Sábado 1 de noviembre de 2003, Teatro Providencia, 20:00, minutos más, minutos menos. En un día tradicionalmente reservado para recordar a quienes ya no están entre nosotros y apenas unas horas después de haber celebrado la foránea fiesta de Noche de Brujas, unos cuantos cientos de afortunados fanáticos del metal fuimos testigos de una transformación mágica, de un evento espectacular que sobrepasó todas las expectativas de quienes asistimos al lanzamiento del nuevo trabajo de la banda nacional Six Magics. Un concierto -sí, un concierto, no una «tocata»- que si bien tuvo algunos ripios, especialmente en cuanto a sonido, nos hizo olvidar que esta fecha es exclusiva para revivir emociones del pasado y nos brindó la posibilidad de ser testigos del presente y del futuro. Un presente que nos encantó y que dejó la puerta abierta a un futuro insospechado, si es que todos nos decidimos a transitar por la senda que estos verdaderos magos de la escena local y sus invitados, Mythology, dejaron claramente marcada ese día.

Y digo una transformación por varios aspectos. El primero, ya lo cité. Por primera vez en mucho tiempo me quedó la sensación de estar en un concierto y no una «tocata». Esto no significa que estas no sean importantes, pero son sólo el primer paso en una larga carrera (algo así como los inicios en el circuito de Clubs de otros países). El siguiente paso está dado por espectáculos como los que vivimos aquel sábado. En segundo lugar, porque es un verdadero privilegio y un inmenso honor el asistir a un show en el cual no se puede hablar de un grupo «regular» y uno «bueno», sino que se puede decir con toda propiedad que escuchamos a un conjunto «muy bueno» y a uno «excelente» (esto, obviamente, puede cambiar de acuerdo a los gustos personales).

Un tercer aspecto que sustenta el concepto de transformación es el profesionalismo, la actitud y la entrega desplegada sobre el escenario por las bandas. Ambas demostraron tener los méritos que a esta altura podemos exigir de nuestros músicos. Ambas nos sorprendieron con la fuerza y la convicción que proyectaron hacia el público, demostrando, con cada nota, que aquel viejo mito de que el rock chileno no tiene proyección, es sólo eso: un mito que se derrumba por completo.

Y fue justamente Mythology quienes se encargaron de dejar claro que ya es hora de mirar hacia adelante y olvidarse de un pasado más bien mediocre, que ya es tiempo de que los interpretes nacidos en nuestra tierra y que tienen las condiciones suficientes para escribir páginas gloriosas en la historia del metal nacional, pueden y deben tener un mayor apoyo de todos los que, de alguna manera, damos vida a nuestra pequeña, pero con grandes talentos, escena metalera. El público, los medios, los productores y porque no decirlo, las empresas que sólo piensan en las estrellas extranjeras, deben apoyar a quienes merecen algo más que una o dos líneas de vez en cuando. No se trata de cegarse y decir que por el simple hecho de ser chileno es bueno.

Se trata de reconocer que así como existen bandas europeas de mayor o menor categoría (no es lo mismo hablar, por ejemplo, de Rhapsody que de Drakkar), dentro de nuestras fronteras sucede lo mismo. Tenemos conjuntos que aparte de un gigantesco esfuerzo y de un entusiasmo desbordante, todavía no pueden o no saben dar el siguiente paso hacia un merecido reconocimiento. Sin embargo, tenemos un número no despreciable de nombres plenamente consagrados sobre la base de un trabajo titánico y silencioso, que hace rato están preparados para algo más que unos minutos de teloneo cuando nos visitan los maestros del viejo continente o de Estados Unidos.

En esta magnífica jornada también quedó claro que estamos aprendiendo a respetar la calidad de los conjuntos que trabajan en serio por darnos lo mejor de sí mismos. Quedó de manifiesto que los frutos de la dedicación ya están madurando. El ambiente de ese día lo demostró con creces, comenzando por el público. La audiencia es vital para dar el empuje definitivo a nuestra música. Es por ello que su participación fue tanto o más importante que la de quienes se subieron al escenario. Había la misma prisa por participar de un concierto que cuando se trata de asistir a un evento con ribetes internacionales. El entusiasmo al corear las canciones, al aplaudir cada canción, al involucrarse con los interpretes, el simple hecho de seguir las letras y de elevar los puños al aire, buscando estar más cerca de quienes nos presentaban su trabajo, es una clara muestra de que ya podemos pensar en espectáculos más grandes, en recintos más amplios y con un número mayor de asistentes, la actitud del público dejó en claro que podemos hacer realidad el sueño de llevar los acordes y los riffs del país más extremo del mundo, hasta el centro del mundo del metal. Las mismas poleras negras, el mismo urgimiento por entrar al recinto, las mismas carreras por ocupar un lugar en la primera fila… todos los condimentos necesarios para vivir una tarde inolvidable. Es por eso que he querido detenerme un poco en quienes fueron al Teatro Providencia en esa ocasión. Es justamente el público, maduro y respetuoso, el pilar del éxito de un músico, y al demostrar esas cualidades, me parece que el primer reconocimiento debe ser para todos y cada uno de quienes crearon el marco adecuado para la presentación de nuestros compatriotas Mythology y Six Magics. Un gran aplauso para todos ustedes.

En cuanto a Mythology, su presentación tuvo varios problemas, pero ninguno de ellos fue tan grande como para desmerecer su entrega y su calidad como agrupación. Tal vez si el plato de fondo hubiesen sido ellos, estaríamos hablando de su genialidad y no de las dificultades que tuvieron. Pero como lo importante es la música, y si dejamos que la música hable por sus interpretes, solamente podemos decir que Mythology también está en el camino del éxito. Debemos reconocer que como banda han ido creciendo y madurando, hasta transformarse en uno de los nombres importantes de nuestro medio y sólo debemos esperar el espacio necesario para celebrar sus triunfos y sus logros. En lo personal, estoy seguro que eso sucederá más temprano que tarde. En el recuerdo quedará que la casualidad quiso que fuera Mythology, quienes el recién pasado 1 de noviembre, nos demostraran que los mitos del rock nacional están por acabarse y que en un futuro no muy lejano, podremos hablar de cómo se fue escribiendo la mitología del heavy metal nacional, y que en ella, Mythology ya tiene un lugar reservado.

Pero esa fue la noche de Six Magics… ¡Y cómo se apropiaron de ella! Con cálidad, actitud, entrega y magia. Desde la caída del telón comprobamos que esta es tal vez, nuevamente dependerá de los gustos personales, la mejor banda nacional del momento. Sin aires de divismo ni posturas falsas, los integrantes de Six Magics nos deleitaron con una propuesta que antes del show no alcanzábamos a dimensionar. Una puesta en escena fuera de serie, una producción tecnológica acorde a nuestros tiempos y un despliegue musical que poco o nada tiene que envidiarle a los genios de otras latitudes. Una tras otra las canciones se fueron sucediendo en forma fluida y casi ininterrumpida, salvo por uno o dos detalles técnicos, para cerrar una noche perfecta. Cada músico estaba perfectamente compenetrado de la responsabilidad que tenía esa noche y se entregó a su tarea con honestidad, con simpleza y sencillez, obteniendo el único resultado posible de obtener cuando se demuestra la actitud correcta: el éxito.

Cada detalle fue cuidado con esmero y dedicación y eso se notó. La escenografía apropiada, el telón de fondo trabajado magistralmente, las presentaciones digitales, las coreografías, la teatralidad expuesta, la disposición escénica, los juegos de luces… absolutamente todo el entorno que albergó la indiscutible calidad del conjunto. Nada quedó al azar, en una muestra del innegable profesionalismo y de la imaginación que Six Magics se esfuerza en hacer suyos. Es por eso que este concierto se transformó en una joya en la tarde sabatina. Un verdadero oasis de calidad y honestidad que brilló intensamente en aquella tarde-noche. Una gema que deslumbró a quienes pudimos ver su magnificencia y que ojalá no sea un caso aislado de lo que podemos hacer en Chile.

Si las pretensiones de Six Magics eran presentarnos oficialmente su nuevo trabajo, las cumplieron de forma brillante, pero hicieron algo más. Se lanzaron a la carrera por ganar un espacio en las «grandes ligas» del metal. La performance desarrollada por la banda los lanzó automáticamente a nuevos caminos, que sin duda los pueden llevar a mostrar lo mismo que esa noche, en un pequeño teatro de Santiago, en otros recintos más grandes, con más público y en otros lugares más allá de nuestras fronteras. Los sólidos argumentos musicales y escénicos que Six Magics logró imponer como sello propio, permiten soñar con orgullo y con la certeza de que no es algo imposible, el ver nuestro emblema flameando en la tierra de los que llamamos «padres» del metal. Así como la estrella solitaria cerró aquella presentación, confundida entre el despliegue técnico y los aplausos de quienes disfrutamos de una noche mágica, al mismo tiempo nos señaló que nuestra música tiene un grandioso porvenir. Un mañana que por ahora está en las manos de estos magos que nos cautivaron con un trabajo impecable.

Es por eso que la tarde del 1 de noviembre de 2003, puede ser recordada como una tarde vivida entre mitos y magos, que juntos nos están señalando el camino a seguir y que lejos de pensar en ponernos trabas entre nosotros, nos indica que juntos podemos llegar mucho más lejos de lo que alguna vez soñamos. Una jornada que nos hechizó a todos y que su embrujo nos invita a olvidar nuestras diferencias y a trabajar unidos por nuestra música, por nuestro metal.

¡Gracias Mythology! ¡Gracias Six Magics! Gracias por demostrarnos, en nuestro país y por músicos de nuestra tierra, que el rock está vivo entre nosotros… y que está aquí para quedarse.