Iron Maiden

The Final Frontier

Álbum - 2010

Valoración
9.0
Iron Maiden - The Final Frontier

Cuatro largos años han pasado desde que Maiden lanzó su último trabajo en estudio, el épico, bélico y emocionante “A Matter Of Life And Death” (2006). En ese transcurso de tiempo, tuvimos la fortuna de ver a doncella arrasando con todo a su paso en Chile, no sólo en una, sino en dos ocasiones, con dos shows realmente memorables, lo que quizás aplazó un poco las ansias y el deseo de escuchar una nueva placa de la que, para mi gusto, es la banda más grande de Heavy Metal de todos los tiempos.

Y me hago cargo de este punto inmediatamente: está bien, Iron Maiden no es cualquier banda y eso lo puede decir cualquier visitante de nuestra página, es nada más y nada menos que una de las bandas más importantes y fundamentales del estilo musical que a muchos de nosotros no sólo nos gusta sino que nos marca la vida. Pero quizás para varios de nosotros, y me incluyo, es algo más. Para ejemplificarlo, si tuviera que hacer un soundtrack de mi vida, no tengo ninguna duda que al menos el primer tema y el último del “mixtape” de 80 minutos serían de Iron Maiden. Y no es sólo una cosa que tenga que ver necesariamente con la cronología (llevo más de la mitad de mi vida escuchando Maiden y los 30 se me vienen encima, diablos). Ya lo dice Pablo Sandoval (el personaje que hace Guillermo Francella) en la maravillosa película argentina “El Secreto de sus Ojos”… “el tipo puede cambiar de todo, de cara, de casa, de familia, de novia, de religión, de Dios… pero hay una cosa que no puede cambiar.. no puede cambiar de pasión”. Y es una banda que a mí, y creo que a muchos de nosotros, nos genera precisamente eso. Pasión.

No quiero sinonimizar pasión con obsecuencia, con encontrar todo bueno, todo perfecto, todo 10 de 10, porque no es así. De hecho Iron Maiden tiene temas mediocres. Pero con este concepto quiero reflejar las sensaciones que produce y las expectativas que genera el lanzamiento de un nuevo disco, del que muchos de nosotros vamos a poner en el CD Player y no vamos a sacarle los oídos de encima (ni escuchar otra cosa) al menos por un par de semanas y que después alternaremos con algún otro disco.

Además el nuevo disco de la banda compuesta por Paul Bruce Dickinson en las voces, Stephen Percy Harris en el bajo, los guitarristas Janick Robert Gers, David Michael Murray y Adrian Frederik Smith, y el batero Michael Henry “Nicko” McBrain, poseía a priori un “morbo” especial. Al enterarnos del título de la décimoquinta placa en estudio de Maiden, “The Final Frontier”, a muchos nos vino cierto temor por la palabra “Final”. Y es cierto, todos los integrantes de la banda ya han superado los cincuenta años de edad y con ello el temor se ha acrecentado… pero siento que al escuchar el disco, el temor se aminora y bastante. Ya llegaremos a ello.

El primer punto obligado en un disco de Iron Maiden es hablar aunque sea algo de su arte de tapa. En esta oportunidad el honor recayó en Melvyn “Mel” Grant, ilustrador inglés que cuenta en negritas en su currículum el ser, junto con Derek Riggs, el único artista en haber diseñado más de una vez carátulas de discos de Maiden, contando en su foja con las carátulas, entre otros trabajos, de Fear Of The Dark (1992) y Virtual XI (1999), entre otros. El título “The Final Frontier” hace referencia a una película de Star Trek (Viaje a las Estrellas) llamada de la misma forma, y por lo mismo vemos a un Eddie alienígena que acaba de “reventar” una nave espacial y romperle los cascos a unos Eddie astronautas que han quedado reducidos a la calidad de esqueletos. Creo que no es la carátula más brillante de la carrera de Maiden pero supera a varias otras como por ejemplo la del Dance Of Death (2003) o Virtual XI (1999). Aunque al abrir el booklet, el Eddie de la página 2 (al lado de los lyrics de Satellite 15… The Final Frontier) recuerda al booklet del Seventh Son Of a Seventh Son (1988), dentro cuenta con ilustraciones futuristas muy trekkies y que ratifican que el concepto de la ciencia ficción juega un rol importante en la imaginería del disco. Finalmente, en la parte trasera hay una foto muy sencilla pero no menos sci fi donde básicamente son distinguibles las siluetas de Adrian, Nicko, Bruce (muy a lo Sr. Spock), Steve, Janick y Dave.

Pero ya. Mucho preámbulo y vamos a lo que más importa que es la música. Ya habíamos visto el futurista video del title track The Final Frontier, que dura algo así como cinco minutos, y al ver que Satellite 15… The Final Frontier, el primer tema del disco, dura 08.40, varios pensamos que la del videoclip se trataba de una versión editada… pero estábamos equivocados. Y aquí es imprescindible dividir en dos este tema para su análisis. Cuando apreté el play para escuchar Satellite 15 (creo que el 15 puede deberse a que es el 15º disco en estudio de Maiden) pensé que era otra cosa o que me había equivocado de disco, es algo que JAMÁS le habíamos escuchado a Iron Maiden. Un bajo de Steve Harris en segundo plano (y con mucha distorsión, casi como la famosa “Anesthesia” de Metallica), percusiones casi a lo Mayumana, tenues guitarras por allá al fondo… un llamado desesperado del astronauta Bruce Dickinson que siente que su vida pasa frente a sus ojos… ¡un viaje al espacio! ¡¡Psicodelia espacial pura!! Quién iba a creer que algún día Maiden iba a ocupar casi cuatro minutos de un disco en una intro que es absolutamente distinta a lo que siempre han hecho. Un inicio sorprendente de la dupla Smith/Harris, refrescante e inquietante. Y ello se conecta con The Final Frontier de una forma que sólo Maiden sabe hacer. The Final Frontier es, en estricto rigor, un tema más hardrockero que Heavy Metal, muy ABC, que perfectamente se lo podríamos escuchar a AC/DC por ejemplo. Es un tema midtempo muy sencillo y creo que funcionará excelentemente en vivo, y que cuenta con un coro muy sing along. Buen inicio.

El Dorado es el primer tema que conocimos de este nuevo trabajo pues es su primer single, y si bien lo considero un buen tema, produjo algunos murmullos en la galería. Inicia con una batería a lo Hit The Lights de Metallica y un riff a lo Barracuda de Heart, pero con el peso del imponente bajo de Steve Harris, llega a un coro bien construido pero sin demasiada historia. En todo caso, si bien es un tema al que le falta un poco de peso, adquiere bastante más sentido escuchándolo en el contexto del disco (y pegado a The Final Frontier) que en solitario, se le da un contexto más armónico. Creo que una gracia que siempre ha tenido Iron Maiden es que generalmente sus discos (y especialmente los últimos) tienen un contexto que hace que sean bastante más que la suma de sus partes. El Dorado por separado parecía ser un tema sin demasiada historia, pero creo que adquiere un plus al venir hermanada con The Final Frontier. En cuanto a las letras, por cierto hacen referencia a aquella mitológica ciudad hecha de oro (incluyendo sus calles), que se supone que estaba en Sudamérica y que atraía a aventureros de todo el mundo, endeudados hasta el cogote con tal de encontrarla y que vuelven de su búsqueda con la cola entre las piernas, pero según declaraciones de Dickinson constituirían más bien una forma de hacer una crítica a una sociedad que llena de tentaciones y oportunidades y moneditas de oro, pero que a la larga termina por apretar el cuello de los más ilusos (“there is no easy way / for an honest man today / which is something you should / think on as my life boat sails away”). Para los más futboleros, me recordó un poco al famoso discurso de Bielsa con los plasmas.

Dejamos los dos temas que ya habíamos escuchado de antes y pasamos a lo “nuevo nuevo”, el primero de los temas 100% “desconocidos”, considerando que El Dorado y The Final Frontier ya habían salido a la luz antes del lanzamiento del disco. Mother Of Mercy cuenta con una lírica bélica muy en la onda del A Matter Of Life And Death, y que al analizarla la entiendo como los autocuestionamientos de un soldado (o más bien, un criminal de guerra) ad portas de la muerte, recordando todos los hechos cometidos en su vida, y hablando con la madre de la misericordia. Musicalmente me parece uno de los mejores temas del disco, se inicia con una guitarra muy sobria (me juego mis fichas a que es Adrian Smith) y con un Bruce que no sólo canta extraordinariamente bien, sino que transmite increíblemente las emociones del tipo que narra las letras. Me encanta la progresión que va teniendo este tema hasta llegar a las guitarras más pesadas, y fundamentalmente al llegar al coro “Mother Of Mercy / angel of death desire / Mother Of Mercy / taking my last breath of fire”, uno de los highlights de Maiden 2010, con momentos que me evocan incluso al Somewhere In Time (1986).

Lo siguiente es Coming Home, tema ultrabritánico (ya explicaremos esto) que en lo personal yo entiendo como a la banda refiriéndose a sus cortos retornos a casa, a su “land of birth”, tras agotadoras giras por el mundo. Es cosa de tomar parte del coro, “To Albion’s land / Coming home / when I see the runway lights / in the misty dawn the night is fading fast”. En cuanto a lo “ultrabritánico”, Albion es probablemente uno de los nombres más antiguos que haya recibido Gran Bretaña y que poéticamente aún se utiliza, fundamentalmente para referirse a Inglaterra. Al leer la letra me dije “esta la tiene que haber escrito Bruce Dickinson” y creo no estar equivocado al ver que en los créditos aparecen Smith, Harris y Dickinson. Musicalmente podemos encuadrar a Coming Home como una balada, aunque el extraordinario trabajo de Nicko McBrain en la batería le da un aura progresiva distinta a otros temas de la carrera de Maiden que podemos encuadrar como balada (Wasting Love, Out Of The Shadows). No es el mejor tema de este trabajo, pero está muy bien construido y me parece perfecta su ubicación en el disco.

Para quienes no se resignen a que Iron Maiden está hoy en una etapa de su carrera distinta a la intensidad de los Golden Years de los ’80, está The Alchemist, por lejos el más rápido y más old school tema del disco, y que se llama igual que un tema del glorioso The Chemical Wedding, disco 1998 de Bruce como solista. Cuenta en primera persona la historia del Doctor John Dee, renombrado matemático, astrónomo y alquimista inglés del siglo XVI y que llegó incluso a ser consultor de la Reina Isabel I. La historia es muy larga como para ponerla en el review, pero les recomiendo chequearla porque es bastante entretenida e incluso narra tangencialmente un lío de faldas que se produjo con su “padawan” Edward Kelly. Sólo les adelanto que murió en la más terrible pobreza pese a ser uno de los tipos intelectualmente más reputados de su tiempo. Pasando a la música, como decíamos, es un tema muy de la vieja escuela, que inicia con un ritmo más rápido y “aventurero” con las tres guitarras en una deliciosa armonía, y con el bajo de Harris en un sorprendente segundo plano. Escuchar el solo es escuchar el “desorden” (bien entendido) de Janick Gers, es increíble como uno lleva tanto tiempo escuchando Maiden que distingue casi de inmediato quién es el guitarrista que hace un solo. Un gran tema, revitalizante, energético, y un detalle, me gusta mucho más cómo suena con parlantes que con fonos. A lo mejor es una maña de viejo nomás.

Creo que lo más sorprendente de este disco está en la intro Satellite 15. Pero esa intro más bien constituye un hecho, en contraposición a otras situaciones que suponen ya no hechos sino tendencias, o porqué no decirlo, conductas. Y en este sentido, con Isle Of Avalon se inicia la que quizás sea la conducta más sorprendente de Maiden no sólo al analizar este disco, sino que viendo en retrospectiva varios discos hacia atrás, y que es la inclusión de ya no sólo matices, sino que lisa y llanamente elementos progresivos en su música. Es un tema que, en ciertas partes, perfectamente se lo podríamos estar escuchando a Dream Theater, especialmente en la parte que se inicia aproximadamente a los 4:18. Me resulta gratificante la capacidad y la comodidad de Maiden de desenvolverse en un ámbito distinto al que siempre lo ha hecho, y la capacidad para atreverse a hacerlo, a ir más allá de vivir de sus rentas (que bien merecido se lo tendrían). En poco más de 9 minutos, Maiden se pasea por diferentes estilos y lo hace con una impresionante factura. En cuanto a las letras, hablan sobre la mítica isla británica Avalon, “la isla de las manzanas” (en galés manzana se dice algo así como “áfal”, que después deriva al inglés “apple”), aunque en realidad las letras califican a Avalon como la isla donde renacen las almas de los muertos, y en ello se basan.

Me atrevo a asegurar que Starblind, el siguiente tema, no le gustará demasiado a quienes siguen asociando necesaria e imperativamente a Maiden con temas -cruciales en su carrera por cierto– como por ejemplo Aces High o The Trooper. Es un tema lleno de matices, con una calidad y calidez vocal de Bruce Dickinson realmente impresionante, que inicia lenta y tenuemente y pasa a un potente e intenso riff, con un coro con letras conectadas con la onda de la mitología espacial (“Starblind with sun / the stars are one / we are the light that brings the end of night”), para el cual es muy ad hoc la ilustración de fondo del booklet, pero que también toca tangencialmente tópicos religiosos (“Whatever God you know / he knows you better than you believe”). El quiebre rítmico de los 4.05 me parece sencillamente sensacional, y ya consolida lo que señalábamos respecto a Isle Of Avalon: este Maiden se siente muy cómodo en un contexto más progresivo.

The Talisman es, sin lugar a muchas dudas, mi tema favorito del disco. Realmente me resulta fascinante cómo Bruce Dickinson, en temas como estos, es capaz de desempeñarse como una suerte de veterano storyteller que te dice “hey, te vengo a contar una historia, así que siéntate y escúchame”. Y uno se sienta y lo escucha, paciente, respetuosa, atenta y devotamente. Con influencias musicales de temas como la gran The Legacy del “A Matter Of Life And Death” (2006), y con letras “marinas” a la usanza de la irrepetible Rime Of The Ancient Mariner, se inicia con una suave guitarra acompañando a la voz del narrador Dickinson, quien comienza a evocar una historia, mientras cuestiona su vida y se pregunta si volverá a ver a sus compatriotas. Pasa a los 2.21 a un riff ultra intenso, con un Bruce rindiendo a enorme altura. Por momentos (en la parte de “Twenty days without a meal / and ten without fresh water still / those that didn’t die in storms / the scurvy rest did slaughter”) me recuerda un poco a la incredible Book Of Thel del mismo The Chemical Wedding de Bruce al que hicimos referencia anteriormente. La emotividad que alcanza Bruce cantando el coro “westward the tide / westward we sail on / westward the tide / sail by the talisman” llega a erizar los pelos y se convierte en otro de los highlights de este trabajo, además de su excelente final. Temas como este me hacen pensar en la madurez de la banda, en las críticas que puedan venir a que ya casi no saquen temas como Run To The Hills o The Number Of The Beast (nuevamente a modo de ejemplo), pero cabe cuestionarse… ¿está bien hacer, hoy en día, exactamente lo mismo que hace veinticinco años? Por ello valoro todos y cada uno de los esfuerzos que hace Iron Maiden por mantener su honestidad y por hacer la música que les gusta, sin perder un ápice de autenticidad. Gran nombre para este tema, un verdadero talismán.

Ya acercándonos al final del disco, The Man Who Would Be King, el único tema que muestra en los créditos al gran Dave “Cara de Gato” Murray. También con un inicio lento y pausado, aunque menos convincente que en la épica The Talisman, da paso a dos guitarras en armonía y que son cortadas por un poderoso riff y por un maravilloso coro (“Destiny no good to hide away / penance now will be his only way / understand no good to run away / penance now will be his saving grace”). A los 4.00 posee un quiebre progresivísimo, realmente sorprendente e inédito en un trabajo de Maiden que no sea este, para luego llegar a un final de altísima factura. En suma, es un gran tema, aunque a mi juicio, palidece un poco al lado de obras tan épicas como The Talisman o el tema que viene a continuación.

El único tema del disco íntegramente compuesto por “el jefe jefazo” Steve Harris es When The Wild Wind Blows, el último tema del disco. Nuevamente Bruce Dickinson se viste de storyteller y nos narra una historia apocalíptica acerca del fin del mundo. Melódicamente es un tema muy emotivo, épico al máximo, que se inicia con un viento que recuerda al de Alexander The Great, y pasa a una guitarra algo oriental con el inconfundible bajo de Harris marcando la pauta, mientras Bruce nos cuenta lo que ha escuchado en las noticias, lo que nos pasará a todos, que el mundo se nos está acabando y que nos han dicho que no hay nada que hacer con esta situación, sino prepararse en los refugios para cuando sople el viento salvaje (paréntesis, estuve leyendo los lyrics de “(the) Way The Wild Wind Blows” de UFO -banda de cabecera de Maiden, es cosa de ir a sus conciertos-, pero más allá de su título no les encontré demasiada relación). El tema quiebra hacia lo mismo que estaban haciendo en los primeros minutos, pero con guitarra eléctrica, batería y Dickinson una octava más arriba, con una intensidad que como vocalista, sólo le he conocido a él. Luego, a los 6.45 aproximadamente, pasa a un riff más pesado, con Bruce contándonos de la preparación de la gente en los refugios para afrontar lo que viene, mientras la prensa esconde lo que está pasando… ya llegando al final, pausado, emotivo y que vuelve al inicio, Bruce nos cuenta que los encontraron abrazados, con latas de veneno al lado de sus ropas… Una letra realmente espectacular, por favor léanla, no se queden sólo con la música, independiente de que Iron Maiden sea musicalmente una de las más grandes bandas de la historia, es una de las bandas con las mejores letras. Un final realmente sensacional.

En lo estrictamente musical, me llaman la atención muchas cosas en este disco, entre ellas el poco protagonismo del bajo de Steve Harris… pero no recuerdo otra oportunidad en que un disco de Maiden me haya sorprendido tanto y por tantos momentos. Además –y aclaro que este punto para mí constituye un punto a favor–, es un disco donde creo que no queda claro cuál es el mejor tema, he escuchado opiniones en tales sentidos que mis temas menos favoritos del disco son precisamente los temas favoritos de otras personas, o cambian a diario. Sí siento, concordando con opiniones de compañeros de este sitio, que es un disco más musical que emotivo, quizás algo más frío que su “bélico” predecesor A Matter Of Life And Death, un disco que destilaba sangre y olía a pólvora, pero es un disco de una incuestionable factura.

Para ir terminando, es fácil utilizar ciertos adjetivos para hablar de Iron Maiden. Pero para mí, en lo personal (y lo recalco porque es una materia opinable), es la banda más grande de la historia del Heavy Metal. Yo no sé si soy yo solamente el de la suerte de tener esa sensación, pero para mí, Iron Maiden es una banda que me ha ido acompañando, a la par, en etapas de madurez y de crecimiento personal. No sé si es porque esta banda me gusta demasiado, pero siento que, desde que soy adulto, siempre sacan un disco muy parecido al que estoy anhelando escuchar.

Hay cosas en la vida que, simplemente, se tienen o no se tienen nomás. Maiden tiene el fuego sagrado. Y nadie se lo podrá quitar.

 

DARÍO SANHUEZA DE LA CRUZ

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