Para nadie es desconocido que Judas Priest es influencia de numerosas bandas, podríamos señalar casi con propiedad la existencia de una “escuela Painkiller”, tanto por el sonido, como por la agresividad impresa a cada nota de heavy metal. Muchas bandas han nacido al alero de este heavy metal más callejero, más de cuero, con más fuerza que fineza. Como hijos de esta vertiente podemos nombrar a bandas como Metalium y el nuevo Nocturnal Rites. Sin embargo el hijo prodigo por excelencia de esta forma de ver, sentir y ejecutar el heavy metal lo encontramos en la banda alemana Primal Fear, con el agregado de que es liderada, por el que muchos consideraron sucesor del gran Rob Halford, llegando incluso a sonar su nombre para llenar la vacante que luego tomara Ripper Owens: estamos hablando del inconfundible Ralf Scheepers.

Si bien es cierto que Primal Fear es una banda relativamente nueva en la escena, sus líderes son viejos conocidos en las lides del metal. Sí por que al veterano Scheepers, que se hizo mundialmente conocido al compartir con Kai Hansen los primeros años de Gamma Ray, además de una experiencia anterior con Tyran’ Pace y un flirteo fugaz con Helloween (donde no aceptó completar la gira del Walls of Jericho, luego entraría Kiske… cosas del metal), su socio en estas lides es otro respetado personaje, el señor Matt Sinner, líder y productor de la banda Sinner por lo que la unión prometía ser explosiva.

Y esos vaticinios se cumplen, ya que desde su génesis en 1998, la banda da que hablar con su estilo aguerrido, violento y poderoso, tanto así que en Japón, donde Scheepers es Dios, ocupan el lugar 17 en pocas semanas. El éxito se diluye un poco con su segunda placa, “Jaws Of Death”, algo más débil que la anterior. Sin embargo fue sólo un lunar, puesto que Enero del 2001 ve nacer uno de los mejores discos de heavy metal, “Nuclear Fire”, un disco sobresaliente, desde todo punto de vista (y que, particularmente me hizo un fan acérrimo de esta banda).

Es por eso que hay expectativa de lo que sería este álbum, que además tiene la carátula de “conceptual”. Sumado esto a que un nuevo integrante se suma a la banda ya que Henry Wolter entró en reemplazo de Tom Naumann en las guitarras. Entonces son muchas dudas las que deben ser develadas.

Y créanlo, Primal Fear sorprende desde el primer acorde de su disco, “Countdown To Insanity”, un pueril intro (un poco descolocado según mi parecer, y es aquí donde yo veo el único pero del disco que detallaré más adelante) da inicio a la descarga, que comienza no tan acelerada como en su anterior disco, pero efectiva y poderosa “Black Sun”, es un tema no muy rápido, pero a doble bombo, más melódico, con la inconfundible voz (y los inconfundibles agudos) de Ralf. Es desde un principio donde se comienza a notar un mayor trabajo en las guitarras, mayor armonización, solos mejor ejecutados.

“Armaggedon”, es una canción single (de hecho lo es), otro tema a medio tiempo, más reposado que el anterior, repito, más simple, con un coro que posee una melodía pegajosa, y que cumple su función dentro del disco.

Unas guitarras en armonía y una velocidad impresionante dan el vamos a uno de los mejores temas del disco, mucho más speed metal. “Lightyears From Home”, es, sin duda “el” tema speed del disco, donde nuevamente brilla Primal Fear, pero esta vez como banda, que funciona cohesionada y que no destaca, deslumbra con momentos extraordinarios como en el solo, donde hay una maravilloso acople de los integrantes, o en el final de la canción donde a la banda brillando se le suma Ralf. Extraordinario.

“Revolution”, el siguiente corte, es más pausado, con un comienzo callejero, con algo de Judas y algo de Manowar, pero con un coro eminentemente Primal Fear. Vuelvo a resaltar el trabajo de Henny Wolter y Stefan Leibing en las guitarras. Tocan como si se conocieran toda la vida. Un pesado riff con un feroz martilleo a la batería Klaus Sperling dan comienzo a “Fear”, un tema de estructura simple, pero de un peso increíble, con un coro guerrero “living in a battle”, enfocado, claro está a la historia de las águilas en busca del sol negro.

El par de temas que siguen, son personalmente, lo mejor del disco, ya que Primal Fear, tanto en “Mind Control” como en “Magic Eye”, logra conjugar en forma notable la melodía con la violencia, algo que es difícil de conseguir, Primal Fear, no lo hace una vez, sino que dos. El primer tema nombrado, “Mind Control”, comienza con guitarras en armonía, con una estrofa sencilla, y un coro que logra penetrar el alma, ya sea por la forma de Ralf de Cantar o por la estructura, de verdad no sé pero produce una sensación especial. Y qué decir de “Magic Eye”, para mí la mejor del disco, con un comienzo limpio, sin distorsión tanto en las guitarras como en la voz de Ralf, desemboca en uno de los temas a medio tiempo mejor logrados del heavy metal, con un coro precioso y un solo donde realmente la dupla Wolter – Leibing se lucen en toda su integridad. Maravilloso.

“Mind Machine” es pesada, muy pesada, con un inicio donde Ralf muestra porqué es uno de los vocalistas más respetados y más queridos de la escena. Nuevamente destaca Primal Fear como banda, como conjunto. La base rítmica compuesta por Mat y Klaus se lleva los aplausos, ya que le dan el peso al tema, las guitarras suenan un poco americanas, pero nuevamente deslumbran en el solo. “Silence”, que es lo que sigue muestra a un Primal Fear más pausado, más melódico, con un Ralf cantando más suave. Es un gran tema y da una pausa a esta vorágine de violencia.

El inicio del siguiente corte, “We Go Down” refleja que a Ralf le agradan todos los momentos en la historia de Judas Priest ya que suena un poco a los últimos (y criticados) trabajos de los metal gods, sin embargo el cuerpo del tema es a medio tiempo, con un interludio vocal que desemboca en un solo (otra vez) magistral. Imagino que debe funcionar de forma perfecta en directo, tanto por el coro, como por la voz que alcanza Ralf en ciertos instantes. Cabe destacar que Primal Fear es, según los entendidos, una de las mejores bandas en directo que ha dado el heavy power metal, donde la potencia de cada corte se plasma en cada instante en escena. Es de esperar ver a semejante banda pisando nuestros lares.

Cold Day in Hell” es un tema que se acerca a la veta clásica del heavy metal. Muy influenciado por Judas Priest, tanto en la estrofa como en la estructura del coro, donde el agudo de Ralf es sacado de los mejores tiempos de Rob Halford.

Pero todo llega a puerto, y el fin de fiesta corre por cuenta de “Controlled”, un tema rápido, un tanto desordenado, que recuerda un poco a Gamma Ray, pero que da la medida justa y logra poner un digno punto final a uno de los grandes lanzamientos del presente año.

Señalé que el disco poseía un “pero”. Se supone que “Black Sun” es un disco conceptual. Si bien existe una cierta conceptualidad lírica, ésta no tiene un correlato en lo musical. Son 12 grandes temas, pero no existe un hilo conductor entre ellos, como el “Operation : Mindcrime” de Queensrÿche o cualquier disco de Rhapsody, donde se nota la unión lírico musical. En este álbum, de no ser por que el final del disco repite las notas del intro, esto pasaría desapercibido.

Sin embargo, debo señalar que estamos en presencia de un discazo, donde cada integrante brilla y hace brillar a la banda, donde no hay un momento de relajo. Es un disco que si bien no tiene las individualidades que posee “Nuclear Fire”, es mucho más parejo, no decae. Muchos dirán que existe una influencia muy marcada de Judas Priest, lo cual es cierto, pero a estas alturas es reconfortante que las influencias provengan de las raíces, de bandas con poder y talento. Primal Fear recoge todo el legado de los dioses del metal y plasma composiciones llenas de furia, pero a la vez llenas de melodía. Creo que Primal Fear está para grandes cosas, las antiguas generaciones necesitan sucesores y está claro que, a estos pasos, Primal Fear está presto a ocupar el trono.