En lo que viene a ser su tercer lanzamiento de larga duración en sus cuatro años de existencia, las heroínas japonesas del Power Metal Lovebites vuelven a las pistas con “Electric Pentagram”, una placa muy esperada luego del excelente “Clockwork Immortality” de 2018.

Las niponas han captado rápidamente la atención de la prensa y la fanaticada tanto su país natal como en Europa, presentándose en algunos de los festivales más connotados de la escena incluyendo Wacken Open Air, Download UK y Graspop, además de acompañar a Dragonforce en su último tour por el Reino Unido. En este nuevo álbum el personal se mantiene intacto tanto a nivel de la banda como el resto de los involucrados, destacándose la producción de Steve Jacobs, la mezcla de Mikko Karmila y la masterización de Mika Jussila. Por su parte, el arte estuvo nuevamente a cargo de David López Gómez y Carlos Vicente León.

“Electric Pentagram” abre con la furiosa Thunder Vengeance, un bombazo Power Metal a toda velocidad mezclado con algunos elementos thrash, incluyendo algunos de los riffs más agresivos que estas chicas hayan producido hasta ahora. La voz e incluso la pronunciación de Asami le dan ese toque característico que te hacen reconocer la banda inmediatamente, además del sonido de guitarra que han desarrollado Midori y Miyako, una de las parejas de guitarristas más explosivas en la actualidad. Siguen con Holy War, una canción más cercana al Power Metal sinfónico, con abundantes arreglos de teclados pero no por eso menos contundente dado su ritmo imparable de doble bombo. Incluye los elementos clásicos del género como son esas melodías épicas y virtuosas partes de guitarra, pero también incorporan algunos ingredientes más modernos como ese freno que aplican a mitad de camino y que funciona para limpiar el paladar luego de tanta pomposidad.

Golden Destination arranca con ritmo galopante y guitarras gemelas, convirtiéndose en una carta de amor a Iron Maiden, una de las mayores influencias de la banda. La línea vocal evoluciona desde el Heavy Metal épico hacia una dirección más popera en la medida que nos acercamos al coro, inyectándole más frescura y enganche al disco. La adorable Miho toma la oportunidad para lucirse con un solo de bajo y una línea predominante en honor a su maestro Steve Harris. En Raise Some Hell las niponas sacan a flote su actitud rebelde con pesadísimos riffs afilados que parecen sacados directamente de “Painkiller”. Pero no se engañen, esto no se trata de una copia si no que ellas saben imprimirle su sello único, con un estribillo pegajoso y una letra que invita a rockear toda la noche. Un tremendo acierto y que de seguro se convertirá en pieza fundamental de sus presentaciones en vivo.

Con Today Is the Day pisan un poquito el freno para incursionar en terrenos más melódicos y modernos, lo que se evidencia en la construcción de los riffs y el uso prominente de teclados. El coro es más cercano a lo que nosotros conocemos como música de Animé (sin intención peyorativa), y a pesar de ser un tema correcto se diluye un poco al estar entre dos de las mejores canciones del disco. Lo que viene a continuación es simplemente un clásico instantáneo, y es que When Destinies Align lo tiene todo: energía bombástica, melodías atrapantes, una letra optimista y una Asami inspiradísima dándolo todo para entregar una performance épica que culmina con ese agudo grito hacía el final de la canción. Se entiende perfectamente que haya sido el primer sencillo de adelanto porque te deja una impresión instantánea sobre el verdadero potencial que tienen estas guerreras del sol naciente.

En A Frozen Serenade coquetean abiertamente con otros estilos más cercanos al Pop Rock con tintes ochenteros y también bastante influido por el pop japonés, convirtiéndose en la canción más comercial del disco por así decirlo. Pero no por eso no está exenta de elementos metaleros hacia el final, con velocidad creciente y agregando también exquisitos arreglos acústicos que hacen de este extraño experimento un verdadero éxito. Dancing With the Devil es otro tema que incorpora nuevos ingredientes, en este caso unos riffs hardrockeros sacados de la era gloriosa del Hair Metal de los ochenta. Incluso el estilo de cantar de Asami es más juguetón, demostrando su versatilidad y talento. Aprecio que estas chicas se atrevan a salir de su zona de confort y nos entreguen una interesante mezcla de estilos que, por muy dispares que parezcan, funcionan a cabalidad a nivel global. Quizás los más puristas estarán en desacuerdo.

Con Signs of Deliverance vuelven a lo que mejor saben hacer, un power metal muy fresco y elegante lleno de influencias europeas que encuentran sus raíces en bandas como Helloween. La labor de Haruna, la pequeña gigante tras el kit de batería, es realmente monumental, agregando una serie innumerable de detalles en su interpretación mientras las guitarristas nos deleitan con su virtuosismo. Otro de los puntos a destacar en esta nueva placa. Set the World on Fire, por su parte, tiene un enfoque más agresivo, con riffs thrasheros que nos llevan de vuelta a los primeros álbumes de Blind Guardian, progresando hacia un estilo más melódico al llegar al coro. La batería es nuevamente imparable, mientras que Midori y Miyako se lucen a toda velocidad en una prolongada y alucinante competencia de solos. Nada que envidiarle a otras parejas de guitarristas como Herman Li y Sam Totman.

The Unbroken es una canción que ha crecido exponencialmente en mí con cada escucha. Al principio la sentí un poco fuera de lugar por su estilo algo extravagante, casi sacado de un musical. Pero la verdad es que con el tiempo me ha convencido al punto que la considero como una de las canciones más destacables del disco. El ritmo y la melodía son tan alegres y juguetonas que finalmente terminan por conquistar hasta al más amargado. Para concluir tenemos Swan Song, una intensa pieza épica llena de arreglos de corte neoclásico e impecable desde el punto de vista instrumental. La melodía vocal es más melancólica en contraste al resto del disco, lo que se complementa con los teclados de fondo y cuyo efecto va aumentando hacia el cierre de la canción, dejándonos con una nota un poco triste luego de tanta pomposidad. Luego de setenta minutos, llegamos al final de este viaje místico.

“Electric Pentagram” marca un paso importante en la evolución de esta joven banda que a mi parecer cuenta con el potencial para convertirse en las reinas indiscutidas del Power Metal en la presente década. En esta ocasión, las niponas han optado por un enfoque aún más variado y ecléctico en la composición, tomando más riesgos e incorporando ingredientes bastante inesperados en la receta. Quizás con un par de canciones menos estaríamos hablando de un disco perfecto, pero a pesar de esto el resultado final es consistente, refrescante y de gran calidad, confirmando el gran momento que vive Lovebites. Espero que esta racha ganadora se prolongue por muchos años, ya que necesitamos más bandas como estas en la escena, bandas que posean el carisma que tuvieron los fundadores del género pero que a la vez se atrevan a incursionar más allá de los patrones preestablecidos en búsqueda de su propia identidad musical.

Por: David Araneda