Incombustibles. No se puede decir otra cosa respecto a Rage. ¿Cuántas bandas de Heavy Metal tienen en su catálogo veinticinco LPs de estudio? Me atrevo a decir que ninguna. Si le sumamos a ello una cantidad no menor de EPs, Albumes en vivo, DVDs, proyectos sinfónicos (Lingua Mortis Orchestra) entre otros proyectos paralelos, estamos en presencia de la que probablemente sea la discografía más prolífica de toda la escena. Y lo mejor es que la calidad es algo que los alemanes no transan, porque me atrevo a decir que no hay puntos bajos (i.e. discos malos) en la carrera de Rage. Por supuesto que hay álbumes “promedio” que no son precisamente deslumbrantes, pero debe haber por lo menos unas diez joyitas en la discografía (se me vienen a la cabeza “XIII”, “The Missing Link”, “Trapped”, “Perfect Mind”, “Black in Mind”, “Soundchaser”, “LMO”…) y el resto se defiende, sosteniendo correctamente la continuidad de su carrera. Y es que la calidad y capacidad compositiva de los alemanes es tan alto que aun los álbumes hechos en piloto automático no alcanzan a ser mediocres.

Lo anterior sostiene lo que muchos consideramos una de las verdades más agrias que rodea a Peter «Peavy» Wagner y compañía: Rage es quizás la banda más infravalorada del mundo Heavy Metal. Pero bueno, esto no parece desanimar a Peavy, quien en su interminable búsqueda de hacer nueva música y simultáneamente mantener la esencia que ha cultivado por más de treinta años, nos trae “Wings of Rage”, álbum número veinticinco en la carrera de Rage. A modo personal, puedo decir que a pesar de haber lamentado sobremanera el fin de la era Smolski, la nueva encarnación de la banda (y digo “nueva” a pesar de estar sacando su tercer disco) compuesta por Peavy, Vassilios «Lucky» Maniatopoulos (batería) y Marcos Rodríguez (guitarra) me cautivó desde el primer momento. Más allá de su evidente talento interpretativo, la dinámica de este trío me cautivó por su carisma y poder en el escenario, y tengo la sensación que este disco viene a consolidar la solidez del trío greco-venezolano-germánico.

El disco abre con True, un corte potentísimo que inmediatamente deja de manifiesto la fuerza que caracteriza a esta última encarnación de la banda como recién comentábamos. Gritos desgarrados, aullidos de lobo y un Peavy más agresivo que nunca dan inicio a un tema de semblante crudo, base rítmica frenética y riffs 100% Peavy Metal. Directo al hueso y sin mayores pretensiones… tal y como debería abrir un disco de Heavy Metal. Siempre. Uno de los buenos opening en la discografía de la banda, gracias a su estructura simple, melodía ganchera y energía incombustible.

Inmediatamente después, Let Them Rest In Peace sigue el azote incesante con el sello del Rage moderno marcado a fuego. No tan rápido como su predecesor, pero igual de agresivo y de aura más oscura. Seguramente será uno de los fijos a tocar en vivo en el futuro próximo. Chasing the Twilight Zone sigue de cerca la onda de True, que de hecho conforma otro de los singles que la banda lanzó durante 2019 (junto a los primeros dos tracks). Explota una de las fórmulas favoritas de Peavy, que son temas de estructura sencilla, con bases rítmicas frenéticas y riff demoledores que contrastan con estribillos súper melódicos, tal y como debe ser un single.

El cuarto eslabón del álbum es Tomorrow, otro de los buenos tracks de la placa que consolida un inicio de disco muy robusto. El tema presenta reminiscencias de la era Smolski que, si bien sigue fórmulas más bien repetidas, le da una buena continuidad al disco. Un riff de esos bien musculosos da inicio al tema homónimo del disco, Wings of Rage, el cual también es una oda al Rage dosmilero con uno de esos coros infecciosos que se dejan cantar con una facilidad pasmosa.

A continuación, y después del interludio titulado Shadow Over Deadland (The Twilight Transition), viene uno de mis tracks favoritos de la placa, que se percibe justamente como una transición… A Nameless Grave, una canción de aura oscura, arreglos orquestales y con reminiscencias gigantescas a la época del “XIII” (el cual es por cierto mi disco favorito de la banda, y por eso creo que me llegó tanto esta canción).

Don’t Let Me Down es otro tema 100% canónico y que aporta correctamente a la continuidad del disco gracias a la intensidad de sus riffs típicamente peavyanos. Shine a Light trae uno de los primeros momentos mid-tempo la placa, en donde el trío baja un cambio y reemplaza el vértigo de la primera mitad del disco por armonías acústicas y más sutiles que caóticas.

A continuación, llega una nueva versión de un clásico no sólo de la banda sino del género completo… HTTS 2.0 no es otra cosa que el gemelo escondido en el ático de Higher Than The Sky. Esta nueva versión es un verdadero martillazo en el cráneo… no viene al caso decir si es mejor o peor que la original, pero la mezcla suena más brutal y los arreglos vocales son más agresivos que en su versión pionera. Es básicamente HTTS en esteroides. Generalmente las re-grabaciones que hacen las mismas bandas nunca me entusiasman, pero este tema tiene su encanto por el poder que le imprime, reafirmando la tesis de que esta formación tiene las bolas musicales del porte de un buque.

Ya en la última parte del disco aparece Blame It On The Truth, otra inyección de típico Rage moderno que intercala secciones mid-tempo con pasajes vertiginosos de doble pedalera a fondo, y finalmente está For Those Who Wish To Die, que siguiendo la misma tónica del disco y espíritu remozado del Rage moderno, cierra el telón de un álbum sólido y altamente disfrutable.

Tal como señalaba al comienzo del review, me parece que “Wings of Rage” viene a consolidar esta formación de Rage gracias a la producción del mejor álbum que ha sacado la banda en un largo tiempo. El álbum es largamente disfrutable y tiene varios temazos que seguro perdurarán en la memoria colectiva de los seguidores de Rage, aunque por supuesto también hay otros temas que aun cuando no son joyas portentosas, aportan y se disfrutan igualmente. Y es que con una carrera tan pero tan extensa es entendible que no todas las canciones sean himnos de carácter imperecedero. Creo que si el disco tuviera siete u ocho temas en vez de once estaríamos hablando del disco del año, pero bueno, estamos familiarizados con la interminable capacidad compositiva del señor Wagner y lo mucho que le gusta hacer discos más bien extensos. En cualquier caso, pulgares arriba para esta nueva entrega de Peavy y compañía, quienes sin duda han dado un paso sólido en la dirección correcta, lo cual es revitalizante y esperanzador… lo cual es notable después de haber lanzado otros veinticuatro discos también en la dirección correcta. Tenemos Rage para rato, señores.

Por: Hernán Bórquez