No podemos empezar este review de otra forma. Como fanático acérrimo de Dream Theater, muchas veces se intenta aparentar que todo está bien cuando en realidad no es así. Cuesta admitir que desde que Mike Portnoy abandonó sus funciones, la banda perdió gran parte del espíritu, la espontaneidad y el carisma que el músico traía consigo. Sí, bateristas virtuosos hay por miles y muchos perfectamente pueden llenar los zapatos musicalmente hablando, pero frente al desplante en escena, la conexión con el público y sobre todo el gran aporte a nivel de clásicos compuestos a lo largo de su carrera, no hay otro que se acerque a lo hecho por Mr. Portnoy. Es por esto que para cualquier seguidor de su trabajo, resultaba casi imperdonable perderse una cita de estas características. El músico prometía pagar una deuda histórica al interpretar la deslumbrante Twelve-Step Suite en su totalidad -además de otros cortes de su otrora agrupación-, acompañado por los grandes de Haken y Eric Gillette.

Siendo las 21:03 hrs., parte de las luces ambientales comienzan a apagarse mientras de fondo escuchamos la mítica Prelude de ese clásico del cine llamado “Psycho” del maestro Alfred Hitchcock. De esta forma, entendiendo que en cosa de segundos la banda estaría sobre el escenario, el recibimiento que tuvo el speech inicial de Scene One: Regression estuvo a la altura de las circunstancias. No les miento al decir que nadie, absolutamente nadie se quedó sin al menos pronunciar alguna de las líneas del hipnoterapeuta, que dicho sea de paso, en este punto de la historia sin tapujo alguno podemos afirmar que es la obertura perfecta para unos de los mejores álbumes jamás publicados dentro del Metal Progresivo. ¡Qué ganas de escuchar el “Metropolis Part. 2” en su totalidad! Pero bueno, a medida que sonaba esta pequeña intro, toda la sección de cuerdas junto con el tecladista Diego Tejeida fueron tomando posición lentamente sobre el plató.

¿Recuerdan la reacción que se generó cuando comenzaron a sonar las primeras notas de Overture 1928? Quiero decir, la transición entre la cuenta regresiva de Regression y el primer track de la noche fue sencillamente notable. Para qué mencionar el recibimiento que tuvo el maestro de ceremonias. Aplaudido a rabiar, y más aún cuando la banda dejó caer toda su potencia en los primeros compases. En base a esto, si bien gran parte de la cancha se dedicó a saltar y a corear cada una de las melodías de la pieza instrumental, todo fan de Dream Theater es bastante crítico y exigente en todos los aspectos posibles. Vale decir, la gran prueba de fuego era qué tan bien sonaría la banda y qué tan bien iban a ser ejecutados cada uno de los solos y armonías. Así, entrando de lleno en la canción, para sorpresa de muchos y especialmente para los más escépticos, la agrupación sonó como un verdadero cañón de principio a fin. Es cierto que casi todas las miradas iban dirigidas a Mike Portnoy -quien cada cierto rato tocaba la batería de pie-, pero no podemos dejar de mencionar la gran compenetración y seguridad que demostraron los músicos en cada uno de los pasajes.

Y siguiendo con el orden natural de las cosas, la siguiente no podía ser otra que ese temón llamado Strange Déjà Vu. Por cierto, el vocalista Ross Jennings se encargó de interpretar y de teatralizar gran parte de los versos, mostrándose totalmente enérgico en su performance desde el primer minuto. En tanto, ¡cómo sonaba la base rítmica! Gran, gran labor de Conner Green en el bajo, quién a pesar de su posición más secundaria sobre el escenario, de igual forma se las arregló para sobresalir en los momentos indicados. Nosotros en tanto ya nos encontrábamos absolutamente entregados a lo que estábamos presenciando. No vamos a descubrir ahora el calibre y la importancia de los dos temas  mencionados, por lo que solo quedaba cantar como si no hubiera mañana el “I just can’t help myself/ I’m feeling like I’m going out of my head/ Uncanny, strange déjà vu/ But I don’t mind, I hope to find the truth” que contó con el apoyo vocal de Portnoy como es costumbre. ¡Excelente comienzo!

La verdad es que la inclusión de The Mirror dentro del setlist fue todo un acierto principalmente por dos motivos. En primer lugar, dentro del contexto de la Twelve-Step Suite, con el paso de los años se ha ganado con total justicia el hecho de ser considerada el prólogo de toda la historia. Segundo, desde luego que estamos hablando de una de las mejores piezas rescatadas de Awake (1994) y a su vez quizás una de las composiciones más subvaloradas dentro de la carrera de los americanos. Es así como el sonido más “crudo” y al hueso del álbum mencionado fue recreado a la perfección. En este aspecto tener tres guitarristas ayuda bastante a llevar la canción y esto se vio reflejado en la potencia y en la fuerza que se logró transmitir a la audiencia. No podemos pasar por alto la participación de Eric Gillette, quién literalmente “las hace todas”. Decimos esto porque además de tocar prácticamente todos los solos de guitarra, también fue el encargado de cantar la parte media alcanzando un gran nivel. Solo se necesita recordar el “How in the hell could you possibly forgive me?/ After all the hell I put you through” y entenderán a lo que me refiero. Finalmente, ¡con qué soltura fueron formando poco a poco el outro! Desde luego que la postal para el recuerdo es el desplante de Diego Tejeida junto a su keytar a lo largo del escenario durante los últimos instantes y la clase de Conner para acompañar cada solo. Queda solamente volver a hacer hincapié en la correcta decisión de haberla interpretado.

Y lo anterior no fue otra cosa más que la señal inequívoca de que lo siguiente sería la suite tocada de principio a fin. Eso sí, primero Mike abandonó su batería un instante para dirigir unas pequeñas palabras a los 1.300 asistentes que se encontraban al interior del recinto. Principalmente dio las gracias a Haken y a cada uno de los presentes por estar acompañándolo durante todos sus años de carrera. De esta forma, él mismo dio la orden para que comenzara a sonar The Glass Prison. Acá nos queremos detener un instante. Los más fanáticos de Dream -y particularmente de la obra de Portnoy– tuvimos que esperar toda una vida para escuchar el opening track de Six Degrees of Inner Turbulence (2002). Desde luego que resulta un tanto extraño al analizarlo con mayor profundidad puesto que existe un sabor amargo frente al hecho de que nunca pudimos apreciarla con la formación original. Pero ante esto hay que ser sinceros y admitir que la performance de los siete músicos en escena rozó la perfección. Un aplauso para Charles Griffiths que en esta oportunidad se llevó todas las miradas a medida que tocaba cada uno de los riffs. O cómo no dejar de mencionar el desempeño de Gillette durante los múltiples solos de guitarra. Lo cierto es que momentos para enmarcar hay por centenares, pero muy personalmente lo mejor de poder escucharla en directo es poder apreciar como cada uno de los versos han calado hondo dentro de la fanaticada. Decimos esto porque el “Run fast from the wreckage of the past/ A shattered glass prison wall behing me” o el “Help me, I can´t break out this prison all alone…” fueron cantados a rabiar por todo el recinto. Y eso no es todo, ya que la otra parte que generó gran expectación por supuesto que fueron los solos de teclado y de la sección de cuerdas. Es notable como el público se divide en cierta forma durante la parte instrumental. Algunos se dedican a mirar detenidamente -casi como poniendo a prueba a los músicos-, mientras que el resto simplemente se deja llevar por el momento.

Personalmente, este era el momento más esperado de la noche. Advierto que me tomaré todas las licencias necesarias. ¡Qué temazo es This Dying Soul por la cresta! Fácilmente tiene que estar dentro del top 3 de las mejores composiciones de la historia de Dream. Y pareciera que no soy el único que piensa de esta forma, puesto que fue recibida con una euforia y una energía digna aplaudir. Qué manera de susurrar el “Hello mirror/ So glad to see you my friend/ It’s been a while“. Qué manera de cantar el “I want to heal your conscience/ Making a change to fix this dying soul/ This dying soul“. Y por último, qué manera de gritar -literalmente- el “Help me, save me, heal me/ I can’t break out of this prison all alone“. Al igual que con The Glass Prison, toda una eternidad esperando que poder realizar esta catarsis colectiva en pleno concierto. Obviamente que las partes instrumentales fueron seguidas muy de cerca por cada uno de nosotros, siendo los últimos solos los que se llevaron los mayores aplausos. Richard Henshall, Charles Griffiths y Eric Gillette se turnaron en una pose digna de Iron Maiden para tocar el outro y poner el broche de oro a esta pieza. Lo demás queda para el análisis y para el recuerdo personal de cada uno. Lo diré una y otra vez de ser necesario, ¡qué temazo es This Dying Soul por la cresta!

The Root of All Evil es una de esas canciones que en vivo y en directo funcionan a la perfección al desatar una potencia increíble en relación a la versión en estudio. Ya con la intro toda la cancha estaba saltando y alucinando con el riff principal.  Lo particular es que Eric Gillette se hizo cargo de las voces cumpliendo una doble función. Y sí, su desempeño fue más que notable. Ojo que es un detalle no menor, puesto que al ser la canción más “oreja” de las cinco que componen la suite, el desafío es aún mayor al tener que interpretar las partes más pegajosas y reconocibles de este clásico. De esta manera, cuando cantó el “Take all of me, the desires, that keep burning deep inside/ Cast them all away/ And help to give me strenght/ To face another day” o el “I can feel mi body breaking/ I can feel my body breaking/ I’m ready to let it all go” logró transmitir una energía y un sentimiento que fue devuelto de la misma forma por cada uno de nosotros.

De lleno en la segunda mitad de la suite, Repentance logró contrastar una noche que hasta el momento solo había sido de euforia. Vale decir, al pasar del caos y de los cánticos de su predecesora, a la calma y sutileza de la extraída de “Systematic Chaos” (2007), uno comienza a entender de mejor forma cada una de las doce etapas. Lo plausible es que este cambio de emociones solo es apreciable en vivo y en directo. Dicho sea de paso, al ser una de etapas más personales y de mayor retro inspección, era casi una obligación que VIII: Regret fuera cantada por Mike Portnoy. Y así no más fue. ¡Pedazos de versos que se mandó! Por lejos uno de los clímax de la noche. Pero eso no es todo, puesto que durante IX: Restitution aparecieron cada uno de los colaboradores y los amigos dando su testimonio en la pantalla tras la batería. ¿Los más aplaudidos? Chris Jericho (“You just made the list!“), Mikael Åkerfeldt y Steven Wilson.

Por último, The Shattered Fortress logró renovar los ánimos frente a la emotividad del track anterior. Como ya lo vaticinábamos en los días previos al show, el clímax total llegó con el solo de larga duración y con el juramento posterior de XII: Responsible. Todos, absolutamente todos cantamos el “I am responsible when anyone, anywhere reaches out for help/ I want my hand to be there“. De igual forma la base rítmica logró llevar la canción con un desplante más que envidiable. Se sabe de antemano todos los quiebres que provocan un headbanging generalizado entre cada una de las secciones que posee. Es por esto que resultaba más que contagioso ver como Portnoy se paraba de su asiento cada vez que la canción lo ameritaba, incitando a su vez los típicos “eh! eh! eh!“. Siendo las 22:24 hrs., se produce el primer y único encore de la jornada. Como análisis particular de la Twelve-Step Suite, ¿en serio ya había terminado?, ¿cómo? ¡Si recién habíamos empezado! El tiempo pasó volando y no es ninguna coincidencia, ya que al escucharla completa con la pasión y la adrenalina del momento la verdad es que pareciera que la hora de duración se hace prácticamente nada. Deuda saldada y aún quedaban algunas sorpresas.

Apenas pasó un minuto y rápidamente Charles Griffiths comenzó a tocar las primeras notas de Home. Pronto se le unió el talentoso Diego Tejeida y en cosa de segundos lograron recrear la atmósfera y la ambientación tan propia de esta composición. La verdad es que comenzar a detallar lo bien que sonó resulta totalmente redundante a estas alturas. Eso sí, no podemos dejar de mencionar el feeling que tuvo Ross para cantar cada uno de los coros del tema, viéndose reflejado su éxtasis en una especie de baile que se despachó en una par de ocasiones. A todo esto, ¡pedazo de letra! Espero no ser el único que gritó casi de manera desesperada el “The city, it calls to me!/ Decadent scenes from my memory/ Sorrow, eternity/ My demons are coming to drown me“.  Y acercándonos ya al final, llegaría el turno de la denominada “Mother of all pieces“. La incombustible The Dance of Eternity puso a prueba nuestros sentidos durante cada uno de los cambios de tiempo que posee. Sí, es cierto que ha sido interpretada en nuestro país con anterioridad, pero ante un clásico de estas proporciones solo queda disfrutar al máximo su versatilidad. Además, no nos veamos la suerte entre gitanos, todos queríamos ver el desempeño de la banda en un tema de esta complejidad. Y ojo, desde luego que fue llevada de gran forma, pero desde nuestra posición en la cancha existió un pequeño consenso general afirmando que había sonado algo “sucia”. Concretamente, el hecho de tener tres guitarras sonando al unísono provocó una cierta distorsión y la sensación de que se interrumpían unas a otras durante la parte media-final. Aún así, como mencionamos unas líneas atrás, supieron sacar la tarea adelante alcanzando un nivel superlativo.

Por último, seré sincero al afirmar que Finally Free por lejos es mi canción favorita de Dream Theater. Solo eso basta para decir que muy personalmente fue mi momento favorito de toda la velada. ¡Cuántas emociones en un solo track! Lo cierto es que podría estar un buen rato tratando de explicar y enumerar todo lo que puede llegar a producir durante los doce minutos de duración y de seguro dejaría algo en el tintero. Es difícil de explicar y no deja de sorprenderme como a estas alturas aún logra ponerme la piel de gallina cada vez que la escucho. Solo queda agradecer a Ross Jennings por todo el sentimiento que implantó en cada una de las estrofas y más aún en el estribillo. Qué manera de emocionarse con el “This feeling inside me/ Finally found my life/ I’m finally free” madre mía. Y hay algo más, porque aparte una musicalización perfecta, varios a mi alrededor parecían sentir lo mismo al escuchar atentamente la última canción de la noche.  De esta forma -y tras una pequeña referencia a Ytse Jam a modo de outro-, siendo las 22:56 hrs. la banda comienza a despedirse entre cánticos y aplausos cada vez más estridentes.

A modo de conclusión, hay un par de cosas que es justo mencionarlas y hacer un pequeño comentario al respecto. En primer lugar, ¡qué grande Mike Portnoy por la cresta! Prácticamente lo único que se escuchaba al abandonar el recinto era lo bueno que estuvo el concierto y lo bien que sonó la agrupación. Se notó la dedicación y el respeto con el que fue interpretado el setlist, siendo lo más rigurosos posibles respecto a sus versiones originales. Sobre lo mismo, el nivel de músicos que se trajo consigo sencillamente hizo que éstos se robaran la película ganándose al público desde el primer momento. No es fácil salir de gira por el mundo tocando material que no te pertenece y salir jugando de esa forma. Da gusto saber que todos los asistentes lo entendimos de esa forma y que todos nos encargamos de aplaudir y de vitorearlos cada vez que era posible. Luego, obviamente están las consideraciones como fan declarado de Dream. No deja de llamar la atención que se necesiten tres guitarristas (¡tres!) para cumplir la función de John Petrucci. En cierta forma él mantiene su status de superclase y sigue siendo uno de los mayores referentes en las seis cuerdas. Por último -y espero no desatar una polémica de proporciones épicas-, por momentos nos encontramos con una banda sonando tanto o  mejor que los neoyorkinos. Tranquilos, Dream Theater por algo es Dream Theater, pero no podemos obviar el hecho de que la jornada fue prácticamente perfecta. Los que estuvieron ahí saben de lo que hablo. ¡Pedazo de concierto señoras y señores!

Setlist Mike Portnoy’s The Shattered Fortress:

01. Regression (Intro)
02. Overture 1928
03. Strange Déjà Vu
04. The Mirror
05. The Glass Prison
06. This Dying Soul
07. The Root of All Evil
08. Repentance
09. The Shattered Fortress
Encore:
10. Home
11. The Dance of Eternity
12. Finally Free

GALERÍA

 

 

4 comentarios
  1. patozf Dice:

    Buen review y excelentes las fotos. La única observación: me parece que la referencia al final fue al comienzo de “A Fortune in Lies”, y no a “Ytse Jam”.

    Alguien podrá confirmar esto?

    Comparto con la calidad de los músicos, y la idea de que incluso superaron a los originales. Mi último concierto de Dream Theater fue en Espacio Riesco y lo recuerdo como una experiencia somnolienta.

    Las tres guitarras pudieron ser algo excesivas, sí, pero en uno de los temas que se repartieron solos me parece que quedó claro que cualquiera de ellos puede tocar los solos de Petrucci.

  2. Sharly Dice:

    Las 3 guitarras eran necesarias para interpretartodo lo que Petrucci graba.
    Por lo demás, gracias a este factor, el concierto sonó mejor que cualquier concierto de DT básicamente porque DT no tiene guitarras rítmicas mientras Petrucci solea.
    Un 9.5/10 la jornada de anoche, el sonidista a ratos se perdía. TDOE tuvo un desencaje (que da lo mismo).

    • Gino Olivares Dice:

      Hola, sí! justamente a eso me refería con lo de las 3 guitarras. Gracias por tu comentario :)

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