Nunca ha sido fácil escuchar un disco de Polímetro, pueden pasar meses o incluso años hasta que uno pueda dimensionarlo. Aquello va más allá de la naturaleza progresiva de su música, y se adentra en los sentimientos tan hondos que llegan a producir con sus canciones.

En lo musical, “Retrospectiva” es un trabajo que enseña todos los sellos característicos de la banda (los quiebres, los riffs, las voces, los patrones de batería, etc.), pero con una producción más moderna y recursos mucho más pesados, sin perder la sensibilidad ni profundidad que siempre han distinguido sus composiciones. ¿En las letras? Un esfuerzo conceptual que termina en un álbum lleno de dolor, oscurísimo, que llega a generar claustrofobia por la angustia y la pena que genera, sobre la experiencia de una familia separada -como tantas- tras el golpe del ’73 y la dictadura en Chile, no quedándose solo en retratar hechos conocidos, sino dejando al desnudo las secuelas de todas las personas retratadas con tanto cuidado por el conjunto.

Si habrá sido primero la idea de relatar una historia y a partir de ello empezaran a escribir la música, o viceversa, lo concreto es que el tracklist está construido en función de un concepto, lo que significa que nos encontraremos con intros, estructuras poco usuales en trabajos de temas individuales, lo que ya significa otra novedad con respecto a los lanzamientos anteriores. Sí, “Retrospectiva” es un conceptual hecho y derecho, que sin embargo es muy simple de entender en su historia, ya que solo hay que prestar atención a las letras para asimilarlo, sin la necesidad de parar en cada pista para leer notas aparte, como muchas veces podrá suceder en otros casos. Aquello, en todo caso, no quita que sea muy difícil escucharlo, justamente debido a la carga emotiva de esas letras tan simples en forma, pero tan duras en su contenido.

Las intros -así es, dos- de Semilla Consciente y Sueños nos advierten, desde el ánimo música, que “Retrospectiva” es un álbum bien planeado desde el punto de vista conceptual, pero que también es muy triste e intenso. Nos dejan en una posición de hasta desear que la banda y la historia tengan compasión de uno… y pues vaya que lo la tendrán…

Ahora, el comienzo de Fragmentos es una declaración estilística de principios de este Polímetro 3.0: un riff pesadísimo de Carlos Esquivel, seguido por el estruendo de los primeros y profundos baquetazos de su hermano Patricio, seguido por un despliegue heavymetalero moderno y aguerrido.

No solo se escucha más peso, también la producción es de corte mucho más moderno. En este aspecto, sorprende que la banda haya decidido cambiar de productor para este disco, pasando de Nicolás Arce (Húsar) en “El Laberinto de los Sueños” al estudio Espacio Yungay en “Retrospectiva”. El cambio trae consigo un elemento diferenciador y que llega justo a tiempo, porque de esta manera el grupo se distancia de lo hecho por Húsar y Ricardo Susarte en el proyecto de Ives Gullé. Y esto me parece muy importante, ya que el tercer trabajo de Polímetro no solo es conceptual, sino casi incluso una ópera, pues además una historia con varios personajes (como Húsar), con la distinción de que todos los protagonistas son interpretados por el mismo Susarte.

El sonido de producción, junto con las nuevas decisiones estilísticas como la guitarra con siete cuerdas de Esquivel y la interpretación del bajista Sebastián Poblete, le da toda una nueva dimensión a la presentación actual de Polímetro que brilla en esta pista, complementada con un coro aguerrido y melódico, riffs y patrones rítmicos que me recuerdan al Nevermore del «Enemies of Reality», para luego seguir con una sección instrumental ciento por ciento Polímetro, con todos los trademark que los fanáticos de esta banda adoramos… pero bajo la mirada de esta remozada propuesta. Otra forma de explicarlo sería diciendo que Carlos Esquivel sigue haciendo lo que siempre ha sabido hacer, los mismos riffs y quiebres que ya muy bien deben ser asociados a su nombre, aunque hecho mediante otro instrumento, si después de todo, una guitarra de siete cuerdas cuenta con toda otra lógica interpretativa.

Sin embargo, es en la pista siguiente, Destino 09.11, donde se revela el espíritu de este trabajo, uno que encierra dolor, tristeza, de una tragedia que rompe la inocencia, de optimismo que no sería correspondido por los eventos… si uno conoce el estilo de las letras de Polímetro, si uno recuerda algunas como «Tus eridas nunca cerrarán», y sabe cómo decantan las canciones de la banda, entenderá muy bien que la verdad de la frase de Amanda (la hija) «madre, él volverá, mi hermano también lo hará, ellos no hacen ningún mal, nos los devolverán» es otra. Y es ahí cuando a uno se le encoge el corazón, los dientes se aprietan, la quijada empieza a doler y la mirada se pone borrosa. Es un tema terriblemente doloroso, incontenible, que hace que la razón esté nublada cuando arriba la sección instrumental, que sinceramente cuesta mucho recordar después del golpe del inicio.

«Mi Amanda… te debo contar…» En Noviembre, los peores temores se hacen realidad, en una pista donde escuchamos a un Polímetro muy británico progresivo en su composición, algo similar a lo que nos tiene acostumbrados Threshold en este tipo de temas, una balada in crescendo que termina siendo uno de los grandes instantes de este trabajo. El solo de Esquivel es tan simple como bello, y no es el único de esta clase que regala en esta entrega.

Después de esta canción, el disco se vuelve emocionalmente claustrofóbico, desesperante en su historia, muy oscuro. Y es por esta carga que el álbum se torna difícil de escuchar. Aquí es cuando llega El Cubo, en que la sensación de encierro es palpable en todos sus siete minutos. Varias secciones instrumentales dejan poco espacio a las letras, pero cuando ellas salen, la angustia es capaz de capturarlo todo.

En Iluminados son los teclados de Mauricio Eyzaguirre y el ritmo trepidante de Patricio Esquivel los que se encargan de aportar un gran toque moderno, complementado por las marcas secas de Carlos Esquivel, y contrastado con las voces de Susarte que, como pocas veces en el pasado, incluye segundas voces y armonías. Al tercer minuto la pista hace un reset y parte con otros patrones intensos y de vanguardia instrumental, nuevamente sacando a flote ese sonido tan único que Polímetro ha sabido cultivar en cada trabajo, independiente de los matices que vaya añadiendo. Lo sobresaliente de esto es si bien los tres álbumes de la banda son distintos, todos comprometen elementos que hacen que el estilo sea sumamente consistente, sea el timbre de Susarte, los tiempos en las guitarras, los patrones en la batería, las letras, la construcción tan única de las frases… algo que hace que la música grite Polímetro a todas sus anchas.

Entre los nuevos elementos están las cuerdas, y Visiones da una gran muestra de aquello en su entrada, para luego romper con otra sección instrumental con marca registrada de Polímetro, en versión moderna y pesada, gracias también en parte al bajista Sebastián Poblete que particularmente brilla en esta composición, desde lo rítmico a lo melódico. «Otra vez, políticos vendiéndome», canta Ricardo acá en una especie de flashback a «Fábulas» del “Metrópolis”, algo que nos devuelve a la familia retratada en “Retrospectiva”, con dos de los protagonistas al final de sus fuerzas, aceptando lo peor después de pensar que podrían volver a sus seres queridos. La resignación ocurre en los segundos finales del tema, dejándote una sensación de amargura durante la primera parte siguiente track, Renacer. No obstante, en el camino nos recuperamos de la impresión, en especial cuando la composición toma fuerza y deja a Ricardo Susarte interpretando a Daniel (el hijo de la familia), enfrentando a su torturador.

El contraste se da en Todos Morirán, una canción pesada, más simple y directa, que no espera nada para sacar uno de los coros más memorables de la placa, tendiendo un puente a lo hecho hace unos años en “El Laberinto de los Sueños”. Ahora, a partir de Desaparecer, nos volvemos a encontrar con testimonios dolorosísimos, esta vez por parte de la madre, Elisa, un alma cansada por la ausencia de su marido y su hijo, que primero se aferra a la esperanza y después ella misma la tilda de ser una ilusión. El tiempo ha pasado y nada se ha cerrado, una vigilia que angustia, dentro de una composición que busca transmitir calma y calor sin respuesta.

Deja Vú (Santa María), en lo musical, vuelve a poner de lleno la marcha metalera de este disco que, varias veces, enseña los momentos más pesados en la carrera de Polímetro. Esta vez, el tema también es vistoso, vanguardista, con teclados y bajo de absoluta presencia, una letra oscurísima sobre recuerdos de un centro de detención en dictadura.

Ahora, quizás la composición más dura de “Retrospectiva” sea El Fantasma de la Esperanza, con una vida que se apaga sin haber tenido respuestas de lo sucedido. Se trata solo de un corte introductorio para el tema título y final del disco, pero desde el grito del inicio hasta su desarrollo con tintes nuevamente al estilo Threshold, pasando por uno de los mejores leads que Carlos Esquivel haya grabado en su carrera, la pieza pone los sentimientos de dolor a flor de piel. Esto, para cerrar el trabajo con un title-track otra vez pesado y lleno de recursos progresivos en su camino, pero siempre cercanos al oyente gracias la voz de Ricardo su interpretación de los personajes que acá se enfrentan: la madre y el traidor.

Lo que vemos en el tercer disco de Polímetro es una banda que se atreve a tomar riesgos, a hacer cosas diferentes y lograr que esos toques distintos sigan teniendo el sello de sus músicos. Pero, más importante que aquello, nos enfrenta a un lanzamiento muy crudo en su concepto, próximo, trágico, muy difícil de escuchar sin sentirse tocado. Por eso, será de esos álbumes que uno tendrá guardado, lo volverá a escuchar después de un tiempo y provocará nuevamente los sentimientos que genera. Imposible quedar indiferente ante una obra de este tipo, y solo los años dirán en qué lugar quedará dentro de la discografía del metal chileno y de la propia banda. Mientras tanto, “Retrospectiva” revuelve el piso y deja algo más que música…

Jorge Ciudad