Live Review: Rhapsody en Chile (2018)

No hay que dar por sentado el segundo tramo de esta gira de despedida de Rhapsody. No es necesario hacer comparaciones con la visita del 2017. Tampoco sería delicado el preguntarse por qué vuelven, si se supone que ya habían dicho adiós. La magia de este Rhapsody está más viva que nunca y tanto los músicos como los fanáticos tienen el derecho de seguir disfrutando de estas canciones en vivo.

No importó la fecha veraniega ni la proximidad del anterior show. Tres mil quinientos fanáticos se congregaron en el Teatro Caupolicán y qué impresionante fue ver a muchísimas personas de 33-35 años para arriba en el concierto, de esas que en su adolescencia fueron testigos de la explosión del Power Metal y que se reencontraron con ellos mismos y sus gustos durante las dos horas entregadas por Rhapsody.

Tampoco hay que menospreciar la importancia de una banda que ha sabido hechizar a generaciones posteriores, con ellos bien adelante en cancha para estar lo más cerca posible de los mpusicos. Como pocas veces en el contexto de un show de Power Metal, hubo una transversalidad de público que no hace más que hablar bien de una banda que tocaba no para una despedida, sino para una verdadera fiesta de colores épicos.

Las dos horas de concierto partieron a las nueve en punto, con una presentación por el arribo de Dawn Of Victory. Los franceses Patrice Guers y Dominique Leurquin parecían rejuvenecidos, mientras que Luca Turilli salía con pura energía, para dar la vida en escenario, con cada nota y melodía transformándola en un triunfo. Alex Holzwarth se mostraba como la máquina precisa que siempre ha sido, y Fabio Lione se veía -muy rápidamente- en plena forma. No importaba la dicción, sino solo su potencia y majestuosidad vocal a prueba de los años. Hubo interpretaciones simplemente portentosas desde el punto de vista vocal, y hay canciones que suenan de hecho mejor en vivo que en los álbumes (insólito para una banda tan detallista en estudio), y eso es gracias a la extraordinaria fuerza en las voces de Lione.

A esas alturas el público ya estaba eufórico y comprometía su algarabía al recibir Wisdom of the Kings del “Symphony Of Enchanted Lands”, disco que este 2018 cumple veinte años y que es ocupado como el gancho para celebrar esta gira de despedida. Rhapsody reinventaba un setlist que no se saldría del guión de entregar clásicos y tempranos momentos definitorios de su carrera.

Aquí, habría una pequeña pausa para que Fabio diera sus primeros saludos en su ya conocido –aunque todavía impredecible– inglés-castellano, locución que terminaría en otra revisión al trabajo del 2000, con la interpretación de The Village Of Dwarves. Si había espacio en cancha, los fanáticos bailaban. Si había altura suficiente hacia el techo, los fanáticos saltaban. Se producía una energía que hacía que el grupo lo pasara tan bien o incluso mejor que los asistentes, y esa actitud se notó absolutamente en todo el show.

“Rise, mighty dragon!!! “La triada de Power of the Dragonflame, Beyond the Gates of Infinity y Knightrider of Doom, trajo consigo la sección más intensa del repertorio, con pequeños mosh que ya no son inusuales en conciertos de Power Metal en el Caupolicán. Hablamos de clásicos que a muchos marcaron hace ya más de quince años, pero coros como el de Knightrider of Doom sigue sonando tan épicos y cinematográficos como el día que fueron lanzados.

La balada Wings of Destiny, que entregó un segundo respiro en el setlist, fue seguida con solemnidad y emoción por muchos fanáticos, quienes alzaban sus puños y rostros para cantar junto con Lione y la banda. When Demons Awake volvió a despertar al Caupolicán, con su inevitable vendaval sinfónico y sus líneas vocales a lo Manowar. Fabio interactuaba con quienes estaban adelante, mientras  que Guers y Leurquin lo hacían con los extremos ubicados en las plateas. Era asombroso cómo ninguno de los miembros dejaba de comunicarse con la audiencia, siempre había una espacio para intercambiar miradas y sonrisas.

En este momento, Fabio Lione se adentró en una pausa para recordar a un amigo suyo que ya no estaba… aquí corrió el riesgo de generar cierto morbo debido a la ausencia de Alex Staropoli (su nombre fue el primero que pensé, para ser brutalmente franco), pero su dedicatoria la elevó al actor y artista Christopher Lee, pidiendo a todos los presentes unirse al homenaje con la interpretación de la cinematográfica Riding the Wings of Eternity. Quizás qué conexión habrá tenido Lee con esta pista en particular, pero lo concreto es que se trató de uno de los puntos altos del concierto.

Sin darnos cuenta ya íbamos en la segunda mitad del show, la cual era sellada con la épica Symphony Of Enchanted Lands, corte que invitaría a saltar a todo el Caupolicán con sus diversos actos y relieves, para luego seguir con un solo de Alex Holzwarth, con arreglos inspirados en el tema principal de Game of Thrones. No faltaron los “ohs” de un público -por supuesto- fiel a la serie y a la banda, en uno de esos instantes que bien podrán ser calificados como “easter eggs” de un concierto. Que los setlist estén disponibles en la web a solo horas de finalizado un concierto puede hacer que estas sorpresas pierdan un poco su atractivo, pero los que estuvieron presentes se pudieron dar un gusto con este tipo de salidas (a propósito, me tuve que retirar de la parte donde estaba presenciando el show porque un sujeto con un celular empezó a gritar a sus amigos las canciones que venían después del solo de Alex… por favor, CONSIDERACIÓN y RESPETO por quienes prefieren ir sin saberse el orden de los temas que se van a tocar).

Land of Immortals, la siempre única escogida de “Legendary Tales” para los números en vivo, fue la que vino a continuación, un infaltable para todos los seguidores de Rhapsody. Siempre me detengo a pensar en cómo fue una de las primeras canciones escritas por los italianos, y cómo logró desplegar el estilo y full potencial de la banda en una etapa tan temprana. Qué mágicos debieron ser esos años para unos músicos que estaban encontrando su gloriosa identidad, con temas como este que, si bien fueron nóveles, perfectamente pueden ser considerados como unos de sus mejores. Canción prodigio que nuevamente fue interpretada con clase, orgullo y fuerza por unos artistas que han marcado escena y sonidos antes solo imaginados en sueños

La épica adaptación de la Sinfonía del Nuevo Mundo de Antonin Dvorak, The Wizard’s Last Rhymes, aportó su excelente cuota de dramatismo, con un Lione absolutamente pletórico. A los lejos, es bastante fácil hacer mofa de este cantante por estar en cada banda y proyecto habido y por haber, pero en vivo lo que contagia es respeto y majestuosidad extrema.

La sorpresa, en lo personal, fue lo que vino después: el tremendo solo de bajo de Patrice Guers, una “musicalización de bajo” más bien dicho, acompañada por la batería y unos samples, con arreglos muy rítmicos y percutidos desde el instrumento principal, que bien dibujaban ambientes oscuros, apocalípticos y modernos. Me transporté completamente con esta pieza, uno de los mejores “bass solo” que haya presenciado en el último tiempo.

El nivel de performance continuaría al alza de hecho, con un Fabio descollante y celebrado presentando una adaptación de Con Te Partirò, “entrenada” al parecer por el mismo Andrea Bocelli, como dijera Lione antes de cantarla. Lo cierto es que Fabio tuvo un concierto en estado de gracia, y cuesta creer que esta banda no tenga ganas de continuar, no quizás con discos pero sí con más giras, ya que la energía que se está generando con estas presentaciones es simplemente muy grande. De seguro se están alimentando de ella, al menos para reconsiderar la pausa definitiva.

Con esa reflexión, Rhapsody me volvió a despertar con Holy Thunderforce, atronadora interpretación en un instante en que el concierto estaba tomando ribetes muy emotivos. Aquí, tras el encore de Rain of a Thousand Flames, Lamento Eroico (enorme Fabio de nuevo) y Emerald Sword, la banda conversó con el público en un instante donde Luca llegó a todos con un mensaje de gratitud. Luego de quedar genuinamente emocionado por el vitoreo del teatro, recordó que la idea de formar Rhapsody era transmitir un mensaje de amor, esperanza y respeto a través de la música, tarea que siento que ha cumplido a cabalidad, a juzgar por la energía liberada en este solo evento. Turilli, todo un paladín del metal épico, apasionado y ambicioso, serio y soñador al mismo tiempo, un “buen hombre” que se nota agradecido por estos años de carrera y de todos los fans que tiene gracias a sus sagas y conceptos.

Si esta es la despedida definitiva de Rhapsody, habría que terminar dándoles las gracias por haber marcado tanto a un movimiento que le debe una enormidad. No obstante, el momento actual de esta formación es tan bueno, tanto en la convocatoria como en lo interpretativo y en el ambiente que se ha creado, que me parece que nadie se molestaría si decidiesen cancelar los planes y continuar. Prefiero quedarme con esa sensación, que se trata de un hasta pronto, de un hasta pronto que incluso en un regreso podría recomponer lazos con un ausente de esta fiesta, el Señor Staropoli. En fin, algo me dice que estos días están dentro de los mejores que Rhapsody ha vivido en su recorrido, y es de sentido común no querer soltarlo.

Si hemos visto que Tobias Sammet no es capaz de desligarse de Avantasia, por más que quiera, veamos qué decisiones depara el futuro para esta encarnación de Rhapsody.

Setlist:

01. In Tenebris (Intro)
02. Dawn of Victory
03. Wisdom of the Kings
04. The Village of Dwarves
05. Power of the Dragonflame
06. Beyond the Gates of Infinity
07. Knightrider of Doom
08. Wings of Destiny
09. When Demons Awake
10. Riding the Winds of Eternity
11. Symphony of Enchanted Lands
12. Solo de batería de Alex Holzwarth
13. Land of Immortals
14. The Wizard’s Last Rhymes
15. Solo de bajo de Patrice Guers
16. Con te partirò (original de Francesco Sartori y Lucio Quarantotto)
17. Holy Thunderforce
Encore:
18. Rain of a Thousand Flames
19. Lamento Eroico
20. Emerald Sword

Live Review: Jorge Ciudad
Fotos: Guille Salazar