Rhapsody Of Fire
Cuervo
Ex Sala Dos - Concepción, Chile
23 de junio de 2012

Hay una primera vez para todo, pero también segundas oportunidades para una primera vez y así lo vivió Concepción con Rhapsody Of Fire, en un show con toda la euforia de un debut, de la experiencia de encontrarse con algo jamás visto y siempre anhelado, un sueño que la magia de esta música hizo posible el sábado 23 en el sur del país.
Los metaleros penquistas no se mostraron tímidos a la hora de transmitir lo ilustre de esta visita, de lo ansiada que era. Con shows pasados como los de Sonata Arctica, Therion, Napalm Death y Kreator hace años atrás, Concepción parecía convertirse en una plaza fija para conciertos de este tipo y por algún motivo aquello nunca se afianzó, con presentaciones exitosas que eran excepciones entre tantas cancelaciones reprochables, como cuando Malevolent Creation llegó, hizo la prueba de sonido y no pudo tocar. No digamos que una tocata hace milagros y que de nuevo la ciudad brilla por su escena, que hay un antes y un después con Rhapsody Of Fire ni mucho menos, sin embargo se cumplió un deseo, se atendió una exigencia ante la cual los de Concepción respondieron con un entusiasmado sold-out.
El terciopelo rojo a mal traer de las butacas de la ex Sala Dos sólo serviría para amortiguar los saltos de los enfervorizados asistentes, que repletaron asientos y pasillos en un cuadro que se veía imponente desde el escenario. Espacio no había para la bienvenida de Rhapsody Of Fire a Concepción, ¡y euforia rebosaba! Sólo queda recordar el momento en que la banda terminó la prueba de sonido y salió del recinto por el mismo acceso por el que entraba el público. Cinco guardias y cientos de gritos de la fila que pusieron la piel de gallina a Alex Staropoli, quien quedó electrificado con el recibimiento, ¡si los “RHAPSODY, RHAPSODY” parecían truenos! Abrazos hasta al manager y al técnico de sonido (Basi, quien mezcló el álbum de Luca Turilli) en respeto y algarabía, una bienvenida impresionante que dejaba ver que para nadie se trataba de sólo un concierto más.

Y dicha alegría, pese al destrozo de los asientos que estaban adelante, se encausó en beneficio del concierto y aquí creo que hay algo muy importante que señalar: Concepción le da una lección de comportamiento a Santiago y me refiero al recibimiento del acto de soporte, Cuervo. A las nueve se fijó su salida al entarimado y a diferencia de la capital, ya había mucha gente en el teatro, esperando con curiosidad, atención o incluso conocimiento de causa la actuación de los temuquenses. No existió eso de la espera tediosa con el telonero, ¡nada!, porque el grupo apareció luego que se apagaran las luces y el recibimiento del público fue excelente, haciendo a Cuervo partícipe absoluto de esta fiesta, no como convidados de piedra.
Con sólo ver la reacción del teatro lleno ante el grupo, pensé que quizás este sería el mejor público de la gira. Con cada canción terminada se escuchaban aplausos en los cuatro rincones del lugar, vitoreos como si se tratase de un conjunto internacional, con una fuerza que emocionaba. Y no se trataba simplemente de llegar y apoyar, sino de verdaderamente disfrutar con la música. De hecho, simplemente no pude creer los gigantes gritos de “CUERVO, CUERVO, CUERVO” desde todas partes de la sala al final de la media hora de espectáculo, cosa que ni siquiera con Six Magics pasa en Santiago cuando abre un concierto.
Eso permitía que la banda lo pasara genial a base de un Heavy Metal tradicional melódico de gran interpretación en vivo. No hay registro de estudio que le haga justicia a lo que Cuervo hace en escenario y eso se notó especialmente en la voz del joven Sebastián Morales, quien mostró registro, sentido de show y agradecimiento, motivando al público y llevándose los puños al peso. Ese latido metalero se escuchaba fuerte, y verlos allí era mirar a músicos viviendo algo de suma importancia para ellos.

Ello porque al igual que Concepción quería su turno de ver a Rhapsody, Cuervo por mucho tiempo insistió con la oportunidad de tocar así junto a una banda extranjera no sólo no defraudaron, sino que a mi juicio marcaron uno de los mejores shows de apertura que haya visto en cuanto a recepción, ya que pese a haber actuado con Symfonia el 2011 considero que este es el verdadero logro que buscaban. La respuesta fue increíble y no sólo vino de los pocos temuquenses que fueron. Quizás le dieron visto bueno al honor de representar al metal sureño frente a Lione, Staropoli y el resto, pero lo cierto es que dieron un show que me gustaría mucho algún día ver en la capital, cosa que no depende de los músicos, sino de los que pagan su entrada. Varios incluso llegaron sin saber que había teloneo e igual se contagiaron. Ante eso, no hay mucho más que decir, sólo que Alex Holzwarth señalaría en backstage que con esta situación ganan todos, ¡y vaya que lo fue!
Setlist de Cuervo:
01. La vida en su interior
02. Praderas que renacen
03. Lluvias de sangre
04. Llamado de los mares
05. Punto de Salvación
06. Dimensión sin realidad
07. Guerra por la paz
FROM CONCE TO ETERNITY!!!
La subida de Rhapsody estaba fijada a las 22:00 horas y todo se encontraba listo, hasta que por error una persona de la administración quiso apagar el foco blanco situado encima del escenario, ¡cortando toda la electricidad! Se repuso rápidamente, pero se resetearan todos los juegos de luces programados, haciendo que el iluminador perdiera su trabajo de toda la tarde. Eso por supuesto causó una emergencia y ni idea cómo lo habrán solucionado, si habiendo guardado una memoria de respaldo o simplemente improvisando mientras transcurrían los temas. Uno de los técnicos al parecer también se vio contrariado y tuvo que ir a la mesa de sonido, pero había que sacar el show adelante y así, a la hora pactada, comenzó la experiencia de Rhapsody Of Fire en Concepción.

La euforia entre luces, humo, gritos, puños y cámaras se asemejaba a un deshago de la ciudad ante la introducción Dark Mystic Vision/Ad Infinitum. El público era más fuerte que la narración de Christopher Lee, mientras que las luces de fondo oscurecían las siluetas de Oliver, Roberto y Tom. A falta de Fabio aún, era justamente el (¿ex?) bajista de Blind Guardian quien lideraba la carga haciendo que todos levantaran sus brazos haciendo hey, hasta que llegó Lione y el escenario se iluminó de rojo logrando una apertura atronadora. El cantante saludaba y el resto se enfervorizaba, dejando como víctimas a las butacas de adelante. La audiencia cantó el épico coro de From Chaos To Eternity como si fuera un clásico de hecho, enseñando que este último disco de Rhapsody Of Fire con Luca Turilli está excelentemente ponderado por los fanáticos. El ambiente de dramatismo llegó con las primeras notas y simplemente todos se entregaron.
Triumph Or Agony, número fijo ya en el comienzo de los shows de Rhapsody, puso una mayor nota de profundidad con su introducción, pues las guitarras de Hess y de Micheli que se escuchaban más gruesas que en versiones anteriores. Las luces blancas invitaban a todos a unirse a la fiesta y esta por supuesto aumentó con The March Of The Swordmaster, pasando de un ambiente dramático a otro más… ¡no sé! Siempre me ha parecido una canción muy especial, de marchas épicas pero con una cadencia fantasiosa que le otorga muchísima cercanía, efecto que se sintió con sus sutiles melodías aunque también con los fuertes gritos de guerra guiados por Lione en el coro.
Con la misma potencia, el cantante pidió cantar Unholy Warcry y allí me causó mucha atención ver cómo Tom y Roberto se dividían los solos -cosa que no pudo escucharse en Santiago debido al desperfecto técnico en la guitarra de este último- mientras Oliver y Fabio animaban a los fanáticos. La verdad es que la sección rítmica de Hess y De Micheli sonaba profunda y seca, acompañada del bajo de Oliver que es mucho menos docto que el de Patrice Guers, aunque mucho más metalero, de uñeta y acordes, de rudeza y golpes. Y eso sin duda marcaba una claridad con respecto al sonido, una mayor definición que fue clave para el show, que gracias a sus músicos logró escucharse a cierta altura.

Y bien, conocido es el castellano de Fabio y lo ocupó justo en este momento. Su español es “un poco loco” y así lo reconocería a una audiencia que repletaba hasta los últimos pasillos del teatro y que se enardecía ante la presentación de Lamento Eroico. Quizás haya sido el instante más calmo del concierto en todo caso, ¡simplemente porque es imposible seguir con las voces la soberbia interpretación de Lione! Después preguntaría por las “preciosas chicas” antes de Land Of Immortals, ¡donde el delirio fue épico! Era la primera canción de Rhapsody ante un público que veía a la banda por primera vez, con gritos de ensueño al segundo de percatarse de que la visita era una realidad, ¡y que estaba en su punto álgido! Además, qué sencilla suena en vivo una composición tan barroca y compleja como esta en estudio, y los músicos le sacan el mejor partido botando elementos y priorizando otros.
Silencio más tarde, gritos de “RHAPSODY, RHAPSODY” y solo de batería de Alex, con sinfonías dramáticas de fondo. Holzwarth es de la gran escuela alemana, un metrónomo, una máquina para esta clase de música que en algún momento el mismo reconocería como un deporte, pero adhiriendo una cierta tonalidad a sus golpes que algo de distinción le da si se compara con Jörg Michael o Dan Zimmermann. Luego, se unen las guitarras en armonía y solos, improvisando un Heavy Metal que da paso al solo de Oliver con su contundente bajo, y creo necesario hacer notar su diferencia abismal de presencia escénica en Rhapsody of Fire, en relación a lo que hace en Blind Guardian. En la última, y por ser sólo “integrante en vivo y de estudio”, se restringe a su metro cuadrado al costado izquierdo de la batería, sonriendo siempre, pero ceñido a su lugar. Con Rhapsody Of Fire en cambio su desplante es gigante, moviéndose con el bajo como si fuera el segundo frontman de la banda, siguiendo al público con los ojos, cantándole a todos, levantando los puños animando a hacer lo mismo. Su solo marcado de acordes y notas, arreglando partituras de Bach con cierto tinte latino o mediterráneo, prueba que es una fina adición al equipo liderado por Staropoli y Lione. Después Oliver se une a su hermano en un solo de “base rítmica” con adaptaciones de Rush, un paréntesis aplaudido por el público que no dejaba escapar ningún respiro, enseñando además que su carisma cercano contagia a la banda completa, que entrega un espectáculo mucho más cálido que el que daba cuando estaba Turilli. Esa es una diferencia que los que pudieron ir el 2010 a Santiago seguramente la notaron. Sin embargo, eso no quita que se haya echado de menos a Luca y eso es importante también señalarlo…
¿Por qué?: el factor Hess. En Knightider of Doom me resultó perturbador ver a aquel personaje pretendiendo hacer suyas estas canciones que no la son, hacer suyo este grupo que no lo es, y por presencia, mientras más veía al norteamericano con su arrogancia en escenario, más extrañaba a Luca Turilli, preguntándome qué diablos hace este sujeto en Rhapsody Of Fire. Sí, me es raro verlo como “gerente” de un conjunto en el cual lleva apenas un año, arriba de todo y tan fuera del espíritu de la banda. No así Roberto (el verdadero reemplazante de Luca), cuya energía en el stage era mucho más amable, mucho más espontánea, mucho más “Rhapsody”, o a Oliver, el gran responsable de la buena vibra que igual lograba transmitirse.
En fin, qué señalar de la danza creada por Village Of Dwarves, un recinto repleto saltando arriba abajo con la guía de Lione y Holzwarth. No había espacio para cruzar brazos y girar en círculos como algunos lo hacían en la prueba de sonido, pero el ambiente fue mágico, y por un momento me recordó a lo vivido el 2001 en el Providencia. Once años más tarde, era el turno de Concepción de tener a Rhapsody por primera vez, ¡y vaya que lo estaba pasando bien!
Y luego, con la pregunta “¿quieren cantar conmigo?”, Fabio empieza a jugar con sus entonaciones, pidiéndole al público que lo siguiera y causando risas después de soltar una nota que duraría casi medio minuto. La multitud duro sólo diez segundos, pero el diálogo era bastante especial, hasta que llegó Dawn Of Victory, un momento épico en el que la ex Sala Dos perdió hasta el prefijo de ex, ¡porque quedó irreconocible! Impresionante cuando desde arriba del escenario se prendían las luces blancas hacia las butacas delatando la euforia vivida hasta el más apretado rincón. En un segundo sólo se veía humo en tonalidades rojas y luego, con sólo prender otras luces, la cara de todos los asistentes extasiados, levantándose por encima de las faustosas tinieblas.
Otra vez llegó la oportunidad de hablar de Christopher Lee, recordando al actor cuando cantaba con él The Magic of the Wizard’s Dream… un viejito que grababa las voces sin colocarse los audífonos como era debido, mostrando tanta inocencia como entusiasmo por la música de Rhapsody. Allí, en la ex Sala Dos, Fabio seguía las notas barítono de aquel ilustre invitado y provocaba la admiración de un público a sus brazos. “¿Se están cansando?, ¿quieren más?”, y tras bromear con que sería la última canción, pidió que todos cantaran con él Holy… ¡y Holy Thunderforce fue nomás! Las secciones donde dejaba que la multitud cantara sola sonaban gigantes y participativas, y el ambiente respondía al evento histórico para la ciudad penquista. ¡Una épica espera para un espectáculo épico!
Impresiona pensar acá que hasta ese momento, quizás el tema menos emblemático haya sido Triumph Or Agony y que una vez comenzado de The March Of The Swordmaster sólo se escucharan joyas de Rhapsody Of Fire. Si hagamos la lista: Unholy Warcry, Lamento Eroico, Land of Immortals, Knightrider of Doom, The Village of Dwarves, Dawn of Victory, The Magic of the Wizard’s Dream, Holy Thunderforce… ¡los títulos lo dicen todo! El show era altísimo y pese a ello, todavía faltaba uno de sus grandes clímax, que vendría en el primer encore de un solo tema: Reign Of Terror. En ese momento me acordé de Luca Turilli, porque en una entrevista del 2010 hablaba de lo fantástico que sería ver a Fabio en escenario escupiendo estas “letras positivas” dentro de una “música extrema”, y lamenté que el guitarrista no estuviera presente, ¡ya que el momento fue intenso y sublime! Nunca entendí el motivo por el cual esta composición no fue parte de la gira de The Frozen Tears Of Angels, que no se escuchara el 2010 en el Caupolicán, y creo que su inclusión ahora es una deuda saldada con la canción misma y con el público que se reencantó con la banda tras la salida de ese álbum. Los músicos le dieron el lugar especial que merece, reconocimiento y lucimiento, y en lo personal fue el corte que más disfrute junto con Land Of Immortals.
¡Y el segundo encore vino con toda la vibra de ser un nuevo arranque de concierto!, con la introducción del célebre segundo esfuerzo de Rhapsody y el aun más famoso Emerald Sword, el clásico de este grupo que bien puede ser el Eagle Fly Free de los noventa, posiblemente la pieza musical más importante de su gloriosa época junto con Black Diamond de Stratovarius. El metal melódico no sería lo mismo sin su existencia y su interpretación en Concepción debió enmarcarse en la realidad de “sueño cumplido” para muchos, para varios que nunca pudieron ver al grupo en Santiago y que de la nada se encontraron con la noticia de que los recibirían. Da alegría ver a una multitud disfrutando de unas notas tan claves, encontrar ojos brillosos y voces quebrándose por la emoción, cumpliendo ese maravilloso ciclo que parte cuando se escucha por primera vez un tema que sabes que te marcará por siempre, y se cierra con los músicos en tu cara tocándolo en vivo. Rhapsody tiene clásicos relevantes para la vida de algunos y Emerald Sword es el más grande.
Act VI: Erian’s Lost Secrets y The Splendour of Angels’ Glory (A Final Revelation) se vistieron con atuendo de gran cierre para este concierto, evitando terminar con algún éxito seguro pero mostrando un desenlace vistoso y dramático, mágico y épico, digno del evento. Alex Staropoli señaló a un diario que el del 23 de junio había sido el mejor show de la gira, pero incluso poniendo paños bien fríos a lo sucedido, al menos yo creo que fue la mejor presentación de Rhapsody Of Fire en este tour por Chile en cuanto al ambiente, y eso vale la pena documentarlo. Puede que Luca haga falta y que Hess sea un arrogante, pero sumando y restando esta formación se ve más suelta y comunicativa que la del 2010, más participativa con un público cuyo fervor y apoyo rozaron lo histórico. ¿Cuántos en la Sala Dos habrán sentido lo mismo que sintieron los que ahora recuerdan con tanto orgullo y cariño los shows del 2001 en el Providencia? Sólo sé que algún recuerdo imborrable queda, que estas experiencias marcan, y no me extrañaría que luego de muchos años germine una leyenda, que esta presentación también se convierta en un mito entrañable para los penquistas que en el futuro dirán “yo estuve ahí”.
Setlist Rhapsody Of Fire:
01. Ad Infinitum
02. From Chaos To Eternity
03. Triumph Or Agony
04. The March Of the Swordmaster
05. Unholy Warcry
06. Lamento Eroico
07. Land Of Immortals
08. Solo de batería y bajo
09. Knightrider Of Doom
10. The Village Of Dwarves
11. Dawn Of Victory
12. The Magic Of the Wizard’s Dream
13. Holy Thunderforce
Encore:
14. Reign of Terror
Encore 2:
15. Epicus Furor + Emerald Sword
16. Act VI: Erian’s Lost Secrets
17. The Splendour of Angels’ Glory (A Final Revelation)
LIVE REVIEW: Jorge Ciudad
FOTOS: Jorge Cuevas (La Estrella de Concepción) y Cuervo
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