No entraremos a intentar mostrar ni descubrir ahora lo que esta banda finlandesa/sueco/germana ha significado para la escena Heavy/Power metalera, especialmente en los últimos siete u ocho años, desde el lanzamiento de discos notabilísimos como «Episode» o «Visions». En esa época, alrededor de 1998, muchos fans estábamos maravillados de que existiese una banda cuyos discos siempre superaran a los anteriores, y que prácticamente tuviésemos un nuevo trabajo cada año. La era de Tolkki en las voces, con sus discos «Fright Night» (1989), «Twilight Time» (1992) y «Dreamspace» (1994), que cuenta con numerosos buenos temas y que muestra un paulatino desarrollo y evolución como banda por parte de Stratovarius, quedó atrás con la llegada de Timo Kotipelto a las voces (con «Fourth Dimension», en 1995) y posteriormente con la llegada del mítico dios sueco de las teclas, Jens Johansson, y del respetado y experimentado Jörg Michael en las baterías, en «Episode» (1996), convirtiéndose Stratovarius con este último trabajo en una de las bandas de Power Metal con más fanáticos en el mundo. La frase «Keeping The Melody In Metal» marcaba escuela. Y qué decir con el lanzamiento de «Visions», un discazo con todas sus letras, y cuyo éxito la banda aprovechó para lanzar su primer disco en vivo, doble, denominado «Visions Of Europe», grabado en Italia y Grecia.

Pero algo ya venía mal. «Destiny», su séptimo trabajo en estudio (que los trajo a Chile el 17 de Marzo de 1999, en el Teatro Monumental), a pesar de ser un correcto disco, mostró un decrecimiento compositivo (además de un nivel de «autocopia» cada vez mayor) un tanto preocupante, especialmente para quienes nos «malacostumbramos» a que Stratovarius siempre mejorase la vara de sus discos anteriores. Y antes de la salida de «Infinite», su octavo disco en estudio, comenzó a rumorearse que existían ciertos conflictos personales en la banda. A pesar de los rumores, la banda nuevamente nos visitó, llevando a cabo dos excelentes conciertos en Santiago: uno en el Estadio Chile (Domingo 22 de Octubre del 2000) y otro, un par de días después, en el Pub Discotheque Laberinto (Martes 24 de Octubre), donde, con un Kotipelto enfermo de la garganta y demostrando una gran entrega, la banda interpretó temas que habitualmente no ejecutaba en vivo, como «Hold On To Your Dream», «Distant Skies» o «Will The Sun Rise?», entre otros, ante el éxtasis de quienes tuvimos la fortuna de asistir. Poco tiempo después de ello, la banda anunció que tomaría un «receso» de aproximadamente un año (algo similar a lo que hizo Metallica, con los resultados que cada uno interprete), antes de lo cual sacarían al mercado el olvidable disco «Intermission» (compilado de grandes éxitos y tres o cuatro temas nuevos), seguramente lanzado por compromisos comerciales. En este período, Tolkki y Kotipelto aprovecharon de lanzar sus proyectos solistas, «Hymn To Life» y «Waiting For The Dawn», respectivamente, cuyas estructuras musicales distan de parecerse a Stratovarius.

Todo el anterior preámbulo es necesario para poder entender el alcance de esta pregunta: ¿Qué podíamos esperar de Strato después del receso? ¿Recuperar la ilusión de que cada disco nuevo será mejor que el anterior, o quizás conformarse con «más de lo mismo»? La expectación para la salida a la venta de «Elements, Part I» ha sido bastante grande, no sólo para los fans más acérrimos de la banda, sino para el público Heavy/Power metalero en general. Y el resultado de esa espera es, por definirlo en una sola palabra, «relativo». Si se esperaba que fuese el mejor disco de la historia, o (apuntando algo más abajo) el mejor disco de Stratovarius, seguramente las expectativas no se ven para nada satisfechas. Pero si se esperaba un trabajo sólido, con «más de lo mismo», pero bien hecho, «Elements, Part I» puede llegar a ser una muy buena respuesta.

El disco comienza con su single, el ya conocido Eagleheart, un tema que, si bien raya en lo típico y predecible (mid-tempo, con un comienzo de teclado «made in Johansson» muy similar a lo que conocimos en «S.O.S.» y especialmente en «Hunting High and Low», un coro con mucha gente y un solo sin grandes complejidades ni parafernalias), termina, a la larga, por agradar. Toda la temática del corazón de águila, del muchacho que vuela a través del arcoiris para encontrar el sol, suena un tanto repetitiva y con menos solidez y frescura que antes, a pesar de lo cual el tema entretiene, tiene «onda» y puede llegar a gustar.

Al escuchar Soul Of A Vagabond, el segundo corte, se vienen a la memoria temas similares rítmicamente, como «Uncertainty» o la excelente «Eternity», ambas de «Episode». Nuevamente estamos en presencia de un tema bastante menos sólido que los nombrados, pero que cuenta con un plus no menor: las magníficas orquestaciones, que le dan cuerpo a un tema que, sin ellas, habría resultado muchísimo más débil y quizás hasta algo insípido. Los violines y las demás cuerdas aparecen en momentos precisos, y Kotipelto demuestra porqué es uno de los vocalistas más respetados de la escena.

Un comienzo muy Avantasia nos conduce hacia un viaje hacia el glorioso pasado de Stratovarius. Find Your Own Voice es de esos temas que denominamos «a todo ritmo»: melódico, bastante rápido y con Kotipelto nuevamente -utilizando un término futbolístico- «rompiéndola», aunque, por lo mismo, es difícil que, con esos tonos altos, Stratovarius se anime a tocar este tema en vivo. Muy bien Tolkki y Johansson en los solos, como siempre, y mejor aun en la parte donde ambos tocan juntos. Y he aquí la gran diferencia con una banda que toca cosas musicalmente parecidas, como lo es Sonata Arctica: mientras éstos últimos tocan este tipo de música porque les agrada (aunque la ejecutan bastante bien), Stratovarius la «siente». Mal que mal, prácticamente inventaron este tipo de Power Metal, y son rockeros de alma. Casi, digámoslo, de la «vieja escuela».

Una agradable sorpresa es Fantasia, inspirada en la homónima obra de Disney. Eso sí, hay que señalar que es difícil enganchar «a la primera» con este tema. Stratovarius experimenta una veta un poco distinta. Es una canción muy difícil de contextualizar, debido a la enorme cantidad de detalles y matices hasta «anímicos» que encontramos en estos casi 10 minutos de canción. Un comienzo, valga la redudancia, fantástico (nuevamente las orquestaciones cumplen un rol determinante), da paso a un par de minutos bastante lentos, que no emocionan demasiado, pero que muestran quizás una de las mejores performances de la carrera de Timo Kotipelto. Una especie de bandoneón y la voz de un pequeño niño dan paso a un riff potente, que, junto a -nuevamente- las orquestaciones ya características de este trabajo, comienzan a configurar una excelente variedad … incluso por momentos la guitarra de Tolkki y la batería de Michael crean un sonido casi punkrockero, pasando a un instante progresivo (sólido Jari Kainulainen en el bajo), para llegar a un final triunfal. Sin dudas, uno de los mejores cortes del disco, emotivo y por momentos hermoso, cuya letra nos invita a imaginar, tal como -guardando las proporciones de trascendencia y significancia histórica y musical ulterior- Lennon con su «Imagine». No compararemos a Lennon con Tolkki, por supuesto.

Learning To Fly, otro tema «a todo ritmo», comienza con el típico teclado de Johansson y el clásico preludio a la velocidad que hace Jörg Michael en la batería. Eso sí, a pesar de ser un tema algo inconsistente (si utilizamos como único criterio el comparativo con el pasado), posee un excelente coro, buenos solos (especialmente el de Johansson) y un final sencillamente impresionante por parte de Kotipelto, demostrando un caudal vocal, a pesar que lo conocemos hace ya varios años, realmente asombroso. En suma, es un muy buen tema, pero que baja sus bonos si nos acordamos que es de Stratovarius y por ende lo comparamos con clásicos de la misma onda, como «Black Diamond» o «Father Time», por nombrar tan solo un par.

Con Papillon, el disco cae en un pequeño pozo. Es un corte de casi siete minutos y que por momentos hace pensar y recordar que Stratovarius nunca ha sido del todo feliz al componer temas lentos (con excepciones como «Forever» o «Season Of Change»). A pesar de ello, Kotipelto y las orquestaciones nuevamente toman las banderas y salvan el tema, otorgándole una connotación algo emotiva, aunque carente de fuerza. Un pequeño toque de guitarra clásica en el medio del tema, y un correcto final (aunque larguísimo y «tendiente a infinito», como diría un ingeniero), terminan por arreglar un tema que podría haber sido bastante malo.

Stratovarius no nos deleitaba con un tema instrumental desde la notable «Holy Light» de «Visions». Y, quizás por lo mismo, el tema que posiblemente mayores expectativas ha generado en la fanaticada es Stratofortress, que ha resultado ser un delicioso y rápido bocadillo de algo más de tres minutos, muy melódico, y con momentos que por instantes recuerdan a Zorba el Griego (en versión metalera). Con este tema Stratovarius no inventa ni reinventa nada, es más, recicla muchas de las cosas que ya le conocemos, pero lo hace sumamente bien y ratificando que los amos, señores, inventores y padres de este estilo de Power Metal (con teclados supliendo una 2ª guitarra) son ellos. Y eso es un hecho.

El otro gran, gran pozo del disco es el tema que le da el nombre. Elements, un larguísimo (casi doce minutos) y pretencioso tema, comienza con una introducción con coros femeninos agradable, pero no mucho más que eso. El riff típico del tema es bastante poco convincente, y sólo el apoyo de las orquestaciones -con menos presencia que en temas anteriores- lo hacen más llevadero. Hay que destacar, eso sí, que por ciertos momentos el tema logra crear un «ambiente» (especialmente gracias a Kotipelto, y los últimos tres o cuatro minutos, a ratos muy en la onda de «Twilight Symphony»), pero esos momentos no alcanzan para «graduar» a Elements como un gran corte. A pesar de todo, no es un mal tema … el tema es que a Stratovarius se le puede pedir y exigir más, precisamente porque en el mismo disco (y qué decir de los anteriores, con un historial rico en temas largos, como «Visions» o la misma «Destiny») demuestra que puede más, con temas como Fantasia o Soul Of A Vagabond, por ejemplo.

Nuevamente Stratovarius culmina un disco con un tema lento, tal como lo hicieron con «Celestial Dream» en «Infinite». ¿Será la mejor idea? Bueno, A Drop In The Ocean, tema que cierra este trabajo, dista de ser una de las mejores baladas de la historia. Uno puede preguntarse … ¿qué pasaría si Stratovarius no tuviese el vocalista que tiene? Kotipelto recuerda, haciendo una suerte de analogía futbolera, a esos «arqueros que ganan partidos», pues sale al rescate del equipo en los momentos que más se lo necesita, salvando y haciendo grato un tema que sin él hasta podría haber sido un bonus track, otorgándole emotividad, gracia y estilo.

Intentemos contestar la pregunta. ¿Qué podíamos esperar de Strato después del receso? Y la respuesta no puede ser absoluta. Seguramente, habrá gente que considere que el disco es prácticamente una basura por ser más de lo mismo, y a otras personas les encantará precisamente por la misma razón. El tema es (exagerando un poco): ¿podemos pedirle a Stratovarius que se ponga thrash, progresivo o death metal? Lo más probable es que no. Pero lo que sí puede pedirse es crecimiento y madurez, lo que, escuchando bien este trabajo, podemos encontrar. A pesar de ser más de lo mismo, detalles como las orquestaciones o el fantástico trabajo de Kotipelto impulsan a no considerar este disco como prescindible. En resumen, hay que escucharlo varias, varias veces, para poder emitir un juicio más categórico. De todas formas, el receso sirvió … quizás si no lo hubieran tenido, Stratovarius habría sacado un pésimo disco. Quién sabe. Lo que sí se sabe, a ciencia cierta, es que «Elements, Part I» está mucho más cerca de ser un excelente disco que de ser pésimo.

4 comentarios
  1. Oswaldo Dice:

    Gracias a estos Reviews me he puesto a escuchar discos que habia dejado en el olvido, este disco me parece muy bueno hasta que llega Papillon que me parece flojita, nose cual es la mania de Strato de terminar los discos con temas flojos. igual muchas gracias a esta pagina sigan asi y espero el review de Elysium.

  2. Max Dice:

    que recuerdos, en la Laberinto (Q.E.P.D.) y uno que se habia quedado con las ganas de asistir al estadio chile (2000), despues nos avisan por la Futuro que se presentarian ahi, excelente show, la raja!

  3. Diego A. Arcis Dice:

    más de 10 años han pasado desde que este álbum salió, y ahora lo vengo a esuchar realmente como se debe, con la disposición, y la verdad es que lo encuentro un muy buen disco!

  4. Alex Dice:

    Despues de 12 años, escucharlo como se debe, conocer toda la historia que habia detras de estos discos, se puede decir que son mucho mejores trabajos de lo que pensé en el momento en que aparecieron. Los Elements sin dudas marcaron la cumbre de Stratovarius y salieron bien parados, hisieron lo que deseaban, sonar pomposos, grandes, una tremenda produccion, etc. etc. Lastima que por cosas ajenas a la banda el rumbo de la misma cambió y paso todo lo que paso.

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