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Battlerage

True Metal Victory

Álbum - 2011

Valoración
8.7
Battlerage - True Metal Victory

Todos a estas alturas sabemos que el Heavy Metal admite muchas formas de expresión. Existen distintas vertientes, algunas más extremas, otras más melódicas, unas más virtuosas y otras más “sencillas”. Puntualizo en esto porque me resulta particularmente llamativa y agradable la propuesta y las influencias que recoge y expresa Battlerage.

Para los que no los conocen (¡espero que este párrafo no sea necesario para nadie!), Battlerage es una banda chilena nacida ya hace casi diez años bajo el alero de ese enorme batero que es Francisco “Pancho” Vera, y cuya “imagen corporativa” no es ni puede ser otra que el gran Fox-Lin Torres, vocalista y frontman de este cuarteto compuesto además por Daniel Román en guitarras y Felipe Vuletich en el bajo. Conozco del trabajo de la banda hace ya bastantes años (de hecho en su oportunidad revisamos el demo Metal Slaughter del 2003 y su propuesta no es nada más ni nada menos que el True Metal, en altas concentraciones. Pero aun sin conocer el material anterior de este actualmente cuarteto, del solo nombre de este trabajo, True Metal Victory, el tercer largaduración de los santiaguinos (tras Steel Supremacy del 2004 y Blood, Fire, Steel del 2009), puede colegirse cuál el estilo que no sólo realiza sino que derechamente profesa Battlerage. O sea, vean lo que es esa carátula.

Y les decía que en lo personal me gusta mucho este tipo de Metal. Puede haber muchas definiciones y palabras asociadas, como “true”, “directo”, “a la vena”, “con bolas”, etc., pero la definición que me convence es que es una banda con pretensiones, pero sin ser pretenciosa. La definición suena un poco inconsecuente y casi como un razonamiento falaz, pero a lo que voy es que la definición del sonido de Battlerage es ser directo, dejar un poco de lado el lucimiento personal “virtuoso” (sin ser ni por si acaso malos músicos ni mucho menos), pero no por ello dejan ser una banda carente de objetivos. De hecho, me llama la atención para bien la persistencia en su propuesta, y de hecho, casi como anécdota, Battlerage es una banda que ha tenido cierta mala suerte porque les tocó en más de una ocasión estar asignados como acto de inicio de una banda internacional, y por X motivos dichos shows se han caído. Pero qué, ¿ustedes creen que Battlerage se va a desmoralizar por eso? Mis polainas.

De esta forma, debo decir que esperaba bastante el lanzamiento de este trabajo porque a estos muchachos les tengo fe. Y es así que lo nuevo de Battlerage se inicia con la enorme intro Battlepath, un bocadillo instrumental de algo menos de dos minutos de duración que no sólo cumple con la función de una intro estándar, sino que cumple perfectamente con el ADN de esta banda, con un sonido a dos guitarras derechamente hímnico y un ritmo de campo de batalla que nada tiene que envidiar a grandes intros de importantes discos de la historia del Metal. En serio. Y da paso a la enorme Return Of The Axeman… “¡¡el retorno del hachero!!”… podría ser el himno de tantos defensas centrales que vuelven a Chile tras ganar sus dólares en el exterior. Pero más allá de haber cumplido con la inevitable y reglamentaria alusión futbolística que debe hacerse en cualquier review de Heavy Metal (?), es un verdadero temazo, una metralla llena de intensidad. De verdad resulta particularmente difícil reprimir las ganas de agarrar un hacha, salir a la calle y golpear a los despreocupados transeúntes infundada e injustificadamente –en todo caso, es mejor que no lo hagan porque me parece que sería delito–. OK, no vamos a encontrar a un vocalista con un rango vocal muy extenso, ni solos muy extensos (cosas y recursos que también me parecen extraordinariamente legítimos), sino que a un cantante de voz raspada que es capaz de trasuntar pasión y actitud a su forma de cantar. Eso, unido a un ritmo imparable, a un coro bestial (“return of the axeman / he’s coming to take you, he’s coming to kill / return of the axeman / an omen of terror and hate to fulfill“) y al enorme trabajo de Daniel y Felipe en el ámbito más melódico (los matices de la guitarra, de sucia a limpia, me parecen excelentes, una notable contribución de Gabriel “Pickblade” Hidalgo), hacen de este tema un indispensable compendio de consistencia, garra y verdad. Tremendo inicio.

La intensidad de la apuesta de Battlerage continúa con Blood On Iron, un corte que me parece muy influenciado por Grave Digger, particularmente de principios de la década pasada. Bueno, no es descubrir la pólvora decir que el estilo vocal de Fox-Lin es bastante similar al de Chris “Uncle Reaper” Boltendahl, y que la injerencia del enterrador germano es muy grande en Battlerage, de hecho no sólo se ve en este tema sino que a lo largo de la carrera de los nacionales. Pero ojo que si bien me parece una influencia notoria, de ninguna manera me parece una copia, ni siquiera derechamente un tributo, sino que una potente inspiración. Aquí vemos a Fox-Lin por momentos experimentando con otro tipo de vocalización, más limpia y melódica, pero sólo al momento del coro, pues en el resto del tema mantiene esa vocalización raspada y muy “de la guata”. Algo menos brillante que el anterior corte, igualmente uno sueña con ver temas como este en grandes escenarios.

Lo siguiente, Raw Metal (o sea, ¡dénse cuenta del nombre de este tema!), mantiene la tónica, esta vez más midtempo que en los anteriores cortes, y nuevamente juega con el recurso de poner a Fox-Lin cantando por momentos más melódicamente. Obviamente me parece que esa forma de cantar de Fox-Lin no es la que lo hace sentir más cómodo, pero sí me parece que lo hace de correcta forma. Me parece muy “de banda” el poner a todos los músicos haciendo los backing vocals. Sí creo que la parte acústica hacia el final, si bien le da un matiz diferente a lo que veníamos escuchando, está un poquito de más y se hace un poco más largo de lo necesario.

Con un sonido de tormenta, un discurso en italiano y campanas se da inicio a lo siguiente que es Black Sunday (La Maschera del Demonio), track muy probablemente inspirado por una película de terror italiana de 1960 llamada precisamente así, y que trata de dos viajeros que encuentran los cadáveres con máscaras de una pareja de amantes brujos ejecutados siglos antes por la Inquisición Rusa, y que una vez que estos viajeros quitan estas máscaras de los rostros de los brujos, éstos vuelven a la vida y cometen fechorías que sólo una pareja de brujos podría cometer. Es una película de culto y es homenajeada por Battlerage de muy buena manera, contando nuevamente con la contribución de Gabriel Hidalgo en los solos. Rítmicamente tiene momentos que me recuerdan a Metal Gods de Priest, y el cambio de ritmo tras la segunda inserción de italiano hablado, unido al solo, me parecen fenomenales. Sí debo decir que no me convence demasiado la pronunciación del inglés de Fox-Lin en el coro pero tampoco me parece algo tan grave, me inquieta un poco. De todas formas creo que es un momento muy bien logrado y trabajado y que da un matiz diferente a la onda más “true” que caracteriza a la propuesta de este cuarteto.

Sin solución de continuidad encontramos a una especie de trilogía, que inicia con The Serpent Slumbers (Book Of Thoth Part I), que sin dudas hace referencia al Libro de Thot, el libro sagrado de los antiguos egipcios, compuesto por jeroglíficos y símbolos, ¡cuánta mística! Y bueno, Battlerage tributa esta tremenda influencia en la historia de la humanidad de buena forma, con un corte algo más denso que lo que veníamos escuchando, quizás incluso más pesado. Me gusta bastante el solo a dos guitarras armónicas, sencillas y contundentes. Y luego se da paso a Stygia (Book Of Thoth Part II), que básicamente es un intenso solo de guitarra muy sencillo pero a la vez muy conectado con el espíritu del tema anterior, finalmente acompañado por el bajo y batería, que le dan un inquietante aura egipcia/densa… ¡y sin parar! Esa es la premisa. Porque para terminar encontramos a My Will Be Done (Book Of Thoth Part III). No me parece un gran, gran final para esta trilogía, pero sí a Fox-Lin le compro completamente su personificación… suena increíble cuando brama “my will be done!” casi a capella.

Y para terminar con este trabajo Battlerage nos regala uno de los mejores momentos de este disco, Warlock’s Epitaph, personalmente uno de mis temas favoritos. Con un ritmo galopante, encontramos mucho de que acostumbra a entregarnos esta banda, voces raspadas, puños en alto, pero realmente es sensacional el momento del solo de guitarra, probablemente el mejor logrado de toda esta placa. Buen final.

Es cierto. Para algunos la propuesta y las ideas-fuerza de Battlerage podrán ser algo monotemáticas, con lo cual no estoy de acuerdo pero sí me parece una opinión legítima. Sin embargo, para mi gusto personal, estos muchachos tienen una propuesta que no sólo es interesante, sino que derechamente se nota, se palpa, se percibe vívidamente la convicción casi podríamos decir que “ideológica” que sienten por lo que tocan. Y eso marca diferencias. Más allá de que estamos en presencia de cuarenta minutos de Metal intenso y consistente, lo que más destaco de Battlerage y de este trabajo es que cualquiera puede agarrar un hacha o un garrote… pero no a cualquiera uno le compra. Y a Battlerage uno le cree. Porque son de verdad.

DARÍO SANHUEZA DE LA CRUZ

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