Fácilmente podríamos decir que ayer domingo asistimos nuevamente al extinto “The Metal Fest”. Siete bandas y dos escenarios, más un gran despliegue de stands de merchandising, patios de comida, exposiciones y miles, miles de fanáticos que se dieron cita en el Movistar Arena, prometían una jornada de ensueño durante la segunda versión del festival Santiago Gets Louder. Y así no más fue, puesto que asistir a este tipo de eventos es toda una experiencia en sí. Lo pudimos comprobar en primera instancia mientras Tirano y Vimic abrían los fuegos en el Talavera y Domo Stage, respectivamente, ya que realizamos las típicas vueltas de reconocimiento, tanteando terreno y comprobando el ánimo de los cerca de 1.500 asistentes que se encontraban en el recinto durante las primeras horas del festival.

El primer punto a destacar -y por qué no decirlo, digno de aplaudir- fue la puntualidad y la rigurosidad para cumplir los horarios establecidos previamente por la producción. Decimos esto porque la logística y la organización de este tipo de shows prácticamente va determinando la disposición y el comportamiento del público. Vale decir, si desde un principio se da cuenta de que todo está en su lugar, básicamente la sensación de que estás en buenas manos te ayuda a disfrutar de mejor forma a cada una de las bandas. Bien ahí.

Entonces, entrando de lleno al show, a las 16:00 hrs. en punto Walter Giardino Temple logró llenar de gente todo el espacio dispuesto para su presentación en el Talavera Stage.

WALTER GIARDINO – TEMPLE

¡Madre mía como canta Ronnie Romero! La verdad es que no hay otra forma de comenzar este análisis. En serio, ¿notaron toda la calidad y el desplante de nuestro compatriota? Sin restar mérito al resto de la banda y mucho menos al maestro Walter Giardino, la verdad es que el vocalista de alguna forma se las ingenió para salir adelante pese a todos los problemas de sonido a los que se enfrentó. Si bien hay un sinfín de videos de gran resolución en la red respecto a su participación con Ritchie Blackmore, lo cierto es que poder apreciarlo más de cerca y tener la posibilidad de conectarse con cada una de sus interpretaciones es sencillamente indescriptible. Lo decimos de nuevo, sí, hubo muchos, muchos problemas de sonido durante toda la presentación. Por momentos se mostró bastante incómodo y molesto al mirar a su técnico de sonido, pero lo cierto que esto no lo detuvo para despacharse unos tonos más que envidiables.

Las clásicas Corte Porteño y Sobre la Raya fueron las encargadas de dar el puntapié inicial. La verdad es que la primera costó distinguirla en sus primeros acordes, principalmente por los problemas en el micrófono ya mencionados, y también por el altísimo volumen de la guitarra. Aún así, el “Ella vive esperando oculta en la oscuridad/ es un alma porteña y ronda por la ciudad…” a estas alturas es inconfundible. Punto para Ronnie además, puesto que los que estuvieron atentos notaron que jugó un poco con la letra al decir “es un alma chilena“. En tanto, la segunda fue acompañada por un enérgico headbanging gracias a la gran base rítmica de Pablo Motyczak en el bajo y Fernando Scarcella en la batería. Para qué mencionar el teclado de Javier Retamozo o los solos de Walter. Sencillamente notables.

El primer cover llegaría con la mítica Man on the Silver Mountain. Desde luego que tuvo un gran recibimiento al ser conocida por todos, y si bien las contrariedades persistieron en gran medida, el cantante sobresalió con una interpretación perfecta. Mismo asunto para Cacería, que tras las correspondientes palabras de agradecimiento, todo se tornó en una aplanadora gracias al doble bombo y a la potente pegada de Scarcella. Entonces, para jugar con la intensidad y con las distintas emociones, un interesante contraste se vivió cuando comenzaron a interpretar la rockera Héroes de la Eternidad, ya que versos como “Sólo quiero que hoy escuches mi canción/ se lo pido a tu cansado corazón…” trajeron la calma y el toque setentero tan influyente en la carrera del guitarrista trasandino.

Acercándonos ya al final, no deja de llamar la atención el gran legado de Dio en nuestro día a día. En serio, a todos se nos dibujó una sonrisa cuando comenzó a sonar ese clásico incombustible llamado Neon Knights. Y no es para menos, ya que debe ser uno de los mejores opening tracks de cualquier disco de Heavy Metal alguna vez publicado. Por lo demás, hay que resaltar que fue una versión bastante respetuosa y enérgica. Solo quedaba cantar el “Again and again” con todas nuestras fuerzas. Por último, la encargada de cerrar no podía ser otra que Alquimia. Desde luego que ganó bastante en relación a la versión en estudio, ya que la potencia desplegada en vivo hizo que cada uno destacara a su debido tiempo. Así, con el estribillo “Aprendiz mi hermandad/ signos de lo universal/ Aprendiz fuego y sal/ ángeles y diablos ven que llegará” se puso término a un poco más de media hora de show.

Como mencionamos al inicio de este review, Ronnie Romero demostró que tiene méritos de sobra para llevar la batuta de cualquier banda a nivel mundial. Con muchos aspectos en contra logró sacar adelante la tarea en base a su técnica y a su confianza sobre el plató. Por otra parte, los instrumentistas derrocharon clase de principio a fin y conformaron una base sólida para apoyar a Walter Giardino. obre este último, si bien podríamos nuevamente destacar la calidad de sus solos y toda su experiencia, a estas alturas parece ser totalmente innecesario, realmente un maestro. Contra vientos y marea, gran, gran concierto.

Setlist Walter Giardino Temple:

  1. Corte Porteño
  2. Sobre la raya
  3. Man on the Silver Mountain (cover de Rainbow)
  4. Cacería
  5. Héroes de la Eternidad
  6. Neon Knights (cover de Black Sabbath)
  7. Alquimia

RATA BLANCA

Difícil situación la de los trasandinos. No es fácil tener que llorar la despedida de uno de los miembros más antiguos y más queridos de la banda y al poco tiempo estar en la carretera de nuevo. Emocionalmente la pérdida es incalculable y todo aquél que haya visto a Rata en vivo y en directo conoce la importancia y el significado de Guillermo Sánchez sobre el escenario. Para nosotros los fanáticos, la verdad es que la única opción era seguir demostrando esa devoción a prueba de balas hacia Walter Giardino y compañía. Y vaya que no defraudamos, puesto que el escenario central se encontraba con una gran cantidad de metaleros agolpados en los lugares más próximos al escenario para apreciar el acotado -pero no menos potente- show de uno de los platos fuertes de la jornada.

Y no hay descanso alguno para la mayoría de los integrantes, puesto que tan solo habían treinta minutos de diferencia entre una presentación y otra. En base a esto, no puedo dejar de imaginarme a Walter, Pablo y Fernando corriendo por las dependencias del Movistar Arena para llegar al Domo Stage. Situación más que curiosa y aguerrida a la vez. Directo al hueso entonces. Con anterioridad ya vaticinábamos que el setlist sería bastante parecido al de la última visita a nuestro país. Así lo confirmamos al escuchar en primer lugar las entretenidas Los Chicos Quieren Rock y un clásico como Sólo para Amarte, al igual que como sucedió hace un par de años.

La primera y única revisión a “La llave de la Puerta Secreta” (2005) llegaría con la notable La Otra Cara de la Moneda, que además de ser considerado un clásico en este punto de la historia, dio cuenta del excelente sonido con el que nos deleitaban. Gran trabajo de Adrián Barilari por cierto, que demostró un gran nivel en cada una de las canciones. Prueba de ello fueron las primeras líneas de Rock and Roll Hotel. Deslumbrante manera de cantar el “Cuarto de hotel ya no hay forma que pueda dormir/ Cuando pienso que vivo tan lejos de ella digo, porque estoy aquí…“. Y en el estribillo fue algo parecido. Eso sí, contó con la colaboración del bajista Pablo Motyczak (también bajista de Temple) apoyando en el fraseo inicial.

De esta forma, de aquí en adelante todo fue clásico tras clásico. Partiendo por El Círculo de Fuego y la Canción del Guerrero. Pero la que se robó todos los aplausos fue Agord, La Bruja. Acierto total al incluirla en el setlist, y así lo entendimos todos, puesto que el outro con el “Es importante que no pierdas la razón/ debes prestar mucha atención/ Solo a tu corazón…” sonó y fue recibido como un verdadero cañón. Por último, al igual que en otras ocasiones, Guerrero del Arco Iris -con la tremenda ejecución de Danilo Moschen en los teclados- nos daba indicio de que prontamente se vendría el grand finale.

Las escogidas para poner el broche de otro fueron nada más y nada menos que Mujer Amante y La Leyenda del Hada y el Mago. Lo cierto es que cualquier cosa que quisiéramos agregar para describir este nivel de clásicos ya está dicho con antelación. De esta manera, después de un poco más de una hora de duración, los trasandinos comienzan a despedirse bajo una ovación cerrada. A modo de conclusión, voy a ser sincero al admitir que creo que varios esperábamos algún gesto o alguna palabra más explícita para Guillermo Sánchez. Como fanático hubiera sido bastante emotivo presenciar un pequeño homenaje hacia el difunto bajista, pero a la vez entendemos que puede ser una forma de dar a entender que la carrera de Rata continúa y que se sobrepondrán a cualquier adversidad. En fin, sólida presentación.

Setlist de Rata Blanca:

  1. Los chicos quieren Rock
  2. Sólo para Amarte
  3. La otra cara de la moneda
  4. Rock and Roll Hotel
  5. El Círculo de Fuego
  6. La canción del Guerrero
  7. Agord, La Bruja
  8. Guerrero del Arco Iris
  9. Mujer Amante
  10. La Leyenda del Hada y el Mago

KING DIAMOND

Sí, King Diamond debió cerrar el festival. Y a estas alturas eso es lo de menos. Vamos a lo realmente importante, ¡cuántos años esperando su regreso a nuestro país por la cresta! ¡Cuántos años esperando poder escuchar tal nivel de clásicos en estas tierras! ¡Cuántos falsos rumores que jugaron con los sentimientos de miles de fanáticos! Pero basta. Suficiente. Sí. Sucedió. Kim Bendix Petersen arrasó con todo a su paso. Deuda histórica, señoras y señores. ¡Pedazo de concierto que se mandó! No podemos dejar de lado la euforia y la adrenalina que nos embarga. No si presenciamos la interpretación de ese discazo llamado “Abigail” en su totalidad. No si el opening track fue la notable Welcome Home. No si cada uno de los participantes dejó la vida durante la hora y cuarto de show. No si esta performance será recordada como una de las más notables y emotivas que se tenga memoria. Varios necesitábamos sacarnos ese peso de encima. Bien, vamos a los detalles.

Desde ya el telón que cubría todo el escenario era lo suficientemente imponente para vaticinar lo que se vendría, mientras retornaba al reducto principal parte del público que fue hacia el otro escenario a ver la performance de los brasileños de Ego Kill Talent. Las clásicas The Wizard (Uriah Heep) y Out from the Asylum sólo fueron aumentando la tensión hasta que la mencionada Welcome Home abriera los fuegos y pusiera fin a años de sufrimiento e impaciencia. Desde luego que la aparición de la abuela en silla de ruedas no se hizo esperar y rápidamente comenzó una performance como nunca antes se ha visto. Tanto así que durante el “Let me help you out of the chair, Grandma/ Let me touch you, let me feel!” literalmente se iba recreando la letra casi palabra por palabra. A propósito, la voz de King Diamond se ha mantenido prácticamente intacta. Para los más escépticos, busquen su interpretación durante Sleepless Nights y verán cómo se iba adecuando sin problema alguno.

Momento de que el frontman se dirigiera a nosotros para también aprovechar de presentar a cada uno de los integrantes de la banda. Lo particular es que presentó a Pontus Egberg como Pontus Norgren (el cual de igual forma se encontraba dentro del recinto, ya que es uno de los ingenieros en sonido de la gira que nos convoca) y para cuando notó su error un par de canciones después fue personalmente a disculparse con el bajista. Un crack. Y bueno, hora de otro clásico. Y vaya clásico. Acorde a la fecha además. Halloween multiplicó los saltos y los headbangings durante toda la intro. Así, la única revisión a “Fatal Portrait” (1986) quizás mostró la mejor forma de la banda musicalmente hablando. Decimos esto porque fue tocada con una soltura y una energía que traspasaba hacia todo el recinto. Pedazos de solo que se despachan Mike y Andy por lo demás.

En este punto debemos hacer una pequeña pausa y comentar una situación curiosa y plausible a la vez. Vamos por parte, una vez finalizado el track anterior, Mr. Diamond comienza a mirar a su alrededor cada parte de la tremenda escenografía que había a sus espaldas. De manera transparente nos da a entender que el show no debía ser de esa forma, básicamente porque las luces no estaban funcionando como era debido. Y claro, toda la iluminación que estaba dispuesta alrededor de las cruces invertidas, bajo las gárgolas y alrededor de las escaleras se encontraban apagadas. La atmósfera hasta ese momento era bastante oscura principalmente por este hecho. Entonces él nos propone una especie de trato: tomarse el tiempo que sea necesario para arreglar el problema y luego poder tocar toda la noche de ser necesario, además de afirmar que nos iba a dar el espectáculo por el cual habíamos pagado, sí o sí. Ovación cerrada. Tras un par de minutos con el escenario vacío, desde la mesa de luces dan el visto bueno para continuar el concierto, a lo que el vocalista responde casi con rabia “Show me that it works!“. Y sí, efectivamente el cambio fue evidente durante Eyes of the Witch. Un crack con todas sus letras.

Hora de recordar a Mercyful Fate  y qué mejor que hacerlo con dos temazos como Melissa y Come to the Sabbath. Con la primera, la sección de cuerdas se llevó todos los aplausos ya que lograron recrear la atmósfera de manera perfecta mientras el frontman cantaba “Melissa, you were mine/ Melissa, you were the light“. Por supuesto que los más entusiastas se animaron a tratar de llegar a los tonos del vocalista. En tanto, algunos simplemente observábamos casi en éxtasis como se comía el escenario con nada más que su presencia y cómo la actriz que daba forma al personaje principal hacía su performance sobre el balcón recreado en la escenografía. En cambio, la segunda fue interpretada como era de esperarse. Derechamente el Movistar se convirtió en una sola voz al cantar el “Come come to the sabbath/ Down by the ruined bridge/ Witches and demons are coming/ Just follow the magic call!” y los cambios de tiempo perfectamente marcados por Matt Thompson sellaron una ejecución perfecta. Obviamente que las armonías y los solos de Andy y Mike también se llevaron todas las miradas. Pequeña pausa con Them sonando de fondo y se venía lo mejor.

Ahora sí, tras un breve descanso rápidamente comenzó a sonar Funeral por los altoparlantes. Es aquí cuando parte de la cancha comenzó a abrirse para generar un mosh de grandes proporciones. Dicho sea de paso, notable el cambio de los telones de fondo. Pasamos de tener una imagen central de Jesús rodeado de varios demonios, al frontis de una catedral gótica en cosa de segundos. Y eso no es todo, puesto que la teatralidad fue llevada al límite cuando desde un ataúd King saca a Abigail y pronuncia “That must be it“. Sí, la historia de “Abigail” iba a ser recreada hasta en el más mínimo detalle. Musicalmente en tanto, bastó esa pequeña frase para que Arrival desatara el caos y todos comenzáramos a alucinar con lo que estábamos presenciando. Bastaba ver la cara de los que se encontraban a tu alrededor para entender la importancia de este show. Hasta alguna lágrima vi caer por ahí. Por lo demás, ¡qué temazo por la cresta!, es increíble cómo se va narrando la historia y como va tomando forma a medida que la letra comienza a avanzar. Interpretada a la perfección.

Y la situación solo fue en alza. El doble bombo y el ride de Matt durante A Mansion in Darkness aplastó todo a su paso, siempre seguido muy de cerca por Pontus Egberg. En cuanto al cantante, cuánta energía al entonar “Riding up the alley in the rain/ No lights to show the way…” mientras que al mismo tiempo interactuaba con Miriam Natias. Sí, literalmente las hace todas. Conoce su lugar a la perfección y hasta le da tiempo para incitarnos a nosotros a cantar “The shadows at the gate, they seemed to be alive/ Yeah, the shadows at the gate/ Alive!“. Imposible seguirle el paso. Más aún durante The Family Ghost donde se manda unos fraseos realmente envidiables.

Y cuando decimos que ningún detalle es dejado al azar realmente hablamos en serio. Prueba de ello es que antes de que comenzara a sonar The 7th Day of July 1777, los tramoyas que llevaron las guitarras acústicas a cada costado del escenario iban vestidos como monjes con la cara cubierta y muy metidos en su papel. Vale decir, ningún movimiento brusco o alguna salida de libreto. No. Todo pensado a la perfección. En cuanto al tema en sí, ¿qué más se puede decir? ¡Simplemente sublime! Es cierto que podríamos centrarnos netamente en la ejecución de este, pero estaríamos siendo injustos con la tremenda performance que ocurrió sobre las escaleras. Como la historia lo indica, la esposa del conde es dejada caer desde lo alto y es así como pierde el bebé que llevaba en su interior. ¡Excelente juego de luces! No había otro lugar donde mirar, toda la atención estaba puesta sobre el momento de tensión.

Al tener una letra más bien breve, Omens fácilmente fue una de las más coreadas de la noche. Tan solo bastaba escuchar el “Deadly! omens!” para comprobar esto último. Buenísimas las transiciones del teclado con los posteriores solos de guitarras. Cada matiz sonaba tanto o mejor que su versión en estudio, gracias a un nivel de sonido descollante. Obviamente que a su vez los aspectos visuales continuaron, esta vez lanzando pétalos de rosa para luego seguir con las apariciones de Miriam. Por el contrario, The Possession fue tocada directa y al hueso. Tras esa intro de batería, los “Eh! eh! eh!” no se hicieron esperar y como mencionamos anteriormente, esta fue quizás la canción más potente y “cruda” en su sonido. La verdad es que describir la posesión por el espíritu de Abigail no podía ser de otra forma.

Acercándonos al final del álbum, el riff inicial de Abigail retumbó en todo el Movistar Arena. Cómo sonó el “Miriam can you hear me!“, madre mía. La verdad es a que esta alturas no debería sorprendernos ya que básicamente lo que escuchamos durante la homónima y el ending track Black Horsemen fue una especie de resumen de todo el show en cuanto a las actuaciones, el sonido y la ejecución de cada instrumentista. Final épico cuando los monjes se llevan a Miriam tras su muerte mientras escuchamos “That’s the end of another lullaby/ Time has come for me to say goodnight“. Y así no más fue. Siendo las 20:40 hrs. toda la banda comienza a despedirse entre una ovación cada vez más estridente. El show se hizo cortísimo y no es de extrañarse. Rotundamente afirmamos que fue una de las mejores presentaciones de Heavy Metal que ha pisado nuestro país en todo aspecto a considerar. Sonido, puesta en escena, nivel de interpretación, juegos de luces y el recibimiento del público. Ténganlo presente, la tarde del domingo hicimos historia. ¡Aguante King Diamond!

Setlist de King Diamond:

  1. Welcome Home
  2. Sleepless Nights
  3. Halloween
  4. Eyes of the Witch
  5. Melissa (de Mercyful Fate)
  6. Come to the Sabbath (de Mercyful Fate)
  7. Funeral
  8. Arrival
  9. A Mansion in Darkness
  10. The Family Ghost
  11. The 7th Day of July 1777
  12. Omens
  13. The Possesion
  14. Abigail
  15. Black Horsemen

MEGADETH

Para el redactor, escribir un live review sobre Megadeth resulta bastante complejo y a veces frustrante. Principalmente porque es una banda que nos visita con bastante, bastante regularidad. Prácticamente un show por año. Entonces, ¿cómo evitar ser redundante al analizar un espectáculo que has visto en varias ocasiones?. Por favor, no me malentiendan, bajo ningún motivo estamos estableciendo una queja o un reclamo por la cantidad de veces que Dave Mustaine pisa nuestro país. Es más, personalmente esta es una de mis bandas favoritas de toda la vida y siempre será un agrado escuchar los clásicos de siempre. La cuestión entonces va por otro lado. Volviendo unas líneas atrás, como fanático acérrimo uno ya va con una idea preconcebida sobre lo que presenciaremos durante una hora y media. El setlist es más o menos predecible y hemos llegado a un punto en el que cada canción se ha convertido casi en una coreografía de miles de participantes. Cada uno sabe cuando gritar, cuando saltar y cuando realizar un mosh de proporciones épicas. La complicidad está a la vista y no hay mucho en lo que innovar.

Entonces, ¿qué sucedió cuando comenzó a sonar Hangar 18? Exacto, lo que todos se están imaginando en este preciso instante. Cada uno coreando los riffs, cantando ambas estrofas y esperando la sección de solos para dejar la vida gritando “Megadeth!…Megadeth!…Megadeth!“. Catalogarlo como todo un ritual pareciera ser poco. Y durante Wake Up Dead la situación no fue distinta. Comenzaron a aparecer pits cada vez más numerosos y la cancha ya era un total descontrol. Tanto así que en el sector derecho se encendió una bengala que lo único que hizo fue desatar un caos para enmarcar. Y esto no dejó indiferente a nadie, ya que un par de guardias saltaron la reja divisoria y literalmente ingresaron al medio del mosh para poner todo en orden. Bueno, eso intentaron, porque la verdad es que no había forma de calmar los ánimos, puesto lo siguiente sería In My Darkest Hour, que siempre trae consigo esa catarsis colectiva y esa interpretación tan propia de su lírica. Mi parte favorita por lejos es cuando la cancha se abre súbitamente mientras el colorado gesticula cantando “I walk, I walk alone into the promised land/ There’s a better place for me but it’s far, far away“. Lo que sigue es tierra conocida. ¡Demoledor!

Uno de los tantos clímax se vivió durante la dupla conformada por The Threat is Real y Skin o’ My Teeth. Más detalladamente, durante la primera por fin pudimos tomar un pequeño respiro y de verdad poder apreciar en alguna medida el desplante que había sobre el escenario. Dave Mustaine ya nos tiene acostumbrados a los aspectos visuales -tanto en las pantallas como en los juegos de luces- para darle más sentido a cada canción. Entonces, el clímax mencionado se vivió entre la transición hacia la segunda canción. ¿Se imaginan el por qué? Exacto, ¡apareció otra bengala! Ojo, bajo ningún motivo estamos incitando a este tipo de comportamiento, pero seamos francos al decir que estos detalles son los que van dando cuenta del éxtasis de los presentes. Dicho sea de paso, gran decisión de incluir Skin en el setlist, pedazo de tema.

Momento de que David Ellefson y Dirk Verbeuren queden solos en escena y comiencen a interpretar ese interludio llamado Dawn Patrol. Señal inequívoca de que nuevamente se formaría un campo de batalla apenas comenzara a sonar la parte rápida de Poison Was the Cure. ¿Alguien pudo mantener su posición sin que lo empujaran? Yo lo único que recuerdo es que se formaron dos mosh simultáneos uno al lado del otro. Dicho de otra forma, podías pasarte de un pit a otro dibujando una especie de número ocho con tu desplazamiento. ¡Para enmarcar!

Bastó tan solo un golpe en la batería para que todos nos diéramos cuenta de que se venía Trust. Durante la intro poco a poco se van calentando motores y es sabido que hay que cantar la letra de principio a fin. Y no es casualidad, ya que fácilmente fue la más coreada de toda la noche. Además, el coro en español del final ayuda en demasía para dar lo mejor de cada uno de nosotros. Pero ojo, esto no fue nada con lo que se vendría a continuación con la sublime Take No Prisoners. Uff, cuesta encontrar las palabras para describir lo que se vivió durante la rescatada de “Rust in Peace” (1990). Aparte del mosh gigantesco, debo decir que me sorprendió la gran cantidad que se sabe cada estrofa de principio a fin. Sí, es un clásico con todas sus letras, pero al no ser tan recurrente en el tracklist de las presentaciones en vivo, fácilmente muchos podrían “dejarla de lado”. Pero no. Todos cantando el “Got one chance -Infiltrate them-/ Get it right -Terminate them-…“. Para qué mencionar el “Take no prisoners, take no shit!“. Doy fe de que observé a muchos gritar esa parte como si no hubiera mañana. ¡Otro de los clímax!

Sweating Bullets siguió con la senda construida por todas sus predecesoras. La particularidad de este track es que cualquier recinto se convierte en un karaoke instantáneamente y todos ayudamos a que así sea. A modo personal, nunca ha sido de mis predilectas, pero sí le doy el crédito de tener una reacción única dentro de la fanaticada. Situación que no cambia mucho con A Tout Le Monde, la cual fue introducida por Kiko Loureiro y que a todos nos pone un poco más emotivos. Como siempre, el singalong del final fue acompañado por las palmas de cada uno de los presentes generando una postal para el recuerdo.

Al igual que el año pasado, Dystopia tuvo un recibimiento correcto pero bastante lejano del promedio del setlist. A pesar de esto, las melodías y el coro fueron seguidas muy de cerca por todos. Con esto, resulta una labor un tanto ingrata hablar de este tema considerando que vendría otro de los puntos altos de la noche. Señoras y señores, ¡de pie para recibir a Mechanix! Gran, gran sorpresa para nuestro país, más aún considerando que en su anterior visita la escogida del “Killing” fue Rattlehead. O sea, Mustaine y compañía demostraron estar conscientes y comprometidos con realizar los cambios precisos entre un show y otro. Pero volviendo a la canción en sí, que hermoso poder cantar el “Whoever thought you’d be better at turning a screw than me, I do it for my life…” en vivo y en directo una vez más. Clásico incombustible y en la cancha seguía el caos.

Para finalizar la primera parte de la presentación, Symphony of Destruction y Peace Sells agotaron prácticamente todas nuestras energías tras una jornada maratónica en el Movistar Arena. Así, los “Megadeth, Megadeth, aguante Megadeth” y los “If there’s a new way/ I’ll be the first in line/ But it better work this time” resultaron ensordecedores. Por último, Holy Wars…The Punishment Due -con la tercera y última bengala de la noche- fue el epílogo definitivo para un festival que resultó a la perfección. Como mencionamos al comienzo de este análisis, cuesta un mundo innovar cuando se habla de Megadeth y de Dave Mustaine. Sólo queda destacar el gran desempeño de cada uno de sus integrantes. Kiko y Dirk ya son totalmente de la casa.

Setlist de Megadeth:

  1. Hangar 18
  2. Wake Up Dead
  3. In my Darkest Hour
  4. The Threat is Real
  5. Skin o’ My Teeth
  6. Dawn Patrol
  7. Poison Was the Cure
  8. Trust
  9. Take No Prisoners
  10. Sweating Bullets
  11. A Tout le Monde
  12. Dystopia
  13. Mechanix
  14. Symphony of Destruction
  15. Peace Sells

Encore

  1. Holy Wars… The Punishment Due

2 comentarios
  1. Follow the Sign Dice:

    King Diamond, lejos unos de los conciertos más perfectos que he tenido el honor de ver y escuchar. Un sueño que haya venido y presenciar tal leyenda, aún alucinado. Hay que reconocer que la banda del colorín tampoco estuvo mal, debe ser uno de sus conciertos más sólidos que ha dado en Chile, se mandaron además tremendo setlist. Valió la pena el viaje y la plata invertida.

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