¿Cuánto sabemos de Saxon?.  Una de las bandas emblema de la New Wave of British Heavy Metal que desafortunadamente con el paso de los años no logró pasar más allá de la “Primera B” en su movimiento.  Si bien nunca corrieron tan mala suerte como los canadienses Anvil, o Diamond Head, tampoco pudieron llegar a la mitad de la aclamación que se llevaron sus coterráneos y contemporáneos Iron Maiden.

Suena funesto y estigmatizador, pero a la larga es parte de la cruz que la banda cargó hasta hace muy poco.  Por suerte, el legado de sus álbumes clásicos entre el período Wheels of Steel y Power and the Glory, está obteniendo hoy un muy bien ganado respeto debido a su buen envejecimiento y también por el merecido reconocimiento que han cosechado de un tiempo a esta parte.  Fue precisamente esto lo que inyectó nuevas energías a la banda para poder volver a tomar la hebra y despacharse sólidos álbumes en la última década y media, rienda que no han soltado hasta ahora y lazo que a cada año se hace más resistente.  De esta hebra, rienda y lazo, nos llega directamente su nuevo álbum, Sacrifice, el cual analizamos a continuación.

El disco da su apertura con  el instrumental Procession. Una intro totalmente Tribal.  Así de claro, desde el primer segundo se entiende y se asume.  El sonido ambiental de la naturaleza, con cantos de pájaros, ecos y tambores dan marcha a una serie de intervalos de percusiones, que emulan el adentrarse al follaje de manera furtiva, además de un juego de voces ( ah… ah… ah) al ritmo de la percusión “aborigen” que genera este escenario de suspenso.  Serpientes cascabeles y el chasquido de hojas al viento se ven acentuadas por arreglos de bronces desde el fondo.  Sabemos que algo viene, pero no sabemos cuándo ni por dónde. Si realmente Byford y Cía. querían hacernos sentir “perdidos en la selva” les resultó de manera bien figurativa.

Antes de seguir, quiero detenerme un poco en un pequeño detalle.  Hay muchas introducciones magníficas en el rock/metal  (memorables Deliberately Preliminary Prelude-Period in Z de Helloween,  o Deus Le Volt, de Angra ), composiciones bombásticas, con magníficos y exquisitos arreglos.  Posiblemente ésta no sea lo más “musical” en comparación a otras, pero sí destaco que debido a lo plana que es, jamás te da el aviso de cuándo vendrá el cambio a la siguiente canción.  Te mantiene atento, y ese salto repentino realmente llega de sorpresa.  Con el tiempo, los preludios se han vuelto cada vez más perfeccionistas y creativos indudablemente, y creo que Saxon optó por la efectividad antes que un comienzo pomposo.  Además, es perfectamente ad-hoc con el concepto que expresan ilustrado en la portada del disco, aquel escudo de oro con inscripciones indígenas centroamericanas.

Y es así como la banda me sorprendió, porque así nada más, súbitamente explota el segundo tema de la placa, Sacrifice, el mismo que da nombre al disco, se deja caer con un pesadísimo y duro riff  por el parlante izquierdo, liberando una sigilosa voz susurrante que pronuncia el título de la canción y ya a la segunda vuelta, el eterno Biff Byford  le suelta  la rienda a su performance vocal (impresionante, por el gran estado que mantiene), en una canción muy al estilo de sus últimas dos placas, marcado ritmo ¾ acelerado, que en ciertos momentos me recuerda a temas como Montsegur (Iron Maiden, Dance of Death, 2003) e incluso a Surprise!.. You`re dead (Faith No More, The Real Thing, 1989).  Llegando al puente, el tema retoma algo de melodía en una bajada de tono, y al final de éste Biff  saca esa voz cargada y gruesa que eventualmente usa, y que funciona como el embrague para pasar el cambio a un poderoso coro, lejano a la melodía, repitiendo la palabra “¡Sacrifice!”. Es un trallazo para tocarlo en vivo y esperar la respuesta de la multitud en el coro.  Bastante directos, después del segundo coro las guitarras se reparten cada una un breve solo, para pasar a una sección intermedia de riffs y voces de fondo, en donde la batería toma el protagonismo con un juego de timbales  que contribuyen mucho a dar un aire antes de volver a reventar en el último puente y coro del tema, llegando a un final tan repentino como su inicio.

Saltamos al tercer corte, llamado  Made In Belfast.  Juego de cuerdas acústicas que suenan muy célticas (como un crossover entre violines y mandolinas, lógicamente muy irlandés) comienzan a fusionarse con la entrada del bajo y el pulso del bombo, para lanzarnos a un midtempo en 4/4 bastante pesado y arrastrado. El trabajo vocal consiste en una armonía de dos voces (en ambas Byford) que lo hace sonar mucho al Accept actual.  De hecho esta canción está perfecta para la tesitura de Mike Tornillo o Udo Dirkshneider. El puente antes del coro es –al igual que la canción anterior- la parte más “melódica” del tema, para pasar a un muy pesado coro. La sección central trae una armonía de guitarras muy maideniana para saltar a un diálogo de riffs, un breve repaso al arreglo de cuerdas céltico y de vuelta a la estrofa, puente y coro. Me vuelve a llamar la atención que en estos dos primeros temas, me atrapa más el puente que el coro.  Han preferido dejar lo más “sublime” en la parte previa al estribillo, y usar este último como golpe en la cara.  A ratos me imagino escuchando esta canción en vinilo, como si fuese parte de algún álbum como Metal Heart o el Russian Roulette (ambos discos del Accept clásico). Este corte podría haber calzado de perilla ahí.

La velocidad llega ahora con Warriors of the Road. El sonido de un bólido pasa desde el parlante izquierdo al derecho, un quiebre de caja y al segundo entra un riff incendiario muy en plan Be quick or be dead (Iron Maiden, Fear of the Dark, 1992) para un ritmo 2/4 acelerado.  Sin respiro, la voz de Byford en notas altas y es de lo más ganchero que le he escuchado a la banda en años. Las estrofas se alternan con el riff, y sin puentes la canción salta al coro, el más pegajoso que la banda se ha despachado en mucho tiempo. La sección intermedia contiene una pausa y una baja en velocidad (a un ritmo 4/4 mid tempo) con las transmisiones de una carrera al estilo Nascar. y en seguida Doug Scarratt y Paul Quinn se comparten los respectivos solos de guitarra sobre un sólido doble bombo que marca todo el Groove y el peso. El tema vuelve a la estrofa inicial y de inmediato al coro. Conciso, con sólo 3 ½ minutos y sin nada de sobra.  Trallazo, perfecto para single, como un clásico de los ’80 congelado y descubierto hoy.

El sonido de un arpa al cual se suma el bombo, hi-hat y la guitarra rítmica marcando en blancas (esa guitarra que marca una vez y deja su sonido prolongado) generan un sólido trabajo rítmico sobre un bello arpegio en guitarra limpia.  Es el comienzo del siguiente corte, Guardians of the Tomb. Manteniendo el ritmo de medio tiempo, el tema explota con la entrada de la batería y la guitarra limpia pasa a distorsión, generando un grandioso lick sobre la base rítmica muy pesada.  Después de la segunda vuelta, el tema adquiere velocidad para la entrada de la estrofa.  Su riff es siniestro y la voz pastosa (talento natural de Biff). El coro es bastante melódico, con un grado de melancolía, con una interesante armonía vocal y un sugerente mensaje “You reach much more to rise again / Guardians of the Tomb” . Entre el coro y la entrada al estribillo las guitarras ejecutan dos riffs muy distintos, pero que combinan perfectamente.  En la sección del medio, el tema vuelve a bajar su velocidad, dejando el arpegio por encima de la mezcla, para dar paso a un muy emotivo solo de Scarratt. Volvemos a la última vuelta de estrofa y coro, para repetir por última vez el juego de “riffs diferentes” que otorgan un misterioso final al corte. Otro tema para single. Definitivamente para la elección de un sencillo, Saxon fácilmente podrían elegir una canción a la suerte ¡Todas sirven!

Saxon, como todos sabemos, es parte de los fundadores de la NWOBHM, sin embargo han podido encontrar un punto de baricentro entre el Rock n’roll de AC/DC,  el lenguaje épico de Iron Maiden y los riffs cortantes de Judas Priest.

Acoto esto porque el siguiente tema está más cerca del Rock más seco, con tintes “metaleros” como lo ha hecho  Judas en Breaking the Law y Turbo Lover, o incluso la misma banda con The Power and the Glory (1983) . Este sexto corte, titulado Stand Up and Fight!  parte con un grandioso solo en técnica Sweep Picking, con efecto “Chorus”, que rememora bastante el opening del tema Eruption (Van Halen) para saltar de inmediato a un mid tempo relativamente acelerado y la voz de Byford en notas más relajadas. Riffs planos que acompañan la línea vocal saltan a un puente muy melódico y luego a un coro  dividido en dos partes, primero una sublime arenga “You’ve gotta fight, for all that you’re believe in“ y luego un muy seco y directo “Stand Up and Fight”. No hay nada nuevo en su mensaje, mas que la siempre bienvenida apelación a vivir la vida con los cojones bien puestos.  El “entretiempo”  baja de velocidad, pero no de intensidad, y luego del respectivo solo, el tema adquiere un tinte hímnico con una muy bien lograda doblada de guitarras.  La canción vuelve a su velocidad inicial para entregarnos la última estrofa, coro y un grandilocuente final.  Cabe destacar la gran tarea que han hecho en el trabajo de coros para sonar gancheros y pegajosos.

Séptimo track, Walking the Steel.  Nos encontraremos un riff cortado que a su segunda vuelta se une a un marcado ritmo de bajo y batería, a medio tiempo y arrastrado, con mucho peso.  Sobre el mismo riff, la voz cae en un registro medio. El puente es bastante corto para dar con un coro menos melódico que los cortes anteriores, pero con un toque intrigante, que está armado sobre la misma estructura del estribillo. Luego del segundo coro, la base rítmica se vuelve lenta (una batería marcando con bombo, caja y platillo raid) sobre una tétrica voz doblada y baja de Biff y un muy suave solo de Paul Quinn, que va adquiriendo fuerza a medida que el tema sube su intensidad.  Luego del último coro, el tema cierra con un oscuro arpegio de guitarras que comienza a hacer fade out  hasta desvanecerse en silencio. Esta canción podría fácilmente pertenecer al repertorio noventero de Manowar, pero qué diablos, a Saxon le suena muy apropiado también.

Night of the Wolf, comienza de inmediato, en un plan ¾, pero con todo el peso de un acelerado riff. También hay mucho peso debido al uso del platillo Hi-Hat totalmente suelto. Algo del aclamado Teutonic Terror de los germanos Accept podemos encontrar aquí.  Su coro es absolutamente simple, pero épico a su vez.  Seguido al coro, viene una previa de guitarras limpias, pero que no quitan intensidad al tema, gracias a la potente base rítmica en la batería de Nigel Glocker y el bajo de Nibbs Carter.  En su sección media, oscura y suave,  hay un muy céltico solo de guitarra, que parte con guitarra acústica (con cuerdas metálicas) y que de a poco toma potencia al convertirse paulatinamente en un solo de guitarra eléctrica, siempre acompañada de una subida de fuerza en la canción (esa alza desde suave hasta bombástico, también conocida como Pianissimo crescendo a Fortissimo).  Hacia el último coro, la batería agrega más poder al resultado, al aplicar un ametrallador doble bombo. De lo más pesado que le he escuchado a la banda en toda su discografía.

Noveno y penúltimo track. Wheels of Terror.  Ambas guitarras en el mismo riff, jugando con quintas (esos acordes de dos cuerdas típicos del rock) nos lanzan a otro pesadísimo medio tiempo, con la voz en un registro un poco más bajo. Tema de esencia siniestra y arrastrada.  En su estribillo se mantiene el riff inicial, y a la mitad de éste, el mismo riff sube un tono y medio, antes de dejarnos caer un coro más oscuro y violento. Los efectos en la voz, particularmente dados por la voz en dos notas (una en registro medio, y la otra muy aguda) además de un efecto de eco muy escalofriante, logran dar un ambiente muy inquietante al resultado final. En su mid section  encontraremos una subida en velocidad, con un solidísimo doble bombo y una eventual doblada de guitarras. Un tema que podría haber calzado perfectamente en la época gloriosa de Accept o Judas Priest. La banda no optó aquí por un coro melódico y radial, sino por algo más épico y oscurantista. Aún se me hace increíble la capacidad vocal del para nada joven Byfford, quien no sólo alcanza altos registros, sino también una variada gama de interpretaciones, a veces nasal como Bon Scott, como también lírico y filoso como Rob Halford.  Finalmente el tema termina con un violento ¡Fire! y un certero cañonazo, recurso para nada nuevo, pero absolutamente bombástico.

Cualquiera que hubiese esperado un épico final para esta placa, simplemente no anduvo ni cerca.  Saxon se reservaron el tema más Hardrockero para cerrar su nueva entrega.  Standing in a Queue posee el riff más AC/DC que pudiesen haber logrado. Unos marcados riffs en intervalos hacen sonar este tema muy en plan Who Made Who  o Hell Ain’t A Bad Place to Be, con lo cual queda de manifiesto el interés y capacidad de la banda para oscilar entre el Heavy Metal y el Rock n’ Roll de la vieja escuela. Como nunca la voz logra esas callejeras tesituras entre Brian Johnson y Marc Storace (Krokus).  El puente es corto y ganchero, para llevarnos a un simplísimo coro basado en el riff inicial.  Los solos, lejos de hacer shredding o juegos de virtuosismo, toman las clásicas escalas del rock (no es necesario nombrar a Angus Young). Definitivamente el broche de oro para el vigésimo esfuerzo de los sajones huele a pichanga desde cualquier ángulo.  El final del track es tan repentino como su comienzo, con un último coro repetido cuatro veces y la banda cerrando la canción al mismo tiempo, de manera seca y cortante.

Eso es, estimados lectores, el final para la nueva flamante entrega de los británicos Saxon. Y he aquí un par de comentarios adicionales.  Me parece muy interesante el cómo una banda suena mucho más atemporal cuando vuelve a su sonido de antaño. Esta senda que la banda sajona retomó los hace sonar mucho más actuales que los “modernos” discos que sacaron en la década de los ochenta, cuando incursionaron con las producciones de sonido más plásticas y “edulcoradas”, como lo que lograron en Rock the Nations (1986), suavizando su “aura” en resultantes como el cover de Christopher Cross, Ride Like the Wind. Para muchos, un magnífico cover, pero para sus fans acérrimos no fue nada más que un ablandamiento de la banda para sonar Radio Friendly, tal como lo hizo –con mejores dividendos-  Def Leppard en su período Pyromania – Hysteria- Adrenalize.

Es recurrente que las agrupaciones consolidadas posean un período especial en el cual definen su sonido, seguido de su peak de popularidad y donde logran grabar su nombre en la lista de bandas clásicas. Luego de este período glorioso, también es usual que exista una baja en su impacto, sin embargo regresan a un merecido sitial una vez que revisitan sus raíces, retomando y reinventando sobre la fórmula que los catapultó a la fama. No son todas, pero sí  muchas las bandas cuya segunda mitad de su historia consiste en seguir una línea evolutiva menos arriesgada, y que es siempre bien recibida por su círculo de fans más radicales.

Habrán quienes se quejen de esto y también tantos otros que lo agradecerán. En el caso de Saxon, definitivamente su “Vuelta a las raíces” ha logrado que recuperen gran parte de su fanaticada, como también su vigencia que se vió accidentada entre la segunda mitad de los ´80 y la primera de los ´90. La banda vive un segundo aire desde hace ya 15 años, volviendo a ser parte indiscutible de los grandes festivales de rock en el viejo continente.

Con respecto al sonido del álbum, puedo decir que suena muy consistente, y que a pesar de que se tomó bastante provecho de la ingeniería digital, es la composición y factura de estas diez nuevas canciones lo que sale a primer plano como material Old School. Personalmente, mientras lo escuchaba, no dejé de tener la sensación de que este disco lo escuchaba en vinilo. Y no es por su sonido (que dista mucho de sonar análogo) sino por el “dejo vintage” que la composición de las canciones tiene en sí.  Aquí Saxon apostó a ganador por canciones de estructura en plan Rock/Metal clásico.

En conclusión, no encontrarán mucho de “incorporar nuevas influencias” en este disco, pero sí puedo asegurarles que este nuevo puñado de tracks suena absolutamente inspirado, bastante lejano a sonar a “Refrito de viejas glorias”.   Disco absolutamente recomendable para quienes buscan la cuota exacta de metal y rock ganchero. Si es eso lo que esperabas, entonces esta nueva entrega de la banda sajona no te va a defraudar.

 

11 comentarios
  1. ... Dice:

    Por que todo el mundo hace como que Saxon empezo con el Wheels Of Steel? el homonimo es una obra maestra

    Sobre el review, no puedo decir mucho porque aun no escucho el disco entero, solo el tema que le da nombre al disco

    • Mauro Valencia Dice:

      El primer disco (y homónimo) de Saxon es buenísimo, sin duda.Sin embargo es la trilogía ya nombrada donde la banda «forjó» su sonido propio y es – a su vez- recordada con más apreciación por sus seguidores como su gran aporte a la NWOBHM.
      Saludos!

    • Starship Trooper Dice:

      A mi personalmente me parece un disco solo decente, bastante primitivo pero se deja oír. Para mi gana enteros con ‘Frozen Rainbow’ tremendo temazo y la también buenísima ‘Militia Guard’, pero está lejos de ser de mis preferidos de la banda. Algo similtar me pasa con el primero de Accept, por ejemplo.

      Estoy de acuerdo con que de Wheels of Steel hasta Power of the Glory se considere su época clásica. Aunque tienen una cantidad de discazos inabarcable: Forever Free, Unleash the Beast o este Sacrifice.

      • Chronologo Dice:

        El Unleash the Beast es justamente eso, una bestia de disco, ese sonido más pesado que tomaron ahi fue genial.

        • Pretoriano Dice:

          El Unleash es absolutamente corta-yugulares y marca un sonido Saxon 2.0 que es el sonido que han explotado hasta ahora y que nos ha entregado discazos como Metalhead, Lionheart, etc.

          Saxon es más que los emblemáticos discos de los 80’s. Lamentable que sea ya practicamente imposible que vengan a Chile. Sobre el escenario son tan demoledores como mágicos con sus eternos clásicos… Aún se me paran los pelos recordando «And the bands played on…»

  2. Xween Dice:

    Un Capo Biff… la garra que le pone a las canciones le dan un sello único… respecto al disco, son esos trabajos «parejitos» que distan de ser x lo mismo de bajo nivel, al contrario, entretienen de principio a fin.

  3. Starship Trooper Dice:

    Un buenísimo trabajo se han sacado de la manga los sajones… otra vez. El Call to Arms ya me había parecido la rajeitor, y este Sacrifice anda por ahí también. Está lleno de lo que se espera de Saxon: temas coreables, efectivos, cargados de rock’n’roll y el más puro heavy metal. Biff, a su edad, suena colosal, lleno de energía, y en general toda la banda se oye muy bien. La duración del mismo también es la justa y precisa, no se hace ni corto ni largo.

    Hightlists del disco: Sacrifice, Guardians of the Tomb, Warriors of the Road.
    Puntos menos buenos: Walking the Steel y la última, son temas rockerillos, no digo que eso sea malo, pero estos dos me parecen temas más normalitos que otros como Chasing the Bullet o el clásico Wheels of Steel.

  4. Chronologo Dice:

    Hasta ahora este disco me parece superior al Call To Arms, los lead de las guitarras los encuentros más consistentes y este disco me parece un poco más energico, debe porque tiene canciones un poco más rapidas que el Call To Arms. Saxon tiene una formula que no agota, es de aquellas bandas que quizas son un poco predecibles pero que tienen un sello personal en su sonido que jamas aburre.

  5. AlvaRock Dice:

    Bueno y que pasa con las productoras, Saxon viene el 28 de marzo a Buenos Aires y acá hasta ahora no pasa nada, que onda con la productora que los trajo el 2011, yo creo que si lo hacen un fin de semana va mas gente que ese show, q estuvo increible. PRODUTCORAS ponganse las pilitas, no podemos dejar de verlos estando al otro lado de la cordillera…. a juntar firmar cauros!!!!

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