A estas alturas Leo Jiménez no necesita presentación alguna. Remitiéndonos a su carrera solista (considerando por supuesto a 037), «La Bestia» ha logrado posicionarse en la escena con su propuesta cruda y sincera donde simplemente se dedica a hacer Heavy Metal a la vieja usanza. Un nuevo desafío entonces es «La Factoría del Contraste«, donde sin lugar a dudas debe demostrar que la fórmula no se ha agotado y que todavía tiene mucho por entregar junto a una agrupación que parece cada vez más compenetrada. Eso sí, esta vez hay un aspecto que no se puede pasar por alto: El mismo cantante afirmaba en una entrevista que este LP sería el más personal y el más «parecido a él» en comparación a cualquier trabajo que haya publicado con anterioridad.

Es de conocimiento público el gusto que tiene Leo por hacer que sus discos suenen y luzcan lo más real posible (para muestra un botón; grabó «20 Años tras el Apocalipsis» con problemas notorios en la voz debido a una enfermedad y no se realizó ningún tipo de arreglo en la post-producción), lo que se condice absolutamente con la portada de este álbum. Literalmente es una factoría que se pondrá a tono para dar forma a los distintos tracks de esta placa.

Partimos con Soy Libertad, donde rápidamente nos damos cuenta de que el madrileño se despojó de cualquier tapujo a la hora de componer. La canción en sí es arrolladora, con una banda sonando como un verdadero cañón. Imposible no recordar a Stravaganzza o a Fear Factory por algunos momentos. Las guitarras suenan más agresivas que nunca, seguidas muy de cerca por la pegada de Carlos Expósito, quien además realiza un muy buen trabajo con los pies. Aunque parezca algo obvio decirlo, Leo entra cantando de excelente forma, con esa voz más desgarrada que ha cultivado hace ya algunos años. Una gran sorpresa es el coro «Libre, yo siempre libre / Aunque me arranques la piel / Aunque me prives de ver con claridad / Soy libertad», ya que es acompañado por un breakdown propio del Metalcore que resulta bastante curioso. Es cierto que en un comienzo el asunto parece algo confuso y disperso, pero con el pasar del tiempo la idea logra decantar y cumple con creces lo que uno espera de un opening track.

Hambre explora esa faceta más crítica y humanitaria con la que ya nos habíamos topado en «Animal Solitario» (2013). La intro no dura más de treinta segundos, pero es realmente notable. Un gran riff apoyado por el bajo y la batería que suenan muy «orgánicos» (término acuñado por el mismísimo Leo Jiménez) dan paso a que Antonio Pino haga un pequeño solo antes escuchar las primeras estrofas. La canción se transforma un mid-tempo muy bien llevado, donde lamentablemente la letra deja bastante que desear. Que no se mal entienda, el mensaje es fuerte y claro, pero paradójicamente pareciera los mejores momentos son las secciones instrumentales. Destacable es el cambio de tiempo en el estribillo ya que suena al hueso y muy auténtico. Aún así, derechamente es uno de los puntos bajos del disco.

Debo admitir que cuando se dio a conocer Con Razón o sin Razón no me gustó para nada. Pero justamente eso es lo interesante de los singles, en un comienzo pueden parecer infumables y luego al aumentar el número de escuchas se transforman en grandes canciones (entiéndase Lost in Space de Avantasia). Cañera, al hueso y por sobre todo, muy, muy pegadiza. Lo demás sería redundar. Qué duda cabe de que funcionará a la perfección una vez que sea interpretada en vivo.

Lo que sigue es D.E.P., donde Mero Mero de Cuernos de Chivo se luce con esos tonos más densos y sombríos. El tema es un homenaje a Dimebag Darrell, el cual rescata elementos del Metal más «moderno». Una pieza experimental con la que las libertades fueron absolutas.

Caballo Viejo la habíamos escuchado anteriormente en «20 Años tras el Apocalipsis» en un formato totalmente acústico. Esta vez se nos presenta en una «Electric Version», donde los nuevos elementos la convierten en un temazo de aquellos. Sigue siendo una balada con todas sus letras, pero esta vez la canción fluye de mejor forma en comparación  a la original, principalmente gracias a la batería de Expósito. Notables también son las distintas intervenciones de Antonio Pino con su guitarra, las cuales son coronadas con un gran solo que da frescura y vitalidad a la parte media-final antes de que Leo cante el verso «Recuperaré el aliento si me amas / Tiempo que se viste eterno en tu mirada / Hoy te escribo aquí estos versos y palabra s/ Y espero poder cantártelo a la cara…» de una forma muy sentida y conmovedora. Muy buena composición, de lo mejor del álbum.

¿Leo Jiménez haciendo un cover a Shakira? Sí, que no les parezca raro, el madrileño ya nos había sorprendido con versiones de cantantes que son totalmente ajenos al género. Sin ir más lejos, lo hizo en su anterior placa con Que Tendrás de su compatriota David Bisbal y lo hace ahora en «La Factoría» con Ojos Así. El resultado es sencillamente espectacular. Los primeros segundos de ambientación árabe son lúgubres y sombríos. El panorama se mantiene con las primeras estrofas, pero el coro explota de manera formidable donde el headbanging no se hace esperar. El apodo de «La Bestia» lo tiene muy bien ganado, ya que no presenta ningún problema para versionar una voz femenina y salir ganando como lo hace acá. Para los incrédulos, les recomiendo a ojos cerrados que busquen el video de Días de Verano de Amaral y escuchen lo que canta este tipo. Finalmente, súmenle un punto a Edu Fernández quien hace un excelente labor con el bajo durante todo el track.

Volvemos a los pasajes más agresivos y potentes del disco con El Dilema, un corte que instrumentalmente es un hachazo de principio a fin donde nuevamente nos topamos con grandes influencias del Metalcore. En este punto creo que la colaboración de Tony Mero (el cual es un excelente growler) con el correr del tiempo se hace cada vez más tediosa y exagerada. Si bien la situación se presta para que escuchemos este tipo de guturales, queda la sensación de que el tema suena un tanto sobrecargado.

Por el contrario, el dueto compuesto por Un Día Más y Quién le Pregunta a Él representa otro de los mejores momentos de «La Factoría del Contraste«. Ambos son un mid-tempo, donde el primero es bastante melódico con características asociables a una power ballad. El cambio de guitarras acústicas a eléctricas funciona a la perfección a medida que Leo canta con tonos más pausados pero no carentes de la potencia que lo caracteriza. Posee también excelentes arreglos de la mano de Antonio Pino que permiten alcanzar el clímax con ese estribillo muy bien logrado. Con el segundo volvemos a escuchar esas letras ácidas y punzantes. Sumo cuidado con el mensaje, el cual es una crítica abierta al maltrato animal -particularmente contra la corrida de toros- donde versos como «Siglos maltratando una mirada / Que no para de pedir / Que prefiere no nacer para sufrir / Locos torturando con espadas / Masacrando a un animal / ¿Dónde queda el arte cuando hay que matar?» son realmente filosos. Musicalmente la agrupación suena sólida en todas sus líneas, logrando una cohesión formidable entre estas dos canciones.

Que me digas Ven es otra balada que se escapa absolutamente de lo que ya hemos escuchado. Presenta un interesante dúo entre Merche (popular cantante de pop española) y Leo, donde la melancolía y el desamor no se hacen esperar. Está demás decir lo bien que cantan ambos cada una de las estrofas. Y es que es tanto el protagonismo de las voces, que instrumentalmente queda al debe y por momentos se vuelve algo monótona y repetitiva. El coro si bien está lleno de fuerza,  parece un poco sobresaturado y termina por aburrir a la segunda escucha.

Acercándonos al final, Keroseno es otro hachazo con tintes de Thrash Metal con los que la banda se siente muy cómoda. Sumando la aplastante base rítmica, cortesía de Carlos Expósito y Edu Fernández, con los riffs más «callejeros» de las guitarras, el resultado es un entretenido tema que da paso a que el madrileño vuelva a unos tonos más altos y grandilocuentes. Por la forma de cantar, a muchos se les vendrá a la mente ese cañonazo llamado Volver del álbum «Los Fuertes Sobreviven» (2011). No es lo más destacado del disco, pero es un gran golpe enérgico tras escuchar a su predecesora. Por último, y para sorpresa de varios, el ending track Ascención es una pieza instrumental donde reina la calma en una atmósfera reconfortante. La melodía y el sonido impuesto por las guitarras está lleno de clase y de sofisticación. Si me lo preguntan a mí, un broche de oro para esta nueva placa.

El disco cuenta también con cuatro bonus tracks. Tres covers, Neon Knights de Black Sabbath, Getsemaní del musical Jesucristo Superstar y Tierra de Nadie de Barón Rojo (estos dos últimos resultan ser los mejores), más el demo de la canción Es Por Ti. De esta forma se pone fin a más de una hora de música en la que Leo Jiménez alcanza una madurez y un sonido que continúa de excelente forma el camino pavimentado en «Animal Solitario«. La propuesta acá es arriesgada, puesto que desde un comienzo las ideas fluyen dejando de lado cualquier atadura o estigma que pueda influir en las composiciones, pero no deja de ser cierto que estamos frente uno de los mejores discos de toda su etapa solista. De igual manera, los músicos que lo acompañan le dan sentido a la idea que se quiso implantar ya que les supo sacar el jugo a cada uno de ellos, logrando así momentos notables que están hechos para enmarcarlos.

Al final del día, «La Bestia» no se guardó nada y sigue aumentando su leyenda.