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El Metal nacional sigue produciendo, quizás no a un ritmo tan acelerado como el segundo semestre de 2015, pero se sigue lanzando material de diversa calidad y, prácticamente, para todos los gustos, de hecho, este año ya se han lanzado algunas nuevas placas y otras ya están anunciadas para los meses que vienen y es que la capacidad creativa por estas tierras por fin se está encontrando con un poco más de oportunidades, incluso gracias a la ayuda de las plataformas digitales.

En este caso, por varias razones, se nos venía quedando en el tintero el trabajo que durante el 2015 lanzó el cuarteto porteño Burning Dusk, en un estilo que en Chile no es tan cultivado como otros: hablamos del Death Metal melódico que grandes exponentes como In Flames, Arch Enemy y Dark Tranquillity hicieron famoso a mediados de la década de 1990 y que en nuestro terruño ha tenido sus exponentes también como A Hope Of Life, Vardager y Darkemist entre otros, algunos con más éxito que otros y no precisamente por diferencias de talento. Pero vamos a lo nuestro.

Desde las costas del bohemio Valparaíso nos llega el primer LP de Burning Dusk, un hito especialmente importante para estos muchachos si consideramos que como banda nacen en 1999 y tuvieron un receso entre el 2004 y el 2007, habiendo logrado lanzar hasta la fecha sólo un EP, «Shameful Angel» (2002), un claro ejemplo de lo difícil que es grabar y lanzar material en Chile, por eso «Scavenger Of Light» (2015) termina siendo un hito en la carrera de la banda.

Todo esto comienza con una intro instrumental homónima al disco. Scavenger Of Light abre con un sonido que nos hace ver dentro de una sala de hospital con equipamiento sonando hasta que, claramente, la vida se va con el acompañamiento de un piano que en menos de un minuto le da el paso a Deadbed, el lugar donde nuestro amigo de la intro dejó de existir se convierte ahora en el primer tema del disco, acá de inmediato se aprecia el gran problema del disco y que, obviamente, no es culpa de la banda: su producción. Desgraciadamente la calidad no permite apreciar clara y cómodamente la voz de Andrés Arancibia, complicando un poco seguir la línea lírica.

Posteriormente encontramos el single que lanzaron durante Diciembre para promocionar el disco a través de un lyric video, Pariah Generation, un tema que suena más agresivo que su predecesor con guitarras bien afiatadas entre ellas que logran producir ambientes de miseria importante cuando hablamos de esta generación alienada, con buenos pasajes instrumentales pero líneas líricas algo monótonas, que en ocasiones incomodan un poco, donde si bien el bajo de Arancibia se alza casi como un invitado, logra un poco más de protagonismo en sus apariciones, aunque sean pasajes muy específicos.

Off The Hook arranca con un tremendo riff de entrada que le da paso a un cuerpo instrumental muy parecido al anterior, con buenas variaciones de tiempo y pasajes que parecieran recordar al «Heartwork» de los tremendos Carcass, pero que queda en eso, un vago recuerdo de esos pasajes manteniendo su originalidad en la composición, lo que trae de nuevo la monotonía, que se entienda, no es mal tema ni mal disco, pero en ocasiones se siente algo carente de variantes en las líneas instrumentales y líricas que provocan cierta incomodidad escuchándolo.

Luego, con un poco más de velocidad y un ritmo bastante más particular que en los temas anteriores llega Cursed, un punto realmente alto en el disco, un tremendo trabajo vocal acompañado con guitarras variantes y violentas, un tremendo pasaje instrumental en el coro donde Javier Pérez y Erick Grawe demuestran que están para grandes cosas, a la vez que los tarros muestran mucho mayor juego de lo mostrado hasta ahora, permitiendo que Christian Glavich se luzca más en la batería. Si bien la línea lírica mantiene un nivel parejo casi monótono, se siente otra vibra, una intención de motivar y movilizar más que en las pistas anteriores, un tremendo tema que, en mi opinión, levanta de un golpe una producción que venía un poco al debe.

Una excelente intro abre Restless, una pieza que mantiene el nivel demostrado en la pieza anterior, pero que, encima, cuenta con un tremendo solo de guitarra que recuerda mucho a los que nos tiene acostumbrado Arch Enemy, realmente los que más se lucen a lo largo de la placa son ambas guitarras, mostrando que tienen la capacidad de hacer cosas grandes y llegar lejos, un tema que claramente no se cansa aun sin tener descanso escapando de la bruma ardiendo, una pieza que junto a la anterior nos permiten disfrutar más de esta placa.

En la vena más agresiva salta a nuestros oídos Hell To Pay, donde podemos escuchar el mejor trabajo vocal de Arancibia y un excelente trabajo en la composición de las líneas líricas, presentando un ritmo que comienza tremendamente bien para volver a caer en la monotonía en algunos pasajes. Sin embargo, pareciera que notaran que te podrías estar aburriendo para golpear inmediatamente con un quiebre rítmico que despierta a cualquiera, siendo uno de los mejores pasajes de esta pieza. Debo decir que llama altamente la atención la calidad del sonido de la batería, hay puntos en que incluso pareciera ser una batería programada, lo que también le quita un poco de gusto a la placa, aunque por otra parte, es en este track donde precisamente más se luce el bajo de Andrés Arancibia, contrapesando un poco lo que mencionamos respecto a cierta incomodidad.

Deadly Companion comienza intempestivamente preparándote para un tremendo tema de Death para nuevamente caer en la monotonía. En este tema se da una situación bastante clara donde la potencia y agresividad del tema se mantiene en todos los pasajes instrumentales y desaparece con la aparición de las líneas líricas, un detalle que decepciona un poco porque se logra sentir el potencial de la placa y de la banda en general, pero en definitiva logran sólo un buen material cuando podrían lograr algo realmente tremendo.

Terminamos este corto Larga Duración con el tema más tradicional, no obstante atravesado por un poco de Deathcore, Merrick, con un ritmo constante pero que afortunadamente carece de esa monotonía que tan presente se mantiene a lo largo del disco, donde nuevamente las guitarras de Pérez y Grawe demuestran mucho de su potencial que aún pueden explotar mucho más, es uno de los temas que más hace esperar una próxima placa, atreviéndose a utilizar una voz narradora en medio de una pieza instrumental que recuerda un poco a El Azote de los también nacionales Criminal, dejando en claro lo que ya he dicho anteriormente, tienen mucho potencial para lograr algo bueno, pero pareciera que la ansiedad de poder sacar al mundo su primer larga duración después de tantos años y la angustia de hacerlo de manera independiente les jugó una pasada algo errática, logrando un tremendo final de disco con un fade out preciso.

Debo decir que el disco lo disfruté mucho menos lo que me hubiera gustado, no es un mal disco, pero comete algunos pecados que dejan de manifiesto que a la banda aún le falta camino por recorrer. Insistimos: esto no quiero decir que sean una mala banda o sea un mal disco, pero sí que le faltó quizás disfrutar más lo que estaban haciendo y proyectarlo mejor, y no tratar de hacerlo necesariamente perfecto. Igualmente, es notorio que esta banda es de las que no la ha tenido tan fácil, considerando sus años de existencia.

En definitiva, Burning Dusk nos regala un material de ocho tracks con tres claramente superiores al resto y los demás un poco más discutibles, pero que al final del día logran un buen producto donde tienen un tremendo enemigo según yo, la producción. Desgraciadamente ese es un problema que en Chile es difícil de solucionar por los costos que significa, pero que soy capaz de apostar que para la próxima entrega de estos muchachos van a haber podido solucionar, madurando su composición tanto instrumental como lírica y logrando que un cuarteto del puerto, tras años de lucha por el Metal, salgan a luchar quemando con su bruma.

En psicología existe un constructo llamado «disonancia cognitiva» o, fácilmente, también se le podría llamar «disonancia mental». Este concepto se refiere a una tensión que se produciría a nivel mental cuando mantenemos, al mismo tiempo, dos trenes de ideas, pensamientos, «activos» en nuestra mente pero estos dos pensamientos están en conflicto, son radicalmente contrarios o, más aun, cuando uno se comporta de forma contraria a las cosas que creemos. Para solucionar esta incomodidad existen, entre otros, dos caminos: o reforzamos una de los pensamientos por sobre el otro o creamos nuevos pensamientos, introducimos nuevos valores, que logren vincular los dos pensamientos o justificar los nuevos comportamientos. También es posible que esta disonancia no se solucione y nos lleve a un brote psicótico… literalmente volvernos locos.

Los chilenos de Disonancia Mental con su disco homónimo «Disonancia Mental» nos llevan en un paseo instrumental por estas vaguedades de la mente humana, por estas complicaciones, idas y vueltas, rarezas de lo que sería introducirse en una mente con esta dificultad que llega a un punto cúlmine. Un proyecto de Felipe Hernández, conocido por su trabajo en Vastator y Nimrod, en guitarras, bajo y voces, más el apoyo de Gerardo Barrenechea en batería y la colaboración de algunos otros, además de un excelente trabajo de producción logran un trabajo exquisito.

El álbum comienza con el acto I, donde la primera escena es Karma, con una intro de bajo que permite intromisiones de la guitarra para dar paso a unos riffs potentísimos donde la base rítmica del comienzo se mantiene casi en todo el largo del tema. Sosteniendo un leve sonido que asemeja las melodías orientales, nos lleva a comenzar este viaje quizás con una idea, una cosmovisión que todo tiene un por qué, todo va y vuelve. Potencia y elegancia en un mismo track no siempre son fáciles de lograr, especialmente cuando no hay una voz de por medio, pero acá se logra con creces.

La escena dos, Hibrys, canción que cuenta con videoclip, sigue el ataque con una potencia asesina de entrada que le da paso a una percepción de tensión, a momentos híbridos de agresividad y embotamiento, idas y venidas entre el no saber nada y la claridad absoluta ante el universo, una potentísima pieza que logra un objetivo claro que de movilizarte, de hacerte reflexionar y disfrutar con las decisiones que vas tomando.

La tercera escena, Anhedonia, cierra este acto con una entrada desolada, creando fácilmente un panorama miserable, escenas depresivas fácilmente son evocadas con las primeras notas de esta pieza, para darle paso a sonidos un poco más esperanzados. Si te preguntas qué es la anhedonia, es el triste momento cuando pierdes la capacidad de sentir placer, de interesarte por cualquier cosa, de ser capaz de sentirte satisfecho. ¿La verdad? Siento que en este track logran traspasar completamente ese sentimiento a través de tus oídos, un trabajo de composición magistral.

El acto II abre con Parasomnia, la primera escena, acá nos llevan a pasear por un mundo de ensoñaciones y dificultades para el sueño, una parasomnia es precisamente un trastorno del sueño que, si bien no nos anda trayendo muertos de sueño al otro día, sí nos despierta varias veces durante la noche para acomodarnos y seguir durmiendo. En el tema se nota claramente los momentos de sueño y los momentos de despertar, con una dificultad para seguir durmiendo pero que pareciera pasar desapercibida hasta que estamos despiertos de nuevo sólo para volver a quedarnos dormidos, entonces pareciera venir una rabieta, una puteada a esta situación y volvemos a intentar dormir hasta que por fin… suena el despertador.

La segunda escena de este acto es Demonios en mi Cabeza, con una excelente intro de bajo es quizás el tema más agresivo de esta placa, con un ritmo bastante rockanrolero en un principio pero con una potencia de aquellas, donde la guitarra realmente canta lo que le generan estos demonios, cómo uno lucha contra ellos sin saber si los quiere vencer para que desaparezcan o para mostrarles que somos más fuertes. La batería todo el rato concisa, sea un pasaje lento y tranquilo o uno potente y agresivo, mostrando que ni las cuatro cuerdas ni los tarros están de adorno en esta placa. La rabia que se logra sentir en esta pieza es inspiradora para terminar abruptamente dando espacio al final de este acto.

Disonancia Mental, tema que también cuenta con videoclip, comienza con una intro sumamente experimental que da paso a la lucha que significa esta situación. La guitarra del principio se mantiene pero entregándole el protagonismo a la agresividad y potencia que ha caracterizado al disco. Este tema es el único que presenta líneas de voz, aunque éstas son recitadas con un pasaje coral entremedio, esto definitivamente nos da la sensación que algo se está quebrando dentro de esta cabeza, con voces peleando con nosotros y nosotros peleando con esas voces, la disonancia se va haciendo más y más fuerte, la pelea se va haciendo insostenible, las voces se burlan… una obra de arte maravillosa.

El acto III nos presenta la escena 7, Sanatorio, una pieza que nos lleva claramente a un psiquiátrico, dándonos un paseo por la miseria que se vive dentro de estos, con todos aquellos que perdieron el rumbo dentro de sus propias cabezas. Debo decir que esta pieza produce sentimientos bastante complejos cuando logras enganchar con el sentido de la misma, cuando eres capaz de ver esos pasillos llenos de gente a los que los demonios en sus cabezas los vencieron. Definitivamente Hernández y Delgado logran una pieza llena de miseria y esperanzas desvaneciéndose que sí o sí mueven algo dentro de ti.

Todo esto termina con la escena 8 del acto III, La Decisión, con una guitarra clásica abriendo los fuegos como invitándote a reflexionar sobre lo que acabas de ver en el sanatorio, es acompañada entonces por la batería y el bajo en el mismo ritmo, dando una base un poco más potente pero manteniendo el sentido reflexivo hasta que no, la cosa no puede ser terminar acá tan miserablemente, un quiebre rítmico nos lleva a desafiarnos, a tomar la decisión de qué haremos con esta disonancia, ¿nos dejaremos vencer por esos demonios? ¿O buscaremos que nuestros pensamientos se alineen para terminar con la disonancia cognitiva y tener una nueva forma de pensar? Un proceso difícil en que la agresividad se siente, la rabia que produce toda esta ambigüedad, volvemos a reflexionar más tranquilos, ¿será necesaria tanta rabia para salir de acá? ¿Qué hago? Un minuto de contemplación para decidir que no, no me la ganará, hay que avanzar contra lo que incluso yo mismo creo y el sentimiento de libertad que se logra sentir hacia el final es una delicia. Cabe destacar que hay una especie de «outro», que nos lleva de alguna manera de vuelta a la realidad, como un pasaje del mundo mental al mundo real.

En cortos cuarenta y un minutos, Disonancia Mental nos da un viaje por realidades que generalmente no miramos, con un concepto de base muy psicológica que logra un efecto aún más fuerte al escucharla, una propuesta instrumental muy poco común pero que definitivamente logran desarrollar sonoramente un mundo interno con lujo de detalle. Esperamos realmente haber podido comprender el mensaje que se quiso transmitir, a través de estas composiciones.

Tal como no es fácil reseñar un disco completamente instrumental, componerlo para lograr transmitir todo lo que tienes en la cabeza y quieres compartir con quienes te escuchen debe ser aún más complejo, sin embargo, Felipe Hernández lo logra con creces, no es casualidad que en nuestro terruño Vastator y Nimrod sean bandas tan importantes, aunque quizás no tan «famosas» como otras, la mente de este maestro de la música funciona a mil por hora y en esta obra de arte nos lo deja claro. Como hemos dicho anteriormente, 2015 ha sido un año maravilloso para el Metal chileno, hemos tenido una gran cantidad de lanzamientos en todas las ramas del Metal y prácticamente ninguno lanzado a tontas y locas, todos de excelentísima calidad y cada vez sacándonos más ese peso de que por ser chilenos o «sudacas» no podíamos hacer buena música.

Atentos a las presentaciones en vivo y a los videoclips de estos maestros (ahora son un Power Trío con todas las de la ley), por ahora sólo queda esperar que de esa cabeza puedan salir nuevas ideas maestras para que plasmen en un nuevo álbum, porque Metal chileno tenemos para rato y con bandas como Disonancia Mental podemos estar tranquilos, porque la calidad sólo puede seguir aumentando.

El verano de Hungría del 2012, generó la reunión del vocalista/guitarrista Arpie Gamson y Peter Szehoffner en guitarra, con similares influencias musicales (Masterplan, Jorn Lande, Yngwie J. Malmsteen, Iron Maiden), y comienzan a crear música por su cuenta. Posteriormente con la ayuda de Zoltan Bako en las letras completan el material para su primer álbum. Luego, Arpie y Peter se trasladan al Reino Unido, precisamente a Croydon en Londres, donde graban la base de su ópera prima, la cual fue enviada a los estudios Denever en Hungría para las mezclas finales. Completando la formación, estuvieron el bajo de Zoltan Mezsaros y Jean Pete en bateria. De esta manera, el primer larga duración de Avenford ve la luz bajo el nombre de “Mortal Price”, con diez temas que componen el demoledor trabajo de esta banda británica. Luego de algunos cambios en el line up, en batería y bajo, actualmente Avenford cuenta con Arpie Gamson en voz, Peter Szehoffner en guitarras y backing vocals, Bolo Oskroba en bajo y Rob Leech en batería, quien ha dejado el puesto vacante hace unos días.

El álbum abre con Overture 895 una magnificente intro que presenta y prepara el terreno para el corte siguiente, a priori se entiende que la banda no se conforma con típico tema de inicio con potencia y fácil de escuchar, una apuesta diferente si consideramos que es el primer disco, pero estamos frente a músicos experimentados con buen bagaje a sus espaldas. Entonces irrumpe Guiding Light, imponiéndose de partida con energía a ritmo de batería y guitarra, el sonido muy Power Metal, la voz armónica y fresca de Gamson, su pegajoso estribillo “Guiding us guide, heaven sent beast be our guide, Guiding us guide in your wake we ride” es una invitación a descubrir lo que continúa, un trabajado solo de Szenhoffner en el clímax del tema y los cambios de ritmo en general demuestran un estilo cercano a sus influencias como Masterplan y Malmsteen, calificando como un buen inicio para el disco, una clara invitación a continuar revelando lo que Avenford tiene preparado.

Continuamos con Hunter’s Trial, un tema bastante rockero que transmite la potencia de la banda, rudas guitarras que se mantienen con ritmo y energía, con buenas armonías en el conjunto sin que eso signifique que el tema decae o que la voz o coros pierden fuerza, entregando una buena composición general para una canción potente, cuya lírica a través de su coro, “Becoming one with all, united will never fall, one with nature, once and for all”, nos lleva a evocar alguna aventura épica en medio de algún bosque, un buen «juicio« para la banda.

Con Turn The Page bajamos las revoluciones al inicio, un tema melódico pero no menos enérgico, en especial cuando escuchamos el solo de Szehoffner acompañado de buenos coros, una balada que invita a dejar el pasado donde corresponde, “past is past and is behind me”, romper ataduras y avanzar viviendo el presente: «Turn the page, no regrets, break out the cage, bite the bullet, Turn the page only look ahead, break out the cage, nothing to dread». Una buena pausa para reflexionar que te prepara para lo siguiente, donde el sonido de la batería da inicio a Jewels Of Fate, poderoso corte en el cual es posible apreciar las influencias de la banda, exudando el sonido Power Metal, una nueva aventura épica que te lleva navegando a la búsqueda del botín, “Jewels of Fate, his fate did he create, jewels of doom, enthralling gems is your tomb” sentencia la banda, acompañado de un importante solo y voces que se mantienen arriba armonizando el conjunto en general permitiendo que la mezcla de guitarras potentes, algo de teclados y coros entreguen la esencia de este estilo musical.

Luego de esta aventura, el álbum da paso a Mortal Price, corte que le da el nombre a la producción y el de mayor duración, denota protagonismo de entrada, atrapa tu atención con las guitarras y batería y su lírica bastante apocalíptica: “Cold, is the human heart and sold, to all those who hold, the power and ruins for fool’s gold […] Under evil reign, in the acid rain shouting to be Heard, listen to my words! […] Why don’t we care instead, when all we know is dead, why don’t realize […] we’ll pay a Mortal Price, Who can kill can build, our fate’s not sealed, just need to realize, the Mortal Price”, lo que nos hace pensar en la realidad que estamos insertos y destrucción de lo que nos rodea. En medio del tema sonido de aviones, metralletas y otros elementos bélicos dan una atmósfera armagedónica, y si bien los coros y armonías se mantienen hay fuerza y profundidad en la voz de Arpie, a lo largo del tema hay cambios de ritmos que pasan de las voces y melodías a la potencia y energía épica característica del Power Metal, lo cual sumado al trabajo instrumental hacen de este un corte que es realmente un punto destacable dentro del disco.

Lo siguiente es Invasion, verdadera irrupción musical con una “futurista” partida de teclados, acompañada por los acordes de una guitarra que incursiona para dar paso a la verdadera invasión de la banda, demostrando su destreza técnica, con ciertos toques progresivos a lo largo del corte. La temática es similar a la anterior, esta vez Gamson sentencia su arenga “Charge! We do not fear death, Charge! Fight till you last breath, Our existance is at stake, destruction is in their wake, planet will shake, as their reign we break. The planet is our home, Yeah, Our lives is our own!”, esa fuerza logra transmitirse y motivar, así como las guitarras y la intervención de teclados indicando que banda es capaz de pasar del Hard Rock, al Power Metal y  el Progresivo, demostrando su versatilidad.

Blade In The Moonlight inicia con fuerza y cierto dramatismo, con arreglos y guitarras predominantes y la voz de irrumpe clara y melódica pero potente, controlando los altos característicos de Gamson, el ritmo cada vez se hace más poderoso, una atmósfera entre drama y esperanza envuelve al tema en general, tal como se percibe en la letra: “This is the end of the torture, this is beginning of the new life, your future in your hands, it’s a killing device, blade in the moonlight, a flash in the night”. Sin embargo, en este caso, gana la fortaleza y la capacidad de tomar la vida con las manos y cambiar el destino, con sus cambios de ritmo también presenta cierta sensibilidad acompañado de movimientos sostenidos por las cuerdas y un clímax que revela el poder de la banda, el resultado logrado entre la composición musical y la lírica hacen de éste uno de los momentos altos del álbum.

Ya llegando al final del disco, con la instrumental Journey To The Land Of Emerald, la banda deja claro que cuentan con los recursos para hacerse notar musicalmente. Una vez más la destreza técnica, la composición general con un solo de guitarra de sonido clásico que se funde con la irrupción de la guitarra eléctrica y el resto de la banda, una composición de talento que nos indica que llegamos al final con A Night To Remember, que sigue con la tónica del disco en general, la fuerza no decae, instándote a ir de fiesta con la banda y tener tu propia noche para recordar, tal como lo indica Arpie:Let’s make tonight, one we’ll never forget, can you take, what you we’ll get?”. El corte es veloz y es una apuesta segura para un cierre que amerita quedar en la mente del oyente, el sonido predominantemente Hard Rock pareciera indicar que el tiempo que inviertas en escuchar será para recordar un buen final para un álbum que de inicio a término mantiene el poder y la banda transmite actitud en lo que hace.

En conclusión, buen trabajo debut que de seguro será el primero de una larga entrega, porque Avenford es una banda que nos demuestra que para ellos no existen las etiquetas para un determinado estilo de música, pueden sorprendernos desde un enérgico Power Metal hasta la destreza técnica propia del Progresivo, ya que cuentan con el principal activo para una banda: su talento.

Centrándonos en el último tiempo y tras la publicación de «Ilussia» el año 2014, muchos sentimos que Mägo de Oz definitivamente había dejado de lado el «Incidente José Andrëa«. De alguna forma Zeta se consolidó como el vocalista definitivo de la banda y con un buen disco bajo el brazo, demostraron en vivo que seguían con más fuerzas que nunca. Pero cuando se anunció que re-grabarían el mítico «Finisterra», se generaron dudas con respecto a lo que significaría para los españoles manipular un trabajo de esta magnitud. ¿No sería mejor aprovechar el segundo aire que están viviendo y lanzar un nuevo álbum con material inédito? Pero bueno, hay que reconocer que los Mägo siempre han sido valientes al tomar decisiones y ahora nos enfrentamos a otra de ellas. Múltiples colaboraciones, un sonido directo y potente, y buenas versiones de los clásicos de hace quince años atrás es lo que promete este «Finisterra Ópera Rock». Veamos si cumple las expectativas.

Tras las frases que marcan el Prólogo (pronunciadas por los hijos del violinista Mohamed), de inmediato se nos da un adelanto de cómo será esta nueva versión de «Finisterra«. Digo esto porque es imposible no destacar la pomposidad de los arreglos que acompañan muy bien a las gaitas, que dicho sea de paso, en varios pasajes quedan en segundo plano. Por momentos la orquestación recuerda a la Obertura MDXX de ese gran disco llamado «Gaia«, dando cuenta de cuál será el rumbo de esta nueva placa.

Durante las primeras líneas de Satania, lo primero que llama la atención es lo bien que se escucha Zeta (a pesar de su pobre grito inicial). En ocasiones  pone mucho de su cosecha y al ser su tercera grabación con el grupo, se nota la adaptación y la cohesión de su voz. Respecto al tema en sí, al ser un clásico indiscutido de Mägo se hace muy fácil escucharlo, pero debido tanto a los arreglos corales, como en los arreglos en las guitarras y en el bajo, suena muy sobrecargado, considerando además los casi nueve minutos de duración de este tema.

Con La Cruz de Santiago rápidamente llegamos a una de las mejores versiones en esta re-grabación. Sencillamente me encantó el vértigo y la agresividad implantada en las guitarras, que se acoplan de gran manera a la interpretación de Manuel Reyes en la batería. Leo Jiménez, como de costumbre, derechamente «se las manda» al turnarse con Zeta para cantar las estrofas y el coro. Es cierto que se perdió un poco el feeling con el violín y la flauta, pero a parecer personal -dada la tónica de la canción- no se extrañan en demasía.

La Danza del Fuego sigue cumpliendo la función que se le entregó en el año 2000 ya que se mantiene muy fiel a su original, explotando de gran forma en el archiconocido estribillo, muy bien acompañado por las segundas voces. Hasta que el Cuerpo Aguante debe ser una de las que más perdió en este álbum. Sherpa (ex-Barón Rojo) definitivamente no convence ni por un segundo en su interpretación. Muy forzada y con poquísimo brillo, especialmente en la parte donde canta «Busco en el camino todas las respuestas…», que derechamente no logra ajustarse a la canción. Finalmente, el coro que pone fin a este tema tampoco logra destacar, sonando por momentos sin garra y sin fuerza. Por el contrario, en El Señor de los Gramillos, Carlos Escobedo definitivamente se roba la película. Tanto así, que él parece el vocalista principal de la banda, dejando a Zeta como una mera colaboración. Por lo demás, imposible no sentir nostalgia al escuchar el «Irule Irule, Irule/ Irule Ion Machine…» que da paso al último coro.

Más que interesante es la propuesta de Polla Dura No Cree en Dios. Una mezcla entre blues y rock urbano español, tan típico de la voz de Francis Sarabia, que junto a la excelente instrumentalización dan la atmósfera perfecta para esta gran canción. Sin dudas una de las que presenta más novedades, pero también una de las mejores logradas. Ojo con Francis, que ya en «Atlantia» llamaba la atención por sí mismo.

Maite Zaitut mantiene esa elegancia y posterior explosión de antaño. Si bien acá Zeta no está ni cerca de cantar con la fuerza de José (¡Los tonos a los que llegaba este tipo!), en la sección más celta la banda en su totalidad sigue mostrando lo que mejor sabe hacer. Con Duerme de seguro habrán opiniones divididas. Pilar Jurado demostró en «Ilussia» (2014) que puede ser un excelente aporte dentro un disco de Mägo de Oz, pero acá los más puristas echarán de menos las partes más rasgadas que presenta la original. De todas formas, es innegable que la canción musicalmente es perfecta, y más aún la performance de la cantante lírica.

Durante Es Hora de Marchar probablemente escuchamos al mejor Zeta desde que ingresó a Mägo. Su sentida interpretación me recuerda mucho a Moriré Siendo de Ti, donde realmente el tipo se las juega todas. Nada más que escuchar y disfrutar. Por otra parte, Fiesta Pagana en esta re-grabación lamentablemente no tiene nada nuevo para ofrecernos, quiero decir, ¿cuántas versiones existen ya? Dudo que esta destaque por sobre las ya conocidas.

El Que Quiera Entender Que Entienda es más bien la grabación en estudio de cómo se suele interpretar esta canción en vivo. Me explico: desapareció la intro barroca, se agrega la parte «reggae» antes de la segunda estrofa y finalmente se incluye una segunda voz (Toni Menguiano en este caso) para acompañar a Zeta. Siendo otra infaltable de los españoles, se deja escuchar sin ningún problema.

En su versión original, Los Reglones Torcidos de Dios es mi tema favorito de Finisterra. Digo esto porque frente a ese tipo de situaciones uno suele tener ciertas aprensiones. Por suerte, mi impresión en esta ocasión fue bastante grata. Una canción muy bien llevada dentro de su oscuridad y locura tan presente en sus líricas. Jorge Berceo sin hacer algo del otro mundo, se complementa bastante bien con el vocalista de Mägo.

Los que hemos escuchado a Patricia Tapia con anterioridad, sabemos que cuando llega su turno tira todo a la parrilla. Y esta no es la excepción. Kelpie suena bastante fresca y potente, todo gracias a ella. Verdaderamente su voz llega a dar el matiz necesario para afrontar la última parte del disco. Con justificadas razones más de alguno la pidió como vocalista principal cuando Jose dejó la banda. Por otro lado, como siempre Moha y Josema se muestran impecables en sus secciones. Y Diana Navarro en Tres Tristes Tigres sencillamente «se las mandó». De verdad que no puedo describirlo de otra forma. Con sutileza y elegancia se lleva todos los aplausos. Destacable también el acompañamiento de Javi Diez en el piano. ¡Temazo!.

A Costa Da Morte trae de vuelta esa fiesta celta que sólo ellos saben plasmar en sus instrumentales. Así, rápidamente pasamos a La Santa Compaña, la cual suena realmente bien, pero por momentos pienso que Zeta se queda algo plano en sus líneas. De igual forma, Manuel Escudero siento que podría haber hecho algo más cuando canta «Si los oyes llegar y tu alma quieres salvar…», que en opinión personal es el clímax de toda la canción.

Con respecto a Conxuro, hay que decir que queda al debe respecto a la intensidad y oscuridad que debe tener esta especie de prólogo antes de la recta final. Leo Jiménez se despacha un grito agudo de su marca registrada para dar inicio a Astaroth. Más que destacable la potencia con la que sigue sonando después de quince años. Nuevamente ambos vocalistas realizan una gran performance que culmina con esa excelente estrofa a cargo de Aylin.

El grand finale llega con Finisterra, corte épico de quince minutos donde la banda no se guardó nada. Cinco voces (Cristian Bertoncelli, Israel Ramos, Toni Menguiano, Leo Jimenez, Zeta) se hacen presente en este último track, donde al final del día no logro entender por qué no se incluyo a Sherpa (una de las voces originales) en esta grabación. Ahora, más allá de esto, siento que aún con todas las colaboraciones, la narración en sí está muy lejos de la magnificencia que se vive en la historia en ese preciso momento. El solo de guitarra de Adrián Phoenix cumple su función para dar paso a la parte media-final donde hay algunos pequeños cambios en la letra de la canción, que los más fanáticos notarán de inmediato. Musicalmente, sigue con los arreglos que ya hemos escuchado anteriormente, dándole unos toques bastante interesantes que no aburren en ningún minuto.

Mägo de Oz para bien o para mal siempre da que hablar. No quiero pensar mal y decir que esto es un vil intento de borrar parte del pasado de la banda, más bien lo tomo como una especie de fusión entre el sonido clásico y el sonido de «Ilussia», para dar una nueva perspectiva de su mejor época con la «nueva» formación. Sumando y restando, en general no me parecen malas versiones, es más, hay algunas que realmente brillan con luz propia. Además, en su mayoría las colaboraciones logran su cometido y hacen más fácil escuchar las casi dos horas de duración. Pero como dijimos al inicio del review, difícilmente haya sido un tema de vida o muerte el re-grabar todo un álbum, más aun cuando ellos mismos afirman que su música está en constante progreso.

Para los que han estado al tanto de la actividad de la banda durante los últimos tres años, fácilmente es recomendable ya que el disco se deja escuchar y no aburre para nada, pero siendo realistas, nos aguanta más de tres escuchas. Por mi parte, esperaré la publicación de un nuevo LP que siga con la senda implantada en «Ilussia«.

Camus, banda oriunda de Ancud, se forma el año 2008 con la intención de crear buena música enfocada al Power Metal, agregándole un poco de Heavy Metal. Sus líricas, como veremos más adelante, se encuentran enfocadas a los sucesos sociales del país y de la Isla Grande de Chiloé. La banda, compuesta Marcelo Valenzuela en las voces, Andrés Ibáñez y Mauricio Barría en las guitarras, Max Pinto en el bajo y finalmente Alan Navarro en la batería, y que tienen entre sus influencias a Hermética, V8, Iced Earth, GammaRay y Helloween, entre otras, muestra en este trabajo un Power Metal de la vieja escuela, realizado con calidad instrumental, potencial vocal y honestidad en sus letras, viajan melódicamente a las raíces del Power de fines de los años ’80 y comienzos de los ’90, y

«Senderos de Libertad«, su primer largaduración, comienza con una Intro, que tal vez para el género, le falta un poco de progresión y suspenso al comienzo, y su repentino cambio resulta algo brusco, pero sí tiene una tremenda conexión con el primer tema, Ciudad Perdida, tema muy rápido, que tiene los condimentos perfectos para una buena canción de Power Metal. Comienza con un espectacular solo de guitarra, luego un coro pegajoso, doble bombo y un solo que hace recordar aquellas el estilo Helloween de «Walls Of Jericho«.

Lo siguiente, Llanto y Dolor, es un tema muy metalero y entretenido, con muchos cambios de ritmo y un timbre vocal agresivo, que expresa muy bien la letra. Es necesario destacar que en esta canción la batería está impecable, con varios cambios de ritmo, y un coro muy pegajoso, canalizando la «rabia» en contra del sistema y permitiendo que se noten las influencias de la vieja escuela del Power Metal en los solos que se van escuchando a medida que avanza el disco, siendo este tema uno de los puntos altos de este trabajo, como Tempestad, que va de menos a más, es un tema de medio tiempo, limpio y que funciona excelente.

Los Guardianes del Bosque es un tema para ponerse de pie y aplaudir. Ya con el primer acorde de la guitarra se nota que se viene algo potente: es una canción muy bien lograda, con riffs y coros pegajosos y muchos cambios de ritmo. Trata del mítico Trauco y otros «Guardianes del Bosque», que producto del sufrimiento de la gente, despiertan para defender los bosques del sur. Obviamente hace una crítica social, a lo que actualmente ocurre en el sur de Chile, donde los bosques son destruidos por empresas. Los solos de guitarra en medio del tema son particularmente notables. Hasta este momento, el mejor tema del disco, puro Power Metal del bueno. Una vez terminado este tremendo tema, bajan las revoluciones con Bella Traicionera, que tiene todos los condimentos de una Power Ballad. A estas alturas bajar en algo los decibeles del disco parece saludable y pasa la prueba.

Ya Todo Se Vendió comienza con el sonido del mar, e inmediatamente se viene a la mente la linda ciudad de Ancud, de donde son oriundos estos muy buenos músicos de Camus, para luego dar paso a la voz de Marcelo Valenzuela, quien hace una intro a capella, para luego dar paso a un riff demoledor, distorsión perfecta en la guitarra rítmica. Se nota todo el sentimiento de lucha en la letra, donde hacen una crítica en la sucesión marítima a los grandes empresarios dejando casi nula la pesca artesanal. Excelente canción.

A continuación encontramos a Newen, corte orientado en la lucha mapuche en contra del sistema. Musicalmente, es la canción más agresiva y metalera del disco, lo cual es bueno para su propósito. La voz expresa muy bien lo que dice la canción, representando la molestia del pueblo mapuche. Dignidad comienza con un riff muy al estilo de bandas como HammerFall, para luego dar paso a la batería y bajo. Es un tema rápido, los falsetes son muy Power y en general recuerda bastante a «vieja escuela», con un gran trabajo en cambios de ritmo y solos de guitarra.

Ya cerca del final del disco, Amargo Vivir caeen el pecado del orden en que fue ubicada, debido a que tiene demasiadas similitudes con los cortes anteriores, lo que la hace algo repetitiva. Pese a ello, en términos generales es un buen corte, con un trabajo impecable en las voces, la letra, los solos de guitarra y la base de batería y bajo. Y este trabajo acaba con Corazón de Rock & Roll, corte perfecto para cerrar un show, cada uno de sus integrantes destaca de una manera más limpia, y aunque quizás no sea tan estrictamente «metalera», les sale perfecto, siendo el corte donde se ven más «sueltos» y afiatados, con un coro muy pegajoso, y perfectamente podrían sonar en la radio con este tema. Sin dudas un final alto, con uno de los mejores temas del disco.

En términos generales, «Senderos de Libertad» es un muy buen trabajo, con el género Powermetalero de la «vieja escuela» marcado en la sangre. Las guitarras son potentes, los solos muy ágiles y los riffs buenísimos. La base de batería y bajo siempre suenan impecables, cuenta con cambios de ritmo de principio a fin, sus letras con contenido de crítica social y la música siempre muestra intención. Se nota que llevan años juntos logrando ese sonido y fiato. Para ser su primer disco, suenan de maravilla y dejan con ansias de escuchar un nuevo material, evolucionando pero sin perder su calidad instrumental, potencia vocal y honestidad en sus letras.

Como lo hemos venido comentando cada vez que escuchamos un nuevo disco 2015 de banda chilena, el año recientemente pasado fue particularmente productivo para las mentes compositoras y los cultores del Metal en este terruño y, más aun, en general hemos recibido tremendos trabajos de nivel internacional por parte de nuestros compatriotas y esto, claramente, nos tiene más que orgullosos. SteelRage, Eternal Thirst, Fireland, Astral Lied, The Shrink y varias más que este año recién pasado nos han dejado en claro que el Metal nacional está teniendo más salida y las ideas para hacer buena música no faltan en esta larga y angosta franja de tierra.

Empezamos con estas palabras porque el debut de Night Sight, banda compuesta por Mauricio Soto, Franco Troncoso, Horacio Rodríguez Gabriel Morales, es otro disco más para agregar a la lista de excelente metal chileno lanzado durante el 2015 recién finalizado. Un Thrash potente y «enojado», pero con una interesante línea compositiva (tanto musical como líricamente), muy cerca del Power Metal, una propuesta que en cortos treinta y tres minutos se encarga de contarte una historia de película con la furia del Thrash y los toques de Power que pocos se atreven a mezclar.

Los fuegos de «No Way Out» (2015) los abre la intro Sicario, una especie de introducción al reportaje que contaría la historia de un sicario mexicano, donde se nos menciona un poco de su infancia y los trabajos terminados que se le conocerían. Una vez terminada la única pieza en español del disco, se abre paso Hitman, pieza que nos muestra de golpe lo que estos muchachos tienen para entregar, con toda la potencia de entrada y unos muy buenos juegos de batería que le dan paso a una excelente base rítmica que le permiten a las guitarras pasearse con riffs claros y seguros, pesados pero sin una velocidad exagerada, lo que a momentos hace recordar el sonido de Slayer, tanto en la música como en la voz. De primera, lo que más me gusta de esta propuesta es la fuerte presencia del bajo, protagonista en todo momento, dándole una tónica altamente refrescante, terminando de golpe tal como comenzó.

Don’t Trust comienza con un juego instrumental que da paso a una midtempo poderosa y potente donde definitivamente la voz se luce sin complicaciones, llevando la historia del sicario a una ventana no muy tomada en cuenta, la de su propia seguridad no confiando en nadie, lo que da paso para tomar nuevamente velocidad pero a su propio nivel, no como en el tema anterior. En esta pieza se disfrutan más cambios de ritmo que en la anterior también, haciéndolo mucho más agradable al oído evitando a toda costa la monotonía, con un excelente solo donde nadie se pierde pero la guitarra se luce, simplemente una pequeña obra de arte que viene a plantarse como uno de los puntos más altos del disco.

Seguimos con Marked For Life, la que inicia con una ambientación que da paso a una guitarra acústica y una voz calmada y limpia, una especie de balada lamentándose por la vida que le tocó seguir que es violentamente interrumpida por el golpe en la cara del Thrash que no tarda en tomarse el track por completo, con un sonido que recuerda un poco más a los trabajos de Anthrax o Megadeth, con una calidad ejecutoria tremenda y con tremendas líneas líricas. Hay que decir que desgraciadamente hoy por hoy es sumamente difícil inventar algo en el Metal, especialmente en el Thrash, pero eso no quiere decir que todo sea una copia, sino que a veces es más fácil que otras percibir las influencias que existieron para tal o cual composición. Dicho esto, lo logrado en este track es excelente, el segundo tema más largo del disco con interesantes quiebres rítmicos, una línea vocal con una lírica potentísima… definitivamente escalamos en calidad, al punto más alto hasta el momento y esto se pone cada vez más bueno.

Mind Control, entra con todo nuevamente en una especie de midtempo que nos lleva a pasear un poco más a las posibles razones que podrían llevar a alguien a convertirse en un sicario. Acá debo insistir en lo genial que me parecen el trabajo de la batería y el bajo, con un protagonismo tremendo en prácticamente todo el álbum, logrando que tanto la guitarra como la voz tengan un espacio seguro y bien controlado por donde moverse, sin ninguno quitarle el protagonismo al otro, mostrándose como una banda tremendamente afiatada para ser éste su debut.

En un interesante fade in comienza TV Show, en cierta forma una crítica a lo que ya todos criticamos: la caja idiota. Las noticias cuentan lo que alguien quiere que sepas y, generalmente, te cuentan sólo lo que te mete miedo, mostrándote el trabajo de los sicarios con lujo y detalle, una interesante y entretenida letra. Musicalmente, como ya nos acostumbraron, el tema es un lucir constante de todos los instrumentos, ninguno brilla por sobre el otro, cada uno tiene su espacio, con la excelente base rítmica que no exagera ni abusa de nada, la batería utilizando el doble bombo sólo cuando es necesario, el bajo apoyando o guiando según la necesidad… un tremendo tema que termina tal cual empezó con un fade out

Un ambiente de guerra, con bombazos y sirenas antiaéreas le dan pie a una batería guerrera que le abre paso a la potente y pesada midtempo que es Firestorm, acá definitivamente se hace fácil escuchar la influencia que el gran maestro Tom Araya tuvo en el esquema vocal, con líneas líricas de lujo, quiebres rítmicos de primera calidad, solos de guitarra virtuosos y un tremendo nivel de ejecución nos mantienen todo el rato con ganas de cabecear como condenados (si está en condiciones, hágalo cómo corresponde) y nos regalan de los mejores momentos de este 2015 en el Metal.

Un vacío con el bajo nos da el vamos para el penúltimo ataque, My Dark Side, una midtempo pesadísima que, además, es la canción más larga del disco, un acercamiento al lado oscuro del sicario que parece empezar a darse cuenta de lo que realmente es o empieza a sentirse desconectado de lo que ha sido hasta ahora, si bien no presenta tantos quiebres rítmicos como temas anteriores, los que presenta son excelentes, nuevamente con una batería luciéndose sin llegar a opacar a los demás, una característica que generalmente se pierde en las bandas. Nada se pierde ni sobra en piezas compuestas con este nivel de calidad, aunque debo decir que la voz al comienzo me parece un tanto débil, se nota que es un registro que no acomoda mucho a su vocalista pero no logra quitarle muchos puntos de calidad a esta tremenda pieza.

El disco cierra con la amalgama exquisita de Heavy, Power, Thrash, Death y casi todo lo Metal que se podía mezclar que es Demon Within, donde participan como invitados en las voces Renzo Palomino (Eternal Thirst), Jaime Contreras (SteelRage) y Rodrigo Szabó (Christ Ablaze). Definitivamente es el tema más complejo del disco, pero complejidad tan bien compuesta que logra una cohesión exquisita, con las intervenciones de voces guturales, contando la historia de ese demonio interior que lo lleva a ser lo que es, la inclusión de tantas voces en distintos registros le da ese toque mágico de escuchar a los demonios reclamar lo suyo, con los quiebres rítmicos precisos que crean un ambiente mucho más oscuro en los momentos precisos. Sin duda es el punto más alto de esta tremenda placa que le da un gran broche de oro a un debut único.

Una banda que tan sólo en treinta y tres minutos logra entregar nuestras almas a un paseo por tanta euforia y locura, con altos y bajos rítmicos que logran un estado de alerta constante disfrutando absolutamente cada minuto de cada tema merece totalmente la atención de cualquiera que se diga metalero. Night Sight se mandó un tremendo acierto con un debut cargado de buenas armas, demostrando una gran calidad compositiva y un nivel de ejecución tremendo, quizás la producción pudo haber sido un poco mejor, pero eso no le quita prácticamente nada de la gran calidad presentada en este álbum de Heavy/Thrash que merece seguir componiendo y lanzando material, además de ser disfrutados en vivo, por lo que estaremos atentos a fechas porque estas máquinas de destrucción deben ser cabeceados y disfrutados en el escenario.

 

El reciente 2015 marcó un antes y un después para los nacionales Eternal Thirst. La prematura y lamentable partida de este mundo de Pablo Garriga, su vocalista, caló hondo en todos quienes gustamos de la música. Sin embargo sus compañeros, en una valiente y admirable decisión, continuaron su rumbo, y no se rindieron ante las adversidades del camino. Entendieron además que la mejor forma de honrar a Pablo era con música, ¡y vaya que lo hicieron!, pues tras la llegada de Renzo Palomino como vocalista lanzaron “Metalheads to the Grave” en noviembre del año que acaba de partir.

Fieles a su estilo y sin segundas lecturas Eternal Thirst nos regala cuarenta y cinco minutos de un Heavy/Thrash a la antigua, con un sonido crujiente, crudo, algo similar a la producción del «Kill ‘Em All» de Metallica (1983), que dista mucho de la gran cantidad de arreglos que hoy en día las bandas utilizan, gracias a lo que la tecnología nos ofrece.

El segundo largaduración de los nacionales comienza con una breve intro titulada Din From The Dead, compuesta de relámpagos, teclados y voces del más allá, tras esto el primer corte se titula Metal Rules the Earth, comienza con un excelente redoble de batería y afiladas guitarras que nos indican de entrada lo que nos espera más adelante. Una genial unión de voces en el puente y luego un coro bastante ganchero, logra el cometido de dejarnos atrapados en el álbum. Un atronador comienzo.

Death Cross, el segundo tema del álbum con un ritmo más Heavy que el anterior, donde las revoluciones iniciales decaen, pero no así las ganas de cabecear la canción completa. También es un tema cautivante desde el punto de vista musical-comercial, es decir, también «pega» como el opening track del disco.

El cuarto tema, titulado Railroad to Insanity, tiene un comienzo melódico, con unas guitarras acústicas que rápidamente ganan velocidad y distorsión. Al minuto y medio regresa la velocidad característica de la banda y la voz de Renzo hace su aparición. “Unreal!! Unreal!!” es el himno de guerra de la canción, donde se nos cuenta sobre una persona que enloquece y ya no distingue entre la realidad y la fantasía. Con siete minutos y veinte segundos es el track más extenso del álbum.

Dose of Metal es el tema encargado de dar un nuevo remezón a quienes disfrutamos del disco, los dos anteriores temas venían en un ritmo más bajo que el tema de apertura, sin embargo este quinto tema nuevamente nos sacude con velocidad y agresividad. La dupla de guitarras logra un excelente trabajo en el dueto previo al coro, se observa un trabajo y un fiato extraordinario entre Javier Alarcón y Hugo Sánchez, aunque por otro lado, las diferentes voces en el coro no logran una armonía demasiado prolija, sonando muy distantes y poco enlazados los tonos altos de los bajos.

El comienzo de Alcatraz, sexto tema del disco, me trae a la mente los últimos 2 discos de Judas Priest con la presencia de KK Downing, una intro dignísima de una de las más destacadas duplas de guitarras de la historia del Heavy Metal. Alcatraz, floating hell” nos dice un coro de directa llegada donde se nos narra acerca de una persona prisionera en este legendario centro de reclusión norteamericano. Este tema es sin dudas donde las guitarras más lucen como dúo, el pasaje entre los 2:38 y los 3.00 es espectacular, notas disonantes que se acoplan muy bien con una técnica y velocidad de gran factura. Simplemente notable.

A continuación Father’s Light mantiene la continuidad con un tema veloz y directo, sin embargo el coro vuelve a tener quizás el mismo problema que el de Dose of Metal, donde las voces no encajan de la mejor forma, quizás los tonos bajos no son la receta adecuada para la canción. A pesar de lo anterior, el tema es bueno pero en una liga diferente a Alcatraz o Metal Rules the Earth.

Lethal Hammer, penúltimo tema, tiene un comienzo que nos recuerda a The Four Horsemen, el clásico de Metallica. En este tema, ocurre todo lo contrario que en Father’s Light con respecto a las voces, donde encajan de manera perfecta en el coro. El mérito de esta canción se lo lleva Francisco Vera en la batería, donde el doble bombo no cesa y suena como una ametralladora durante gran parte de la canción. El martillo letal cumple con darnos ese golpe certero previo al final del álbum.

El último track, titulado Beyond the Shadows of Hell, no deja segundas lecturas y va directo al hueso como su antecesora. Si uno espera que las canciones finales de los discos tiendan a ser algo largas y más lentas, o que contengan algo épico, no lo encontrará acá. La sensación que deja la velocidad del tema, y en el contexto en que se ubica, recuerda el final del “… And Justice for All” que finaliza con Dyers Eve. El postre del disco no es aquel relajante manjar que te permite ir al descanso: al contrario, te deja eléctrico y con ganas de más.

Con este trabajo, Pablo debe sentirse muy honrado, Eternal Thirst ha demostrado que la decisión de no abandonar y persistir ante la adversidad ha sido la mejor, fruto de ello es este tremendo álbum que enaltece el Metal chileno y eleva los estándares para las siguientes entregas.

Los discos conceptuales que desarrollan su historia como una ópera, de inmediato captan la atención de la órbita metalera, pues normalmente cuentan con la participación de grandes músicos de la escena, como es el caso de Avantasia, Ayreon, Genius y Aina, entre otros. En este caso son los italianos Vexillum quienes nos presentan “Unum”, su último disco, concebido precisamente como una obra conceptual bastante interesante tomando en cuenta los protagonistas que colaboran en esta historia.

A modo de introducción, Vexillum nace el año 2004 en Pisa (Italia) como proyecto del guitarrista Michele Gasparri, quien tras intentar con distintas formaciones y grabar su propio EP el año 2007, logra consolidar un lineup estable que recién el 2011 lograría lanzar su primer larga duración llamado «The Wandering Notes», que permitió posicionarlos como banda soporte de Rhapsody of Fire en las giras de dicho año. Al año siguiente lanzan «The Bivouac», que siguió el camino exitoso de su primera entrega y los lleva a girar con Luca Turilli’s Rhapsody y Freedom Call, pasando por los escenarios más importantes de Europa. Terminadas las giras, entran a estudio para trabajar en este proyecto llamado “Unum”, el más ambicioso de su carrera. “Unum” es un álbum conceptual donde el vocalista Dario Vallesi es el relator principal de la historia, acompañado en las voces nada menos que por Hansi Kürsch (Blind Guardian), Chris Bay (Freedom Call),  Mark Boals (Ring of Fire, ex-Royal Hunt, ex-Yngwie Malmsteen, ex- miles-de-otras-bandas) y Maxi Nil (ex-Visions of Atlantis). El resto de la banda lo componen Michele Gasparri y Francesco Caprina en las guitarras, Efigio Pregio en los tarros y Francesco Ferraro en el bajo.

El disco se compone de siete actos, siendo el primero The Departure: Blow Away the Ashes, tema de comienzo solemne, pausado, en donde los sonidos acústicos de guitarras, vientos y gaitas crean una atmósfera de fantasía que acompaña los primeros versos del relato. De a poco la narración va quedando atrás, aparecen los riffs de guitarra y la canción entra de lleno en el terreno del más clásico Power Metal europeo, en la voz de Dario que pareciera llevar el tema a su antojo, dando una entonación elegante a los pasajes más lentos, y una voz más desgarrada en los momentos de más fuerza, en una interpretación que va muy bien con el relato. Es una composición sólida, rica en arreglos pero a la vez sobria, donde el coro destaca esos matices elegantes y agresivos gracias al notable trabajo de Efigio en la batería, que por momentos hace recordar la época dorada de Blind Guardian. No hay nada que no hayamos escuchado antes, los elementos son los mismos, pero cada recurso es usado de una forma muy inteligente y coherente en la estructura de la canción, lo cual conforma un primer tema más que interesante.

El segundo acto es The Jester: Over the Clouds, el single del disco. En esta ocasión es Chris Bay (Freedom Call) quien colabora en la interpretación  y como todo buen single, es un tema que entra a la primera, de melodía alegre, ritmo ágil y con un coro que te queda dando vueltas en la cabeza inmediatamente. La mezcla en un comienzo suena explosiva con el conjunto de vientos y gaitas, y decanta en un tema bien Power, donde los riff de guitarra comienzan a ser más protagonistas junto al siempre dinámico trabajo de Efigio en la base rítmica, que constantemente va matizando con redobles y cambios de ritmo la estructura uniforme que presenta este single, haciéndolo más rico e interesante de escuchar. Vocalmente el trabajo de Dario y Chris es correcto y colaborativo, al igual que la dupla de guitarras de Michele y Francesco, que se armonizan en los solos constantemente. En general el tema es redondito y cierra bien. Uno de los mejores temas del disco. Con todo el poder de Hansi Kürsch nos llega The Sentenced: Fire and Blood. El comienzo es puro Blind Guardian, literalmente. El trabajo de Gasparri y Caprina en las guitarras inmediatamente nos trae a la memoria los riffs de la dupla Siepen-Olbrich, el talentosísimo Efigio Pregio se camufla con el enorme Thomen Stauch, por cuanto cuando comienza el canto de Hansi se hace bastante difícil notar que es Vexillum lo que estamos escuchando, y no el guardián ciego. De inmediato cabe hacerse la pregunta si el tema era a lo Blind Guardian por lo que buscaron reclutar a Hansi, o al revés, si dado que contarían con él le compusieron un tema a la medida. Yo me inclino más por la segunda porque el tema es demasiado cercano a lo que hacían los teutones en su discografía más clásica. Pero la verdad es que da lo mismo como haya sido la génesis del tema, porque el experimento les resulta extraordinario. Mención aparte al desempeño del Bardo, quien desgarrando sus cuerdas vocales como en sus mejores tiempos, llena de pasión un tema potentísimo, que sin duda está entre lo más destacado de “Unum”.

El cuarto tema es Lady Thief: What We Are, donde Maxi Nil (ex-Visions of Atlantis) es la encargada de acompañar a Dario en las tareas vocales. Las revoluciones bajan respecto a los actos anteriores, el ritmo es más bien mid-tempo y al igual que en The Sentenced, los vocalistas se van turnando verso a verso en algo así como un duelo que no convence tanto, considerando la alta vara autoimpuesta con la colaboración anterior. La fuerza se va diluyendo con el paso de las estrofas y un coro que no destaca demasiado tampoco. Es un tema bien ejecutado, pero sacrifica potencia por melodía en una apuesta que no llega al nivel de temas anteriores. Elementos folk dan la bienvenida a The Hermit: Through The Mirror, quinto acto del disco. Mark Boals interpreta al Ermitaño protagonista de una canción que empieza de forma acústica y sutil, que de a poco va tomando la fuerza y se transforma en un tema entretenido, con distintos pasajes, a veces más folk, a veces más Heavy. El coro de voces que da vida al estribillo de la canción es de lo más destacable, con un excelente trabajo de armonización, que también se aprecia en el outro que va desvaneciéndose al terminar la canción. The Way Back: The Clash Within, sexto tema del disco, comienza con un coro de voces profundas que recuerda directamente a Misty Mountain, la canción que los enanos de la compañía de Throrin entonaban la noche que conocieron a Bilbo Baggins, en la adaptación cinematográfica de El Hobbit. La cadencia de los primeros temas retorna en buen momento, pues los ritmos más acelerados son donde más luce Vexillum, y en este tema se logra una musicalidad interesante en el coro de voces profundas, lentas y solemnes del canto enanesco, al ritmo de una batería acelerada y galopada. Es un tema distinto, que suena fresco y que logra cuajar finalmente una propuesta interesante por la mezcla de sonidos que presenta. El séptimo y último tema propio del disco es The True Beginning: Standing As One.

La propuesta de este cierre consolida lo que es Vexillum en esencia: un Power Metal fresco, con muchos recursos folk, melódico y siempre abundante en adornos que van engalanando los buenos riffs de guitarra que protagonizan cada canción. Destaca la colaboración de las voces invitadas, que se juntan en esta canción, imprimiéndole mucha fuerza a cada verso cantado en comunión. La dupla de Gasparri y Caprina ejecuta uno de los mejores solos de la placa, y el coro arremete con fuerza para dar cierre al correcto desenlace de la breve ópera que nos entrega Vexillum. En los bonus track del disco, aparecen dos cover que, siendo interpretaciones bastante correctas,  no pasan de ser una anécdota para el paladar metalero. El primero es Spunta La Luna Dal Monte, una canción melosa y sutil de la banda italiana Tazenda, y para cerrar Run Runaway, tema folklórico-lúdico de los británicos Slade, que bien funcionaría para hacer una ronda mientras se chocan los vasos schoperos al ritmo de un juglar.

En conclusión, Vexillum nos presenta un álbum interesante, con muy buenos momentos, pero demasiado corto (¡siete temas!) y que carece de una solidez constante que permita catalogarlo como un imperdible. El comienzo del disco promete muchísimo, pues los primeros tres o cuatro temas son de excelente factura, pero se va desinflando y por su corta duración, no logra repuntar totalmente. Veremos si en una próxima entrega, Vexillum logra hacer un disco más consistente que los catapulte a la élite de la escena europea, porque hasta ahora, van bien encaminados peleando el ascenso a la primera división del Metal.

En la misma línea de su EP “Horror Absoluto” del 2014, los nacionales de King Heavy continúan su rumbo por el lado oscuro del Heavy Metal clásico y el Doom Metal, con un disco consistente en su propuesta. Capaces de formular composiciones potentes, fáciles de escuchar si eres adepto al género y sin experimentos, King Heavy continúa persiguiendo una clara dirección musical que marcó su debut con “Horror Absoluto”.  La producción cumple con lo que quiere mostrar, obteniendo un sonido bien crudo.

La Gárgola comienza con una base rítmica densa, marcada por la sólida guitarra de Matías Aguirre. La batería de Miguel Canessa va creando paso a paso y junto con el bajo de Daniel Pérez,la atmósfera pesada para que entre la atípica voz de Luther Veldmark, que después de unas líneas vocales en tonos bajos, nos lleva con una voz más agresiva a un cambio de ritmo más rápido, Heavy Metal en su esencia, que compatibiliza perfectamente con otro ritmo de un espectro Doom. Así es, King Heavy nos lleva por pasajes con un tiempo más lento y otros más resueltos. En sus distintos ambientes, podemos escuchar y cantar “Soy la gárgola”. Es un excelente inicio y como la mayoría de las composiciones de este homónimo, supera la marca de los cinco minutos.

Life AD suena muy melancólica, pero sólo es su inicio. Entramos en sus extensos tramos, con unas guitarras difusas y con un montón de efectos, una percusión cambiante en su frecuencia que le da un enfoque un poco más desafiante al sonido Doom. Es una interpretación más dramática y el toque personal de Luther Veldmark se hace notorio.

As Dawn Broke on the Day es recta si la comparamos con las anteriores y menos experimental. Evoca un cierto sentimiento de melancolía. Contiene una línea de bajo bastante interesante previa a su explosión, con unos riffs bien atrayentes y marcados, que generan la estructura para el buen desempeño de Luther Veldmark.

Sin presentar un virtuosismo o alguna fanfarria exótica, Thirtheen Chosen Ones nos demuestra que la suma de las partes genera una atractiva base sólida y de buen gusto, moviéndose en su totalidad por unos buenos riffs y la “actuación” de Veldmark en las estrofas es sublime, pasando de la locura a la sencillez. King Heavy nos proporciona una voluminosa obra con algunos adornos y bastante adictiva. La percusión sigue en esa senda de cambios, poco ortodoxa para un género definido por su ritmo lento.

Wounds es directa desde su comienzo, mucho más movida en sus “cortos” cinco minutos, te invita a hacer un headbanger en distintos fragmentos, pero baja bastante la intensidad de su comienzo en el transcurso de la canción. A pesar de su buen inicio y ese atractivo ritmo presentado en el intermedio, no destaca tanto como las otras interpretaciones.

The Crowning es el pequeño respiro necesario antes de la pieza final, melancolía pura que sirve de preludio para He Who Spoke in Tongues, que es épica. Notorio y extendido cierre de King Heavy con una duración de once minutos. Al igual que el resto de esta obra, nos manifiesta la capacidad de sus integrantes para desarrollar variadas facetas de Doom Metal. Se agarra de todas las influencias mostradas en este álbum. Conceptualizar la música en palabras es bastante difícil, sobre todo si queremos capturar las esencias mostradas en este cierre, sobre todos sus riffs lentos y aplastantes.

Esto es lo ofrecido por King Heavy en su primer LP, Doom Metal y Heavy Metal tradicional, con un sonido muy clásico y bastante agradable. Extenso en su totalidad, sus seis canciones sobrepasan los cinco minutos y una suerte de intro (The Crowning) que no supera los dos minutos. Es muy claro que si tu preferencia es por este estilo, la recomendación va de sobra. Si no es lo tuyo, merece de todas maneras una oportunidad.

 

El nombre Dream Master quizás no le traiga recuerdos a muchos fuera de la hermana República Argentina, pero la verdad es que estos trasandinos vienen creando material de muy buena factura hace ya un tiempo y de manera bastante continua, logrando un par de excelentes covers y consiguiendo la presencia de una eminencia del Heavy Metal argentino como Adrián Barilari, cantante de Rata Blanca. Con ya cuatro discos en su haber, deciden seguir en la evolución de su sonido propio, e insistimos en esto de sonido propio, porque no es fácil, con sólo escucharlos, encontrar influencias marcadas, lo que habla muy bien de su calidad compositiva.

Esta historia ya se remonta a algunos años atrás cuando hacen su aparición en la escena con su debut homónimo «Dream Master» (2005), una placa bien lograda que muestra el camino estos bonaerenses querían recorrer donde aparece una excelente versión del mítico Dr. Stein de Helloween; luego, en «Waiting For The End» (2008) siguen cimentando su camino, nuevamente regalándonos una versión de joyería de Enjoy The Silence de Depeche Mode, un tema bastante alejado que se escucha muy bien en el Heavy Metal que nos entregan estos muchachos, a lo que se suma la voz del mítico Adrián Barilari en el corte Reino del Terror. La cosa sigue armándose con «Spread Your Wings» (2011)y «Fourth Key» (2013), aunque para mi gusto esta última placa fue un pequeño bajón para lo que venían haciendo, pero bueno, ya estamos en contexto así que a lo que nos convoca.

Estre “Point Of No Return” inicia con los cuarenta y cuatro segundos de Self Affliction, una intro donde todos los instrumentos tienen su espacio para lucirse, un riff golpeado seguido por una especie de solo del bajo de Rodolfo Sanmarti que posteriormente le da paso a una base rítmica lenta acompañado por la batería de Charly Villalba, sobre la que se escucha el riff de la guitarra de Ezequiel Wiurnos y un pequeño solo de la guitarra de Gabriel Chiavetto, una pequeña muestra de lo que finalmente ofrecen en esta placa.

Continuamos inmediatamente con Get Control, un track potente que inicia fuertemente con un poderoso riff, dejando un puente más relajado para dar pie a la voz de Wiurno con su registro medio. Si tuviera que compararlo con alguien quizás lo haría con Tom Englund de Evergrey, pero a la vez es algo bastante propio lo que logran, con un Heavy Metal no muy tradicional, quizás con algunos toques un tanto Power pero sin dejar de lado ese sonido que al otro lado de la cordillera se disfruta tanto. Truth se da el lujo de empezar con excelente riff y el apoyo de un bajo tan potente que en ocasiones llega a recordar la presencia que éste tiene en Iron Maiden, por ejemplo, guardando las proporciones obviamente, pero al menos a mí ese bajo me ayuda a disfrutar mucho más una tremenda canción, con algunos quiebres rítmicos y un solo de excelente calidad que no tiene mucho que envidiar a producciones europeas o estadounidenses.

Freeze To Death se abre paso con un riff un poco más «happy», que baja las revoluciones inmediatamente para que la voz de Wiurno aparezca como dentro de un témpano de hielo, un recurso bastante bien logrado la verdad, manteniendo este ritmo logran una ambientación poderosa sin necesidad de teclados ni sintetizadores, lo que considero habla muy bien de su calidad compositiva, no son pocas las bandas que echan mano a esas cosas para lograr su objetivo de ambientación. Ivan inicia como una especie de balada que se va convirtiendo en una potente pieza midtempo y aún un poco más lenta, presentando una especie de juramento en sus letras con una estructura musical que mantiene la potencia a un ritmo bastante inferior a lo que nos venían entregando en los cortes anteriores.

Con una potente entrada llega New Hope, manteniendo la velocidad en lo que nos dejó el track anterior en un principio para luego acelerar muy levemente y entregarnos excelentes riffs en un tema donde nuevamente se puede disfrutar pasajes en los que cada uno tiene posibilidad de lucirse. Cabe destacar que ya hace algunos temas Wiurno viene alcanzando tonos más altos con su voz, a diferencia de lo que entregó en los primeros cortes de esta placa, escuchando a momentos un tanto forzado, haciéndole un flaco favor al disco.

Wicked Desires tiene una entrada que hace recordar a Reign Of Terror de los grandes Stratovarius, pero manteniéndose en su estilo propio y dando paso inmediatamente a una pieza bastante Heavy, con puentes un poco más lentos donde se escucha una especie de voz gutural que le da un toque excelente a esta placa, especialmente considerando el mensaje que se deja ver en las líricas, para mi gusto definitivamente es quizás el punto más alto de esta placa. Argenbandon parece ser la pieza más mística de este rompecabezas, incluso la ambientación inicial así lo hace sentir, con un excelente y potente riff, con una base rítmica de lujo y unas voces inspiradísimas logran un corte de muy buena calidad, tanto compositiva como ejecutiva, mostrando que estos trasandinos no se andan con chicas y están al nivel de grandes bandas.

Con toda la potencia inicia Unfinished Business, track que además fue elegido para convertirse en el primer video clip de esta placa, y tiene razones de sobra para haber sido elegida: es potente, rápida, ganchera, con una base rítmica en la batería de Villalba y el bajo de Sanmarti de excelente calidad, lo que sumado a precisa interpretación de las guitarras permite a Wiurno logra un registro de lo más alto en el disco que no se le escucha forzado ni mal logrado, todo lo contrario, es donde, si me apuran, muestra su mejor desempeño en toda la placa, tres minutos exactos que se hacen un poco cortos pero a la vez dejan más que conforme.

You Must Remember That es una pieza bastante correcta, aunque el máximo problema en este corte aparece en el coro. La verdad, creo que la intención pudo ser buena, pero quizás no lograron llevarla a cabo o no sé, pero durante el coro se escucha en ciertos pasajes interfrase un grupo de voces repitiendo “you must remember that” de una forma tan desabrida que perjudican de tal manera la canción que, para mí, viene a ser el punto más bajo del disco sólo por ese detalle que creo está increíblemente mal logrado.

Ya acercándonos al final suena Wake Up, una midtempo que inicia con una muy buena base rítmica donde el bajo de Sanmarti suena seguro y las guitarras hacen una armonía de muy buena factura, manteniendo en todo lo largo de la canción ese sentimiento inicial que logran transmitir de muy buena manera en lo musical. Nuevamente en el coro caen en el error de las voces secundarias mal mezcladas (a gusto personal, debo reiterarlo), lo que desgraciadamente le baja la calidad a una excelente pieza, de manera quizás menos dramática que en el track anterior, lo que logra rescatarlo, además que fuera de eso, esta pieza alcanza un muy buen nivel que logra deleitar el oído por lo que contrapesa el detalle del coro.

Exile The Demons se deja caer justo antes del final, ayudando a pasar el trago amargo que podrían haber dejado los dos cortes anteriores, con una potencia precisa en una pieza más bien midtempo, sin muchos lujos musicales pero excelentemente lograda, riffs del corte más fino, un solo melódico de excelentísima calidad acompañado de inspiradísimo Sanmarti en el bajo, aprovechando de lucirse un poco ambos guitarristas en sus pasajes en solitario, mostrando que son tremendos músicos.

Cerramos esta placa con Faith Caprices, que inicia de golpe con una poderoso riff y un juego de batería de muy buena calidad, manteniéndose más bien en bajas revoluciones, logrando un ambiente más bien reflexivo a pesar de lo midtempo que es el track, con un pasaje en el que nos presentan a un predicador (callejero pareciera) que hacía el final de su mensaje su voz se distorsiona por sus verdaderos intereses… simplemente una pieza de alto contenido y calidad que termina esta placa de una excelente manera, dejando muy alto el recuerdo de este larga duración y de sus argentinos compositores/ejecutores.

Si bien es cierto da la sensación de que este disco tiene un par de tracks que están lejos de convertirse en piezas de culto, puede que no sea culpa de ellos y tenga que ver más la producción en eso, lo que no sería primera vez que pasa en la historia del metal y la música en general: si le pasó a Black Sabbath (o al menos eso dicen ellos), cómo no le va a pasar a una banda de estos rincones del mundo. Desgraciadamente, aunque Wiurno alcanza muy buenos registros y logra un excelente trabajo en gran parte de esta placa, comete el mismo pecado que prácticamente todos los vocalistas sudamericanos al fallar un poco en la pronunciación del inglés, claro que en este punto las críticas se pueden dirigir más a un sistema que no enseña bien el idioma inglés que a él como vocalista, pero quizás sea importante considerarlo. De todas maneras, es una pieza de muy alta calidad que definitivamente está en condiciones de pelear codo a codo con producciones del viejo mundo, mostrando que en Sudamérica también se hace Metal de buena calidad. Como hacer Rock y Metal al otro lado de la cordillera es un poco más fácil que a este lado (y con esto me refiero al acceso que existe en nuestros respectivos países a la posibilidad de grabar material y lanzarlo al mercado). en Argentina es posible encontrar muchas bandas lanzando material, pero la gran mayoría no tiene el potencial y la calidad que Dream Master nos presenta, por lo que sólo queda esperar con qué nos sorprenderá dentro de un tiempo esta muy buena banda.

Cuando hablamos del Metal Sinfónico, nos referimos a un estilo de música en el cual quizás no nos encontremos con tantas bandas como podríamos respecto a otros géneros de música, como el Power o Heavy Metal, donde la gama de grupos y artistas es tremenda. No por ello significa que el Metal Sinfónico sea de menor calidad, sólo es un género que, a juicio personal, parece menos “trabajado” que los ya mencionados antes, probablemente por la dificultad de encontrar artistas que se adapten a este estilo, tanto en la parte instrumental, orquestal o vocal (siendo mujeres las cantantes en la gran mayoría de las bandas, con un estilo bien característico) o estén interesados en tocar música de este tipo (situación personal: soy guitarrista y me es más atractivo tocar los primeros discos de Nightwish, que poseen guitarras más trabajadas, en comparación a los últimos, donde se le da un mayor enfoque a la composición de los temas como un «todo» por sobre potenciar pasajes específicos).

Por lo mencionado anteriormente, es que probablemente no se nos haga muy familiar el nombre de Lapis Lazuli (salvo por la gema azul que se encuentra principalmente en Afganistán y el norte de Chile), una banda de Metal Sinfónico proveniente de Suecia que es bastante nueva considerando su actividad desde el 2005. Pese a haber realizado un demo el 2006 llamado “Last Hour” y un disco de nombre “Tides of Sorrow” (bajo el nombre de Aftermath), recién nos traerían su primer disco como Lapis Lazuli el 2010, que sería el primero de cuatro en un lapso de cuatro años (“My Mortal Sin” el 2010, “A Loss Made Forever” y “A Justified Lost” en el 2011 y “Lost” el 2013).

Pese a que en muchas agrupaciones los años pasan al igual que sus integrantes, Lapis Lazuli mantiene a la mayoría de sus miembros originales, pasando el 2013 a tener uno en vez de dos guitarristas, siendo Tobias Rhodin quien siguiera en la banda, al igual que Henrik Nyman en bajo, Jocke Ivarsson en batería y Timo Hautamaki en los teclados (quien en un principio fuera vocalista) y dejando a Cecilia Kamf como vocalista (la cuarta en pasar por la banda) en su segundo trabajo junto a Lapis Lazuli, “The Downfall of Humanity”, un disco que pasa volando por tener entre sus nueve temas una duración total de casi cuarenta y nueve minutos y que pasaremos a repasar a continuación.

De entrada podemos apreciar la propuesta que nos trae esta placa con Prelude of Destruction, que consta al comienzo de una ejecución vocal por parte de Cecilia Kamf, a quien se sumará Timo Hautamaki en el trabajo orquestal y de a poco va agarrando un ritmo bastante agradable al oído. Siendo un tema de introducción para lo que sigue, quizás se encuentra un tanto largo (3:16 de duración), pero que de todas formas no se hace incómodo de escuchar.

Terminada la introducción, volvemos con una cortísima intro de teclado por parte de Timo antes que entren Jocke, Henrik y Tobias a dar vida al segundo tema del disco, The Downfall of Humanity Part 1:  The Downfall, el primero de tres actos que encontramos dentro de este disco, y que nos habla bajo la premisa de que nos encontramos en un mundo inmerso en el caos y destrucción provocada por lo que hicimos en el pasado, mientras las letras reflejan el pensamiento que alguien tendría al ver dichos sucesos y la creencia de que si hubiésemos captado las advertencias en cierto tiempo, nada de esto habría ocurrido. Todo esto cantado/relatado de la voz de Cecilia Kamf, una voz delicada, sutil, que en conjunto con la melodía mid tempo y los arreglos orquestales, crea un tono bastante melancólico y agradable a la vez.

Otra vez el teclado se hace presente en Stay With Me, un tema que daría la impresión a priori de ser algo más romántico, mas balada, cosa que se refleja en la letra, aunque al oír la parte instrumental es potente respecto a la primera impresión que deja el comienzo del tema, haciéndola fácil de llevar considerando sus casi siete minutos y medio de duración. Con grandes pasajes instrumentales, y nuevamente, encontramos un interesantísimo desempeño vocal, no sólo por parte de Cecilia, sino también con Timo Hautamaki, quien aporta en la parte gutural en ciertos pasajes de Stay With Me.

Potente y un tanto más acelerada respecto a Stay With Me nos llega Perilous Sleep, que si bien arranca de buena manera, en el tiempo va perdiendo vuelo, a juicio personal por lo repetitivo del ritmo, aunque gana mucho la voz de Cecilia en el coro, y si consideramos que la parte instrumental pasada la mitad de la canción es muy bien llevada a cabo, es un detalle solamente.

Tobias con una guitarra pesada, un gutural tremendo por parte de Timo y un Ivarsson con un doble pedal a toda máquina nos golpea The Downfall of Humanity Part 2: The Fallen, cantada en conjunto entre Cecilia y Timo, demostrando este último su versatilidad a la hora de ejecutar sus párrafos mediante su voz normal, además del uso de guturales, sumado a la temática que sigue la línea de la parte uno (una temática bastante probable), hacen a la hora de sumar y restar, encontrar más elementos positivos dentro de The Fallen.

Bajamos las revoluciones (y bastante) con una gran participación en los teclados por parte  de Timo en conjunto con la melodiosa voz de Cecilia Kamf, que hacen de Left Behind una “balada” dentro de lo que nos presenta esta placa. Acá se puede apreciar bastante mejor el rango de Cecilia, llegando a tonos bastante altos, y en donde la soledad prima como temática principal: tras todo lo ocurrido, no queda nada más que ella sola, esperando una respuesta y gritando para romper el silencio, pero esperanzada en encontrar algo, una vida, una persona, su camino a casa.

El corte final de Left Behind queda preciso para el inicio de Breaking the Chains, otro tema relativamente calmado tanto en su introducción como en su desarrollo, pero que se aprecia a Jocke Ivarsson más trabajado en batería, siendo quizás lo más destacado, principalmente por los cortes y cambios de ritmo que le da al tema, dentro de lo que puede hacer en un tema que quizás no sea del gusto de muchos por su dinámica.

Ya entrando en la recta final, tenemos el tercer y último acto de The Downfall of Humanity Part 3: Endless Night. Además de ser el tema más largo del disco con sus 8:12 de duración, mantiene el concepto seguido en sus otros dos actos donde el fin es inminente, y donde nos encontramos con dos percepciones sobre el fin: Lo que canta Cecilia (el fin ha llegado y no hay vuelta atrás) y lo que canta Timo (que trata de darle algo de aliento), pero ya llegado el momento, no queda más que rendirse. Musicalmente hablando, está bastante bien elaborado, aunque quizás alguien lo encuentre algo “latoso” por su duración, siendo recomendable oírlo  con las letras a mano para tratar de empatizar con la música y su historia.

La historia culmina con A World in Ruins, que es un final instrumental de un minuto y medio aproximadamente, que cierra con buena factura lo que se ha desarrollado durante el transcurso del disco, aunque en lo personal siento que deja un gusto a poco -es un disco que preferiría escuchar mientras leo antes que tenerlo guardado en un celular-. La parte lírica es bastante buena y aunque no presenta solos, la parte instrumental anda a buen nivel, pero siento que queda algo al debe en el sonido. Pese a ello, “The Downfall of Humanity” merece darle un par de escuchadas al menos para sacar vuestras propias conclusiones, no se toparán con algo tan dinámico como otras bandas, pero sí con un trabajo bastante digerible, que creo a la gente más interesada en el género les agradará más que a quienes esperan algo similar a bandas más «establecidas» dentro del Metal Sinfónico.

Debido a los sinuosos caminos de la evolución, la mente humana está predispuesta a buscar patrones. Aunque en ocasiones no tenga mucho sentido, nos aferramos a cualquier indicio que nos haga creer que podemos repetir nuestros éxitos. Así, por ejemplo, cada futbolista que se atreva a usar la camiseta “10” de Argentina o Brasil, cargará con el peso de ser comparado con los mejores de la historia. En la música que amamos, si nos enteramos de que acaba de aparecer una banda de Power Metal en la ciudad alemana de Hamburgo, es inevitable que se nos enciendan las alarmas y esperemos, aunque sepamos que sin mayor razón, alguna herencia de los héroes que han acompañado nuestras vidas. Así es como llega a nosotros «Facing the Fallout», debut de Shadowbane, banda formada hace ocho años en el puerto alemán del norte, y que ya había lanzado un demo llamado Dystopia -cuyos tres temas se incluyen en su debut oficial- que no tuvo mayor repercusión. ¿Qué nos depara esta banda que se autodefine como “Post-Apocalyptic Power Metal”? Vamos a verlo.

Todo comienza con Red Alert, una breve intro de unos cincuenta segundos, que cumple la función de generar un ambiente sonoro acorde a la temática recurrente del disco: un futuro de nuestra especie dominado por la catástrofe ambiental y social causada por nuestros problemas todavía no resueltos. Estamos empezando a asustarnos cuando un riff asesino corta el aire dando inicio a Beyond The Winds Of War, con guitarras paralelas que nos recuerdan a bandas como Savatage o Jag Panzer, es decir, melodías breves y potentes. La voz de Stefan Harder nos sorprende con un registro medio-alto y con una interpretación rasgada, cercana a lo que nos puede ofrecer Bobby «Blitz» Ellsworth (Overkill), que se enmarca en esa admirable categoría de cantantes que, sin tener la exquisitez técnica de maestros como Halford o Lande, saben interpretar cada nota con la precisión y garra suficiente como para ser admirados. Un sutil cambio rítmico nos lleva a la sección de los solos que, sin mayores lucimientos, nos presentan a la dupla de Markus Brune y Lukas Grow. Se reexpone el verso y el coro, y termina un tema que de seguro hará cabecear a muchos.

El disco continúa con Traitor, nuevamente con un riff demoledor acompañado de la precisión rítmica de René Henke en batería, algo más mid tempo que el anterior, pero con la potencia suficiente como para levantar los ánimos. El coro nos repite el título de la canción a la clásica usanza alemana: voces rasgadas y reverberadas que nos dan la sensación de tener al frente a un ejército saliendo a matar. En esta sección Harder muestra más variantes a su repertorio vocal, logrando unos agudos que nos recuerdan a… ¡Blaze Bayley! Cosa rara, pero que calza a la perfección con la propuesta musical de la banda. La sección instrumental nos da luces sobre la propuesta de la banda, mostrándonos una gran capacidad de crear motivos y desarrollarlos manteniendo la atención del auditor, aunque nuevamente, sin mucha extensión y dejando de lado los solos, algo que podría incomodar a los más puristas del género.

Para Under Bleeding Skies tenemos un prólogo consistente en una base hecha con teclado sobre la que una voz gutural recita el versículo 21 del capítulo 16 del libro favorito de la Biblia de todo metalero: el Apocalipsis. Luego de un riff que hubiera llenado de orgullo a Criss Oliva, se inicia el relato de la catástrofe que, quiera el destino, no se cumpla, con versos desgarradores como “Chaos sets the stage / As the ground starts to shake / Who pushed the button / Made the world like livin’ hell?”. En el puente y el coro Harder nos muestra que su vibrato blazeano es marca registrada de su repertorio, que tras exponerse por segunda vez, se inicia un interludio que incluye armonizaciones mediante quintas paralelas, y un quiebre rítmico que aumenta aún más la velocidad del tema para generar un solo que nos recuerda ya no solo al Power de EEUU sino a las glorias de la Bay Area, y que obligará a los futuros asistentes a los conciertos de Shadowbane a dejar la vida en el mosh. Luego todo vuelve al origen, y la canción se cierra haciendo que los más de seis minutos de duración se hayan hecho la nada misma.

A continuación llega After the Fallout, tema que con una base sabbathiana nos entrega un mid tempo acompañado de un omnipresente doble pedal, que sumado a las influencias ya mencionadas nos entrega un tema que podría haber estado perfectamente en los trabajos de Blaze junto a los hermanos Bermúdez, lo que debido al gran nivel de éstos, me parece que es un cumplido para los alemanes. Con unas guitarras que parecen anunciar un tema de la carrera solista de Rob Halford, con escalas exóticas y la batería de Henke luciendo todo su potencial, llega Dystopia, canción que viene a cubrir la veta más thrasher del disco. También en este tema se puede apreciar -¡por fin!- el trabajo de Moritz Schlie, quien acá se las ingenia para hacer algo más que doblar las líneas melódicas de la guitarra.

Llegamos al séptimo tema, y sin darnos tregua alguna llega Tear Down The Wall a machacarnos con un sonido que ahora sí que nos recuerda a los grandes próceres de Hamburgo como Hansen, Weikath, Kasparek o Sielck. Con un Stefan Harder casi disfrazado del ya mencionado exvocalista de Iron Maiden, se inicia la letra con los versos “Suffer a system never caring for you / Oppression for many, power and money for few”, llamándonos a unirnos a la rebelión que pueda evitar las catástrofes anunciadas a lo largo del disco. Si incluimos además el desarrollo instrumental en la sección de los solos estamos sin dudas ante uno de los puntos más altos del disco, de esos que hacen lamentar que un tema tan consistente llegue a su fin.

Luego viene Badlands Law, en donde con una fórmula sencilla se logra armar un verso y un coro que recuerda por momentos a los momentos clásicos de Metallica, hasta que se interrumpe con un cambio rítmico para los solos de la dupla Grow/Brune que, nuevamente, se atreve a recoger la mejor herencia de sus conciudadanos, aunque solo por breves momentos antes de reexponer el coro y el riff principal, dejándonos con la bala pasada, cosa preferible, de todas formas, al hastío o la falta de ideas.

Ya para cerrar el disco tenemos Last Division, quizá uno de los momentos más épicos, en donde la potencia, si bien sigue presente, se deja más de lado para privilegiar desarrollos melódicos más extensos y que se acercan a la tradición europea del Power Metal. Esto demuestra la versatilidad en la composición del quinteto, y su chispeza al elegir la musicalización de una letra que busca narrar nada menos que la batalla final por la supervivencia de la humanidad ante la amenaza de sus errores. Y como punto final, tenemos Source of Grief, cornete/piña/trompada a la zona maxilar que logra tomar la tradición del Speed Metal y unificarla con un sonido contemporáneo, con los correspondientes coros a la alemana que harán levantar el puño y gritar la letra en sus conciertos. En este tema tenemos el que puede ser el momento de máximo lucimiento de sus guitarristas, aunque para decepción de los amantes del shredding, por momentos bastante breves antes de volver al coro y terminar la canción.

En cuarenta y seis minutos Shadowbane nos ofrece nueve canciones directas, que demuestran un bagaje musical de sus integrantes a la altura de lo que un fanático exigente espera. En ocasiones, sin embargo, es algo frustrante que, por las mismas virtudes que se deducen en la composición de los temas, no se desarrolle más el aspecto instrumental y se prefiera usar el comodín de repetir segmentos anteriores, cosa que de todas formas se enmarca dentro de la tradición del género, y que los metaleros más puristas agradecerán. Shadowbane logra salir airoso en la difícil misión de equilibrar el apego a la tradición con la originalidad, ofreciendo un sonido que aspira a ser fácilmente reconocible como propio, con buenas letras y con desempeños individuales que prefieren aportar al grupo antes que brillar por su cuenta. Con estos antecedentes, no queda más que darles la bienvenida a esta gran familia que es el Power Metal, agradeciéndoles por un trabajo de excelente nivel, y deseándoles que nos acompañen por mucho tiempo más en el camino de la vida, que como bien sabemos, se hace más llevadero con buena música.

 

Sangdragon es un proyecto francés un tanto ambicioso que busca mezclar sonidos black, electrónicos y algunos toques power con una estética e idea central épica, una mezcla final tan especial que resulta un tanto difícil de digerir pero que finalmente logra entretener y mantener atento a los cambios internos que se observan a lo largo del álbum.

La banda es autodenominada como los pioneros del “Black Metal sinfónico, oculto y épico”, siendo creada por Lord V. Akhenaton (Vincent Urbain) quien ha creado variados proyectos en esta línea, la mayoría proyectos donde es el único miembro cubriendo todos los instrumentos y las voces, considerando los LPs lanzados con distintos nombres de banda como una trilogía creada por él, comenzando en 1994 con Daemonium y el disco de nombre Dark Opera Of The Ancient War Spirit (Or Search The Light); luego, en 1995, lanzó Divine Symphonies como Akhenaton, luego de esto lanzó un álbum con Winds Of Sirius y dos con The Seven Gates, los cuales vendrían a ser proyectos aparte, para entonces el 2012 volver con Sangdragon (que viene a ser la misma banda de los dos primeros discos para su líder y fundador), esta vez con una formación oficial que el 2014 comienza con presentaciones en vivo que se pueden encontrar en YouTube y que este año lanzan “Requiem For Apocalypse”, álbum que nos convoca a este review y que nos hizo revisar un poco el origen un poco confuso de esta banda.

Requiem For Apocalypse” comienza con Waterborn, una intro que con sonidos electrónicos y sinfónicos busca crear un ambiente demoníaco medieval, quizás buscando que se alce aquel nacido del agua. Front Of Steel se deja caer con un riff sobriamente potente y un doble bombo que arman una base bastante heavy para después de un pequeño puente midtempo dar paso a la guitarra de Matt Asselberghs y el bajo de Will Hien con un riff de black metal con su respectivo blast en la batería, acompañado de voces corales y la voz gutural de Vincent, que aparece desde atrás complementando esta mezcla de sonidos que al principio cuesta un poco digerir, pero definitivamente logra armarse como una buena propuesta, con buenos quiebres rítmicos que no permiten uno se aburra escuchando, a lo que se suma la melodiosa voz de Alison Forest en algunos pasajes.

Con una especie de “vacío” de guitarra, bajo y voces corales en un midtempo a doble bombo aparece Deep Dark… Descent, manteniendo el ritmo en casi toda su extensión, creando una atmósfera de ritual y convocando a esa oscuridad profunda, presentando una estética sonora bastante rica en ambiente, para lo que Edouard Verneret hace un excelente trabajo en el teclado, luciéndose hacia el final del tema.

Father Of All Kings comienza con una pesada guitarra clásica acompañada por panderos y algunos sonidos medievales acompañados de suspiros “desde la oscuridad”, un puente recitado y el Metal se deja caer con potencia pero en midtempo (y quizás más lento), ricos cambios en el ritmo hacen de este tema una porción muy interesante del disco, incluyendo un pasaje ambiental con la voz de Alison acompañada a posterior por el coro de voces que ya se ha mostrado en pasajes anteriores del disco. Una pieza muy bien lograda que podría ser, en cuanto a composición, uno de los puntos más altos del disco.

Rotten Inside se abre paso con un sonido bastante thrash la verdad, manteniendo la frescura del disco con estos interesantes cambios de ritmo, para luego dar paso a los típicos sonidos del Black Metal. Con pasajes lentos y voces un tanto electrónicas que hacen recordar un poco a Dimmu Borgir y a Tidfall. En una nota más lenta y con un ritmo más heavy pero con el peso del sonido que ya nos acostumbramos a lo largo del disco inicia Back To Dust, que baja notablemente la velocidad en una corta pieza de minuto y medio… la verdad parece más un interludio que un tema en sí.

En un notable thrash/death con toques sinfónicos aparece The Silent Plague, una pieza rápida y potente, contagiando la maldad de esta plaga silenciosa, una pieza altamente cabeceable y quizás hasta digna de un mosh, manteniendo en todo momento una bien armada melodía, con pasajes más midtempo que permiten descansar y cabecear más tranquilo. También viene siendo un punto bastante alto de la placa donde definitivamente quien más luce es la batería.

Krakenfyr comienza con la ambientación de los teclados de Verneret y la suave voz de Alison, que pareciera transcurrir en un profundo pantano de este mundo oscuro, con la guitarra clásica de Asselberghs acelerando poco a poco como saliendo de ese pantano. Entonces aparecen voces con gritos tribales y luego un coro de druidas (usando la imaginación, claro) y seguimos transitando esta pieza hasta que la guitarra toma potencia para acompañar a este coro, puente instrumental/ambiental, gritos y la voz de Vincent irrumpe como actor de una historia. Básicamente esta pieza es una ópera en sí misma que comienza en un pantano al borde de una aldea y termina en un campo de batalla.

Con trompetas que transportan a contemplar un funeral comienza Thy Foe’s Funeral, otro gran trabajo de los teclados de Verneret, una voz en latín recita una especie de eulogía y continua con el ambiente un tanto depresivo hasta que el metal irrumpe con un grito desgarrándose pero manteniendo el ritmo lento, con muy buenos juegos de batería, terminando en un ambiente casi de redención.

Winged Blade inicia con la atmósfera sinfónica que reina en este álbum, dándole paso al Metal en una línea muy parecida a lo realizado en el primer tema de este disco, con un sonido más metalero que en lo que veníamos escuchando, nuevamente luciéndose la batería, con riffs bastante sobrios, mucho arreglo coral y una voz limpia acompañando la gutural de Vincent. Si bien no es una pieza que brille mucho en comparación a las otras piezas “metaleras” del álbum, el ambiente celta que se escucha hacia el final calza perfecto con el ritmo que nos venía acostumbrando, produciendo una excelente pieza que le da un buen final a este larga duración.

La propuesta de Vincent Urbain con esta banda y, este disco en específico, es bastante poco común, como ya dijimos un par de veces, puede costar digerirla, pero definitivamente es lo mejor logrado de esta trilogía como él mismo la llama. Pasajes que visitan casi todos los estilos del metal clásico con un trasfondo épicamente oscuro, donde definitivamente hizo muy buen trabajo al escoger a quienes le acompañarían en este nuevo capítulo de su aventura musical, porque definitivamente los ambientes logrados por el teclado de Edouard Verneret y la potencia y capacidad de juegos que ofrece la batería (quien no aparece en los créditos), sumado a la firme y potente interpretación de Vincent Urbain en las voces, Matt Asselberghs en las guitarras y Will Hien en el bajo, con la participación de Alison Forest en algunos pasajes vocales, crean un muy buen producto que tras algunas escuchas dejan bastante satisfecho. Una placa donde lo instrumental y ambiental se toman un par de temas siendo bastante innovador en el estilo, aunque, en realidad, encasillarlos en un estilo es bastante complejo, lo que no significa sean una mala banda.

Que un artista no tenga el poderío comercial, alcance o lo que sea con respecto a alguna más conocida, nunca necesariamente querrá decir que es un trabajo de menor calidad. Tal caso podría aplicarse a Majesty (también conocida como Metal Force durante un tiempo entre el 2008 y el 2011), siendo una banda quizás no muy conocida para varios, pero con una carrera que no tiene mucho que envidiar de bandas relativamente nuevas (2000 en adelante) que venían haciéndose un nombre en la escena, o que llegaban ya consolidadas al nuevo milenio.

Quizas por eso es que estos alemanes, liderados por Tarek “Metal Son” Maghary en las voces, se vieron un tanto “opacados” (disculpando la expresión) con tanta banda que venía en alza en ese entonces. Pese a ello, se mantuvieron constantes en el tiempo. Pasaron aproximadamente diez miembros antes de la formación actual, sacando un disco cada dos o tres años aproximadamente. Ahora nos entregan “Generation Steel” el nuevo trabajo que nos traen tras el “Thunder Rider” y el “Banners High” del 2013, que mantiene las influencias de Manowar que nos fascinan tanto a nosotros como a la banda, que tiene en sus filas a Jan Raddatz en batería (ex Forsaken, ex Atlantean Kodex), Tristan Visser haciendo de “Lead & Rhythm Guitar” (ex Soaking in Entrails), Alex Vob en bajo, a Robin Hadamovsky en las guitarras y voces de acompañamiento, y al ya mencionado Metal Son en las voces.

El disco comienza con un pequeño fraseo antes de que el poderoso sonido de las baterías nos lleve a la tremenda Hawks Will Fly, un tema que en lo personal me suena a algo que pudo crear HammerFall por el estilo del tema, con guitarras bien potentes y marcadas, y nos presenta una temática enfocada en los halcones, expuestos como nuestros «antiguos ancestros», y quienes son ahora nuestros aliados ante los demonios que acechan nuestros reinos y corazones. Un buen ritmo de batería, cortes simples pero precisos, al igual que en el solo de guitarra de Tristan Visser, es lo que nos deja de entrada la apertura de este último trabajo de los alemanes.

Otra dinámica, pero sin perder la potencia, nos entrega Generation Steel, el tema que le da el nombre al disco precisamente. Si bien el ritmo de batería se mantiene a la par con Hawks Will Fly en lo que a velocidad compete, acá se nota más trabajada, principalmente con bastante hi-hat, que le da un toque especial. Las guitarras mantienen esa simpleza bajo esa premisa de que a veces “poco hace mucho”, enfocándose en mayor medida al trabajo vocal, bastantes «ohhhh / ohhhh / ohhhh» entre cada verso y un coro que le da una fuerza tremenda, además de presentarnos una letra que nos permite ver cómo se comienza a formar la historia propiamente tal, principalmente el concepto de «Generation Steel», los hijos del Metal, quienes se mantienen en pie hasta el final, con tal de acabar con los tiranos de la destrucción con ira y justicia («puras cosas positivas», como diría alguien en la TV hace un tiempo…).

Y hablando de ira, aumentamos de revoluciones para recibir la genial Circle of Rage, que pareciera sacar lo mejor de cada miembro de Majesty, en donde vemos el notable trabajo de Jan Raddatz en batería, al igual que en Generation Steel, mas rápido pero sin opacar el trabajo de Visser, Hadamovsky o a Vob en las cuerdas, quienes también están al nivel de la canción. Quizás lo que hace de Circle of Rage tan grande, es el conjunto de buenos elementos que convergen en ella, junto a la voz y dinámica impregnada por Tarek, le da esa “toque” que la hace especial.

Shout at the Word nos trae presenta una canción lenta en relación a la anterior, pero no significa que sea de menor factura, con un ritmo mid-tempo presente en esos temas hardrockeros a la vieja usanza. A más de uno, tras escuchar el coro, se le haga familiar la melodía en comparación con alguna canción ochentera, sin decir que sea un “chiste repetido”, aunque usado de buena forma, da buenos frutos como en Shout at the World.

Las guitarras pesadas y el doble bombo vuelven con Damnation Hero, que a la primera escuchada, sin ser un mal tema, da la impresión de ser un tanto “simple” respecto a lo que veníamos escuchando. Sin embargo, pese a que agarra bastante vuelo, especialmente en el pre-coro, nos topamos con un coro bien monótono, aunque en un sing along da la impresión de que funcionaría bastante bien. Pese a lo mencionado, junto con otro solo preciso por parte de Tristan Visser, Damnation Hero nos ofrece una interesante propuesta, pese a que no sé si sea un punto tan alto en el disco en general.

Con Children of the Dark, nos topamos en la intro a un coro de niños fraseando el coro, antes de que nos golpee un heavy a la antigua, y quizás otro de los puntos altos que nos trae “Generation Steel”, en donde vemos algo bastante elaborado, tanto en lo instrumental como en la parte vocal, en la que el “Metal Son” le da otro valor agregado con la energía que nos ha tenido acostumbrado en el transcurso del disco. Tema aparte son las cuerdas y la batería; bastante trabajadas como venía mencionando, con un gran despliegue de Visser a la hora de ejecutar su solo, que vendrían seguido de otra suerte de sing-along, en el tramo de “… find the children, join the children… We are the Children of the Dark…” y con un grito de Tarek antes de seguir con el coro tan dinámico que nos presenta Children of the Dark, que justamente termina con otro sing-along con los mismos niños que cantaban al inicio.

Algo muchísimo más lento nos ofrece The Last Reward. Si bien no me gustó para nada el inicio acústico, es un detalle considerando lo que escuchamos adelante, tanto en lo musical como en lo que a letras se trata. Resumiendo, trata de un niño desolado en un mundo solitario, oscuro, quien espera que al momento de acercarse el final, los espíritus llamen su nombre y  obtenga al menos una última recompensa. Y quizás por ello es que nos encontramos con una melodía mas melancólica, a un Maghary un tanto calmado en las voces, en cada verso y pre coro, que consta de una base acústica bastante agradable al oído, pasando a las distorsiones cuando llegamos al coro, siendo el único detalle que llegando al final del tema, lo cierran con el clásico efecto «fade out» de ir disminuyendo el volumen poco a poco (muy fanático seré de alguna banda en específico, pero siempre me he cuestionado ese detalle).

¡Volvemos a lo rápido! Y personalmente es imposible no acordarse de Accept al oír el comienzo de Knights of the Empire, en donde volvemos a ver cómo se plasma un buen trabajo en conjunto por parte de Majesty, con varias guitarras a la antigua, solos virtuosos, cortes de ritmo bien desarrollados, y un coro bastante efectivo, sin contar además con todos los juegos vocales con los que nos encontramos en el transcurso del tema. Lo único en lo que peca Knights of the Empire (a mi parecer) es en lo mencionado anteriormente, con la manera de cerrar el tema con el mismo efecto de volumen, no siendo tan relevante respecto a la tremenda canción con la que nos encontramos.

Ya acercándonos al final, Rulers of the World nos trae una dinámica similar a lo que veníamos oyendo en el disco, con el ya conocido ritmo mid-tempo de Majesty; letras de guerras por disputar sin anhelos de obtener algo que no sea la victoria, voces que apuestan por entregarnos una melodía potente, además de coros al unísono, y guitarras que apuestan por un buen sonido antes que por riffs complejos que puedan cambiar o perder la “mística” de lo que desarrolla la banda en este “Generation Steel”.

Finalmente nos encontramos con War of Metal, que en lo personal, parece ser el mejor cierre que le pudieron dar con respecto al orden de los temas. Un tema que nos trae ese estilo similar a HammerFall a ratos (y quizás en muchos pasajes del disco ocurre lo mismo), pero marcando una diferencia con el sello propio de Majesty. Un tema que trasciende por la simpleza del mismo al momento de los riffs principales, y una formula repetida en los coros de por sí, bien llevada a cabo.

A grandes rasgos, muchos dirían que “Generation Steel” puede que no es la “última chupada del mate”, pero nos encontramos con un disco potentísimo a la hora de hacer el balance general, con canciones que van de la media hacia arriba, si esperas oír un heavy clásico con un sonido fresco. Lo que rescatamos en mayor medida, es el plus que le da Tarek Maghary a la hora de poner lo suyo en las voces, sin opacar a la banda completa, cuyo trabajo instrumental no deja a nadie indiferente. Quizás guste o no a la primera escuchada, pero encontramos, a juicio personal, una de las sorpresas de lo que va del año, que deberían al menos darle una repasada y sacar sus propias conclusiones, las que de por sí no creo que sean para nada malas.

“We will conquer all their nations, by the Metal Law they burn…We’re the chosen generation…We are the rulers of the world…”

 

 

Hablar de Royal Hunt es considerar muchos elementos musicales, partiendo por las principales influencias de su líder, el tecladista André Andersen, gran fan de Yes y Genesis. A esto, podemos añadir un poco de rock sinfónico, una base de metal melódico, toques de metal progresivo, aires de neoclásico y AOR. En definitiva, es traer a la palestra una variedad de ingredientes que los equilibran hoy en día como una agrupación con personalidad propia y distintiva. Podemos sumar asimismo la calidad de músicos que la conforman y que alguna vez participaron de esta maquinaria para establecer la identidad de Royal Hunt.

Lanzamiento número trece y tercer disco consecutivo con DC Cooper (ex Silent Force) desde su reincorporación a las voces. Hay rencillas que solo el tiempo cura y grandes alineaciones vuelven a sus formaciones más rentables. A pesar de haber grabado sólo dos discos de estudio en el pasado con DC CooperMoving Target» (1995) y «Paradox« (1997)) y de tener sucesores como John West (ex Artension, ex Feinstein y colaborador de los nacionales Delta), el experimentado Mark Boals (Iron Mask, Labÿrinth, ex Yngwie Malmsteen), para muchos y sin desmerecer a sus pares, DC Cooper fue siempre la voz de Royal Hunt, la voz que los llevó a la cima con el maravilloso «Paradox». Tampoco hay que olvidar a su primer frontman, Henrick Brockman (Missing Tide, ex Evil Masquerade), quien ha sido un activo contribuyente de los últimos lanzamientos de los daneses.

Este «Devil’s Dozen» tiene como apertura un inicio bombástico, con unas buenas orquestaciones por parte de So Right So Wrong, preámbulo sinfónico in crescendo que prosigue con la inconfundible voz nasal de DC Cooper. No es una canción directa, tiene un preludio que dura cerca del minuto, dominado por las orquestaciones de André Andersen,  quien facilita el paso al resto de la banda. Es estructura Royal Hunt muy reconocible. DC Cooper nos va guiando después en la canción con unas dramáticas interpretaciones. Extensa en sus siete minutos, cuenta con todos los elementos clásicos de la banda, unos majestuosos coros, dominados por los teclados de André Andersen y un buen solo por parte de Jonas Larsen (Stratosphere).

Más directa y rápida es May You Never (Walk Alone), que no debemos ser engañados con su lenta introducción, ya que retoma un ritmo muy vertiginoso. Dura aproximadamente lo mismo que So Right So Wrong, pero se hace más corta y asimilable. DC Cooper hace gala de su trabajo y de su experiencia adquirida en Silent Force, sobretodo en los arreglos vocales e inclusive en los pasajes finales (que lo llevó a estar entre los posibles reemplazantes de Rob Halford en Judas Priest), llegando a unos tonos agudos, muy típico de los años mozos del Metal God. Envuelve a su vez, con unos poderosos  coros y fragmentos muy veloces que nos recuerdan al «Paper Blood» (2005).

Heart On a Platter es similar a la apertura del disco, marcado por el bajo de Andreas Olsson (Narnia, Rob Rock). El desarrollo es el característico que sabe presentar Royal Hunt, siendo nuevamente André Andersen el protagonista con melodías fáciles de recordar. El solo de guitarra de Jonas Larsen es memorable, va en conjunto con el coro y turnándose.

Una de las canciones más perceptibles de «Devil’s Dozen» es sin duda A Tear in a Rain. Prueba fehaciente de que pueden componer canciones de la estructura de Martial Arts. Corte fuerte y épico, con un riff aplastante y una melodía que se graba rápidamente. Esconde un apoyo femenino en las voces que la da cierta distinción. Mención aparte al trabajo en la percusión de Andreas “Habo” Johansson (también de Narnia y Rob Rock) que lleva un ritmo constante sin parar y a la labor de Andreas Olsson, que se luce en las siete cuerdas.

Bajando las revoluciones sigue Until The Day,  que nos recuerda al «Paradox» más dramático, composición lenta y oscura. Va creciendo a medida que transcurren los minutos y se desenvuelve de manera teatral, llena de dramatismo muy bien expresado por DC Cooper.

Riches To Rags nos implanta su sonido gracias a su acabada ambientación, debido a sus atrayentes semblantes folks. Los daneses siempre destacaron por tener grandes instrumentaciones, es una canción a medio tiempo bien atractiva. Un poco similar a otras  de sus obras, pero Royal Hunt está claro en su dirección musical y aún tienen en su sangre la innovación. Los elementos celtas le dan la distinción a la canción.

El disco termina con Way Too Late,  mostrando un sonido moderno, sin perder la originalidad. Contiene los mejores riffs del álbum y siguen con la fórmula de siempre, con sus coros particulares y un afilado solo de guitarra. Como bonus esta How Do You Know, canción con aires más rockeros y saliendo un poco de la clásica estructura. No aporta demasiado, pero se deja escuchar bien.

A pesar de no tener una producción que brille, suena bien ecualizado este «Devil’s Dozen», se escucha contundente, cada elemento es identificable en cada canción. No hay sorpresas en este disco, es el Royal Hunt que conocemos, los que siguen siendo consistentes con su propuesta. Agrupación imprescindible para los amantes de la melodía y el rock sinfónico.

 

Korpiklaani en Chile

Korpiklaani es una de esas bandas con las que uno apuesta a ganador. Es más que sabido que existen dos factores que siempre estarán presentes durante sus conciertos: los fineses lo dejarán todo sobre el escenario y el público tendrá su show aparte en la cancha. Sumando los dos términos, lo único que obtenemos como resultado es una fiesta total del Folk Metal.

El motivo de su visita a nuestro país esta vez, viene de la mano de su último largaduración, «Noita» (2015), que muy personalmente, me parece algo inconsistente. Pero más allá de esto, no deja de ser cierto que los nórdicos se las siguen arreglando para destacar dentro de la escena mundial, conquistando con sus melodías y estribillos tan reconocibles.

Ahora bien, por otro lado, considerando que su último show fue apenas en junio del año pasado, tenía mis dudas sobre la cantidad de gente que asistiría a presenciar la presentación de Korpiklaani. Es por esto que una vez que hicimos ingreso a la discoteque Blondie, rápidamente noté que la jornada sería algo «petrolera». No más de ciento cincuenta personas aguardaban el inicio del show por parte de los compatriotas de Folkheim, quienes venían a demostrar todo el poderío de su Black Metal étnico.

FOLKHEIM

Con el reloj acercándose a las 20.00 horas, sobre la pantalla se proyecta la carátula de ese excelente trabajo que es «Mapu Ñi Tiam«, del año 2012. Así, con la intro Konú de fondo, van tomando posición los integrantes de la agrupación antofagastina. Rápidamente arremeten con Illkun, donde todos los instrumentos sonaron realmente potentes, incluso tapando por algunos momentos la voz de Alexis. Aun así, el público los apoyó desde el primer minuto, con un headbanging generalizado en la parte media de la canción.

Korpiklaani en Chile

Desde mi posición sentí que el sonido logró definirse un poco más cuando comenzó Kiepja, un estreno exclusivo para todos los presentes que miraban con detención el gran dominio escénico de la banda en su totalidad. Fueron notables los cambios de tiempo durante la parte instrumental, coronada con un excelente solo de guitarra.

Con Hijos del Salitre, seguimos apreciando lo bien que se desenvuelven sobre el escenario. Sabemos que su propuesta es de una postura más bien sobria, pero de alguna forma lograron llamar la atención de toda la audiencia, que hacia el final los aplaudió muy merecidamente. Finalmente, y tras un baile típico pascuense, Vaai Honga Kaina puso término a una presentación de un poco más de treinta minutos, donde Folkheim demostró toda la experiencia adquirida con los años. Si bien el sonido por momentos estuvo a un volumen un poco exagerado, la calidad musical de los nortinos se sobrepuso a cualquier problema que pudiera presentarse. Jornada más que positiva para los compatriotas.

Setlist de Folkheim:

1. Konú (Intro)
2. Illkun
3. Kiepja (estreno)
4. Hijos del Salitre
5. Vaai Honga Kaina

Korpiklaani en Chile

KORPIKLAANI

Con un aforo considerablemente mayor (unas quinientas personas aproximadamente), el ambiente poco a poco se iba tornando más propicio para el show de los fineses. La barra ubicada al final de la cancha funcionaba constantemente, lo cual no hacía otra cosa que impacientar cada vez más a los fans que iban tomando mejor posición de cara al inicio del concierto. Tras las infaltables bromas a los técnicos que chequean los últimos detalles sobre el escenario, pasadas las 21.00 horas se apagan las luces definitivamente, multiplicándose los gritos y aplausos de todos los presentes.

Al escucharse los primeros «Hey! Hey! Hey!» que dan comienzo a Viinamäen Mies, de inmediato quedó demostrado porqué Korpiklaani es una de las bandas nórdicas que goza de mejor salud en nuestro país. Un sonido muy bien ecualizado, Jonne cantando en un gran nivel y las partes de violín y acordeón muy bien logradas, dieron un prometedor puntapié inicial. Sin mayor respiro, sólo un temazo como Journey Man podía desatar el primer mosh de la noche, donde literalmente voló cerveza sobre la cabeza de los más exaltados que no paraban de girar al centro de la cancha.

IMG_3258-6La intro de batería marca el tiempo para que entren los demás instrumentos y empieza a sonar uno de los mejores tracks de «Noita«. Pilli On Pajusta Tehty fue tomando forma gracias a la impecable interpretación vocal del frontman, que culmina en ese gran estribillo en el cual -fallidamente- muchos tratamos de cantar en finés.

La primera revisión a «Korven Kuningas» llegaría con Kantaiso, sin dudas una de las más entretenidas del álbum del 2008. Es destacable que Matson no pierde en ningún segundo la precisión de su pegada, la cual sabemos le da el toque esencial a los temas más rápidos de Korpiklaani. Súmenle un punto a Jonne, el cual recibió amablemente una bandera chilena, llevándose la ovación de un público totalmente entregado.

Todos los puños en alto para acompañar el inicio de Lempo, la cual adquirió la atmósfera necesaria gracias al bosque proyectado en la pantalla digital, más el humo que no dejaba de salir desde los costados del escenario. El matiz entre la pausa de las estrofas y la explosión en el coro fue muy bien logrado gracias a una banda perfectamente cohesionada.

Mi tema favorito de «Noita» sin duda es Sahti, y vaya que me alegró el hecho de que la hayan incluido en el setlist. Tras la pausa del track anterior, acá vuelve el caos entre el público, donde todos exclamamos con gran fuerza el «Sahti!…Kalja!» que marcan el fraseo del estribillo. A lo lejos ya se podían visualizar las primeras rondas y bailes típicos a los que incita la música de los nórdicos. Pero esto fue solo una especie de calentamiento previo para que Kirki arrasara todo a su paso. Una canción que no necesita mayor descripción, ya que la banda se mostró muy sólida en todas sus líneas con un tema que es velocidad pura.

Lo siguiente sería un triplete proveniente de «Manala«(2012), Ruumiinmultaa, Petoeläimen Kuola y Sumussa Hämärän Aamun, sin ser malos temas, la verdad es que llegaron a bajar las revoluciones tras esos hachazos que sonaron en la primera parte del show. Los ánimos se fueron recuperando nuevamente con la entretenida Vaarinpolkka, donde Tuomas y Sami tienen su show aparte. Aprovechan de interactuar con el público, bailan y llevan toda la melodía de esta pieza instrumental.

Korpiklaani en Chile

Jonne vuelve a escena para cuando comienza Viima, la cual fue recibida como el temazo que es. Es increíble la fuerza que van tomando cada una de las canciones a medida que se van acercando al coro, donde nuevamente el vocalista realmente «se las mandó». Metsämies llega a confirmar lo que señalé anteriormente, ya que saben perfectamente como ir in crescendo para que toda la audiencia vaya a su ritmo a medida que avanza la composición. Nuevamente el acordeón y el violín destacan sobremanera con sus intervenciones muy bien ejecutadas.

La primera revisión a «Karkelo» (2009) vendría con Kultanainen, la cual sonó casi idéntica a su versión en estudio. Si bien la mayoría no se sabe las letras y mucho menos de lo que hablan las canciones en general, de alguna forma los fans se las arreglan para ser protagonistas coreando todas las partes en las que se ausenta la voz. Luego, volviendo al material más reciente, Minä Näin Vedessä Neidon y Ämmänhauta traen nuevamente la calma a la Blondie, momentos en los que Cane y Jarkko aprovechan de gesticular y de dar una interpretación más profunda a su performance.

Jonne nos pregunta si estamos felices y ante la obvia respuesta, presenta Kylästä Keväinen Kehto la cual derechamente cumplió la función de «bandejearle» a ese clásico incombustible que es Vodka. Está de más mencionar el éxtasis que se vivió dentro de todo el recinto, donde todos agitaban el puño en alto gritando simplemente «Vodka!» ,una y otra vez. Esta es una infaltable en el setlist de Korpiklaani. Sabemos que la tocarán, pero mientras antes suceda, mucho mejor. Sin duda uno de los mejores momentos de la noche.

Korpiklaani en Chile

El inconfundible «Iske, Iske, Iske» de Rauta dio paso a que se formara una ronda de gran tamaño al centro de la cancha. Sinceramente me sorprendió el gran recibimiento hacia un track prácticamente nuevo dentro de la discografía de los fineses. Con las energías aún a tope llegaría otro clásico de aquellos: Wooden Pints. El coro que exclama «The rise their wooden pints and the yoik and sing / And they fight and dance ‘till the morning» fue tomado muy a pecho por cada uno de los que nos encontrábamos presenciando otro de los grandes momentos dentro de la jornada.

Inmisericordemente y como si el vodka no fuera suficiente, Tequila continuó con una fiesta ya desatada. Y es que no hubo nadie que no gritara a todo pulmón «Chile el viva!«. Como no, si en primera instancia es un verdadero privilegio que incluyan a tu país en la letra de un excelente tema y más aún el hecho de poder hacerlo estando la banda frente a ti.

Así, tras una breve pausa, la elegante Pellonpekko trajo de vuelta los bailes y saltos que se multiplicaron aún más cuando comenzó Juodaan Viinaa. Es imposible no corear la intro que transmite felicidad en su estado más puro. Cane se robó todas las miradas cuando se encargó de cantar la segunda estrofa, mientras Jonne Järvelä aprovechaba para saludar y animar a los que se encontraban más próximos al escenario.

Korpiklaani en Chile

La cuota de nostalgia llegó con una ovación cerrada cuando la imagen del recién fallecido «Philthy Animal« Taylor apareció en la pantalla digital. Iron Fist fue interpretada con toda la garra y potencia que necesita un tema de Motörhead, culminada perfectamente con un impecable solo de violín cortesía de Tuomas Rounakari. Finalmente, Happy Little Boozer puso el broche de oro frente a unos fanáticos que agotaron todas sus fuerzas para dar un final acorde a la situación. Si bien por momentos sonó un poco dispersa, poco y nada importaba a esas alturas.

Una vez terminado, se despiden luego de un show de casi dos horas de duración, donde a mi parecer supieron balancear muy bien los temas más calmados y lentos, con los caballos de batalla que no pueden faltar en ninguna ocasión. Es cierto que a todos nos gustaría que todo el setlist estuviera compuesto por canciones donde Korpiklaani muestra su mejor faceta, pero un concierto necesita contrastes, matices y momentos que resalten por sobre otros. Y este punto, vaya que lo supieron ejecutar a la perfección. Como dijimos al inicio de este review, con los fineses uno se va a la segura y una vez más lo demostraron con creces. Público feliz, banda feliz. ¡Grande Korpiklaani!

Setlist de Korpiklaani:

01. Viinamäen Mies
02. Journey Man
03. Pilli On Pajusta Tehty
04. Kantaiso
05. Lempo
06. Sahti
07. Kirki
08. Ruumiinmultaa
09. Petoeläimen kuola
10. Sumussa Hämärän Aamun
11. Vaarinpolkka
12. Viima
13. Metsämies
14. Kultanainen
15. Minä Näin Vedessä Neidon
16. Ämmänhauta
17. Kylästä Keväinen Kehto
18. Vodka
19. Rauta
20. Wooden Pints
21. Tequila
Encore
22. Pellonpekko
23. Juodaan Viinaa (cover de Hector)
24. Iron Fist (cover de Motörhead)
25. Happy Little Boozer

 

Hablar de Claymorean por estos lados quizás no despierte ningún recuerdo, pero espero que después de leer este review puedan buscar sus discos (sobre todo el último y que nos convoca) para prestarles un poco de oreja, ya que tienen una propuesta de Power Metal épico que mezcla el sonido clásico del estilo con un toque muy fresco, en lo que ayuda tremendamente la presencia de una voz femenina como vocalista principal. Quizás sea bueno contextualizar un poco.

Claymorean nace en el pequeño pueblo serbio de Lazarevac, Serbia, donde no viven más 30 mil habitantes. En ese lugar, el guitarrista Vlad Invictus (Vladimir Garčević) decide formar la banda el año 1994 bajo el nombre de Claymore, pasando por muchas formaciones desde entonces hasta que el 2003 lanzan su primer larga duración, “The First Dawn Of Sorrow”, disco de buena calidad dentro del estilo pero que no logró mucho, disolviéndose la banda al año siguiente. El 2012 Vlad Invictus decide convocar a nuevos músicos y el 2013 lanzan “Lament Of Victory”, álbum que muestra una importante maduración musical, que se ve reflejada también en la portada del disco. Tras este disco, hubieron algunos cambios de lineup nuevamente y, además, deciden tomar una dirección más power y menos sinfónicos que lo que venían trabajando, también, según palabras de la banda, al existir muchas otras bandas con el mismo nombre e incluso un animé japonés con el nombre, deciden hacer pequeño y muy leve cambio para comenzar a llamarse Claymorean.

Es así como este año, de la mano del sello Stormspell Records, lanzan “Unbroken”, su tercer álbum, que comienza con el llamado a marchar con el sonido de unas dianas graves acompañadas de unos fuertes pero tranquilos tambores que hacen de introducción que da paso a Heldenhammer, una muy bien lograda pieza en la que se abre paso la suave voz de Dejana Garčević elevando una oración para que la sabiduría guíe este viaje a la guerra, entrando un Power Metal muy clásico, con arreglos corales y sinfónicos muy bien utilizados donde nadie parece sobrar, incluso sin opacar la voz de Dejana que mantiene la suavidad a pesar de aumentar la potencia. El bajo de Goran Garčević hace un muy buen trabajo ayudando a mantener el ambiente y la batería se muestra rápida, precisa y potente.

Gods of Chaos inicia con una secuencia que recuerda mucho a pasajes de Manowar, con una batería de relojería y muy buenos riffs, nada del otro mundo, pero muy secos y serios. Aquí Dejana nos ofrece una mayor potencia, incluso un poco rasgada, que se ve acompañada por las voces que también prestan Miodrag Fodora, Goran y Vladimir, además de los arreglos corales. Con mucha más velocidad nos muestran como los dioses del caos quieren conquistar las tierras destruyendo todo lo que encuentran a su paso, logrando transmitir, sin necesidad de hacer un tema pesado, la oscuridad de estos demonios.

Warp, un interludio de un minuto, nos transporta por una especie de portal entrando al mundo de donde parecen venir estos seres oscuros y termina como si nos hubiéramos encontrado con algo de frente que nos dejó petrificados. Entonces la potencia y los buenos riffs hacen aparición con The Everchosen, donde la banda sigue mostrando su potencia a un ritmo bastante más lento pero sin disminuir en potencia, con un coro de muy buena calidad y unos solos de guitarra muy buenos y de ejecución limpia, contándonos la historia del que alguna vez fuera “el elegido” y hoy se alza como servidor de los dioses del caos, convocando los demonios para que se tomen estas tierras.

Con un juego de batería comienza la rápida y agresiva Ironhide, donde Dejana se escucha más como una guerrera que como una doncella en un lejano castillo, la lucha entre dos paladines se apronta y las voces se dejan escuchar. El paladín de los orcos, Ironhide, viene con su ejército a luchar por los dioses del caos. Las líricas hasta este punto vienen contando una historia bastante entretenida que recuerda mucho lo mágico que fue escuchar la mítica saga de la Espada Esmeralda, mostrando una excelente capacidad compositiva tanto musicalmente como líricamente.

Según la misma banda comenta, en este punto pasamos al lado B del disco, donde ya no seguimos con la historia. De hecho, nos encontramos con Aeons Of Revelation, una pieza de rápido Power Metal que nos habla sobre las promesas de guerra que muchos han hecho, esas promesas que llevan a entregar la vida en el campo de batalla por un ideal. Acá la voz de Dejana descansa dándole paso a Miodrag, quien además compuso en su totalidad este tema que presenta una estructura bastante clásica y con varios toques heavy que, aunque parece desencajar un poco tomando en consideración las composiciones que le preceden en el disco, a la vez refresca bastante los oídos.

Volviendo un poco a la estructura más épica aparece Dreamer On A Path Of Light, un lento que parece un canto druida alrededor de una fogata en su principio, con una Dejana sacándole mucho provecho a su voz en un tono casi de niña con mucha emocionalidad, contando la historia de un hombre que, buscando la divinidad interior, comienza un viaje místico que finalmente lo libera de este mundo, teniendo un quiebre que nos trae la potencia que nos habían acostumbrado en las temas anteriores, pero sin perder el sentimiento logrado y con muy buenos arreglos tanto entre las guitarras como en la batería, terminando con un poderoso mensaje: “life is neverending so don’t cry for me”. Casi a capella entra la voz de Miodrag comenzando una potente Silent Guardians, una midtempo que sin lucir mucho nos cuenta en sí misma una historia épica, musicalmente un poco monótona pero que tampoco logra desentonar del todo, manteniendo una cierta línea respecto al resto del álbum, utilizando varios elementos folk, al igual que el corte anterior.

We Fight Like Lions nos trae otro tipo de historia épica, un corte dedicado al caudillo serbio Stefan Lazarević, quien en 1402 comandó sus tropas contra Genghis Khan en la Batalla de Angora. El nombre de la canción hace alusión a una frase que el mismo Khan habría proferido refiriéndose a que las tropas de Lazarević luchaban como leones. El corte comienza con el coro de voces masculinas cantando en serbio un canto de guerra, entonces arremete la voz guerrera de Dajana sobre la base potente que las guitarras le tienden y con la velocidad impuesta por la batería, logrando crear el ambiente que te hace sentir espectador de dicha batalla.

El álbum cierra con un homenaje a los creadores del metal épico, los grandes Manilla Road, el cover de Into The Courts Of Chaos, este final épico (aunque suene redundante) es interpretado en las voces por el mismo Vladimir Garčević, guitarrista líder de la banda, agregándole toda la potencia que la banda nos mostró a través del álbum a un clásico de aquellos, con muy buenos arreglos y un final en lo más alto para esta excelente entrega de Power Metal épico.

Claymorean nos entrega una muy buena producción de la mano de un sello bastante pequeño que creo hizo bien en fichar a esta banda, con una propuesta clásica potenciada con una muy buena calidad compositiva demostrada por los Garčević, tanto en lo lírico como en lo musical, logrando además una consolidación del sonido que indudablemente venían buscando. Esperemos que sigan componiendo a este nivel y regalándonos estas obras que, quien sabe, quizás lleguen a convertirse en piezas imprescindibles de un estilo que quizás últimamente no esté tan productivo, pero que nos sigue sorprendiendo con una banda de un pequeño pueblo de un pequeño país europeo que ojalá algún día pudiéramos ver en vivo.

Si pensamos en W.A.S.P., es inevitable pensar en la figura del emblemático Steven Edward Duren, más conocido como Blackie Lawless, con todo su bagaje y devaneos en la carretera del rock durante treinta años, incluyendo las idas y venidas de Chris Holmes, su reencuentro con el cristianismo, y en especial si consideramos que del Blackie de mediados de los ochenta, ese que gritaba soberbiamente que “¡quería ser alguien y alguien pronto!” mientras lanzaba billetes rodeado de mujeres, autoproclamándose “Chico Salvaje” incitando a la infidelidad a la jovencita de turno, o aquel que dejaba todo en el carrete por Texas mientras la banda lo recogía en calidad de bulto hacia el bus, poco o nada queda.

Podríamos pensar que W.A.S.P., si bien tuvo su era dorada cuando los peinados voluminosos, el spandex, los grandes escenarios y la pirotecnia hacían de las suyas entre medio de los excesos, pudo haber quedado en el camino como muchas de ellas. Mal que mal, la banda de Lawless marcó una diferencia entre tanto glamour en el ambiente de aquellos años, sin ser una banda glam o «hair metal» propiamente tal, como Poison o Cinderella, con un sonido más Heavy Metal que sus contemporáneos, convivió con la escena surgida en el Sunset Strip con su potente sonido. Además, no podemos quedar indiferente a sus polémicas presentaciones en directo, donde la tortura (con una joven Pamela Manning como la “chica del potro de tortura”), la sangre, carne cruda eran los invitados permanentes, hechos que más de un dolor de cabeza le dio a Tipper Gore y Cía. quienes no sabían apreciar un espectáculo de «shock rock» y se tomaron demasiado en serio sus canciones, tanto como para colocar una de ellas en aquel listado “maldito” de los “15 inmundos” del PMRC (Centro de Recursos Musicales de Padres en US), la censurada Animal/F**k like a beast (“I come round, round I come feel your love; Tie you down, down I come steal your love”) una clara y directa invitación al desenfreno (bueno, y de paso promoviendo las capacidades amatorias del mismo Lawless).

Tal vez Lawless ya no haga alarde de ese tipo de cosas y el paso de los años le haya pasado la cuenta; sin embargo, la banda se mantuvo, continuó dando discos, dejó la controversia, se centró en la música y aún sigue dando material, aunque eso signifique que haya cambiado totalmente su temática y de encender fuego a las letras de su nombre paso a encenderle velas a Cristo, porque para nadie es secreto ni novedad que Blackie “sin ley”  hace ya un buen rato dejó de ser “Manimal” (como lo declaraba en el tema del mismo nombre), abandonó la compañía de los “Ghoulies” (Película Serie B ), renegó de su pasado licencioso y ocultista para transformarse en un ”mensajero de la religión” a través de sus canciones y así reencontrarse con sus orígenes cristianos.

Así desde “Headless Children” (1988) ya podemos notar un cambio en la línea musical de la banda. Quizás desde ese momento su líder comenzó a ver la luz y decidió llevar cabo esta introspección y total vuelco en sus letras y producciones, es así como en el ‘92 lanza el conceptual “The Crimson Idol” una interesante producción que constituyó su obra maestra, el punto más sobresaliente de su carrera, el quiebre definitivo entre el W.A.S.P. de los orígenes y el de la nueva era, continuando la entrega en forma regular por parte de la banda, con «Still Not Black Enough” (1995), “Kill Fuck Die” (1997), “Helldorado” (1999), “Unholy Terror” (2001), “Dying for the World” (2002), “The Neon God part 1 – The Rise” (2004), “The Neon God part 2 – The Demise” (2004),  Dominator” (2007), sin dejar pasar más de un par de años entre lanzamientos, es así como después de “Babylon” lanzado en el 2009, se extrañaban novedades del autodenominado “born-again Christian” (o ”cristiano renacido”) Lawless.Así, después de más de cinco años de espera, sale a la luz su décimoquinta producción, cuyo nombre está inspirado en el monte donde tuvo lugar el calvario de Jesucristo, acompañado de una alineación que cuenta con Doug Blair en guitarra, Mike Duda en bajo y Mike Dupke en batería, quien dejó la banda antes de su lanzamiento.

“Golgotha” contiene nueve temas con poco más de cincuenta minutos de duración total. Una guitarra abre el disco, uno entiende que Doug Blair está allí dispuesto a entregar buenos riffs y continua con la enérgica batería de Mike Dupke indicando que la primera canción Scream ha llegado para atraparte, con buen ritmo y enganche, recordando la época dorada de la banda, fácil de escuchar, la voz de Lawless clama suplicante en el estribillo “Come make it scream if you love me And make it bleed if you want me Ooh here comes heartbreaker Taking your heart…”, acompañado de un buen solo de Blair. No cabe duda que, al igual que en su álbum anterior, acá también partimos con el pie derecho, dejando las expectativas lo suficientemente altas para continuar escuchando.

Así, la batería da la partida a Last Runaway, potente tema autobiográfico, como lo indicara recientemente el mismo Lawless a través del cual podemos regresar los inicios de la banda, cuenta la historia del precio que significa llegar a la tierra prometida, en este caso la costa Oeste de Los Angeles, como sobrevivir sin morir en el intento, podríamos intuir un poco de Arena of Pleasure de “Crimson Idol” al escuchar: «If time runs away tomorrow there’s nowhere left to hide to the promised land the roads I ran but nowhere left to ride”. Es posible imaginar a un joven Blackie Lawless arribando al paraíso terrenal, ansiando convertirse en leyenda (¿en “The Idol” tal vez?), luego arrepentido tratando de encontrar redención “… Escape this place erase my shadow Lord don’t wanna lose my soul and help me Lord to make it this weight’s too great to lift my soul no more Just one last chance to change it give me back the life I can’t wait to live…”, todos los pensamientos materializados en un canción donde el sonido californiano de mediados de los ochenta, el Hard Rock melódico con buenos solos, a ratos galopantes y cambios de ritmos donde es posible distinguir el trabajo de Dupke en la batería, mientras Blair hace lo suyo con las seis cuerdas, lo convierten en un excelente corte promocional. Tal vez su “OOh na Ooh na, na, na” y el tono fiestero recuerden un poco a Bon Jovi, pero le da el acompañamiento rítmico, fácil de escuchar y tararear, donde el estribillo se repite en tu cabeza una y otra vez, una vuelta al sonido ochentero de melodía pegadiza, fresca, que te hace regresar treinta años atrás.

El disco continúa con Shotgun, nuevamente Blair irrumpe sin dar descanso al ímpetu de la banda, un verdadero disparo de rock, la voz desgarrada de su vocalista, mientras su estribillo sentencia “Tonight, hail the king a shotgun tonight, got a rock and roll gun (tonight, lock and loading ‘my gun) shoot if they stand shoot if they run…”, y vaya que son una bala de rock and roll, la composición general hace que se convierta en un tema digno de destacar.

Hasta aquí el álbum mantiene su línea con la energía necesaria como para pensar con que estamos ante el W.A.S.P. de los inicios, potente y a ratos desenfadado. Entonces, hace su arribo Miss You, bajando las revoluciones y tirándote hacia abajo abruptamente luego de tanta fuerza inicial y ritmos fiesteros, aquí comienza la súplica, la culpa, el arrepentimiento por haber sido tan chico malo, rogando “Oh god I miss you tell me can you hear me Oh God I miss you I can’t scream and I can’t speak show me how Will I ever be free from you”, claramente un reflexivo tema en búsqueda del rescate espiritual, una larga y profunda balada que hace pensar hasta donde llegaremos con este auotexorcismo.

Así irrumpe Fallen Under, de comienzo apacible pero que se torna bastante dramático y emotivo, nuevamente pidiendo la salvación de la oscuridad ante el clamor de “I’m fallen under, fallen under Ooh claim me from a thousand days raise me won’t ya been bathed in blood over you I’m fallen under, fallen under come save me from a thousand flames a slave to want ya been chained to crawl under you…”, que sirve de transición para el siguiente, Slaves Of The New World Order, con el que recuperamos la potencia, de lenta melodía en su partida, que te hace intuir que continuamos con las rogativas y los deseos de liberación, pero se torna enérgico, gracias a la buena intervención de guitarra y batería que te dan en la cabeza lo bastante fuerte para que despiertes nuevamente, mientras la voz de Lawless lo suficientemente furiosa canta “How long, brother. How long How long will you slave How long, mother. How long ya Bow down crowned in chains”. Si bien la letra no se aleja de la línea de las piezas anteriores, el cambio de ritmo y el clímax, lo hace un corte con algunas reminiscencias de sus trabajos anteriores como “Headless Children” o “The Crimson Idol” y si a esto le agregamos un buen cierre, califica como otro de los destacables del disco.

Continuamos con una melódica guitarra que da inicio a Eyes Of My Maker en cuanto irrumpe la voz de Blackie, la batería aporta la energía necesaria para que el tema continúe con la fuerza necesaria para no decaer mientras el coro clama “Take me inside can you bring me alive, how can I kneel when my soul’s a liar, take me inside come on, bring me alive eyes of my maker was I chose and why…”, una canción de arrepentimiento y desesperación, que según su líder, habla desde el punto de vista del mismo Satanás, la composición rítmica y la guitarra final le entrega cierta oscuridad y emotividad. Con Hero of the World se mantiene la tendencia anterior, de introducción melódica, el registro profundo y desgarrado, luego un cambio de ritmo para dar paso al estribillo que sentencia “In chaos comes your hero and all the children sing, Superman from a foreign land, Tyranus with an iron hand…”, en clara alusión al mensaje que busca entregar; si bien es un buen aporte, al igual que su predecesor, no es comparable con los puntos más altos del disco.

Así, vamos llegando al final con el corte que le da el nombre al álbum, Golgotha, donde el drama, la desesperanza llegan a su máxima expresión, escuchar la voz de Lawless con esa profundidad característica y despedazándose constituye realmente un momento álgido, escuchar implorando “Jesus I need you now show me I’m lost somehow Oh, and show me there’s a way from The cross from where I hang Oh see me bleed, I need you now”, provoca cierta emoción, la guitarra dramatiza el entorno, escuchar el conjunto general se torna inquietante, logra traspasar el calvario con un digno final para un disco con este nombre.

Un viaje por un álbum introspectivo, que sigue la tónica de ambos predecesores y la irrefutable conexión con la búsqueda espiritual de su líder. No cabe duda, que pese a todo W.A.S.P. ha sabido mantener su vigencia y da que hablar, sea por sus excesos o por el vuelco hacia la religiosidad, lo cual es meritorio para una banda que podría haber quedado en el olvido, pero no obstante fue capaz de reinventarse, evolucionar; nos guste o no la forma, creencias o líricas, Lawless y compañía son una leyenda en los archivos del rock and roll y “Golgotha” representa la ansiada redención del genio, que si bien antes nos obligaba a ponernos de rodillas (On your knees…”) y cantaba soberbiamente (según el cover de Ray Charles, “…I don’t need no doctor…”), que no necesitaba un doctor, hoy necesita arrodillarse ante su Salvador.

Hay bandas que en el historial del metal han contribuido a patentar el sonido dentro de un determinado estilo. Iron Maiden y Judas Priest por ejemplo, para el heavy clásico son y serán por siempre la piedra angular definitiva; Helloween y Stratovarius para el power metal melódico similar caso; The Gathering y Nightwish en cuanto a metal melódico con voces femeninas hicieron lo propio; At The Gates e In Flames para el death metal técnico; y particularmente en relación a la banda que hoy focalizaremos nuestra atención, Masterplan. Estos alemanes desde su aparición a comienzos de la década pasada sirvieron de base para un sub-estilo que termino por ser el caldo de cultivo en donde se mezclaban ingredientes tomados del heavy, del power, del hard rock y el progresivo, formando una amalgama de metal melódico de la cual más tarde se colgarían otra seguidilla de agrupaciones. Thunderstone, Manigance desde Francia, Ride The Sky, Beautiful Sin, Saratoga, Edguy, y un largo etcétera, todas ellas en una u otra forma recibieron influjo de estos alemanes con resultados dispares según los gustos de cada uno, pero innegable después de todo.

Estos checos de Sebastien son ejemplo palpable de ello. Vuelven a la carga después de seis años de su debut «Tears of White Roses». Una vez más con la figura excelsa de Roland Grapow como productor; un puñado de músicos invitados de primer nivel como Tony Martin (Black Sabbath), Zak Stevens (Circle II Circle, Savatage), el mismo Roland en guitarras y la vocalista hispana Aylin Gimenez (Sirenia), así que ya con eso, a modo de tráiler cinematográfico, qué mejor cartel para intentar cautivar de nuevo tanto a sus primeros como a sus nuevos fans.

Hay que partir diciendo que en relación a su anterior aventura, se ha reducido la cantidad de vocalistas estelares (anteriormente tuvieron como partícipes a figuras de la talla de Fabio Lione, Mike DiMeo, Doogie White, Amanda Somerville y Apollo Papathanasio) por lo que a primeras luces podría tergiversarse la visión de este álbum. No es que esperara una continuación de su anterior placa, ni tampoco que dieran el golpe a la cátedra intentando reinventar su estilo o cambiando toda su anterior fisonomía. Lo único que me ha enganchado de inmediato con este trabajo es su música. Temas en general bastante directos, pletóricos en cuanto al gancho melódico que ofrecen las guitarras comandadas por Andy Mons, la potente batería de Lucas R., los ambientales teclados de Pavel Dvorak así como ese recio y grave registro vocal a cargo de George Rain.

En el caso de George no me imaginaba que pretendiera sonar igual a Jorn para mantener el espíritu “masterplan-esco” dando vueltas por ahí en sus canciones. Mejor es que intentara «rascarse con sus propias uñas» como dice el dicho popular, y con eso tanto él como la banda ha ganado enteros para apartarse del sonido de su banda matriz que tanta huella dejara en el sonido de su debut. Algo queda aún de eso en lo que se oye en este nuevo trabajo, pero tampoco se reduce a seguir el credo a pie juntillas. Hay que celebrar que Sebastien es una banda con músicos inteligentes que buscan explorar fórmulas distintas, incorporando algunas vocales guturales, melodías algo más directas con coros igualmente efectivos que no pasan inadvertidas.

Un puñetazo bien dirigido resulta ser el arranque Stranger at the Door, un corte de guitarras contagiosas y enganchadores al más puro estilo de su banda matriz, bien puesto al inicio del disco, que a modo de hit radial me imagino les debiera reportar buenos réditos, aun cuando hacia la segunda mitad del tema aparecen unas vocales guturales que crean un contrapunto inédito para este tipo de aventuras musicales. Punto a favor para los checos desde la entrada que enseguida se despachan un tema de tintes más folclóricos con esa melodía inicial más propia de bandas como Blind Guardian aunque hacia el estribillo dan un leve giro hacia una vertiente más Hard Heavy ganadora por donde se le oiga y que además contempla un solo de buena pegada por parte de Andy Mons. En este punto destaca también la voz de  George Rain. con su registro recio que, sin necesidad de recurrir a las habituales subidas tonales, realiza lo suyo con una prestancia y aplomo que dejan una huella clara en relación al estilo instrumental que decanta la banda.

Crucifixion of the Heart es en cambio un uptempo más propio de géneros como el AOR en donde la melodía vocal y coros son de lo mejor que he escuchado en mucho tiempo en este tipo de trabajos: elegante y pegadiza a más no poder con un aire ochentero a lo Bon Jovi o Stryper de gran nivel. Lamb of God ni por asomo tiene algo que ver con la banda metalcoreta gringa, se trata más bien de una bonita balada con inicio semi acústico que luego se desarrolla a través de unas guitarras a medio gas en un plano más oscuro si se quiere, con un Rain mucho más comedido incluso recordando a Ronnie James Dio en sus subidas. La raíz progresiva de la cual también saben echar mano asoma con lucidez en canciones como The Walls of Lyman-Alpha, combinando con ideas más propias del power metal y un Rain que aporta la cuota de emoción necesaria dosificando en los momentos precisos con su particular vozarrón.

El disco a esta altura se percibe bastante generoso. Quince composiciones nada despreciables sin mayores rellenos ni fisuras, cuando lo usual es el típico álbum con diez cortes y uno que otro bonus para ediciones especiales. En este caso lo de Sebastien alterna distintas melodías, temas bien metalizados con otros más elaborados haciendo uso de todo su bagaje e influencias; rapidez vs medios tiempos; agresividad y luego sensibilidad; rock y metal del bueno se dan la mano estrechamente en este CD.

Todo lo dicho son elementos clave que a mi juicio esta agrupación maneja con habilidad. Dentro de sus hits potenciales podemos también mencionar Frozen Nightingales que con sus notas de teclado iniciales dan paso a un riff entrecortado de mucho gancho y actitud (pienso en algo tipo Crimson Rider de Masterplan por poner un ejemplo) con George Rain mucho más aguerrido desde el micrófono. Sleep in the Glass es también un uptempo bastante armónico con un exquisito solo inicial que vuelve aparecer en estribillos y en la sección final, manteniendo un constante acompañamiento de teclados en la base. No dejar de mencionar la excelsa Man in the Maze con una atmósfera tipo AOR y heavy que bien recuerda lo hecho en sus primeros discos por el gran proyecto de Russell Allen y Jorn Lande, y por supuesto la poderosa y veloz The House of Medusa que debe estar entre lo más powermetalero que esta banda ha compuesto jamás. ¡¡Muy bien hecho muchachos!! Creo que por trabajos de esta naturaleza es vale la pena seguir siguiendo la huella a este tipo de lanzamientos. No todo lo bueno llega de Nuclear Blast o Frontiers por estos días.

Una tremenda noche de Heavy Metal fue la que vivimos este sábado 28 de noviembre, en el marco del lanzamiento de «Metalheads To The Grave», segundo LP de Eternal Thirst, gracias a la presentación de cuatro excelentes agrupaciones nacionales, que viviendo distintas etapas y momentos especiales en sus carreras, se encargaron de derrochar pasión y talento sobre el escenario del Bar Óxido, en medio de un ambiente cargado de buena onda, amistad y sed de rock and roll.

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Los encargados de abrir la jornada era SteelRage, quienes entregarían la cuota de Power Metal en medio de una jornada cargada al Heavy más clásico. Los de acero serían secundados por los cueros y cadenas de Iron Spell, quienes dejarían el ambiente listo para la presentación de los protagonistas de la noche, Eternal Thirst. El broche de oro estaría en manos de Inquisición, referentes absolutos del Heavy metal nacional.

STEELRAGE

A las 23.30 en punto comienza a sonar de fondo la intro de «All In», mientras van tomando posición Melvin, Pato, Sebastián y Rodrigo, quienes comienzan a azotar el Óxido con Long Way to Hell, mientras Jaime toma el micrófono y comienza a interactuar de inmediato con el público como es su costumbre. Con un buen sonido y una concurrencia cercana a la mitad de la capacidad total, se daba inicio de muy buena forma a esta jornada. Sin pausas pasaban a My Dark Passenger, otra de las bombas del excelente «All In», destacando el tremendo despliegue vocal del pequeño gigante Jaime Contreras.

Momentos especiales vive la banda, como señala Jaime, pues hace poco decía adiós a la banda Pascal Coulon, y ahora era el turno de su hermano Sebastián, quien también dejaba la banda, por cuanto esta sería su última presentación como miembro de SteelRage. No More Excuses fue el tema elegido para la despedida, y entre emotivos abrazos, Sebastián sale de escena y da paso a Raimundo Correa, quien hace poco fue anunciado como el nuevo bajista de la banda. También entra en escena Renzo Palomino (Eternal Thirst), voz invitada en el tema Wake Up, quien junto a Jaime interpretan de gran forma el último tema que nos entregarían de «All In».

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Era momento de irse al pasado, y la banda nos entrega dos de los primeros clásicos de su catálogo, We’ll Never Give Up y I Swear Revenge, canciones con años de carrete y que fueron tremendamente disfrutadas y coreadas por la mayoría del respetable. Para finalizar, la sorpresa sería mayúscula cuando anuncian que tocarían Blood of Steel, primerísima canción de la historia de la banda, tema que no tocaban hace quince años en vivo según nos contaban.

Así, luego de siete canciones SteelRage cerraba el primer acto de la jornada, dando un gran puntapié inicial, en un show cercano, emotivo y con la extraordinaria calidad que la banda acostumbra entregar.

IRON SPELL

Mientras el público seguía llegando y llenando el recinto, Iron Spell salta a la cancha inundando de puro Heavy Metal la atmósfera del Óxido, al ritmo de Torches in the Woods, adelanto de su primer LP que se lanza en Marzo del próximo año. Algunos problemas técnicos con una de las guitarras obligó a parar el show por unos minutos, que muchos aprovechaban para hacer re-fill claramente. Solucionado el problema vuelven a la carga con The Night of the Mothman, otro excelente corte del futuro LP.

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Iron Spell es una banda que demuestra una tremenda soltura y confianza en el escenario, aun cuando sean relativamente nuevos en la escena, lo cual se agradece mucho desde la otra vereda. El show siguió con Evil Gypsy, uno de los mejores tracks de «Heavy Metal Witchcraft», donde la dupla de Raven y Fire Jack interpretan un riff potentísimo y muy metálico, valga la redundancia, con un Merciless gigante en las voces a lo King Diamond. Dedicado a todos los que sostienen la escena, Iron Spell nos entrega We Are Legion, otro adelanto de «Electric Conjuring», también de muy buena factura. Una de las cosas que más destaca es que a pesar de que muchos temas presentados no están circulando aún, el público los acompaña como si fueran temas archi conocidos, mérito total de la banda lograr tal entusiasmo.

Hacia el final de la presentación, la banda nos adelanta The Witch y cierra con dos temas ya conocidos por todos, Midnight Fire y Heavy Metal Witchcraft, que fue disfrutada a concho por todo el bar, incluido los integrantes de las distintas bandas que estaban en el público, conformando una postal para el recuerdo.

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ETERNAL THIRST

La partida de Pablo Garriga no dejó indiferente a nadie en la escena nacional, y suplir el vacío que dejaba en la banda claramente no era tarea sencilla, mucho menos con el proyecto de lanzar un disco en el corto plazo. Esa fue la tarea que debió asumir Renzo Palomino, quien gracias a su trabajo con Fearless se hacía de las credenciales necesarias para asumir la responsabilidad de integrar Eternal Thirst, y sacar adelante este «Metalheads to the Grave». Las cartas estaban jugadas y había llegado el momento de demostrarlo en la cancha en este lanzamiento.

Desde el primer momento Eternal Thirst se planta en el escenario como un grupo afiatado, cómplice y con muchas ganas. Recordemos que este lanzamiento estaba agendado  hace meses, por cuanto la ansiedad podría haber sido un factor complicado a la hora de tocar, pero nada de eso… toda esa ansiedad se tradujo en fuerza, ganas y desparpajo sobre el escenario por parte de Hugo Álvarez, Javier Alarcón, Pancho Vera, Hugo Sánchez y Renzo Palomino.

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El show comienza con la tripleta que abre este nuevo disco, la intro Din From The Dead, Metal Rules The Earth y Death Cross, potentísimos tracks que pudimos disfrutar gracias a un buen sonido, bien contundente, claro y con la batería de Pancho Vera marcando el ritmo a todo volumen. Luego de unos ajustes de sonido, el  show sigue con el ritmo infernal de Dead And Buried de su placa anterior, y posteriormente con un homenaje a Pablo Garriga, nos presentan un adelanto que se vendrá en el tercer disco, llamado The One Who Fights Will Never Die, contundente y tremendamente rápido en su base rítmica.

La comunicación entre banda y público es notable, se nota el aprecio de los fans hacia la banda y viceversa. Illuminati Army desata furiosos headbanging en el público, al igual que con Dose of Metal y Lethal Hammer, que descarga su furia sobre los posers según nos cuenta Renzo. Y ya en el final, Renzo presenta la banda y cierran con The Riot y Beyond The Shadows Of Hell, bajando del escenario y cantando en medio del público, haciendo gala de la cercanía y amistad que se dio durante toda la jornada.

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Aplausos para el nuevo disco de Eternal Thirst y para este lanzamiento, que estuvo a la altura de las circunstancias. Excelente presentación por parte de la banda, se agradece la entrega y el corazón puesto en cada compás. Con actuaciones como esta no hacen más que realzar la figura eterna de Pablo Garriga, y siguen agrandando el legado de la Sed Eterna.

INQUISICIÓN

Cuando los relojes ya marcaban las 03:00 AM, sale al escenario Inquisición, uno de los íconos del Heavy Metal nacional. A pesar de la hora y que ya se habían presentado tres bandas, el público seguía ahí, fiel y estoico, un aspecto tremendamente destacable y que no siempre ocurre en la escena nacional, donde muchas veces la última banda cierra solo con un par de personas en el público.

En esta ocasión Manolo, Paulo, Cristian e Ignacio azotaron el escenario del Bar Óxido con la misma soltura y cercanía que venía dándose en los shows anteriores, interactuando mucho con el público, mientras tocaban ese Heavy Metal de primer nivel que han mantenido durante más de veinte años, con canciones como Call of the Gypsy o la mismísima Holy Fire del primer demo de la banda. Además gozaron de uno de los mejores sonidos de la noche, realmente sonaron «cañón» durante toda la presentación.

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Con tanto recorrido y una vasta trayectoria a cuestas, el fiato entre los integrantes de la banda es inherente, y esa seguridad la transmiten totalmente al público, que se desordenaba al ritmo de In Grace, azotando la reja que apenas separaba los integrantes de la banda con el público presente. Incluso Paulo se daba maña de recibir los bebestibles que el público les hacía llegar, en una comunión que a estas alturas era completa. El vocalista de Red Lizard hacía su aparición también, colaborando en las tareas vocales cuando ya se acercaba peligrosamente el final de la velada.

La noche llegaba a su fin de la mejor forma posible, con una banda tremendamente querida y respetada en la escena local como lo es Inquisición. El público agradecía de la mejor forma la entrega de estas cuatro grandes bandas, donde Inquisición fue el broche de oro a una velada memorable.

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Eternal Thirst y su excelente «Metalheads to the Grave» parten con el pie derecho gracias a este muy buen evento de lanzamiento. Con toda la devastación de esta jornada, no sería raro que hayan mandado a algún metalhead directo al cementerio, como reza el título de la placa.