El nombre de Procession puede significar nada para muchos de quienes lean estas líneas, pero lo cierto es que esta banda nacida en Valparaíso, ya lleva un par de años siendo conocida dentro de territorio nacional, y reconocida internacionalmente, en donde ya cuentan con una sólida base de acérrimos fans que ven en la agrupación una carta segura dentro del Doom Metal más primigenio, Epic Doom Metal si se quiere, ese de profundas raíces sabáticas, con fuerte base heavy y que no requiere de artilugios, subterfugios, sobreproducciones, ni nada que se le parezca para adornar su propuesta.

Es así como a punta del esfuerzo, dedicación y  el constante trabajo de su progenitor, Felipe Plaza Kutzbach, Procession ha logrado posicionarse dentro de los nuevos grandes nombres del estilo, lo que los ha llevado a presentarse en varios de los festivales que hoy en día aúnan lo más tradicional de los géneros metálicos conocidos por todos, con rotundo éxito.

¿Y como es que una banda nacional con tan solo un álbum, ya es reconocida en el extranjero? Bueno, su primer y único demo a la fecha es el que se lleva gran parte del mérito.  Lanzado el año 2008, Burn causó un fuerte impacto en la escena nacional e internacional subterránea, lo que le valió ser reeditado el año 2009 junto al EP The Cult of Disease, por el sello alemán Iron Kodex Records, lanzamiento que, al tener una duración incluso mayor a la de este álbum, muchos pensaron que se trataba de su primer disco.  Pero no.

El primer álbum propiamente tal de la banda lleva por título Destroyers of the Faith, el que nos trae cinco temas (más una intro) de un excelso y muy potente Doom Metal, tradicional hasta decir basta y con una ejecución envidiable por parte de la actual encarnación de Procession, la que completan, además de Felipe en voces y guitarra, Claudio Botarro (ex Poema Arcanus) en bajo y Francisco Aguirre en batería, este último también miembro de los brutales thrashers, Attacker Bloody Axe.

La introducción encargada de dar el vamos lleva por nombre Hyperion.  Ahora, no por tratarse de una intro esperen algo calmado, en plan acústico, con teclados ambientales o alguna otra cosa similar, no, acá vamos directo al grano, doom metal desde el primer segundo, denso, cadencioso, potente, con algunas profundas líneas vocales, o sea, si tuviera un poco más de duración se trataría de otro tema más.  Hace mucho tiempo que no escuchaba una intro que cumpliera tan cabalmente su cometido, ya que es desde el mismo inicio que uno puede darse cuenta perfectamente en que plan se viene la placa y cual es la intención de la banda con su música.

A continuación, el tema que da nombre al disco y de inmediato uno de sus puntos más altos, Destroyers of the  Faith, bastante más acelerado que la intro y con un comienzo a cargo de Botarro en solitario realmente sólido, podríamos decir que la línea de bajo es sencilla, pero muy heavy, maciza, densa, adjetivos faltan, prende de inmediato, para luego entrar la banda en pleno, destacando en primera instancia la enérgica labor de Francisco en las baquetas, que se encarga de seguir los riffs muy vigorosamente.  Llegadas las líneas vocales, lo primero que podemos notar es la profundidad que Plaza ha ido adhiriendo a su voz.  Desde el demo a la fecha no ha pasado tanto tiempo, sin embargo, desde aquella primera entrega hasta ahora, Felipe ha ido puliendo su trabajo hasta conseguir un tono que queda perfecto con el estilo de la banda, limpio y muy firme, algo melancólico, atribulado, que transmite de forma correctísima lo que las letras nos dicen, logrando una inmejorable comunión entre la música, la lírica y su voz.

The Road to The Gravegarden, tema que aparece en Burn y que para esta ocasión fue re-grabado, nos deja aun más claro lo que les señalé en el párrafo anterior respecto a la voz y la profundidad e intensidad que ha ido adquiriendo, algo que va más allá de la notoria reducción en la velocidad del tema y la impecable producción de la placa.  La guitarra suena pesadísima, el bajo intenso, compacto y la batería potente y poderosa, muy superior, por cierto, a lo que se dejaba oír en el demo, en donde el mismo Felipe se hizo cargo de las baquetas para la grabación.

The Road to The Gravegarden es sinónimo de doom tradicional y expele esa aura propia del estilo en cada una de sus notas, en cada acorde, en cada minuto de los más de diez que dura.  Lo mismo que Chants of The Nameless, una verdadera maravilla y un nuevo clásico instantáneo dentro de la discografía de la banda ¿Es muy temprano acaso para hablar de clásicos? Bueno, quienes sientan afición por este estilo y tengan algo de conocimiento de la actual escena, probablemente estarán de acuerdo conmigo en que hace mucho tiempo que no se oían sones como los que Procession nos está regalando en cada una de sus entregas. Quizás Atlantean Kodex con The Golden Bough puede ser otro digno ejemplo, y al menos para mí, no hay más.  Tienen tan claro el rumbo, tan claras las metas, que el resultado no puede ser otro sino el que estamos oyendo, temas con personalidad propia, con sentido, con aires melancólicos, pero al mismo tiempo enérgicos, duros, y en esto juega un papel importantísimo la forma de cantar de Felipe, quien, como dije anteriormente, ha logrado dar con la entonación perfecta para su música, bañando sus composiciones con un halo de “gloriosa tristeza”, y lo pongo en comillas porque es justamente lo que se siente al oír las líneas vocales, se percibe aflicción, congoja, pero entonadas de forma triunfante, con la frente en alto, con aplomo y distinción.  Las armónicas guitarras pasados los tres minutos de duración ya valen por si solas la admiración de quien las oye, muy emotivas, pero a la vez poderosas, situación que vuelve a repetirse con los extensos solos de esta canción, todo plasmado sobre la siempre robusta base rítmica que conforman la dupla BotarroAguirre, en gran medida responsables directos de la pesadez general de la placa.

Y son precisamente los baquetazos de Francisco los encargados de iniciar el quinto track, Tomb of Doom, corte que me recuerda un poco al actual Candlemass y que destaca por un agradable cambio en el ritmo hacia algo un tanto más rápido mediando el tema, es un interludio corto, pero necesario.  Siempre he dicho que el doom es uno de mis estilos de preferencia, pero también he señalado que un poco de velocidad dentro de este tipo de álbumes, sirve para dar un sano respiro ante la apabullante densidad propia del género.

White Coffin es la encargada de cerrar la placa, canción que comienza  con una suave lluvia en donde Botarro descarga algunas inspiradas líneas de bajo en solitario, para luego entrar de lleno la banda y de inmediato las sentidas letras escritas por el mismo Claudio, las que se hacen más pesarosas en la voz de Felipe: Not your voice or your laugh / I will ever hear again / To watch you grow, becoming strong / Is a honor I won’t get / Oh my son, my dear son / why your flesh and not mine? / Over your burial ground / the promise of my mourning heart. La carga emocional en esas líneas ya es fuertísima, pero todo se ve aun más acentuado con los siguientes cinco minutos completamente instrumentales, en donde la intensidad va creciendo de la mano de los riffs, los leads, el impecable sonido del bajo de Claudio y la potencia en los golpes de Francisco.  Un final que podemos resumir en una sola palabra: majestuoso.

Es así como Destroyers of the Faith pasa a convertirse en un deber para quienes gusten del verdadero doom metal, de ese directo, potente, del que privilegia, valga la redundancia, la dureza metálica del estilo, por sobre cualquiera otra de sus características, y es en este punto donde la invitación se hace extensiva a todos quienes gusten del buen metal, aun cuando este género no este dentro de sus preferencias. Aclaro.  Las alabanzas y loas van más allá del nacionalismo facilista y algo descerebrado que aflora cuando un compatriota logra algún mínimo éxito en el extranjero ¡no! Estas se sustentan única y exclusivamente en la calidad del trabajo mostrado durante estos años y en particular en esta placa.

3 comentarios
  1. Guillermo Stackwitz Barrera Dice:

    Excelente reseña.

    Refleja de buena forma lo que pienso y siento sobre el trabajo de esta banda (aunque desconozco el material del EP, ya que sólo tengo el álbum), el que respeto de sobremanera, dado que emana calidad por todos lados. El sonido de la placa es arrollador. Las composiciones me parecen exquisitamente bien estructuradas. Pareciera que todo está pensado, a la vez cada uno de los temas fluyen en un pesado torbellino de emociones encontradas. Los pasajes instrumentales más extensos deben ser los puntos más altos del disco.

    Y creo que das en el clavo con eso de “las alabanzas y loas van más allá del nacionalismo facilista y algo descerebrado que aflora cuando un compatriota logra algún mínimo éxito en el extranjero ¡no! Estas se sustentan única y exclusivamente en la calidad del trabajo mostrado durante estos años y en particular en esta placa”. Nada más que decir. Muy bien expresado. La pura verdad. Las buenas palabras van para las buenas bandas y su trabajo, dan lo mismo las banderas.

    Mis agradecimientos por el notable trabajo.

    Saludos cordiales.

  2. MAT Dice:

    me llamó la atención, veré como conseguirlo. Buen review, claro, directo pero con harta información igual para hacerse una mejor idea de los temas. Que bueno que en chile se siga haciendo buena música y que las reseñen acá, así un wn como yo que no los conocía amplía su biblioteca musical

    Tema na que ver, podrían hacer un review del último disco de within temptation, mi hermana siempre los escuchaba y yo al final = terminaba cachando las canciones porque sonaban en la casa pero cuando hace unos meses se compró el the unforgiving realmente me gustó, gran evolución de la banda.

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