Live Review: Ozzy Osbourne en Chile (2018)

Más de cincuenta años de carrera y pareciera que Ozzy Osbourne aún tiene energía de sobra para entregar y contagiar. Voz icónica e inconfundible que ha marcado generaciones y que ha definido el Heavy Metal en todos sus aspectos. Como forma de vida, como identidad musical y como imagen asociada al género. Lo cierto es que podríamos estar hablando horas y horas de la importancia del Príncipe de las Tinieblas para nuestras vidas.

Pero vamos a lo que nos convoca. Ya lo vaticinábamos en los días previos a su presentación. El inevitable tour de despedida estaba a la vuelta de la esquina. Nos guste o no, era algo que tenía que pasar. Primero fue Black Sabbath y pronto llegaría el turno del cantante con su banda en solitario. Así no más. A dar la cara y a disfrutar lo que tienen para ofrecernos. Vamos a lo que vinimos.

Acercándonos a la hora pactada según el itinerario, cada uno de los fanáticos que repletaron el Movistar Arena ya hacían notar su nerviosismo y ansiedad a medida que el reloj avanzaba. Con For Whom the Bell Tolls y Enter Sandman sonando por los altoparlantes, lo más próximos al escenario se disponían a tomar la mejor ubicación posible de cara al inminente puntapié inicial del show. Así, una vez apagadas las luces ambientales, se comenzó a proyectar un video introductorio que básicamente fue mostrando fotografías y pequeños clips de toda la carrera del cantante. Imposible no destacar la inclusión de la escena con la participación del maestro de ceremonias en la película “Little Nicky“, protagonizada por Adam Sandler. Un detalle sutil para los que estaban más atentos.

Una vez finalizado, la archiconocida Camina Burana de Carl Orff dio paso a que los músicos fueran tomando sus posiciones sobre el plató. No hace falta decir quién fue el más aplaudido. Recibida la ovación correspondiente, Ozzy nos dirige las primeras palabras al exclamar “Are you ready to go fucking crazy? Let the madness begin!“. Cuenta de Tommy Clufetos con el hi-hat y en cosa de segundos Bark at the Moon desató la locura con un sonido aplastante y demoledor que a muchos nos tomó por sorpresa. Y a esta altura del partido queda una cosa por hacer. Exacto. Gritar el “Listen in awe and you’ll hear him/ Bark at the Moon!” como si de eso dependiera tu vida. Dicho y hecho, puesto que la reacción fue ensordecedora. Ojo, el asunto no cambió mucho durante Mr. Crowley, ya que fácilmente podemos hablar de otro de los puntos altos-altísimos de la noche. Adam Wakeman hizo de las suyas durante la intro, mientras que Zakk Wylde mostró todas sus credenciales en ese outro épico que ha marcado generaciones. ¡Insuperable!

Hora de bajar un poco las revoluciones con la correctísima I Don’t Know (“Blizzard of Ozz”, 1980), que si bien fue recibida de manera bastante tibia, logró llamar la atención por el gran desplante escénico y musical que estábamos apreciando. Más allá de las obvias facultades superlativas de cada uno de los integrantes, a su vez logran acoplarse de gran manera al accionar del vocalista durante cada pasaje de la canción. Si deben restarse, lo hacen. Si deben hacerse notar, ahí estarán. Ejemplo de esto fue la interpretación de Fairies Wear Boots, donde cada uno de los cambios de tiempo y cada una de las progresiones fueron llevadas de gran manera. Si a esto le sumamos la temática sicodélica proyectada en la gran cruz ubicada al centro del escenario y en las cuatro pantallas dispuestas a su alrededor, el resultado es un deleite visual y musical que no tiene dobles lecturas.

De vuelta a los clásicos indiscutidos, Suicide Solution siguió con la senda de sus predecesoras. Interpretada a la perfección y seguida muy de cerca por cada uno de nosotros. Eso sí, antes de dar comienzo al track, Ozzy se encargó de presentar a cada uno de los integrantes de la banda, siendo Tommy Clufetos y Zakk Wylde lo más aplaudidos. Volviendo al tema, además de sonar impecable, el frontman aprovechó la ocasión para lanzar el primer balde con agua a los fanáticos que estaban más próximos a la reja. Y parece que el golpe fue bastante efectivo, puesto que varios lograron recobrar parte de la energía inicial durante No More Tears, que contó con gran apoyo de los presentes durante las partes instrumentales y cantando el “No more tears” una y otra vez. Por otra parte, supongo que nadie pasó por alto la potencia y la fuerza desplegada por Rob “Blasko” Nicholson y Tommy con toda la base rítmica. Realmente demoledora. También está el interludio de teclado a cargo de Adam, para luego dar paso al solo de guitarra. Otro de los grandes momentos de la velada.

El cantante se dirige nuevamente al público para decir que tras el tour “no se irá a ningún lado” y además aprovecha de darnos las gracias por asistir al concierto. Luego presenta la notable Road to Nowhere, temazo indiscutido que contó con el apoyo vocal de Zakk durante algunos verso para que luego Ozzy lo dejara todo durante el “The road to nowhere leads to me“.

Y si hablamos de dejarlo todo, lo que siguió fue otro clímax absoluto. El maestro de ceremonias nos invita a cantar si gustamos y rápidamente presenta War Pigs. Lo que sigue es tierra conocida. Hablamos de una de esas canciones que logran definir un género musical como tal. De esas que han traspasado generaciones. De esas que jamás dejas de sorprenderte cuando las escuchas. En serio, ¡pedazo de tema! Y la verdad es que ya todo está dicho.

Ahora bien, puntualmente en esta versión, es cierto que se nota la “ausencia” de Tony Iommi. Dejando de lado la participación de Adam como segunda guitarra, Zakk Wylde tiene sus detractores de por sí, y más aún cuando hablamos de versionar a Black Sabbath. Los más puristas se hacen notar. Y puede que esto sea cierto. Quizás no es el más indicado para interpretarlos, pero seamos sinceros: su performance vista de cerca, complementada con la garra y la pasión que le implanta a cada nota, no puede dejar a nadie indiferente. El tipo se la juega con todo y en opinión personal, sale ganando por donde se le mire. No podemos dejar de lado el tremendo solo que se despachó a lo largo de la barricada del Movistar Arena, donde ocupó cada uno de los recursos que hacen más vistosa la presentación. Guitarra en lo alto, tocada sobre la espalda e incluso usando los dientes. Así, nos regaló pasajes de distintas composiciones durante un largo tiempo. Miracle Man, Crazy Babies, Desire y Perry Mason dijeron presente en esta especie de mix instrumental.

Pero eso no era todo, puesto que terminado el momento estelar del guitarrista, vendría el turno de Tommy Clufetos, una bestia en lo que a golpear los tarros se refiere. Los que hemos tenido la oportunidad de haberlo visto en vivo con anterioridad, sabemos de lo que es capaz. Y si bien ahora su intervención fue bastante más acotada, de igual forma se las ingenió para que todos estuviéramos pendientes de él. Todo esto decantó en la interpretación de Flying High Again, que lamentablemente se vio un tanto opacada por todo lo ya mencionado.

Para animarnos, Ozzy nos hace gritar lo más fuerte posible a la cuenta de tres luego de un “I still can’t hear you!”. Así, entramos a una de las partes más melódicas del setlist con Shot in the Dark, que tuvo como genio y figura a Adam Wakeman de principio a fin. Imposible no cantar el “But a shot in the dark, one step away from you/ A shot in the dark, always creeping up on you“, más aún sabiendo que es uno de esos coros que te queda dando vuelta rápidamente en la cabeza de manera involuntaria. Luego vino I Don’t Want to Change the World, otra de las que lamentablemente contó con una reacción nula de parte del público. Peor si analizamos el contraste entre este track y Crazy Train, que obviamente era una de las más esperadas por todos los asistentes. Bastaba mirar a tu alrededor para notar el evidente cambio en el comportamiento del respetable. Hasta una bengala apareció desde la tribuna. El resto ya es sabido, literalmente hay que gritar durante el estribillo y solo queda esperar los solos de guitarra. ¡Temazo!

Luego de que el mismo frontman nos incitara a gritar “One more song” junto a él, la guitarra electroacústica fue la señal inequívoca de lo que vendría. Mama I’m Coming Home trajo consigo la última cuota de nostalgia y emotividad. Muchos se animaron a cantar el “You made me cry, you told me lies/ But I can’t stand to say goodbye/ Mama, I’m coming home” y a ambientar el asunto con el flash de los celulares.

Y para finalizar, la incombustible Paranoid fue el epílogo perfecto para una jornada que musicalmente rozó la perfección. Porque sí, en aspectos técnicos y en la interpretación de cada una de las canciones, poco y nada se puede acotar a esta altura. Todo funcionó como un reloj con detalles al milímetro. Casi como en piloto automático. Y viéndolo desde el lado negativo, esto terminó por transmitirse a la mayoría de los miles de fanáticos que asistieron la noche del martes. Vale decir, nos encontramos con una presentación bastante estandarizada y con falta de emociones como tal. Más aún si consideramos que la gira lleva por nombre “Farewell Tour“. Ahora bien, es cierto que el promedio del seguidor asistente a Ozzy Osbourne y a Black Sabbath, no es precisamente el más eufórico o el más conocedor de la materia. El silencio rotundo durante un par de canciones dio cuenta de ello. Creo que ambos factores jugaron una muy mala pasada y los comentarios de que “algo faltó” hablan por sí solos. Entonces, resumiendo -y volviendo unas líneas atrás-, sí, el show fue impecable, no así la conexión público-banda. Pero bueno, Ozzy logró su cometido y nuevamente mostró toda su energía y prestancia tras años y años en la carretera.

Setlist de Ozzy Osbourne:

  1. Intro (Carmina Burana)
  2. Bark at the Moon
  3. Mr. Crowley
  4. I Don’t Know
  5. Fairies Wear Boots (Black Sabbath)
  6. Suicide Solution
  7. No More Tears
  8. Road to Nowhere
  9. War Pigs (Black Sabbath)
  10. Solo de Guitarra (Miracle Man / Crazy Babies / Desire / Perry Mason)
  11. Solo de Batería
  12. Flying High Again
  13. Shot in the Dark
  14. I Don’t Want to Change the World
  15. Crazy Train
  16. Mama I’m Coming Home
  17. Paranoid (Black Sabbath)

Live Review: Gino Olivares
Fotos: Ross Halfin