Ya son prácticamente dueños de casa, aunque hayan pasado seis años desde su última visita nunca es mucho ni poco tiempo, es casi como si fueran inmateriales cuando se trata de tiempo entre presentaciones en tierras chilenas. Pero como no hay plazo que no se cumpla, esta noche fue nuevamente testigo de la relación íntima que mantiene Stratovarius con nuestro país.

La situación que está atravesando Chile no se quedó afuera del teatro, hay que decirlo. Así, antes que la banda saliera a escena, la gran cantidad de público que ya casi llenaba el Caupolicán -alrededor de 3.500 asistentes- comenzó a saltar con cantos de protesta que sirvieron casi de teloneo para que a las 20:30 horas en punto, se apaguen las luces y comience a sonar la introducción empaquetada para la noche. Rolf Pilve hace su entrada, más atrás aparecen Matias Kupiainen, Lauri Porra y el querido Jens Johansson.

Así la noche comienza a los sones de la ganchera Eagleheart del ya lejano “Elements Part I”, con la entrada de Timo Kotipelto todo se desata y se les nota enseguida el circo que llevan encima, dueños instantáneos del escenario, desgraciadamente a la canción le agregan un arreglo un tanto extraño en un momento que no terminó de convencer, pero a nadie le interesó, el público estaba demasiado preocupado cantando y regalando momentos tremendos con el singalong para que la banda termine el track casi como si fuera un himno religioso.

No alcanzaba a terminar todavía el corazón del águila cuando arranca una muy querida, Phoenix, canción que parece ser muy adhoc con la situación que nos encontramos atravesando hoy como país. Todo el teatro canta, aunque pareciera Kotipelto baja un par de octavas para alcanzar bien los tonos, aún así se luce, el público entregado a sus pies, haciendo todo lo que Timo le pide, demostrando que esta formación de la banda está más que consolidada cuando ves a Jens peluseando con Lauri y a Timo con Rolf.

Kotipelto se toma unos minutos para saludar en español, entregar las típicas palabras de buena crianza y anuncia que la próxima será una de las canciones que los sacó de gira, así arranca Oblivion, la que es bien recibida por el público pero, entre el ritmo más bien lento y la poca conexión con el público, pasa como una canción más solamente. Hicieron bien en ubicarla en un momento que no afectaba demasiado el desarrollo de la noche.

Entonces arranca una que ya se convirtió en un clásico de los finlandeses, Shine In The Dark, celebrada con todo mientras gran parte del teatro quería compartir micrófono con Timo, con el correcto apoyo de Matias y Lauri en los coros que lograban generar el mismo juego de voces que en el disco que tiene su remate en la sección de solos. Gran momento.

Terminando la canción empezamos a escuchar los sonidos introductorios de S.O.S., otra vieja querida, así que el público se vuelve loco tal como era de esperar, todos cantando a toda garganta, aplaudiendo, coreando el interludio, todo lo que se puede pedir a un público comprometido, hacia el final el público se queda cantando solo y fue tremendo, regalando un maravilloso arreglo musical para terminar la canción.

Entonces Timo anuncia que nos tienen un regalo, algo que no viene siendo parte de la gira pero que acá quieren tocarla, arrancando con la batería en solitario para que irrumpa el riff agresivo de Paradise. Hasta se genera el espacio para un pequeño mosh en el centro de la cancha y se escucha cómo todas las gargantas en el teatro cantan toda la canción, especialmente el coro, obvio, mientras Kotipelto se acerca un poco el público para chocar algunos puños y demostrar su cercanía cuando alguien no alcanzó a chocar su puño y él se estiró lo que más pudo para al menos tocar el dedo de ese alguien. Timo termina haciendo reverencias al público, ese nivel de entrega.

Nuevamente las gracias al público, algunas palabras de rigor y pasa a presentar Matias, a quien le toca el momento de protagonismo con su solo. Luego de haber quedado con la adrenalina por las nubes, ahora Kupiainen hace el enganche con 4000 Rainy Nights y todo el público canta esta balada, creando un ambiente íntimo que hace desaparecer a todo el teatro y te dejaba solo con la banda.

Ahora el vocalista se da el momento de presentar a Lauri para dejarlo hacer su solo, algo que comienza lento y arrastrado, con un importante peso pero que, llegado el momento, cambia de tal forma que Porra golpea sus cuerdas con la mano a un ritmo conocido, tan conocido que inmediatamente la gente comienza a chiflar y aplaudir al ritmo de la cueca que el finlandés tocaba en su bajo. Sí, ¡Lauri Porra nos regaló una cueca con sus cuatro cuerdas!

Uno de los momentos más esperados en un concierto de los finlandeses siempre va a ser Visions (Southern Cross), un emblema de la banda, pesado y oscuro, que genera el público se vuelva loco saltando y cantando, con un mosh interesante en cancha. Claramente Kotipelto ya no tiene veinte años y debe recortar algunos tonos altos, pero no deja de ser tremendo y maravilloso su trabajo vocal.

Nuevamente Timo se toma unos minutos para agradecer al público chileno y, por un instante, en el escenario quedan sólo los dos miembros de la formación clásica, momento en que el tremendo Jens Johansson es presentado, obviamente a Johansson le parecieron pocos los aplausos en su honor y pide más… ¡un tipazo! Se larga con su solo, el que me atrevo a decir que no lució mucho sus dotes, entonces cambia el sonido del teclado para arrancar con una intro muy querida.

Hablamos de Black Diamond, ese momento medio romanticón que no deja de ser tremendo, obviamente la gente vuelta loca saltando y cantando, con un bajista metiendo sus dedos en el teclado cada vez que podía dejando más que claro que ya esa amistad es real. De alguna parte Timo tomó un teléfono y graba o transmite mientras interpretan la canción, mostrando a todo el mundo lo que es el público chileno. Al terminar, es el turno de Rolf Pilve de mostrar sus dotes en un solo de batería.

El típico encore para que la banda descanse unos minutos permite que nuevamente el público salte cantando algunas consignas del momento actual, lo que provoca curiosidad en Johansson quien se asoma como a preguntar qué estábamos gritando. Todos vuelven al escenario y Kotipelto nos pregunta si queremos más, la respuesta es obvia y ahora pide que por favor cantemos con él lo siguiente.

Así, en un mar de pequeñas luces blancas de los flashs de cientos de teléfonos, disfrutamos de la nostálgica Forever, un momento del que no se puede decir mucho más la verdad por todo lo que sobrecoge, en mayor o menor medida. Parte de la magia que Stratovarius es capaz de crear.

Pasado ese momento, el ritmo que Pilve comienza a tocar en su batería nos dice inmediatamente qué se viene pero, por si quedaban dudas, lo aclaran aún más con la entrada de Porra y el desgarro de la guitarra de Kupiainen, así comienza Kiss Of Judas. Ahora Jens tiene un teléfono en su mano mientras toca con la otra y el ambiente nuevamente se hace pequeño y te sientes encerrado escuchando cómo los pasos se acercan. El final fue un poco extraño ya que fue un corte abrupto pero nada grave.

Kotipelto nuevamente da las gracias, ahora aprovecha de devolver un teléfono y anuncia que sólo quedan dos canciones para la noche. Nos venimos a los últimos años en esta máquina del tiempo y arranca Unbreakable, otro clásico del último tiempo que casi no necesitaría presentación siquiera.

Aprovechando de explotar un poco esa “rivalidad” entre chilenos y argentinos, Timo agradece por estar en Buenos Aires para luego indicar que al otro lado de los Andes fueron mucho más ruidosos que nosotros, así que nos pide gritar para anunciar el final de la noche. Entonces nos presenta la también ganchera Hunting High And Low, con un Porra ya entregado al público, apreciándose por ahí en cancha que ahora se armaron dos mosh, la gente cantando casi sola sobre la base de bajo y batería. Así Kotipelto continúa el juego comparándonos con los ya pasados conciertos en Brasil y Argentina, además de las próximas fechas en México, para terminar confirmando (en sus palabras) que somos los más ruidosos de Latinoamérica por todos los coros a gritos que se repitieron.

Stratovarius es de esas bandas que siempre uno extraña pero que, a la vez, nunca pareciera que fuera tanto tiempo en el que no los vemos. Esta noche fue prácticamente de clásicos y, si bien pueden haber quedado algunas joyas de su discografía fuera, las canciones elegidas lograron su cometido y permitieron que los finlandeses nos volvieran a regalar una noche inolvidable. Ahora debemos esperar que compongan nuevo material y los traiga nuevamente, ojalá no debamos esperar otra vez seis años pero, de ser así, aquí estaremos esperándolos con los brazos abiertos como siempre.

Setlist Stratovarius en Chile:

01. Intro
02. Eagleheart
03. Phoenix
04. Oblivion
05. Shine in the Dark
06. SOS
07. Paradise
08. 4000 Rainy Nights
09. Solo de Bajo de Lauri Porra
10. Visions (Southern Cross)
11. Black Diamond
Encore:
12. Forever
13. The Kiss of Judas
14. Unbreakable
15. Hunting High and Low

Live Review: Seba Miranda
Fotos: Guille Salazar