada del otro mundo»-, considero que Daniel González realiza su mejor performance dentro del presente trabajo. Solo basta poner atención a las progresiones del coro y a la parte de los solos para que se den cuenta de lo que hablo. Finalmente, el ending track es a su vez el tema más extenso del disco, con un poco de más de siete minutos de duración. Bajo esta premisa, es de esperarse que Down sea lo más dinámica y variada posible. Pues bien, en parte esto se cumple, puesto que prácticamente nos dan un paseo por varios estilos dentro del Heavy, y por momentos vaya que salen ganando, pero no deja de ser cierto que en el balance final le falta lucidez y esa cuota de sorpresa para lograr poner el broche de oro como corresponde. Por favor, a no asustarse con esto último, la canción en sí es buenísima, solo que le faltó un poco de consistencia para cerrar el LP de forma óptima.

A pesar de que durante la segunda mitad se produce una baja un tanto considerable en relación a los puntos más altos ya analizados, desde luego que los talquinos muestran una compenetración y un nivel superlativo dentro de cada una de las funciones de sus integrantes. Por instantes nos regalan pasajes musicales y un nivel de composición más que envidiable, que junto a un sonido y una producción demoledora terminan por entregar un gran álbum en este año 2017.

 

 

Sentimientos encontrados. Dos palabras que componen la expresión que más se ajusta a lo que nos pasa al momento de escuchar el nuevo trabajo de Masterplan. Y es que este “PumpKings” irrumpe en la historia de Masterplan como una iniciativa de Roland Grapow, que busca recrear canciones de su autoría durante su paso por Helloween entre los años 1990 y 2000. Sin necesidad de escuchar el disco, inmediatamente surgen preguntas y conjeturas respecto a esta nuevo registro… ¿Será esto una buena idea? ¿Era necesario re-grabar canciones de la calabaza con otra banda? ¿Tendrá esto algo que ver con la reunión histórica de Helloween (Pumpkins United Tour) que no consideró a Grapow? Independiente del resultado de este disco, los juicios de valor son inevitables.

“PumpKings” se lanzó vía AFM Records y está compuesto por once tracks que se encuentran en los discos “Pink Bubbles Go Ape”, “Chameleon”, “Master of the Rings”, “The Time of the Oath” y “The Dark Ride”. En general, y en palabras que adelantaba el mismo Grapow, las versiones aquí expuestas son un poco más pesadas que las originales, lo que supone un aire fresco para algunas canciones que no gozaron de demasiada popularidad en sus años, y una atrevida propuesta para algunos clásicos de la banda.

Ahora bien, prejuicios afuera, lo que nos corresponde es hacer un juicio respecto a la calidad de la entrega de Roland Grapow y compañía, en esta arriesgada aventura de reversionar canciones de Helloween. Los restantes integrantes de Masterplan que dan vida a esta obra son Jari Kainulainen en bajo, Axel Mackenrott  en los teclados, Martin «Marthus» Skaroupka a cargo de la batería y el gran Rick Altzi con la titánica misión de relevar a Michael Kiske y Andi Deris, quienes acompañan a Grapow, mente maestra del disco.

El disco arranca con The Chance, uno de los últimos grandes temas que nos dejó Michael Kiske antes de abandonar Helloween. Inmediatamente queda de manifiesto que el trabajo interpretativo es impecable como es de esperarse, sin embargo, también se nota rápidamente que esta versión no tiene el mismo carisma ni calidez de la versión original. Rick Altzi es un buen vocalista sin dudas, pero no se escucha demasiado natural en este temazo, sino más bien un poco forzado, a veces contenido, en una ejecución vocal que se encuentra a medio camino entre lo que ofrece Kiske y Deris. Si bien es cierto el trabajo es correcto, el resultado final se percibe un poco tibio debido a la sombra gigante que proyecta Michael Kiske en cada una de sus interpretaciones.

Siguiendo con el material de ”Pink Bubbles Go Ape”, el disco sigue con las re-grabaciones de Someone’s Crying y Mankind, y la sensación es similar… A pesar de ser versiones un poco más contundentes y fortachonas que el material original, el problema es que no se sienten naturales. Si aislamos el trabajo de Altzi del resto de las pistas, seguro califica como un trabajo despampanante, sobre todo si le ponemos atención al portentoso coro de Mankind, pero lamentablemente esto no se trata de ejecuciones aisladas, y es ahí en el resultado general en donde la cosa no termina de convencer un 100%.

En Step Out Of Hell la interpretación nueva gana más puntos, pues los nuevos arreglos a cargo de Roland Grapow y Axel Mackenrott traen un aire fresco que le viene muy bien a la canción, en gran medida porque la voz de Rick Altzi no suena contenida, sino que se acomoda mucho mejor que en los temas anteriores. Y es que, innegablemente, cuando el vocalista suena cómodo y bien, el resultado de la canción difícilmente va a ser malo. Un más que correcto homenaje a canción una poco cotizada en el catálogo de la calabaza.

Situación diametralmente opuesta es la que ocurre en el siguiente track, Mr. Ego, clasicazo proveniente del “Master of the Rings”, donde no hay nada intrínsecamente mal en la ejecución, es un temazo sin duda alguna, pero la versión original supera con creces a esta nueva versión, con lo cual todo queda dicho. Si el cover «no le gana» al original, entonces queda en duda la justificación de lanzar la nueva versión. De nuevo, la interpretación es correcta, pero en feeling, no compite con el track original.

Otro de los grandes nombres que se encuentran en este «PumpKings» es la tremenda Still We Go, joya extraída (y a veces injustamente olvidada) del gran “Master of the Rings”, y el juicio aquí puede ser un poco injusto, porque Grapow y compañía llenaron de arreglos una canción que gana en majestuosidad, fuerza y grandilocuencia respecto a la versión original, pero como dicen los sabios, a veces menos es más. Es como esas versiones del tributo «Keepers of Jericho» o de Soulspell de los clásicos de Helloween, donde el trabajo interpretativo es sumamente prolijo y orquestal, pero la simplicidad y precisión de las versiones originales siguen superando a la sofisticación de los cover. Habrá muchas personas que alucinarán con esta versión de la canción por la gran performance de Altzi, por su «orquestalidad» y toque épico, pero si he de quedarme con una canción, sin duda me quedo con la original.

Escalation 666 es sin duda una de las canciones olvidadas en el repertorio de Helloween y que no suma demasiada popularidad entre los seguidores de la calabaza, sin embargo es una de las propuestas más interesantes que nos dejó «The Dark Ride»… Probablemente así también lo entiende Roland Grapow, quien nos entrega una buena versión de la canción, tanto o más pesada que su versión original. Altzi se nota cómodo interpretando las líneas de Andi Deris y los teclados de Mackenrott le dan una atmósfera más que correcta a la canción, consolidando un experimento funciona bien esta vez. Y siguiendo en esa línea, otra joya que nos produce una sensación agridulce es The Time Of The Oath, porque goza de una interpretación a prueba de balas, con un gran trabajo en la ejecución y también en el sentimiento, con una de las mejores vocalizaciones que nos regala Altzi en el disco… Sin embargo las comparaciones, a veces odiosas e injustas, son inevitables y Andi Deris es el dueño indiscutido de esta canción. Le da ese no sé qué a las canciones que las hace inexorablemente suyas. Es una muy buena versión, pero no supera a la original.

El disco continúa con un extracto del nunca bien ponderado «Chameleon«, y la elegida es Music, probablemente el tema menos relevante de la placa. Y aquí también se percibe un resultado mixto, ya que esta vez la versión de Masterplan es muy correcta y bien presentada, pero el tema es algo flojito dentro del repertorio de la calabaza, entonces por más bien que lo interpretes, difícilmente brillará por lo señalado anteriormente.

Sonidos de feria, circo ambulante y juegos estivales entre otras yerbas (más un grito clandestino de Ozzy Osbourne, cortesía de esta nueva versión) nos dan la inconfundible entrada a The Dark Ride, uno de los mejores temas del disco homónimo. Aquí pasa lo mismo que en Mr. Ego, donde la versión original tiene un carisma y sello que es difícil de superar… la interpretación es correctísima y la voz de Altzi se escucha muy bien aquí, pero la sombra de Deris priva a esta y otras canciones de brillar con luces propias (si es eso posible en un disco de covers).

Y cerrando el disco, otro temón de antaño: Take Me Home… y la verdad es que pasa exactamente lo mismo que en el tema anterior. Muy buena versión de un tema entretenido, lúdico y de paso ligero. Pero es sólo eso, una buena versión. Eso sí, es una de la mejores versiones del disco, se siente como un cierre correcto para este trabajo.

En consecuencia, el veredicto es agridulce. La mitad de las versiones son muy buenas, la otra mitad es correcta, y no mucho más que eso. Las versiones originales opacan a la mayoría de estos covers, y eso es difícil de negar. Solamente resultan rescatables las interpretaciones y ejecuciones, sin duda, pero en cuanto a feeling y mérito, muy poco. Es una lástima decirlo, pero el lanzamiento del disco se percibe como una obligación e idea comercial más que una entrega honesta de la música que hace Masterplan. Esperamos con ansias una nueva entrega original de la banda, porque esto no es más que un tentempié en medio de su carrera.

 

 

Una noticia que no habríamos querido entregar: medios argentinos confirman que a los 52 años de edad, ha fallecido Guillermo «El Negro» Sánchez, histórico bajista de la banda trasandina RATA BLANCA.

Sánchez, miembro de la banda desde sus inicios, había sido internado hace algunos días a causa de una septicemia producida por una bacteria, y que pese a los llamados de la banda a donar sangre y a rezar y enviar buenos pensamientos para su recuperación, lamentablemente no pudo superar. Adrián Barilari, vocalista de RATA, subió una fotografía de un lazo negro en sus redes sociales, recibiendo desde el primer momento condolencias de todas partes del mundo, especialmente desde Latinoamérica.

[ACTUALIZACIÓN]  La banda ha emitido un comunicado oficial en su Fan Page de Facebook. El comunicado señala: «En el día de la fecha, con muchísimo dolor lamentamos comunicar que esta tarde falleció Guillermo «El Negro» Sanchez. Quien hace días venia luchando por su vida. Les pedimos por favor a todos los seguidores, amigos, a la prensa que nos acompañen y que por favor tengan paciencia, estamos profundamente conmovidos. Nuestras condolencias a su familia y seres queridos. Te vamos a extrañar mucho Negro«.

Desde PowerMetal.cl extendemos nuestras condolencias a la banda, a todos los fanáticos de una leyenda del Rock latinoamericano y a todos quienes se sientan tan afectados como nosotros con la sensible y temprana partida de un gran músico como «El Negro» Sánchez.

Durante estos últimos años, todos hemos sido testigos de cómo ha crecido la industria del mundo de los superhéroes, de cómo se ha ido masificando un gusto que hasta hace no mucho tiempo atrás era más bien algo de nicho y que sin duda era tildado como algo más bien nerd, ñoño y/o geek. Hoy por hoy es difícil encontrar personas que no estén familiarizadas con este universo, ya sea por la trilogía de Nolan del hombre murciélago, o por las aclamadas series de Netflix inspiradas en los superhéroes de Hell’s Kitchen o por las infinitas precuelas y secuelas de los X-Men. Quienes antes con suerte ubicábamos al Superman encarnado por Christopher Reeve y los monitos de Spidey que daban en el Canal 13, ahora sabemos perfectamente que existe un universo Marvel y uno DC, cada uno con sus héroes y villanos y que The Avengers no es La Liga de la Justicia. Y esta masificación llega al mundo por la indiscutible influencia de la industria del cine y televisión en nuestras vidas, quienes desde un par de años a esta parte han inundado las carteleras con películas y series de superhéroes como los mencionados anteriormente.

¿Y qué tiene que ver esto con el Heavy Metal? Tiene bastante que ver, porque los tentáculos de este fenómeno superhéroe van mucho más allá de los comics, cine y televisión, influenciando distintas industrias y expresiones de arte, y nuestra música no está ajena a eso. “The Dark Saga” (Iced Earth), I Am the Law (Anthrax), Holy Wars… The Punishment Due (Megadeth) o los más recientes Grailknights solo por nombrar algunos, están también inspirados en el mundo del cómics. Y la buena noticia es que el Heavy Metal nacional también tiene algo que aportar a esta especie de New Wave of Super Heroes Metal (NWOSHM).

Outsiders es una banda nacional de Metal Progresivo fundada en 2012, formada por Cristián Baeza en las voces, Yordy Pérez en guitarras, Ricardo Berríos en el bajo, Sebastián Baeza con las teclas y Nicolás Bascuñán a cargo de la percusión. Outsiders basa sus composiciones en el concepto y mitología de los principales personajes de cómics. Desde sus inicios el quinteto ha buscado consolidarse como banda pionera en la combinación de rock y viñetas, a través de composiciones enfocadas al relato de estas historias, permitiendo así dar contexto musical a la novela gráfica retratada en cada canción.

“Year One”, su disco debut lanzado durante el primer trimestre de este año, es el primer acercamiento a ese objetivo. Este largaduración está basado en superhéroes clásicos del universo DC Comics, donde las canciones relatan motivaciones y conflictos en la historia de los personajes. El álbum fue producido por Nicolás Arce (Húsar, Polímetro) en AST estudios, mientras que las backing vocals corrieron por cuenta de Rodrigo Varela (Húsar, ex-Delta), y otro conocido nuestro, Jaime Salva (Concerto, Húsar), apoyando con asesorías vocales. En la carátula, se aprecia a Outsider, personaje propio de la banda, del cual están planeando hacer cómics, canciones y quién sabe si más adelante hasta un álbum conceptual que relate su historia.

El álbum comienza con Zero Hour, una introducción instrumental compuesta por Sebastián que está basada en el evento DC del mismo nombre. Con un sonido bastante cinematográfico, esta breve intro nos sumerge inmediato en un ambiente épico y fantástico, donde los arreglos orquestales de Jean Pierre d’Alençon (Berklee College of Music USA) adornan este preludio que desemboca en First Flight, basado en la historia de Linterna Verde. Un tema que representa perfectamente el espíritu de la banda en términos musicales: una base rítmica de carácter progresivo que encaja en una estructura clásica y más bien sencilla, con un teclado protagonista de sonido moderno y galáctico a lo Star One, una guitarra más acompañante que protagonista y melodías fáciles de enganchar. La voz de Cristián es limpia y goza de un registro que le permite ir de lo grave a lo agudo de forma natural, que calza bien con la propuesta musical, pero perfectible en términos de pronunciación. En general este primer vuelo de Linterna Verde cumple bien con ser una carta de presentación y nos da una imagen bastante certera de lo que se viene en el resto del disco.

Una intro de teclados y percusión da inicio a Out of Reach, tema que tuvimos la oportunidad de conocer por adelantado gracias a un lyric video que promocionaba este trabajo. Este tema, basado en las emociones y dilemas de Flash, acelera las revoluciones y explota de buena manera las performances individuales de cada integrante, haciendo una correcta relación entre la velocidad del superhéroe y la cadencia de la canción. Muy buen trabajo de Bascuñán en la batería, llenando de adornos un muy buen corte, que mezcla ritmos, melodías y emociones de buena manera, con un trabajo dinámico de Cristián representando los diferentes estados de ánimo del protagonista en cuestión, superponiendo líneas vocales creando esta sensación de velocidad mas no caos en una de las buenas canciones que nos entrega el disco.

Solemne es la atmósfera que crea Sebastián a modo de introducción en Deepest Kingdom, cuarto tema del disco, basado en el reino submarino del nunca bien ponderado pero no menos importante Aquaman, que luego de la introducción despega a toda velocidad con un riff electrizante liderado por Yordy en las seis cuerdas. Aquí Outsiders acelera el metrónomo de muy buena forma, en un tema donde destaca la contundencia general que logra el quinteto poniendo todo su talento al servicio de la canción, destacando el trabajo de Berríos en el bajo con certeros destellos de talento y los tremendos solos protagonizados por Yordy y Sebastián, dando forma a un tema que puede no ser fácil de digerir a la primera, pero que sin duda al ponerle atención devela ser una composición de grandísima factura.

Sonidos orientales extraídos directamente del corazón de Egipto ambientan Curse of Time, canción basada en la historia de Hawkman, príncipe egipcio quien bajo la condena de un juramento estaría destinado a reencarnar una y otra vez a lo largo de la historia, sufriendo una maldición de nunca acabar. Una canción que, recordándonos el trabajo de Myrath u Orphaned Land, derrocha técnica e intensidad en términos de ejecución. Es uno de los mejores despliegues a nivel interpretativo, donde destaca el trabajo de Yordy llevando la melodía principal, la base polirrítmica que sostienen Nicolás y Ricardo es también notable durante todo el recorrido de la canción, y la voz de Cristián se escucha cómoda en esta propuesta. Es un tema que, nuevamente, podrá no enganchar de inmediato, porque no es un tema fácil ni “ganchero”, pero que con cada vuelta en nuestros reproductores se hace más grande.

Dawn of War, sexto corte de la placa, es un tema casi totalmente instrumental inspirado en la Mujer Maravilla, que comienza con un canto muy suave y una melodía armoniosa protagonizada por Cristián, pero que progresivamente va evolucionando hacia ritmos más rápidos y melodías más densas, conformando una interesante parte instrumental que deja de manifiesto la influencia de bandas como Pain of Salvation o Nevermore. Esa influencia se aprecia también en Infinite Earths, tema inspirado en el macro evento del universo DC llamado “Crisis on Infinite Earths”. En lo musical, es un tema midtempo que presenta variados recursos a lo largo de sus seis minutos, con un comienzo reflexivo, introspectivo, y que deriva en sonoridades más potentes, con hartas melodías colisionando entre sí hacia el final de la canción, dando una sensación de entropía que podemos asociar a esta crisis en que está basada.

El único tema que escapa al universo DC en esta placa lleva por nombre Diablo y está inspirado en el cómic homónimo chileno, obra de Javier Ferreras (FERRE) y Mauricio Herrera. De atmósfera oscura y más cruda, esta canción es la única interpretada en español y retrata un diálogo entre el Señor del Infierno y el protagonista de esta historia, quien termina transformándose en el vigilante sobrehumano que protegerá las calles de Santiago. Una introducción rápida y caótica, con un gran desplante técnico de Yordy, desemboca en una canción contundente, de melodía sufrida y con un coro particularmente denso y perturbado. Un acierto sin duda tanto desde el punto de vista musical como del homenaje a esta viñeta de origen nacional.

Acercándose hacia el final de “Year One”, la banda arremete con los dos superhéroes más famosos del universo DC, dos símbolos que no podían faltar: Batman y Superman. The Beginning of Tomorrow, inspirada en el alter-ego de Bruce Wayne y su búsqueda de justicia y venganza, es un tema que se percibe maduro, sobrio, que consolida sonidos y recursos explotados a lo largo del disco, con un toque de emotividad en el relato; mientras que Birthright aborda la historia del superhéroe venido de Krypton enfrentando su destino inexorable. Musicalmente hablando, también se percibe como una composición madura y muy bien cuidada, con un coro potente, en donde la habilidad de cada integrante contribuye a consolidar una obra épica de muy buena factura. Un temazo que se percibe más luminoso que su predecesor, algo que no creo sea casualidad teniendo en cuenta los protagonistas de cada historia. Cerrando el disco suena The Final Night, breve instrumental basado en el evento DC del mismo nombre, donde Sebastián y su teclado apagan las luces del disco con un ambiente solemne y espacial.

Desde la perspectiva que se mire, “Year One” es un disco muy interesante de explorar. Musicalmente es un trabajo bien cuidado, donde se nota la seriedad de la banda, que en todo momento alcanza un buen nivel interpretativo. Lírica y conceptualmente, es un buen acercamiento al mundo del cómic, tanto para los fans como para quienes no comulgamos día a día con este universo. Y lo mejor de todo es que el espíritu de las canciones, su sonoridad y las emociones que transmiten se condicen perfectamente con la historia que están relatando, no se dejaron detalles al azar lo cual se agradece. En cuanto a oportunidades de mejora, creo hubiera sido positiva la presencia de temas más gancheros, que se puedan digerir a la primera, pues eso ayuda mucho a la escucha de un disco que a la primera se puede percibir algo denso. Por otra parte, hay que cuidar la pronunciación porque en algunos pasajes hay barreras de lenguaje evidentes, y me parece que las líneas melódicas de la voz no se acoplan perfectamente al conjunto instrumental. Finalmente creo que el sonido del disco también admite cierta mejora, pues aun cuando la calidad de la producción es indiscutiblemente buena, el sonido no es todo lo prístino que podría ser y el conjunto de las pistas creo que podría sonar aún mejor.

Felicitaciones a Outsiders por este muy buen debut. Esperemos sigan desarrollando esta interesante propuesta conceptual y que en un futuro sea el propio Outsider y sus aventuras quien esté inspirando discos por otras partes del mundo.

Siete años han pasado desde que Labÿrinth publicara la segunda parte de “Return to Heaven Denied”. Todo parecía ir bien, Olaf Thörsen, su fundador y principal compositor volvía a su banda natal y una de las agrupaciones íconos de finales de los años ’90 volvía a hacer de las suyas, retomando el camino que fue dejando de lado por explorar otros estilos. Pero eso fue lo último que hicieron. En este lapso (2010-2017) Roberto Tiranti abandonó la banda (otra vez) y al poco tiempo anunciaban al experimentado Mark Boals (Royal Hunt, Yngwie Malmsteen y Ring of Fire entre otros) como su reemplazante. De esa unión no prosperó nada y terminaron separándose. Frontiers Records los unió nuevamente para el “Frontiers Festival” con el fin de tocar íntegramente el hito más grande en su carrera, el célebre “Return to Heaven Denied”.

Quizá por recordar el pasado y seguir en esencia con la música y trayectoria de Labÿrinth, se anunció “Architecture of a God” con unos importantes cambios de alineación (además del llamado de Frontiers Records, que los incitó a hacer este nuevo trabajo y en palabras de Olaf Thörsenel álbum más difícil de trabajar, pero el más completo y maduro que hayan hecho”). Se mantenía Roberto Tiranti en las voces, Andrea Cantarelli en una guitarra y Olaf Thörsen en la otra. Andrea de Paoli, quien fuera el tecladista por cerca de veinte años de Labÿrinth, fue reemplazado por Oleg Smirnoff (compositor y tecladista junto con Olaf Thörsen en esa obra maestra de Vision Divine llamada “Stream of Consciousness”) y por otro lado, el experimentado John Macaluso (Ark, TNT e Yngwie Malmsteen) en las baquetas. Completando la formación, se incorporó Nik Mazzucconi en el bajo.

Así, con la mitad de alineación renovada, con esta mezcla de talentos es que nace “Architecture of a God”, el octavo larga duración en la carrera de Labÿrinth y en el cual encontramos elementos que los hicieron famosos y más progresivos que de costumbre. Sin ir más lejos, de lo mejor que han hecho desde el mítico “Return to Heaven Denied” de 1998.

Fuerte y directa es Bullets, perfecto inicio de este disco y primer video clip promocional de esta obra. Se nota mucho la mano de Oleg Smirnoff en los teclados, no son solamente para dar atmósferas, ya que toman cierto protagonismo en el transcurso del disco. La voz de Roberto Tiranti permanece como en otra época y continúa siendo una de las grandes voces del género. La nueva incorporación en las baquetas muestra porque está aquí, John Macaluso suena contundente, con buenos cambios de ritmo y agresividad cuando corresponde. Los solos de Olaf Thörsen y Andrea Cantarelli siguen tan virtuosos como de costumbre y Oleg Smirnoff se acopla perfectamente en estos duelos de guitarras y teclados. Los segundos finales con el falsete único de Roberto Tiranti, nos indica que Labÿrinth está de regreso y que estos años de espera valieron la pena.

Still Alive es algo más pausada en ritmos, pero con toques progresivos de primer nivel. La melodía impuesta por la voz de Roberto Tiranti es única, con muchos guiños al pasado “Return to Heaven Denied”, con más duelos de guitarra y teclados, demostrando el gran aporte de Oleg Smirnoff y sus segundos finales lo manifiestan más aun.

Lo que viene a continuación, es una muestra de genialidad, rapidez y agresividad de antaño, un cruce perfecto entre las partes uno y dos del “Return to Heaven Denied”, un encuentro entre Thunder y The Shooting Star ocurre con Take On My Legacy, lección de velocidad, melodía y técnica. Imposible no recordar el pasado y sentirse emocionado con este track. Roberto Tiranti haciendo juego de voces con armonías para seguir en aumento las revoluciones de la canción, quiebres ejecutados a la perfección por Olaf y Andrea, un doble bombo veloz, sientes como John Macaluso va machacando la batería acompañada con la firme base rítmica de Nik Mazzucconi.

A New Dream tiene esos toques de romanticismo que los hizo conocidos en la época de los ’90. Siendo una banda de Metal, con una sensibilidad melódica casi única para una agrupación de este estilo, no caen en lo meloso para nada. Una guitarra acústica propia de ellos da el paso a un cambio de ritmo más pausado, pero constante. En este tipo de estructuras la voz de Roberto Tiranti suena más melódica gracias a los arreglos que hace Oleg Smirnoff en los coros y uno siente cómo lo va atrapando esta canción con su gran coro.

Someone Says corresponde al segundo video clip lanzado para promocionar “Architecture of a God”, clásica canción a medio tiempo, con un coro pegajoso y melódico. Perfecta para single, con muchos arreglos acústicos y vocales marca de la casa. Sorprende como en su estilo saben renovarse y no caen jamás en el auto plagio, añadiendo nuevos elementos y estructuras a su propio estilo de música.

Random Logic es prácticamente un instrumental, muy parecido a esos quiebres de ritmo que aparecían en el “Stream of Consciousness” de Vision Divine, una melodía nostálgica a base de teclados característica de Oleg Smirnoff, unas voces de fondo en italiano y la voz de Roberto Tiranti aportando emoción. Random Logic es un preámbulo a Architecture of a God, desarrollada composición que le da el nombre al disco y la más extensa en la carrera de Labÿrinth. Una simbiosis de los elementos propios de la banda, la sentimental voz de Roberto Tiranti junto con esos arreglos acústicos de Olaf Thörsen y Andrea Cantarelli, pero con interesantes quiebres rítmicos y progresivos. Agresividad y pausa bien entrelazadas. Sin duda, cuando Olaf se refería a “madurez”, estaba hablando en lo conseguido en esta canción.

Children es una pieza instrumental directa y además es un cover de Robert Miles. Para quien no sea adepto a otro género musical, podrá ser extraño. Para quienes seguimos la trayectoria de los italianos, no es para nada raro escuchar este tipo de composiciones en Labÿrinth y funciona muy bien para complementar el disco. En su pasado, tienen registros de este estilo (Vertigo del “No Limits” y Feel del “Return to Heaven Denied”) y son casi infaltables en sus trabajos.

Those Days es una interesante Rock Ballad y necesaria para diferenciar cada composición de “Architecture of a God”, con un apertura lenta que va en crecimiento hasta la fuerza de su coro. Nada está de relleno y cada canción está perfectamente conectada con la anterior, dándole esa versatilidad necesaria al disco.

En la recta final, We Belong to Yesterday suena como himno, parte esencial de este nuevo aire que Labÿrinth añade a su estilo. Sin ser una canción veloz, suena poderosa con sus enfáticos momentos progresivos. Sin duda, el aspecto melódico de la banda está en todas partes, los antiguos elementos y las nuevas ideas convergen en un resultado más que satisfactorio, para fans y para quienes no conozcan la gran trayectoria de Labÿrinth.

Llegó el momento de otro batacazo de velocidad, Stardust and Ashes tiene un riff triturador, acorde a como John Macaluso va asesinando su batería con cada golpe siguiendo a ese riff. Corte Power melódico a la vena con unos interesantes quiebres de ritmo, rápidos y efectivos para no bajar el ímpetu de la canción. Roberto Tiranti va cambiando tonos y sumando una buena melodía mientras desarrolla el coro. El pasado mágico de la banda vuelve con más fuerza y funciona bastante bien con sus esfuerzos creativos actuales. Y cerrando “Architecture of a God” tenemos a Diamond, un cierre de bajas revoluciones donde predomina la voz de Tiranti con gran sentimentalismo y la base absoluta de Smirnoff.

¿Valieron la pena estos siete años? De todas maneras. Si bien “Return To Heaven Denied Pt. II: A Midnight Autumn’s Dream” fue un gran trabajo, Labÿrinth se fue a la segura con la segunda parte y no arriesgaron mucho, no exploraron más opciones musicales. En consecuencia, “Architecture of a God” es el perfecto sucesor del “Return To Heaven Denied”

 

 

Una nueva visita de esa institución llamada Slayer congregaría a miles y miles de fanáticos que hacen que un show de los americanos resulte un número imperdible cada vez que visitan nuestro país. Esta vez vendrían presentando parte de su último disco «Repentless«, trabajo más que interesante y que de alguna forma volvió a posicionarlos al tope de la escena mundial. Pero ellos no serían los únicos en echar abajo el Movistar Arena, ya que otras dos bandas serían las encargadas de calentar los ánimos poco a poco. Veamos que tal.

DEKAPITED

19:00 hrs. en punto y las 500 personas que se encontraban dentro del Movistar se preparaban para recibir a Dekapited, banda nacional elegida por votación popular para estar dentro de este mini-festival de día Lunes. En primera instancia -y luego de escuchar la intro con la banda sonora de la película Psicosis de Alfred Hitchcock-, si bien el volumen estaba algo elevado y en algunas ocasiones los músicos sufrieron algunos acoples, la verdad es que esto no se vio reflejado en el show de los compatriotas. Su energía desbordante y agresividad implantada en cada uno de los riffs de Camilo Pierattini y Cristian Contreras dan cuenta de ello. De esta forma interpretaron temas como Muerte, que resulta ser toda una declaración de principios, siempre teniendo de fondo a Patricio Riquelme marcando a mil por hora.

Ya con el doble de asistentes rondando las dependencias del recinto, también hubo tiempo para presentar material más nuevo proveniente de su último EP llamado «Sin Misericordia«. La rescatada fue la entretenida Mundo Decadente, que entre otras cosas el bajista Inti Astudillo se manda sendas intervenciones e interludios demostrando todo su dominio. Así, tras media hora de presentación, comienzan a dar las gracias frente a los metaleros que no pararon de moshear en ningún momento y que tranquilamente fueron poblando la parte delantera de la cancha. Está más que claro que la ejecución instrumental no es la más prolija, pero su estilo más callejero y a la vena funcionó a la perfección en esta oportunidad. Merecida chance.

Setlist de Dekapited:

  1. Intro
  2. Nacidos del Odio
  3. Tormento y Miseria
  4. Muerte
  5. Falsas Caras
  6. Contra Iglesia y Estado
  7. Anticristo
  8. Mundo Decadente
  9. Estúpida Nación

A.N.I.M.A.L.

A las 19:47 hrs. en punto se apagan las luces del recinto para dar inicio al show de los argentinos. Rápidamente Andrés Giménez toma el micrófono y da las gracias por tener la oportunidad de tocar junto a Slayer. Aprovecha también de decir que traen el poder latino y que dedican su presentación a «todo el pueblo mapuche«. De esta forma, arremeten con Sólo Por Ser Indios, opening track de su disco «Fin de un Mundo Enfermo» (1994). Fue bastante bien recibida puesto que toda la parte delantera de la cancha comenzó a saltar y a cantar el coro en apoyo a los trasandinos. Esto se extendió con la notable Latino América, que trajo consigo el primer mosh junto a los gritos de «Sigue en pie, sigue en pie, firme!». A todo esto, al menos desde mi posición, el sonido era realmente impecable y cada uno de los instrumentos estaba a un volumen más que óptimo.

Nuevamente el frontman pronuncia unas cuantas palabras y comienza a recordar la primera presentación del grupo en nuestro país que tuvo lugar en la Discoteque Blondie el año 1994. Posteriormente presenta Sol, con la cual logramos apreciar de mejor forma la notable labor de Marcelo Castro y Cristian Lapolla. Solo basta recordar el tremendo cambio de ritmo que se mandan luego del «Nada ajeno tiene tanto poder / Nada externo tiene tanto poder» y la reacción que tuvo el público durante ese pasaje. Y si de reacciones se trata, la dupla compuesta por Revolución y Barrio Patrón desataron el caos de principio a fin. Al igual que su versión en estudio, la primera contó con el apoyo en las voces del bajista durante algunas estrofas. Mientras tanto, Andrés se encargaba de animar a los más próximos a la reja a medida que tocaba cada uno de los riffs. En tanto, la segunda fue precedida por una frase para el bronce que funcionó a la perfección de cara a lo que se vendría. El líder dijo que la canción duraba solo 45 segundos y que era el momento perfecto para que se dieran «los de la U con los del Colo». Dicho y hecho, puesto que mientras sonaban los primeros acordes, la cancha se abrió súbitamente en una especie de wall of death que desató la violencia luego de que la banda dejó caer todo su poder. ¡Gran momento!

Durante 666 escuchamos esas atmósferas y esas notas más densas propias del Groove Metal que A.N.I.M.A.L. sabe hacer a la perfección. Además, el guitarrista recibió una bandera mapuche la cual colgó cuidadosamente en el atril de su micrófono. Ovación cerrada desde luego. Posteriormente siguieron con Los Que Marcan El Camino y El Nuevo Camino del Hombre, ambas siguiendo con el camino de sus predecesoras y contando con la participación de cada uno de nosotros durante algunas frases.

Por último -y como en cada uno de sus shows- Cop Killer puso el broche de oro y desató el último mosh tras una amistosa dedicatoria a cada uno de los policías de este mundo. Así, siendo las 20:22 hrs. y recordando las caras de agradecimiento a mi alrededor, solamente me queda admitir que tenía expectativas bastante bajas respecto a la presentación de A.N.I.M.A.L. Pero para mi sorpresa, desde un comienzo nos brindaron una performance impecable, consistente y precisa en la elección de los temas. A su vez, Andrés Giménez logró echarse el público al bolsillo con su discurso contra el abuso y la corrupción, sin dejar de lado su parecer frente a otras cosas más banales como la situación actual de MTV. Finalmente, el excelente sonido y puesta en escena de los tres músicos terminó por complementar un show redondo en todos sus aspectos. ¡Bien por los trasandinos!

Setlist de A.N.I.M.A.L.:

  1. Solo por ser Indios
  2. Latino América
  3. Sol
  4. Revolución
  5. Barrio Patrón
  6. 666
  7. Los que marcan el Camino
  8. El Nuevo Camino del Hombre
  9. Cop Killer (Cover de Body Count)

SLAYER

A medida que el reloj avanzaba y que veíamos como el Movistar Arena se iba llenando lentamente, lo primero en llamar la atención sobre el escenario era el vistoso telón en blanco y negro con la portada de «Repentless» (2015), que ya vaticinaba parte de lo que viviríamos en unos cuantos minutos.

No podemos pasar por alto el instante en el comienza a sonar Thunderstruck por los altoparlantes y como cada uno de nosotros gritó «Slayer!…Slayer!…Slayer!» en vez del clásico «Thunder!», ya con un Movistar Arena prácticamente lleno, y sólo con algunos claros en pequeños sectores de la platea baja. Así, puntualmente según la hora pactada y ya con la adrenalina por las nubes, se apagan las luces y empieza a sonar Delusions of Saviour. La atmósfera lúgubre y sombría creada por esta intro funcionó a la perfección para ir subiendo la tensión y entrar de lleno al primer hachazo de la noche: Repentless. Antes de comentar algunos aspectos respecto a la ejecución del tema, ¿alguien pudo mantener su lugar fijo dentro de la cancha una vez que Paul Bostaph comenzó a aplastar todo a su paso? Me puedo anticipar a esta respuesta puesto que el caos y descontrol se tomó cada rincón del recinto. ¡Perdí la cuenta de cuántos moshpit se formaron en un par de segundos! Y cómo no reaccionar de esa forma, si la banda partió soñando como cañón y más aún si el puntapié inicial se dio con la mejor composición de su último álbum. Por lo demás, cuanta garra le puso Tom Araya en frases como «We are killing ourselves a little more everyday!« y luego en el coro «Live fast / On high / Repentless / Let it ride!» que retumbó en todo el recinto. Luego, los solos vertiginosos de Gary Holt y Kerry King terminaron por coronar un momento más que plausible que se extrapoló en la primera revisión a «Show No Mercy». The Antichrist cumple a cabalidad el ser un track digno de los metaleros vieja escuela que siempre añoran material de los años ochenta.

Si bien es cierto que nuestro compatriota «se guarda» un poco en su interpretación durante Disciple (algo que podría restarle fuerza al tema en sí), la verdad es que a estas alturas poco y nada importaba. De hecho, si no hubiera tenido que abrocharme el cordón de una de mis zapatillas que más temprano que tarde iba a terminar en medio del pit, ni siquiera me hubiera percatado de esto último. Por lo demás, qué manera de gritar «God hate us all!» madre mía. Y eso no es nada comparado al del quiebre en la parte media donde la batería alcanza niveles superlativos. Antes que se me olvide quiero hacer una apreciación muy personal en este punto: si bien Dave Lombardo para muchos es y será considerado «el» baterista de la agrupación -históricamente hablando-, la verdad es que no hay nada como escuchar esta canción con su intérprete original.

Rápidamente llegamos a uno de los tantos clímax de la noche con un clásico que nunca puede faltar en un show de Slayer. Es más, ya habíamos adelantado durante los días previos que Postmortem tiene su lugar privilegiado en la carrera de los americanos más que merecido. Entrar en detalles solo sería explicar lo obvio. Para el recuerdo quedará el contraste entre las primeras estrofas y el outro comandado por Paul Bostaph donde la banda hace lo que mejor sabe hacer. Nosotros en tanto logramos dar la talla frente a un temón de estas características. Vale decir, mosh y headbanging por doquier.

Hay una premisa que es válida dentro de cualquier setlist del conjunto oriundo de California: si ellos así lo desean, pueden tirar cañonazo tras cañonazo. Me explico. Considerando los cuatro tracks iniciales, ¿no será mucho ahora tocar Hate Worldwide y War Ensemble? En serio, hasta el momento no nos daban ningún respiro y la recepción y posterior ovación al finalizar cada tema daba cuenta de aquello. Pero comentemos algunas cosas que no pueden quedar fuera este análisis. La única revisión a «World Painted Blood» (2009) me parece que fue la elección correcta. Además de la canción homónima, esta por lejos es una de las más destacables de dicho álbum. Y así lo hemos entendido todos, puesto que desde la presentación del año 2011 ya puede ser considerada como una de las indispensables dentro del catálogo. Por su parte, la correspondiente a «Seasons in the Abyss» (1990) obviamente contó con el grito «Viva Chile mierda!» que ha viajado por todo el mundo gracias a Tom. A todo esto, tremendos los aplausos que bajaron una vez que quedó solo sobre el escenario para dirigirse a toda la audiencia con frases como «¿Van a tener un buen tiempo esta tarde?» o «¿Ustedes están listos?». Respecto a la ejecución de ambas canciones, solo queda mencionar que la dupla Holt/King se mostró mucho más compenetrada y con más desplante a medida que demostraban su categoría al tocar cada uno de los riffs.

¡Por fin un respiro para tomar un poco de aire!. Decimos esto porque When the Stillness Comes y You Against You fueron el momento propicio para lograr recomponerse y guardar energías para más adelante. También sirvió para dimensionar la tremenda producción que Slayer trajo consigo. Los juegos de luces fueron variando entre pasajes más calmados y otros más frenéticos a medida que los temas se iban construyendo. Mis respetos hacia el frontman, que prácticamente se llevó todo el peso interpretativo en las partes más densas. Pero la sección de cuerdas no se quedó atrás, puesto que lograron recrear a la perfección las partes más filosas y «callejeras» de «Repentless«. Así, también podríamos considerar que esta pequeña pausa de igual forma se extendió hasta Mandatory Suicide, la cual se convirtió en un karaoke durante las melodías iniciales que continuó luego de cada estrofa, sin dejar de ser una de las infaltables del «South of Heaven«.

Fight Till Death trajo de vuelta los pogos más multitudinarios y los gritos llenos de ira del cantante. Por cierto, notable la pegada y el trabajo de pies de Bostaph. En este punto hay que hacer un pequeño paréntesis y destacar que para los más quisquillosos, acá la performance se vuelve más que interesante, dado que instrumentalmente hablando, los mejores momentos se vivieron con la ya mencionada y también durante Dead Skin Mask y Captor of Sin. Tom nos incitó y luego dejó que cantáramos parte del estribillo del hachazo del «Seasons«. Otro de los detalles importante es que el logo de cerveza inspirado en Hanneman estaba impreso sobre la guitarra de Holt que además era constantemente enfocado por las cámaras. En cuanto a Captor, fue seguida muy de cerca por todos pero convengamos en que fue recibida de una forma bastante tibia.

La sorpresa de la noche vino con un cambio totalmente inesperado en relación al setlist que venían tocando durante toda la gira. Les mentiría si les dijera que me moría de ganas por escuchar Pride in Prejudice y Vices. Es por esto que la inclusión de dos temazos como Die By The Sword y Chemical Warfare fue por lejos una de las mejores decisiones que pudieron tomar. Y esto se pudo confirmar con creces al mirar hacia todas las direcciones de la cancha, puesto que súbitamente se multiplicaron los mosh y las exclamaciones se asombro al reconocer tal nivel de clásicos. Es cierto que un pequeño punto en contra que no podemos obviar fue la dificultad para escuchar los solos de Gary Holt (que digámoslo, es el músico en escena más entretenido de ver). Aún así el fundador de Exodus se las arregló para demostrar sus años de experiencia y de carretera. Por lo demás, el grito de «Nothing to see where the sleeping souls lie / Chemical Warfare!» fue ensordecedor.

No hay que olvidarse del cambio en el lienzo que se produjo antes de que comenzara ese temazo llamado Seasons in the Abyss. Si la memoria no me falla diría que es exactamente el mismo que utilizaron el 2013 en el Estadio Nacional. En cuanto al clásico que estaba sonando, sin dudas que fue otro de los clímax dentro de la primera parte del set. Nadie se quedó sin cantar el coro «Close your eyes and forget your name / Step outside yourself and let your thoughts drain / As you go insane, insane». Finalmente, durante Hell Awaits los «eh! eh! eh!» y el headbanging no se hicieron esperar durante la introducción. Todo esto mientras calentamos motores, puesto que tarde o temprano el baterista marcará la velocidad de otro de los clásicos que nos regalaron. Como ya es costumbre, Kerry King se despacha un solo de su marca registrada, que aunque ha sido ampliamente criticado, vaya que le ha dado frutos con el pasar del tiempo.

Tras una pausa que pasó casi desapercibida, bastaron un par de las notas iniciales de South of Heaven para que todo el Movistar Arena comenzara a corear una melodía que ha traspasado generaciones y que explota con la frase «Before you see the light you must die». Pero todos sabemos que eso solo es la previa para luego dejar la vida cantando «On and on, south of heaven» una y otra vez. Excelente labor la de Paul Bostaph además, pues aunque suene algo obvio, supo llevar el tema poco a poco con todas las progresiones que eso implica.

Bueno, lo que resta del setlist la verdad es que cuesta describirlo. Quiero decir, ¿qué se puede mencionar respecto a Raining Blood y Black Magic a estas alturas del partido? Hacemos referencia a ellas como una sola, puesto que ambas fueron conectadas sin transición alguna. Ojo, no exagero al decir que el diámetro del moshpit prácticamente ocupaba todo el ancho de la cancha del recinto. De esas proporciones estamos hablando. Y hay para todos los gustos, puesto que los que no estaban dentro del caos mismo, disfrutaban lo último que quedaba con un headbanging que de seguro traerá consecuencias durante unos dos o tres días. Mención honrosa a una fugaz bengala que se encendió cerca de la platea norte.

Y para finalizar, el Thrash Metal hecho canción: la todopoderosa Angel of Death. Basta nombrarla para saber todo lo que trae consigo. Coreada a más no poder y más aún sabiendo que el concierto llegaría a su fin en cosa de minutos. Una vez que la banda comienza a retirarse, una bandera chilena es lanzada directamente a Tom Araya. Este la toma y la muestra cuidadosamente frente a una audiencia que cayó rendida a los pies de Slayer. Da las gracias por haber pasado «un buen tiempo con él» y finalmente se despide con un «Buenas noches, adiós!». Obviamente bajó una pifiadera impresionante de parte de todos los que podríamos haber seguido disfrutando por unas cuantas horas más.

La verdad es que la hora pasó volando y muchos no dimensionamos que el concierto efectivamente había terminado. Pero eso solo da cuenta de que la presentación rayó en la perfección en todos sus aspectos. A su vez, y en relación a su última visita a nuestro país, es innegable que los americanos nos debían un show en solitario acorde a su importancia mundial y a su carrera que se extiende por más de treinta y cinco años. Y vaya que cumplieron con creces. Setlist aplastante, muy buen sonido, cada instrumentista compenetrado en su función y como no, un Tom Araya que sigue demostrando que indudablemente es profeta en su tierra. Desde que Gary Holt y Paul Bostaph ingresaron a la banda, se ha tornado bastante sencillo criticar y mirar en menos el status del conjunto. Para nuestro alivio, hay algo que los detractores jamás podrán cambiar: Slayer en vivo es una máquina imparable. Por último solo queda exclamar: ¡SLAYER EN CHILE CTM!

Setlist de Slayer:

1. Delusions Of Saviour / Repentless
2. The Antichrist
3. Disciple
4. Postmortem
5. Hate Worldwide
6. War Ensemble
7. When the Stillness Come
8. You Against You
9. Mandatory Suicide
10. Fight Till Death
11. Dead Skin Mask
12. Captor of Sin
13. Die by the Sword
14. Chemical Warfare
15. Seasons in the Abyss
16. Hell Awaits
Encore
17. South of Heaven
18. Raining Blood
19. Black Magic
20. Angel of Death

 

 

A pesar de que Sonata Arctica ha visitado nuestro país constantemente a partir del año 2008, de alguna forma siempre se las arreglan para llamar la atención entre sus fanáticos y sus detractores. Vale decir, para bien o para mal, a nadie le resulta indiferente un concierto de los fineses. Esta vez la consigna era la grabación del show para un posterior DVD, donde un público tan fiel como el nuestro tendría la posibilidad de demostrar con creces que la elección sería la correcta.

Siendo las 20:30 hrs., al hacer ingreso a la cancha del Teatro Cariola inmediatamente nos percatamos de la gran cantidad de asistentes que aguardaban en la mejor posición posible dentro del recinto, acompañados con banderas y lienzos que se transformaron en una señal inequívoca de que la fidelidad y el compromiso hacia los liderados por Tony Kakko pareciera no tener fecha de caducidad. A su vez, aprovechamos de realizar una vista panorámica alrededor del escenario para comenzar a dilucidar la producción y la forma en la que sería grabado el show. De esta manera, eran bastante visibles las dos cámaras laterales que se encontraban en los palcos, más otra ubicada al fondo de la cancha con el propósito de tomar imágenes desde el público. Finalmente, una vez comenzado el concierto, se sumaron otras cuatro que estarían directamente sobre los músicos en escena.

Hecho este pequeño análisis durante la previa, a las 21:00 horas en punto se apagan las luces ambientales y la reacción desatada es simplemente ensordecedora. Entre los aplausos y los gritos de euforia, lentamente comienza a sonar parte de We Are What We Are como introducción a medida que los integrantes de la banda iban tomando posición. En este punto, no podemos pasar por alto la tremenda bandera chilena que fue desplegada en la parte delantera de la cancha justo antes de que comenzara a sonar Closer To An Animal. Si bien instrumentalmente fue ejecutada a la perfección, la voz del frontman no se escuchó tan clara durante todo el tema y fue fuertemente opacada por la batería en las primeras estrofas. Poco y nada importó puesto que los cánticos de «I think I’m closer/  To an animal / Everyday till I fall» lograron suplir el bajo volumen inicial. Y para qué andamos con cuentos, Tony Kakko sabe echarse el público a la perfección. Bastó con un pequeño saludo y que incitara al acompañamiento con las palmas durante la parte instrumental para lograr una ovación cerrada. Por último, como era de esperarse, las melodías de Henrik «Henkka» Klingenberg fueron coreadas de principio a fin durante cada una de sus intervenciones.

Apreciando de mejor forma la atmósfera predominantemente azul generada por el juego de luces, la segunda revisión a «The Ninth Hour» vendría con la entretenida Life, que a partir de hoy debe ganarse un lugar entre las canciones que funcionan mucho mejor en vivo que en estudio. En primer lugar, súmenle un punto a Elias Viljanen, quien luego de tocar un par de notas, ya nos tenía a todos saltando y coreando la intro. Luego, a pesar de que los versos pueden ser considerados algo apagados y faltos de inspiración, cuando llega el «Lalala lalalala lalalala / With a friend who is right beside you / Lalala lalalala lalalala / With a friends beside you» el track agarró una fuerza notable, logrando que cada uno de los asistentes acompañara el estribillo.

Ya con el sonido un poco mejor ecualizado, Henkka toma el micrófono y después de exclamar «Are you having a good time?!» nos presenta The Wolves Die Young, primera y única canción rescatada de «Pariah’s Child«. Si hay que elegir algún momento para enmarcar, por lejos  la combinación entre el doble bombo de Tommy Portimo, el mini solo de Elias y el excelente juego de luces después de que Tony canta «Mirror, mirror of the fall / Sees her final spiraling downfall» destaca por sobre cualquier aspecto. En cuanto al tema en sí, fue construyéndose lentamente hasta explotar en el coro que a estas alturas no hay nadie que no se lo sepa. Muy personalmente, esta composición se ha ido convirtiendo entre mis favoritas dentro del «nuevo catálogo» de Sonata.

El primer saludo del cantante llegaría tras una pequeña pausa antes de arremeter con In Black And White, sin duda una de las mejores herencias que nos dejó «Unia«. Y es que cuesta creer que han pasado diez años (¡diez!) desde su lanzamiento, con lo cual innegablemente ha ido envejeciendo de gran manera.

Uno de los clímax de la jornada llegaría con Tallulah. Me gustaría poder hablar más concretamente del speech de Tony durante la intro, pero lamentablemente la poca definición en su micrófono impidió que pudiéramos escuchar con mayor atención sus palabras. Más allá de esto, ¡pedazo de tema señores! Si bien ha sido interpretada en nuestro país anteriormente, nunca deja de llamar la atención el cántico ensordecedor y el sentimiento implantado palabra por palabra en este baladón. Y esta vez no fue la excepción, puesto que el recinto se remeció por completo una vez que el frontman comenzó a entonar «Remember when we used to look how sun sets far away?». Para qué mencionar el coro, que aún debe estar resonando en el Cariola. En tanto, no puedo dejar de mencionar la gran cantidad de teléfonos celulares que se alzaron para grabar la canción en su totalidad. Desde luego que queda para el debate.

Obviamente Fairytale no fue recibida igual que su predecesora, algo bastante injusto para uno de los mejores tracks del último álbum. De todas formas nadie quedó indiferente ante el excelente solo interpretado por Henkka y ante el desplante escénico de Passi Kauppinen, que se encuentra mucho más afiatado con sus compañeros. Esto último se vería reflejado en otro de los clímax de la noche: la incombustible FullMoon. Antes de desatar el caos en la cancha, Tony Kakko nos pregunta si queremos cantar. Ante la obvia respuesta, era cosa de segundos para que comenzara un karaoke sin precedentes digno de un clásico de tal magnitud. No exageramos al decir que no hubo ni un alma que no cantara «She should not lock the open door – Run away, run away, run away!…«. El resto es historia conocida. Nada más que esperar a que Klingenberg baje de su tarima con la keytar para hacer el pequeño duelo de solos con Elias antes del último estribillo. ¡Notable!

Sorprendentemente, en este punto se produjo un quiebre respecto a la primera parte del show. Vamos por parte. Al igual que con Fairytale, Among The Shooting Stars también fue recibida de manera bastante tibia y hasta indiferente si se quiere ser más tajante. Es cierto que todos acompañamos moviendo los brazos de lado a lado durante gran parte del tema, pero esto no bastó para generar una reacción parecida a lo que ya habíamos vivido. Aún así es destacable la teatralidad del frontman al interpretar piezas más lentas que requieren una performance más seria y compenetrada.

Entonces, para recuperar los ánimos nada mejor que tocar una canción de la vieja escuela dirán ustedes. Pues no, ni siquiera la inclusión en el setlist de un temazo como Abandoned, Pleased, Brainwashed, Exploited logró renovar las energías. Quiero decir, se suponía que esta era una de las sorpresas dentro del show, pero al mirar a mi alrededor me di cuenta que una gran cantidad de asistentes no la conocía. No les voy a mentir que me llevé una gran decepción al percatarme de esto. Aún así, los que entendimos que este era un momento único, dejamos la vida gritando el «Abandoned, pleased, brainwashed, ¡EXPLOITED!» y posteriormente el «It’s time for everyone, to think what we have done / Open your eyes and see / It’s not a dream». Sin dudas debería haber sido algo épico y digno de recordar, pero a veces la expectativa juega en contra. Y ojo que la situación no mejoraría demasiado con la correcta We Are What We Are, que si bien contó con un apoyo más multitudinario durante algunos pasajes, dudo que logre entrar dentro de lo más destacado de la noche.

¡Ahora sí! Pasado este «bajón», por fin vuelve la euforia y el caos en todos sus niveles. Elias queda solo sobre el escenario y hace un pequeño solo que conecta con las primeras notas de The Power of One. Luego, mientras la primera estrofa de Tony sonaba a través de la amplificación, rápidamente vuelven el resto de los instrumentistas y dejan caer todo su peso tras la intro. De aquí en adelante no queda otra que disfrutar y dejarse llevar cada una de las progresiones y cambios de ritmos comandados por Tommy y Passi. ¡Sólo recuerden cómo sonaba esa base rítmica! Por otra parte, no podemos dejar de lado las atmósferas creadas por Henkka durante las partes más calmadas y durante las partes instrumentales. Antes que se me olvide, la postal por excelencia de este concierto se vivió en plena ejecución de los solos de guitarra y teclado: una bandera chilena con el logo de la banda en medio fue lanzada hacia el cantante y éste, muy respetuosamente, la enseñó al público desatando una ovación cerrada. Terminando el último verso, el líder se va tras bambalinas mientras el resto de los músicos interpretan el outro. De esta forma, a las 22:10 horas se pone término a la primera parte de la presentación.

Pasados un par de minutos, y tras los típicos cánticos que se producen durante antes del encore, vendría otra de las sorpresas de esta gira. Hablamos del opening track de «Reckoning Night«, la notable Misplaced. Eso sí, antes de que comenzara, el vocalista tuvo unas palabras de agradecimiento para cada uno de nosotros y por el sold out que conseguimos. Además, aprovechó para darnos un pequeño consejo sobre encontrar el amor en las cosas que nos hacen felices y en buscar música nueva si es necesario. Volviendo al tema, otra decepción nos llevamos al ver que tampoco fue recibida como corresponde. Que no se malinterprete. Si contó con la participación de varios de los presentes, pero vamos, primera vez que era interpretada en nuestro país y al ver las caras dubitativas de varios realmente era para preocuparse. De todas maneras, si algo hay que rescatar son los tonos de Tony y la fuerza que implantó al cantar «This time was not for me / I have nowhere to land, no place to rest / like a bird without a nest I’m gliding / under the clouds forevermore!».

Sin dudas I Have a Right se ha convertido en uno de los clásicos modernos de los fineses, siendo imposible no cantar un estribillo tan pegajoso como ese. Además, es fácil comprarle el cuento al cantante cuando interpreta el tema de espaldas al público mirando hacia arriba dándole un significado mucho más concreto a su lírica. Por último -era que no- la encargada de cerrar la jornada sería Don’t Say a «Motherfucking» Word. Como lo vaticinábamos hace un par de días, la grabación para la posterioridad debía quedar marcada por instantes como este. Un estribillo cantado a más no poder, toda la cancha saltando de principio a fin y la agrupación demostrando sus años de carretera con una ejecución perfecta. Pero un concierto de Sonata no finaliza hasta que se hace la pregunta «Is there something you need?» para posteriormente responder «Vodka!». Así, después de que el líder dividiera el recinto en tres partes para hacer un pequeño juego sobre quien gritaba más fuerte, se procedió a dar inicio al archiconocido Vodka Outro. Todas las palmas en alto y cada uno de los presentes entona la melodía. Finalmente, a eso de las 22:40 horas comienzan a despedirse de una fanaticada que los aplaudió a más no poder.

Terminado el concierto, desde luego que Sonata Arctica sigue estrechando su relación con los fanáticos más acérrimos que han acompañado por años a la banda. Sin embargo, no puedo dejar de tener sensaciones encontradas con algunos aspectos de esta noche de domingo. En primer lugar, si bien el setlist y el show en líneas generales fue bastante correcto, no deja de ser cierto que le faltó consistencia en algunos momentos y que las canciones que estaban llamadas a ser uno de los tantos clímax de la noche no lograron su cometido a cabalidad. Históricamente los fineses han pasado por alto parte de sus éxitos y era una buena oportunidad para demostrar que el material más recóndito sí es digno de ser considerado en el futuro. Por otra parte, el show fue algo monótono de presenciar (considerando la grabación del DVD), la puesta en escena no incluyó nada especial y nada que no hayamos visto en sus anteriores visitas. Ahora bien, obviamente el comportamiento de la audiencia y la devoción por Tony Kakko y sus secuaces son algo digno de destacar. Por algo prometieron volver lo antes posible. Acá tienen el éxito asegurado.

Setlist de Sonata Arctica:

1. Closer to an Animal
2. Life
3. The Wolves Die Young
4. In Black and White
5. Tallulah
6. Fairytale
7. FullMoon
8. Among the Shooting Stars
9. Abandoned, Pleased, Brainwashed, Exploited
10. We Are What We Are
11. The Power of One
Encore
12. Misplaced
13. I Have a Right
14. Don’t Say a Word (Vodka Outro)

GALERÍA

Este 2017 no ha sido demasiado prolífico en conciertos, pero varios se juntarían en este mes de Mayo. Y el primero de ellos sería nada menos que la despedida de Rhapsody, en el marco de su “Farewell Tour”, donde además conmemorarían sus veinte años de carrera y, por si fuera poco, se anunció que el espectáculo se centraría en el que probablemente sea el disco más emblemático de los italianos, “Symphony of Enchanted Lands”, una placa bestial y atemporal que sigue poniendo la piel de pollo a quienes la música de Rhapsody nos llega de forma tan fuerte que nos hace pensar, antes de conocerlos y de saberlo, que su música era algo que siempre quisimos escuchar.

No vamos a entrar en detalles a estas alturas de una historia que ya es conocida, con la separación de Alex Staropoli por un lado y de Luca Turilli por otro, tomando en consideración las diferencias musicales que paulatinamente se fueron ampliando entre ambos, sin perjuicio de eventuales temas personales que no es necesario entrar a indagar en esta revisión. Entre medio, un Fabio Lione que en principio se mantuvo junto a Staropoli para sacar un disco como “Into The Legend” donde, pese al esfuerzo de Alex, se nota demasiado la ausencia de la mano mágica de Turilli. Pero luego Lione anunció su salida de la banda de Staropoli, lo que de todas marca un antes y un después en la carrera de cantante pisano.

Pero más allá de la ausencia de un personaje importantísimo como Staropoli, parece absolutamente legítimo que una banda de la envergadura e importancia de Rhapsody haya elaborado una despedida como corresponde, girando por el mundo y tributando un pasado tanto o más glorioso que las temáticas de su propia música. Como decíamos en la editorial, Rhapsody incluso para no pocos metaleros encarna una especie de tercera vía de aproximación al Heavy Metal, más allá de las primeras aproximaciones clásicas a este genial mundo con Metallica y con Iron Maiden.

Por eso y por muchas cosas más este concierto sería muy especial, porque su contexto emotivo estaría muchísimo más exacerbado. Saber a ciencia cierta que muy probablemente esta sería la última vez en que veríamos juntos en un escenario a Fabio Lione y a Luca Turilli, entes esenciales de una banda fundamental para muchos de nosotros, cargaría de emoción esta jornada ante un Teatro Caupolicán que paulatinamente fue llenándose de poleras negras provenientes de todo el país para despedir a los italianos.

HALEKIN

Pero antes vendría la oportunidad de ver a los muchachos de Halekin, joven banda nacida a mediados del 2011 y cultora de un Metal Gótico-Sinfónico bastante interesante, con notorias influencias de bandas como Therion o Nightwish, guardando las obvias proporciones. No muchos asistentes sabían que habría una banda de soporte en este show, y dentro de ellos, aun menos conocían a Halekin, que se presentarían por primera vez en un gran escenario y que contaron con una respuesta bastante respetuosa por parte del público.

A las 19.55 horas, ya con alrededor de unas 1.500 personas en el Teatro, y en aproximadamente media hora, el quinteto liderado por la joven Fuza en las voces, y compuesto además por Daniel Espinosa en guitarras, Mauricio Moya en bajo y voces –a lo Marco Hietala–, Alberto Peña en teclados y Pyro Blue en batería, nos mostraron seis canciones de su repertorio que contaron con gran respeto y aprobación de un público bastante entusiasta, con temas interesantes como Corrupted o Madness, y con un interesante trabajo de intercambio vocal entre Fuza y Mauricio Moya, cada uno en su rol. De todas maneras, quizás haya conspirado contra mejores sensaciones el escandalosamente alto volumen del show, un verdadero crimen al sentido común y a los tímpanos. Pero más allá de esto, ojalá con el tiempo Halekin vaya puliendo algunas cosas y los podamos ver más seguido en escenarios de esta envergadura, pues la propuesta es llamativa y obtuvieron aplausos bastante merecidos.

Setlist de Halekin:

1. The Price Of Heaven
2. Voyage
3. Ephemeral
4. Corrupted
5. The Dark Host
6. Madness

GLORIA, GLORIA PERPETUA

Francamente impresionante fue la cantidad de público que fue llegando al reducto de calle San Diego. Sinceramente, creo que pocos esperábamos que finalmente el Teatro estuviese a un 95%, prácticamente lleno, una señal saludable de esperanza en tiempos donde los shows de Metal con este nivel de asistencias son escasos, a tal punto que no son pocas las bandas han pasado por nuestros países hermanos vecinos y finalmente no han pisado suelo chileno. Ojalá esta tendencia comience a revertirse, uno entiende que hay factores que inciden mucho en esto –los precios de las entradas tampoco ayudan demasiado, en general–, pero no por ello uno deja de lamentarlo. O por contrapartida, de disfrutarlo, como en este caso, con un Caupolicán con más de 4.000 seres que llegaron como humanos mortales y se fueron convertidos en guerreros épicos dispuestos a cualquier cosa.

Con un telón de fondo majestuoso con el logo de la banda y un dragón, a las 21:05 finalmente se apagaron las luces. La explosión del respetable en ese momento fue sencillamente conmovedora y enfervorizada, más aun cuando la intro del narrador que presenta a la banda engarzó con el sonido de Epicus Furor que comenzó a tronar por los parlantes. Todos aplicamos nuestros profundos conocimientos del latín al bramar el primer “Epicus! Furor!”, no sólo por la expectación ante la salida a escena de los europeos –el primero, por cierto, fue Alex Holzwarth–, sino que porque eso indicaría que el primer tema de Rhapsody iba a ser nada menos que Emerald Sword, su máximo caballito de batalla, su dragón con más fuego o su espada con más filo. Es cierto que la habíamos escuchado en los shows anteriores de la banda en Chile, especialmente por quienes tuvimos la suerte de verlos en su primera oportunidad allá por el 2001 en el Teatro Providencia, pero ahora la situación era bastante distinta. Muchos de los escolares y universitarios de esa época ahora son profesionales de las más distintas áreas, y no pocos se vieron acompañados por Rhapsody en ese período. Pese a que el sonido en ese instante no fue de los mejores –de hecho fueron claros los gestos de Fabio Lione y Dominique Leurquin pidiendo más guataje, poco importó pues lo que primaba era la emoción de escuchar un clásico de todos los tiempos como este, que posee en altas concentraciones esa capacidad que tiene la música de transportarnos a otros tiempos, a otras épocas, a vivir recuerdos de todo tipo.

Un Fabio con un esforzado español nos da las gracias y nos dice que quiere escucharnos, enganchando de inmediato con otra bestialidad de clásico como la enorme Wisdom Of The Kings, donde por suerte la emoción del momento contó con el apoyo de un sonido que comenzó a mejorar, especialmente en cuanto a la voz de Lione, que merece prácticamente un review aparte debido al desparramo de talento y potencia que exhibió en el escenario del Caupolicán. A Fabio lo hemos visto en muchas bandas –para algunos, quizás demasiadas–, pero si es que no estaba suficientemente claro desde antes, con este show quedó de manifiesto que Lione siempre, pero siempre siempre, va a ser primero la voz de Rhapsody y luego el cantante de otras bandas.

Una de las cosas que más queríamos algunos era recitar completo el “yes, mighty warrior, what you hear now are the suffering voices of all the heroes that crossed these lands before you…”. Si a usted le pasa que cada vez que dice “yes” –en la vida– eso viene aparejado de un “mighty warrior”, empatizará con esa sensación y habrá sentido esa pequeña decepción de que la banda fuera directo con Eternal Glory y se saltara Heroes Of The Lost Valley, en medio de los agradecimientos de Fabio. Claro que esa muy pequeña decepción pasó casi inmediatamente, luego de semejante cargamento de epicidad reconcentrada, donde muchos dejaron la voz coreando el “eternal glory, ride fast to me”.

La revisión del megaglorioso “Symphony Of Enchanted Lands” continuaría con uno de esos temas que uno jamás habría imaginado que iba a escuchar en vivo como la intrincada Beyond The Gates Of Infinity. Pero no por ser un tema quizás un poco menos “oreja” que los anteriores iba a disminuir el entusiasmo de un público que sinceramente lo dejó todo.

Este es el momento donde los más veteranos dábamos vuelta el cassette del “Symphony” para poner el Lado B, pero antes de retomar la revisión correlativa de este enorme disco, un Fabio con su rizada cabellera tomada nos pregunta “Santiago, ¿quieren más?”, para luego decirnos que nos iban a tocar una canción de “Power Of The Dragonflame”, otra bestialidad de disco. ¡Por la recresta que son buenos los primeros discos de Rhapsody! ¿Cómo va a descansar uno la cabeza si la banda le lanza un corte como Knightrider Of Doom? Imposible, derechamente. Además, la banda nos hizo cantar y repetir el coro en varias ocasiones, lo que no costó nada porque también es un clásico.

Pero luego de los agradecimientos de Lione (“muchisimísimas gracias”) había que calmar un poco la cosa y la encargada de ello sería Wings Of Destiny, la hermosa balada del “Symphony”, anunciada por el vocalista como una canción que la banda nunca había tocado en vivo antes de esta gira. Y si bien es cierto que la velocidad baja, la intensidad siguió siendo la misma, fundamentalmente por la performance vocal realmente portentosa de Lione, un verdadero abuso.

El inicio sinfónico de The Dark Tower Of Abyss es una delicia y escucharla en vivo sinceramente fue un lujo. Es uno de los temas que entra al cuadro de honor de cualquier ranking al menos medianamente serio de Metal sinfónico y con esto le doy cara a cualquiera, por cualquier cosa soy el de polera negra. Bueno, es cierto que a todos nos gustaría que los sonidos envasados fuesen ejecutados en vivo por músicos, que nos habría gustado tener a Staropoli –o a otro tecladista– en escena, pero la performance de los cinco músicos que componen Rhapsody es tan “llenadora” que todas esas ausencias resultan menos que secundarias. Detalles como ver a Alex Holzwarth ensayando una especie de danza con el inicio sinfónico, o apreciar el tremendo talento de un notable bajista como Patrice Guers completan un cuadro primariamente pintado por la enorme dicha que proyecta Luca Turilli en escena y la torrencial voz de Lione.

¡Santiago, qué pasa!” nos dice Fabio para luego dar paso a otra joya como Riding The Wings Of Eternity. ¿Se habría imaginado usted un circle pit con Rhapsody? Creo que pocos lo habrían hecho. Pero si usted estuvo ahí probablemente pudo observar que un no menor grupo de muchachos ensayaron una especie de circle pit en la cancha del Caupolicán. Tremendo momento de la jornada.

Y llegó el momento de cerrar la revisión del que probablemente sea el disco más exitoso de la carrera de Rhapsody. Lione la anuncia en español: “Ahora, vamos a tocar esta canción que da el nombre al CD, entonces yo quiero escuchar a toda la gente esta noche cantar conmigo”. Y quizás a priori uno podría haber pensado que Symphony Of Enchanted Lands no es un tema que funcionaría muy bien en vivo por sus tan ostensibles cambios de ambientes, pero ese preconcepto comprobó ser un error rotundo, puesto que fue uno de los peak de la velada. Falta vocabulario para describir la enorme performance de Fabio Lione, luciendo buena parte de su tremendo caudal vocal que lleva a sospechar si no tendrá una caja torácica extra. La reacción de un público muy comprometido con el espectáculo fue sencillamente fabulosa, con todos los “o-ooooh” y saltando al ritmo de la música, momentos en los que Fabio recogió una enorme bandera chilena que le lanzaron al escenario, y se la puso en su hombro derecho, para luego dejarla en su atril y hacernos imaginar que estaba cantando junto a una mujer incorpórea. Es cierto que uno en los recitales canta mucho, pero por momentos uno se reprime ese casi irrefrenable deseo de cantar cuando ve a tipos como Lione, donde finalmente uno concentra buena parte de sus energías simplemente en escucharlo. Coronar este tema con los “hey, hey” con 4.000 personas con sus puños en alto marcó uno de los pasajes más inolvidables de una noche plagada de instantes memorables.

A continuación, la voz en off del narrador de la banda presentó a Alex Holzwarth, quien se quedó solo en escena con su batería. Es cierto que los solos de batería sirven fundamentalmente para que los otros músicos puedan descansar un poco, pero este solo en particular estuvo bastante entretenido. Primero al darle ritmo al “Dies Irae” que sonaba de fondo, y luego haciendo participar al público de una forma muy dinámica, el germano se ganó aplausos más que merecidos.

Vuelve la banda a escena y Fabio nos dice que ahora nos van a tocar una canción del primer CD de la banda, “Legendary Tales”. Nada menos que la notable Land Of Immortals, probablemente el primer gran hit de la banda por allá por 1997, el último tema del lado A del cassette. ¡Qué tremendo setlist nos estaba entregando Rhapsody! Palabras aparte para la performance de Patrice Guers, sencillamente descollante y demostrando una tremenda multiplicidad de recursos.

El glorioso –nunca mejor dicho– setlist de Rhapsody continuó con una joya no tan frecuentemente destacada de su prolífico catálogo: The Wizard’s Last Rhymes, una suerte de adaptación/homenaje al “Allegro con Fuoco”, la parte final de la “Sinfonía del Nuevo Mundo” del compositor checo Antonin Dvořák. Nuevamente, más allá de la performance de Fabio, quien se llevó gran parte de los aplausos nuevamente fue Patrice Guers, que hasta sacó de la galería unos slap bastante llamativos. El protagonismo de monsieur Guers continuaría con un excelente y contundente solo de bajo, acompañado por Alex Holzwarth y los sones de Queen Of The Dark Horizons de fondo.

¿Están cansadas? ¿Quieren más?”, nos dijo Fabio, y luego de presentar a Patrice, nos narra que esta es una gira que celebra veinte años de la historia de la banda, y que marca su despedida, lo cual evidentemente provocó un atronador e inconfundible “¡noooooo!” por parte del público. Luego Lione armó un “sing along” donde lució algunas de sus dotes, en algo divertidamente abusivo pues las diferencias de caudal y de afinación entre Fabio y sus admiradores eran ostensibles. Y qué decir cuando Lione cantó un fragmento de “Nessun Dorma” de Giacomo Puccini, mostrando que no tiene absolutamente nada que envidiarle a ningún tenor, por lo cual los “olé, olé olé olé, Fabio, Fabio” no se hicieron esperar.

Rhapsody es una banda con muchas virtudes, pero en este punto quiero destacar una que quizás no sea lo suficientemente valorada: es una banda que hace que el oyente/espectador, luego de escucharlos/verlos, salga sintiéndose mejor de lo que se sentía antes. Como que uno se siente más ganador, con más energía, con más ganas. Y bien, en ese instante Lione nos dice que si seguimos cantando como en ese momento, la banda va a tocar más, causando evidentemente una reacción bastante enérgica de los asistentes, aumentada al máximo cuando comienza el último tema del primer bloque, nada menos que la tremenda Dawn Of Victory, otro de los máximos clásicos de los italianos, y que provocó un nuevo circle pit en la cancha y un montón de puños en alto, como era de esperarse. Así, tras una hora y veinticinco minutos de épica batalla, los europeos se retiraron a descansar por algunos segundos.

Una de las gracias de Rhapsody es que tiene muchos temas para armar un buen setlist, pero hay que decir que este set fue particularmente bien elegido. La banda volvió a escena con otra joya no muy frecuentemente revisitada como Rain Of A Thousand Flames. Qué temazo, realmente, y así lo entendió un público totalmente extasiado.

Yo pienso que ahora la banda debe tocar la primera canción italiana”, nos dice Fabio, para lanzar un tema como Lamento Eroico que provoca una dualidad de sensaciones. La primera es que uno quiere cantar con él y quiere escuchar a la gente coreando el “urla il tuono / al mio lamento eroico / sorte… consuma la realtà”. Pero la segunda provoca las ganas de guardar un respetuoso silencio para tratar de ocupar todos los sentidos en percibir la portentosa interpretación de Lione, que realmente saca buena parte de todo lo que tiene en este tema. Quizás el hecho de que sea cantado en su lengua materna potencie su capacidad de transmitir emociones, pero aunque fuese cantada en mandarín no tengo dudas que Fabio tendría la capacidad de conmover al oyente con ese nivel de performance. Imperial lo del oriundo de Pisa ante un público absorto y entregado.

Entonces, ¿buena noche o quiere más? Yo quiero escuchar para la última canción a la gente de Santiago de Chile”, nos dice Lione, para entregarnos el último tema de la noche y el último tema del adiós de Rhapsody, y no podía ser otro clásico que Holy Thunderforce, con un nuevo circle pit y que cerró una noche plagada de emociones y puños en alto con In Tenebris a modo de outro. De esta forma, y luego de una hora y cuarenta y cinco minutos, Rhapsody decía adiós a los escenarios chilenos.

Muy probablemente esta haya sido la última vez en que podamos haber visto juntos a este quinteto tan talentoso –no quiero dejar de mencionar a un sobreviviente como Dominique Leurquin, que pese a su muy bajo perfil es un gran guitarrista, y que supo salir delante de un terrible accidente casero que hace unos cinco años casi le costó la vida, o al menos su carrera, cuando casi se cortó una mano con una sierra eléctrica–. Es cierto que esto es una despedida, pero creo que no somos pocos los que nos resistimos a creerlo. No por desconfianza ni mucho menos, para nada, sino que porque vemos que la música que hacen es tan buena y hasta nutritiva para el espíritu que uno no puede concebirlo. Y es cierto que el nombre Rhapsody Of Fire queda vigente con la banda de Alex Staropoli, pero todos sabemos que, más allá de que pueda resultar una buena banda –cosa que es perfectamente posible–, definitivamente no es lo mismo y el gran desafío para Staropoli será intentar superar esa sensación y estigma de “banda tributo” que indudablemente les va a pesar.

Sólo queda desear que este adiós no sea definitivo y que el paso del tiempo lleve a recomponer algunas cosas. Pero si de verdad fue un adiós, no podemos hacer otra cosa que agradecerle a Rhapsody por tantos discos maravillosos, tantos temas fenomenales, tantos incentivos a apretar el puño para agarrar una espada imaginaria, subirnos a nuestro dragón y salir a pelearle a los demonios que cada uno de nosotros tiene en nuestras vidas.

Goodbye, brother… goodbye!

Setlist de Rhapsody:

1. Epicus Furor (Intro)
2. Emerald Sword
3. Wisdom of the Kings
4. Eternal Glory
5. Beyond the Gates of Infinity
6. Knightrider of Doom
7. Wings of Destiny
8. The Dark Tower of Abyss
9. Riding the Winds of Eternity
10. Symphony of Enchanted Lands
11. Solo de batería de Alex Holzwarth
12. Land of Immortals
13. The Wizard’s Last Rhymes
14. Solo de bajo de Patrice Guers
15. Dawn of Victory
Encore
16. Rain of a Thousand Flames
17. Lamento Eroico
18. Holy Thunderforce
19. In Tenebris (Outro)

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