There, where eagles fly in the sky over fields of gold, the Kingdom of the Magic. Reaching for the land, for the dream… stories still untold. Still, the legend goes on and on” (coro de The Legend Goes On)

Estamos a dos años del lanzamiento de “Legendary Years”. Un álbum extraño de escuchar con la familiaridad natural que las icónicas canciones selectas deberían evocar. Un álbum que viene más como manifiesto, ya que es sabido que los dos entes responsables del génesis de Thundercross—y Rhapsody posteriormente—se han atomizado hacia dos posturas con respecto a su legado. Y mientras no hay nada de reprochable en una gran gira de despedida, para dar punto final a décadas de leyendas y héroes que se han enfrentado a terribles bestias y trágicos destinos, el co-fundador, compositor orquestal y tecladista, Alex Staropoli, ha tachado esa opción, optando por continuar desarrollando el universo épico con otro arco que este 22 de febrero sale a la luz: “The Nephilim’s Empire Saga” y su primer capítulo “The Eighth Mountain”. “Legendary Years” además introdujo los acompañantes de Staropoli en esta nueva aventura: Giacomo Voli en voz, el alemán Manuel “Manu” Lotter en batería, Alessandro Sala en bajo y, el ya veterano en Rhapsody of Fire, Roberto “Roby” De Micheli en la grabación de guitarras.

The Eighth Mountain” inicia con Abyss of Pain, canción instrumental que se posiciona como el sello-formato introductorio característico de la discografía LP de Rhapsody of Fire.  Tímidos cuarenta y ocho segundos de ecos in crescendo que no alcanzan a elevar la tensión adecuada para dar el primer grito de guerra. Como si fuera poco, el intro corta el momentum y luego de un breve silencio comienza Seven Heroic Deeds, revelándonos un enfoque en la composición que luego se repetirá a través del álbum. Este consiste en abrir la canción con melodía oscura y riffs rápidos, para luego decantar a segmentos más líricos para cuando Voli comience con los versos. La canción pasa rauda, logrando captar la atención con los coros añadidos y cerrando con éstos.

Para Master of Peace y Rain of Fury una idea comienza a surgir: Staropoli al parecer busca experimentar menos—en comparación a los discos que anteceden a este—y excava sonoridades de la inolvidable “Emerald Sword Saga”. Roby De Micheli con gran acierto acompaña a Staropoli por esta senda, apegándose al estilo del prestidigitador Luca Turilli. Mientras Master of Peace, con un gran coro, nos muestra la gran versatilidad y carácter adquirido por Giacomo Voli para adaptarse a Rhapsody of Fire, Rain of Fury deslumbra con el cabalgante inicio, melodía orquestal consistente que le da peso a la canción para balancear un coro bastante blando y fácil al oído. La imagen es atractiva, evoca la espada descrita lanzando llamas y regando los campos de sangre, aspecto visual importante, ya que como la variante de Luca Turilli, Alex Staropoli también describe a Rhapsody of Fire como “la única banda de Metal de banda sonora fílmica”, enfatizando el dramatismo del desarrollo épico.

El disco sufre un quiebre de intensidad con una loa. White Wizard nos introduce un carácter en la obra, en el segmento monomítico donde el héroe se encuentra con su mentor. En todo el álbum, las letras no abordan una complejidad para compararlo a discos anteriores, esta falta de abstracción lamentablemente queda de manifiesto en esta canción, bastante soluble y poco ambiciosa. Aprovechando que todavía no volvemos a los truenos, Warrior Heart viene un poco mejor. Un gran acierto en la melodía de viento y en los coros polivocales, evocando a Village of Dwarves. Cuesta distinguir si eso es un buen signo o no.

A parecer personal, desde The Courage to Forgive comienza lo más interesante del disco, revelando el potencial del nuevo Rhapsody of Fire. La canción es consistente y los coros líricos se complementan muy bien con Voli. En esta ocasión, Manu Lotter se ve más acomodado, sin rellenos innecesarios ni excesos técnicos, sobre todo en los platos y redoble de toms. March Against the Tyrant es una muestra del género rapsódico. Una ópera (o musical) que tiene un desarrollo más narrativo. ¡Que no te engañe el inicio! La canción adquiere los leitmotiv de los personajes, partiendo con un monólogo romántico del héroe para después—quizá muy apresuradamente—hacer un llamado a las armas.

El noveno track, Clash of Times, es para mí la imperdible del álbum, donde la banda brilla por conciliar el estilo clásico de Rhapsody con la nueva era, un gran ejemplo de esto es la singular A Tale of Magic del disco “Dark Wings of Steel”. Reitero, no la puedes dejar pasar.

Nos acercamos al final del conflicto y al final del álbum. La alegre The Legend Goes On marca el triunfo del héroe en este capítulo. Esta es una de las lanzadas anticipadamente en video lyric, y según mi experiencia, las primeras expuestas no suelen ser las más brillantes del disco. Por supuesto, no podía faltar una balada. The Wind, the Rain and the Moon honestamente está lejos de ser Lamento Eroico, pero cumple su función monológica. La canción cae dentro del esquema. Es agradable al oído, pero fácilmente olvidable.

Y el broche de oro se llama Tales of a Hero’s Fate. Temazo de larga duración que pone a prueba el registro vocal del nuevo frontman. Giacomo Voli pasa desde el gutural hasta tonos increíblemente altos, casi falsetes. Los tonos oscuros en el tema se muestran consistente a diferencia de las canciones anteriores. Altamente barroca en la guitarra, nuevamente al estilo de Luca, abundan los sweeps y pasajes rápidos de guitarra cuando la progresión de la canción comienza a evolucionar hacia un interludio dramático narrado por el inmortal Christopher Lee (Charlemagne), quien detalla el backstory del antagonista principal de la humanidad: el advenimiento de la venganza de los caídos Nephilim; titanes semidioses híbridos de humano y ángeles de las leyendas hebreas, que en un tiempo esclavizaron a los humanos y, con la rebelión de estos últimos, fueron desterrados a la oscuridad. Pacientemente los Nephilim esperaron, y formando una alianza con una avanzada raza (posiblemente cibernética) llamada “The Constructs”, planean eliminar la humanidad.

Rhapsody of Fire sigue vivo y la característica composición de Alex Staropoli es reconocible en este disco. Junto a Turilli eran la potencia, pero Staropoli ha demostrado suficiente protagonismo en el legado de Rhapsody como para continuar la leyenda bajo nueva compañía. La adaptación de Voli al gran vacío que deja un vocalista como Lione, produjo muy buenos resultados en este lanzamiento. Por otra parte, a Manu Lotter le sobra la técnica, sonando a veces como baterista de banda progresiva, pero su gran habilidad, junto a Roby De Micheli y Alessandro Sala, aterrizan la predominancia de los arreglos orquestales y las melodías wagnerianas hacia el sonido pesado del Power Metal.

 

Gabriel Rocha