Stratovarius
Fourth Dimension
Review del Recuerdo - 1995

“Más allá’ o al ‘otro lado’ de nuestras limitadas percepciones físicas hay otros universos tan físicos y tangibles como el que conocemos. En sucesivas experiencias, los hombres del general Curtiss llegaron a la conclusión de que nuestro cosmos goza de un sinfín de dimensiones desconocidas (Matemáticamente fue posible la comprobación de diez). De estas diez dimensiones, tres son perceptibles por nuestros sentidos y una cuarta –el tiempo– llega hasta nuestros órganos sensoriales como una especie de ‘fluir’ en un sentido único, y al que podemos definir groseramente como ‘flecha o sentido del tiempo’. (…) lo que terminó por cautivarnos fue el nuevo concepto del ‘tiempo’. Al manipular los ejes de los swivels (PM.cl: unidad mínima de la materia), se comprobó que estas identidades elementales no ‘sufrían’ el paso del tiempo. ¡Ellas eran el tiempo!”
La masa no fluye a través del tiempo, el tiempo es parte de la materia, ¡su cuarta dimensión! Eso fue lo que el “mayor”, un piloto norteamericano en retiro, le reveló al J. J. Benítez por medio de unos folios y documentos que le confió tras su muerte. Gracias a este descubrimiento, predica el sorprendente diario, fue posible un “gran viaje” en el tiempo hacia la Jerusalén de Jesús de Nazareth, un proyecto ultrasecreto llamado Caballo de Troya.
El hallazgo también dio nombre al cuarto trabajo de Stratovarius, Fourth Dimension, un disco tan intrigante e insólito como la historia del mayor. Extraño más bien, ya que si nos ponemos en el supuesto de que hoy fuera el día de su lanzamiento, podríamos pensar que estamos ante el comienzo real de una nueva y gran etapa en la carrera de la banda finlandesa con la llegada del cantante Timo Kotipelto, quien logra ampliar la música de Stratovarius con su registro y deja libre a Timo Tolkki para ocuparse de la guitarra sin complicarse ni limitarse en las voces. Esto dio a que las composiciones aumentaran su caudal técnico… pero la realidad mostró que este disco fue no más que un apronte a lo que se vendría.
En retrospectiva está claro que Fourth Dimension es el eslabón perdido entre los dos Stratovarius, entre el antiguo y el que hasta ahora existe, que presenta pedazos de uno y otro, una metamorfosis documentada en un álbum. Como se dijo es el primero en que canta Kotipelto, actual figura del Power Metal y el último en que aparecen el baterista fundador Tuomo Lassila, quien poco a poco fue perdiendo el control de su banda hasta ser relegado por el liderazgo de Tolkki, y el tecladista Antti Ikonen, el que simplemente no podía responder a las exigencias de los temas del Fourth Dimension. Por ejemplo, el duelo de solos que se escucha en Against The Wind está hecho sólo por la guitarra, ante la incapacidad del tecladista de tocarlos.
Sin importar esa deficiencia Against The Wind y la que sigue, Distant Skies, son las canciones insignes del Fourth Dimension, pedidos y concedidos hasta bien después en los shows de Stratovarius. La segunda de estas dos muestra el miedo de Tolkki a los aviones, según él mismo ha confesado, pero eso no va más allá de la anécdota porque el tema en un todo se convirtió en un clásico de la banda.
Galaxies, por sus rasgueos limpios, es padre de venideros como The Kiss Of Judas, S.O.S y Hunting High And Low, el que les dio la fórmula del éxito para los singles. La canción misma, con sus efectos de trompetas sintetizadas y otros, pudo haber sido sin problema el tema título del álbum por su atmósfera “espacial futurista”, de otra dimensión, otro mundo, acorde a la portada de las pirámides suspendidas en un relampagueante cielo verde.
Y si de casos raros se trata, 030366… ¿El número de la bestia? ¿Una password? ¿Una clave de acceso? Nada de eso, es la fecha de nacimiento de Timo Tolkki, “nombre” escogido para un corte experimental como personal… casi caprichoso, “si tú quieres, lo hacemos”, debió haber dicho el resto del grupo. No es necesario hablar de su música porque con lo que se dijo queda todo claro, un “lujo” que se dio Tolkki. El mismo efecto que aparece en Galaxies se escucha en el comienzo de la canción más larga del disco, We Hold The Key. Épica, variada, pero sobria y elegante como sólo Stratovarius sabe, a mi parecer es lo más brillante del Fourth Dimension, con letras que sirven de prólogo a los temas que invocarían en el Visions y Destiny. Coincidencia y, sobre todo, categoría… Kotipelto participa en la composición de esta, Galaxies y Against The Wind, las tres, puntos muy altos del álbum. Así demostró que su aporte a la banda iría más allá de cantar y acatar las órdenes del cada vez más fuerte Tolkki. En cambio, Nightfall es él único tema en que Lassila, otrora líder de la banda, sale en los créditos… sus días estaban contados.
Así fue. La autoridad de Tolkki se hizo notar también, incluyendo 030366, en la instrumental llamada Stratovarius, malmsteeniana al hueso. Ahí quiso mostrar propiamente que la banda se abría a una nueva era, que Tolkki al dejar de cantar tendría la libertad completa de hacer las figuras que quisiese con su guitarra porque no tenía que preocuparse de cantar más, sólo de su instrumento y lo que escribiera. Quizás fue demasiado en esta oportunidad, ya que entre tanto solos y quiebres a ratos la pieza suena como una compilación de ejercicios de digitación, especialmente al final.
Es como el fenómeno de la ubicuidad descrito en Caballo de Troya. Cuando en un presente o “ahora” se encuentran dos “Yo” del idéntico objeto, cuerpo o persona, debido a que viaja dos veces en el tiempo a ese mismo momento. ¿Cómo sería toparnos de frente con nuestro otro yo? Tentador y peligroso, pero Stratovarius lo hizo y salió sin ningún rasguño. En el Fourth Dimension se encuentran el pasado y el futuro de la banda en un lugar común. Aunque en “su tiempo” se pudo haber considerado como un paso definitivo hacia el éxito, “hoy” es un trabajo que ve al futuro desde la ventana del pasado y mira lo hecho antes en los tres primeros discos con elementos nuevos. Eso es lo que hace único al Fourth Dimension en la carrera de Stratovarius. Al año siguiente terminarían por cruzar esas puertas.
Jorge Ciudad

23 de Abril, 2011 a las 4:43 pm
que recuerdos