La llegada de Timo Kotipelto a Stratovarius marcaría el inicio de una nueva etapa en esta agrupación finlandesa. Fourth Dimension, un estupendo disco de transición, denotaba que el tolkkismo dejaba 100% de lado al lassilismo. Tuomo Lassila y especialmente el tecladista Antti Ikonen mostraban severos problemas de ejecución de las ideas generadas en la ambiciosa mente de Tolkki. Y como sabemos, las plazas dejadas por Lassila e Ikonen serían tomadas por dos insignes músicos «extranjeros»: el sueco Jens Johansson en teclados y el teutón Jörg Michael en batería, dos tipos de excepción en la escena… Jens podía -y puede- tratar de «tú» a Yngwie Malmsteen, y Jörg contaba con un vastísimo currículum.

Con esta alineación, Tolkki podía sentirse totalmente libre para hacer y hacer música a su antojo. Y vaya que esa libertad trajo consecuencias. A principios de 1996 el nuevo Stratovarius daba a luz a Episode, su quinta placa en estudio y la primera con un Tolkki completamente despreocupado de la «carencia de talento» de algún miembro de la banda. Con una carátula enigmática (tres stonehenges y dos cubos en medio de un predio desierto, bajo un cielo extremadamente limpio) y con una alineación inmejorable, Episode indicaba que Stratovarius estaba listo para dar el gran salto.

Tic, tac. Tic, tac. Un reloj y un riff alucinante. Batería con un constante doble dombo y un tipo llegando altísimo con su voz. Una letra introspectiva inspirada en lo efímero y relativo del tiempo. Sería injusto calificar a Father Time, un tema que ha marcado escuela en la carrera de Stratovarius, como tan solo la suma de sus partes. Un verdadero himno de la banda, con un ritmo absolutamente volador de cabeza, con quiebres que mostraban que la elección de Jörg Michael como batero no pudo haber sido más acertada. Los 301 segundos que componen este corte que pone la piel de gallina son un compendio de mucho de lo mejor de la banda: un riff inspiradísimo en Rainbow y la guitarra de Blackmore pero con la contundencia y el sonido de los ’90, un vocalista de excepción, un coro emotivo e incentivador a empuñar la mano derecha (la izquierda para los zurdos, quizás), un solo con carácter… y como caracteriza a muchos «himnos», no podía faltar el «uo-ooo-oh/uo-o-ooh» con el doble bombo de Jörg para ser gritado estridentemente por la fanaticada en los recitales de la banda. Qué pedazo de canción, imprescindible.

Si hablamos de clásicos, Will The Sun Rise? no se queda atrás. Otra letra introspectiva (nuevamente cortesía de Kotipelto) y otro riff muy a lo «The Man In Black» pero -insisto- con el sonido de los ’90 dan inicio a otro corte consagrado en la memoria colectiva. La estructura riff potente/verso con garra/coro celestial multiplicada por dos da inicio a un momento maravilloso: Tolkki y Johansson ejecutando magistralmente el allegro moderato del concierto para violín y cuerdas de Johann-Sebastian Bach (una de las inspiraciones máximas de Tolkki). Pero no sólo ello: en este corte por primera vez Tolkki y Johansson se desafían mutuamente mediante sendos solos. Pobre Ikonen. Y luego ambos geniales instrumentistas se unen en una amalgama galáctica inolvidable, un dueto genial, para finalizar gloriosamente. Dos temas, dos clasicazos …

Eternity, un corte de casi siete minutos que se hacen extraordinariamente cortos por la calidad del mismo, viene a calmar las revoluciones y a bajar las pulsaciones. Johansson, además de ser un estupendo ejecutor de solos, demuestra ser un excelente creador de atmósferas (los «oooooh» humanos ayudan mucho en ello). Un ritmo cadencioso liderado por el consistente bajo de Jari Kainulainen, apoyado por un Tolkki casi en segundo plano, caracterizan a este tema de estructura más bien sencilla -a pesar de su duración-, aspecto que llama la atención al tratarse de un tema muy sólido.

Uns cortísima y casi básica instrumental, Episode, compuesta de un muy sencillo solo de Tolkki, sustentado por un atmosférico teclado, da paso a uno de los temas insignia de Stratovarius. La majestuosidad de los tres minutos de Speed Of Light realmente impacta. Una velocidad por momentos casi thrash acompañada de ejecuciones sencillamente magníficas y de una letra tan simple como estupenda caracterizan a este corte que, si bien su calidad de clásico es algo más «discutible» que Will the Sun Rise? y Father Time, puede ser considerado como uno de los símbolos de este estilo: un metal casi barroco, con la melodía y la velocidad como estandarte y espíritu.

El midtempo vuelve con Uncertainty, tema compuesto íntegramente por Kotipelto que si bien no alcanza los niveles de Eternity, es muy ganchero, aunque levemente monótono por momentos. De todas formas, destaca al ser el primer tema de Stratovarius en cuyos créditos aparece íntegramente compuesto por un miembro de la banda distinto a Tolkki, un dato no menor.

La emotividad vuelve con la primera letra de Tolkki del disco, en Season Of Change. Un inicio extremadamente cálido con Kotipelto cantando muy suavemente, Johansson sutil en el piano y Tolkki con la guitarra clásica dan paso al bajo «con personalidad» de Kainulainen y a Michael marcando los tiempos. Un tema que, más allá de los virtuosismos individuales, muestra una veta realmente interesante: la creación de atmósferas. Stratovarius lo hace con mucha categoría. Para destacar el solo de Johansson, muy progresivo, seguido por un solo bastante más rockero por parte de Tolkki. La guitarra clásica de Tolkki y el teclado en segundo plano de Johansson crean una atmósfera realmente especial, casi de recogimiento, explotando al introducirnos a un final realmente intenso y emotivo (gran parte de ello se debe a la letra … vivir la vida sin temor a los cambios de piel, a veces tan necesarios).

De la emotividad saltamos a uno de los temas instrumentales más notables que se hayan compuesto en la historia del Heavy/Power Metal. Recuerdo a un amigo (algo menor que yo) que un día me comentó, asombrado y totalmente maravillado, que fue a una tocata en su colegio, y que una banda tocó Stratosphere. Un compendio de maestría concentrada, el cumplimiento de los sueños de Tolkki … un tecladista que no sólo fuese tan virtuoso como él sino que además brillase con luces propias, un bajista de un supuesto bajo perfil capaz de realizar en seis (sí, seis) cuerdas más gruesas casi lo mismo que hace Tolkki con la misma cantidad de cuerdas delgadas y un baterista que convierte sus cajas, bombos y platillos en una máquina de escribir (taca taca taca taca taca), todos ellos unidos bajo el alero del sonido tan característico emanado de esas seis cuerdas acariciadas por esos gordos dedos. Rapidez y lentitud, emotividad y virtuosismo. Prototipo del tema instrumental virtuoso, sencillamente genial, puede ser perfectamente un tema para mostrárselo a alguien poco entendido y decirle «hey, esta es la música que yo escucho», y enorgullecerse por ello.

El lado B de mi cassette comenzaba con Babylon, tema bastante intenso y con toques arábigos pero que lamentablemente tendía a aburrirme. Quizás en siete minutos la banda pudo haber hecho algo más. Mi experiencia personal con este tema nunca fue muy feliz: como el lado A del cassette de 90 minutos terminaba en Stratosphere, tendía a apretar el botón stop y cambiar la cinta de lado para escuchar Tomorrow, el siguiente tema. Con el paso de los años, he comenzado a valorar más las atmósferas que Tolkki y especialmente Johansson han sido capaces de crear a lo largo de la carrera de Stratovarius, y especialmente este tema, rico en aquello. Sigo pensando que abusa un poco al durar siete minutos, pero lo considero cada vez un mejor corte.

Tomorrow es un tema muy glorioso, prototípico de Stratovarius, pero quizás algo extemporáneo -tiene ciertas similitudes a Forever Free, corte del disco «Visions», aunque (como pocas veces en la vida), la «copia» supera con creces al original-. Pienso que este corte encajaría perfecto en un disco como «Infinite» o incluso en los «Elements», pero al ser un tema rápido que compone «Episode», pierde mucho del brillo que adquiriría si hubiese salido cuatro o cinco años después. De todas formas, es un tema muy ganchero y cuya letra incentiva, como algunos otros, a empuñar la mano y a luchar. Por vez primera, los solos de Johansson no cuentan con la guitarra de Tolkki apoyando en segundo plano, lo cual tiende a dejar algo «vacío» el sonido del teclado.

El siguiente corte podría ser definido como uno de los cortes más subvalorados de la carrera de esta prestigiosa banda. Night Time Eclipse, si bien no tiene la velocidad ni los lucimientos individuales de otros cortes, es un tema que tiene realmente de todo: una riqueza atmosférica realmente destacable, mucha intensidad y garra, cambios de ritmo casi inesperados (con un riff casi «copiado» en Anthem Of The World, tema del disco «Destiny») y un final a lo «Heading For Tomorrow» de Gamma Ray realmente poderoso y emotivo.

Pero si de emotividad de trata, Forever, el último tema del disco -más allá de que en algunas ediciones el disco termine con un interesante bonus track, When The Night Meets The Day-, lleva la delantera. Me atrevo a decir que es una de las baladas más lindas hechas por un grupo rockero en toda la historia. Violines e incluso flautas, unidas a la sencillez de la guitarra de Tolkki y a la calidez de la voz del nórdico Kotipelto, crean tres minutos de magia pura, de fina belleza que muchos grupos o solistas poperos y con más recursos, contactos con radios y prensa intentan lograr, con escualidísimos resultados. A Stratovarius le bastó con una guitarra clásica, un vocalista de excepción, un par de amigos que tocasen violín y otro que tocase flauta para convertir una idea bonita en una balada fascinante. Un final perfecto para un estupendo disco.

El nuevo Stratovarius conseguía no sólo crear un disco estupendo y enviar algunos de sus temas (Father Time, Will The Sun Rise?, Speed Of Light, Stratosphere y Forever) a la galería de los clásicos del Power Metal, sino que crear una escuela, un movimiento, una escena. Episode, sin dudas, es el gran impulso generador de la escena finlandesa de Power Metal, más allá de sus trabajos anteriores, en su gran mayoría exitosos. La frase insignia de Tolkki, «Keeping the Melody in Metal!!», adoptaba una resonancia imposible de acallar. Este trabajo puede ser considerado, sin temor a exagerar, como la piedra angular del nacimiento y desarrollo de bandas como Sonata Arctica, Thunderstone, e incluso en menor medida por Children Of Bodom y sus clones (Kalmah, Norther, etc.). Es como imaginar una familia: un hermano chico maldadoso (Alexi Laiho), otro hermanito algo más rockero pero peinadito para atrás (Tony Kakko), admirando (a veces sin quererlo o sin admitirlo) al gordo hermano mayor, que les enseñó mucho de lo que saben (Timo Tolkki). Stratovarius comenzaba no sólo a hacer buenos discos: comenzaba el período de hacer escuela.