Es particularmente complicado iniciar la revisión de un trabajo de una banda nacional. Primeramente es difícil asumir qué actitud tomar, qué criterios usar, qué argumentos esgrimir … ¿es justo que una banda nacional sea «mejor tratada» por el solo hecho de que coincidentemente nacimos en el mismo territorio? Y por el contrario podríamos preguntarnos: ¿cómo vamos a calificar con los mismos criterios el trabajo de gente tan cercana a nosotros, cuyo esfuerzo, sudor y lágrimas no sólo apreciamos, sino muchas veces casi «vivimos» empíricamente?

Y como no puede ser la excepción, es normal que nos hagamos este tipo de preguntas frente a Magnalucius, banda proveniente de Concepción, Chile, próceres del esfuerzo en la escena nacional, quienes debieron sortear todo tipo de complicaciones (es cosa de leer la entrevista que en exclusiva hizo PowerMetal.cl a César Astudillo, tecladista de la banda) para poder lograr concretar lo que, para muchos -probablemente para la totalidad- de sus integrantes debe haber sido un sueño de niños: grabar un disco. Para ello, el sexteto compuesto por Eliab «Yaby» Gómez (voces), Sergio Rubilar (guitarras), Luis «Lucho» Astudillo (guitarras), Javier Grandón (bajo), César Astudillo (teclados) y Manuel Valenzuela (batería) sufrió toda clase de inconvenientes -por ejemplo, el trasladarse algo así como 500 kilómetros para llegar a Santiago, dormir poco, alimentarse mal, y un gran etcétera- para poder lograr dar a luz a «The Quest…», un trabajo que cuenta con un artwork sencillamente hermoso (muy linda carátula, un booklet totalmente internacional, en la onda de «A Night At The Opera» de Blind Guardian, que nos muestra a un unicornio y un dragón girando en torno al monje llamado Magnalucius), letras considerablemente bien hechas y que musicalmente es … bastante correcto, aunque debatible. Es un desafío importante el comentar algo más de 72 minutos de música de una banda nacional, más aún conociendo detalles acerca de su proceso de creación que en la inmensa mayoría de los casos desconocemos. Pero asumimos el reto, dejando en claro un aspecto fundamental: no por saber cuánto les costó lograr dar a luz a su «hijo» podemos dejar de lado la tan prostituida palabra «objetividad». Hecha esta aclaración necesaria, iniciemos esta «aventura».

El intro Escape From The Underworld-Overture (en la onda de Rhapsody, pero con algo menos de fuerza y sin voces … de hecho, suena algo artificial) nos lleva a Never Dying, tema bastante interesante, muy melódico pero que adolece del problema que caracteriza al disco: el bajo sonido de las guitarras en contraposición a lo alto que suena el teclado, además de cierta debilidad vocal. Considero (recalcando que este concepto es 100% personal) que el teclado es -o debería ser- un instrumento absolutamente accesorio en el metal, aun cuando existen muchas bandas que justifican un mayor protagonismo de los teclados por cuanto éstos tienden a suplir (aunque jamás en un 100%) la falta de una segunda guitarra. A pesar de lo anterior, Never Dying posee momentos bastante bien logrados, como la armonías de las guitarras de Sergio y Luis, o el coro (bastante bueno). Pero nuevamente encontramos un gran problema: es un tema demasiado, demasiado largo, y ello -lamentablemente- es una tónica de este trabajo. Esto tiende a desgastar al oyente y a saltarse al tema siguiente.

Un riff teclado-guitarras da inicio a Hordes Under The Moon, un tema muy, pero muy en la onda de lo que hacen los itálicos de Skylark, aunque con toques algo progresivos y con un teclado demasiado protagónico. El coro de este tema es uno de los momentos más altos del disco, quizás por poseer la intensidad que se echa de menos en gran parte del mismo. Yaby logra una performance algo más sólida que en otros temas, pero se extrañan cosas fundamentales, como un riff que vuele cabezas, un solo «de aquellos», un cambio de ritmo perfecto …

Los ocho minutos de Manzikert’s Tears comienzan con una estupenda introducción vocal que da paso a un ritmo cadencioso, que se ve imprevistamente dejado de lado para pasar a lo que se echaba de menos: un riff potente y una batería con un estupendo doble bombo. Los sucesivos cambios de ritmo quitan algo de continuidad a este corte (que es de lo mejor del disco), pero destaca el hecho de que Magnalucius logre, por momentos, salir de la especie de «modorra» de los temas anteriores, logrando momentos de «electricidad» y potencia. Lamentablemente, el coro no es de lo mejor, pero encontramos un muy buen nivel de los guitarristas (suenan más fuerte que el teclado), especialmente en la parte de los solos, muy bien logrados. Para destacar el final, muy sólido.

El comienzo de Divine Melody es bastante interesante, con influencias muy progresivas italianas, pero adolece del defecto que mencionamos anteriormente: nuevamente ocho minutos …. con un tema tan largo por disco basta, pero cinco temas que superen los siete minutos de duración es excesivo. De todas formas, Divine Melody es un tema correcto -no brillante-, pero que en ningún momento logra enganchar.

Destaca el hecho de que Magnalucius experimente una veta instrumental. En efecto, con Twilight Mysteries, la banda logra puntos bastante altos, con contrapuntos rítmicos excelentemente logrados (muy buenos los cambios de ritmo), pero que pasados los tres minutos de tema (dura más de seis) comienza a tornarse tedioso. De todas formas, es de esperar que esto le sea de utilidad a la banda, para que en sus próximos trabajos logren entregar más en menos tiempo. En todo caso, Twilight Mysteries aprueba.

God Breath, que comienza como balada acústica y que evoluciona hasta transformarse en un corte bastante guerrero y sólido por instantes, nos entrega un buen momento (a pesar de la debilidad en la vocalización), pues encontramos intensidad y una muy bien hecha melodía. Además, el tema dura lo justo: casi cinco minutos.

Nuevamente el teclado toma un rol excesivamente protagónico en el inicio de The Quest For The Dragontooth, a pesar de lo cual el tema toma una onda muy melódica con las dos guitarras. Posteriormente, este corte explora una faceta algo más rockera (por momentos me recuerda a ciertos pasajes de Jesucristo Superestrella), sin perder la onda melódica a la que hicimos referencia. Destacan las armonías y el solo de la mitad del tema, con mucho feeling. Es el único tema que, a mi juicio, justifica en buena parte su duración (más de 8 minutos).

Encontramos un muy buen Power en Fight For Power, un tema bastante rápido por momentos contra el que conspira el sonido de la caja de la batería, algo «tarrera». De todas formas, es un muy buen momento del disco, en que encontramos momentos de mucha solidez (suenan muy bien los platillos) e intensidad. Muy buen coro, bien las guitarras. De lo más destacado del disco.

El último tema del disco es una intensa trilogía, que comienza con el muy buen intro De Historia Et Veritate Prometheus, dando paso a la primera parte, Part I: Prometheus, un corte mid-tempo bastante correcto que muestra de forma fehaciente el potencial de esta banda, y que lamentablemente no se ve reflejado en un 100% en «The Quest …». Un muy buen comienzo, un estupendo trabajo de las guitarras y un muy buen final caracterizan a este corte que da paso a la excelente Part II: Flame Of Hope, quizás el mejor tema del disco, que comienza con un riff bien potente (se echan de menos riffs así a lo largo del disco, muy a lo Nocturnal Rites antiguo) y pasa a ser un tema muy Power, con un coro muy melódico y rápido (excelente el trabajo de la guitarra en segundo plano), logrando momentos bastante altos (el final es excelente). El disco concluye con Part III: Claws, el single del disco, tema bastante potente (se hecha de menos un sonido más alto de las guitarras, lo cual daría un plus a este corte) que cuenta con quiebres bastante interesantes (el «oooooooh» de mediados del tema tiene mucha onda …), pasando de momentos casi algo oscuros a duetos de guitarras bastante bien hechos, incluso yuxtaponiendo toques progresivos al ritmo guerrero del corte que cierra el disco.

Resulta complejo hacer un balance general de este trabajo, particularmente porque es muy intermitente. Posee momentos de solidez en todas sus líneas (a pesar del sonido del disco, que lamentablemente no es el mejor), pero otros en que el tedio se apodera del mismo, principalmente por la excesiva duración de algunas de las canciones. Sin embargo, sabemos que esto no quedará como «sólo» el esfuerzo sobrehumano de seis jóvenes penquistas que cumplieron su sueño, sino que con el paso del tiempo muy probablemente los veamos convertidos en una banda consagrada a nivel nacional, y ojalá a nivel latinoamericano. Pero mientras tanto, no podemos tomar a «The Quest…» como mucho más que un correcto debut, y como el inicio de un largo y difícil camino hacia el cielo.