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Primal Fear

Unbreakable

Álbum - 2012

Valoración
7.8
Primal Fear - Unbreakable

Tras algo más de media década, Primal Fear se aleja definitivamente del gusto por el riesgo y las experimentaciones. Aquel ciclo tuvo éxitos impresionantes en Seven Seals (2005) pero que también se vio un poco forzado en New Religion (2007), un disco que replicaba al anterior sin la misma magia, una continuación sin mayor naturalidad. Hubo un período de transición hacia sonidos más tradicionales y explosivos con 16.6 (Before The Devil Knows You’re Dead!) (2009), con la banda de Sinner y Scheepers sintiéndose cómoda de nuevo con estructuras directas, un “alto” en el camino que el 2012 los dirigirá justo al extremo opuesto de Seven Seals.

Esto, porque Unbreakable es un álbum ciento por ciento tradicional, sin artificios más allá de aquellos que dan justo en el gusto de los seguidores del Heavy Metal alemán. Primero que todo, creo que Primal Fear la hizo con Seven Seals. Con ese lanzamiento se las jugó, exploró y encontró un sonido que le otorgó identidad en una etapa “tardía” de su carrera. En lo personal, seguirá siendo mi entrega favorita del conjunto, pero Unbreakable es un doble opuesto muy atractivo y con mucho aire fresco a través de los elementos clásicos de siempre, ¡un triunfo!

Primal Fear ya tiene su bien puesto ganado en el medio y con esa tranquilidad después de haber dejado su huella, ahora es el turno de tocar lo que la afición en general quiere escuchar. Eso representa Unbreakable y aquella es la particularidad que me tiene tan fascinado de este trabajo. En lo que interpreto como una muestra de humildad, los avezados integrantes de Primal Fear se bajan de sus sitiales de músicos o productores y se convierten en un fanático más del Heavy/Power Metal, rescatando muchas paralelas, muchos solos, muchas melodías certeras, harto filo Keeper inclusive, que tiene en cuenta a los seguidores del estilo antes que todo pero sin traicionar a los mismos compositores.

No es una vuelta a discos como Primal Fear (1998) o Nuclear Fire (2001), primero porque Unbreakable recoge el sonido de producción logrado a partir de Seven Seals y, más importante, está muy lejos de reiterar las similitudes con Judas Priest que en ese tiempo sostenían las canciones. Es muy posible que sea menos explosivo que aquellos trabajos tempraneros y que al mismo tiempo no sea lo dramático ni lo oscuro que eran los tres álbumes anteriores, pero muestra algo muy infeccioso y efectivo, una alta clase a la hora de conjugar estos elementos típicos que con poco cuidado podrían caer en el cliché. La astucia es innegable.

Por ejemplo, los midtempos son recurrentes en Unbreakable. Sin embargo, no son forzados por el doble bombo ni la caja de la batería, sino construidos a partir de los riffs y sus particulares figuras. La estrategia provoca que tanto Strike, Give Em Hell y Unbreakable (Part 2) suenen muy distintas a pesar de mostrar un ritmo similar, porque son las guitarras las que hablan en nombre de las canciones. Strike y Give Em Hell están pegadas en el tracklist -las pistas #2 y #3 después de la intro orquestada-, ¡y enseñan dos mundos aparte!, siendo que ambas tienen las mismas estructuras y que comparten varias cosas en común como las fabulosas paralelas de lead, OTRO recurso que se repite con facilidad y calidad a lo largo del LP.

Esa labor guitarrera tan dinámica elaborada por Magnus Karlsson y Alexander Beyrodt (reemplazante de Henny Wolter) hace que el disco gane en profundidad. Los ritmos pueden ser simples, pero las guitarras causan que los temas se hagan más atractivos a medida que se escuchan con mayor detención, ¡sin olvidar que están hechas para cabecear! Lo curioso es que la entrega comienza con dos mid tempos, ¡y termina con dos mid tempos! Uno es Blazon Of Glory, más británico en sus riffs, variado en su batería y gravediggeriano en su coro, muy taquillero, mientras que el otro es Conviction, quizás el más especial de los cinco mid tempos del CD gracias a las voces de Ralf Scheepers, quien canta como si nunca se hubiese ido de Gamma Ray y hubiera sido el frontman en Land Of The Free (1995), a lo Time To Break Free. ¡Tremenda clausura de material!

Dicho eso, llega al momento propicio para hablar de las composiciones más powermetaleras de Unbreakable. La primera, And There Was Silence, es una versión de Riding The Eagle o Angels In Black pero sin tanto músculo, más parecida a Lightyears From Home del Black Sun (2002), más armoniosa. Con la segunda mientras tanto, Marching Again, ¡hay que remontarse hasta el Kai Hansen de los Keeper Of The Seven Keys!, una bomba melódica poderosísima con un estribillo ciento por ciento Helloween clásico, veloz e intensa, a la vez que nostálgica por su sonido que recuerda a las grandes glorias del Power Metal. Si bien el disco apenas cuenta con pasajes dramáticos, de esos con teclados o efectos de orquesta, ¡aquí hay uno que quita el aliento!, sencillo y efectivo. Hay partes que traen a la memoria clásicos como Save Us, ¡o Savage!, con una energía aplastante.

Sus letras hablan de compromiso a prueba de vuelos, cansancio y balas por llevar el metal hacia todos los confines, de dar conciertos, de las giras, del “llamado de los escenarios”, de todo lo que vale la pena dedicarse a esto, de lo que significa para los músicos y los fanáticos unidos por un movimiento. La misma temática se escucha antes en Metal Nation. “In a world where greed and money rule, there’s no space for people who are true”, comienza cantando Scheepers. “In a dark where power forces you not to do what you would love to do… we conquered the night, freedom inside, taking our guts and struggle on, until we are lit to the sun / Everybody join the metal nation (I’ve got the beat on my heart), let the music spread the word / Let’s make a brand new start”. Esas son todas las letras, pero el mensaje es inequívoco: un disco con el que los fans se identificarán, tanto con las líricas como con la música. Y sobre lo último, esta canción también tiene harto que decir. Parte con unas guitarras a lo Queensryche ochentero y sin caer en nada elegante ni progresivo, avanza con tintes hardrockeros en unos de los cortes más “en vivo” de la placa, un candidato fijo a los shows venideros.

Pese a todo, Unbreakable igual ofrece dos momentos por arriba de su promedio de sofisticación. Primal Fear no renuncia a las composiciones largas y Where Angels Die así lo corrobora, ocho minutos y medio con leads tan trabajados como los del Black Sun, guitarras limpias, atmósferas, letras oscuras, melodías frías con un cierto aire trágico. Y los que aprecian el nivel que el grupo ha logrado en el territorio de las baladas, Born Again no decepcionará, ya que Scheepers adquiere mucho cuerpo en el coro más gigante del álbum y el solo es absolutamente brillante.

La calidad del abultado equipo compositivo de este Primal Fear, con Mat, Ralf, Alex y Magnus escribiendo, saca a flote un disco muy relajado de actitud pero no por ello menos cuidado. Su objetivo es bien específico y ese es celebrar al Heavy Metal casi como un regalo. La banda se refleja en aquellos que la escuchan y da show con un álbum que no pretende ningún giro, ninguna aventura, sino entretener y construir puentes más sólidos. ¡Grandes tiempos para el diálogo!

Jorge Ciudad

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