No le tenía ni la más mínima fe a lo que fuera a hacer Metalium tras el espantoso tercer capítulo llamado Hero-Nation. El tiempo hacer que sea más fácil decir las cosas y ahora puedo decir sin problemas que era malo, bien mediocre. Un despilfarro de superproducción, con nada de fuerza, canciones muy típicas demasiado alejadas de los estándares que ellos mismo habían dictado en los dos primeros álbumes. Se hablaba de la llegada del gran baterista Michael Ehré, del quien se decía que era un gran compositor, pero que no había mostrado nada. Un fiasco.

La decepción fue tal que les perdí la huella. Pensé que habían dado la prueba de que no eran capaces sin tipos como Chris Caffery o Jack Frost, que sin ellos Metalium estaba muerto. No estaba interesado ni en lo más mínimo por la llegada del cuarto capítulo, As One… incluso había dejado de escuchar Millennium Metal y State of Triumph. Me desentendí de Metalium. Si no hubiese sido porque debíamos revisarlo no lo habría escuchado. Confieso que sólo lo inserté en mi equipo para realmente ver «cuan malo era», para empezar a escribir con certeza que Metalium estaba muerto y que no había caso… Teclados y relatos con plegarias al metal, la introducción, totalmente predecible… Pero de súbito quedé paralizado frente a la pantalla con los dedos quietos sobre el teclado cuando al fin empezó la primera canción… ¿Qué pasaba? La batería volvía a sentarse todopoderosa, las guitarras sucias y fuertes, el inconmensurable sonido del bajo de Lars Ratz también, el vendaval explosivo de la voz de Henning Basse… ¡Metalium estaba de vuelta! La fuerza, la energía, los temas bombásticos, ese sonido empastado… ¡Metalium estaba de vuelta!

Sólo unos segundos me bastaron para percatarme que Metalium se acordó de lo que se había olvidado colocar en Hero-Nation, esos elementos que habían catapultado a Millennium Metal como uno de los mejores debut del ’99 y a State of Triumph como uno de los grandes lanzamientos alemanes del 2000, de esos pequeños elementos que bastaban para diferenciar su propuesta del promedio y del resto. Fue como si volviera a escucharlos por primera vez, mi asombro era total. Y hasta pudo haberles salido el tiro por la culata: Warrior comienza idéntica a Fight, otra canción de apertura pero del primer disco. Era la potencia, la explosión y entrega que pensé que nunca más iría a escuchar de los germanos, era increíble… pero idéntica. Si no era para tanto tampoco.

¿A qué se debía esta reaparición? Levántate y anda… ¿Quién obró este milagro? El santo tiene nombre y apellido: MICHAEL EHRÉ, el baterista, sí, el mismo que fue anunciado en Hero-Nation como gran compositor y que al final no había hecho nada, ni siquiera salvar el sonido de su instrumento. Michael, disculpa por haber pensado que habían vendido la pomada, que eras un mula, que eras un chanta, que no le ganabas ni a Mark Cross con mononucleosis, porque ahora sí que te las mandaste. Ratz hizo Warrior, «Fight la venganza», pero el renacer se debe a Ehré: son en sus canciones donde se encuentra casi toda la fuerza, potencia y poderío del disco… la calidad y el alto nivel. En sus temas, es donde se está el verdadero espíritu de Metalium. Baquetazos, líneas de bajo, guitarras, paralelas, y en todas las suyas menos una:¡las letras!, él las hizo por cuenta propia sin ayuda. De hecho, cuando trabaja solo es cuando mejores resultados saca Metalium, porque a Lars Ratz aún lo veo un tanto confundido… qué decir del guitarrista Matthias Lange, quien hace tiempo se rindió en esta función. Aparte… si hasta Ehré se metió en la coproducción.

De los Ehré copyright habría que destacar… ¡TODAS! Pain Crawles in the Night, que sigue a Warrior, el single y video clip, es clásica embalada metaliana, si se permite decir, que recuerda a lo mejor de la banda, con todo lo que se ha dicho, incluyendo un coro bien pegajoso sin perder lo grueso. Un himno metaliano. Exactamente lo mismo corre para la quinta, No One Will Save You… Henning Basse, el vocalista, ¡qué pedazo de vocalista! No sé si canta por dibujar melodías con su voz o por hacer una competencia de resistencia, porque, siendo su estilo claramente el power, derrocha fuerza y cuerdas vocales como si nada, mateniendo una altísima intensidad siempre. Él es el único en la carrera de Metalium que se ha mantenido parejo -y ascendiendo- en su desempeño. Goddess of Love and Pain es otra de las del batero y termina con el tema-título, As One, donde demuestra que también varía en sus ideas y que aún mantiene su calidad.

No nos olvidemos del concepto, qué sería de un disco de Metalium sin una historia. Ahora no es la salvación del universo o de un viaje a través del tiempo para conocer a grandes personajes de la historia… sino que un recorrido entre dioses, criaturas y héroes de la mitología griega. Muy importante, ya no es el poderoso Metalian el protagonista, sino que ahora es ella, Metaliana, quien está separada de su alma gemela y que por telepatía o poderes sobrenaturales, ambos se comunican. Entonces tenemos, uno, lo de la mitología griega y, dos, los Concept Themes que relatan esta otra historia. Perseo y Medusa, Pandora, la Hidra de nueve cabezas, la diosa Atenea y Afrodita… estos personajes aparecen en un total de cinco canciones. El resto son para Metaliana.

¿Pero que pasó con el lider, Lars Ratz? Warrior, que trata de Medusa, y Athenea son sus grandes aciertos, pero ahí paramos de contar. Esto conlleva a que el fuerte se encuentre en los temas de la mitología y que los de la historia central sean más bajos. En Find Out sólo atrae la soprendente voz de la japonesa Saeko Kitamae, quien hace de la heroína, todo un descubrimiento por parte del cuarteto. Y así llegamos a los más desesperante -no hay mejor forma de explicarlo: las ¡tres! pistas que constituyen Illuminated (Opus One), cerca de doce minutos que sólo sus coros quizás logran llamar la atención. Lenta. Aburrida. Fracasó el experimento. Así se ve que Metalium sabe hacer bien sólo un tipo de música, la que también está presente en As One afortunadamente.

Echo de menos que Metalium ya no haga mid tempos como lo fueron las increíbles Dream of Doom, Pilgrimage o Inner Sight, porque esa actual ausencia, junto con la presencia de Illuminated, es la clave de por qué As One no supera a Millenium Metal o State of Triumph. Y aquello seguirá hasta que Lars Ratz despierte de su letargo. Sino, la ley del más fuerte se impondrá y Ehré saltará a ser la cabeza creativa del conjunto.

Siempre es reconfortante ver cómo un grupo enmenda su camino, y lo que está pasando con la nueva banda de Ehré… perdón, con Metalium, me pone muy contento, después de la grata sorpresa. Cuentan con una poderosísima base rítmica, con una de las mejores voces de la escena gracias al señor Basse… ¿Cómo iban a quedarse sin canciones buenas? No se podían perder y no lo van a hacer. Aunque esto haya sido casi responsabilidad de uno, As One – Chapter IV es un buen trabajo que hace confiar en una vida más larga para Metalium.

Tracklist:

1. Astral Avatar
2. Warrior
3. Pain Crawles in the Night
4. Find Out
5. No One Will Save You
6. Meaning of Light
7. Illuminated (Opus One)
8. Meaning of Light (Reprise)
9. Athena
10. Power Strikes the Earth
11. Goddess of Love and Pain
12. As One (Finale)